así somos

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miércoles, 28 de septiembre de 2011

¿Por qué aguantamos cuando sentimos dolor?

“Nosotros somos los invitados al jardín: de la vida, del amor, de la felicidad, de la alegría… No permaneceremos en él siempre, ni siempre nos parecerá en flor. Ni siquiera seremos dichosos durante todo el tiempo que lo habitemos.” (A. Gala)

Es difícil encontrar a un ser humano desconocedor de la experiencia del amor. Quisiera diferenciar la importancia de este sentimiento en sus diferentes fases:

Partiendo de diferentes lugares, dos personas se encuentran en el camino y deciden compartir su vida. En esta primera fase de enamoramiento, la aceptación del otro es pura enajenación de uno mismo, no sabe realmente los lugares que va a recorrer a través de esta experiencia maravillosa, misteriosa y alentadora, estrechar lazos, donde subir al cielo y descender al infierno es una misma cosa.

Hay muchas teorías sobre la pareja, unas dicen que es imposible que el enamoramiento se prolongue durante mucho tiempo. Estoy de acuerdo en cuanto al concepto de enamoramiento, no tanto en cuanto al amor-enamoramiento, y creo que este sentimiento puede ir unido toda la vida. La pasión no tiene por qué extinguirse, es el motor de la unión entre dos personas.

¿Imagináis un coche dónde el motor falla? ¿A dónde iría? ¿Cuántas veces tendría que visitar al mecánico?... ¿ Lo sustituimos por otro?

Es complicado hablar de amor, de parejas, de diferentes tipos de relaciones enlazadas todas ellas con la ilusión de compartir la alegría de vivir, los proyectos, las sensaciones. Todas ellas maravillosas e inenarrables, ya que cada ser humano es único. Pero ¿qué ocurre cuándo la monotonía se instala en la casa del amor? ¿Qué pasa cuando percibes que no eres tan importante en la vida de tu compañero o compañera? ¿Cuál es el desencadenante de las discusiones?

Deberíamos comenzar diciendo que antes de ser pareja, deberíamos ser personas y formarnos de manera adecuada para serlo de la manera más equilibrada posible. Parece ser que esta sociedad nos ha llevado a hacerlo todo al revés. Queremos a través de la pareja desarrollarnos como personas, y esto es totalmente imposible. Ninguna pareja puede cubrir aspectos personales tales como la seguridad, la autoestima, el amor, la confianza, el respeto, la fidelidad, la lealtad y, en definitiva, los principios inherentes y aprendidos en nuestra vida. Nadie puede arrebatarnos a nosotros mismos (aunque a veces somos nosotros mismos los que nos arrebatamos nuestra propia esencia de ser)

El hombre espera encontrar un remanso de paz, comprensión, amabilidad en su pareja y ésta, a su vez, espera recibir lo mismo; con lo cual cada uno demanda aquello que solamente tiene que partir de él. Así comienzan los desencuentros, los reproches, las decepciones y el hastío de la pareja.

De repente suenan las doce campanadas y el baile principesco termina con una huida en donde la carroza se convierte en calabaza. El sueño se desvanece, las luces se apagan. El príncipe busca incansablemente a una desconocida…
Cualquier persona razonable huiría de la tristeza, la desolación, la incomprensión, el desamor. Supuestamente “todos somos razonables”...

Esto es lo que pensamos que somos, otra cosa es lo que realmente nace de nuestro interior, de las necesidades, las circunstancias de la vida. Es por esto el dicho popular de “¡que bien se ven los toros desde la barrera!”.
Las contradicciones nos acompañan diariamente, el no saber el camino a tomar es el peor camino a seguir. Tenemos que tomar decisiones aunque por ello perdamos ilusiones, sintamos fracasos, creamos que todos nuestros proyectos se fueron a pique o nos sintamos realmente SOLOS.

Seguir en el fracaso proyectado es continuar en más fracaso. Y esto es lo que habitualmente hacemos; necesitamos grandes dosis de infelicidad para romper con una relación insatisfactoria, y en ocasiones ni siquiera estas dosis son suficientes ya que nuestro modelo de vida, nuestra idea de las cosas no tiene nada que ver con nosotros, con nuestro interior.

Solamente viendo, observando lo que ocurre en ese corazón intransitado por nosotros mismos, podremos tomar decisiones. Criticadas, no aceptadas; controvertidas socialmente, si queremos, pero con grandes beneficios a largo plazo.
Debemos asumir la responsabilidad de los propios actos, única manera de mejorar interiormente porque la culpa externa no lleva a ningún sitio constructivo, sino que aletarga nuestra evolución como personas, impidiendo llegar antes a nosotros, al aprendizaje necesario en la lucha de la vida.

Rompamos razonablemente con la infelicidad, rompamos con el papel que nos tocó desempeñar. Tengamos libertad de acción y sintámonos libres con todo este escaparate lleno de ilusiones, ideas y mentiras.

Difícil el camino de la soledad, ingrato, insoportable. Pero siempre que busquemos una salida hacia nosotros, hacia la paz y la felicidad, aparecerá una sonrisa amable, comprensiva, compasiva....agradecida a nosotros mismos.

Gloria S. Conesa Albaladejo

lunes, 19 de septiembre de 2011

Ilusionarse: ¿en qué espejo me miro?

Tras retomar las sesiones de terapia, han surgido nuevos casos en los que se han detectado problemas repetitivos, como siempre, relacionados con centrarse en los problemas y no en las soluciones. Sabemos que estamos mal, pero no damos el primer paso para efectuar ningún cambio…y sufrimos…Y queremos hacerlo….y no podemos...y volvemos a sufrir…hasta que vomitamos nuestras entrañas sacando “el mal” desde nuestro interior, mirándolo de frente para darnos cuenta de qué es lo que tenemos que solucionar.

Eso cuesta mucho trabajo y energía, pero se puede hacer y de hecho se hace con no tanta dificultad como algunos piensan.

Hoy he recibido una actualización de mi admirada Graciela Large y quiero compartirla con vosotros porque es adecuada para hacernos reflexionar qué sucede en nuestro interior durante el proceso de la duda, de la incertidumbre, y, en definitiva, de ese no sé qué que me pasa y no sé que es, por lo que no sé qué hacer ni desde dónde mirarme…es que…Bueno, mejor os dejo con este artículo y espero que os sea de utilidad.

Enfocarnos en el Error es una inercia que pesa en nuestra mente y que nos focaliza en mirar solamente aquello que nos da problemas.

Hacer hincapié precisamente en lo negativo de cualquier circunstancia; en una cualidad que nos falta; o el detenernos en la queja, ya sea solos o en compañía, son maneras habituales de orientar nuestra atención en lo que pareciera que está mal.

Se ha convertido en una formalidad social aceptada por un gran número de personas.

Como si al mirar concentrados en el error éste fuese a perder fuerza. Un singular empeño en aquello que hemos detectado como equivocado, creyendo que quizás así va a desaparecer.

Sobre todo si insistimos un poco más en señalarlo. En sentirnos incómodos o angustiados por ello. Al hacerlo se experimenta una cierta sensación de alivio momentáneo, sobre todo si alguien escucha y reafirma lo que vemos erróneo.

Sin embargo, necesitamos repetir una y otra vez el mismo proceso. Una señal de que el remedio es efímero y de que sus efectos son de corta duración. Se retoma entonces la inercia de insistir en los pormenores de lo que, a nuestro parecer, está francamente mal.

De esta manera la mente se obsesiona con las circunstancias negativas impidiendo considerar si es viable aquello que queremos que sea diferente. A la larga, incidir una y otra vez en el Error nos aleja de una solución, y bloquea la posibilidad de descubrirla; de que encontremos con facilidad una salida por nosotros mismos.

Cuanto más se resalta aquello que creemos que no está bien la persona se encierra en un callejón sin salida, donde las opciones que llevarían a un cambio, no se consideran porque no se puede. Hay una ceguera para ver y escuchar, especialmente cuando son sugeridas por alguna persona, aunque sea un amigo/a.

Para entonces, sólo veo el problema repetido y multiplicado a mí alrededor de la misma forma errónea en la que lo he concebido. Todo me lo recuerda, y me conduce una y otra vez a las mismas afirmaciones. Me voy quedando ciego en opciones y cada vez más rígido en mis planteamientos para encontrar alguna salida.

Una inercia que se apodera de la mente de las personas, especialmente mayores. Parecen perdidas en una cantinela continúa. Se acostumbran a percibir e interpretar lo mismo, para repetir las mismas palabras; hacer las mismas cosas, y quejarse una y otra vez.

¿Cómo detectar que nos movemos en esta inercia?...

Pillar al aguafiestas que tenemos dentro marca la diferencia entre una vida monótona y aburrida, o el recuperar la ilusión por la vida.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Amor sano, persona sana.

Desde que llegamos de las vacaciones de verano, he recibido varias consultas, o mejor, varias preguntas, encaminadas hacia un mismo tema: ¿qué condiciones hay para garantizarnos un amor duradero y sano?, ¿puedo saber si este amor que siento es para siempre?

Me manifestaban esta serie de inquietudes, de pensamientos, preocupados por aprender a conocer el camino que llevara a la certeza del saber amar como profundo sentimiento que mueve a la humanidad, pero yo no tengo las respuestas que lleven a caminar sin incertidumbres, a caminar sin esfuerzo y a llevar el alto rendimiento de la vida a insospechadas playas de placer eterno.

Al querer contestar a estas preguntas de mis lectores y consultores de nuestra página, decidí escribir un artículo que pudiera servir de ayuda para que el camino hacia el objetivo deseado se viera aderezado de pequeñas herramientas a las cuales recurrir para poder solucionar estos contratiempos en el devenir cotidiano, con la principal visión de que es necesario arriesgarse a vivir para tener y conseguir vida. Pero no necesité esforzarme mucho en pensar qué escribir, qué deciros, porque la mayoría de cosas que se deben hacer, están ya escritas y lo único interesante es ponerse en la onda suficiente para encontrar aquello que puede sernos útil (CUANDO EL ALUMNO ESTÁ PREPARADO, APARECE EL MAESTRO)

Es por esta razón por la que os traigo a un autor, Mitch Albom, para que podáis reflexionar sobre las mismas preguntas que me hacéis, porque en su libro “Martes con mi viejo profesor”, Albom habla de las condiciones de un amor sano y menciona cuatro verbos necesarios para conjugar correctamente el lenguaje del amor en todos sus tiempos y modos: respetar, transigir, hablar y compartir.

Este fragmento que os propongo, por sí sólo, ilustra grandemente lo que quiero deciros:

“-¿Existe alguna regla para determinar si un matrimonio va a funcionar?
Morrie sonrió.
Las cosas no son tan sencillas, Mitch.
- Ya lo sé.
-Con todo -dijo- existen algunas reglas acerca del amor y del matrimonio que sé que son verdaderas. Si no respetáis a la otra persona, vais a tener muchos problemas. Si no sabéis transigir, vais a tener muchos problemas. Si no sabéis hablar abiertamente de lo que pasa entre vosotros, vais a tener muchos problemas. Y si no tenéis un catálogo común de valores en la vida, vais a tener muchos problemas. Vuestros valores deben ser semejantes. Y ¿sabes, Mitch, cuál es el mayor de esos valores?
- ¿Cuál?
- Vuestra fe en la importancia de vuestro matrimonio."


Creo que podéis reflexionar y hacer vuestros comentarios al respecto y tal vez lo idóneo sea comenzar a conceptuar cada una de estas cuatro palabras mencionadas que os dejo a vuestra consideración. ¿Os vale?


Juan José López Nicolás