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jueves, 23 de octubre de 2008

DIFERENCIAS EN LA PAREJA

Que bonito es vivir en pareja desde el principio y con las escalas de valores percibidas desde la perspectiva del noviazgo o desde la primera etapa de los primeros meses, en donde todo lo bonito se resalta y no existen diferencias por las cuales se discuta en exceso. Pero a pesar de ser algo hermoso, ¿por qué a veces resulta tan difícil y decepcionante?


Hay respuestas para todos los gustos, pero creo que la razón fundamental es que dentro de cada uno de nosotros existen unas creencias que se nos han imbuido a lo largo de nuestra historia personal y familiar, formando parte de nuestra piel de tal manera por haberse ido entretejiendo a partir de nuestras experiencias individuales. Por esta razón tan básica, la creencia de que uno más uno, en la vida en pareja, son dos, no llega a ser del todo cierto.


Somos dos individualidades con nuestras respectivas formas de ver la vida y experimentar nuestras reacciones a los estímulos y acontecimientos que suceden a lo largo de nuestros ciclos evolutivos. Dos individualidades únicas e irrepetibles que se acercan para convivir en pareja porque se concibe la vida de una manera en que el amor se puede compartir con el hombre o la mujer que se decida, llevando a enriquecer todas las parcelas que como individuos tenemos. Pero soy de la opinión que no sólo el amor es suficiente para hacer que una pareja, un hogar, triunfe en la batalla de conseguir la felicidad relativa que todos perseguimos; más bien hace falta una gran cantidad de energía interior para llevar a cabo los cambios y afrontar los retos que la vida nos pone delante. Es más, muchas veces uno de los integrantes de la pareja tiene una expectativa de cómo debería ser su pareja y piensa que el otro espera lo mismo. En la práctica las cosas no funcionan tan lógicamente, existen una serie de variables y procesos que influyen y hacen del hacer pareja un fenómeno complejo.


Parafraseando a Paz X. Santa Cruz, Psicóloga de la U. De Chile y Terapeuta familiar y de pareja, “partamos por el principio, cuando uno crece en una familia (familia de origen) uno incorpora una serie de formas de relacionarse o patrones de relación entre los padres y entre los adultos cercanos a la familia, que configuran una forma de vivir en pareja. Sin embargo las diversas familias, pensemos por ejemplo familias de descendencia italiana, tienen determinadas formas de relacionarse tal vez más vociferante y expresiva de las emociones y las familias de culturas más eslavas son más pudorosas en su expresión, como las familias descendientes de alemanes o ingleses”. Imaginemos, pues, una pareja formada por dos componentes de estas dos culturas.


Tendría que haber una configuración nueva de sus estructuras en común para poder adecuar que la raíz de la nueva formación familiar no se viera afectada en exceso por las grandes diferencias de las expectativas que cada uno aporta en su concepción de la relación. Asimismo no hace falta ir a diferencias de países, sino que aun viviendo en el mismo país, en el mismo pueblo, en el mismo barrio, incluso, hay diferencias de expectativas y conceptos a la hora de afrontar una situación más o menos desequilibrante.


Lo que creo yo no lo crees tú, pero podemos llegar a la concepción del nuevo nosotros para hacer de esta posibilidad de negociación un recurso válido que estabilice. No es nada bueno ni necesario romper una pareja, una relación que se basó en el amor, por lo tanto tal vez sea más adecuado llevar nuestra energía a encontrar soluciones que endulcen y nos hagan mirar con otros ojos lo que, en apariencia, se ha convertido en una auténtica monotonía, un cansancio,...un desamor. Aunque cuando llega el desamor...mala cosa.


Debido a estas situaciones que estamos tratando, es necesario que el orientador familiar tenga en cuenta siempre que la cultura y las costumbres influyen de manera determinante en la conjunción de la pareja y en el arte de formarse como tal, en la concepción que cada uno tiene de lo que es SER y de CÓMO comportarse en pareja. La diferentes expectativas ante un mismo hecho suelen ser el quid de la cuestión para que den comienzo las “batallas”.

viernes, 17 de octubre de 2008

RELACIÓN DE PAREJA: OBSERVACIONES AL TRATAMIENTO DE SUS DISFUNCIONES

A lo largo de nuestra historia en la práctica de la Orientación y la Terapia Familiar y tras poner en común los compañeros del equipo de nuestra Asociación los problemas que más se repetían en los casos tratados, llegamos a unas conclusiones que queremos compartir con vosotros.
Hemos observado como denominador común que hay tres áreas fundamentales en las que la pareja “cae” por adolecer de recursos suficientes para encontrar el camino de salida en su “desequilibrio” tanto individual como colectivo en su ciclo evolutivo. Estas áreas son: la comunicación, la expresión afectiva y la resolución de problemas.

Estas perturbaciones relacionadas crean una insatisfacción que con el tiempo y llegando a un círculo vicioso, hace aparecer una serie de emociones contradictorias a la razón, como la ira, la ansiedad, la inhibición asertiva y el catastrofismo. (Ver modelos cognitivos de A. Ellis)

Es ahora cuando el nivel de frustración de la pareja ante la expectativas diferentes de cada uno llega a regar ese jardín, en principio idílico, y que en ese momento, ante la irrupción de problemas “insolubles”, se va secando y marchitando por las diferentes perspectivas personales. Lo que antes parecía, como decíamos, idílico, perfecto, en buen funcionamiento y armonía, se ha convertido en una incompatibilidad manifiesta, ya que apareciendo el problema se reacciona justo al revés: con rigidez en las posturas y con resistencia al cambio.

Este comportamiento lleva a que cada miembro de la pareja se sitúe en una posición en la que su respuesta emocional “normal” es una conducta de castigo hacia el otro, debido a que él mismo no recibe gratificación alguna ni refuerzo positivo. Es el punto que describe Ellis como el momento en el que la conducta de cada miembro produce un feedback que es distorsionado cognitivamente por el otro en función de sus propias creencias irracionales.

Nuestros objetivos terapéuticos estaban claros pero nos hemos encontrado que en infinidad de ocasiones tratábamos de ir modelando las tres áreas conflictivas mencionadas anteriormente y no veíamos el suficiente cambio para ir mejorando la relación; pero tras comentar en sesiones de control de casos, observamos que el primer punto a tratar era que los miembros del sistema familiar tomaran conciencia de CÓMO se sentían mal emocionalmente y perturbaban su relación al mantener una serie de pensamientos disfuncionales y la necesidad de trabajar en este sentido. Este aspecto importante nos hizo actuar en los casos tomando como eje prioritario en el tratamiento la propia hostilidad del cliente y dejando para después el tema de la insatisfacción que llevaba a crear esa perturbación en la pareja.

Siendo así las cosas, la primera barrera para tratar el problema fundamental era bajar los niveles de hostilidad y rabia, si es que aparecían y trabajar Orientador y clientes juntos en su modificación. Una vez conseguido este crucial primer paso ya pasaríamos a tratas los estilos de comunicación para poder ver claramente la forma en que el individuo percibe su propia conducta y la de su pareja en cuanto a la manera de comunicarse, cómo afecta esta forma y las consecuencias emocionales y conductuales que se perciben de esa misma conducta comunicativa.


Si lográbamos esto evitábamos que otros abordajes posteriores de nuestra Orientación y Terapia se hicieran improductivos.

A. Ellis decía que el terapeuta puede realizar sesiones por separado si la hostilidad es muy alta y también mostrar a cada cónyuge la relación cognición-afecto-conducta de la ira, y el manejo de la ira personal (cambio de pensamientos automáticos, balance de ventajas/desventajas y alternativas asertivas a la petición de los deseos) y la del cónyuge (enfoque asertivo, cortar y sugerir otras oportunidades más tranquilas para exponer las diferencias, etc.) Igualmente se puede trabajar “sesiones de desahogo” con ambos cónyuges. Estas últimas consisten en seleccionar un lugar y horario para exponer diferencias, normas para no cortar al otro, y cómo cortar si se sube “el tono”.