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lunes, 29 de junio de 2015

Orientaciones para el verano en familia

La llegada de las vacaciones de verano supone siempre un alivio para toda persona que, bien por su trabajo o por sus estudios,  ha tenido un curso agitado. Sin embargo aquellos que parecen siempre esperarlo con mayor ilusión son los alumnos, aquellos que se encuentran en periodo escolar. Pero para muchas familias compatibilizar todo esto supone en ocasiones una fuente de estrés importante que le puede llevar a la dejación de sus responsabilidades o a crear un ambiente donde reine la negatividad.

En la mayoría de las ocasiones supone para los padres un difícil ajuste el que sus hijos estén la mayor parte del tiempo de vacaciones mientras ellos siguen sus trabajos, y por supuesto, tanto para los padres como para la misma pareja, compartir un mayor tiempo juntos no siempre es fácil. Si partimos de la base de que es dentro del seno de la familia donde un hijo puede encontrar todas las energías necesarias para su formación y crecimiento, es básico que los padres aúnen sus esfuerzos para hacer también de las vacaciones de verano un espacio en donde se procure tal fin.

Para ello hay que tener en cuenta una serie de consideraciones básicas antes de ponernos a hacer planes, pues, como siempre, la variedad es enorme y si no ajustamos nuestras decisiones conforme a nuestros criterios puede que nos equivoquemos. Partimos de la base de que el verano se puede vivir en familia, ya que esto favorece seguir fomentando los vínculos, y de esa forma prevenir que se convierta en un tiempo de dispersión, “cada cual por su lado”.
Hay que intentar que haya momentos para compartir todos juntos. Algo muy importante para los padres es tener en cuenta que durante las vacaciones de verano se sigue manteniendo la función educadora, que podrán hacerlo de otra manera, pero en la misma línea que han seguido durante el curso: fomentando la responsabilidad, la autonomía, el respeto por los límites o normas así como procurar el empleo de algunas rutinas que colaboren con todo ello.

Es esencial también considerar en qué momento evolutivo se encuentra la familia, ya que no es lo mismo que haya niños pequeños, adolescentes o jóvenes. De acuerdo a esto tenemos que ver que cada uno pueda tener su espacio para seguir desarrollando sus habilidades, momentos de ocio y diversión. También es importante que la familia no se cierre con el exterior, pueden estar en contacto con otras familias con hijos de similares edades, o con amistades propias, de manera que se favorezcan las relaciones sociales con sus iguales, pues es importante que se estimule a los hijos para relacionarse competentemente con el entorno físico y social.

Sería bueno que durante el verano los hijos dediquen un tiempo para realizar algún tipo de tareas escolares, bien de repaso o para potenciarlas más como es el caso de los idiomas, siempre que se vea como un suplemento al curso escolar y no como una continuidad de él, pues si algo es necesario para todos es el descanso. El verano es un tiempo propicio para ello y los padres tienen también que valorarlo y respetarlo, conjugando que los ritmos se propongan menos acelerados y que no se llenen a los chicos con multitud de actividades, en las cuales no haya un hilo conductor o no se sepa que finalidad alcanzan. Y es que la base de la educación no radica en que los hijos hagan muchas cosas (activismo pedagógico).

Si los padres implican a los hijos en una actividad tienen que reflexionar sobre ello y si es él quien lo pide también será necesario la implicación parental. Estas actividades de las que hablamos tienen que ir ligadas a sus gustos y aficiones favoritas. Es importante que los propios padres hablen con sus hijos de las actividades que les gustaría hacer durante el verano. Averiguar qué desean aprender, ver o hacer. Con esta información los padres pueden presentar distintas opciones a sus hijos. Ante todo es imprescindible que se les estimule de cara al exterior, evitar su aburrimiento o que empleen su mayor parte del tiempo siendo personas pasivas delante de un televisor o un videojuego.

Desde luego la actitud ante el verano puede transformarse si los padres ponen su empeño en convertirlo en un tiempo interesante, novedoso y alegre, favoreciendo todo aquello que no han podido hacer durante el curso, como por ejemplo participar en  los juegos, adecuados a su edad, así como visitas o excursiones que favorezcan, como decíamos al principio, un verano en familia.


Mª Del Carmen González Rivas

viernes, 12 de junio de 2015

Huir de la “realidad” para encontrarnos…mejor

Corremos, nos falta tiempo, hemos de conseguirlo, es nuestro objetivo, me falta tiempo y quiero hacer lo que quiero pero debo hacer lo que hago. Vamos corriendo, persiguiendo… ¿qué?...No lo sabemos, pero queremos algo que aquel hace y hay que ver que bien le va, claro, pero él puede…tiene tiempo.

Estamos “pillados” por esta sociedad, más bien, por su ritmo que nos susurra silbante al oído que hay que seguir, no parar…Corre, haz más, preocúpate de aquellos a quien quieres porque sin ti están peor…¿Ves? Soy necesario…debo correr, hacer…
Sí, estamos manejados por el ritmo que nos imponen y al final el tempo, la cadencia se mete en nuestra mente y nos conduce a un abismo de necesidades que desemboca en esta entidad neurótica que se ha embebido hasta el rincón más recóndito de nuestra alma. Solo hasta que esta estalla estando en manos de un destino que no conducimos nosotros.

Ansiedad, depresión, dolor del alma, abandono. Simplemente porque cuando no sabemos qué hacer seguimos inmersos en ese juego psicótico que nos amarga; y envidiamos al que hace lo que nosotros no “podemos” hacer. Y es tan sencillo como que cuando no sepas qué hacer y te inmovilice la situación…¡¡¡¡Diviértete!!!
Baila, tómate un helado, sal, para en esa dirección y vete a la playa a tomarte una cerveza, escribe, mira, haz yoga, lee, pasea, cambia canales, disfruta de una buena comida, de una buena conversación, respira el aire del monte, enamórate, mira los ojos de tu pareja, haz el amor,  mira los milagros de la naturaleza, oye llover sin pensar que se te está mojando la ropa que tendiste, escucha la radio,…haz nada, si te apetece.
Pasamos nuestro tiempo con el tedio, la monotonía, la mente cerrada y eso ayuda a mantenernos en esa neurosis colectiva que nos come por los pies y cuando sube nos abraza, fagocitándonos sin pedir permiso alguno.

¿Dónde estás?   

Muévete y si te quieres encontrar bien, como decía mi hijo pequeño, búscate mejor, y deja de ponerte las excusas que has aprendido para no parar y no mirarte tú…únicamente tú.

La realidad es la que yo quiero vivir y la que manifiesta mis círculos beneficiosos de tiempo que me hacen vivir la vida, en momentos, en fragmentos, pero son los míos, exclusivamente míos. Y debo encontrarlos, crearlos, propiciarlos para no neurotizarme más de lo que está esta sociedad que se alimenta de aquel “soma” que decía Aldous Huxley.

Ya sabes, cuando no sepas qué hacer, ¡¡¡¡DIVIÉRTETE!!!

Juan José López Nicolás


lunes, 1 de junio de 2015

¿Por qué ya no bailamos? Una propuesta para matrimonios


Para una gran mayoría nos es conocida la película Kramer contra Kramer, donde un matrimonio se plantea el divorcio y por ende se enfrentan en los juzgados por la custodia de su hijo pequeño. Hace unos años podríamos pensar que lo vivido por los personajes de esta película nos tocaba de lejos. Sin embargo a día de hoy es más frecuente de lo que quisiéramos creer. ¿Qué les pasa a las parejas que un día concreto en sus vidas se prometieron amor eterno?

Muchos matrimonios por muy diversas causas van distanciándose a lo largo del tiempo y puede que muchos alcancen la separación o el divorcio. Asímismo influenciados por una mentalidad emotivista y divorcista todo les aboca a no ver otras alternativas posibles para solucionar sus dificultades. Y es que ser fiel a esa primera promesa cuesta lo suyo a medida que la convivencia, los cambios y las cosas menos pensadas van surgiendo. En ese tiempo la pareja se olvida de cuidar un espacio para ella, ¡han dejado de bailar! Y no me refiero a que se tengan que apuntar a clases de baile o salir a bailar, pero sí que es cierto que en la mayoría de los casos las parejas se conocieron bailando, bailaban juntas, bailaban abrazados, bailaban al compás o lo intentaban poniendo todo su empeño. 

Ahora, si “bailan”, les cuesta recuperar esa sincronía; han olvidado la esencia de lo que supone los primeros encuentros, los ritmos, la melodía que pusieron a sus vidas, y muchas otras cosas que quizás les gustaba hacer antes y que ahora, o bien no se acuerdan o lo han descuidado por el camino, porque han dejado que el ritmo de la vida les domine.

Todas estas ideas me vienen a veces a la cabeza a la hora de ver en terapia a estas parejas que han dejado de bailar. ¿En qué momento sucedió esto?, ¿y qué pasó para que no se dieran cuenta? 

Es cierto que son cada vez mayores las dificultades que viven hoy en día muchos matrimonios y que se decantan por la separación o el divorcio, pero también me encuentro con muchos otros en los que son estas mismas dificultades las que les llevan a seguir superándose y "bailar" quizá de otra manera muy distinta a la que antes estaban acostumbrados.

De esta manera creo que el baile es una de las mejores metáforas para definir lo que ocurre en el transcurso de la relación de pareja, cuántos no hemos bailado y cuántos tenemos en mente a magníficos bailarines como a una Jennifer López con Richard Gere en shall we dance, o mucho mejor, a una de las parejas más famosas de todos los tiempos, Fred Astaire y Ginger Rogers, que danzaban al ritmo en perfecta sincronía.

Así es, el baile es movimiento, es ritmo, un arte que quizá todo el mundo no pueda alcanzar pero sí recuperar en la vida. Y más aún los matrimonios, pues ¿qué no es su vida si no llevar un equilibrio en su relación donde uno aporta unas cosas y el otro otras, favoreciendo esa complementariedad que ayuda a que la relación crezca? Cada miembro de la pareja en unos determinados momentos o bien se apoya y se sostiene o bien guía y levanta, aunque el peligro viene cuando uno solo se mantiene en una posición, cuando uno se cansa de bailar de la misma manera, con los mismos zapatos, o por qué no, con la misma pareja. Así uno de los miembros de la pareja claudica de sus responsabilidades y lo deja todo en manos del otro, y se va olvidando el reconocimiento mutuo.

Y es que, como ocurre con la música cuando uno baila, que hay que pararse y escuchar primeramente para saber posicionarse, así ocurre también con la pareja, ambos tienen que escuchar mucho al otro, y no darlo ya todo por sabido, reconocerse, valorarse y dedicar ese espacio en el que de nuevo comiencen poco a poco a bailar juntos. 

Por todo esto, ¿qué tal si comenzamos a bailar de nuevo? Todo es posible, lo primero es cambiar nuestras actitudes, pedir ayuda si la necesitamos, así como establecer redes de apoyo con otros matrimonios. Solo así podremos lanzarnos a la pista de baile, que suene la música y comencemos a bailar. Se va haciendo necesario que recuperemos una visión positiva del matrimonio y así retomar las palabras que tan bellamente pronunció en su día Kierkegard: “El matrimonio es y seguirá siendo el viaje de descubrimiento más importante que el hombre pueda emprender”
¡Porque tu matrimonio merece la pena, no lo descuides y apuesta por él!


Mª Del Carmen González Rivas. Psicóloga