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miércoles, 21 de abril de 2010

ACTITUDES ERRONEAS EN LAS RELACIONES HUMANAS

Estamos inmersos en un mundo en el que las relaciones humanas se han convertido en una fuente de verdaderos conflictos. Sé que la tendencia es la de llegar al equilibrio para intentar ser todo lo feliz que uno quisiera o debería, pero, hoy por hoy, las relaciones con el otro nos están llevando a sumirnos en un mar de tempestades del que nos es difícil, muy difícil salir.

Cada vez con más asiduidad intentamos leer libros de autoayuda, acudir a especialistas que nos acompañen en esos momentos de incertidumbre vital para que nos orienten sobre qué hacer para estabilizar nuestra vida y sin embargo no sentimos que en nosotros se produzca el milagro del cambio, de la reestructuración o de la llegada de ese bienestar interno que todos deseamos y esperamos. Y es que el problema está en nuestro interior, en nuestros pensamientos y en la idea que de todo nos hacemos a través de nuestra escala particular de valores con la que juzgamos todo, haciendo que nuestra idea que tenemos de las cosas sea el axioma y nuestras gafas particulares con las que vemos todo como tiene que ser.

Manejamos valores absolutos que nos impiden llegar a términos medios. Nuestro “yo idea” ha anidado en la base estructural de nuestra forma de ser y nos hace un flaco favor a la hora de conformar la urdimbre básica para establecer la vida emocional adecuada con uno mismo y con los demás. ¡Y que difícil es salir de esto si no consigo, en primera instancia, concienciarme de este concepto desde “las tripas”!

Creo que se ve claro que la primera premisa es querer hacerlo, concienciación y verme en este estado, y observarme, y analizarme, que aunque parezca estar parado no es así porque lo que estoy haciendo es verme y reconocerme en esta situación en la que me encuentro. Es decir, situarme en el mismo problema para observar, “simplemente” observar para ver qué está sucediendo, porque los profesionales, psicólogos y terapeutas, nos pueden ayudar a ver, pero no pueden ver por nosotros mismos.

La mayoría de los problemas que subyacen en el ser humano actual, hemos observado que están en los conceptos de DEPENDENCIA E INDEPENDENCIA.

Nuestra vida natural está basada en la independencia, pero nos hemos metido en tal círculo vicioso que dependemos de los demás para ser lo que necesitamos ser porque la dependencia nos parece algo muy inocuo e inocente, pero en realidad es el principal enemigo de la felicidad, de la plenitud y de la posibilidad de realizarse. Esto es así hasta tal punto que una de las actitudes erróneas es esperar la aceptación del otro como base para sentirme yo bien o, incluso, crear mi propia necesidad para existir en cuanto que le uso para afianzar mi personalidad y poder afianzarme a la vida emocional y psicológica.
Hasta hay canciones que todos conocemos que expresan la idea de que “…yo sin ti no soy nada.”

Estos mensajes condicionan nuestra vida mental sana y por ende nuestros pensamientos que en definitiva son los que nos hacen actuar de una manera o de otra.
Tal vez lo que nos precipita a los errores en nuestras relaciones sean las ideas preconcebidas, lo que yo creo sin vuelta de hoja que debe ser que me condiciona a no abrirme a nuevos contextos que varíen las situaciones finales.

Esa idea preconcebida que antes mencionábamos nos lleva a juzgar a la persona por cómo creo yo que debe ser; es decir, la comparo con la idea que yo tengo de ella y como no responde a la imagen que yo creo, a mi idea, no es correcto. Juzgo a la persona con mi modelo y no con el suyo propio.

Sé que todo esto cuesta bastante de digerir pero si se abre la mente y analizamos estas cuestiones nos damos cuenta de la realidad que describe y cómo nos muestra a nosotros mismos en nuestras relaciones con conflictos.

Todas las experiencias nos llevan a expresar que las relaciones interpersonales e incluso las de uno consigo mismo no son estáticas, sino dinámicas, sin embargo nos empeñamos constantemente en otorgarles la primera cualidad, lo que nos lleva a tener una idea fija sobre el otro, a hacerle un cliché y este error nos lleva asimismo a tratar no con la persona, sino con la idea fija e inamovible que tengo de ella y además, en el fondo, mi error de actitud para una sana relación hace que no me interese por la otra persona, sino por lo que pueda darme en todos los aspectos. Siempre la evalúo por lo que me da o no me da.

En definitiva, anclarnos en nuestra única escala de valores válida nos lleva a conflictos, desilusiones, situaciones de oposición innegociable, rupturas, haciendo que no veamos que lo que equilibra es aprender a vivir con las diferentes individualidades en las relaciones humanas. Por otro lado, cuando se da de verdad, se recibe, siempre que se haga sin estrategias preconcebidas que disminuyen el dejar ser en el otro.

Sin ánimo de mezclar cosas, mi propia dependencia, mi ausencia de independencia, me sumerge en que valore más lo que yo creo de alguien, lo que yo necesito que ese alguien sea para mí, que su propia identidad y por tanto, cuando intentamos arrebatar la identidad a alguien surgen los conflictos que estamos viviendo actualmente. Lo sano, y si lo experimenta alguna vez lo conoce, es no depender emocionalmente y la consecución de este objetivo nos otorga el poder vivir nuestra propia vida para no vivir creyendo que se necesita al otro para respirar. Yo soy yo por mí mismo.

Wayne Dyer dice que la clave de una vida eficiente reside en la independencia. Igualmente, la clave de un buen matrimonio reside en el mínimo de fusión y el máximo de autonomía y autodependencia. Y aunque sientas verdadero temor a romper tus relaciones dependientes, seguro que si les preguntas lo que piensan a las mismas personas con las que mantienes estas relaciones de dependencia emocional, descubrirás, con gran sorpresa, que ellos admiran más a quienes piensan y actúan por sí mismos. Otra ironía. Quienes más te respetarán por ser independiente serán los mismos que con más fuerza trataron de mantenerte subordinado.

Lo que está claro es que todo lo comentado no está reñido con sentir amor, con llevarse bien en pareja, con amigos, con conocidos, todo lo contrario, precisamente lo fomenta. Estamos abogando precisamente por amar y amarse primero uno mismo.
Esto es así y el que lo quiera experimentar que trabaje en ello y si no resulta de esta manera es que siempre es más fácil coger las riendas de la vida de los demás que las de uno mismo. ¡Que vida!


Juan José López Nicolás.