así somos

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jueves, 20 de marzo de 2014

No eres tú, soy yo.

Hoy he discutido con…, me he sentido muy mal porque me he puesto a pedirle cosas, a echarle la culpa porque mi vida no estaba en donde yo quería, porque ella no hace cosas que a mí me gustaría; porque espero sentir cosas que debían ser así y mi vida no tiene sentido en situaciones y necesita un cambio que yo espero debe realizarse desde fuera; porque ella es tan importante para mí que parte de mi felicidad depende de que ella haga cosas para yo estar mejor...¡UFF!

Y estando analizando mi conducta, mis pensamientos, mi interior rechinaba diciéndome que no es este el motivo y la razón de sentirme mal. Mira por donde llega a mis manos un artículo que me vino como anillo al dedo y que está en la línea de alguno que ya escribimos en este blog, pero que en este caso me suscitó el bálsamo para dilucidar mi interior ante la vida en casos.

Este es un ensayo del Dr. Viktor Frankl (1905-1979), neurólogo, psiquiatra, fundador de la disciplina que hoy conocemos como logoterapia (psicoterapia centrada en la búsqueda de sentido), que se constituye por tres principios básicos: "La voluntad de sentido", "El sentido de la vida" y "La libertad de volición".

¿Quién te hace sufrir? ¿Quién te rompe el corazón? ¿Quién te lastima? ¿Quién te roba la felicidad o te quita la tranquilidad? ¿Quién controla tu vida?...
¿Tus padres? ¿Tu pareja? ¿Un antiguo amor? ¿Tu suegra? ¿Tu jefe?...

Podrías armar toda una lista de sospechosos o culpables.
Probablemente sea lo más fácil. De hecho sólo es cuestión de pensar un poco e ir nombrando a todas aquellas personas que no te han dado lo que te mereces, te han tratado mal o simplemente se han ido de tu vida, dejándote un profundo dolor que hasta el día de hoy no entiendes.
Pero ¿sabes? No necesitas buscar nombres. La respuesta es más sencilla de lo que parece, y es que nadie te hace sufrir, te rompe el corazón, te daña o te quita la paz. Nadie tiene la capacidad al menos que tú le permitas, le abras la puerta y le entregues el control de tu vida.

Llegar a pensar con ese nivel de conciencia puede ser un gran reto, pero no es tan complicado como parece. Se vuelve mucho más sencillo cuando comprendemos que lo que está en juego es nuestra propia felicidad. Y definitivamente el peor lugar para colocarla es en la mente del otro, en sus pensamientos, comentarios o decisiones.

Cada día estoy más convencido de que el hombre sufre no por lo que le pasa, sino por lo que interpreta. Muchas veces sufrimos por tratar de darle respuesta a preguntas que taladran nuestra mente como: ¿Por qué no me llamó? ¿No piensa buscarme? ¿Por qué no me dijo lo que yo quería escuchar? ¿Por qué hizo lo que más me molesta? ¿Por qué se me quedó viendo feo? y muchas otras que por razones de espacio voy a omitir.

No se sufre por la acción de la otra persona, sino por lo que sentimos, pensamos e interpretamos de lo que hizo, por consecuencia directa de haberle dado el control a alguien ajeno a nosotros.
Si lo quisieras ver de forma más gráfica, es como si nos estuviéramos haciendo vudú voluntariamente, clavándonos las agujas cada vez que un tercero hace o deja de hacer algo que nos incomoda.

Lo más curioso e injusto del asunto es que la gran mayoría de las personas que nos "lastimaron", siguen sus vidas como si nada hubiera pasado; algunas inclusive ni se llegan a enterar de todo el teatro que estás viviendo en tu mente.
Un claro ejemplo de la enorme dependencia que podemos llegar a tener con otra persona es cuando hace algunos años alguien me dijo:
-Necesito que Pedro me diga que me quiere aunque yo sepa que es mentira. Sólo quiero escucharlo de su boca y que me visite de vez en cuando aunque yo sé que tiene otra familia; te lo prometo que ya con eso puedo ser feliz y me conformo pero si no lo hace... siento que me muero.

¡Wow! Yo me quedé de a cuatro ¿Realmente esa será la auténtica felicidad? ¿No será un martirio constante que alguien se la pase decidiendo nuestro estado de ánimo y bienestar? Querer obligar a otra persona a sentir lo que no siente... ¿no será un calvario voluntario para nosotros? No podemos pasarnos la vida cediendo el poder a alguien más, porque terminamos dependiendo de elecciones de otros, convertidos en marionetas de sus pensamientos y acciones.

Las frases que normalmente se dicen los enamorados como: "Mi amor, me haces tan feliz", "Sin ti me muero", "No puedo pasar la vida sin ti", son completamente irreales y falsas.

No porque esté en contra del amor, al contrario, me considero una persona bastante apasionada y romántica, sino porque realmente ninguna otra persona (hasta donde yo tengo entendido) tiene la capacidad de entrar en tu mente, modificar tus procesos bioquímicos y hacerte feliz o hacer que tu corazón deje de latir.

Definitivamente nadie puede decidir por nosotros. Nadie puede obligarnos a sentir o a hacer algo que no queremos, tenemos que vivir en libertad.

No podemos estar donde no nos necesiten ni donde no quieran nuestra compañía. No podemos entregar el control de nuestra existencia, para que otros escriban nuestra historia. Tal vez tampoco podamos controlar lo que pasa, pero sí decidir cómo reaccionar e interpretar aquello que nos sucede.

La siguiente vez que pienses que alguien te lastima, te hace sufrir o controla tu vida, recuerda: No es él, no es ella...ERES TÚ quien lo permite y está en tus manos volver a recuperar el control.
Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: La última de las libertades humanas- la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino".

viernes, 7 de marzo de 2014

Rebelde con causa

Una seguidora de nuestro blog, Terapia y Familia, nos ha enviado un pequeño artículo, que no por pequeño está exento de una gran cantidad de reflexiones en cuanto a la relación Padres-hijos.

Disfrutad de estas letras porque no tienen desperdicio.

Me siento muy contenta de la rebeldía de mi hijo, Noé, de cinco años; de su continuo intento de transgredir las normas; de que ponga en tela de juicio todo lo que le digo; de sus contundentes noes; de su imaginación para crear su realidad paralela; de que no encaje en muchos de los convencionalismos tradicionales.

Me produce tranquilidad el conocer esa materia prima como ciudadano de la vida, ya que son los ingredientes básicos de un espíritu crítico; de un ser de ideas independientes, difícilmente manipulable, con capacidad para crear su propia vida, escuchando sus propias necesidades; dilucidando si una tradición es válida o simplemente nos acomoda en la rutina.

Todo forma parte de su configuración como Ser Humano mediante el ensayo-error

Y en mi labor como madre-anfitriona en la Tierra, le pongo los límites contundentes que le permiten conocer del respeto a los otros y a sí mismo, sabiendo que todo va bien en el proceso de ir desplegando sus propias alas.

Mariví Serrano