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miércoles, 29 de agosto de 2007

PAREJA Y AMOR CONYUGAL

"No es bueno que el hombre esté solo..." Sí, todos conocemos estas palabras y de ahí nace la pura y simple necesidad de encontrar una pareja para complementarnos; es otro comportamiento humano que, como todo, ha de estar regulado por una ética que ofrezca camino a las costumbres, las culturas y las leyes.


El matrimonio, la familia, la pareja, probablemente la institución más estable y duradera de las que componen el entramado social, reducto al que todos vuelven sus miradas y sus pasos y sin embargo, está siendo sometido - el matrimonio - a una fuerte revisión y crítica. Estamos viendo que con los cambios históricos, culturales y de nuevas formas de vivir o concebir la vida, tanto el entramado social como esa ética que pone conciencia y lucidez al comportamiento humano, se mueve, se desestabiliza y puede entrar en las "crisis del cambio". La pareja, el matrimonio, el amor conyugal, en definitiva, no es menos, y lo hace por una serie de cambios que, al contrario de lo que preconiza la moral cristiana, se convierte en algo patológico por tres causas fundamentales: la poligamia, el adulterio y el divorcio.



¿Por qué falla el amor conyugal? ¿Por qué parece que desaparece su ética ancestral que tan "puro" lo mantenía?



La lógica evolución de los tiempos y los cambios suelen hacer surgir las crisis, aunque, para mí, una de las principales razones es carecer de un sincero y coherente proyecto de vida en común, desde el principio, por lo que si se forma la pareja careciendo de esta raíz, se darán situaciones viciadas desde su base. Ya es normal encontrar dificultades por factores socioculturales (egoísmo, mercantilismo, individualismo, etc.), ideologías, consumismo, mayor apertura de la mujer fuera del hogar, etc., aún habiendo formado la pareja con buenos cimientos, qué no sucederá si no reorientamos la comprensión de la pareja hacia esos principios básicos, éticos, para asegurar que su futuro sea el deseado.



Obviamente hay unos cambios que traen consecuencias tras las que, siendo lo humanos que presumimos, urgen unos replanteamientos para defender los valores básicos del amor conyugal que sirvan de orientación y pistas para el futuro, tan cercano, como que mañana ya es hoy. ¿Es que desde el amor conyugal no se puede propiciar hasta la revolución femenina mediante la igualdad de y en la pareja?, o ¿ es que no se puede apoyar la igualdad social mediante la armonía en complementariedad?



Desde la ética creo que sólo hay una posible respuesta ante ese 75 % de rupturas matrimoniales; respuesta que pasa por iniciarse en el amor de verdad; el amor que espera ser definitivo porque es auténtico, que no limita, que no divide, que no renuncia porque se complementa con otro ser, el tú que hará del yo algo grande ( y viceversa). Una comunión que, por sincera, ya no se va a ver retirada por esos altibajos y caprichos ocasionales que se detienen en la vida de toda pareja. Las crisis se afrontan, se viven, se discuten, se comparten y se maduran las soluciones. Todo esto se dará si el cimentado es de la calidad requerida para funcionar el "resto de la vida". Está claro que habrá cambios en el "yo" que va aprendiendo; pero aprender es madurar y el "yo" madura con el "tú". ¿Soluciones?, donde las haya, antes que decisiones traumatizantes que impregnan de culpa moral nuestras personas y, por extensión, a toda la sociedad.



La ética no postula una reglamentación, unas normas para algo que se pueda soslayar y no vivirlo como parte integrante de la esencia del ser humano; la moral no aporta su bien hacer a algo intrascendente, banal, a algo que ni siquiera entra en la atmósfera de la esencia vital, pero ambas, - ética y moral - reiteran su razón de ser, puesto que desde siempre se ha dicho que "no es bueno que el hombre [como género humano] esté solo...". Necesita al otro y sobre todo, sentir que la unión interpersonal esencial está cimentada en el amor conyugal como núcleo configurador de la pareja humana. Ahora la ética sí aparece y es necesitada para dotarlo de la normativa que entreteja la urdimbre solidificadora de la cimentación adecuada. Porque el amor conyugal ha de ser libre, totalizador, fecundo, basado en la promesa y, sobre todo, racional; impulsivamente nacedor de las primeras sensaciones, pero estabilizador de las futuras emociones. Queda como rescoldo, siempre vivo, del encuentro primero entre enamorados.



Todo esto os puede parecer simplista y hasta utópico, pero si miramos en el fondo de nuestro ser, con sinceridad, más de una crisis se iría por el alcantarillado al darnos cuenta que lo que sentimos, o deberíamos sentir, por nuestra pareja, es más fuerte que todos los problemas que puedan venir. Y si vienen se solucionan mejor en compañía que en la soledad.


JUAN JOSÉ LÓPEZ NICOLÁS. Orientador Familiar. Articulista de la Asociación Convivencia Familiar para la página Terapia y Familia.

lunes, 27 de agosto de 2007

PARA ORIENTADORES FAMILIARES Y TERAPEUTAS

"Cada día más hombres y mujeres que se sienten desalentados, angustiados o confundidos buscan ayuda en la terapia. La misión de los terapeutas es, primero, incitarles a desahogarse de sus miedos o preocupaciones y, seguidamente, movilizar en ellos las fuerzas emocionales reparadoras. El paso siguiente es ayudarles a encontrar una explicación a lo que les aqueja y animarles a considerar posibles soluciones. Dejarnos ayudar en estos tiempos de inseguridad es particularmente importante cuando tenemos que defendernos de la depresión, el ladrón de la felicidad más peligroso, pues lo primero que nos arrebata es la esperanza y la ilusión de vivir."


(L. Rojas Marcos, de su libro Nuestra incierta vida normal, 2004)


Este sencillo libro es altamente recomendado por su alto nivel docente para la nueva clase de vida que nos ha tocado vivir.

viernes, 24 de agosto de 2007

SOBRE LA FELICIDAD


yer tuve una conversación con una persona muy importante en mi vida y que me ha hecho reflexionar sobre lo esencial, lo básico para encontrarse a sí mismo y para abordar, dentro del mundo exterior, el mundo interior de cada ser humano. Es importante esta persona porque la quiero. Es importante porque me hace recordar todos los días que la vida se basa en hechos interiores y que la puesta en práctica de ellos es la diferencia de buscar la felicidad y la negación que de ella hacemos en multitud de ocasiones.

Una de las cosas que me dijo es: "Yo ya no podré ser nunca feliz." Me lo comentó de pasada y en el contexto de una conversación, pero me impactó esa negación tan subjetiva y terrible.


Somos mente, biología y nos vemos modelados o intervenidos emocionalmente por lo puramente social, hecho que me hace pensar que hemos de ser tratados por nosotros mismos, cultivándonos, intentando trabajarnos en todos los aspectos que nos hacen vivir en este ecosistema del que nada más se sale con la muerte.(Aunque uno puede sentirse muerto en vida por la carencia de motivaciones) Por esto es por lo que pienso que gran parte de nuestra felicidad depende de nuestros genes, de nuestras vivencias anteriores a lo que nos lleva a ser adultos, no sólo cronológicamente hablando, sino a la clara demostración de nuestro nivel mental. En esta madurez que todos anhelamos y como he escrito en varios artículos de nuestra página TERAPIA Y FAMILIA, la felicidad que deseamos igualmente la buscamos fuera cuando en realidad la tenemos dentro de nosotros mismos y creemos que la lograríamos si no tuviéramos problemas cuando la realidad palpable es que se puede conseguir si sabemos y podemos enfrentarnos a ellos. Norman V. Peal decía que quería tener problemas porque era señal de que estaba vivo.


Mi pensamiento se manifiesta claramente en la resolución de los problemas en vez de batirse en retirada o lo que muchas personas hacen para no enfrentarse y creer que siguen hacia adelante: dar media vuelta y seguir avanzando. En ocasiones esto es dar la espalda a la realidad, tal vez por falta de medios y fuerzas psicológicas que nos den las capacidades que todos tenemos para luchar en esta vida. Por lo tanto es "fácil" pensar que la felicidad o la desgracia del género humano depende no menos de sus cualidades que de su fortuna o de su suerte. Cualidades que dependiendo de la vida vivida están más o menos desarrolladas y por lo tanto nos pueden servir como recursos para salir adelante o como lastre para negarme mi autenticidad como esa persona que soy.


Parafraseando a Unamuno, "una de las desventajas de no ser feliz es que no se puede desear la felicidad." Uno mismo es capaz de negarse este anhelo ancestral que muchos basan en gozar de buena salud, en dormir sin miedo y despertarse sin angustia para enfrentarse a las vicisitudes de un nuevo gran día. Son las incapacidades del ser humano que ahora, al cabo de los años, voy entendiendo y poniendo en práctica tanto en mi vida profesional como en la personal. Pongo en práctica lo positivo de lo que veo en los demás que son de los que aprendo y, dicho sea de paso, suelen ser mujeres las que me enseñan. Lo voy comprendiendo porque analizando el comportamiento uno se da cuenta de que el ser humano en muchas ocasiones es inerte y rutinario y lo que más teme es el gran esfuerzo personal e individual que se requiere para poder salir de uno mismo hacia los demás; de uno mismo hacia uno mismo para conocerse básicamente.


Sí, voy aprendiendo, y no me niego a abrirme a todos los estímulos para respirar la vida porque "la propia esperanza deja de ser felicidad cuando va acompañada de la impaciencia." (John Ruskin)


Pero sin querer idealizar el tema de la felicidad he de reconocer que cada uno tiene una concepción distinta y respetable de este concepto. Por poner un ejemplo, la soledad puede ser un infierno para los que pretenden salir de ella, en cambio, es cierto que puede convertirse en una felicidad grandiosa para los ermitaños que quieren esconderse en ella, aunque mi intención es insistir en que la felicidad es en muchas ocasiones, yo diría que en la mayoría, una condición de la mente y no una condición de las circunstancias. Si analizáis vuestras propias situaciones, vuestra historia personal veréis que depende cómo hayáis actuado ante una situación el resultado ha podido ser distinto aunque, creo sinceramente, que nadie debería tener la intención de negarse a ser feliz y perderse las pequeñas alegrías mientras intentan encontrar la grandiosa felicidad. Aunque, es cierto, como decía John Stuart Mill que es posible pasarse sin la felicidad porque así lo hacen el 90% del género humano. Muchos buscan la felicidad como otros buscan el sombrero: lo llevan encima y no se dan cuenta; intentan buscar la riqueza exterior, que no está mal, por supuesto, pero abandonan la interior siendo víctimas de ellos mismos.


La razón, según mi opinión, se basa en la propia negación, en la pobreza, que tanto la de espíritu como la económica "son un gran enemigo de la felicidad humana. Destruye la libertad y hace impracticables algunas virtudes y sumamente difíciles otras." Pero la vida continúa, espero, para todos y va a depender de nosotros mismos que seamos capaces de dar alas a lo que realmente queremos dejando de victimizarnos ante la propia vida. Si soy víctima recibo castigo; si soy ganador y mis sueños y ganas,aunque con los tropiezos de los ciclos evolutivos, siguen en alza, ganaré. Dependo de mí. Luchar para ganar y lograr de algún modo conseguir la manera de sembrar la felicidad que es compartirla con alguien. Al final todo es cuestión de expectativas. Si quiero ser feliz he de poner en mi vida los medios y las personas que me hagan vivir los momentos de felicidad que deseo, pero primero he de saber qué es lo que quiero realmente. Si ya lo sé, adelante; si en algún momento he de volver a recomponer mi vida, lo haré y cogeré lo que me haga sentir bien de atrás, del pasado y del presente, aunque cada cosa en su sitio. Si quiero ser feliz, lo seré.


La verdad es que no todo depende muchas veces de nosotros, y, como dice nuestro admirado Prof. Rojas Marcos, es evidente que los seres humanos no controlamos nuestros genes, ni la familia en la que nacemos, ni la cultura en la que crecemos, ni muchas de las experiencias infantiles que, en conjunto, contribuyen al desarrollo de nuestra capacidad de adaptación. Pero también es cierto que, con motivación y esfuerzo, todos podemos aprender a moldear nuestra manera de ser con el fin de hacernos más resistentes a las circunstancias adversas que se cruzan en nuestro camino.

JUAN JOSÉ LÓPEZ NICOLÁS. Orientador familiar

lunes, 20 de agosto de 2007

FIGURA PATERNA Y ADOLESCENCIA


odos somos conscientes de que el mundo, la sociedad, el modo de vivir, han cambiado de una forma muy, muy rápida. Nuestros estilos de vida, por distintas razones, se han visto obligados a adaptarse a los nuevos tiempos, a la globalización, pero hay áreas en nuestra persona que no somos conscientes que hemos de actualizar para seguir desempeñando de forma adecuada el rol de ser padres.


Proteger, alimentar, poner límites, defender, educar, dar seguridad, autoridad. Estos elementos le suelen venir atribuidos al padre, pero en nuestra experiencia clínica nos vamos dando cuenta que se están viendo igualmente afectados por la falta de actualización a los nuevos tiempos. Cuando se piensa en el rol materno se le identifica más con la contención, el consuelo, también con la protección pero tal vez más íntima de las necesidades primero biológicas y poco a poco las otras. En cambio, como decía antes, el rol del padre parece estar enfocado más a la seguridad de la vida familiar frente al mundo externo, elementos más racionales que puramente afectivos. Pero, repito, todo ha cambiado muy deprisa y parece que no nos ha dado tiempo, como padres, a evolucionar en el tratamiento en cuanto al tema relacional con nuestros hijos, o por lo menos llegar a una flexibilidad en nuestra escala de valores respecto a la de ellos.


Al igual que en la relación de pareja, en la de padre-hijo también pueden aparecer unas áreas de conflicto que es interesante y conveniente tener en cuenta para poderlas trabajar e incidir en la que más esté haciendo que la relación sea totalmente desequilibrante. Son un patrón que suele repetirse constantemente y nos sumerge en un mar de contradicciones que convierte la relación en una verdadera batalla claramente desigual e injusta. Las áreas de divergencia más comunes son:


- Filosofía de vida (diferentes escala de valores)


- Demostraciones de cariño y afecto


- Comunicación


- Tiempo de ocio


- Amistades


La sintomatología de los niños, cuando comenzamos con nuestra Terapia Relacional, suele emerger de algo disfuncional en el grupo familiar y esto atañe a los padres aunque no siempre éstos están dispuestos a clarificar y enfrentarse directamente a las situaciones que los provocan y en consecuencia a la búsqueda de las soluciones. Como dicen M. Alvarez y E. Maggio, tanto el niño como la niña necesitan al padre porque formará la idea de qué es un hombre, traspasando sentimientos provenientes de la relación con su padre a la relación con su esposo y ella, la hija, necesita que el padre establezca activamente normas en su vida. Esto es así pero hay maneras de hacerlo que resultarán positivas o negativas dependiendo del estilo de paternidad que elijamos para hacerlo.


Hay autores que señalan tres estilos básicos de ser padre:


- Autoritario.


- Permisivo.


- Democrático o con autoridad


Según nuestra experiencia, el más destructivo, aunque no el único, el que más caos aporta a la vida incipiente de un niño o una niña que necesita vivir cada etapa hacia su madurez de forma conveniente, es el primero: el padre autoritario. También nos damos cuenta de que en la mayoría de ocasiones el padre actúa así de forma inconsciente llevado por una serie de "inconvenientes" de su propia vida que le hacen repetir modelos educativos pasados, con toda su buena intención, pero que desgraciadamente hoy no son operativos ni válidos. Son responsables del futuro de un ser humano y no son capaces de reciclar su "discos duros mentales" y les cuesta muchísimo cambiar el chip para captar las nuevas realidades que se nos han echado encima sin estar preparados y casi sin darnos cuenta. A veces observamos que se puede dar una proyección de nuestra identidad hacia la de nuestro hijo o hija como si de una prolongación nuestra se tratara, sin observar que es una persona diferente a mí y con su propia identidad y escala de valores a la que he de ayudar a que se forme, pero según unos criterios nuevos y más amplios llenos de refuerzos positivos. Tal vez nuestros objetivos, los de nuestros padres y los de nuestros abuelos, en esencia, tengan muchos parecidos y no tengamos que alejarnos de ellos, pero, y la experiencia lo demuestra, lo que nos falla es el método, la forma de poner en práctica el conjunto de actitudes y aptitudes para lograr esos objetivos formadores y educativos tan necesarios para elevar a adulto responsable y sano a esta personita que queremos casi con toda seguridad con toda nuestra alma.


En nuestra ansia desmedida de que nuestra hija, por ejemplo, "sea una mujer de provecho", tratamos de controlar su comportamiento sin pensar que soy autoritario, sino todo lo contrario: quiero lo mejor para ella y que aprenda que la vida está llena de peligros para que se sepa cuidar. La única forma, pues, ya que ella "no sabe nada", es como decía, tratar de controlar el comportamiento y actitudes y hacerlos ajustarse a un estándar de conducta. "Autoritarismo significa imposición inflexible de normas y disciplina sin tener en cuenta la edad de nuestro vástago, sus características y circunstancias personales, propias e individuales. El padre autoritario valora y exige la obediencia incondicional y suele castigar enérgicamente a sus hijos por actuar de forma contraria a su propia y particular escala de valores que es la única válida. El padre que emplea este estilo se suele caracterizar por ser absorbente y centrar la atención de la hija en sí mismo produciendo, a veces sin darse cuenta, individuos dominados por la ley, la autoridad y el orden, reprimiendo en los niños la capacidad de iniciativa y creación y todo aquello que implique modificar o atente contra estos principios básicos que él cree que son los que deben respetarse a toda costa." (E. Maggio)


Estamos hablando de personas que suelen tener unos patrones de conducta rígidos y el efecto más negativo es que no son capaces de tener en cuenta las necesidades de sus hijos o sus semejantes, llegando incluso al castigo físico sin dar ninguna explicación dando por justificación que no se han respetado tal o cual cosa.


En nuestras sesiones de Orientación Familiar tratamos de trabajar con estas personas los sentimientos y las emociones, pero cuesta mucho sacar a la superficie en esta forma de ejercer la paternidad, estos aspectos, no porque no los posean o carezcan de ellos y no sientan, sino porque tienen una incapacidad, generalmente inconsciente, y no pueden conectarse con "su corazoncito", y por tanto no son capaces de conectar con sus hijos desde otro lugar que no sea el del castigo, el grito, las malas miradas, creando todo un mundo rico en comunicación no verbal que genera un malestar general por los mensajes que se perciben. ¿Resultado de esta situación a veces, más de lo que desearíamos, mantenida en el tiempo durante muchos años? Se provoca un bloqueo de la individualidad, la creatividad y del ser interior rico y fresco que todo niño lleva dentro. Si el amor está ausente y la actitud es constantemente crítica, ese ser que está intentando madurar recibe mensajes de que no hace nada bien y su estima propia baja muchos enteros. La presión que se ejerce sobre ellos puede causar inseguridad, temor, odio, bajo rendimiento escolar, y una reacción de hiperactividad y desobediencia. Pueden aislarse, volverse agresivos, hostiles y, sobre todo en las niñas, pasivas, introvertidas, irritables, inseguras e inadaptadas sociales.


Intentamos constatar que todo lo que es comportamiento de cada uno de los integrantes del sistema familiar, afecta al resto y las actitudes de los niños son el resultado de lo que viven en el seno intrafamiliar nuclear y extenso.


Una de las posibles soluciones pasa por eliminar las conductas en las que está comprobado que la comunicación no es posible y crear espacios idóneos que permitan establecer una forma de comunicarse honesta y abierta, amigable, para que nazcan unas líneas conductuales basadas en el entendimiento responsable, de lo correcto a lo incorrecto y no en el miedo y la desesperación por evitar el castigo o humillación. También ocurre en muchas ocasiones que el propio padre sufre y cae irremisiblemente de igual manera en esa situación que ni él mismo recuerda cómo ni por qué se ha creado, pero lo que sí sabe es que no encuentra la fórmula de salir de "este infierno". Es conveniente ver en terapia a todo el sistema familiar y trabajar la actividad basada en aprender cómo expresar y controlar las emociones.


Así que, anda, intentemos actualizar y aprender a ser padres, el oficio o uno de los oficios más difíciles del mundo que roza la categoría de arte y por tanto es difícil y duro. Somos humanos y nos equivocamos porque nadie es perfecto, pero nunca nada está perdido si uno tiene la voluntad para efectuar los cambios que sabemos que se necesitan para que logremos el equilibrio que se desea. Buscar culpables no nos lleva a ningún sitio y si entramos en esta dinámica nos disipamos y no llegamos a donde realmente queremos.¡Ánimo, merece la pena todo el esfuerzo que estéis todos dispuestos a hacer! En Ocasiones se gastan más energías en enfadarse y entrar en el mundo de los silencios que la que necesitaríamos si nos dedicáramos a analizar la situación y poner toda la carne en el asador.



JUAN JOSÉ LÓPEZ NICOLÁS. Orientador Familiar.


Articulista de la página TERAPIA Y FAMILIA de la Asociación Convivencia Familiar

viernes, 10 de agosto de 2007

MI YO IMPORTANTE: EGOISMO SANO


uando en las sesiones de Orientación Familiar les digo a los clientes que han de mirar por ellos, que son lo más importante, me responden generalmente que no están acostumbrados a eso y que les cuesta trabajo; que eso es puro egoismo y que siempre se les han enseñado a entregarse y a ser abnegados. Estas palabras están muy bien, pero hay unos momentos en la vida en que uno tiene que mirar hacia sí mismo. No estoy hablando de un egoismo como el que todos tenemos en nuestra cabeza al oir esta palabra totalmente cargada de un mal significado. Me refiero al egoismo sano que describen en su libro (altamente recomendado) el Dr. y la Dra. Heller.


El egoismo sano es la llave que abre la puerta a una vida de libertad. Estamos encontrando entre 40 a 50 años, sobre todo mujeres, que no se dan cuenta que el ser tal altamente abnegadas sacrifican sus necesidades, preferencias y deseos con el fin de satisfacer las de los otros. Según los doctores antes citados, esta actitud suele nacer del miedo, del sentimiento de culpa o indignidad no resueltos o de creer que se carece de fuerza de voluntad.

"La abnegación es el sello de una infancia en la que el niño se ha sentido temeroso, impotente, desvalorizado, en la que se han descuidado o pasado por alto sus verdaderas necesidades, deseos y preferencias; en la que se la ha juzgado injustamente y en la que sus esfuerzos, capacidades y logros rara vez se han valorado o apreciado"


Aunque una persona haya cambiado su propia felicidad por la de los otros y a la larga sea su mayor error, no por esta decisión ha de sentirse culpable, ya que lleva funcionando en la vida así demasiado tiempo como para poder cambiar en un ahora tan cercano. No es defecto suyo directamente, aunque como humanos que somos los sentimientos de sacrificio personal y falta de reciprocidad nos encogen el corazón de tal manera que nos hace sentirnos totalmente anulados y francamente mal a todos los niveles. Siempre haciendo referencia al libro "EGOISMO SANO", la abnegación continuada puede llevar a periodos de depresión, inquietud o ansiedad, a impaciencia, a ataques de rabia o a deseos de llorar inexplicables. Suelen ser los síntomas clásicos que indican que en realidad, aunque no sabemos verlo, estamos hambrientos de ternura y reconocimiento. En el gran ámbito del sacrificio por los demás, estas señales de aviso suelen pasar inadvertidas.


Estas situaciones nos crean una gran cantidad de estrés,y se suele romper, creyendo que se están tomando las decisiones adecuadas, con lo que realmente significa la propia felicidad de uno, ya que no nos sentimos comprendidos, aunque mentalmente no es sano, y vivimos con ese estrés que produce la abnegación, pudiéndose producir,como todos hemos experimentado tal vez en nosotros mismos o en algún familiar cercano, somatizaciones de dolencias físicas, agudas o crónicas. De todos es sabido que este estrés hace liberar al cuerpo de unas hormonas que nos pueden hacer pasar factura porque aumentan el riesgo de hipertensión, asma, obesidad, cardiopatías, depresiones y tal vez incluso cáncer. Nunca recibimos la recompensa de todo lo que hemos dado y hemos renunciado a nuestro propio yo por los demás como necesidad, que ese es el problema. Yo he de sentirme bien y mirar por mi felicidad, mi vida, que no ha de ser la de los otros. Es curioso cómo en los aviones las primera personas que se ponen las mascarillas, los chalecos, son las que posiblemente sean más importantes para el resultado final del conjunto.


"Se dice que el cuerpo es la representación física de la mente y el alma. Añadiríamos que ahí está su salvación. Sacrificar tus necesidades básicas, pero las tuyas, no empecemos ya en pensar en los demás, puede hacer que enferme tu corazón y tu mente y finalmente desarrolles una enfermedad física. Del mismo modo, la confianza, la alegría y el placer que provienen del egoismo sano contribuyen a sanar y fortalecer tu cuerpo. Ya sin la atadura de promesas no cumplidas, miedos o sentimientos de culpa, puedes tener la libertad de experimentar un amor por la vida, por tu pareja y vivir plenamente la pareja como trampolín para satisfacer tus sueños estando como apoyo al que quiera pedirte ayuda pero no ser por los demás; realmente creo que mirando por tí podrás experimentar el amor que en realidad no has perdido, sino que sólo lo habías dejado de momento. Con este renacimiento redescubrirás sentimientos de juventud y salud que tal vez suponías perdidos para siempre. Analiza tus puntos básicos y mira con quien quieres vivirlos, pero que tú seas la primera en recibir lo que tú anhelas de la vida para poder realizarte y vivir los sueños que de una vez te mereces"


El egoismo sano no quiere decir interés propio, ni complacencia personal ni egocentrismo, es todo lo contrario. Si eres capaz de estabilizarte teniendo lo que necesitas, siendo tú feliz con capacidades para realizar los sueños que te has propuesto, eres mejor donante de respuestas positivas hacia los demás. Dejarlo todo por alguien, dedicarte en cuerpo y alma a los hijos...Realmente la recompensa no viene nunca y tu desasosiego se hará eterno. Si tú estás completamente bien, lo que te rodea estará bien.

lunes, 6 de agosto de 2007

CAMBIO Y PENSAMIENTO


odos vivimos muy deprisa; nos queremos hacer adultos, tener trabajo, dinero, una vida holgada, reímos, pero fingimos hacia el exterior, ya que ¿por qué cuando logramos aparentemente todo esto no somos lo felices que creíamos?



La razón puede ser que todos tenemos nuestra idea real puesta, basada en que nos amen, gustar y las emociones nos pueden. Vivimos, queramos o no, en el mundo de las emociones y los sentimientos. Queremos cambiar el mundo y somos incapaces de hacerlo porque en lo que no “caemos”, lo que no somos capaces de interiorizar es que nuestro mundo real interno es el que está sin cultivar, sin trabajar. Somos lo que somos y no lo que tenemos. Somos lo que queremos ser, en el fondo, aunque nuestro rechazo a esforzarnos a cambiar (resistencia al cambio) lo interno viene precedido del clásico “es que no puedo”. Se suele “utilizar” a alguien del que finalmente se depende para que nos haga felices, nos haga fácil la vida, nos haga sentir, nos haga volar, nos haga…



Todos intentamos que venga desde fuera hacia dentro, hacia nosotros y cuando nos hemos imbuido en esta dinámica lo que gritamos desde nuestro interior es que queremos ser independientes, autosuficientes, autónomos, lo que, queramos o no, pasará, ocurrirá porque todo lo que deseamos lo tenemos nosotros, cada uno, dentro; por eso la felicidad, la libertad en su concepto bien entendido, el placer, los sueños, la sexualidad, todo, parte desde dentro de uno hacia fuera. Por todo esto (analízalo sinceramente y lo entenderás) puedo ser yo con otra persona si no depende mi vida exclusivamente de ella. Lo que realmente necesitamos es valor para ser uno mismo, situación que no está reñida de ninguna manera con el compromiso, la fidelidad, la libertad y el bienestar para vivir en pareja, ostentando como estandarte la comunicación adecuada y eficaz.



El objetivo, pues, es lograr la capacidad del individuo para ser el protagonista de su propia vida, lo que no es sinónimo de tener que estar solo/a para conseguirlo. Los que hemos decidido querer ayudar a educar al ser humano en sus, digamos, “imperfecciones emocionales”, tenemos la obligación, cuando se nos pide ayuda, de crear líneas, cauces de comunicación que supriman los “ruidos” y eliminen la rutina del silencio que es, a veces, lo que encubre nuestros miedos y así sólo se consigue nutrir nuestras mutuas inseguridades.



Es curioso cómo, en ocasiones, nos paraliza frases tópicas y recurrimos a ellas para justificar nuestros actos que encubren un terror a enfrentarnos a nosotros mismos y efectuar ese cambio que en esencia necesitamos y nos escondemos en ellas como si nos hicieran conformarnos en que las opciones de la vida que hemos escogido son las adecuadas. Solemos coger solamente parte de esas frases. Una de las que más he oído es la de José Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia…”, y por esto ya que esta circunstancia me marca no puedo salir de ella; es mía y así soy por eso.



No hemos seguido leyendo y no nos han enseñado que también dijo Ortega que “…si no salvo mi circunstancia no me salvo yo.” Porque debo evolucionar y la madurez y la adaptación son formas para conseguir obtener, sin salir necesariamente del ritmo social impuesto, el equilibrio que necesito para el objetivo final humano de ser feliz.



Sé que se hace muy difícil vivir nuestra vida como un todo armónico, sin estridencias, sin los problemas cotidianos y los no tan cotidianos. Cuando parece que hemos conseguido una estabilidad, algo fuerte, inesperado, nos toca vivir y nos vuelve al caos mental, a la intranquilidad, a sufrir de nuevo otra pérdida. ¿Qué hacer ahora?; ¿por qué a mí?; ¿qué he hecho yo para que tenga que sufrir tanto?



Preguntas lógicas, humanas, emocionales y por las que hay que pasar para obtener el enfoque idóneo de nuestra nueva circunstancia, por dura y cruel que ésta sea. Ya estamos de nuevo en el mundo de las emociones, de los sentimientos y tenemos las dos opciones posibles en toda crisis: destrucción (muerte) u oportunidad para enfrentarse a ella y salir renovados y más fuertes (cuando una puerta se cierra una ventana se abre) Todo, como casi siempre, va a depender de nuestra posición ante ese acontecimiento que ha surgido. Yo. Dependo de mí, de la elaboración que haga del acontecimiento, de la necesidad y voluntad de cambio o, por otra parte, la voluntad de involucionar que se va a alimentar de mis creencias, de aquello que pienso, siento y mido con mi escala de valores. Soy estático/a o dinámico/a. Yo he de decidir aunque me equivoque, pero no de forma alocada y precipitada. Ser reflexivo (sé que cuesta muchísimo en estos momentos) es la forma. Todo va a cambiar según mi pensamiento y mi capacidad de pedir ayuda si solo/a no puedo. Mi retroalimentación será positiva si mi pensamiento es positivo (o por lo menos lo intento, ya que el camino está formado por pequeños pasos) aunque cueste una gran cantidad de energía interior.



Hay quien piensa que ser dinámico en estas situaciones es estar en constante movimiento e introducirse en un ritmo frenético de actividades, de actitudes, de cambios aparentes, de un volver atrás, a tus raíces infantiles, pero no hacen un “stop” para recapacitar sobre sus esquemas mentales y sus sentimientos más profundos. No quieren tiempo para ver su propia cara ante el espejo; ver los pro y contra de la decisión que se va a tomar. Es ahora cuando vienen las clásicas “excusas” (que en la mente de uno son reales por la incapacidad no consciente que se tiene): “necesito mi espacio”; “no me siento libre”; “ya he decidido y no hay más que hablar”; “nada se puede negociar”…



Generalmente hay dos cuestiones importantes por las cuales alguien toma la decisión, por ejemplo, de separarse de su pareja: Una diferencia de expectativas ante las situaciones y/o el desamor, que puede darse por un cambio de sentimientos o por una diferencia desmesurada de desarrollo entre ambos en las distintas etapas, por lo que se produce un gran desequilibrio. Pero para ver esto hemos de ser totalmente sinceros con nosotros mismos porque si no lo somos caeremos en el problema de ser nuestro propio enemigo, siendo una irracionalidad, emocionalmente hablando, pensar que el “enemigo” es el otro. Aquí hay dos individualidades que intentan vivir y llegar a un equilibrio de conjunto sin conseguirlo, tal vez, porque inicialmente tampoco existe a nivel individual. Pero no hay culpables; hay responsables de actitudes irreparables, en ocasiones, por carecer de aptitudes adecuadas y perder la oportunidad, por otro lado, de pedir ayuda profesional que valore las circunstancias con una perspectiva terapéutica, sin implicaciones emocionales, más objetiva.



Supongo que habrán oído la frase latina “HOMO HOMINI LUPUM”, que podemos traducir como el hombre es el lobo del hombre; uno es su propio enemigo, pero hay otra más positiva de Séneca: “HOMO HOMINI SACRA RES”, que podemos traducir como el hombre es algo sagrado para el hombre. Dos frases muy distintas que suponen una posición bien diferente. Así creo que es todo ante la vida. Elige tu opción y trabaja hasta el límite de tu voluntad sobre ella pensando que si el pensamiento positivo puede tener resultados obvios, ¿qué hacemos evitando la crisis por no querer abordar el cambio que realmente se necesita?



Como siempre no pretendo otra cosa con este artículo que crear un espacio para que se piense y se analice con qué se ha de quedar uno en la vida, porque eres tú, solamente tú quien debe aprender a pensar ante cualquier situación de forma autónoma y de manera crítica. Ser feliz requiere el máximo esfuerzo y es el objetivo más difícil que el ser humano se ha propuesto; pero estamos en el camino si cada uno, cada ser individual, pone algo de su parte y cambia su gran y rico mundo interior. No huyas de tí mismo/a ni llenes tu mente de soledad por no enfrentarte a tus propios miedos no solucionados. Somos lo que pensamos y está claro que el pensamiento podemos cambiarlo, pero no me pidas que cambie el mío, cambia el tuyo ya que el mío es cosa mía y yo tendré que hacerlo por mí mismo. Si uno se siente bien consigo mismo se minimizan las imperfecciones del otro que no es perfecto por que es “simplemente” un ser humano.




JUAN JOSÉ LÓPEZ NICOLÁS. Orientador Familiar


http://www.terapiayfamilia.blogspot.com