Os dejo con esta maravilla y producto de la gran sabiduría para descubrir nuestras zonas erróneas y aprender cómo la vida es lo que nosotros nos proponemos que sea. Escucha los distintos audios y trabájalos de forma adecuada y verás que, cuando miras hacia tí, la vida se te aparece de distinta forma. Este es un gran regalo que quiero compartir con vosotros.
Este blog se ha creado para ofrecerte información, formación, terapia, artículos y noticias sobre todo lo relacionado con la ORIENTACIÓN FAMILIAR, dentro del ámbito de la familia, la pareja y sus tan variadas interrelaciones, sin olvidar el ámbito individual. Nos encantaría que nos ayudaras mandándonos tus artículos profesionales, tus consultas o tus reflexiones. Bienvenidos.
así somos
viernes, 25 de febrero de 2011
jueves, 24 de febrero de 2011
ENFOQUE SOBRE EL DUELO Y VIVIR LA PÉRDIDA
En esta dirección http://www.empresaflores.com/04.articulos_06.htm encontré un artículo sobre el duelo y la pérdida que me pareció interesante; unos matices distintos en el enfoque del tema del duelo.
“Nuestra sociedad continúa manteniendo un cierto número de mitos acerca del dolor y el duelo. Estos mitos pueden parecer inofensivos, pero he descubierto que muy pronto llegan a causar dificultades durante el proceso de curación.
Este artículo describe cinco de los mitos más comunes acerca del sufrimiento. Espero que esta información pueda ayudaros a superar estos mitos y a comprender mejor cómo ayudarse a uno mismo y a los demás, a “curarse”.
Mito Nº1: Dolor y duelo son la misma experiencia
La mayoría de la gente tiende a usar las palabras duelo y dolor de forma intercambiable. Sin embargo, hay una diferencia importante entre ellas. Hemos aprendido que la gente se encamina hacia la curación no solamente sufriendo sino también haciendo su duelo.
Está establecido que el dolor corresponde a los pensamientos internos y a los sentimientos que experimentamos cuando muere una persona amada. El duelo, por otro lado, es sacar nuestras experiencias íntimas de dolor y poder expresarlas exteriormente.
En realidad, mucha gente en nuestra cultura sufre, pero no realiza un duelo. En lugar de ser alentados a expresar su dolor externamente, a menudo reciben mensajes tales como “sigue adelante”, “trata de mantenerte ocupado”. Así que tratan de terminar con su sufrimiento en soledad, en vez de hacerlo externamente en compañía de sus seres queridos.
Mito Nº2: Hay una progresión ordenada y predecible en la experiencia del dolor.
Tener períodos de pensamientos similares acerca de la muerte y el dolor ha resultado atrayente para mucha gente. De alguna manera “los períodos de dolor” han ayudado a la gente a darle sentido a una experiencia que no es tan ordenada ni tan predecible como a nosotros nos gustaría que fuera. ¡Si solamente todo fuera tan simple!
El concepto de “período” fue popularizado en 1969 con la publicación de Elizabeth Kubler-Ross en “Sobre la muerte y los moribundos”. Kubler-Ross nunca pretendió que la gente interpretara literalmente sus 5 períodos de agonía. Sin embargo mucha gente hizo justamente eso, no solamente con el proceso de la agonía, sino también con el proceso de pérdida, dolor y duelo.
Una consecuencia de esto es que la gente que rodea a la persona que está de duelo cree que él o ella deberían estar en el “estado 2″ o en el “estado 4″, por ahora. Pero nada puede estar más lejos de la verdad que esto.
Cada persona realiza su duelo de una forma única. No es no predecible, no ordenada. Ni pueden sus diferentes dimensiones ser categorizadas. Solamente nos encontramos en problemas cuando tratamos de ordenar cómo deberían ser las experiencias de duelo y dolor de los demás o cuando tratamos de acomodar nuestro propio dolor dentro de pequeños compartimentos.
Mito Nº 3: Es mejor alejarse del dolor y del duelo en lugar de ir hacia él.
Muchas de las personas que sufren no se dan permiso a sí mismos, o no reciben permiso de los demás para realizar su duelo. Vivimos en una sociedad que a menudo anima a la gente a que se aleje del dolor y no a que se haga cargo de él. Mucha gente ve al dolo como algo que se debe superar y no como algo que se debe experimentar. El resultado es que muchos de nosotros o pasamos el duelo en soledad o tratamos de alejarnos de nuestro dolor.
Aquella gente que continúa expresando su dolor en una forma abierta haciendo su duelo, a menudo es considerada como “débil”, “loca” o “digna de lástima”. El mensaje más común es “tienes que salir y seguir adelante con tu vida”. Resistirse a las lágrimas, sufrir en silencio, y “ser fuerte” son tenidos en cuenta como comportamientos admirables. Mucha gentes que sufre ha internalizado el mensaje de la sociedad que dice que el duelo debería hacerse de una manera silenciosa, rápida y eficiente.
Tal mensaje aprueba la represión de los pensamientos y sentimientos de la persona que está sufriendo. El problema es que el tratar de enmascarar el dolor o tratar de alejarnos de él da como resultado ansiedad y confusión. Con un pequeño, si hay alguno, reconocimiento social del dolor normal del duelo, la gente comienza a pensar que sus pensamientos y sentimientos son anormales. “Pienso que me estoy volviendo loco”, me dicen ellos a menudo.
Ellos no están locos, simplemente están sufriendo. Y con el objeto de recuperarse deben ir hacia delante con su dolor continuando con su duelo, y no tratar de alejarse por medio de la represión y la negación.
Mito Nº 4: Las lágrimas expresando dolor son solamente un signo de debilidad
Desafortunadamente mucha gente asocia las lágrimas, producto del dolor, con un comportamiento inadecuado y con debilidad. Las lágrimas por parte de la persona que está de duelo, a menudo generan sentimientos de impotencia en los amigos, parientes y demás personas que la rodean.
Más que por un deseo de proteger a la persona doliente, los amigos y la familia pueden tratar de detener las lágrimas. Comentarios tales como “Las lágrimas no lo van a traer de vuelta” y “A él no le gustaría que llores”… se oponen a la expresión de las lágrimas.
LLorar es una forma natural de descargar la tensión interna del cuerpo, y le permite a la persona que está de duelo comunicar su necesidad de ser reconfortado. El llanto hace que la gente se siente mejor, emocionalmente y físicamente.
Las lágrimas no son una señal de debilidad. En realidad, son una indicación de la buena voluntad de la persona doliente para hacer el “trabajo del duelo”.
Mito Nº 5: El objetivo es “vencer” tu dolor.
Todos hemos escuchado a la gente preguntar: “¿Todavía te encuentras en esta situación?” ¡Pensar que como seres humanos podemos olvidarnos del dolor, es ridículo! Nunca nos olvidamos de nuestro dolor pero sí podemos llegar a reconciliarnos con él.
No lo resolvemos ni nos recuperamos totalmente de nuestro dolor. Estos términos sugieren un completo retorno a la “normalidad” pero en mi experiencia personal tanto como en la profesional, nuestras vidas han cambiado para siempre por la experiencia del dolor. Par la persona doliente, asumir que la vida va a ser igual que antes de la muerte es irreal y potencialmente perjudicial. Aquellas personas que piensan que el objetivo es “reducir” el dolor, lo pueden convertir en algo destructivo para el proceso de curación.
Las personas que están de duelo, de todas maneras, aprenden a reconciliarse con el dolor. Aprendamos a integrarnos a una nueva realidad que nos lleva hacia delante, continuando con nuestra vida, pero sin la presencia física de la persona fallecida. Con la reconciliación llega un renovado flujo de energía y confianza, habilidad para reconocer completamente la realidad de la muerte, y la capacidad de volver a reincorporarse a las actividades normales de las personas vivas. También llegamos a darnos cuenta que el dolor y el sufrimiento son una parte difícil aunque necesarios de la vida y de los seres vivientes.
A medida que la experiencia de la reconciliación se va descubriendo, también nos damos cuenta de que la vida va a ser diferente sin la presencia de la persona fallecida. Al comienzo nos damos cuenta de esto con nuestra cabeza, y más tarde empezamos a reconocerlo con nuestro corazón. También nos damos cuenta que la reconciliación es un proceso, no un resultado.
La sensación de pérdida no desaparece completamente, pero sí se suaviza, y la angustia intensa causada por el dolor se hace menos frecuente.
Entonces emerge la esperanza de que una vida continúa, mientras somos capaces de hacer un compromiso con el futuro, dándonos cuenta de que la persona fallecida nunca será olvidada, y sabiendo que nuestra propia vida puede y debe seguir hacia delante."
“Nuestra sociedad continúa manteniendo un cierto número de mitos acerca del dolor y el duelo. Estos mitos pueden parecer inofensivos, pero he descubierto que muy pronto llegan a causar dificultades durante el proceso de curación.
Este artículo describe cinco de los mitos más comunes acerca del sufrimiento. Espero que esta información pueda ayudaros a superar estos mitos y a comprender mejor cómo ayudarse a uno mismo y a los demás, a “curarse”.
Mito Nº1: Dolor y duelo son la misma experiencia
La mayoría de la gente tiende a usar las palabras duelo y dolor de forma intercambiable. Sin embargo, hay una diferencia importante entre ellas. Hemos aprendido que la gente se encamina hacia la curación no solamente sufriendo sino también haciendo su duelo.
Está establecido que el dolor corresponde a los pensamientos internos y a los sentimientos que experimentamos cuando muere una persona amada. El duelo, por otro lado, es sacar nuestras experiencias íntimas de dolor y poder expresarlas exteriormente.
En realidad, mucha gente en nuestra cultura sufre, pero no realiza un duelo. En lugar de ser alentados a expresar su dolor externamente, a menudo reciben mensajes tales como “sigue adelante”, “trata de mantenerte ocupado”. Así que tratan de terminar con su sufrimiento en soledad, en vez de hacerlo externamente en compañía de sus seres queridos.
Mito Nº2: Hay una progresión ordenada y predecible en la experiencia del dolor.
Tener períodos de pensamientos similares acerca de la muerte y el dolor ha resultado atrayente para mucha gente. De alguna manera “los períodos de dolor” han ayudado a la gente a darle sentido a una experiencia que no es tan ordenada ni tan predecible como a nosotros nos gustaría que fuera. ¡Si solamente todo fuera tan simple!
El concepto de “período” fue popularizado en 1969 con la publicación de Elizabeth Kubler-Ross en “Sobre la muerte y los moribundos”. Kubler-Ross nunca pretendió que la gente interpretara literalmente sus 5 períodos de agonía. Sin embargo mucha gente hizo justamente eso, no solamente con el proceso de la agonía, sino también con el proceso de pérdida, dolor y duelo.
Una consecuencia de esto es que la gente que rodea a la persona que está de duelo cree que él o ella deberían estar en el “estado 2″ o en el “estado 4″, por ahora. Pero nada puede estar más lejos de la verdad que esto.
Cada persona realiza su duelo de una forma única. No es no predecible, no ordenada. Ni pueden sus diferentes dimensiones ser categorizadas. Solamente nos encontramos en problemas cuando tratamos de ordenar cómo deberían ser las experiencias de duelo y dolor de los demás o cuando tratamos de acomodar nuestro propio dolor dentro de pequeños compartimentos.
Mito Nº 3: Es mejor alejarse del dolor y del duelo en lugar de ir hacia él.
Muchas de las personas que sufren no se dan permiso a sí mismos, o no reciben permiso de los demás para realizar su duelo. Vivimos en una sociedad que a menudo anima a la gente a que se aleje del dolor y no a que se haga cargo de él. Mucha gente ve al dolo como algo que se debe superar y no como algo que se debe experimentar. El resultado es que muchos de nosotros o pasamos el duelo en soledad o tratamos de alejarnos de nuestro dolor.
Aquella gente que continúa expresando su dolor en una forma abierta haciendo su duelo, a menudo es considerada como “débil”, “loca” o “digna de lástima”. El mensaje más común es “tienes que salir y seguir adelante con tu vida”. Resistirse a las lágrimas, sufrir en silencio, y “ser fuerte” son tenidos en cuenta como comportamientos admirables. Mucha gentes que sufre ha internalizado el mensaje de la sociedad que dice que el duelo debería hacerse de una manera silenciosa, rápida y eficiente.
Tal mensaje aprueba la represión de los pensamientos y sentimientos de la persona que está sufriendo. El problema es que el tratar de enmascarar el dolor o tratar de alejarnos de él da como resultado ansiedad y confusión. Con un pequeño, si hay alguno, reconocimiento social del dolor normal del duelo, la gente comienza a pensar que sus pensamientos y sentimientos son anormales. “Pienso que me estoy volviendo loco”, me dicen ellos a menudo.
Ellos no están locos, simplemente están sufriendo. Y con el objeto de recuperarse deben ir hacia delante con su dolor continuando con su duelo, y no tratar de alejarse por medio de la represión y la negación.
Mito Nº 4: Las lágrimas expresando dolor son solamente un signo de debilidad
Desafortunadamente mucha gente asocia las lágrimas, producto del dolor, con un comportamiento inadecuado y con debilidad. Las lágrimas por parte de la persona que está de duelo, a menudo generan sentimientos de impotencia en los amigos, parientes y demás personas que la rodean.
Más que por un deseo de proteger a la persona doliente, los amigos y la familia pueden tratar de detener las lágrimas. Comentarios tales como “Las lágrimas no lo van a traer de vuelta” y “A él no le gustaría que llores”… se oponen a la expresión de las lágrimas.
LLorar es una forma natural de descargar la tensión interna del cuerpo, y le permite a la persona que está de duelo comunicar su necesidad de ser reconfortado. El llanto hace que la gente se siente mejor, emocionalmente y físicamente.
Las lágrimas no son una señal de debilidad. En realidad, son una indicación de la buena voluntad de la persona doliente para hacer el “trabajo del duelo”.
Mito Nº 5: El objetivo es “vencer” tu dolor.
Todos hemos escuchado a la gente preguntar: “¿Todavía te encuentras en esta situación?” ¡Pensar que como seres humanos podemos olvidarnos del dolor, es ridículo! Nunca nos olvidamos de nuestro dolor pero sí podemos llegar a reconciliarnos con él.
No lo resolvemos ni nos recuperamos totalmente de nuestro dolor. Estos términos sugieren un completo retorno a la “normalidad” pero en mi experiencia personal tanto como en la profesional, nuestras vidas han cambiado para siempre por la experiencia del dolor. Par la persona doliente, asumir que la vida va a ser igual que antes de la muerte es irreal y potencialmente perjudicial. Aquellas personas que piensan que el objetivo es “reducir” el dolor, lo pueden convertir en algo destructivo para el proceso de curación.
Las personas que están de duelo, de todas maneras, aprenden a reconciliarse con el dolor. Aprendamos a integrarnos a una nueva realidad que nos lleva hacia delante, continuando con nuestra vida, pero sin la presencia física de la persona fallecida. Con la reconciliación llega un renovado flujo de energía y confianza, habilidad para reconocer completamente la realidad de la muerte, y la capacidad de volver a reincorporarse a las actividades normales de las personas vivas. También llegamos a darnos cuenta que el dolor y el sufrimiento son una parte difícil aunque necesarios de la vida y de los seres vivientes.
A medida que la experiencia de la reconciliación se va descubriendo, también nos damos cuenta de que la vida va a ser diferente sin la presencia de la persona fallecida. Al comienzo nos damos cuenta de esto con nuestra cabeza, y más tarde empezamos a reconocerlo con nuestro corazón. También nos damos cuenta que la reconciliación es un proceso, no un resultado.
La sensación de pérdida no desaparece completamente, pero sí se suaviza, y la angustia intensa causada por el dolor se hace menos frecuente.
Entonces emerge la esperanza de que una vida continúa, mientras somos capaces de hacer un compromiso con el futuro, dándonos cuenta de que la persona fallecida nunca será olvidada, y sabiendo que nuestra propia vida puede y debe seguir hacia delante."
lunes, 21 de febrero de 2011
EMOCIONES Y SENTIMIENTOS
Mujeres y hombres necesitamos expresar deseos, emociones, sentimientos, ideas, pensamientos... Es decir, es crucial e importante poder expresar lo que se siente.
¿Qué son los sentimientos?
Son estados afectivos variables relacionados que tienen que ver con las relaciones amorosas, íntimas e interpersonales, con las relaciones sociales, con el sistema de valores y creencias, y en definitiva, con el mundo afectivo de cada persona. Existen multitud de sentimientos, y no son buenos o malos, simplemente “son, existen, están”; pertenecen a cada uno, y como tal existe total legitimidad para sentirlos así.
Es positivo y recomendable aprender a reconocerlos (tanto los negativos como los positivos), a escucharlos y a expresarlos.
¿Qué son las emociones?
También son estados afectivos, pero menos estables y más intensos que los sentimientos, pues aparecen de forma inminente, como una respuesta del organismo a lo que acontece en el entorno; tienen un componente corporal muy fuerte, como modo de expresión y liberación de las mismas.
Las emociones y los cajones de Rol social
En la medida que se reconocen y expresan las emociones y sentimientos, Hombres y Mujeres se sentirán más libres y se estimaran más. Además, utilizaran mejor estas expresiones afectivas, pues existen maneras sanas o insanas de funcionar a nivel sentimental.
Como en todos los ámbitos de la vida, en éste tema también existen diferencias de género, los llamados Estigmas sentimentales: “ los hombres no lloran, no expresan sus sentimientos, sus miedos… ” o “ las mujeres son débiles, lloran por todo, son muy cursis…”Los roles masculinos impiden que los hombres tomen contacto con sus emociones y sentimientos, así como los roles femeninos harán que las mujeres se hagan cargo de sus emociones, las expresen y las reivindiquen.
Emociones y Sentimientos
Al interrelacionar las emociones con los sentimientos, los psicólogos sugieren que se debe tener muy claro: que el límite entre los sentimientos y las emociones es muy sutil y es difícil detectar cuando pasamos de uno a otro. Sin embargo, existen características particulares en ambos que los diferencian.
Los sentimientos se mueven entre extremos opuestos (placer-dolor, amor-odio, esperanza-desesperanza); son profundos o superficiales y perdurables en el tiempo. Esta última característica los separa por completo de las emociones, que se distinguen por sus notas de gran intensidad y momentaneidad. Las emociones, por su parte, son un estado de ánimo caracterizado por una conmoción orgánica consiguiente a impresiones de los sentidos, ideas o recuerdos. Una emoción viene acompañada de una respuesta afectiva de gran intensidad, que sobreviene bruscamente e invade la psique de una persona y suele estar acompañada de reacciones neurovegetativas. En su fase inicial, las emociones se asemejan entre sí, independientemente de las circunstancias que las generen (una mala noticia, un momento de intensa alegría, etc.)
Las reacciones son más o menos similares: Sudor frío, temblores, respiración rápida, palpitaciones, secreciones hormonales internas, como el aumento en la producción de adrenalina. Se producen también fenómenos expresivos como gritos y sollozos. Se perturba el tono afectivo habitual, se altera el ritmo de los pensamientos y se pierde, en algunos casos, el control de los actos. En las emociones muy violentas, se liberan los sentimientos reprimidos, reaparecen modos primitivos donde el sujeto puede expresar palabrotas y hasta realizar gestos brutales.
En consecuencia, podemos reconocer en toda emoción dos componentes bien diferenciados. Por un lado, un componente cualitativo que se expresa mediante la palabra que utilizamos para describir la emoción (amor, amistad, temor, inseguridad, etc.) y que determina su signo positivo o negativo pero de manera relativa. Por otro lado, toda emoción posee un componente cuantitativo que se expresa mediante palabras de magnitud (poco, bastante, mucho, gran, algo, etc.), tanto para las emociones positivas como negativas. El cuadro siguiente trata de reflejar estos dos componentes de toda emoción.
¿Las emociones positivas son buenas y las emociones negativas son malas?
Las emociones son el lenguaje con nuestro interior; cuando estamos enojados, tristes, deprimidos, alegres, centrados, felices, enfermos… es nuestro interior que nos habla y las emociones positivas y negativas serán buenas o malas dependiendo la situación en la que nos encontremos.
Las emociones positivas no son buenas en lo absoluto y las emociones negativas no son malas en lo absoluto.
Ejemplos:
• Me siento bien por haberle pegado a fulanito
• Me siento mal por no haber entregado la tarea
¿Cómo influyen los Sentimientos y las Emociones en la toma de decisiones?
A veces las peores decisiones se toman en el peor momento, si estamos deprimidos, enojados, furiosos o inclusive contentos no siempre tomamos la mejor opción; el sentimiento en muchas ocasiones le gana a la razón y de cierta manera la emoción nos controla la realidad.
Es difícil aprender a controlarse en todos los momentos, las personas que se pueden controlar en ciertos ambientes, situaciones y momentos en otros casos parecen estar angustiados, desesperados, ansiosos, fuera de control.
Para poder entendernos, hay que entender que para el individuo que vive en un mundo de muchas sensaciones, demasiados estímulos auditivos, gráficos y táctiles, es fácil perder el control y dejarse llevar, ya sea por la situación, lugar o momento y perder ese control que todos debieran tener y practicar en cualquier circunstancia.
Los primeros pasos en todo proceso de toma de decisiones son los más importantes y existen algunos importantes obstáculos que se presentan inicialmente. Los más comunes son:
• La tendencia a responder ante una situación de manera inmediata
• La tendencia a hacer uso de soluciones que están “disponibles”. La clásica frase de “un clavo saca otro clavo”.
• La tendencia a reaccionar en base a cómo se nos presenta el problema. El médico no solamente toma en cuenta lo que el paciente “le dice” sino que realiza sus propias investigaciones.
• La tendencia a direccionar las decisiones hacia un único objetivo
• La tendencia a confundir los síntomas con los problemas
• La tendencia a evadir realidades
Lo cierto es que no existe una receta única para lograr ese auto control. Algunos respiran profundo, otros se ríen del problema, otros evaden la situación o el momento, otros le dan demasiada importancia. La cuestión aquí es aprender a no ser influenciados negativamente, controlados o manipulados por los sentimientos o las emociones, porque cuando nos gana la emoción, se pierde el control y podemos contagiar a otros a que se descontrolen.
El sistema de toma-de-decisiones que tiene una muy fuerte base racional, se dispara en gran medida a través de los sentimientos y las emociones. Alvar Elbing sugiere como primer paso la habilidad de identificar y aceptar nuestros propios sentimientos, algo que no es tan fácil y sencillo como uno puede suponer, incluyendo tres fases del proceso de auto-conciencia:
• Saber y reconocer lo que uno está sintiendo
• Identificar la probable causa y el referente de nuestros sentimientos.
• Expresar y manifestar nuestros sentimientos en el momento adecuado
No es ningún trabajo sencillo el de analizar nuestro propio comportamiento, es decir, ser sujetos de nuestra propia observación objetiva. George Lomard (“Self-awareness and the scientific method”; Science – 1960) define a la observación “como la capacidad de discriminar / distinguir entre lo que la realidad realmente es y la realidad como uno mismo la ve”.
Hay que saber controlar las propias emociones; el control es diferente a la represión, la cual hace "acumular" tensión sin darle salida. Debemos exteriorizar ciertos sentimientos pero no al grado que nos manipulen, dañen a otros o a nosotros mismos por lo que es conveniente y necesario saber descargarlos adecuadamente.
Una forma muy eficaz para expresarse es anotar en unos diarios personales los sentimientos que uno tiene ante una situación o una persona, para reconocer las propias emociones y sentimientos provocados y saber cómo re-expresarlos. En realidad, las situaciones del pasado pueden ser considerados como un área de aprendizaje y una oportunidad de maduración.
Otra forma de educar al pensamiento es mediante las experiencias ajenas (por ejemplo viendo las emociones en otras personas mediante películas, documentales o fotos).
En el caso del sentimiento negativo provocado por una persona, debemos hacerle ver a la otra persona con el debido respeto, que su actitud no es la mejor y que no es contra ella ese sentimiento, sino por su acción.
Hay situaciones que podemos controlar y son oportunidades, pero hay otras que se encuentran fuera de nuestro alcance y es aquí donde las personas conocen sus limites. Hay personas que se dejan absorber por el momento y se hunden en un “precipicio”, hasta que alguien llega y le brinda una percepción distinta de su situación o problema.
El aprendizaje es capaz de moldear, en definitiva, algunos aspectos importantes de la realidad emocional individual y colectiva.
La manera emocional no se puede mejorar de la noche a la mañana, porque el cerebro emocional tarda semanas y meses en cambiar sus hábitos, no horas y días. Para llegar al punto en que un hábito nuevo reemplaza a otro se requiere cierta práctica. Los estudios clínicos realizados sobre cambios de conducta demuestran que cuanto más tiempo pasa una persona esforzándose por cambiar, más duradero será ese cambio.
viernes, 18 de febrero de 2011
miércoles, 16 de febrero de 2011
AMOR Y CRISIS
Una de las características del enamoramiento es que creemos que, tanto nosotros como nuestro amor, permanecerá intacto hasta la eternidad. Sin embargo, nos guste o no, la propia existencia es una sucesión de cambios constantes. Nuestra vida se ve invadida continuamente por acontecimientos que remecen los cimientos de la tranquilidad lograda. Son las crisis, mezcla de temblores con terremotos. Nos conmueven y nos rompen esquemas, hasta que alcanzamos un nuevo equilibrio, que también será temporal. Las crisis, si no sabemos tolerarlas, pueden ser destructivas. Pero si aprendemos a crecer a través de ellas pueden enseñarnos a amar más y mejor.
Una pareja se elige mutuamente en un momento particular de sus vidas, que los distingue por tener ciertos gustos, ideas y valores, así como conflictos y anhelos propios de la etapa en que se encuentran. En la relación se definen roles, tareas y modos de vincularse, donde cada uno se acomoda a las características del otro, potenciando algunos aspectos de sí mismo y postergando otros. El paso del tiempo irá cambiando a los enamorados, pero no siempre en el mismo sentido. Roles que antes se desempeñaron con placer, ahora pueden ahogar. Tareas que se delegaron con gusto en el otro, hoy quizás se quieren recuperar. Lo que primero se vivió como oportunidad, en este momento puede sentirse como un freno. Sin darnos cuenta, todo ha variado.
Con el paso del tiempo vamos cambiando de edad, de talla, de trabajo, de pensamiento, de gustos, pero sin hacer los ajustes en la forma de relacionarnos como pareja. Hasta que un buen día todo comienza a fallar y las insatisfacciones ya no pueden esconderse.
Diferencias que antes no importaban, se transforman en incompatibilidades graves. Lo que antes hacía brotar lo mejor de cada uno, ahora envenena. Los desencuentros pueden llevar al deterioro de la afectividad, a la falta de interés por lo que el otro está viviendo y a la amplificación de sus defectos. O también a sentir que cada día se tiene menos en común, que la pareja impide el propio crecimiento o que se fue quedando atrás. Lo que antes fue amor y pasión, se ha vuelto cariño y rutina. Tapar el sol con un dedo no sirve. Estamos en crisis y hay que enfrentarla.
Toda crisis, aunque parezca una amenaza, es expresión de crecimiento. De la vida que cambia y que nos cambia, y de la dificultad de irse poniendo al día el uno con el otro. Es señal clara de un desajuste que exige transformaciones. Cada relación personal que establecemos hace sacar a la luz algo de lo que somos y dejar otro tanto en las sombras. Una relación sacudida por una crisis no puede quedarse como estaba antes, porque se destruye. Es un seísmo que nos exige mirarnos y rescatar todo lo necesario para restablecer la intimidad y creatividad perdidas. Es una invitación a decirse lo no dicho, a superar el desfase que el tiempo ha provocado y a ponerse las pilas para buscar nuevos puntos de encuentro y seguir creciendo juntos. Es volver a elegirse a pesar de todo.
Muchos quizás no lo logren y busquen otro camino. Sólo deben estar conscientes de que esto no les evitará nuevas crisis. Si el tiempo exige que después de miles de kilómetros recorridos, los automóviles necesiten un ajuste de motor, ¿por qué no habríamos de esperar lo mismo en una relación amorosa?
De un artículo de EUGENIA WEINSTEIN
Una pareja se elige mutuamente en un momento particular de sus vidas, que los distingue por tener ciertos gustos, ideas y valores, así como conflictos y anhelos propios de la etapa en que se encuentran. En la relación se definen roles, tareas y modos de vincularse, donde cada uno se acomoda a las características del otro, potenciando algunos aspectos de sí mismo y postergando otros. El paso del tiempo irá cambiando a los enamorados, pero no siempre en el mismo sentido. Roles que antes se desempeñaron con placer, ahora pueden ahogar. Tareas que se delegaron con gusto en el otro, hoy quizás se quieren recuperar. Lo que primero se vivió como oportunidad, en este momento puede sentirse como un freno. Sin darnos cuenta, todo ha variado.
Con el paso del tiempo vamos cambiando de edad, de talla, de trabajo, de pensamiento, de gustos, pero sin hacer los ajustes en la forma de relacionarnos como pareja. Hasta que un buen día todo comienza a fallar y las insatisfacciones ya no pueden esconderse.
Diferencias que antes no importaban, se transforman en incompatibilidades graves. Lo que antes hacía brotar lo mejor de cada uno, ahora envenena. Los desencuentros pueden llevar al deterioro de la afectividad, a la falta de interés por lo que el otro está viviendo y a la amplificación de sus defectos. O también a sentir que cada día se tiene menos en común, que la pareja impide el propio crecimiento o que se fue quedando atrás. Lo que antes fue amor y pasión, se ha vuelto cariño y rutina. Tapar el sol con un dedo no sirve. Estamos en crisis y hay que enfrentarla.
Toda crisis, aunque parezca una amenaza, es expresión de crecimiento. De la vida que cambia y que nos cambia, y de la dificultad de irse poniendo al día el uno con el otro. Es señal clara de un desajuste que exige transformaciones. Cada relación personal que establecemos hace sacar a la luz algo de lo que somos y dejar otro tanto en las sombras. Una relación sacudida por una crisis no puede quedarse como estaba antes, porque se destruye. Es un seísmo que nos exige mirarnos y rescatar todo lo necesario para restablecer la intimidad y creatividad perdidas. Es una invitación a decirse lo no dicho, a superar el desfase que el tiempo ha provocado y a ponerse las pilas para buscar nuevos puntos de encuentro y seguir creciendo juntos. Es volver a elegirse a pesar de todo.
Muchos quizás no lo logren y busquen otro camino. Sólo deben estar conscientes de que esto no les evitará nuevas crisis. Si el tiempo exige que después de miles de kilómetros recorridos, los automóviles necesiten un ajuste de motor, ¿por qué no habríamos de esperar lo mismo en una relación amorosa?
De un artículo de EUGENIA WEINSTEIN
lunes, 7 de febrero de 2011
PADRES OBEDIENTES, HIJOS TIRANOS
En mis continuas búsquedas de datos y libros que puedan aportar luz a nuestra labor de orientación y terapia familiar, ha llegado a mis manos un pequeño librito del que a continuación os hago una breve reseña. Espero y deseo que os sea de gran utilidad.
“PADRES OBEDIENTES, HIJOS TIRANOS”
Una generación más preocupada por la amistad que por su papel como padres.
Autores: PRADO, E. y AMAYA, A.
Fecha edición: Sevilla, enero de 2005
122 Págs.
(También hay un libro muy parecido del año 2004, escrito por Aldo Naouri, polémico y de bastantes más páginas,titulado PADRES PERMISIVOS, HIJOS TIRANOS)
Reseña:
Los valores de la familia se han transformado drásticamente durante las últimas décadas. Ello ha propiciado la evolución del rol paterno desde unos padres exigentes a otros excesivamente permisivos. Una generación de “padres obedientes”, cuya prole se ha denominado generación de “hijos tiranos” y que se caracteriza por la intolerancia, la apatía, el egocentrismo y por regirse por la “ley del mínimo esfuerzo”, sin aceptar imposiciones de ningún tipo. Las familias han ido reduciendo su número de miembros de forma paulatina y este hecho tiene inconvenientes, pues el niño de las familias pequeñas suele ser individualista y tiende hacia el aislamiento y el hedonismo.
Los padres se preocupan por satisfacer cualquier capricho de sus hijos, y, por tanto, se convierten en “padres obedientes”. Estos “padres obedientes” no imponen reglas por temor a que aquellos “sufran” y se “frustren”, sin valorar las consecuencias que esto puede tener en la formación de los niños. Los “hijos tiranos” son insensibles, egoístas, caprichosos y violentos. Además, presentan un elevado grado de autoestima que no es fruto directo de su esfuerzo personal, sino del excesivo apoyo paterno. El miedo de los padres a que el hijo experimente algún fracaso les impide considerar que se aprende más del error y del fracaso que de los aciertos.
A veces se teme el enfrentamiento de tal manera que es fácil caer en la situación de ser "padres permisivos", los cuales tienen valores altos en cuanto al afecto pero bajos en control. Son cariñosos y emocionalmente sensibles pero ponen pocos límites a la conducta. Sus hijos son con frecuencia impulsivos, inmaduros y descontrolados.
Este libro puede resultar de gran ayuda para padres y educadores, ya que ofrece numerosos consejos útiles que contribuirán a fortalecer la seguridad y la confianza de los niños. Con ello se pretende crear una generación de padres más sabios e hijos más humanos y, en consecuencia, mejorar las relaciones familiares.
“PADRES OBEDIENTES, HIJOS TIRANOS”
Una generación más preocupada por la amistad que por su papel como padres.
Autores: PRADO, E. y AMAYA, A.
Fecha edición: Sevilla, enero de 2005
122 Págs.
(También hay un libro muy parecido del año 2004, escrito por Aldo Naouri, polémico y de bastantes más páginas,titulado PADRES PERMISIVOS, HIJOS TIRANOS)
Reseña:
Los valores de la familia se han transformado drásticamente durante las últimas décadas. Ello ha propiciado la evolución del rol paterno desde unos padres exigentes a otros excesivamente permisivos. Una generación de “padres obedientes”, cuya prole se ha denominado generación de “hijos tiranos” y que se caracteriza por la intolerancia, la apatía, el egocentrismo y por regirse por la “ley del mínimo esfuerzo”, sin aceptar imposiciones de ningún tipo. Las familias han ido reduciendo su número de miembros de forma paulatina y este hecho tiene inconvenientes, pues el niño de las familias pequeñas suele ser individualista y tiende hacia el aislamiento y el hedonismo.
Los padres se preocupan por satisfacer cualquier capricho de sus hijos, y, por tanto, se convierten en “padres obedientes”. Estos “padres obedientes” no imponen reglas por temor a que aquellos “sufran” y se “frustren”, sin valorar las consecuencias que esto puede tener en la formación de los niños. Los “hijos tiranos” son insensibles, egoístas, caprichosos y violentos. Además, presentan un elevado grado de autoestima que no es fruto directo de su esfuerzo personal, sino del excesivo apoyo paterno. El miedo de los padres a que el hijo experimente algún fracaso les impide considerar que se aprende más del error y del fracaso que de los aciertos.
A veces se teme el enfrentamiento de tal manera que es fácil caer en la situación de ser "padres permisivos", los cuales tienen valores altos en cuanto al afecto pero bajos en control. Son cariñosos y emocionalmente sensibles pero ponen pocos límites a la conducta. Sus hijos son con frecuencia impulsivos, inmaduros y descontrolados.
Este libro puede resultar de gran ayuda para padres y educadores, ya que ofrece numerosos consejos útiles que contribuirán a fortalecer la seguridad y la confianza de los niños. Con ello se pretende crear una generación de padres más sabios e hijos más humanos y, en consecuencia, mejorar las relaciones familiares.
jueves, 3 de febrero de 2011
EL RETO DE LOS 21 DIAS
UN MUNDO SIN QUEJAS
Si no puedes cambiarlo, entonces cambia tu actitud..!
Pero no te quejes..!
Agradece(te) lo que tienes en lugar de lamentar(te) lo que no tienes.
CAMBIA LA FORMA DE VER Y SENTIR LAS COSAS, Y LAS COSAS CAMBIARÁN DE FORMA Y SENTIMIENTO PARA TI.
Agradecimiento contra Lamentación
Se trata de una propuesta novedosa para cambiar nuestro chip vital, y distinta a los típicos planteamientos de autoayuda. Una propuesta innovadora para hacer frente a la vida con una actitud totalmente positiva.
El Dr. Viktor. E. Frankl, creador de la Logoterapia decía que: “uno es responsable de lo que hace, de lo que sufre y de lo que ama”; de ahí que la propuesta de Bowen era muy simple: los participantes debían colocarse una pulsera morada con la leyenda «Un mundo sin quejas» y resistir 21 días sin lamentarse por nada ni una sola vez”; así sea "me duele la cabeza" ó "nada me está saliendo bien". Si durante ese periodo los participantes emitían algún lamento, debían cambiarse la pulsera de muñeca y volver a empezar. Los resultados fueron sorprendentes; La mayoría de los participantes logró superar este reto, pero les tomó un mínimo de 5 meses, (un tiempo que evidencia la terrible presencia de la cultura de la queja tan presente en nuestras vidas); y la idea de Bowen, plasmada en su libro (editado por Grijalvo en México), se propagó rápidamente por todo el mundo.
Esta es la historia de la gestación de una idea existencial muy simple, que ayudará a quien acepte el reto a tomar las riendas de su vida.
Un reto que cambiará tu vida y la de tus semejantes.
Ahora te estoy proponiendo yo a ti asumir este reto de 21 días sin quejas, sin lamentos, sin críticas y sin chismes... si lo logras, habrás hecho de tu vida un paraíso en la tierra, como dice Don Miguel Ruiz en sus “Cuatro Acuerdos”. Tendrás mejor ánimo, menos dolores, relaciones más favorables, mayor autoestima, etc. Serás una persona más feliz, más congruente y armoniosa.
¿Crees que puedes aceptar el reto?
Seis millones de personas ya lo han logrado desde 2006 cuando Will Bowen lanzó esta campaña en EEUU. Cada día se suman más personas para lograr un mundo mejor. México ya tiene una organización para apoyar "Un mundo sin quejas".
Muchas personas decían que no se quejaban demasiado, pero con el ejercicio se dieron cuenta que lo hacían unas 20 veces en promedio al día.
Quejarnos se ha convertido en una Pandemia
¿Has notado que siempre hay algo de qué quejarse? El clima, el tránsito, la inseguridad en las calles, las mentiras de los políticos, la salud, el dinero que no alcanza, etc., etc. Lo único que ganamos con la QUEJA es SENTIRNOS PEOR.
"Cuando criticamos, nos quejamos ó juzgamos, estamos emitiendo una energía discordante. Esta energía, de acuerdo a la Ley de Atracción, será devuelta a nosotros pero multiplicada. Esto alimenta aquello de lo que nos quejamos y lo hacemos más grande"
(Ejemplo: si dices: “estoy mal, estoy mal, estoy mal”, atraerás justamente lo que pediste: estar mal).
Con la queja te conectas con campos de baja energía que te debilitan, te hacen vulnerable a enfermedades, conflictos sociales y carencias. Por el contrario, si hablas de GRATITUD te conectas a campos de ALTA energía, en los niveles donde se desarrolla el poder personal.
Mi propuesta es simple:
ABANDONAS LA QUEJA Y TE LLENAS DE GRATITUD...
Así que mantén una observación especial de tus pensamientos y palabras y cada vez que te descubras quejándote, expresa un agradecimiento a la vida, al trabajo, a la salud... ó a cualquier cosa que puedas agradecer de corazón... siempre tendrás algo para agradecer. Cada vez que emitas una queja tendrás que volver a empezar la cuenta de los 21 días desde uno.
Si pienso una queja ó crítica pero no la digo, ¿También cuenta?
Por suerte NO. Sólo las palabras que salen de tu boca son las que cuentan en esta primera etapa del ejercicio.
Quienes lo han logrado reconocen que no es para nada fácil, pero después de las tres semanas, ó más, que tardes en lograr la meta, dejarás inclusive de criticar con la mente.
¡Adelante!... acepta el reto... demuéstrate que SÍ puedes, y vive la responsabilidad de la GRATITUD como una experiencia que se "siente"... y asciende a un mayor nivel de conciencia y despertar, donde el panorama de la vida será más amplio y amable contigo.
No hace falta que te pongas una pulsera morada como la que propone Bowen, utiliza tu reloj de pulsera, ó una moneda, ó una piedrita en el bolsillo ó algún objeto pequeño y sencillote de tu elección que puedas portar contigo durante el día, y que, con su presencia, te esté recordando tu compromiso personal de no quejarte. Será una especie de “testigo silencioso” que te observará y recordará constantemente. Y será de gran utilidad para “aprender a darnos cuenta” de todas las veces que nos quejamos. No hay que darle fuerza a la queja, simplemente cambias la pulsera de brazo ó la piedra de bolsillo y ya. Lo importante es darnos cuenta, no culparnos. Y a comenzar de nuevo hasta llegar a los 21 días.
Rompamos esas “ideas lastre” tales como: “valle de lágrimas”, “para sufrir venimos a este mundo”, “unos nacen con estrella y nosotros estrellados” y perdamos el miedo a la libertad de ser responsables de lo que hagamos, de lo que suframos y de lo que amemos.
¿Por qué 21 días?
Los científicos y los expertos en conducta humana dicen que toma 21 días crear un hábito. Nos tomará 21 días dejar el hábito de la queja y formar el nuevo habito de ser RESPONSABLES DE NUESTRA GRATITUD
Si no puedes cambiarlo, entonces cambia tu actitud..!
Pero no te quejes..!
Agradece(te) lo que tienes en lugar de lamentar(te) lo que no tienes.
CAMBIA LA FORMA DE VER Y SENTIR LAS COSAS, Y LAS COSAS CAMBIARÁN DE FORMA Y SENTIMIENTO PARA TI.
Agradecimiento contra Lamentación
Se trata de una propuesta novedosa para cambiar nuestro chip vital, y distinta a los típicos planteamientos de autoayuda. Una propuesta innovadora para hacer frente a la vida con una actitud totalmente positiva.
El Dr. Viktor. E. Frankl, creador de la Logoterapia decía que: “uno es responsable de lo que hace, de lo que sufre y de lo que ama”; de ahí que la propuesta de Bowen era muy simple: los participantes debían colocarse una pulsera morada con la leyenda «Un mundo sin quejas» y resistir 21 días sin lamentarse por nada ni una sola vez”; así sea "me duele la cabeza" ó "nada me está saliendo bien". Si durante ese periodo los participantes emitían algún lamento, debían cambiarse la pulsera de muñeca y volver a empezar. Los resultados fueron sorprendentes; La mayoría de los participantes logró superar este reto, pero les tomó un mínimo de 5 meses, (un tiempo que evidencia la terrible presencia de la cultura de la queja tan presente en nuestras vidas); y la idea de Bowen, plasmada en su libro (editado por Grijalvo en México), se propagó rápidamente por todo el mundo.
Esta es la historia de la gestación de una idea existencial muy simple, que ayudará a quien acepte el reto a tomar las riendas de su vida.
Un reto que cambiará tu vida y la de tus semejantes.
Ahora te estoy proponiendo yo a ti asumir este reto de 21 días sin quejas, sin lamentos, sin críticas y sin chismes... si lo logras, habrás hecho de tu vida un paraíso en la tierra, como dice Don Miguel Ruiz en sus “Cuatro Acuerdos”. Tendrás mejor ánimo, menos dolores, relaciones más favorables, mayor autoestima, etc. Serás una persona más feliz, más congruente y armoniosa.
¿Crees que puedes aceptar el reto?
Seis millones de personas ya lo han logrado desde 2006 cuando Will Bowen lanzó esta campaña en EEUU. Cada día se suman más personas para lograr un mundo mejor. México ya tiene una organización para apoyar "Un mundo sin quejas".
Muchas personas decían que no se quejaban demasiado, pero con el ejercicio se dieron cuenta que lo hacían unas 20 veces en promedio al día.
Quejarnos se ha convertido en una Pandemia
¿Has notado que siempre hay algo de qué quejarse? El clima, el tránsito, la inseguridad en las calles, las mentiras de los políticos, la salud, el dinero que no alcanza, etc., etc. Lo único que ganamos con la QUEJA es SENTIRNOS PEOR.
"Cuando criticamos, nos quejamos ó juzgamos, estamos emitiendo una energía discordante. Esta energía, de acuerdo a la Ley de Atracción, será devuelta a nosotros pero multiplicada. Esto alimenta aquello de lo que nos quejamos y lo hacemos más grande"
(Ejemplo: si dices: “estoy mal, estoy mal, estoy mal”, atraerás justamente lo que pediste: estar mal).
Con la queja te conectas con campos de baja energía que te debilitan, te hacen vulnerable a enfermedades, conflictos sociales y carencias. Por el contrario, si hablas de GRATITUD te conectas a campos de ALTA energía, en los niveles donde se desarrolla el poder personal.
Mi propuesta es simple:
ABANDONAS LA QUEJA Y TE LLENAS DE GRATITUD...
Así que mantén una observación especial de tus pensamientos y palabras y cada vez que te descubras quejándote, expresa un agradecimiento a la vida, al trabajo, a la salud... ó a cualquier cosa que puedas agradecer de corazón... siempre tendrás algo para agradecer. Cada vez que emitas una queja tendrás que volver a empezar la cuenta de los 21 días desde uno.
Si pienso una queja ó crítica pero no la digo, ¿También cuenta?
Por suerte NO. Sólo las palabras que salen de tu boca son las que cuentan en esta primera etapa del ejercicio.
Quienes lo han logrado reconocen que no es para nada fácil, pero después de las tres semanas, ó más, que tardes en lograr la meta, dejarás inclusive de criticar con la mente.
¡Adelante!... acepta el reto... demuéstrate que SÍ puedes, y vive la responsabilidad de la GRATITUD como una experiencia que se "siente"... y asciende a un mayor nivel de conciencia y despertar, donde el panorama de la vida será más amplio y amable contigo.
No hace falta que te pongas una pulsera morada como la que propone Bowen, utiliza tu reloj de pulsera, ó una moneda, ó una piedrita en el bolsillo ó algún objeto pequeño y sencillote de tu elección que puedas portar contigo durante el día, y que, con su presencia, te esté recordando tu compromiso personal de no quejarte. Será una especie de “testigo silencioso” que te observará y recordará constantemente. Y será de gran utilidad para “aprender a darnos cuenta” de todas las veces que nos quejamos. No hay que darle fuerza a la queja, simplemente cambias la pulsera de brazo ó la piedra de bolsillo y ya. Lo importante es darnos cuenta, no culparnos. Y a comenzar de nuevo hasta llegar a los 21 días.
Rompamos esas “ideas lastre” tales como: “valle de lágrimas”, “para sufrir venimos a este mundo”, “unos nacen con estrella y nosotros estrellados” y perdamos el miedo a la libertad de ser responsables de lo que hagamos, de lo que suframos y de lo que amemos.
¿Por qué 21 días?
Los científicos y los expertos en conducta humana dicen que toma 21 días crear un hábito. Nos tomará 21 días dejar el hábito de la queja y formar el nuevo habito de ser RESPONSABLES DE NUESTRA GRATITUD
lunes, 17 de enero de 2011
LA PAREJA ACABA, LA COPARENTALIDAD CONTINÚA: CLAVES PREVENTIVAS
Hay muchos mitos sobre el divorcio y los hijos y nos estamos dando cuenta de la cantidad de parejas infelices que siguen juntas por el hecho de tener hijos y no saber qué hacer para no traumatizarlos. Antes se consideraba esta situación de divorcio como un problema insoluble que los niños debían soportar estoicamente y que el resto de su vida iban a estar marcados por este hecho en su infancia, en cambio hoy creemos que si conseguimos cargar de ingredientes especiales y si conseguimos desmitificar ciertos hechos, este mal endémico podrá convertirse en un mal solucionable y una crisis superable. En la Revista "Vivir en familia"(Barcelona) y revista "Crianza natural" diciembre 2007, Yolanda González escribe sobre este tema que últimamente es motivo de numerosas consultas en los gabinetes de Orientación y Terapia familiar.
Yolanda González.
Presidenta de A.P.I.R. (Asociación de Psicoterapia y Prevención infantil).
Prevenir el sufrimiento innecesario en los hijos, más allá del dolor de la separación de los padres, es el objetivo prioritario de este artículo, dirigido a padres que están en proceso de disolución de la pareja, pero que saben que deben continuar ejerciendo como padres responsables.
Sabemos que en pocas décadas, la familia ha sufrido muchos cambios. Hasta primeros del siglo XX, la familia extensa compuesta por varias generaciones, vivían en el mismo hogar. En la primera mitad del siglo XX, se busca la intimidad y surge la familia nuclear compuesta por hijos y padres y considerada el prototipo de seguridad. Hoy en día la familia nuclear, ha dejado paso a la familia plural: Familias monoparentales, padres de un mismo sexo, etc., nos marcan la evidencia de que la familia se ha DIVERSIFICADO en su forma. Estos cambios, requieren una profunda y constante reflexión, ya que es evidente que nuestra sociedad se enfrenta a una gran diversidad de modelos familiares en la actualidad. Cambia la FORMA de la familia, sí. Pero, ¿cambian las necesidades emocionales de seguridad, de los hijos si son pequeños y no tan pequeños?
Desde la Teoría y práctica del apego, del vínculo, constatamos que aunque haya cambios estructurales en la familia, las figuras de apego deben de seguir representando una fuente inagotable de seguridad. Los niños, establecen lazos afectivos con los padres, que son fundamentales para su bienestar y seguridad emocional. Este tema, es de crucial importancia para la prevención y la salud. Conocer la teoría del apego y las respuestas a las rupturas del vínculo, nos permite hacer una lectura más adecuada, en el caso de separación de los padres.
Implica tener consciencia, de la importancia de PRESERVAR EL VINCULO con ambos padres, independientemente de que se produzca un divorcio de la pareja. Preservar el vínculo con ambos padres, es sinónimo de Seguridad y auto-estima en el niño, y este debiera ser el objetivo de toda pareja, esté unida o separada. Romper, impedir un vínculo, tiene consecuencias graves en los hijos cuando son pequeños, y también durante la adolescencia.
Todos los padres quieren lo mejor para sus hijos. Pero cuando deciden separarse, en ocasiones la tormenta es tan grande, que los hijos son los grandes perjudicados. El objetivo del abordaje preventivo, es que ellos sean PRIORITARIOS, aun cuando haya un proyecto o proceso de separación en curso. Porque la pareja acaba pero la función de padres no debe acabar. En este proceso, es importante reconocer la necesidad de ayuda profesional especializada, que oriente y ayude a formular a la pareja que acaba, la nueva reorganización emocional y de estructura familiar desde una postura de Prevención y salud.
Básicamente porque hasta ahora, tradicionalmente se ha considerado que la RUPTURA DE LA PAREJA, implicaba la DESTRUCCION DEL SISTEMA FAMILIAR. Y desgraciadamente en muchos casos, es así. Este es un caso típico:
“Mis padres decidieron una noche, que ya no querían seguir viviendo más tiempo juntos.
Yo no entendía nada. Y no sabía lo que iba a suceder a partir de ese momento.
Me dijeron:
Papá y mamá, ya no se quieren.
¿Cómo es posible? Si yo os quiero a los dos.
¿Qué ha pasado? ¿Qué he hecho?
Les miré sin entender.
Ellos, estaban tensos, nerviosos, inquietos y casi no se miraban el uno al otro.
A partir de ahí, empezó una guerra, en la que el territorio a conquistar, era yo”.
Todas las guerras son absurdas y sus consecuencias son terribles, como bien sabemos.
Hablan de la incapacidad de los seres humanos para dialogar y negociar. Pero esta guerra es la más dolorosa, porque el campo de la batalla, se libra en el terreno del niño y muchos padres, inmersos en su dolor, rabia o desesperación, no perciben el desgarro de sus hijos o no saben leer en sus síntomas físicos.
Por otro lado, la separación de la pareja, no debe implicar la desaparición de los vínculos con el entorno que ha sido hasta entonces y es SU familia completa: abuelos, tíos, primos y amigos. Si esto ocurre, el gran perjudicado, es el hijo o la hija.
Mitos sobre el divorcio y los hijos
•Permanecer juntos por el bienestar de sus hijos.
¿Cuántos padres, prolongan una relación acabada por temor a la consecuencia en los hijos? ¿Cuántos padres se sienten culpables, porque no pueden cumplir el ideal de pareja para toda la vida?
Investigaciones importantes, señalan que “la continuación en el sistema familiar, “por los hijos” en caso de desavenencias, es la causa de la predisposición de los hijos, a tener dificultades matrimoniales en la edad adulta. Y es más, “los hijos involucrados en las discusiones y conflictos conyugales, reciben de los padres la evidencia de que sus progenitores no son capaces de darles orientación ni seguridad suficiente, con el consiguiente sufrimiento emocional.
Por tanto, el divorcio, es la solución última pero más saludable, que la permanencia en un entorno negativo para el desarrollo emocional de los hijos.
•Otro mito frecuente:
El divorcio de los padres, tiene efectos negativos e irreversibles en sentido absoluto, para los hijos. Si bien, es cierto que los efectos de la separación de los padres, tienen frecuentemente consecuencias negativas en los hijos, el factor tiempo en el proceso de separación y el COMO se realiza, son fundamentales. Se sabe, que los enfrentamientos prolongados de los padres, producen un aumento del riesgo de desarrollar estados de ansiedad y depresión: Los niños desarrollan estrés y temor ante los conflictos observados y el temor a la pérdida de uno de los padres. Pero lo interesante, es que los hijos de familias NO divorciadas, pero CON una alta conflictividad, tienen mayores problemas de adaptación y de autoestima que los hijos de familias intactas o divorciadas pero con bajo nivel de conflictividad como lo demuestran últimas investigaciones. (Amato, Keith, 1991. Amato Loomis y Booth, 1995).
Esto significa que no es tan esencial que la pareja esté divorciada o no, sino el grado de conflictividad presente y el COMO lo resuelven. Es más hay estudios que demuestran que una familia intacta pero conflictiva, puede ser más perniciosa para la salud mental de los hijos, que un hogar estable tras el divorcio.
En cuanto a la repercusión en los hijos de la separación de los padres, podemos preguntarnos: ¿Es un hecho traumático la separación de los padres?
NO necesariamente constituye un hecho traumático en los hijos, si se les permite seguir queriendo a ambos y estar con ambos padres. Antes se consideraba un trauma irrecuperable, ahora una CRISIS SUPERABLE.
Hay una serie de consecuencias que se observan generalmente, en función de las diferentes edades: Los niños menores de 5 años, tienen a considerarse responsables del conflicto de sus padres. Los niños pequeños, por su inmadurez, (egocentrismo), sienten que ellos son los culpables de que sus papás no se quieran ya. El otro día en la consulta, una madre me decía que su hijo de 3 años y medio, cada vez que discutían, comenzaba a hacer payasadas para hacerles reir al mismo tiempo que les preguntaba ¿ya no estás enfadado, papá? ¿Mamá, ya no estás enfadada?
Entre los síntomas habituales, los menores de 5 años, suelen tener regresiones (hacerse pis cuando ya controlaban esfínteres), miedos, alteraciones del sueño, etc.
Los escolares, presentan tristeza, sentimiento de ser diferentes de los demás, sentimiento de pérdida. Adolescentes: dolor, depresión, conducta agresiva, etc.
Sin embargo, todo estos síntomas, que reflejan el dolor por el temor a la pérdida en los hijos, puede cambiar totalmente, si EXISTE LA PARTICIPACION CONTINUADA DE LOS DOS PROGENITORES, evitando de esta forma que se desarrolle una intensa sensación de pérdida) Esto es fundamental. No es el divorcio en si, sino la dificultad de acceso a los padres, lo que genera sufrimiento añadido. Bien, COMO AFRONTAR la separación de la forma más saludable posible, en esta crisis evolutiva que va a dar lugar a otra manera de organización familiar, como decíamos antes.
Se nombran tres tipos de patrones psicológicos en los padres después del divorcio:
• De Cooperación
• De hostilidad
• De Aislamiento entre si de la ex-pareja.
De los tres patrones, el menos conflictivo y beneficioso para todos, es el cooperativo. Los padres del estilo cooperativo, se caracterizan:
• Por hablar con frecuencia entre ellos sobre los hijos
• Procuran no interferirse mutuamente
• Acuerdan funciones a desempeñar dentro de cada hogar respecto a los hijos.
Llegado este punto de la exposición, tenemos suficientes datos ya para pasar al CÓMO.
En mi práctica profesional, tengo la fortuna de poder atender consultas con parejas antes, durante y después de la separación. El resultado más satisfactorio, se produce en las consultas pre-separación para padres e hijos.
ANTES de la separación:
Como hemos visto, es el momento idóneo para acudir a una consulta de orientación familiar o preventiva.
•Acuden a la consulta, a veces sin tener claro que desean romper (tiene otros abordajes en este caso) o con la decisión tomada.
•Juntos, con el profesional especializado, elaboran los sentimientos que les produce la separación, rescatan los aspectos positivos, y acuerdan que su objetivo común, es continuar siendo padres de sus hijos. Para ello, toman consciencia de la importancia de colaborar como padres, más allá de sus sentimientos como pareja.
•En este espacio, se analizan las ventajas e inconvenientes de los tipos de custodia, siempre en función de la edad del hijo-a y de su vínculo con cada progenitor.
•Y lo más importante, se considera al hijo como sujeto con pleno derecho a acceder a ambos padres y no como objeto a disputar entre los progenitores.
En este contexto, está el tema de la CUSTODIA.
Cualquier decisión sobre la custodia, debiera de estar precedida de un adecuado conocimiento en Psicología evolutiva y formación del vínculo, para evitar daños en el desarrollo de la personalidad del menor. De ahí la importancia de llegar acuerdos entre los padres y evitar divorcios contenciosos. Los tipos de custodia, son un tema muy delicado y cada vez más controvertido. En la actualidad, hay padres que solicitan cada vez más la custodia compartida. Hay que contemplar los pros y contras que conllevan esta decisión para los hijos en cada caso particular, pero prestar especial atención en edades menores a los tres años. Estos necesitan mucha estabilidad. De ahí la importancia, de analizar cada caso de forma individual.
Una vez tomada la decisión, orientamos sobre el CÓMO plantearlo a los hijos:
Es aquí donde más desconcierto e inseguridad se produce, por los temores y culpa que despierta en los padres.
•Lo adecuado para los hijos, es que la decisión se presente conjuntamente, transmitiendo SEGURIDAD en la continuidad del vínculo con ambos padres. El discurso tiene que ser claro, sencillo y no dramático.
•Hay que verbalizar los cambios con claridad y también lo que no cambiará. Es mejor evitar cambios de escuela, domicilio, etc. inicialmente.
•¡Debe saber que la familia de abuelos y tíos, no se han separado! Solo sus padres terminan la convivencia común.
•Es importante, saber escuchar a los hijos, aceptar sus emociones, y darles seguridad ante el cambio que se les avecina.
•Muchos padres, caen en la tentación errónea de utilizar a sus hijos, para descargar sus preocupaciones o emociones. Otros, como arma arrojadiza contra el otro padre. Son los padres más necesitados de ayuda, y desgraciadamente los que menos acuden a solicitarla.
Este abordaje, tiene muchas ventajas y sólo un inconveniente: los padres deben PRIORIZAR A LOS HIJOS, en un ejercicio de CO-PARENTALIDAD RESPONSABLE, más allá de su propio estado emocional hacia la ex-pareja.
Los resultados constatados con este abordaje en parejas en vías de separación (observación y seguimiento), DURANTE Y DESPUES de la separación, son muy positivos:
•Los padres se sienten más seguros ante la actitud a tomar a sus hijos y más competentes como padres.
•Los hijos se sienten más seguros y contenidos y se adaptan mejor.
Concluyendo:
•Ser padres, es hermoso pero también difícil. Las llamadas escuelas de padres, son espacios formativos necesarios, tanto en parejas unidas como separadas.
•Es un hecho, que es más fácil formar pareja, que separarse. La separación es un proceso complejo y variado en función de la personalidad de los padres y el vínculo creado con los hijos.
•Y también es un hecho, que es más sana la separación acordada, que la permanecer en una relación sin amor, donde crece el resentimiento, el odio y la destructividad.
Yolanda González.
Presidenta de A.P.I.R. (Asociación de Psicoterapia y Prevención infantil).
lunes, 3 de enero de 2011
EXPECTATIVAS Y PERDON
Hoy necesitaba más que nunca reflexionar sobre el tema de las expectativas, porque no me sentía bien...nada bien. Y como siempre cuando estoy receptivo se me acercan las soluciones que necesito en los momentos adecuados; ahora no puede ser de otra manera y os dejo el escrito que una compañera me envió por si me era de utilidad. Lo ha sido y lo comparto con todos.
Las personas pasan la mayor parte de su vida sintiéndose ofendidas por lo que "alguien" les hizo.
¡Nadie te ha ofendido, sino que tú te sientes ofendido!
Las expectativas que "TÚ" esperabas de esas personas son las que te hieren; expectativas que creas tú con tus pensamientos.
TÚ esperabas que tus padres te dieran más amor...¡no te ofendas!...son "tus" expectativas de unos "padres ideales", pero seguro que ellos lo hicieron lo mejor que supieron y pudieron.
TÚ esperabas que tu pareja reaccionara de una manera y no lo hizo...tu pareja no te ha hecho nada, sino que es la diferencia entre lo que tú esperabas y lo que ella sintió lo que te hiere.
Nuevamente tus expectativas te ofenden.
La sensación de sentirte herido por lo que te hacen los otros se irá cuando te conozcas mejor y te quieras un poco más.
Nacemos limpios, sin maldad...¡inocentes!, pero esa pureza es suprimida y sustituida por conceptos que nuestros padres, colegios, sociedad y los medios nos enseñan. Nos "programan" con un guión erróneo de cómo deben ser las cosas, los conceptos y prioridades de la vida, porque ellos a su vez fueron programados antes.
Uno de los mayores problemas es tratar de imponer tu criterio sobre otra persona intentando guiar su vida; ella se niega y creas resentimiento entre ambos...Te sientes ofendido porque no te hizo caso, y la otra persona también porque no la aceptas como es. Se crea un círculo vicioso.
Todas las personas tienen en derecho Universal de guiar su propia vida y aprender de sus propios errores...¡Déjalos ser!...¡Nadie te pertenece!
Alguien dijo que las personas son como un río caudaloso y por ello cualquier intento de manipularlas te perjudicará y te hará sufrir.Ámalas,disfrútalas y déjalas fluir.
Llegando a este punto puede surgir la pregunta: ¿Cómo puedo perdonar entonces?
Es necesario tener muy claro y entender que nadie te ha ofendido y que son tus "expectativas" de cómo deberían actuar los demás lo que te molesta.
Estas ideas son el resultado de las influencias externas a lo largo de tu periodo de aprendizaje y como podemos aprender de nuevo, renaciendo a nuevos estilos de vida, más sanos, es necesario saber que la mayoría de las personas nunca van a ser y a comportarse como tú deseas porque son libres. Nadie es tu propiedad. Ni padres, ni hijos, ni amigos, ni parejas. Todos somos parte del engranaje de la naturaleza y el hecho acertado es dejarlos fluir sin intentar controlarlos. Ama, respeta, vive y deja vivir.
La vida es demasiado corta y es un lujo malgastar nuestro tiempo en malpensar y resentirnos por las ofensas de otros. Sacúdete el veneno del rencor y la envidia, reconcíliate con la vida y sé feliz...es tu derecho y tu obligación.
El tiempo lo cura todo; deja que tus heridas sanen. Apóyate en un buen amigo que sepa escuchar, aprende honestamente de tus temores, trabaja el perdón y verás que te beneficia a tí más que a nadie.
Las personas pasan la mayor parte de su vida sintiéndose ofendidas por lo que "alguien" les hizo.
¡Nadie te ha ofendido, sino que tú te sientes ofendido!
Las expectativas que "TÚ" esperabas de esas personas son las que te hieren; expectativas que creas tú con tus pensamientos.
TÚ esperabas que tus padres te dieran más amor...¡no te ofendas!...son "tus" expectativas de unos "padres ideales", pero seguro que ellos lo hicieron lo mejor que supieron y pudieron.
TÚ esperabas que tu pareja reaccionara de una manera y no lo hizo...tu pareja no te ha hecho nada, sino que es la diferencia entre lo que tú esperabas y lo que ella sintió lo que te hiere.
Nuevamente tus expectativas te ofenden.
La sensación de sentirte herido por lo que te hacen los otros se irá cuando te conozcas mejor y te quieras un poco más.
Nacemos limpios, sin maldad...¡inocentes!, pero esa pureza es suprimida y sustituida por conceptos que nuestros padres, colegios, sociedad y los medios nos enseñan. Nos "programan" con un guión erróneo de cómo deben ser las cosas, los conceptos y prioridades de la vida, porque ellos a su vez fueron programados antes.
Uno de los mayores problemas es tratar de imponer tu criterio sobre otra persona intentando guiar su vida; ella se niega y creas resentimiento entre ambos...Te sientes ofendido porque no te hizo caso, y la otra persona también porque no la aceptas como es. Se crea un círculo vicioso.
Todas las personas tienen en derecho Universal de guiar su propia vida y aprender de sus propios errores...¡Déjalos ser!...¡Nadie te pertenece!
Alguien dijo que las personas son como un río caudaloso y por ello cualquier intento de manipularlas te perjudicará y te hará sufrir.Ámalas,disfrútalas y déjalas fluir.
Llegando a este punto puede surgir la pregunta: ¿Cómo puedo perdonar entonces?
Es necesario tener muy claro y entender que nadie te ha ofendido y que son tus "expectativas" de cómo deberían actuar los demás lo que te molesta.
Estas ideas son el resultado de las influencias externas a lo largo de tu periodo de aprendizaje y como podemos aprender de nuevo, renaciendo a nuevos estilos de vida, más sanos, es necesario saber que la mayoría de las personas nunca van a ser y a comportarse como tú deseas porque son libres. Nadie es tu propiedad. Ni padres, ni hijos, ni amigos, ni parejas. Todos somos parte del engranaje de la naturaleza y el hecho acertado es dejarlos fluir sin intentar controlarlos. Ama, respeta, vive y deja vivir.
La vida es demasiado corta y es un lujo malgastar nuestro tiempo en malpensar y resentirnos por las ofensas de otros. Sacúdete el veneno del rencor y la envidia, reconcíliate con la vida y sé feliz...es tu derecho y tu obligación.
El tiempo lo cura todo; deja que tus heridas sanen. Apóyate en un buen amigo que sepa escuchar, aprende honestamente de tus temores, trabaja el perdón y verás que te beneficia a tí más que a nadie.
lunes, 18 de octubre de 2010
APRENDER A DECIR NO
En varias ocasiones hemos hablado de la asertividad, pero lo cierto y verdad es que por mucho que dialoguemos y dejemos pequeñas pistas para reflexionar sobre el tema para que se ponga en práctica, nos seguimos encontrando a personas que hipotecan su vida en la relación con los demás, por no saber decir un “no” a tiempo.
Sabemos que es difícil, pero por favor, intentadlo y recapacitad por vuestro propio bien, ya que nos preocupa mucho esta situación, sobre todo, cuando te encuentras con personas sumamente buenas, cálidas y amorosas a las que les embarga un tipo de tristeza que engloba una profunda sensación de soledad, amargura, injusticia y aislamiento. Todo esto porque hay una realidad, a veces sin ser consciente, que se ha mantenido en el tiempo que llevan su vida, su actividad a hipotecarlas por la supeditación a otros, ante situaciones, que aun siendo importantes y necesitando de tu participación, requieren de un compartir que no se obtiene.
Decimos participación, que no erigirse como “único ser en la tierra” que debe llevar a cabo esta misión. Claro, los demás no hace lo que deben y yo me sobrecargo…pero yo lo hago, y esto precisamente es lo que hace que se produzca una ansiedad impresionante y un malestar que lleva, en ocasiones, a la mismísima angustia. No se sabe como parar esta dinámica, porque la dejadez de los otros produce cantidad adicional de trabajo y tiempo que es injusto a todas luces,…pero lo hago.
Mientras lo siga haciendo, los demás seguirán sin hacerlo. ¡Vaya problema y en menudo círculo vicioso se mete uno!
Lo que sucede en estos casos, es que uno, además de encargarse de cuestiones que no les son satisfactorias (y que no tiene ninguna obligación de hacer algunas veces) casi nunca tiene tiempo para dedicarse a hacer las cosas que le importan realmente, justamente por dedicarse a satisfacer a los otros.
Por cierto, estas personas adoran auxiliar a otra gente, pero hacer de todo para los demás los lleva a perder oportunidades personales. Por eso, es muy necesario poder cambiar esta conducta negativa, lo que se puede hacer empezando por darse tiempo a uno mismo.
La pregunta sin embargo es: ¿Cómo hacer, después de tanto tiempo, para decirle a la familia y los amigos que no puede hacer todo lo que ellos le piden? Para ello es fundamental empezar a aprender a decirlo con el fin de tener tiempo para uno mismo.
La primera cuestión, será darse cuenta del hecho de que decir que “no”, no es una cosa tan terrible. No significa que no se quiera ayudar a otras personas ni dejar de estar allí para ellos, sino que simplemente se necesita poner algunos límites, para otorgarse sus propios tiempos. Cierto es que la palabra “no” se utiliza para expresar rechazo. Por eso es tan duro para algunos de nosotros decir que no, pues a casi nadie le gusta rechazar a nadie. Pero este tipo de “no”, se debe ver no como un rechazo, sino como una sincera expresión de deseo, en donde se ponga de manifiesto que no se pueden hacer las cosas bien, en ese mismo momento en que los demás necesitan de la ayuda.
Cuando una persona se reconoce por estar siempre allí y ser capaz de hacer de todo para todos, llega a ser un hábito que todos les pidan una ayuda constante. Y lo que se debe hacer, justamente, es romper ese hábito, eso a lo que hemos acostumbrado a todos.
Nunca se debe permitir ser el único disponible para echar una mano o para tratar de complacer, si primero uno no se complace a sí mismo. Si es verdaderamente inconveniente para usted hacer algo, y es claro que no se trata de una urgencia, simplemente diga que no. Debe dejar a un lado el sentimiento de culpa al relacionarse con los demás.
No permita que los demás lo fuercen a hacer algo que realmente no quiere hacer. Diciendo no, uno tampoco se forzará a estar en una situación en la que realmente no quiere estar. Después de que se entienda que una persona siempre está dispuesta a ayudar, pero poniendo en primer lugar sus propios límites, o dejando en claro que no siempre se estará disponible para hacer de todo para todos, y así se podrá ver como los demás no pedirán automáticamente que se haga cosas por ellos
Por cierto, comenzar el hábito de decir que no, puede ser bastante difícil. Pero una vez que se aprende cómo y cuándo decir “no”, se empezará a llevar una vida más fácil. Incluso, podría sentir que, a veces, junto con la palabra “no”, se necesitará dar una explicación. Pues bien, adelante, explíqueles el por qué de la negativa, siempre permitiendo que los demás sepan que usted no tiene inconvenientes en hacerles favores en algunas oportunidades, pero que tiene también una vida propia que le requiere tiempo y esfuerzo.
Ánimo y a intentar vivir de la mejor manera posible.
Sabemos que es difícil, pero por favor, intentadlo y recapacitad por vuestro propio bien, ya que nos preocupa mucho esta situación, sobre todo, cuando te encuentras con personas sumamente buenas, cálidas y amorosas a las que les embarga un tipo de tristeza que engloba una profunda sensación de soledad, amargura, injusticia y aislamiento. Todo esto porque hay una realidad, a veces sin ser consciente, que se ha mantenido en el tiempo que llevan su vida, su actividad a hipotecarlas por la supeditación a otros, ante situaciones, que aun siendo importantes y necesitando de tu participación, requieren de un compartir que no se obtiene.
Decimos participación, que no erigirse como “único ser en la tierra” que debe llevar a cabo esta misión. Claro, los demás no hace lo que deben y yo me sobrecargo…pero yo lo hago, y esto precisamente es lo que hace que se produzca una ansiedad impresionante y un malestar que lleva, en ocasiones, a la mismísima angustia. No se sabe como parar esta dinámica, porque la dejadez de los otros produce cantidad adicional de trabajo y tiempo que es injusto a todas luces,…pero lo hago.
Mientras lo siga haciendo, los demás seguirán sin hacerlo. ¡Vaya problema y en menudo círculo vicioso se mete uno!
Lo que sucede en estos casos, es que uno, además de encargarse de cuestiones que no les son satisfactorias (y que no tiene ninguna obligación de hacer algunas veces) casi nunca tiene tiempo para dedicarse a hacer las cosas que le importan realmente, justamente por dedicarse a satisfacer a los otros.
Por cierto, estas personas adoran auxiliar a otra gente, pero hacer de todo para los demás los lleva a perder oportunidades personales. Por eso, es muy necesario poder cambiar esta conducta negativa, lo que se puede hacer empezando por darse tiempo a uno mismo.
La pregunta sin embargo es: ¿Cómo hacer, después de tanto tiempo, para decirle a la familia y los amigos que no puede hacer todo lo que ellos le piden? Para ello es fundamental empezar a aprender a decirlo con el fin de tener tiempo para uno mismo.
La primera cuestión, será darse cuenta del hecho de que decir que “no”, no es una cosa tan terrible. No significa que no se quiera ayudar a otras personas ni dejar de estar allí para ellos, sino que simplemente se necesita poner algunos límites, para otorgarse sus propios tiempos. Cierto es que la palabra “no” se utiliza para expresar rechazo. Por eso es tan duro para algunos de nosotros decir que no, pues a casi nadie le gusta rechazar a nadie. Pero este tipo de “no”, se debe ver no como un rechazo, sino como una sincera expresión de deseo, en donde se ponga de manifiesto que no se pueden hacer las cosas bien, en ese mismo momento en que los demás necesitan de la ayuda.
Cuando una persona se reconoce por estar siempre allí y ser capaz de hacer de todo para todos, llega a ser un hábito que todos les pidan una ayuda constante. Y lo que se debe hacer, justamente, es romper ese hábito, eso a lo que hemos acostumbrado a todos.
Nunca se debe permitir ser el único disponible para echar una mano o para tratar de complacer, si primero uno no se complace a sí mismo. Si es verdaderamente inconveniente para usted hacer algo, y es claro que no se trata de una urgencia, simplemente diga que no. Debe dejar a un lado el sentimiento de culpa al relacionarse con los demás.
No permita que los demás lo fuercen a hacer algo que realmente no quiere hacer. Diciendo no, uno tampoco se forzará a estar en una situación en la que realmente no quiere estar. Después de que se entienda que una persona siempre está dispuesta a ayudar, pero poniendo en primer lugar sus propios límites, o dejando en claro que no siempre se estará disponible para hacer de todo para todos, y así se podrá ver como los demás no pedirán automáticamente que se haga cosas por ellos
Por cierto, comenzar el hábito de decir que no, puede ser bastante difícil. Pero una vez que se aprende cómo y cuándo decir “no”, se empezará a llevar una vida más fácil. Incluso, podría sentir que, a veces, junto con la palabra “no”, se necesitará dar una explicación. Pues bien, adelante, explíqueles el por qué de la negativa, siempre permitiendo que los demás sepan que usted no tiene inconvenientes en hacerles favores en algunas oportunidades, pero que tiene también una vida propia que le requiere tiempo y esfuerzo.
Ánimo y a intentar vivir de la mejor manera posible.
viernes, 8 de octubre de 2010
LA MENTE Y EL PENSAMIENTO
También caemos. También somos humanos y aunque estemos en el camino de los conocimientos para trabajar la mente de tal manera que nos vaya orientando al equilibrio, también sufrimos el incordio de la ansiedad, la depresión, la angustia ante sucesos que a veces nos superan. Estamos en la constante lucha y esa es, precisamente, nuestra propia lucha para evitar caer en el fragor de ese combate.
Necesitamos tranquilidad, paz, relativizar y hasta pensar y dominar el "no pensar".
Precisamente de los pensamientos, de la mente, de sus trampas, de sus beneficios, de sus trabajos, de ella en sí ( de la mente) es de lo que se trata.
En un blog de naturopatía (Naturópata Masdeu), he encontrado un artículo que resalta la importancia de los pensamientos, de la mente. Como suelo hacer, si algo me sirve y me forma en la capacidad de reflexión, lo comparto con todos. Aquí os lo dejo y que sea un útil apropiado a la reflexión de este orbe que parece haberse vuelto loco.
"Toda la creación humana es producto de un pensamiento. Los pensamientos surgen de la mente como impulsos creativos y cuando éstos se manifiestan en forma organizada producen una expresión creativa. Todos tenemos la misma capacidad desde el nacimiento para organizar los pensamientos, por lo tanto se puede considerar a la mente como una estructura que tiene un poder organizador. Este poder no está ubicado solamente en el cerebro, abarca todo el cuerpo hasta cada una de nuestras células y se puede decir que todo en la naturaleza posee el mismo poder organizador de inteligencia creativa. Cuando hablamos de meditación, nos referimos a relajarnos físicamente y a vaciar nuestra mente de sus contenidos, tratando en ese proceso de concentrarnos en un espacio sin pensamientos.
Pero la concentración mental nos resulta muy difícil porque los pensamientos nos invaden. No podemos evadirnos de ellos porque el pensamiento es mecánico, está siempre comparando y es el reflejo de la memoria. Si no hubiera conocimiento no habría pensamiento porque éste siempre opera en el campo de lo conocido, en el pasado, y también se anticipa al futuro.
El pensamiento no capta la experiencia como es, sino que forma una imagen de lo que la persona quiere o no quiere que sea; de modo que la experiencia no es vivida plenamente tal cual es y es archivada en la mente como recuerdo deseado o rechazado.
El pensamiento siempre está activo y fluctúa entre el pasado y el futuro: “debería hacer esto, no debería hacer aquello” o “por qué hice esto, por qué hice aquello”.
Pero la mente puede lograr liberarse de los pensamientos. La mente puede vaciarse a si misma de todas las imágenes si no formamos imágenes ahora, viviendo las cosas tal cual son sin rechazarlas, negarlas o modificarlas.
Una mente confusa recuerda poco y una mente clara retiene con facilidad las imágenes en la memoria. Cuando la mente no es coherente y está poco organizada, la memoria será escasa.
Se dice: “Eres lo que piensas.” Una afirmación simple pero muy precisa. Lo que hacemos, lo que decimos, lo que sentimos, todo tiene su origen en la mente. La energía de la mente humana es el pensamiento. Posiblemente es el mayor pero a la vez el menos comprendido de los recursos energéticos del universo.
Lo primero, antes que empecemos a aprender a pensar en positivo, es saber cuántos tipos de pensamientos puede crear nuestra mente.
Los cuatro tipos de pensamientos son:
Pensamientos necesarios.
Pensamientos inútiles.
Pensamientos negativos.
Pensamientos positivos.
Pensamientos necesarios: son aquellos que tratan con la vida diaria como “qué comemos, qué tengo que hacer hoy…”
Pensamientos inútiles: son los que no tienen utilidad ni constructiva ni negativa. Se refieren generalmente a cosas del pasado como “si esto no me hubiera ocurrido, por qué me dijo eso…” Demasiados pensamientos sobre algo que ya no podemos cambiar. También sobre el futuro, como: “¿qué va a ocurrir si…?, ¿qué haré si…?” nuestra fuerza interior y nuestra habilidad de concentración se debilita con los pensamientos inútiles. Una persona que tiene muchos pensamientos inútiles a menudo se encontrará muy cansada ya que está gastando su energía en crear miles de pensamientos sin sentido.
Pensamientos negativos: debilitan nuestra fuerza interior, están basados en la ira, avaricia, expectativas insatisfechas, celos… No importa cuánta razón tengamos, pensando negativamente siempre seremos los perdedores. Casi siempre la gente que piensa negativamente sobre los demás a menudo se encontrará sola.
Pensamientos positivos: son aquellos que nos permiten acumular fuerza interior y nos llevan a ser constructivos. Pensar positivamente no significa que ignoremos la realidad a nuestro alrededor y pretender vivir en lo irreal o pretender ser otro. “Es fácil ser pesimista, igual que ser optimista, pero necesitamos tener mucho cuidado y ser maduros para ser realistas” cuando estamos contentos interiormente tenemos la fortaleza para aceptar a los demás tal como son sin querer cambiarles, nuestro cuerpo también experimenta gran beneficio, ya que cuando nuestra mente está en equilibrio y en armonía somos menos sensibles a las enfermedades. Si nuestros pensamientos son positivos nuestra actitud también será positiva y esa es la mayor protección de la negatividad en nosotros y a nuestro alrededor. Tenemos que ser conscientes de que donde quiera que se dirijan mis pensamientos es ahí donde irá también nuestra energía.
Nuestra mente es nuestro mejor amigo si la alimentamos sólo con pensamientos positivos, pero se convierte en nuestro peor enemigo si le permitimos que piense pensamientos negativos o inútiles. La mente es algo invisible, pero aún así, sus efectos se pueden ver en nuestra cara, nuestras palabras o en nuestro comportamiento. “Nuestras palabras y acciones son el espejo de nuestros pensamientos”.
Hay dos factores que influyen en nuestra forma de pensar:
Todas las influencias externas en nuestra vida diaria, en función del interés o la atención que les demos, influyen en nuestra mente. Con trabajo continuado, las influencias externas y mis reacciones hacia ellas se pueden modificar. Por ejemplo, veo que me estoy enfadando debido a lo que alguien me está diciendo algo y esto está creando pensamientos negativos en mi mente, así que poniendo atención en mí mismo pongo un freno, un punto final para parar la reacción innecesaria.
Impresiones de nuestro subconsciente; estas impresiones pueden ser positivas o negativas, las últimas son a menudo debidas a profundos hábitos causados por acontecimientos del pasado. La influencia de los hábitos fuertes o del pasado, profundamente enraizados en la conciencia del ser, son más difíciles de detectar y, por tanto, más difíciles de revisar y de controlar.
Pero, sea la influencia del exterior o del interior o de ambos, la respuesta es la misma. En algún lugar en mi interior tengo que tener la capacidad o el poder para filtrar o analizar los patrones o tipos de pensamientos creados, de manera que mis palabras y acciones puedan ser positivas y de beneficio para mí y para los demás.
En el ser hay tres facultades que forman la conciencia humana: la mente, el intelecto y las impresiones.
El trabajo de la mente es crear pensamientos, luego éstos se convierten en palabras y acciones.
El intelecto, cuando está atento, puede desapegarse y observar los hábitos y cómo influyen en el ser. Con práctica el intelecto aprende a filtrar lo que es correcto de lo incorrecto e intenta poner sólo los pensamientos correctos en la mente. Sin embargo, a menudo, aunque el intelecto se da cuenta de lo que es correcto e incorrecto, no hay el poder para poner lo correcto en la práctica.
Las impresiones son características de la personalidad que constantemente alimentan a la mente y determinan la reacción con las influencias exteriores. El poder para cambiar, para ser más positivo y mejor, reside en uno mismo no en ningún poder exterior.
Cuando he aprendido el arte de controlar lo negativo de lo positivo entonces puedo dar más bienestar a los de mi alrededor.
Entender cómo funciona nuestra mente es fundamental para que podamos crear un equilibrio entre nuestro mundo interior (pensamientos, sentimientos, impresiones) y nuestro mundo exterior (palabras, acciones, comportamientos, relaciones). “El equilibrio es la base para la armonía en todos los aspectos de la vida”.
Es necesario expresar nuestra opinión acerca de algo que es erróneo pero por falta de autoconfianza, de inseguridad o por miedo a la reacción de los demás, preferimos mantener silencio y no hacer o decir nada. Por eso hemos de estar atentos al momento adecuado para decir algo y cómo decirlo de manera que haya comunicación.
Viendo el lado positivo en los demás somos capaces de darles respeto y consideración. Todos somos libres de escoger qué queremos hacer y hasta qué punto. Lo importante es que yo esté haciendo lo que es correcto; revisar esto es mi primer deber.
El equilibrio es una función especial del intelecto ya que es solo mediante el entendimiento de lo que se necesita, cuándo se necesita y hasta qué punto, que nuestra vida podrá ser positiva y con contentamiento.
Una persona irresponsable nunca es libre; irresponsable significa el que usa mal su propia libertad o restringe la libertad de los demás debido al egoísmo o al ego. Esta persona nunca es libre ella misma porque siempre tiene que pagar el efecto de tal actitud y tales acciones. Las consecuencias pueden ser en forma de soledad, falta de amor, vacío interior, depresión…
La libertad y la responsabilidad son las dos caras de una moneda y son absolutamente inseparables.
Una vida sin un objetivo es como un barco sin timón. El resultado es un ir a la deriva, agotador y sin una meta. Las energías, especialmente las de la mente, están dispersas, no hay un punto donde reunir y concentrar las energías del ser y utilizarlas de forma constructiva.
La meditación ha sido reconocida como un método viable para ayudar al ser humano a reorientar su vida y conseguir una estabilidad interior."
Necesitamos tranquilidad, paz, relativizar y hasta pensar y dominar el "no pensar".
Precisamente de los pensamientos, de la mente, de sus trampas, de sus beneficios, de sus trabajos, de ella en sí ( de la mente) es de lo que se trata.
En un blog de naturopatía (Naturópata Masdeu), he encontrado un artículo que resalta la importancia de los pensamientos, de la mente. Como suelo hacer, si algo me sirve y me forma en la capacidad de reflexión, lo comparto con todos. Aquí os lo dejo y que sea un útil apropiado a la reflexión de este orbe que parece haberse vuelto loco.
"Toda la creación humana es producto de un pensamiento. Los pensamientos surgen de la mente como impulsos creativos y cuando éstos se manifiestan en forma organizada producen una expresión creativa. Todos tenemos la misma capacidad desde el nacimiento para organizar los pensamientos, por lo tanto se puede considerar a la mente como una estructura que tiene un poder organizador. Este poder no está ubicado solamente en el cerebro, abarca todo el cuerpo hasta cada una de nuestras células y se puede decir que todo en la naturaleza posee el mismo poder organizador de inteligencia creativa. Cuando hablamos de meditación, nos referimos a relajarnos físicamente y a vaciar nuestra mente de sus contenidos, tratando en ese proceso de concentrarnos en un espacio sin pensamientos.
Pero la concentración mental nos resulta muy difícil porque los pensamientos nos invaden. No podemos evadirnos de ellos porque el pensamiento es mecánico, está siempre comparando y es el reflejo de la memoria. Si no hubiera conocimiento no habría pensamiento porque éste siempre opera en el campo de lo conocido, en el pasado, y también se anticipa al futuro.
El pensamiento no capta la experiencia como es, sino que forma una imagen de lo que la persona quiere o no quiere que sea; de modo que la experiencia no es vivida plenamente tal cual es y es archivada en la mente como recuerdo deseado o rechazado.
El pensamiento siempre está activo y fluctúa entre el pasado y el futuro: “debería hacer esto, no debería hacer aquello” o “por qué hice esto, por qué hice aquello”.
Pero la mente puede lograr liberarse de los pensamientos. La mente puede vaciarse a si misma de todas las imágenes si no formamos imágenes ahora, viviendo las cosas tal cual son sin rechazarlas, negarlas o modificarlas.
Una mente confusa recuerda poco y una mente clara retiene con facilidad las imágenes en la memoria. Cuando la mente no es coherente y está poco organizada, la memoria será escasa.
Se dice: “Eres lo que piensas.” Una afirmación simple pero muy precisa. Lo que hacemos, lo que decimos, lo que sentimos, todo tiene su origen en la mente. La energía de la mente humana es el pensamiento. Posiblemente es el mayor pero a la vez el menos comprendido de los recursos energéticos del universo.
Lo primero, antes que empecemos a aprender a pensar en positivo, es saber cuántos tipos de pensamientos puede crear nuestra mente.
Los cuatro tipos de pensamientos son:
Pensamientos necesarios.
Pensamientos inútiles.
Pensamientos negativos.
Pensamientos positivos.
Pensamientos necesarios: son aquellos que tratan con la vida diaria como “qué comemos, qué tengo que hacer hoy…”
Pensamientos inútiles: son los que no tienen utilidad ni constructiva ni negativa. Se refieren generalmente a cosas del pasado como “si esto no me hubiera ocurrido, por qué me dijo eso…” Demasiados pensamientos sobre algo que ya no podemos cambiar. También sobre el futuro, como: “¿qué va a ocurrir si…?, ¿qué haré si…?” nuestra fuerza interior y nuestra habilidad de concentración se debilita con los pensamientos inútiles. Una persona que tiene muchos pensamientos inútiles a menudo se encontrará muy cansada ya que está gastando su energía en crear miles de pensamientos sin sentido.
Pensamientos negativos: debilitan nuestra fuerza interior, están basados en la ira, avaricia, expectativas insatisfechas, celos… No importa cuánta razón tengamos, pensando negativamente siempre seremos los perdedores. Casi siempre la gente que piensa negativamente sobre los demás a menudo se encontrará sola.
Pensamientos positivos: son aquellos que nos permiten acumular fuerza interior y nos llevan a ser constructivos. Pensar positivamente no significa que ignoremos la realidad a nuestro alrededor y pretender vivir en lo irreal o pretender ser otro. “Es fácil ser pesimista, igual que ser optimista, pero necesitamos tener mucho cuidado y ser maduros para ser realistas” cuando estamos contentos interiormente tenemos la fortaleza para aceptar a los demás tal como son sin querer cambiarles, nuestro cuerpo también experimenta gran beneficio, ya que cuando nuestra mente está en equilibrio y en armonía somos menos sensibles a las enfermedades. Si nuestros pensamientos son positivos nuestra actitud también será positiva y esa es la mayor protección de la negatividad en nosotros y a nuestro alrededor. Tenemos que ser conscientes de que donde quiera que se dirijan mis pensamientos es ahí donde irá también nuestra energía.
Nuestra mente es nuestro mejor amigo si la alimentamos sólo con pensamientos positivos, pero se convierte en nuestro peor enemigo si le permitimos que piense pensamientos negativos o inútiles. La mente es algo invisible, pero aún así, sus efectos se pueden ver en nuestra cara, nuestras palabras o en nuestro comportamiento. “Nuestras palabras y acciones son el espejo de nuestros pensamientos”.
Hay dos factores que influyen en nuestra forma de pensar:
Todas las influencias externas en nuestra vida diaria, en función del interés o la atención que les demos, influyen en nuestra mente. Con trabajo continuado, las influencias externas y mis reacciones hacia ellas se pueden modificar. Por ejemplo, veo que me estoy enfadando debido a lo que alguien me está diciendo algo y esto está creando pensamientos negativos en mi mente, así que poniendo atención en mí mismo pongo un freno, un punto final para parar la reacción innecesaria.
Impresiones de nuestro subconsciente; estas impresiones pueden ser positivas o negativas, las últimas son a menudo debidas a profundos hábitos causados por acontecimientos del pasado. La influencia de los hábitos fuertes o del pasado, profundamente enraizados en la conciencia del ser, son más difíciles de detectar y, por tanto, más difíciles de revisar y de controlar.
Pero, sea la influencia del exterior o del interior o de ambos, la respuesta es la misma. En algún lugar en mi interior tengo que tener la capacidad o el poder para filtrar o analizar los patrones o tipos de pensamientos creados, de manera que mis palabras y acciones puedan ser positivas y de beneficio para mí y para los demás.
En el ser hay tres facultades que forman la conciencia humana: la mente, el intelecto y las impresiones.
El trabajo de la mente es crear pensamientos, luego éstos se convierten en palabras y acciones.
El intelecto, cuando está atento, puede desapegarse y observar los hábitos y cómo influyen en el ser. Con práctica el intelecto aprende a filtrar lo que es correcto de lo incorrecto e intenta poner sólo los pensamientos correctos en la mente. Sin embargo, a menudo, aunque el intelecto se da cuenta de lo que es correcto e incorrecto, no hay el poder para poner lo correcto en la práctica.
Las impresiones son características de la personalidad que constantemente alimentan a la mente y determinan la reacción con las influencias exteriores. El poder para cambiar, para ser más positivo y mejor, reside en uno mismo no en ningún poder exterior.
Cuando he aprendido el arte de controlar lo negativo de lo positivo entonces puedo dar más bienestar a los de mi alrededor.
Entender cómo funciona nuestra mente es fundamental para que podamos crear un equilibrio entre nuestro mundo interior (pensamientos, sentimientos, impresiones) y nuestro mundo exterior (palabras, acciones, comportamientos, relaciones). “El equilibrio es la base para la armonía en todos los aspectos de la vida”.
Es necesario expresar nuestra opinión acerca de algo que es erróneo pero por falta de autoconfianza, de inseguridad o por miedo a la reacción de los demás, preferimos mantener silencio y no hacer o decir nada. Por eso hemos de estar atentos al momento adecuado para decir algo y cómo decirlo de manera que haya comunicación.
Viendo el lado positivo en los demás somos capaces de darles respeto y consideración. Todos somos libres de escoger qué queremos hacer y hasta qué punto. Lo importante es que yo esté haciendo lo que es correcto; revisar esto es mi primer deber.
El equilibrio es una función especial del intelecto ya que es solo mediante el entendimiento de lo que se necesita, cuándo se necesita y hasta qué punto, que nuestra vida podrá ser positiva y con contentamiento.
Una persona irresponsable nunca es libre; irresponsable significa el que usa mal su propia libertad o restringe la libertad de los demás debido al egoísmo o al ego. Esta persona nunca es libre ella misma porque siempre tiene que pagar el efecto de tal actitud y tales acciones. Las consecuencias pueden ser en forma de soledad, falta de amor, vacío interior, depresión…
La libertad y la responsabilidad son las dos caras de una moneda y son absolutamente inseparables.
Una vida sin un objetivo es como un barco sin timón. El resultado es un ir a la deriva, agotador y sin una meta. Las energías, especialmente las de la mente, están dispersas, no hay un punto donde reunir y concentrar las energías del ser y utilizarlas de forma constructiva.
La meditación ha sido reconocida como un método viable para ayudar al ser humano a reorientar su vida y conseguir una estabilidad interior."
viernes, 10 de septiembre de 2010
EL PODER DE LA INDECISIÓN
Os presento un tema de reflexión que he encontrado en la red a colación de una consulta recibida en nuestra página. No es raro tener dudas sobre la decisión a tomar ante determinados temas, pero en ocasiones encontramos personas que no se deciden a dar un paso por el miedo, la indecisión eterna ante temas que marcan la vida por ser reiterativos…siempre lo mismo ante lo mismo y siempre cuando las emociones se nos disparan y nos pueden. Es todo vuestro y como siempre, esperamos que os sea de utilidad para que os aporte algo de luz.
Hoy te quiero hablar de: “El terrible poder de la Indecisión”.
Vamos a empezar este artículo con una frase célebre:
“Se pierde más por decisiones no tomadas, que por decisiones tomadas equivocadas”
Lee otra vez la frase anterior.
Sencillamente es cierto y es así irremediablemente.
Cualquier persona puede tomar decisiones equivocadas en su vida, elegir los estudios equivocados, elegir el trabajo equivocado, elegir el auto equivocado y tener que cambiarlo al poco tiempo, elegir la zona para vivir equivocada, elegir el colegio equivocado para tus hijos, incluso elegir la pareja equivocada y tener que romper una relación sin futuro.
SOMOS HUMANOS, tenemos el derecho a equivocarnos. Pero como bien dice la frase, es una decisión tomada, por lo tanto se pierde menos que si no se toma una decisión:
- Por no equivocarnos no estudiamos.
- Por no equivocarnos no trabajamos.
- Por no equivocarnos no compramos un auto.
- Por no equivocarnos no compramos una casa.
- Por no equivocarnos no llevamos a nuestros hijos al colegio.
- Por no equivocarnos no tenemos una relación de pareja.
Pero… ¿y si acertamos en la decisión?
- Estudiamos y nos licenciamos ingenieros.
- Trabajamos y ganamos un buen dinero.
- Nos compramos el auto de nuestros sueños.
- Nos compramos una casa en una zona que años después resulta ser el mejor residencial.
- Llevamos a nuestros hijos a un colegio donde resulta que están los mejores maestros.
- Nos casamos con la mujer de nuestra vida y somos felices hasta el final de nuestros días.
La Indecisión tiene un terrible poder negativo sobre las personas.
¿Y por qué el poder negativo de la Indecisión es tan terrible?
Sencillamente porque quieras o no quieras, al estar indeciso ya estás tomando una decisión, porque si estás indeciso el Tiempo pasa, y el Tiempo toma la decisión por ti. Si tú no compras hoy un auto porque no tienes claro si te va a satisfacer, mañana pagarás más por él. Si tú no eliges hoy un trabajo, es posible que mañana ya esté ocupado. Si tú no decides casarte con tu pareja, es posible que te abandone y se case con otra persona.
Si tú no decides, el Tiempo decide por ti.
La Indecisión paraliza la facultad de razonamiento, destruye la facultad de la imaginación, elimina la confianza en sí mismo, socava el entusiasmo, desanima la iniciativa, conduce a la incertidumbre de propósito, estimula la dilación, elimina el entusiasmo y convierte el autocontrol en una imposibilidad, destruye la posibilidad de pensar con exactitud, distrae la concentración del esfuerzo, domina la perseverancia, reduce la fuerza de voluntad a la nada, destruye la ambición, ensombrece la memoria e invita al fracaso en toda forma concebible.
Sin embargo una persona que toma una decisión, deja su mente limpia de dudas para concentrarse y trabajar en la decisión que ha tomado, razona sobre las acciones a tomar, tiene imaginación para solucionar problemas, tiene plena confianza en sí mismo, está entusiasmado con su proyecto, tiene iniciativas para sacarlo adelante, es certero en su propósito, piensa con exactitud, tiene la concentración de dedicar su esfuerzo donde es necesario, es perseverante y no abandona porque su fuerza de voluntad está en los niveles más altos empujada por una fuerte ambición que sin duda lo conducirá sin remedio a un final satisfactorio.
Estos son los síntomas que provoca la indecisión:
- Indiferencia, falta de ambición, predisposición a aceptar la pobreza sin protestar.
- Duda, expresada por medio de justificaciones y excusas diseñadas para encubrirse.
- Preocupación, suele expresarse por el descubrimiento de faltas en el resto de personas, empresas, sistemas, etc.
- Precaución excesiva, costumbre de mirar el lado negativo de toda circunstancia, pensar y hablar del posible fracaso en lugar de concentrarse en los medios de alcanzar el éxito.
- Dilación, dejar para mañana aquello que se debía haber hecho el año pasado, pasar mucho tiempo buscando excusas para no realizar el trabajo.
Los miedos son algo corriente y en algunos casos están justificados, pero en otros pueden arraigar en tu interior y crecer sin que tú lo sepas, a menos que te deshagas de la Indecisión y la Duda, que llevan la semilla del miedo.
TOMA ACCIÓN, TOMA DECISIONES.
Recuerda:
“Se pierde más por decisiones no tomadas, que por decisiones tomadas equivocadas”
Pero también ten presente que la reflexión adecuada, en un tiempo adecuado para pensar qué hacer, no se considera indecisión. Toma tiempo para situarte con la perspectiva idónea para decidir sobre las riendas de tu vida, pero decídete y que el miedo no te atenace.
Hoy te quiero hablar de: “El terrible poder de la Indecisión”.
Vamos a empezar este artículo con una frase célebre:
“Se pierde más por decisiones no tomadas, que por decisiones tomadas equivocadas”
Lee otra vez la frase anterior.
Sencillamente es cierto y es así irremediablemente.
Cualquier persona puede tomar decisiones equivocadas en su vida, elegir los estudios equivocados, elegir el trabajo equivocado, elegir el auto equivocado y tener que cambiarlo al poco tiempo, elegir la zona para vivir equivocada, elegir el colegio equivocado para tus hijos, incluso elegir la pareja equivocada y tener que romper una relación sin futuro.
SOMOS HUMANOS, tenemos el derecho a equivocarnos. Pero como bien dice la frase, es una decisión tomada, por lo tanto se pierde menos que si no se toma una decisión:
- Por no equivocarnos no estudiamos.
- Por no equivocarnos no trabajamos.
- Por no equivocarnos no compramos un auto.
- Por no equivocarnos no compramos una casa.
- Por no equivocarnos no llevamos a nuestros hijos al colegio.
- Por no equivocarnos no tenemos una relación de pareja.
Pero… ¿y si acertamos en la decisión?
- Estudiamos y nos licenciamos ingenieros.
- Trabajamos y ganamos un buen dinero.
- Nos compramos el auto de nuestros sueños.
- Nos compramos una casa en una zona que años después resulta ser el mejor residencial.
- Llevamos a nuestros hijos a un colegio donde resulta que están los mejores maestros.
- Nos casamos con la mujer de nuestra vida y somos felices hasta el final de nuestros días.
La Indecisión tiene un terrible poder negativo sobre las personas.
¿Y por qué el poder negativo de la Indecisión es tan terrible?
Sencillamente porque quieras o no quieras, al estar indeciso ya estás tomando una decisión, porque si estás indeciso el Tiempo pasa, y el Tiempo toma la decisión por ti. Si tú no compras hoy un auto porque no tienes claro si te va a satisfacer, mañana pagarás más por él. Si tú no eliges hoy un trabajo, es posible que mañana ya esté ocupado. Si tú no decides casarte con tu pareja, es posible que te abandone y se case con otra persona.
Si tú no decides, el Tiempo decide por ti.
La Indecisión paraliza la facultad de razonamiento, destruye la facultad de la imaginación, elimina la confianza en sí mismo, socava el entusiasmo, desanima la iniciativa, conduce a la incertidumbre de propósito, estimula la dilación, elimina el entusiasmo y convierte el autocontrol en una imposibilidad, destruye la posibilidad de pensar con exactitud, distrae la concentración del esfuerzo, domina la perseverancia, reduce la fuerza de voluntad a la nada, destruye la ambición, ensombrece la memoria e invita al fracaso en toda forma concebible.
Sin embargo una persona que toma una decisión, deja su mente limpia de dudas para concentrarse y trabajar en la decisión que ha tomado, razona sobre las acciones a tomar, tiene imaginación para solucionar problemas, tiene plena confianza en sí mismo, está entusiasmado con su proyecto, tiene iniciativas para sacarlo adelante, es certero en su propósito, piensa con exactitud, tiene la concentración de dedicar su esfuerzo donde es necesario, es perseverante y no abandona porque su fuerza de voluntad está en los niveles más altos empujada por una fuerte ambición que sin duda lo conducirá sin remedio a un final satisfactorio.
Estos son los síntomas que provoca la indecisión:
- Indiferencia, falta de ambición, predisposición a aceptar la pobreza sin protestar.
- Duda, expresada por medio de justificaciones y excusas diseñadas para encubrirse.
- Preocupación, suele expresarse por el descubrimiento de faltas en el resto de personas, empresas, sistemas, etc.
- Precaución excesiva, costumbre de mirar el lado negativo de toda circunstancia, pensar y hablar del posible fracaso en lugar de concentrarse en los medios de alcanzar el éxito.
- Dilación, dejar para mañana aquello que se debía haber hecho el año pasado, pasar mucho tiempo buscando excusas para no realizar el trabajo.
Los miedos son algo corriente y en algunos casos están justificados, pero en otros pueden arraigar en tu interior y crecer sin que tú lo sepas, a menos que te deshagas de la Indecisión y la Duda, que llevan la semilla del miedo.
TOMA ACCIÓN, TOMA DECISIONES.
Recuerda:
“Se pierde más por decisiones no tomadas, que por decisiones tomadas equivocadas”
Pero también ten presente que la reflexión adecuada, en un tiempo adecuado para pensar qué hacer, no se considera indecisión. Toma tiempo para situarte con la perspectiva idónea para decidir sobre las riendas de tu vida, pero decídete y que el miedo no te atenace.
jueves, 9 de septiembre de 2010
CRISIS DEL CONCEPTO PAREJA
El culto a la plenitud personal casi exige la renuncia a la pareja si su funcionamiento reclama algunos meses de rodaje o una revisión general. Esto no quiere decir en absoluto que estemos en contra de que la individualidad no sea importantísima y se tenga que mirar por ella para el bienestar, primero, personal, pero esta situación llevada a extremos, como está pasando, hace que no "se aguante", que no se analicen espacios adecuados para defender a ultranza la existencia de la pareja aun cuando sea necesario hacer esfuerzos personales por mantenerla viva, siempre que exista el sustrato del amor en qué apoyarse y hasta hemos visto casos en los que "se ha perdido la fe en la pareja"; incluso "se obliga" a poner fin a una unión si no se "ajusta con esta época que nos condena a la felicidad, cueste lo que cueste." (Jocelyn Dahan)
En estos tiempos actuales en los que hemos perdido una serie de valores, también van desapareciendo una serie de figuras ancestrales, unas negativas (lo cual está bien) y otras que nos eran bastante positivas. Los objetivos de las familias han cambiado e incluso se ha desplazado el interés por el padre al interés por los hijos. Tal vez estemos ante la desaparición del "pater familias" que ha sido destronado por sus propios hijos; ante la desaparición de la sociedad patriarcal convirtiéndola en la sociedad de los niños, de los hijos. Este punto de vista ante esta realidad nos hace necesario cambiar ciertas estructuras mentales relacionadas con la misma terapia familiar, la cual, en muchas ocasiones, no ha de ir enfocada a los subsistemas conyugales/maritales o de pareja, sino al subsistema parental: se infiere la necesidad de aprender ante estos cambios a ser realmente primero padres y después...lo que venga.
Tal vez estamos en una etapa en la que tras una serie de situaciones que se dan en la pareja y ante la incapacidad de darles solución, desaparece el amor, pero realmente padres lo seguiremos siendo toda la vida. Nos hemos quedado con esa parte de la frase "...en la salud...para lo bueno y...". Hemos perdido, casi con toda seguridad, la capacidad de frustración que no tiene el significado de "tragar", ni ceder hasta que explotes, ni dejar de ser uno mismo, razón por la que se considera conveniente que la paternidad/maternidad se ve obligada a evolucionar, a cambiar sus patrones y replantear la distribución de las funciones paternas y maternas como trabajo para los padres y las madres el siglo XXI.
Aún así, la razón de ser del especialista en familia, del orientador familiar, cada vez tiene más base operativa, más espacio para reestructurar los desfases que se sufren en los ciclos evolutivos de las personas y para los que nadie, nadie, nos ha preparado.
En cuanto a la familia monoparental, estamos ofreciendo una imagen engañosa y unos mensajes que en teoría no deben ser ciertos, ya que aunque se haya dado una separación de los padres, la coeducación debe llevarse a cabo de forma conjunta, por lo que tal vez sea más propio hablar de hogar monoparental, ya que "la monoparentalidad da por supuesto que hay un solo progenitor cuando la realidad no es esa."
"Educar solo a un niño no es en sí mismo un problema. Puede serlo cuando la monoparentalidad se acompaña de otras preocupaciones más graves (depresión, problemas financieros y profesionales...)" ( del libro Un solo padre en casa de Anne Lamy)
No es nada raro que cada vez estemos más ante hogares monoparentales pon un motivo básico: cuando la pareja hace aguas, empieza a tener problemas y entra en crisis que no solucionan pero logran esquivarlas (volverán porque son crisis de repetición), es el momento ideal para un miembro de la pareja el tener un hijo en la creencia de que de esta manera se va a consolidar esta unión altamente deteriorada. Resultado: la crisis se superará o estallará. Es cuando estalla cuando vemos que la separación se hace una realidad y ya podemos sumar otro hogar roto en su conyugalidad por haber creído que la solución estaba en ese "niño parche"; personita que al parecer por sí sola iba a poder cambiar y unirnos sin el trabajo interior que se hace necesario para efectuar el cambio adecuado que nos lleve a una comunicación idónea.
Somos adultos y desde aquí pretendemos un espacio para la reflexión que nos ponga a trabajar, sobre todo a los hombres, para que dejemos de creer que los problemas que nos surgen en la pareja son únicamente problemas “de ellas”. Siempre formamos parte del problema y de las soluciones. Trabajemos, pues en este sentido del camino. ¡Vamos allá!
Juan José López Nicolás.
En estos tiempos actuales en los que hemos perdido una serie de valores, también van desapareciendo una serie de figuras ancestrales, unas negativas (lo cual está bien) y otras que nos eran bastante positivas. Los objetivos de las familias han cambiado e incluso se ha desplazado el interés por el padre al interés por los hijos. Tal vez estemos ante la desaparición del "pater familias" que ha sido destronado por sus propios hijos; ante la desaparición de la sociedad patriarcal convirtiéndola en la sociedad de los niños, de los hijos. Este punto de vista ante esta realidad nos hace necesario cambiar ciertas estructuras mentales relacionadas con la misma terapia familiar, la cual, en muchas ocasiones, no ha de ir enfocada a los subsistemas conyugales/maritales o de pareja, sino al subsistema parental: se infiere la necesidad de aprender ante estos cambios a ser realmente primero padres y después...lo que venga.
Tal vez estamos en una etapa en la que tras una serie de situaciones que se dan en la pareja y ante la incapacidad de darles solución, desaparece el amor, pero realmente padres lo seguiremos siendo toda la vida. Nos hemos quedado con esa parte de la frase "...en la salud...para lo bueno y...". Hemos perdido, casi con toda seguridad, la capacidad de frustración que no tiene el significado de "tragar", ni ceder hasta que explotes, ni dejar de ser uno mismo, razón por la que se considera conveniente que la paternidad/maternidad se ve obligada a evolucionar, a cambiar sus patrones y replantear la distribución de las funciones paternas y maternas como trabajo para los padres y las madres el siglo XXI.
Aún así, la razón de ser del especialista en familia, del orientador familiar, cada vez tiene más base operativa, más espacio para reestructurar los desfases que se sufren en los ciclos evolutivos de las personas y para los que nadie, nadie, nos ha preparado.
En cuanto a la familia monoparental, estamos ofreciendo una imagen engañosa y unos mensajes que en teoría no deben ser ciertos, ya que aunque se haya dado una separación de los padres, la coeducación debe llevarse a cabo de forma conjunta, por lo que tal vez sea más propio hablar de hogar monoparental, ya que "la monoparentalidad da por supuesto que hay un solo progenitor cuando la realidad no es esa."
"Educar solo a un niño no es en sí mismo un problema. Puede serlo cuando la monoparentalidad se acompaña de otras preocupaciones más graves (depresión, problemas financieros y profesionales...)" ( del libro Un solo padre en casa de Anne Lamy)
No es nada raro que cada vez estemos más ante hogares monoparentales pon un motivo básico: cuando la pareja hace aguas, empieza a tener problemas y entra en crisis que no solucionan pero logran esquivarlas (volverán porque son crisis de repetición), es el momento ideal para un miembro de la pareja el tener un hijo en la creencia de que de esta manera se va a consolidar esta unión altamente deteriorada. Resultado: la crisis se superará o estallará. Es cuando estalla cuando vemos que la separación se hace una realidad y ya podemos sumar otro hogar roto en su conyugalidad por haber creído que la solución estaba en ese "niño parche"; personita que al parecer por sí sola iba a poder cambiar y unirnos sin el trabajo interior que se hace necesario para efectuar el cambio adecuado que nos lleve a una comunicación idónea.
Somos adultos y desde aquí pretendemos un espacio para la reflexión que nos ponga a trabajar, sobre todo a los hombres, para que dejemos de creer que los problemas que nos surgen en la pareja son únicamente problemas “de ellas”. Siempre formamos parte del problema y de las soluciones. Trabajemos, pues en este sentido del camino. ¡Vamos allá!
Juan José López Nicolás.
jueves, 19 de agosto de 2010
MEJORANDO LA INTIMIDAD
Con frecuencia las parejas comentan sentir que a su relación le falta "algo", pero cuando se les pregunta qué es ese "algo" a lo que se refieren, rara vez son capaces de señalarlo cualitativa o cuantitativamente.
Aunque no lo parezca de entrada, la claridad con la que seamos capaces de percibir nuestra vida y lo que ocurre en ella, es factor fundamental para nuestro bienestar interior. Y es bien sabido que para estar bien con otra persona necesitamos estar bien con nosotros mismos primero.
Y es que de eso se trata la intimidad. De conocernos íntimamente, internamente, honestamente. Se trata de poder mirarnos al espejo y reconocernos y aceptarnos tal como somos.
Tal vez se pregunte ¿Por qué tanto énfasis en nosotros si el tema es la pareja? Es muy sencillo, todo lo que existe en nuestras vidas, todo lo que hemos creado a nuestro alrededor, es simplemente un reflejo de lo que llevamos dentro. Por eso, para mejorar la intimidad con nuestra pareja (exterior), la mejor manera de comenzar es por mejorar nuestra intimidad con nosotros mismos (interior).
Para facilitarnos esta tarea podemos comenzar por la honestidad. Si es correcto, mientras más sinceros seamos con nosotros mismos, estaremos en mejores condiciones de aceptarnos por lo que somos, lo que a su vez se reflejará en un aumento de autoestima, y nos servirá como un imán para atraer hacía nosotros lo que sentimos que nos merecemos.
Recordando la analogía del espejo, si el sentido de valor que tenemos de nosotros mismos es bajo, estaremos en condiciones de atraer hacía nosotros a alguien que nos muestre un reflejo de lo poco que nos valoramos, y nos trate de una manera que nos haga reaccionar ante esa situación para mejorarla.
Y todo eso por una sencilla razón: Existe algo que necesita mejorar en nosotros, y la vida nos brinda todas las experiencias que necesitamos para lograrlo. Pero siempre podemos mejorarnos antes de recibir las lecciones que nos brinda la vida.
Relajarse y Fluir
Algunas personas tienen la percepción poco realista: "si alguien me ama realmente, sabe todo lo que quiero, necesito, y me entiende perfectamente sin necesidad de explicarme". Puesto que los seres humanos generalmente no estamos dotados de capacidad telepática, esa percepción poco realista generalmente se convierte en frustración, debido a malos entendidos.
Los malos entendidos son el factor principal que influye sobre el deterioro de la intimidad en una relación de pareja. Afortunadamente, la mayoría puede evitarse de manera muy sencilla.
La intimidad necesita tiempo y espacio para crecer. Intimidad implica estar ahí con la otra persona, estando presente tanto física como mental y emocionalmente, ambos durante la conversación y el silencio.
Podría incluir la expresión de emociones incomodas; una clara y apropiada expresión de disgusto, por ejemplo, puede lograr que dos personas se acerquen.
Cuando nos compenetramos lo suficiente con otra persona para permitirnos decirle exactamente cómo nos sentimos, le ofrecemos un puente que puede permitirle conocernos mejor. Los puentes se cruzan en ambos sentidos, y eso nos permitiría conocer mejor a la otra persona también.
Es importante recordar que no podemos intimar con otra persona más de lo que somos capaces de intimar con nosotros mismos. Por ejemplo, ¿Cómo podemos esperar que alguien sepa cómo nos sentimos si nosotros mismos no lo sabemos?
Podemos desarrollar intimidad con nosotros mismos de la misma manera que lo hacemos con otras personas, al ser honestos con nosotros mismos, comunicarnos claramente con nosotros mismos, y permitirnos tiempo y espacio para estar a solas con nosotros mismos.
Una vez que logramos intimar con nosotros mismos, aprendemos a aceptarnos por lo que somos, y nos sentimos lo suficientemente cómodos como para relajarnos y permitirnos fluir libremente con lo que sentimos, para expresarlo armónicamente, y establecer una conexión con la otra persona que nos permita conectarnos íntimamente.
Salvando la brecha
Es importante mantener siempre presente que nadie nos puede dar lo que no tenemos, ese es un trabajo que nos toca realizar a nosotros mismos. Si sentimos que hay algo que nos falta, e intentamos encontrarlo en otra persona, lo único que encontraremos será la decepción. Y no podía ser de otra manera pues simplemente estaremos viendo el reflejo de lo que llevamos dentro.
Si uno de los miembros de la pareja se siente de esta manera, podría sentirse que se va creando y comienza a crecer una brecha en la relación. Al poco tiempo esa brecha comienza a ser evidente en la medida en que la pareja se vuelve disfuncional. Por ejemplo, lo que antes era un agradable compartir se convierte en discusión por tonterías.
Es en este punto donde la sana eficaz y eficiente comunicación puede ayudar, pues tal vez la otra persona no se percate de lo errado de su posición, tal vez simplemente actúa desde su confusión, y por eso crea desarmonía.
Podríamos ayudarle al solicitarse que se exprese tan claramente como pueda sobre los hechos, poniendo a un lado lo que siente hacia ellos. Esto le ayudaría a salir de su confusión, y le permitirá comprender mejor la situación.
A partir de ese momento se puede comenzar un trabajo de reflexión interna que nos permita ubicar las causas por las cuales existe esa brecha en nosotros, y superarla permitiéndonos conocernos íntimamente para ser capaces de intimar con otros.
Reflexiones
Generalmente las reflexiones internas que nos podría beneficiar realizar para lograr intimidad, pueden ubicarse en cinco áreas principales de nuestra existencia, en las cuales podríamos necesitar:
• Aprender a comunicarnos más efectiva, eficaz, asertiva y amablemente.
• Soltar algunos apegos que están aumentando nuestros conflictos con otros, y disminuyendo nuestro bienestar.
• Examinar nuestros comportamientos que les resultan desagradables a otras personas.
• Liberarnos de programaciones subconscientes que limitan nuestra autoestima, y nuestra habilidad de atraer lo que deseamos hacía nosotros.
• Desarrollar sentimientos internos de seguridad, autoestima y libertad.
Una vez realizadas estas, y otras, reflexiones, estaremos en mejores condiciones de conocer nuestras verdaderas motivaciones, comprender nuestras actitudes, y decidir que es lo que realmente queremos hacer al respecto.
Y es durante este proceso cuando es conveniente mantenernos abiertos a los cambios, pues es parte del proceso realizar ajustes. Así como al inicio del proceso pensábamos querer algo, al finalizarlo y crecer gracias a vivir ese proceso, podríamos encontrarnos en la situación de no desear lo que tenemos, al ver ahora claramente que no contribuyen a nuestro bienestar general.
En ocasiones las relaciones cambian, al punto en el que ya no resultan funcionales en ese estado. Tal vez el estado de esa relación necesite ajustarse de manera que permita expresar armonía a ambas partes.
Es importante recordar que aun en el caso de necesitar distanciarse para mejorar la relación, eso no es indicador del fallo de alguno de los miembros, tal vez simplemente completaron su trabajo juntos, y ahora cada cual necesita crecer por caminos distintos.
Finalizar o cambiar una relación de manera armónica, sin necesidad de encontrar un culpable, es una señal de madurez y crecimiento.
Cuanto más pronto reconocemos que una relación ya no resulta funcional, más rápidamente podemos completar el ciclo y continuar al siguiente nivel de crecimiento. Eso podría ser una nueva relación en la cual podamos expresar más libremente el crecimiento que hemos logrado en nuestro proceso de intimar con nosotros mismos, o un periodo de soledad en el cual podemos consolidar nuestra unidad.
Relaciones auténticas
Como dijimos al principio, la intimidad se trata de ser sinceros y honestos con nosotros mismos, y una vez logrado, solo hay cabida en nuestra vida para lo auténtico. Como mencionamos anteriormente, esto podría significar el cambio de nuestra relación actual, pero también podría ser un cambio para mayor intimidad con nuestra pareja al cruzar el puente que nos brinda relajarnos y fluir con lo que realmente sentimos.
Pero ¿Cómo saber cuándo soltar una relación, y cuándo continuar trabajando en ella? La clave para responder esta pregunta podría estar en nuestra motivación filtrada por nuestro nuevo conocimiento y comprensión de nosotros mismos.
Si sentimos un impulso a alejarnos, posiblemente podría ser porque sentimos inquietud al considerar salir de nuestra zona de comodidad, una falta de disposición a realizar el trabajo interno que se requiere, o miedo, al desconocer los resultados que brindará ese trabajo.
Por otro lado, si sentimos el impulso a aferrarnos de la relación, posiblemente sea por miedo de encontrar a otra persona, o tal vez por no sentirnos merecedores de afecto.
En cualquier situación lo importante es intimar con nuestros sentimientos para conocer la causa que nos motiva a actuar, y emplear esa comprensión para decidir honestamente que es lo que queremos hacer.
Siempre es preferible quedarse en una relación solo porque es lo que realmente queremos, pues el amor comienza cuando la necesidad termina.
Artículo original publicado en la Ezine Mercurio
Aunque no lo parezca de entrada, la claridad con la que seamos capaces de percibir nuestra vida y lo que ocurre en ella, es factor fundamental para nuestro bienestar interior. Y es bien sabido que para estar bien con otra persona necesitamos estar bien con nosotros mismos primero.
Y es que de eso se trata la intimidad. De conocernos íntimamente, internamente, honestamente. Se trata de poder mirarnos al espejo y reconocernos y aceptarnos tal como somos.
Tal vez se pregunte ¿Por qué tanto énfasis en nosotros si el tema es la pareja? Es muy sencillo, todo lo que existe en nuestras vidas, todo lo que hemos creado a nuestro alrededor, es simplemente un reflejo de lo que llevamos dentro. Por eso, para mejorar la intimidad con nuestra pareja (exterior), la mejor manera de comenzar es por mejorar nuestra intimidad con nosotros mismos (interior).
Para facilitarnos esta tarea podemos comenzar por la honestidad. Si es correcto, mientras más sinceros seamos con nosotros mismos, estaremos en mejores condiciones de aceptarnos por lo que somos, lo que a su vez se reflejará en un aumento de autoestima, y nos servirá como un imán para atraer hacía nosotros lo que sentimos que nos merecemos.
Recordando la analogía del espejo, si el sentido de valor que tenemos de nosotros mismos es bajo, estaremos en condiciones de atraer hacía nosotros a alguien que nos muestre un reflejo de lo poco que nos valoramos, y nos trate de una manera que nos haga reaccionar ante esa situación para mejorarla.
Y todo eso por una sencilla razón: Existe algo que necesita mejorar en nosotros, y la vida nos brinda todas las experiencias que necesitamos para lograrlo. Pero siempre podemos mejorarnos antes de recibir las lecciones que nos brinda la vida.
Relajarse y Fluir
Algunas personas tienen la percepción poco realista: "si alguien me ama realmente, sabe todo lo que quiero, necesito, y me entiende perfectamente sin necesidad de explicarme". Puesto que los seres humanos generalmente no estamos dotados de capacidad telepática, esa percepción poco realista generalmente se convierte en frustración, debido a malos entendidos.
Los malos entendidos son el factor principal que influye sobre el deterioro de la intimidad en una relación de pareja. Afortunadamente, la mayoría puede evitarse de manera muy sencilla.
La intimidad necesita tiempo y espacio para crecer. Intimidad implica estar ahí con la otra persona, estando presente tanto física como mental y emocionalmente, ambos durante la conversación y el silencio.
Podría incluir la expresión de emociones incomodas; una clara y apropiada expresión de disgusto, por ejemplo, puede lograr que dos personas se acerquen.
Cuando nos compenetramos lo suficiente con otra persona para permitirnos decirle exactamente cómo nos sentimos, le ofrecemos un puente que puede permitirle conocernos mejor. Los puentes se cruzan en ambos sentidos, y eso nos permitiría conocer mejor a la otra persona también.
Es importante recordar que no podemos intimar con otra persona más de lo que somos capaces de intimar con nosotros mismos. Por ejemplo, ¿Cómo podemos esperar que alguien sepa cómo nos sentimos si nosotros mismos no lo sabemos?
Podemos desarrollar intimidad con nosotros mismos de la misma manera que lo hacemos con otras personas, al ser honestos con nosotros mismos, comunicarnos claramente con nosotros mismos, y permitirnos tiempo y espacio para estar a solas con nosotros mismos.
Una vez que logramos intimar con nosotros mismos, aprendemos a aceptarnos por lo que somos, y nos sentimos lo suficientemente cómodos como para relajarnos y permitirnos fluir libremente con lo que sentimos, para expresarlo armónicamente, y establecer una conexión con la otra persona que nos permita conectarnos íntimamente.
Salvando la brecha
Es importante mantener siempre presente que nadie nos puede dar lo que no tenemos, ese es un trabajo que nos toca realizar a nosotros mismos. Si sentimos que hay algo que nos falta, e intentamos encontrarlo en otra persona, lo único que encontraremos será la decepción. Y no podía ser de otra manera pues simplemente estaremos viendo el reflejo de lo que llevamos dentro.
Si uno de los miembros de la pareja se siente de esta manera, podría sentirse que se va creando y comienza a crecer una brecha en la relación. Al poco tiempo esa brecha comienza a ser evidente en la medida en que la pareja se vuelve disfuncional. Por ejemplo, lo que antes era un agradable compartir se convierte en discusión por tonterías.
Es en este punto donde la sana eficaz y eficiente comunicación puede ayudar, pues tal vez la otra persona no se percate de lo errado de su posición, tal vez simplemente actúa desde su confusión, y por eso crea desarmonía.
Podríamos ayudarle al solicitarse que se exprese tan claramente como pueda sobre los hechos, poniendo a un lado lo que siente hacia ellos. Esto le ayudaría a salir de su confusión, y le permitirá comprender mejor la situación.
A partir de ese momento se puede comenzar un trabajo de reflexión interna que nos permita ubicar las causas por las cuales existe esa brecha en nosotros, y superarla permitiéndonos conocernos íntimamente para ser capaces de intimar con otros.
Reflexiones
Generalmente las reflexiones internas que nos podría beneficiar realizar para lograr intimidad, pueden ubicarse en cinco áreas principales de nuestra existencia, en las cuales podríamos necesitar:
• Aprender a comunicarnos más efectiva, eficaz, asertiva y amablemente.
• Soltar algunos apegos que están aumentando nuestros conflictos con otros, y disminuyendo nuestro bienestar.
• Examinar nuestros comportamientos que les resultan desagradables a otras personas.
• Liberarnos de programaciones subconscientes que limitan nuestra autoestima, y nuestra habilidad de atraer lo que deseamos hacía nosotros.
• Desarrollar sentimientos internos de seguridad, autoestima y libertad.
Una vez realizadas estas, y otras, reflexiones, estaremos en mejores condiciones de conocer nuestras verdaderas motivaciones, comprender nuestras actitudes, y decidir que es lo que realmente queremos hacer al respecto.
Y es durante este proceso cuando es conveniente mantenernos abiertos a los cambios, pues es parte del proceso realizar ajustes. Así como al inicio del proceso pensábamos querer algo, al finalizarlo y crecer gracias a vivir ese proceso, podríamos encontrarnos en la situación de no desear lo que tenemos, al ver ahora claramente que no contribuyen a nuestro bienestar general.
En ocasiones las relaciones cambian, al punto en el que ya no resultan funcionales en ese estado. Tal vez el estado de esa relación necesite ajustarse de manera que permita expresar armonía a ambas partes.
Es importante recordar que aun en el caso de necesitar distanciarse para mejorar la relación, eso no es indicador del fallo de alguno de los miembros, tal vez simplemente completaron su trabajo juntos, y ahora cada cual necesita crecer por caminos distintos.
Finalizar o cambiar una relación de manera armónica, sin necesidad de encontrar un culpable, es una señal de madurez y crecimiento.
Cuanto más pronto reconocemos que una relación ya no resulta funcional, más rápidamente podemos completar el ciclo y continuar al siguiente nivel de crecimiento. Eso podría ser una nueva relación en la cual podamos expresar más libremente el crecimiento que hemos logrado en nuestro proceso de intimar con nosotros mismos, o un periodo de soledad en el cual podemos consolidar nuestra unidad.
Relaciones auténticas
Como dijimos al principio, la intimidad se trata de ser sinceros y honestos con nosotros mismos, y una vez logrado, solo hay cabida en nuestra vida para lo auténtico. Como mencionamos anteriormente, esto podría significar el cambio de nuestra relación actual, pero también podría ser un cambio para mayor intimidad con nuestra pareja al cruzar el puente que nos brinda relajarnos y fluir con lo que realmente sentimos.
Pero ¿Cómo saber cuándo soltar una relación, y cuándo continuar trabajando en ella? La clave para responder esta pregunta podría estar en nuestra motivación filtrada por nuestro nuevo conocimiento y comprensión de nosotros mismos.
Si sentimos un impulso a alejarnos, posiblemente podría ser porque sentimos inquietud al considerar salir de nuestra zona de comodidad, una falta de disposición a realizar el trabajo interno que se requiere, o miedo, al desconocer los resultados que brindará ese trabajo.
Por otro lado, si sentimos el impulso a aferrarnos de la relación, posiblemente sea por miedo de encontrar a otra persona, o tal vez por no sentirnos merecedores de afecto.
En cualquier situación lo importante es intimar con nuestros sentimientos para conocer la causa que nos motiva a actuar, y emplear esa comprensión para decidir honestamente que es lo que queremos hacer.
Siempre es preferible quedarse en una relación solo porque es lo que realmente queremos, pues el amor comienza cuando la necesidad termina.
Artículo original publicado en la Ezine Mercurio
lunes, 5 de julio de 2010
AMORES TÓXICOS
Amar no es sufrir y los amores tóxicos no permiten entender que todos tienen derecho a ser felices. En esto no hay magia ni cabe esperar que la gente cambie.
Es necesario superar esa debilidad que nos relaciona afectivamente con estilos patológicos.
En cuestión de amor, no hace falta aclarar mucho, la gente suele enredarse en relaciones contraindicadas. Es lo que el psicólogo Walter Riso llama amores tóxicos: “Estilos afectivos relacionados con determinados tipos de personalidad, que generan en el otro mucho sufrimiento y alteraciones psicológicas. Este tipo de relaciones representan el 30% en la sociedad”.
Ante esta tendencia mundial de llamar amores tóxicos, relaciones tóxicas, afectos tóxicos, a todo aquello que no nos hace bien y nos vuelve adictos, la psicóloga y terapeuta familiar sistémica Evangelina Aronne, propone examinar cómo estamos amando, partiendo de la base de que el amor se va transformando y persiste de manera menos apasionada y más racional, y la pareja es sostenida con proyectos propios y comunes.
“El amor maduro es una relación con bases firmes: confianza, respeto mutuo, admiración, comprensión, atracción física, conocimiento de los gustos del otro, cooperación, sentido del humor y existe intimidad, sensación de cercanía cuando están lejos, y la relación los fortalece y estimula a ambos, haciendo que cada uno desarrolle lo mejor de sí mismos. Estas bases favorecen la construcción y sostén de un hogar y, a su vez, pueden soportar los contratiempos y vaivenes propios de la vida. En contraposición están las relaciones que se vuelven tóxicas, en la que los efectos sobre la persona dependiente afectivamente de la otra son similares a otras adicciones o conductas de dependencia”, explica Aronne desde su experiencia como psicóloga.
Las adicciones son variadas: consumo de drogas, fármacos, alcohol, juego, Internet, trabajo, televisión, chequear los mails, controlar los mensajes de texto, al sexo, los dulces…, y en todos los casos uno siente alivio pasajero cuando consume ese objeto de deseo y luego se siente mal y peor por haberlo hecho. Y de no hacerlo siente abstinencia, es decir: ansiedad, falta de aire, desmotivación, angustia, dolor de cabeza, de estómago, frustración, fatiga, dificultad de concentración, irritabilidad, etc.
El adicto carece de referentes significativos, produce inseguridad, incertidumbre, falta de incentivos, inestabilidad laboral, invita a vivir el momento, provocando un vacío en las personas.
A la relación de pareja también se la puede vivir como una adicción, por eso es que las dependencias afectivas son un motivo muy común de consulta en psicología. Una persona que vive una relación de manera adictiva necesita de un tratamiento con especialistas, un proceso terapéutico interdisciplinario, contención familiar y social, para poder salir adelante”, dice Aronne y, además, acota, que a este tipo de consulta las hacen personas de toda edad, pero cada vez son más jóvenes y mujeres quienes se acercan al consultorio.
Pare de sufrir.
Si se está inmerso en un vínculo de pareja que produce mucha pena y desdicha, que hasta hace que uno se desdibuje como persona en pos de mantener la armonía y la comunicación ficticia, es probable que formes parte de una relación tóxica, por lo cual saber desactivarla será muy útil para acceder a una vida emocional más satisfactoria.
“Una relación tóxica es aquella en la cual una o las dos personas sufren mucho más de lo que experimentan de dicha y placer por estar juntas. Uno de los integrantes (y en algunos casos ambos) se ven sometidos a un gran desgaste por tratar de sostener la relación”, define Merlina Meiler
Este tipo de vínculos provoca más insatisfacción que felicidad, y la sensación de bienestar que puede proporcionar en escasos momentos es muy efímera, ya que para vivenciarla es necesario silenciar o pasar por alto ciertas cosas que, de darles la importancia que efectivamente tienen, causarían un profundo dolor e incluso llegarían a poner en peligro la continuidad de la pareja.
Las relaciones ideales entre las personas son ganar-ganar. Una relación tóxica nunca puede catalogarse como tal, son de ganar-perder y, en muchos casos, las dos personas involucradas pierden.
Amar, dar, ganar. . .
¿Quién dijo que amar es dar sin ninguna clase de límites? En principio hay un límite bien claro, y es el respeto y el amor a uno mismo, que está por encima de todo lo demás. Si uno no se quiere ni se hace valer y ensalza a otra persona al punto de priorizarla por sobre el propio bienestar y estabilidad interna, incurriendo en sacrificios estériles, es que se está integrando una relación tóxica. Si la comunicación con otra persona nos pone decididamente mal, impide que uno desarrolle su potencial, genera frustración una y otra vez y hace que se releguen los deseos genuinos para uno, es que esa persona no sólo no suma, sino que resta.
“Amar con equilibrio es la clave hacia una vida emocional sana y placentera. Trae aparejado no permitir que persona alguna interfiera en otras actividades o áreas de nuestra vida, entender que es bien posible desarrollarse en lo que uno genuinamente desee, además de crear y disfrutar vínculos sanos con otras personas. No hay por qué dejar de lado nuestras expectativas, ilusiones, deseos y sueños por intentar sostener una situación que a las claras resultará insostenible, salvo que comprometamos nuestra integridad emocional, nuestra salud, el justo respeto que nos merecemos como seres valiosos que somos y el derecho legítimo a ser plenamente felices”, dirá Merlina Meiler; quien no es pesimista y considera que uno siempre cuenta con la posibilidad real de decidir cambiar los términos de un vínculo de pareja tóxico en el momento que se esté preparado (o preparada) para hacerlo: “Si te disocias del rol que asumiste en este vínculo (salvador, maltratado, quien-todo-lo-aguanta, perdedor, sumisa, etc.) la otra persona automáticamente cambiará su postura al tratarte, ya que no encontrará el mismo eco de tu parte. Por ejemplo, para que haya una persona en rol de victimario debe existir su contraparte, alguien que asuma el rol de víctima. Si uno de los dos desaparece, el otro pierde fuerza y cambia su postura… ¡se desintegra este par de roles! Asimismo, este cambio de roles y de conductas desactivará el poder que la otra persona tiene sobre ti”, ejemplifica Meiler.
Claro que no es fácil controlar las emociones o sentimientos, pero sí se puede elegir qué hacer y qué no hacer con ellos. Uno es libre para decidir qué clase de relaciones y de personas nos rodearán cada día.
Razones tóxicas.
¿Qué nos lleva a involucrarnos en relaciones tóxicas? Hay diferentes razones, las más usuales son:
La baja autoestima: Si nuestras creencias están basadas en sentir que no somos merecedores de la atención, el respeto o el amor de otra persona, quien aparezca será considerado nuestra tabla de salvación, a la que nos aferraremos con uñas y dientes porque, sin esta persona, ¿quién nos querrá?, o ¿quién pagará nuestras cuentas?, o ¿quién nos cuidará?
El creernos salvadores: Fantasear que nosotros podemos cambiar a esa persona, que hemos llegado a su vida para que se transforme en otra clase de ser humano, mejor, más como nosotros queremos que sea; suponer que con nosotros se comportará de una manera diferente a la que suele hacerlo, que lograremos que se operen modificaciones impensadas, son caminos de ida hacia el sufrimiento. Podemos ayudar a que otras personas cambien rasgos de su personalidad que las molesten, siempre y cuando se den cuenta de que este cambio los favorecería, decidan hacerlo y además quieran que las ayudemos. Lo que sí tenemos es la capacidad concreta de lograr que se produzcan cambios asombrosos en nosotros mismos si así lo deseamos.
Asumir el rol de víctimas: Quién nos va a querer o aceptar como esta persona que se digna a darnos ratos de su tiempo, o a convivir con nosotros, en definitiva, a darnos momentos de su (mala) compañía? El asumir este rol implica que estaremos aceptando a una persona que se comportará como victimaria.
La urgencia de muestras de cariño: Este tipo de deseo imperioso es muy mal consejero, y se suma a la necesidad de suplir carencias profundas. A veces da como resultado el tolerar cualquier cosa por un poco de lo que deseamos, como cariño (una demostración de afecto, sexo, un regalo), pero que en realidad encubre otro comportamiento de fondo (uso, abuso, egoísmo, maltrato, falta de respeto, etc.).
Estar acompañado a cualquier precio: El miedo a la soledad es el paso preliminar hacia una posible relación tóxica, ya que se tolerará -literalmente- cualquier cosa con tal de no estar solos. Y no hay mayor sensación de soledad agobiante que el creer que uno está acompañado por alguien que le va a hacer bien cuando no es así y esa persona no sólo no cumple con nuestras expectativas más esenciales sino que atenta (con marcado éxito) contra nuestra calidad de vida.
El aburrimiento: La búsqueda de nuevas sensaciones, de una manera de alejarnos de la monotonía o de la rutina puede hacer que sólo veamos una faceta de la personalidad de quien nos atrae -la divertida y agradable- que nos saca del letargo en el que estábamos, y no logramos visualizar el resto de la personalidad de quien nos atrae, en la cual hay comportamientos tóxicos que en un principio no identificamos. Encontrar a alguien que tenga gustos similares a los nuestros es muy bueno y hasta se siente tocar el cielo con las manos, pero, si para compartir ese universo es necesario convalidar una relación tóxica, será muy difícil cortar el vínculo.
La necesidad imperiosa de cumplir algún rol social: como, por ejemplo, el de esposa/o, madre o padre, tal vez pueda hacernos priorizar el fin antes que ver a la persona que elegimos como realmente es. Algunas veces se trata por todos los medios posibles de enmascarar la realidad para seguir manteniendo las apariencias y la estructura social, aunque el costo interno suele ser demasiado alto.
El miedo a seguir avanzando en la vida: Si tenemos un vínculo con una persona que nos pone frenos o nos cercena en nuestro crecimiento y nos estancamos en cierta área de nuestra vida (ya sea personal, laboral, espiritual o profesional), ¿no somos nosotros mismos quienes aceptamos quedarnos en una zona conocida en vez de crecer, desarrollarnos, cambiar y superarnos?
Artículo que podéis completar en este enlace de esta autora EVANGELINA ARONNE, Lcda en Psicología U.N.C. Argentina"
Es necesario superar esa debilidad que nos relaciona afectivamente con estilos patológicos.
En cuestión de amor, no hace falta aclarar mucho, la gente suele enredarse en relaciones contraindicadas. Es lo que el psicólogo Walter Riso llama amores tóxicos: “Estilos afectivos relacionados con determinados tipos de personalidad, que generan en el otro mucho sufrimiento y alteraciones psicológicas. Este tipo de relaciones representan el 30% en la sociedad”.
Ante esta tendencia mundial de llamar amores tóxicos, relaciones tóxicas, afectos tóxicos, a todo aquello que no nos hace bien y nos vuelve adictos, la psicóloga y terapeuta familiar sistémica Evangelina Aronne, propone examinar cómo estamos amando, partiendo de la base de que el amor se va transformando y persiste de manera menos apasionada y más racional, y la pareja es sostenida con proyectos propios y comunes.
“El amor maduro es una relación con bases firmes: confianza, respeto mutuo, admiración, comprensión, atracción física, conocimiento de los gustos del otro, cooperación, sentido del humor y existe intimidad, sensación de cercanía cuando están lejos, y la relación los fortalece y estimula a ambos, haciendo que cada uno desarrolle lo mejor de sí mismos. Estas bases favorecen la construcción y sostén de un hogar y, a su vez, pueden soportar los contratiempos y vaivenes propios de la vida. En contraposición están las relaciones que se vuelven tóxicas, en la que los efectos sobre la persona dependiente afectivamente de la otra son similares a otras adicciones o conductas de dependencia”, explica Aronne desde su experiencia como psicóloga.
Las adicciones son variadas: consumo de drogas, fármacos, alcohol, juego, Internet, trabajo, televisión, chequear los mails, controlar los mensajes de texto, al sexo, los dulces…, y en todos los casos uno siente alivio pasajero cuando consume ese objeto de deseo y luego se siente mal y peor por haberlo hecho. Y de no hacerlo siente abstinencia, es decir: ansiedad, falta de aire, desmotivación, angustia, dolor de cabeza, de estómago, frustración, fatiga, dificultad de concentración, irritabilidad, etc.
El adicto carece de referentes significativos, produce inseguridad, incertidumbre, falta de incentivos, inestabilidad laboral, invita a vivir el momento, provocando un vacío en las personas.
A la relación de pareja también se la puede vivir como una adicción, por eso es que las dependencias afectivas son un motivo muy común de consulta en psicología. Una persona que vive una relación de manera adictiva necesita de un tratamiento con especialistas, un proceso terapéutico interdisciplinario, contención familiar y social, para poder salir adelante”, dice Aronne y, además, acota, que a este tipo de consulta las hacen personas de toda edad, pero cada vez son más jóvenes y mujeres quienes se acercan al consultorio.
Pare de sufrir.
Si se está inmerso en un vínculo de pareja que produce mucha pena y desdicha, que hasta hace que uno se desdibuje como persona en pos de mantener la armonía y la comunicación ficticia, es probable que formes parte de una relación tóxica, por lo cual saber desactivarla será muy útil para acceder a una vida emocional más satisfactoria.
“Una relación tóxica es aquella en la cual una o las dos personas sufren mucho más de lo que experimentan de dicha y placer por estar juntas. Uno de los integrantes (y en algunos casos ambos) se ven sometidos a un gran desgaste por tratar de sostener la relación”, define Merlina Meiler
Este tipo de vínculos provoca más insatisfacción que felicidad, y la sensación de bienestar que puede proporcionar en escasos momentos es muy efímera, ya que para vivenciarla es necesario silenciar o pasar por alto ciertas cosas que, de darles la importancia que efectivamente tienen, causarían un profundo dolor e incluso llegarían a poner en peligro la continuidad de la pareja.
Las relaciones ideales entre las personas son ganar-ganar. Una relación tóxica nunca puede catalogarse como tal, son de ganar-perder y, en muchos casos, las dos personas involucradas pierden.
Amar, dar, ganar. . .
¿Quién dijo que amar es dar sin ninguna clase de límites? En principio hay un límite bien claro, y es el respeto y el amor a uno mismo, que está por encima de todo lo demás. Si uno no se quiere ni se hace valer y ensalza a otra persona al punto de priorizarla por sobre el propio bienestar y estabilidad interna, incurriendo en sacrificios estériles, es que se está integrando una relación tóxica. Si la comunicación con otra persona nos pone decididamente mal, impide que uno desarrolle su potencial, genera frustración una y otra vez y hace que se releguen los deseos genuinos para uno, es que esa persona no sólo no suma, sino que resta.
“Amar con equilibrio es la clave hacia una vida emocional sana y placentera. Trae aparejado no permitir que persona alguna interfiera en otras actividades o áreas de nuestra vida, entender que es bien posible desarrollarse en lo que uno genuinamente desee, además de crear y disfrutar vínculos sanos con otras personas. No hay por qué dejar de lado nuestras expectativas, ilusiones, deseos y sueños por intentar sostener una situación que a las claras resultará insostenible, salvo que comprometamos nuestra integridad emocional, nuestra salud, el justo respeto que nos merecemos como seres valiosos que somos y el derecho legítimo a ser plenamente felices”, dirá Merlina Meiler; quien no es pesimista y considera que uno siempre cuenta con la posibilidad real de decidir cambiar los términos de un vínculo de pareja tóxico en el momento que se esté preparado (o preparada) para hacerlo: “Si te disocias del rol que asumiste en este vínculo (salvador, maltratado, quien-todo-lo-aguanta, perdedor, sumisa, etc.) la otra persona automáticamente cambiará su postura al tratarte, ya que no encontrará el mismo eco de tu parte. Por ejemplo, para que haya una persona en rol de victimario debe existir su contraparte, alguien que asuma el rol de víctima. Si uno de los dos desaparece, el otro pierde fuerza y cambia su postura… ¡se desintegra este par de roles! Asimismo, este cambio de roles y de conductas desactivará el poder que la otra persona tiene sobre ti”, ejemplifica Meiler.
Claro que no es fácil controlar las emociones o sentimientos, pero sí se puede elegir qué hacer y qué no hacer con ellos. Uno es libre para decidir qué clase de relaciones y de personas nos rodearán cada día.
Razones tóxicas.
¿Qué nos lleva a involucrarnos en relaciones tóxicas? Hay diferentes razones, las más usuales son:
La baja autoestima: Si nuestras creencias están basadas en sentir que no somos merecedores de la atención, el respeto o el amor de otra persona, quien aparezca será considerado nuestra tabla de salvación, a la que nos aferraremos con uñas y dientes porque, sin esta persona, ¿quién nos querrá?, o ¿quién pagará nuestras cuentas?, o ¿quién nos cuidará?
El creernos salvadores: Fantasear que nosotros podemos cambiar a esa persona, que hemos llegado a su vida para que se transforme en otra clase de ser humano, mejor, más como nosotros queremos que sea; suponer que con nosotros se comportará de una manera diferente a la que suele hacerlo, que lograremos que se operen modificaciones impensadas, son caminos de ida hacia el sufrimiento. Podemos ayudar a que otras personas cambien rasgos de su personalidad que las molesten, siempre y cuando se den cuenta de que este cambio los favorecería, decidan hacerlo y además quieran que las ayudemos. Lo que sí tenemos es la capacidad concreta de lograr que se produzcan cambios asombrosos en nosotros mismos si así lo deseamos.
Asumir el rol de víctimas: Quién nos va a querer o aceptar como esta persona que se digna a darnos ratos de su tiempo, o a convivir con nosotros, en definitiva, a darnos momentos de su (mala) compañía? El asumir este rol implica que estaremos aceptando a una persona que se comportará como victimaria.
La urgencia de muestras de cariño: Este tipo de deseo imperioso es muy mal consejero, y se suma a la necesidad de suplir carencias profundas. A veces da como resultado el tolerar cualquier cosa por un poco de lo que deseamos, como cariño (una demostración de afecto, sexo, un regalo), pero que en realidad encubre otro comportamiento de fondo (uso, abuso, egoísmo, maltrato, falta de respeto, etc.).
Estar acompañado a cualquier precio: El miedo a la soledad es el paso preliminar hacia una posible relación tóxica, ya que se tolerará -literalmente- cualquier cosa con tal de no estar solos. Y no hay mayor sensación de soledad agobiante que el creer que uno está acompañado por alguien que le va a hacer bien cuando no es así y esa persona no sólo no cumple con nuestras expectativas más esenciales sino que atenta (con marcado éxito) contra nuestra calidad de vida.
El aburrimiento: La búsqueda de nuevas sensaciones, de una manera de alejarnos de la monotonía o de la rutina puede hacer que sólo veamos una faceta de la personalidad de quien nos atrae -la divertida y agradable- que nos saca del letargo en el que estábamos, y no logramos visualizar el resto de la personalidad de quien nos atrae, en la cual hay comportamientos tóxicos que en un principio no identificamos. Encontrar a alguien que tenga gustos similares a los nuestros es muy bueno y hasta se siente tocar el cielo con las manos, pero, si para compartir ese universo es necesario convalidar una relación tóxica, será muy difícil cortar el vínculo.
La necesidad imperiosa de cumplir algún rol social: como, por ejemplo, el de esposa/o, madre o padre, tal vez pueda hacernos priorizar el fin antes que ver a la persona que elegimos como realmente es. Algunas veces se trata por todos los medios posibles de enmascarar la realidad para seguir manteniendo las apariencias y la estructura social, aunque el costo interno suele ser demasiado alto.
El miedo a seguir avanzando en la vida: Si tenemos un vínculo con una persona que nos pone frenos o nos cercena en nuestro crecimiento y nos estancamos en cierta área de nuestra vida (ya sea personal, laboral, espiritual o profesional), ¿no somos nosotros mismos quienes aceptamos quedarnos en una zona conocida en vez de crecer, desarrollarnos, cambiar y superarnos?
Artículo que podéis completar en este enlace de esta autora EVANGELINA ARONNE, Lcda en Psicología U.N.C. Argentina"
martes, 29 de junio de 2010
LA AUTORIDAD EFICAZ
En el Portal para ser mejores padres de solohijos.com, he encontrado infinidad de artículos que ayudan a la reflexión y aportan datos para efectuar los cambios adecuados que dirijan nuestras acciones a lograr la mejor interrelación posible con nuestros hijos. Dado que nuestro objetivo es poneros las piezas para que vosotros las articuléis con vuestra forma de vivir y actuar, os transcribo un artículo interesantísimo para vuestro conocimiento. Sé seguro que le sacaréis todo el partido para poder compartir con vuestra pareja en el siempre difícil arte de ser padres.
¿Qué se necesita para disfrutar de una autoridad eficaz?
A veces, intentamos por todos los medios que nuestros hijos nos hagan caso y no hay manera de conseguirlo. La solución no es tan difícil aunque, eso sí, necesita constancia, unas pocas normas muy claras y favorecer al máximo la participación de nuestros hijos a la hora de tomar decisiones.
Al comienzo de este año escuché unas declaraciones de representantes de asociaciones de padres y madres que decían lo siguiente: "Dado que los padres, en las actuales circunstancias sociales no podemos hacer frente a la educación de nuestros hijos, exigimos que las administraciones públicas pongan a nuestra disposición todos los medios necesarios para …"
Me inquietaron dos de las ideas que expresaron: "no podemos hacer frente a la educación de nuestros hijos..." y "que las administraciones públicas..." hagan algo para educarlos.
A mí me gusta pensar que somos los padres los que debemos educar a nuestros hijos y de ninguna manera me gustaría ceder ni un ápice de este derecho a las administraciones públicas. Me inquietó también escuchar que los padres "no podemos" educar a nuestros hijos en la sociedad de hoy en día, porque yo no creo que eso sea cierto. Los padres tenemos la posibilidad y la capacidad para educar a nuestros hijos y podemos hacerlo bien, salvo en casos muy especiales.
En numerosas familias, la autoridad de los padres se ha debilitado. Muchos padres no consiguen poner límites a los horarios de sus hijos, a los tipos de diversiones, a las demandas consumistas, a su desidia en los estudios, a sus malos modales... Pero buscar las causas y las soluciones fuera de la familia, no sirve de nada. La solución a esta crisis de autoridad debemos buscarla en el interior de la familia y, sobretodo, en cómo nosotros, los padres, la estamos ejerciendo. ¿Quizás nos estamos equivocando?
Algunos padres piensan que perder autoridad es irremediable. Pero la autoridad no es un don divino que se nos otorga y con él obtenemos la ciencia para decidir correctamente, el ingenio para organizar y la habilidad para ser obedecido. Y, al igual que no se nos otorga, tampoco se nos niega como si se tratara de un objeto. El grado de autoridad que tengamos los padres depende, sobretodo, de cómo utilizamos el poder que tenemos sobre los hijos, y eso nos permite aumentarla, recuperarla o perderla.
La autoridad de los padres será eficaz si reúne ciertas condiciones:
1. Que exista consenso entre el padre y la madre.
2. Que se ejerza de modo participativo y se sepa llegar a acuerdos.
3. Que persiga como fin la educación de los hijos y su autonomía.
4. Que sea coherente con la conducta de los propios padres.
5. Que se apoye en valores y normas estables.
6. Que se traduzca en hechos.
La no existencia de alguna de estas condiciones puede ser la causa real de la crisis de nuestra autoridad como padres. En la medida que consigamos cumplir mejor estas condiciones, nuestra autoridad podrá recuperarse o fortalecerse. Lo mejor es empezar a ejercer una autoridad positiva cuando nuestros hijos son pequeños. Pero si no ha sido así, todavía estamos a tiempo. Cuanto antes cambiemos algo y mejoremos, tanto mejor.
1. El consenso en la pareja.
Que la pareja debe estar de acuerdo en relación con los objetivos y los medios educativos es algo que resulta evidente aunque a veces no es fácil de llevar a cabo. La responsabilidad como educadores, y por tanto la autoridad, es tanto del padre como de la madre, y sólo el acuerdo entre ambos permitirá progresar correctamente en la educación de nuestros hijos. Se necesitará el intercambio constante de información entre la pareja sobre nuestros hijos, sobre cómo podemos ayudarles, las normas que estableceremos, los estímulos que les proponemos... Es bueno que los padres lleguen a un acuerdo antes de planteárselo a sus hijos. Y aunque a veces resulte difícil llegar los dos a un mismo punto debéis pensar que esta dificultad también es una ventaja, ya que en el momento de observar y saber de vuestros hijos, veréis mejor con cuatro ojos que con dos. No perder de vista que podéis ayudaros y que debéis apoyaros.
2. La autoridad debe ejercerse de forma participativa.
Los padres no debemos imponer nada a nuestros hijos de manera despótica. Debemos proponer alternativas u opciones entre las que escoger y dejar que nuestros hijos participen en la toma de decisiones. Si somos respetuosos con nuestros hijos ellos también lo serán con nosotros. Mientras que si nos comportamos de una manera demasiado exigente mandando y obligando en lugar de sugerir y proponer, sólo conseguiremos desobediencia, indisciplina y rebeldía.
3. Los padres deben buscar la felicidad de los hijos y potenciar su autonomía.
No debemos pedir o mandar cosas a nuestros hijos para nuestra comodidad o para nuestro propio o exclusivo beneficio. Sólo en la medida en que nuestros hijos reconozcan que las normas que establecemos y las cosas que les mandemos son para su propio beneficio e interés, nos aceptarán como autoridad. La autoridad-servicio produce necesariamente la autoridad-prestigio.
4. La autoridad no debe ser aleatoria, debe apoyarse en valores y normas estables.
Nada hay más destructivo que los cambios de actitud de los padres en lo que respecta a lo que es bueno o malo, lo que hay que hacer y lo que no, lo que es importante y lo que no lo es. Mandar o exigir cosas según el propio estado de ánimo o según las circunstancias es una manera muy eficaz de conseguir que perdamos autoridad sobre nuestros hijos. Si ellos observan que tus exigencias no responden a otra cosa que a tu cansancio, malhumor, etc. no se verán obligados a obedecer ni entenderán por qué deben hacerlo: "Total, espero a que se le pase el enfado y ya está".
5. La conducta de los propios padres debe ser coherente.
Los padres deben predicar con el ejemplo. Los modos de conducta incoherentes o falsos generan sencillamente rebeldía. La siguiente escena es muy significativa: "¿Queréis dejar de gritar como salvajes maleducadoooooooos?" -Grita con todas sus fuerzas la madre a sus hijos, que están inmersos en un gran alboroto.
6. La autoridad debe traducirse en hechos.
La autoridad, además de tenerla, hay que ejercerla. Hay que tomar decisiones sobre lo que deseamos para nuestros hijos y sobre las ayudas que necesitan. Establecer, con su colaboración, las normas que revestirán el ambiente de nuestra casa. Velar por el cumplimiento de las normas establecidas y detectar los problemas de los hijos. Exigirles que cumplan su cometido y sancionar su conducta de manera positiva o negativa para ayudarles a desarrollar su propia conciencia. Necesitamos dedicación y empeño, pero nuestra autoridad para con los hijos la encontraremos en su ejercicio.
José María Lahoz García
Pedagogo (Orientador escolar y profesional),
Profesor de Educación Primaria y de Psicología
y Pedagogía en Secundaria
¿Qué se necesita para disfrutar de una autoridad eficaz?
A veces, intentamos por todos los medios que nuestros hijos nos hagan caso y no hay manera de conseguirlo. La solución no es tan difícil aunque, eso sí, necesita constancia, unas pocas normas muy claras y favorecer al máximo la participación de nuestros hijos a la hora de tomar decisiones.
Al comienzo de este año escuché unas declaraciones de representantes de asociaciones de padres y madres que decían lo siguiente: "Dado que los padres, en las actuales circunstancias sociales no podemos hacer frente a la educación de nuestros hijos, exigimos que las administraciones públicas pongan a nuestra disposición todos los medios necesarios para …"
Me inquietaron dos de las ideas que expresaron: "no podemos hacer frente a la educación de nuestros hijos..." y "que las administraciones públicas..." hagan algo para educarlos.
A mí me gusta pensar que somos los padres los que debemos educar a nuestros hijos y de ninguna manera me gustaría ceder ni un ápice de este derecho a las administraciones públicas. Me inquietó también escuchar que los padres "no podemos" educar a nuestros hijos en la sociedad de hoy en día, porque yo no creo que eso sea cierto. Los padres tenemos la posibilidad y la capacidad para educar a nuestros hijos y podemos hacerlo bien, salvo en casos muy especiales.
En numerosas familias, la autoridad de los padres se ha debilitado. Muchos padres no consiguen poner límites a los horarios de sus hijos, a los tipos de diversiones, a las demandas consumistas, a su desidia en los estudios, a sus malos modales... Pero buscar las causas y las soluciones fuera de la familia, no sirve de nada. La solución a esta crisis de autoridad debemos buscarla en el interior de la familia y, sobretodo, en cómo nosotros, los padres, la estamos ejerciendo. ¿Quizás nos estamos equivocando?
Algunos padres piensan que perder autoridad es irremediable. Pero la autoridad no es un don divino que se nos otorga y con él obtenemos la ciencia para decidir correctamente, el ingenio para organizar y la habilidad para ser obedecido. Y, al igual que no se nos otorga, tampoco se nos niega como si se tratara de un objeto. El grado de autoridad que tengamos los padres depende, sobretodo, de cómo utilizamos el poder que tenemos sobre los hijos, y eso nos permite aumentarla, recuperarla o perderla.
La autoridad de los padres será eficaz si reúne ciertas condiciones:
1. Que exista consenso entre el padre y la madre.
2. Que se ejerza de modo participativo y se sepa llegar a acuerdos.
3. Que persiga como fin la educación de los hijos y su autonomía.
4. Que sea coherente con la conducta de los propios padres.
5. Que se apoye en valores y normas estables.
6. Que se traduzca en hechos.
La no existencia de alguna de estas condiciones puede ser la causa real de la crisis de nuestra autoridad como padres. En la medida que consigamos cumplir mejor estas condiciones, nuestra autoridad podrá recuperarse o fortalecerse. Lo mejor es empezar a ejercer una autoridad positiva cuando nuestros hijos son pequeños. Pero si no ha sido así, todavía estamos a tiempo. Cuanto antes cambiemos algo y mejoremos, tanto mejor.
1. El consenso en la pareja.
Que la pareja debe estar de acuerdo en relación con los objetivos y los medios educativos es algo que resulta evidente aunque a veces no es fácil de llevar a cabo. La responsabilidad como educadores, y por tanto la autoridad, es tanto del padre como de la madre, y sólo el acuerdo entre ambos permitirá progresar correctamente en la educación de nuestros hijos. Se necesitará el intercambio constante de información entre la pareja sobre nuestros hijos, sobre cómo podemos ayudarles, las normas que estableceremos, los estímulos que les proponemos... Es bueno que los padres lleguen a un acuerdo antes de planteárselo a sus hijos. Y aunque a veces resulte difícil llegar los dos a un mismo punto debéis pensar que esta dificultad también es una ventaja, ya que en el momento de observar y saber de vuestros hijos, veréis mejor con cuatro ojos que con dos. No perder de vista que podéis ayudaros y que debéis apoyaros.
2. La autoridad debe ejercerse de forma participativa.
Los padres no debemos imponer nada a nuestros hijos de manera despótica. Debemos proponer alternativas u opciones entre las que escoger y dejar que nuestros hijos participen en la toma de decisiones. Si somos respetuosos con nuestros hijos ellos también lo serán con nosotros. Mientras que si nos comportamos de una manera demasiado exigente mandando y obligando en lugar de sugerir y proponer, sólo conseguiremos desobediencia, indisciplina y rebeldía.
3. Los padres deben buscar la felicidad de los hijos y potenciar su autonomía.
No debemos pedir o mandar cosas a nuestros hijos para nuestra comodidad o para nuestro propio o exclusivo beneficio. Sólo en la medida en que nuestros hijos reconozcan que las normas que establecemos y las cosas que les mandemos son para su propio beneficio e interés, nos aceptarán como autoridad. La autoridad-servicio produce necesariamente la autoridad-prestigio.
4. La autoridad no debe ser aleatoria, debe apoyarse en valores y normas estables.
Nada hay más destructivo que los cambios de actitud de los padres en lo que respecta a lo que es bueno o malo, lo que hay que hacer y lo que no, lo que es importante y lo que no lo es. Mandar o exigir cosas según el propio estado de ánimo o según las circunstancias es una manera muy eficaz de conseguir que perdamos autoridad sobre nuestros hijos. Si ellos observan que tus exigencias no responden a otra cosa que a tu cansancio, malhumor, etc. no se verán obligados a obedecer ni entenderán por qué deben hacerlo: "Total, espero a que se le pase el enfado y ya está".
5. La conducta de los propios padres debe ser coherente.
Los padres deben predicar con el ejemplo. Los modos de conducta incoherentes o falsos generan sencillamente rebeldía. La siguiente escena es muy significativa: "¿Queréis dejar de gritar como salvajes maleducadoooooooos?" -Grita con todas sus fuerzas la madre a sus hijos, que están inmersos en un gran alboroto.
6. La autoridad debe traducirse en hechos.
La autoridad, además de tenerla, hay que ejercerla. Hay que tomar decisiones sobre lo que deseamos para nuestros hijos y sobre las ayudas que necesitan. Establecer, con su colaboración, las normas que revestirán el ambiente de nuestra casa. Velar por el cumplimiento de las normas establecidas y detectar los problemas de los hijos. Exigirles que cumplan su cometido y sancionar su conducta de manera positiva o negativa para ayudarles a desarrollar su propia conciencia. Necesitamos dedicación y empeño, pero nuestra autoridad para con los hijos la encontraremos en su ejercicio.
José María Lahoz García
Pedagogo (Orientador escolar y profesional),
Profesor de Educación Primaria y de Psicología
y Pedagogía en Secundaria
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