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jueves, 28 de febrero de 2008

EL AMOR: ¿PLACER O DOLOR?




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a relación de pareja, quizás sea lo mas parecido a un regalo precioso. El amor compartido deleita, satisface, responsabiliza, es integrador, transformador.
Impulsa a desear conocer el secreto de la vida y a compartir el gozo de dar, de entregarse al otro hasta fundirse en alma y cuerpo. Amar desde la esencia del ser.


Pero ¿qué ocurre cuando ese amor generado dentro de tí es truncado por una falta de entendimiento, por una incapacidad para desarrollar todas las facetas personales que tu compañero/a necesita?
Dice Freud: “enamorarse linda siempre con lo anormal, siempre se acompaña de ceguera a la realidad, compulsividad, y constituye una transferencia de los objetos amorosos de la infancia.” El amor como fenómeno racional, como máximo logro de la madurez, no es, para Freud, materia de investigación, puesto que no tiene existencia real.
Porque amar se ama, se encuentra el amor cuando reconoces al ser amado, pero esto, que es una constitución de ingredientes varios, solamente puedes expresarlo cuando se reúnen todos los factores apropiados. (El arte de amar de Erich Fromm)
Uno pasa toda la vida preparándose para algo, a veces jamás ocurre, otras aparece la luz y esa espera fermenta, suena la campanilla y es ahí cuando impulsas todos los otoños de tu vida y los transformas en primavera.
Cuando te entregas, a veces es para toda la vida, otras en cambio, la entrega es el vacío, te amputan el corazón y el alma. Eres despedazado. La pena es como un valle dilatado y sinuoso. Entramos en una nueva fase, en una nueva pérdida. Se interrumpe tu vida, saboreas la hiel y el bienestar sentido es un factor del pasado. Te despojas de tí mismo. Apenas apareces.
Cuando enfrentas tu realidad y llegas al reconocimiento real y pleno de que por más vueltas que des, la desembocadura es la misma, de que por mucho que te empeñes en querer admitirlo, hay una desintegración dentro de ti, compartiendo tu vida con el ser que te mira y no te conoce, que dice amarte pero no comparte tu amor, que te aniquila, que te aparta para que retrocedas e interrumpas el curso natural de tu desarrollo. Vendes tu alma a cambio de que borren tu vida.
Cuando llegas a sentirte aniquilado es cuando debe surgir el planteamiento de reconversión hacia uno mismo.
El clima constante de no aceptación de tu individualidad, al igual que la falta de amor y comprensión, provocan retraimiento en el sentir.
Una vez tomada la decisión correcta, dominando el único valor que tenemos, nuestra propia vida, nos encontramos que en ella hay mucha muerte, porque en toda pérdida se muere algo o mucho de nosotros mismos.
Que a veces buscamos la vida y encontramos la muerte, pero que ésta, inexorablemente nos llama, porque para nosotros es la vida, es una tarea irrenunciable. Te enfrentas a la muerte para ir junto a la vida y encuentras a la vida al lado de la muerte. La reconoces, claro que sí, y la eliges. Quizás la vida y la muerte sean una misma cosa. Se vive para morir y se muere para vivir.
El amor no compartido es un grito desgarrador, una selva llena de peligros que a veces señala el camino del infierno entre ruidos infectos y penas merecidas.Pero uno no hace tratos con el mundo cuando éste quiere excluirlo de la oportunidad de salvarse por sí mismo.
Si perseguimos objetivos y reconocemos las raíces que han conformado nuestra personalidad, nos daremos cuenta que la verdadera felicidad no merece ser castigada, es decir, un amor compartido no es un eslabón de sufrimientos y cadenas.
Un amor compartido es generoso, espiritual. Los eventos exteriores no desvían al amor, muy al contrario, los une.
Cuando te reconoces es cuando inicias la etapa de distinguir claramente aquello que siempre caminó junto a ti, de aquello que te desvió de tu camino. Ahí es cuando comienza el proceso interno de crecer. Ahí es donde está la vida.

“En algún punto entre los extremos de vivir una vida de
mentiras vitales y una vida de simples verdades se encuentra
el mejor camino de la supervivencia y la cordura.” (Daniel Goleman)



Por todo lo expuesto anteriormente, terminaré escribiendo una frase que dice así:

Te amo aunque eso no tiene nada que ver contigo.



GLORIA S. CONESA ALBALADEJO. Orientadora Familiar y articulista de la página TERAPIA Y FAMILIA.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Carta de un hijo a todos los padres del mundo



esde aquí queremos hacernos eco de un texto que desde hace tiempo circula en educación como mensaje hacia los educadores, los adultos y en concreto hacia los padres. Se trata de un texto lleno de contenido en valores y de mucha filosofía. Se ha convertido, podríamos decir en un emblema o himno al respeto de las personas y más concretamente, de los niños.



Es un texto anónimo que seguro lo han leído alguna vez, que no ha pasado desapercibido para los padres, pero que por un motivo u otro, no le hemos dado la importancia que claramente tiene. Realmente merece la pena guardarlo, reflexionar ayudados por su contenido. Llega a ser, podríamos afirmar, los mandamientos del padre.



En nuestra página TERAPIA Y FAMILIA no queremos que falte este texto y aprovechamos para ofrecerlo con la seguridad que su lectura motivará un momento de reflexión, de diálogo y, lo que es más importante, de cambio de actitudes en el comportamiento hacia los hijos. Estamos seguros que les gustará.




"CARTA DE UN HIJO A TODOS LOS PADRES DEL MUNDO"



No me grites


Te respeto menos cuando lo haces. Y me enseñas a gritar a mí también y yo no quiero hacerlo.



Trátame con amabilidad y cordialidad igual que a tus amigos.
Que seamos familia no significa que no podamos ser amigos.



Si hago algo malo, no me preguntes por qué lo hice
A veces, ni yo mismo lo sé.



No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que las diga por ti (aunque sea para sacarte de un apuro). Haces que pierda la fe en lo que dices y me siento mal.



Cuando te equivoques en algo, admítelo.
Mejorará mi opinión de ti y me enseñarás a admitir también mis errores.



No me compares con nadie, especialmente con mis hermanos.
Si me haces parecer mejor que los demás, alguien va a sufrir (y si me haces parecer peor, seré yo quién sufra).



Déjame valerme por mí mismo.
Si tú lo haces todo por mí, yo no podré aprender.



No me des siempre órdenes.
Si en vez de ordenarme hacer algo, me lo pidieras, lo haría más rápido y más a gusto.



No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer.
Decide y mantén esa posición.



Cumple las promesas, buenas o malas.
Si me prometes un premio, dámelo, pero también si es un castigo.



Trata de comprenderme y ayudarme.
Cuando te cuente un problema no me digas: "eso no tiene importancia..." porque para mí sí la tiene.



No me digas que haga algo que tú no haces.
Yo aprenderé y haré siempre lo que tú hagas, aunque no me lo digas. Pero nunca haré lo que tú digas y no hagas.



No me des todo lo que te pido.
A veces, sólo pido para ver cuánto puedo recibir.



Quiéreme y dímelo.
A mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no creas necesario decírmelo.




Extraído de www.cnice.mec.es/padres/orientacion_familiar/

jueves, 21 de febrero de 2008

"MÁS DE LO MISMO"

El fenómeno "más de lo mismo" es un típico ejemplo de Cambio-1. Consiste en aplicar reiteradamente el mismo intento de solución, a pesar de no obtener los resultados deseables, en vez de cuestionarse la conducta que uno aplica para la solución del problema, el individuo parte de la premisa mental de que esa conducta es la correcta, y la justificación que se da al hecho de no obtener el resultado deseable es que "no la aplica con la suficiente intensidad".



Multitud de casos ejemplifican este tipo de fenómeno. Así, cuando una esposa exige que su marido sea más comunicativo con ella y no lo consigue, en vez de abandonar esa conducta de exigencia, lo que hace es incrementarla en intensidad, suponiendo que mientras "más insista" más cerca estará de conseguirlo. Lo que ocurre es que mientras "más" le presiona ella "más" se cierra él, apareciendo un segundo problema, el que ahora su marido no sólo es poco comunicativo sino que se muestra despreciativo y rechazante. Es la "solución aplicada" lo que crea el problema.



Pongamos ahora para ilustrar mejor esto otro ejemplo:


Unos padres consideran que la relación entre ellos y su hijo adolescente debería ser "fluida y armoniosa ". Sí observan que el hijo va a la suya y se muestra algo arisco/a - cosa normal en la adolescencia - considerarán que tiene un problema psicológico, al punto de pretender que se abra con ellos. Mientras más se cierra el chico y se muestra agresivo por esa intromisión en su intimidad, más ellos considerarán que tiene un problema psicológico y más presionarán para buscar tratamiento.



Esto nos lleva a establecer un clara diferencia entre lo que son "dificultades y problemas". Por DIFICULTADES nos referiremos a un estado de cosas indeseables que, o bien puede resolverse mediante algún acto de sentido común y para el cual no se precisan capacidades especiales para resolver problemas, o bien, con mayor frecuencia, a una situación de la vida, indeseable pero por lo general bastante corriente, y con respecto a la cual no existe solución conocida y que hay que saber sencillamente conllevar, al menos durante cierto tiempo.



Cuando hablamos de PROBLEMAS nos referimos a callejones sin salida, situaciones al parecer insolubles, crisis, etc., "creados y mantenidos" al enfocar mal las dificultades.


(Extraido de los apuntes del Profesor Luis Cibanal en http://perso.wanadoo.es/nicanorap/progr-asignat_terap_famil.htm)

martes, 19 de febrero de 2008

LA FAMILIA PATOLOGICA Y EL TERAPEUTA

Una familia patológica en sus relaciones es aquella que frente a las tensiones incrementa la rigidez de sus pautas y sus límites transaccionales.


Normalmente la familia, como conjunto en interación, opera a través de pautas que requieren transacciones entre sus miembros y se basa en los mecanismos homeostáticos, de equilibrio, ofreciendo resistencia al cambio. Es decir, constantemente intenta adaptarse al estrés que surge ante los cambios de sus integrantes y sus demandas, con el objetivo de llevar una continuidad que la mantenga unida a la vez que intenta hacer posible su reestructuración.


Es posible que sola, en ocasiones, la familia no tenga la capacidad de llegar a adaptarse a esos cambios que le otorguen el equilibrio necesario para continuar estando en la normalidad subjetiva, hecho éste que debería obligar a la participación de un terapeuta familiar que, con otra perspectiva, pudiera ofrecer un mapa de la familia para señalar y detectar qué pautas pueden ofrecerse de forma operativa y cuáles están imposibilitando las relaciones entre sus componentes. Con esta participación se señalarán las adecuadas pautas transaccionales y el establecimiento de los nuevos límites y normas a reestructurar por los subsistemas que componen el núcleo familiar.


En las interacciones se observarán las incongruencias entre lo digital y lo analógico, los dobles vínculos, las descalificaciones...,así como la propia impregnación del terapeuta por el clima emocional.


En nuestro quehacer profesional y habiendo llegado al punto de formar parte del grupo en tratamiento, no hemos de olvidar los principios importantes en los que nos basamos para hacer de nuestra intervención una verdadera relación de ayuda. Estos principios debemos tenerlos presentes en nuestras actuaciones para no desvirtuar en ningún momento la misión real que tenemos:


-Es crucial intervenir respetando a las personas y al sistema familiar.


-Entrar en la familia sólo hasta donde ellos quieran.


-Adecuar nuestro vocabulario y lenguajes al nivel sociocultural de la familia.


-Nuestra actitud ha de ser neutral (no fría) ante todos los miembros en tratamiento, ya que puede sernos difícil no identificarnos con alguno de los problemas, pero será complicado salir de la posición ante una alianza y/o coalición con algún miembro de cualquier subsistema.


-Empatía sí, simpatía no.


Está claro, pues, que debemos mantener la adecuada distancia terapéutica para ser en verdad de ayuda y no realizar intervenciones como, además de lo expuesto, por ejemplo dar demasiadas prescripciones, hacer muchas interrupciones, mantener a la familia distante o establecer pautas imposibles o inalcanzables.