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miércoles, 27 de junio de 2012

¿Contigo pan y cebolla?

Cierto es que el amor es lo que mueve, o debería mover, el interior personal de las gentes que habitan en este mundo (no olvidemos que estamos en un mundo en el que poderoso caballero don dinero), y también es cierto que la PERSONA ha de estar preparada para enfrentarse a la vida y a todos sus vaivenes, como no es menos cierto que el ser humano y sus sueños hacen del amor un sentimiento que mira hacia la dirección de las estrellas, el cielo y, en definitiva, sólo los deseos de soñar de la forma más bonita posible.

Pero no podemos olvidar las expectativas de cada individuo que forma la pareja. Es difícil que funcione cuando uno mira solamente al cielo, las estrellas, las puestas de sol y se olvida de que hay una tierra con sus realidades, con sus luces y sombras. Es posible que uno de los dos ame como debe amar y el otro sólo quiera sentirse amado y deje en manos del primero todo el motor que mueve la vida de la pareja, del matrimonio.


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Lo que unos pueden llamar mercantilismo, otros lo pueden llamar realidad de la vida. Realidad a la que nos obliga la sociedad y sin esa parcela cubierta convenientemente es muy difícil, casi imposible poder hacer realidad los sueños; no nos mintamos a nosotros mismos.

No sólo de pan vive el hombre. No sólo el amor es suficiente para el sostenimiento de una pareja que en su devenir ha de afrontar crisis y buenos momentos. ¿Qué sucede cuando una parte de esa pareja no sabe, no quiere o no puede soportar y hacer frente a las crisis? La pareja sucumbe al caos y se separan, incluso aun sintiendo algo el uno por el otro, por no afrontar las situaciones de la realidad y no crear un espacio objetivo para el diálogo sin que se mantenga cada uno en su posición de terquedad.

¿Quién es el sano: el que rompe la relación por no soportar enfrentarse a las crisis o el que quiere intentar buscar puntos intermedios y hablar para negociar?

Reflexionemos sobre estas preguntas porque cada ser, cada individuo, cada miembro de la pareja, tiene su propio y subjetivo concepto del amor, su propia escala de valores, e incluso, sus propia escala de prioridades, y cuando no coinciden en su mayoría...mala cosa. Lo importante es haberse entregado y tener la conciencia tranquila de haber hecho lo que uno sabía hacer y lo que unos llaman neurosis de amor o amor neurótico, a veces no es más que un intentar salvar algo porque le merece la pena que de una u otra manera, parece que está roto. ¿Roto?

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Tal vez en alguna ocasión pueda haber un encuentro objetivo, neutral, reflexivo, desde el mismo amor o afecto, en el que ambas partes puedan encontrarse de forma diferente. Lo cierto es que en este mundo de hoy, que nosotros mismos hemos fabricado, no puede decirse aquello de “contigo pan y cebolla...”
Tampoco pasemos de largo que lo que a algunos profesionales les parece depresión e histeria por carencia de autoestima ante la pérdida de su pareja, a veces puede ser la vivencia de un puro duelo con todas sus fases (rabia, incomprensión, incredulidad, dolor,...)

Como Orientadores y terapeutas familiares, hemos de tener muy claro que no es nada bueno dejarnos llevar por nuestras propias creencias y visiones subjetivas de las cosas o problemas que se nos presenten. No todos sentimos igual y todo puede llegar a ser comprensible, por lo que se hace necesario, y no de forma teórica sino totalmente práctica, emplear la EMPATÍA, arte difícil que nos hará entender al otro y quizás no tomar decisiones tan drásticas. No opines bajo tu criterio y tu vivencia; sal de ti y ponte en su piel para encontrar su dolor y tu percepción de las cosas cambiará. Yo lo he hecho y funciona...¿Y tú?

También es normal que nadie aprenda en cabeza ajena y hemos de asumir que tenemos nuestro corazón particular y nuestras propias perspectivas, que pueden ensombrecer las situaciones introduciendo una visión distinta de un mismo hecho. Aún así creo que todo es cuestión siempre de matices. No el negro y el blanco van a pintar la vida, sino que los matices de grises también llenan las situaciones de la vida que enmarcan nuestros criterios a la hora de "juzgar" una situación. Y aquí llegamos, tal vez a la necesidad positiva de aprender a relativizar; aprender a que no todo es tan malo ni tan bueno, a que los problemas están para algo y que si hemos de saltar al aprendizaje de la vida es mejor hacerlo salvando los problemas que no teniendo ninguno.

Lo que sí es cierto e inamovible es que sin el AMOR  no elevamos a sabiduría lo vital; sin amor no se facilita el camino a ser Persona, Pareja o Padres; sin el amor no obtenemos la Acción Máxima para Organizar el Reconocimiento, tanto interno como del exterior. En pocas palabras, el amor es el gran facilitador que ayuda a emprender acciones encaminadas a abordar la solución de cualquier tipo de problema.

Pero se necesita trabajo, energía, voluntad, para que germine y no vale sólo aquello de "contigo pan y cebolla..."

Reflexionad y sacad vuestras propias conclusiones. Es un buen ejercicio.

Juan José López Nicolás

martes, 26 de junio de 2012

Pistas para un mejor abordaje y análisis de los problemas.

Soy consciente de que no hay fórmulas mágicas para la solución de los problemas que se nos presentan en la vida, porque hay tantas formas de abordajes como personas y capacidades existen, pero, no obstante, la actitud adecuada para hacerles frente va a marcar grandes diferencias entre una forma negativa, que nos hace morir en vida porque nos introduce en una gran crisis emocional, y la otra forma positiva, la inteligente emocionalmente, que nos introduce en un estado de verdadera actitud de gestión de estos problemas.

La forma desde la que decida enfrentarme a esas situaciones es la que va a marcar qué camino será el que con más facilidad se va a presentar. Quiero decir con esto que si mi actitud es de profunda tristeza (que tengo derecho total a expresarla y pobre del que no encuentre el espacio y las personas para hacerlo) pero me recreo en ella hasta que me incapacita para reaccionar, me veré abocado en una agonía constante y me introduzco en una espiral en la que tengo difícil salida, además de que cualquier problema lo magnificaré, provocando asimismo una reacción de incapacidad que me hará pensar y verbalizar desde mi interior aquello de “no puedo”…”no sé…” , “la pena me lleva en brazos…”, “no aguanto más…”, etc., etc.
Dentro del proyecto de autoayuda y superación personal y su página web, referenciada al final del post, así como por nuestro interés constante de dar elementos válidos para la reflexión, comparto con vosotros estos datos que a continuación os dejo referente a una de las visiones para poder abordar de una manera adecuada la aparición de problemas en nuestro devenir vital y válido, según mi opinión, para cualquier ciclo evolutivo en el que nos encontremos.
Sé que las opiniones sobre la validez e idoneidad de estos sistemas pueden ser variadísimas, pero de eso se trata: de poder activarnos en la búsqueda de recursos que nos valgan a nosotros mismos en la consecución de nuestros objetivos deseados para vivir de una manera más tranquila, pacífica y eficaz, con nuestro yo interno y con lo que nos relacionamos. El tema está servido.

1. PRIMERA FASE: Definir claramente el problema.

2. SEGUNDA FASE: Búsqueda de opciones.

3. TERCERA FASE: Valorar las opciones y decidir.

4. CUARTA FASE: Aplicar la decisión y revisar los resultados.

 PRIMERA FASE: Definir claramente el problema.

 Para poder solucionar un problema primero hemos de saberlo definir de una forma clara y comprensible para todo el mundo. Cuanto mejor seas capaz de expresar y explicar lo que te ocurre, más acotado y comprendido podrás tener tu problema.
Las siguientes preguntas te ayudarán a este propósito de definir con claridad tu problema:
¿En qué consiste mi problema?
¿Quién tiene el problema? ¿yo sólo o le afecta a más gente?
¿Cuándo comenzó?
¿Cómo se manifiesta en mi vida?
¿De qué manera me afecta?
¿Cuánto me afecta?
¿Qué causas parece que tienen que ocurrir para que se desencadene?
¿A qué áreas de mi vida afecta?

Veamos un ejemplo:
 Marta es una chica que hace estudios universitarios de farmacia, pero desde hace algún tiempo se cuestiona si es realmente la carrera universitaria adecuada para su vocación y capacidades. Veamos cómo puede definirse operativamente su problema al responder a las preguntas de arriba:

 - ¿En qué consiste mi problema?
 - No saber claramente cuál es mi vocación.
 - ¿Quién tiene el problema? ¿yo sólo o le afecta a más gente?
 - Pues yo, pero mis padres también están preocupados por este problema.
 - ¿Cuándo comenzó?
 - En el segundo curso de estudios y coincidiendo con varios suspensos en los exámenes finales.
 - ¿Cómo se manifiesta en mi vida?
 - Tengo serias dificultades a la hora de ponerme a estudiar, me desconcentro y no paro de pensar en cambiar de estudios.
 - ¿De qué manera me afecta?
 - Estoy desanimada, desilusionada y tengo momentos de estar triste y ansiosa.
 - ¿Qué causas parece que tienen que ocurrir para que se desencadene?
 - Cuando estoy en época de exámenes me siento peor, también cuando estoy con gente a la que le va bien en los estudios y tienen claro lo que quieren.
 - ¿A qué áreas de mi vida afecta?
 - Además de a mi rendimiento en los estudios, a las relaciones con la gente, ya que me encuentro desanimada y me apetece menos el relacionarme.

 A partir de esta información podemos definir el problema de Marta de la siguiente manera:
"Tengo que decidir que hago con mis estudios universitarios. El estado actual es que la duda me genera desánimo, desconcentración y pierdo rendimiento en los estudios con lo que me siento más incapaz de continuar y esto además afecta a mis relaciones con los demás"
Como vemos la definición del problema debe exponer de la manera más exacta todos los componentes implicados en el problema. Si se reduce como suele ocurrir con frecuencia a dos opciones (en el caso de Marta, sigo o dejo de estudiar), se restringen las posibles soluciones y se toma una perspectiva demasiado extremista del problema que fuerza una solución entre "blanco o negro".

SEGUNDA FASE: Búsqueda de opciones.
En esta fase deberás hacer un listado exhaustivo de todas las ideas y posibilidades que se te ocurran para solucionar el problema. No elimines ninguna posibilidad de antemano ya tendrás tiempo en la siguiente fase de ir descartando todas aquellas que no te resulten viables.
Lo que si debes tener muy en cuenta a la hora de generar tus ideas es que éstas sean concretas y viables, y no abstractas y poco realizables. Por ejemplo, en el caso de Marta no es correcto poner como opción el "reflexionaré sobre ello", o "me iré a estudiar otra carrera a Inglaterra", la primera por abstracta y la segunda por inviable.

Para localizar nuevas alternativas estos consejos te pueden ser de ayuda:
1. IMAGINA como resolvería este problema una persona que tenga aquellas cualidades que a ti te gustan. También te lo puedes imaginar de ti mismo (¡la imaginación es libre y no tiene limites!) resolviendo ese dilema de manera satisfactoria. Para estos fines puedes ayudarte de las técnicas de imaginación descritas en la página de Aprende a Relajarte.
2. RECUERDA aquellas veces que has solucionado problemas parecidos de manera satisfactoria y aplica la fórmula empleada a esta situación.
3. COMBINA ideas de las alternativas que se te ocurran actualmente o del pasado.

Veamos en el ejemplo de Marta las alternativas que se le ocurren:
1. Esperar que termine el actual curso para dejar esta carrera y mientras tanto ir examinando nuevas posibilidades de estudio o trabajo.
2. Darme un periodo de tiempo hasta final del presente curso para esforzarme en mejorar.
3. Pedir asesoramiento a otras personas: psicólogo, profesores, familiares y compañeros.
4. Tomarme un tiempo de descanso antes de tomar una decisión.
5. Seguir en los estudios tal y como voy y simplemente continuar hasta donde llegue.
6. Opciones 2 + 3. Darme un periodo de tiempo hasta final de curso donde intento mejorar con ayuda profesional psicológica y asesoramiento de los profesores.

Cuantas más alternativas se generen más posibilidades se abren y más capacidad de acierto en la elección, ya que se tienen en cuentan todos los puntos medios que hay entre dos opciones extremas.

TERCERA FASE: Valorar las opciones y decidir.
Ahora deberás examinar cuidadosamente cada una de las alternativas generadas para poder decidir cuál es la que más te conviene. Para este fin deberás ir analizando una a una cada opción y evaluando los pros y contras que cada opción tiene. Todo esto lo deberás hacer por escrito para que tus ideas las puedas ordenar correctamente.
Veamos en el ejemplo de Marta su valoración de ventajas y desventajas de una de sus alternativas:
Alternativa 1: Esperar que termine el actual curso para dejar esta carrera y mientras tanto ir examinando nuevas posibilidades de estudio o trabajo.

VENTAJAS / DESVENTAJAS
1. No tengo que dejar ahora mismo el curso
2. Sigo con mi actividad normal de estudiante sin tener que quedarme sin hacer nada.
3. Aflojo el ritmo de estudio y me puedo sentir menos estresada.
4. Tengo más tiempo para hacer otras cosas.
5. Puedo investigar con tranquilidad nuevas opciones para mi futuro.
6. No me siento culpable de haber tomada una decisión equivocada hasta que lo tenga que hacer cuando termine el curso.
1. Es posible que al final ni estudie ni busque nuevas posibilidades.
2. El problema no se resuelve sino que queda pospuesto a fin de curso.
3. Es posible que me ponga más estresada si veo que asisto a clase pero mi rendimiento sea inferior.
4. Voy a tener la impresión que todos van hacia adelante en los estudios y yo voy para atrás.

Con este trabajo de analizar y escribir las ventajas y desventajas de cada alternativa, en la mayoría de los casos, te podrás clarificar bastante, pero si aún así no lo tienes claro puedes pasar a valorar numéricamente de 0 a 10 cada una de las ventajas y desventajas.

Veamos en el ejemplo anterior que valoración hace Marta de las ventajas y las desventajas:
Alternativa 1: Esperar que termine el actual curso para dejar esta carrera y mientras tanto ir examinando nuevas posibilidades de estudio o trabajo.

VENTAJAS DESVENTAJAS
1. No tengo que dejar ahora mismo el curso. 3
2. Sigo con mi actividad normal de estudiante sin tener que quedarme sin hacer nada. 3
3. Aflojo el ritmo de estudio y me puedo sentir menos estresada. 4
4. Tengo más tiempo para hacer otras cosas. 4
5. Puedo investigar con tranquilidad nuevas opciones para mi futuro. 7
6. No me siento culpable de haber tomada una decisión equivocada hasta que lo tenga que hacer cuando termine el curso. 2
1. Es posible que al final ni estudie ni busque nuevas posibilidades. 8
2. El problema no se resuelve sino que queda pospuesto a fin de curso. 9
3. Es posible que me ponga más estresada si veo que asisto a clase pero mi rendimiento sea inferior. 8
4. Voy a tener la impresión que todos van hacia adelante en los estudios y yo voy para atrás. 7

VALORACIÓN TOTAL DE LAS VENTAJAS = 23 VALORACIÓN DE LAS DESVENTAJAS = 32
PUNTUACIÓN TOTAL = 23 - 32 = -9

Como podrás comprobar en el ejemplo, Marta valoró mucho más a las desventajas, que a pesar de ser menos en número, su valoración era 9 puntos superior a la de las ventajas, por lo que quedaba claro que no era una alternativa positiva.

Cuando hagas estas valoraciones con todas las alternativas llegarás a un resultado final donde habrá una alternativa que tendrá mayor puntuación positiva o en su defecto, menor puntuación negativa. Esta es la alternativa que deberás elegir.

En el ejemplo de Marta, la alternativa con valoración numérica más positiva es la alternativa 6 (darme un periodo de tiempo hasta final de curso donde intento mejorar con ayuda profesional psicológica y asesoramiento de los profesores).

CUARTA FASE: Aplicar la solución y revisar los resultados.
Una vez tomada la decisión tenemos que hacerla práctica y operativa. Esto quiere decir que el simplemente tener claro cuál es la alternativa más adecuada no es suficiente, ya que una buena intención, un buen proyecto, con facilidad se queda malogrado en la medida que la persona no sabe ponerlo en práctica.
Para ponerla en práctica deberás hacer un plan por escrito donde anotes qué tienes que hacer, cómo lo vas a hacer, a quién te tienes que dirigir o quién te puede ayudar, cuándo lo vas a comenzar y cuánto te va a costar (en dinero o en esfuerzo). En definitiva, establecer un guión minucioso para llevar a cabo. Para este fin te pueden ser muy útiles las técnicas descritas en Afronta los Problemas y Desarrolla tu Asertividad.

Una vez puesta en práctica la decisión tomada habrás de revisar los resultados esperando un cierto tiempo dependiendo de las características más inmediatas o más distanciadas en el tiempo del problema. Si los resultados van siendo satisfactorios, alégrate y disfruta con ellos, has conseguido escoger un camino positivo ante el problema, si por el contrario los resultados no son satisfactorios habrás de revisar todo el esquema que has seguido hasta ahora pero en sentido inverso haciendo las siguientes preguntas para definir mejor donde has tenido el problema:

FASE PREGUNTAS
Fase 4: Aplicar la decisión • ¿Está bien aplicada la elección?
• ¿He hecho un buen plan de puesta en práctica?
• ¿Se han dado circunstancias ajenas que han dificultado la aplicación de la decisión?
Fase 3: Valorar las opciones y decidir. • ¿He tenido en cuenta todas las ventajas e inconvenientes?
• ¿He valorado de manera poco realista las opciones?
Fase 2: Búsqueda de opciones. • ¿He seleccionado todas las alternativas posibles?
• ¿He combinado mal algunas alternativas?
• ¿Debería haber combinado alternativas y no lo he hecho?
Fase 1: Definir claramente el problema. • ¿Hice una definición del problema diferente al problema real?
• ¿Realmente es un problema?
• ¿Quiero resolver de verdad este problema?
• ¿De alguna manera me gusta o interesa seguir teniendo este problema en mi vida?

Lo más importante en toda esta estrategia de solución de problemas es que aprendas este método, ya que no siempre se pueden solucionar los problemas que la vida nos trae, pero si podemos hacer que las consecuencias negativas de un problema sean menores, o que las consecuencias positivas de una buena elección sean más satisfactorias.

Utiliza este procedimiento todas las veces que te encuentres con la necesidad de tomar decisiones ya que con la práctica asidua podrás comprobar como cada vez te resulta más fácil y sencillo escoger el camino de menor riesgo en las situaciones de conflicto.

Datos extraídos de

martes, 19 de junio de 2012

Aún tiene razón de ser La Pareja

Hoy en día parece que establecerse en una relación de pareja con proyección de futuro o durante mucho tiempo se ha convertido poco menos que en una misión imposible, y este hecho hace que muchos decidan, tomen la opción de la “multipareja” o la de ser un “esclavo sin esperanza” (por permanecer en un estado o en un sitio donde realmente no quiere ni desea estar)

Parece que, como todo lo demás en este mundo, las relaciones de pareja también se han tornado inestables, superficiales, breves, sólo para satisfacer necesidades inmediatas que no resisten el paso del tiempo.

La Dra. Spagnuolo Lobb, introduce en uno de sus trabajos esta temática y escribe:

“¿Es difícil enamorarse o es difícil permanecer en pareja?

El enamoramiento es ciego, se sabe, pero, más que ciego, diría que se centra en las necesidades del enamorado, antes que en las necesidades del otro. Nos enamoramos de quien nos parece pertenecer a una especie de tierra prometida, de quien habla una lengua que siempre habríamos querido escuchar para con nosotros. Por fin, una persona que comprende nuestras intenciones, que puede darnos el reconocimiento humano que siempre hemos deseado de las personas amadas, un buen espejo que finalmente nos hace sentir vistos. Y mágicamente, esta simple sensación nos permite respirar mejor, nos hace sentir más ligeros, nos hace sentir más buenos y más dispuestos ante los otros, más confiados en la posibilidad de que la humanidad pueda acogernos finalmente en el lugar que merecemos.

Es esta maravillosa apertura humana nacida del sentimiento de ser comprendidos, captados profundamente por el otro, lo que nos lleva a decir frases como: "No podría vivir sin ti", "Lo haría todo por ti", "Tú eres mi vida". El amor que acompaña al enamoramiento tiene un único defecto: es extremadamente dependiente del otro. Se está ligado al otro porque sólo él nos hace sentir así de reconocidos. Pero ¿quién es el otro? No siempre se tiene una visión detallada, sea porque se está "cegado" por la belleza de lo que experimentamos, sea porque si realmente nos fijáramos en algunos detalles (que en realidad vemos aunque no podamos "profundizar" en ellos) el sentido del maravilloso reparto del paraíso se desvanecería. Sin embargo, en ese momento de nuestra vida todo nuestro organismo está centrado en la conquista de una "tierra prometida", y poner en tela de juicio al otro, a quien tanto hemos buscado, no sería lo justo.

¿Y qué siente el otro? El otro puede estar también enamorado, puede sentir la música que deseaba sentir en las palabras de la persona amada (obviamente una música totalmente diferente de la que siente ésta), o bien puede estar menos enamorado, y estar con la pareja sobre bases más modestas pero también más "objetivas".

El enamoramiento es importante para la pareja, sin esto nadie tendría el coraje de abrirse íntimamente y permanecer ligado a lo largo del tiempo a otra persona. El enamoramiento es una especie de milagro de la naturaleza, como el abrirse de una flor, en el que todo el organismo está implicado en el rescate terapéutico de sí, ante la posibilidad de amar desde lo profundo del propio ser con la espontaneidad que la incomprensión de la vida nos ha quitado.

Hoy en día, este sentimiento de profunda revolución interior, de apertura a la posibilidad de ser comprendido por el otro, no ocurre "normalmente" como debiera. ¿Qué impide a las nuevas generaciones caer en el amor (como se dice en inglés, to fall in love)? Para caer tiene que haber una cierta seguridad de poderse levantar, o más aún, uno tiene que poder sentirse a sí mismo y aceptarse teniendo la necesidad de ser visto por el otro. Me parece que falta esto en las nuevas generaciones: la capacidad de sentirse a sí mismo. Incluso después es difícil enamorarse, iniciar una historia "sincera".

Otras veces, durante el recorrido que atraviesa la pareja, se pierde la espontaneidad, aunque manteniendo al mismo tiempo una adaptación recíproca. Sentimientos como la vergüenza, la rabia, el amor, el sentido de pertenencia se convierten en la dolorosa normalidad cotidiana.

Sucede, por ejemplo, que aquello que normalmente empieza como deseo de cuidar al otro, o de relajarse en la intimidad, termina en una lucha sobre quién decide, o en la desesperación de no ser capaz de contactar y de ser contactado por el otro.

Los integrantes de la pareja interactúan moviéndose entre dos factores: el deseo de contactar con el otro y el miedo de no ser comprendido en este deseo que, como toda búsqueda de reconocimiento, nos deja expuestos a la humillación de ser valorados negativamente, como inadecuados para la otra persona.

Lo más doloroso no es tanto el hecho de no ser comprendido por el otro en el contenido de la propia experiencia, como el no ser visto en el deseo y en la tentativa de alcanzarlo.

El deseo de intimidad que sostiene y motiva la vida de pareja es parecido al deseo de sentirse en casa, como el relax que disfruta el bebé cogido en los brazos de la madre, como la experiencia de reconocimiento que el caminante tiene en el cuerpo y en el alma cuando finalmente vuelve a su casa. El otro es deseado como un cuerpo que acoge, una casa en la que protegerse de la intemperie, el mundo en el que es posible hablar la propia lengua. El modo en el que este deseo se expresa en la pareja está imbuido del miedo de que el otro no esté donde querríamos encontrarlo, que esté en otro lugar.

Así, la experiencia del otro, más allá del momento del enamoramiento, que por definición es ciego, se siente también como el riesgo de que el deseo de intimidad sea frustrado, como el riesgo de que se repita el fallo experimentado en las relaciones significativas: el otro tiene también la experiencia del extraño que no comprende, del abrazo inseguro que mantiene nuestro cuerpo alerta, de casa ruidosa en la que no es posible reposar. Cada miedo y cada riesgo crean la vibración particular que caracteriza la tensión en torno al otro en la pareja. Cada interacción significativa de una pareja, como también toda su vida, es una historia (auguramos) con final feliz que repara el recorrido de nuestras relaciones significativas, una historia en la que experimentamos nuestra capacidad renovada y crecida de contactar con el otro con plena conciencia, viéndolo realmente más allá del temido rechazo y pudiendo llevar a término el deseo de alcanzarlo.

Sentirse descubierto ante el otro es un sentimiento delicado: a menudo se llena de los dolores pasados, percibidos como evidencia de una intención negativa del otro. El otro es malvado (experiencia paranoide), o quiere embrollarte (experiencia borderline), o es demasiado pequeño, necesitado de nuestra ayuda e incapaz de contenerse (experiencia narcisista): son sentimientos que llenan el vacío en el que nos lanzamos cuando reabrimos la posibilidad de comprometernos en un contacto importante, significativo, en el que hemos puesto la potencialidad de construir una intimidad. Es simplemente más seguro permanecer sobre terreno conocido. Incluso (re)conociendo las motivaciones del otro como típicas de una manera suya de reaccionar y no ligadas a la falta de comprensión o desinterés en nuestros límites, a veces no conseguimos dar el nuevo paso; por ejemplo, no pedimos disculpas después de haber comprendido que hemos ofendido al otro, no sonreímos aun sabiendo que esa sonrisa sería la solución de una disputa. En fin, nos arrojamos obstinadamente en los viejos esquemas por el simple miedo de cambiar.

La psicoterapia de pareja, la Orientación Familiar, puede ayudar mucho a mejorar el estar en pareja. La solución no está en el sacrificio de los deseos individuales en favor de las reglas del vivir social en familia, sino en el reapropiarse de la espontaneidad del vivir con el otro.

En la escuela de especialización en psicoterapia enseñamos a médicos y psicólogos, no a hacer que las parejas no se peleen, sino a hacerlas capaces de sentirse vivas, creativas en su relación, de "jugar". Esto puede implicar momentos de conflicto, ya que atravesar el dolor de las heridas provocadas por el comportamiento del otro puede implicar atravesar la humillación de no sentirse acogido por él, pero ciertamente presupone el objetivo de llegar a la intimidad, el coraje de expresarse a sí mismo y no aplacar el conflicto antes de tiempo. La psicoterapia no tiene nada que ver con dar o quitar la razón a uno o a otro, debe sobre todo mejorar la forma que tienen de funcionar como unidad, el modo en el que gestionan su intimidad relacional, la capacidad de darse apoyo recíproco y encontrar en el otro un lugar "fiable". El modelo que he desarrollado dentro de la psicoterapia de la Gestalt, publicado en un libro americano editado por el profesor Robert Lee, de Boston, y recientemente en la prestigiosa revista italiana Terapia Familiar, afronta los problemas de pareja centrándose en los aspectos positivos de la interacción entre ellos. Que la pareja experimente, incluso en el momento de coraje en el que pide ayuda, que ha hecho espontáneamente alguna cosa para funcionar bien, es un gran apoyo que predispone a los miembros de la pareja a la escucha de la intencionalidad positiva del otro, más allá de los miedos percibidos en la falta de acogida de él/ella. La "queja" del otro, que primero era recibida como una acusación, ahora es entendida como un deseo de contacto, de ser acogido y de ser considerado capaz de acoger al otro.

El otro no está a nuestro lado para curar nuestras antiguas heridas, sino para crear una nueva relación. Aceptar lo que hay de nuevo e inesperado en el otro consiste en renunciar a curar las propias heridas antiguas y, paradójicamente, consiste en verlas de otra forma. Si renunciamos a ver al otro como la persona ideal, capaz de curar nuestras antiguas heridas, podremos ver lo que él o ella hace ya por la relación. Este revolucionario cambio en la percepción del otro hace posible permanecer en pareja sin renunciar a la propia espontaneidad y gozar de las ventajas de no estar solos."

Texto basado en “Estar en la frontera de contacto con el otro: el reto de toda pareja”, publicado en la revista Terapia Familiare nº86, 2008, pp. 55-73

viernes, 8 de junio de 2012

¿Comunicación o actitud?...Recaída en conflictos

En las sesiones de Orientación familiar con parejas es muy difícil que uno de los caballos de batalla que contribuyen al fomento de los problemas no sea el de la comunicación, o más bien, la carencia de una comunicación eficaz y eficiente. Pero me he dado cuenta de que a pesar de trabajar sobre esta deficiente comunicación y parecer que las situaciones mejoran cuando se ponen en práctica las pautas para converger en acuerdos y negociaciones, al pasar un tiempo, las recaídas en los problemas se dan con frecuencia.

A esto contribuye el que cuando una pareja acude a terapia a veces es demasiado tarde porque hay un sustrato muy importante de resentimiento y son precisamente esas recaídas las que hacen pensar que la terapia “no funciona”.

A veces nos equivocamos. Todos: pacientes y orientadores nos centramos en problemas que tal vez se solucionaran con una forma distinta de “ataque terapéutico” enfocado a averiguar si realmente la pareja, cada uno de ellos, se han marcado para la solución unos intereses comunes unidos a una actitud parecida en los objetivos, fines y caminos a seguir.

Una actitud que nos lleva a la ira y a la frustración no puede sacarnos del camino disruptivo relacional por mucho que se hable de estabilizar y pautar las normas de una buena comunicación. Es algo tan sencillo como aquello de que hace más quien quiere que quien puede.

¿Qué nos impide hacer lo que sabemos que hemos de hacer? ¿Por qué nos centramos en el inmovilismo y la queja cuando hemos adquirido los recursos terapéuticos?

Parece que todo sigue igual y así es, pero sólo porque nuestra actitud no ha ido cambiando a lo largo de las sesiones. El objetivo que se debe marcar no es otro que el de tratar de construir nuevas condiciones para “juntar” a la pareja a través de ese cambio de actitud. De nada sirve seguir por el mismo camino sin cambio posible porque cuanto más sepa de mí, de mis carencias, de mis potencialidades, si no las utilizo cuando conviene, más soy consciente de que esto sigue sin funcionar.

Lo más complicado siempre será el cambio personal y dejar de culpar a la otra persona, pero precisamente ese cambio no se da porque nuestra actitud real no es de cambiar, sino de esperar a ver lo que el otro me estimula para que yo inicie mi cambio…Y sé qué tengo que hacer, pero…

Hay una sensación remota, incontrolada, inconsciente, pesada y tan interna que no se logra con frecuencia pasar al consciente para que nos mueva, y nos cohíbe caminar hacia ese cambio personal e intransferible antedicho, porque no hemos tenido claro que realmente cambiar significa alterar los aspectos de nuestro pensamiento y comportamiento que no están trabajando para nosotros o no contribuyen a que nuestra vida sea satisfactoria. Precisamente si la persona se resiste a participar en ese cambio de actitud real de forma activa, esas nuevas situaciones que se desean como beneficiosas, pero que tenemos que crearlas nosotros, se demorarán en surgir y surtir efecto.

La Dra. Alejandra Godoy Haeberle, en un articulo, comenta: "Se benefician más de una psicoterapia aquellas personas predispuestas a buscar apoyo y a resolver problemas; las que toleran mejor la frustración y la confrontación; aquellas cuyas expectativas son racionales; las que poseen habilidades sociales y una “mentalidad psicológica”, es decir, son introspectivos, reflexivos, capaces de identificar los problemas, de percibir lo nuevo y de comprenderse a si mismo; los que atribuyen el cambio a sus propios recursos y no creen que sus dificultades se deban a factores externos (locus de control interno).

El pronóstico será mejor si el paciente acepta la racionalidad del tratamiento y adhiere al mismo, si su motivación es alta, si realiza acciones tendientes a superar el problema, si se implica emocional y conductualmente, aun durante las crisis terapéuticas; si confía en el terapeuta como persona y como profesional competente y con experiencia; si las expectativas de mejoría son altas, si se siente capaz de cambiar, si no es resistente y si existe apoyo social (si tienen con quien conversar sus problemas).

El pronóstico será peor a mayor severidad de síntomas y conflictos, si hay comorbilidad (coexisten más de un trastorno), si el trastorno tiene más de 2 años de duración; si el paciente rechaza las demandas interpersonales del tratamiento, si presenta dificultades en sus relaciones sociales y/o familiares. Particularmente resistentes al cambio son los trastornos de personalidad, generalmente egosintónicos (“soy así”). En tanto que trastornos como los adictivos, alimenticios, depresivos crónicos y de personalidad, son los más susceptibles de recaídas.”

Al final, lo interesante, lo inteligente es unir en nuestro significado estas dos palabras: ACTITUD+COMUNICACIÓN. Así obtenemos la “actitud de comunicación” y si seguimos metiéndonos en saber para poder desarrollar habilidades conscientes (recursos) ante los problemas, llegamos al contenido adecuado de estas dos palabras unidas: Actitud de buscar, pensar, crear, construir, transmitir, ofrecer soluciones, resultados y alternativas a través de la comunicación (diálogos internos y con los demás.)

Juan José López Nicolás

lunes, 4 de junio de 2012

Tormento no asertivo de un sufrimiento.

Todos atendemos a razones emocionales que eliminan nuestra propia fuerza de la razón por no querer hacer daño a alguien a quien queremos, o tenemos afecto, o simplemente nos cae bien. Caemos en la quietud de acción sacrificando nuestro bienestar por el de esa otra persona que nos ensombrece, pero lo queremos, nos adultera el alma, pero le queremos, nos enlentece las ganas de vivir y nos quita el aire, pero no nos permitimos hacerle daño, porque va a sufrir.

Va a sufrir porque necesito decirle que no estoy bien así y necesito espacio, sentirme sola conmigo misma y con mi vida. Necesito equivocarme y aprender de estas lecciones vitales que son los fallos que cometo, he cometido y cometeré. Va a sufrir porque necesito sentirme libre y no con esta dependencia que me adormece el alma por saborear la sensación de que no puedo ser en mí misma. ¡Sé que va a sufrir!, pero yo no me expreso…, sufro yo porque no sufra él…Pero no tengo valor para verlo destrozado…porque va a sufrir, ya que detecto una dependencia emocional tan grande (yo también la tengo) que hasta me ha dicho alguna vez, “ámame…, quiero que me quieras.”, ¡como si el amor se tuviera que pedir u obligar a dar!

Con estos sentimientos que tengo sé que me inmovilizo y no pienso para nada en mí, ¿qué hacer, Dios mío?
No puedo dejar de sentirme sin sentir que soy algo más que una mera acompañante para satisfacer las necesidades emocionales y afectivas de alguien que no deja de ser, al mismo tiempo, víctima y verdugo; no deja de ser el protagonista de un juego que se enmaraña con las definiciones de la vida para participar con plena conciencia, pero jugando sólo, sin nadie, a veces, sin red…

Sé que se frustra y aquí estoy yo, sé que se enfada, y aquí estoy yo, sé que piensa en ser feliz y aquí estoy yo para darle sus más altos beneficios que enmarquen su vida en la felicidad que no sabe crearse por él mismo. Pero al final me necesita para poder ser, negando la verdadera realidad porque nada ni nadie puede ser en otro sin ser primero en uno mismo.

Hoy he consultado con alguien y me ha descubierto una nueva identidad propia enlucida en unas palabras que al principio no he entendido: Asertividad y plena conciencia de mí misma.

La verdad es que doy gracias por haber sido consciente de mi propio dolor que ha hecho que me mueva para poder cambiar, no sin un gran trabajo interior, todo lo que alrededor no me gusta, todo lo que ensombrece mi vida porque, y me lo han repetido hasta la saciedad, yo soy la artífice, la protagonista de mi propia vida, y que aún estando llena de responsabilidades que se aceptan integradas, no puedo decir sí a aquello que anule mi propia voluntad de ser, sentir y vivir. No puedo negociar mis derechos inalienables, pese a quien pese; pero esto hay que aprenderlo, hay que interiorizarlo hasta un nivel profundo, formando parte de la intimidad de tu propia piel.

Si pienso detenidamente podré lograr ver y percibir que las experiencias emocionales nos ayudan muy a menudo a dotar de sentido y a dirigir nuestra vida, porque sin ellas, seguramente, nuestra existencia consistiría en algo así como ver la vida pasar desde la indiferencia y la pasividad. Y me he dado cuenta que no puedo negarme a las emociones, no puedo ponerme una coraza y negarlas, ya que a veces pienso que las emociones no se eligen, simplemente se sienten, pero si aprendo a hacerlo de la forma adecuada, con conciencia, con inteligencia…,con ayuda, lograré que lo que alguna vez me aturde al negarme, al ofrecer resistencia a experimentarlas, no suceda y me dé la oportunidad para no acabar añadiendo aún más estrés a la situación.

¡He decidido empezar un cambio en mi vida! porque en estas sesiones de Orientación he aprendido que es muy común que las personas que se sienten incomprendidas, ignoradas y manipuladas acumulan tal frustración que llegan a unas consecuencias negativas a corto y largo plazo, además de generar una baja autoestima, siendo habitual que acaben “estallando” en un desajuste emocional importante. Y yo no quiero esto…, no quiero más de lo mismo.

¡Menos mal que he llegado a tiempo para ordenar mi vida!


Juan José López Nicolás