así somos

Bienvenidos, espero que disfrutéis con la utilidad de este blog.

lunes, 1 de octubre de 2012

Mi yo alternativo hacia el equilibrio

Estoy convencido de que el subconsciente jamás borra pero es muy factible y capaz de sustituir, reemplazar esos pensamientos que nos inhabilitan para un correcto desarrollo de nuestro equilibrio emocional, y en definitiva, ese estado que nos hace vivir sin sumergirnos en una crisis vital tal que no podamos ver más allá de todo aquello negativo que nos pasa.

Vivir es eso: situaciones que nos son adversas y otras que nos favorecen. Pero a veces nos empeñamos en adentrarnos en todo lo que nos es negativo; como si nos gustara airear en nuestra alma esa sensación de victimismo que nos atenaza hasta hacernos desear lo peor, sin llegar a ser conscientes de que si nos centramos en lo negativo nos llega más negativo

Los pensamientos negativos están allí y para poder quitarles su poder es necesario cambiarlos por su contrario, o sea, por un pensamiento positivo. Pero también soy consciente de que no es fácil si no estamos convencidos de que esta técnica necesita de mucha observación, introspección y consejos de otras personas sobre lo que uno no puede ver respecto a sí mismo, haciendo que el pensamiento negativo refleje “la realidad”. Y la técnica continúa haciendo que una vez que se sepa cual es este pensamiento negativo, escribir una afirmación positiva que lo cambie.

Así que la primera técnica consistirá en:
“Contrarresta los pensamientos negativos con afirmaciones que cambian su sentido”

Ahí va un ejemplo:

“Imagínate que eres una persona que no es muy aceptada en la sociedad o en tu lugar de trabajo. Y está claro que es porque las formas, el trato, la energía que irradias no agrada a las personas que tienes a tu alrededor.”

El pensamiento negativo que se asume constantemente es que “nadie me quiere y todos me huyen y soy sumamente desgraciado y la soledad me abruma. No soy aceptado, pero me da igual, allá ellos, son unos…”

A la gente se le aleja por los propios miedos de uno, en cambio, aunque nos lamentamos, seguimos “viviendo” en ese pensamiento recurrente negativo que nos empobrece vital y emocionalmente.

Una afirmación positiva para este pensamiento negativo seria:”Yo soy una persona feliz, segura y agrado a las personas que me rodean.”

Esta especie de “mantra” persigue sustituir un pensamiento por otro porque debes escribir y repetir verbalmente esta afirmación hasta que forme parte de ti y te haga reestructurar, cambiar, las conductas que te llevan a los pensamientos negativos.

No esperes que estos cambios a nivel mental ocurran sin tener que cambiar cosas en el exterior puesto que es justamente el cambio interno lo que genera el cambio externo. Negarse a cambiar ciertas cosas, las cuales sientes que debes cambiar, es lo mismo que dejar que los pensamientos negativos ganen una batalla.

Una vez que llevas tiempo con tus afirmaciones empiezas a verte más al espejo y a notar cosas que quizás sean desagradables a las demás personas, quizás descubres, volviendo al ejemplo de la persona que se siente rechazada por los demás, que en realidad siempre andas con un mal aliento por tu falta de higiene dental. Quizás ahora te das cuenta que debes cambiar eso, haces un esfuerzo, vas al odontólogo y resuelves tus problemas de aliento.

Ya llevas un punto ganado en contra de tus pensamientos negativos, y muy probablemente notes el cambio en las demás personas también. Esto parece trivial pero te aseguro que los cambios en tu mente te llevan a descubrir demasiadas cosas triviales que estaban perturbando tu deseo.

Lo que realmente es necesario para quitar la influencia de tanto negativismo es descubrirse uno mismo; tener el valor de mostrarse ante el espejo, ante la propia realidad, sin eufemismos, sin negarse a ver lo que realmente los demás ven en nosotros y por eso reaccionan como lo hacen.

Además de lo antedicho, quiero haceros reflexionar sobre una serie de pensamientos negativos que proceden de una sensación muy generalizada hoy en día: El sentimiento de culpa.

“El sentimiento de culpa simplemente nos encierra en un círculo masoquista que se hace cada vez más estrecho. En muchas ocasiones el sentimiento de culpa llega a ser tan fuerte que provoca signos físicos como la sensación de presión en el pecho, el dolor de estómago, un fuerte dolor de cabeza y sensación de peso en los hombros. A esto se le suman los pensamientos recurrentes de autorreproche, agresividad hacia uno mismo y un fuerte desasosiego.”(Jennifer Delgado. 2011)

También podemos poner un ejemplo de estas sensaciones que crean pensamientos recurrentes negativos que nos impiden estabilizarnos, por ejemplo, la madre que experimenta sentimientos de culpa porque estaba en el trabajo mientras el hijo sufría un accidente doméstico bajo la supervisión de la cuidadora. La lógica nos indica que ella no tenía forma de presuponer o evitar el accidente y que necesita trabajar para poder mantener la familia, por ende los sentimientos de culpa son totalmente infundados. En muchas ocasiones la clave para eliminar la culpa radica en saber repartir las responsabilidades asumiendo aquella cuota que nos corresponde, pero no más allá.
Tu mente es tuya, ponla a trabajar en tu beneficio y a tu servicio en la dirección de tu mejor equilibrio emocional.

Juan José López Nicolás
Datos basados sobre el libro
“El Cambio está dentro de mi”

jueves, 6 de septiembre de 2012

Historia didáctica del bambú japonés

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada y grita con todas sus fuerzas: “crece, maldita seas!”

Algo muy curioso sucede con el bambú japonés, que lo transforma en no apto para impacientes: Siembras la semilla, la abonas y te ocupas de regarla constantemente.

Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto, que un agricultor inexperto estaría convencido de haber comprado semillas estériles.

Sin embargo, en el séptimo año en un período de sólo seis semanas, la planta de bambú crece más de 30 metros! ¿Tardó solo seis semanas en crecer? No. La verdad es que le tomó siete años y seis semanas desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitían sostener el crecimiento que iba a tener después. Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente, justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta.

Es tarea difícil convencer al impaciente que sólo logran el éxito aquellos que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado.

Es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente frustrante. En esos momentos (que todos tenemos), debemos recordar el ciclo de maduración del bambú japonés, y aceptar que en tanto no bajemos los brazos, ni abandonemos por no “ver” el resultado que esperamos, pues así está sucediendo algo, dentro de nosotros estamos creciendo, madurando.

Quienes no se rinden, van gradual y progresivamente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice. El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación, un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros

miércoles, 1 de agosto de 2012

Comprender el suceso, el fenómeno


Cada paso que uno da en la vida le hace enfrentarse a multitud de sensaciones, experiencias y, sobre todo, emociones que a veces uno no acierta a explicarse. A veces se siente que cuando uno quiere querer y ama a una persona parece que el temor a perderla, los miedos y las inseguridades bloquean el sentido y sacan las expresiones más intempestivas y desacertadas que parecen reflejar lo que se lleva dentro aparentemente sin solucionar.

Sé que observo, transito mi interior para ver qué pasa con él, pero yerro al ponerme delante de la observación sin haberme colocado simplemente por encima, con perspectiva, fuera de ella, con el objetivo de verla y saber qué me pasa y porqué me pasa (sin olvidar en absoluto el “para qué me pasa”)

Se me queda dentro una amarga sensación de inmovilidad, de involución, al sacar los pensamiento y convertirlos en palabras de la manera más deslucida, y no es mi intención, y se me malinterpreta. Aún así y aprendiendo de lo experimentado, vuelvo a ser consciente de que temo lo que no comprendo, y no comprendo lo que no me atrevo a mirar y observar para que salga de una vez por todas. Porque eso puede conmigo de tal manera que irracionaliza mis pensamientos que duelen al cobrar entidad que tal vez yo mismo les otorgue; porque no comprendo…

Y se sufre porque no obtenemos nuestro sitio que hemos de ocupar, siendo uno mismo el que se coloque en él y no dando el poder a nadie para que lo haga. Pero no comprendo y eso asusta porque no se domina la intensidad con la que uno ha de vivir su propia vida.

Hay quien dice que Comprender pasa por conocer los movimientos psicológicos del individuo y las reglas universales de la convivencia humana. En definitiva son los dos sentidos que conforman la esencia del ser humano: una interna y otra externa. Es decir, que tanto el interior como el exterior deben ser conocidos y comprendidos para erradicar de alguna manera ese sufrimiento que a todos nos toca en alguna medida.

Durante unos días se ha puesto en mi camino una poderosa reflexión ante las vivencias últimas que tratan de que aprenda que es necesario observar cómo son los demás y lo que realmente podemos esperar de ellos, así como introducirme en el interior de mi más profundo yo para ver la trascendencia de mi vida junto a las suyas. Porque cuando entienda estos dos grandes puntos, cuando comprenda su grandeza, cuando “simplemente” comprenda, la voluntad emerge y con ella la acción asumida, firme y clara o, por qué no, el freno para hacer o decir lo que proceda según el contexto.

En definitiva, y cuesta lo suyo, el problema viene de la misma incomprensión del mismo, tengo el problema porque no comprendo el problema,  lo que hace ver que la comprensión requiere energía, una investigación y un compromiso profundos de las leyes sociales y biológicas del individuo. La vía es ponernos en el camino y aunque se caiga y haya errores, estar en ese camino ya es bueno en sí mismo.


Juan José López Nicolás

miércoles, 27 de junio de 2012

¿Contigo pan y cebolla?

Cierto es que el amor es lo que mueve, o debería mover, el interior personal de las gentes que habitan en este mundo (no olvidemos que estamos en un mundo en el que poderoso caballero don dinero), y también es cierto que la PERSONA ha de estar preparada para enfrentarse a la vida y a todos sus vaivenes, como no es menos cierto que el ser humano y sus sueños hacen del amor un sentimiento que mira hacia la dirección de las estrellas, el cielo y, en definitiva, sólo los deseos de soñar de la forma más bonita posible.

Pero no podemos olvidar las expectativas de cada individuo que forma la pareja. Es difícil que funcione cuando uno mira solamente al cielo, las estrellas, las puestas de sol y se olvida de que hay una tierra con sus realidades, con sus luces y sombras. Es posible que uno de los dos ame como debe amar y el otro sólo quiera sentirse amado y deje en manos del primero todo el motor que mueve la vida de la pareja, del matrimonio.


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Lo que unos pueden llamar mercantilismo, otros lo pueden llamar realidad de la vida. Realidad a la que nos obliga la sociedad y sin esa parcela cubierta convenientemente es muy difícil, casi imposible poder hacer realidad los sueños; no nos mintamos a nosotros mismos.

No sólo de pan vive el hombre. No sólo el amor es suficiente para el sostenimiento de una pareja que en su devenir ha de afrontar crisis y buenos momentos. ¿Qué sucede cuando una parte de esa pareja no sabe, no quiere o no puede soportar y hacer frente a las crisis? La pareja sucumbe al caos y se separan, incluso aun sintiendo algo el uno por el otro, por no afrontar las situaciones de la realidad y no crear un espacio objetivo para el diálogo sin que se mantenga cada uno en su posición de terquedad.

¿Quién es el sano: el que rompe la relación por no soportar enfrentarse a las crisis o el que quiere intentar buscar puntos intermedios y hablar para negociar?

Reflexionemos sobre estas preguntas porque cada ser, cada individuo, cada miembro de la pareja, tiene su propio y subjetivo concepto del amor, su propia escala de valores, e incluso, sus propia escala de prioridades, y cuando no coinciden en su mayoría...mala cosa. Lo importante es haberse entregado y tener la conciencia tranquila de haber hecho lo que uno sabía hacer y lo que unos llaman neurosis de amor o amor neurótico, a veces no es más que un intentar salvar algo porque le merece la pena que de una u otra manera, parece que está roto. ¿Roto?

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Tal vez en alguna ocasión pueda haber un encuentro objetivo, neutral, reflexivo, desde el mismo amor o afecto, en el que ambas partes puedan encontrarse de forma diferente. Lo cierto es que en este mundo de hoy, que nosotros mismos hemos fabricado, no puede decirse aquello de “contigo pan y cebolla...”
Tampoco pasemos de largo que lo que a algunos profesionales les parece depresión e histeria por carencia de autoestima ante la pérdida de su pareja, a veces puede ser la vivencia de un puro duelo con todas sus fases (rabia, incomprensión, incredulidad, dolor,...)

Como Orientadores y terapeutas familiares, hemos de tener muy claro que no es nada bueno dejarnos llevar por nuestras propias creencias y visiones subjetivas de las cosas o problemas que se nos presenten. No todos sentimos igual y todo puede llegar a ser comprensible, por lo que se hace necesario, y no de forma teórica sino totalmente práctica, emplear la EMPATÍA, arte difícil que nos hará entender al otro y quizás no tomar decisiones tan drásticas. No opines bajo tu criterio y tu vivencia; sal de ti y ponte en su piel para encontrar su dolor y tu percepción de las cosas cambiará. Yo lo he hecho y funciona...¿Y tú?

También es normal que nadie aprenda en cabeza ajena y hemos de asumir que tenemos nuestro corazón particular y nuestras propias perspectivas, que pueden ensombrecer las situaciones introduciendo una visión distinta de un mismo hecho. Aún así creo que todo es cuestión siempre de matices. No el negro y el blanco van a pintar la vida, sino que los matices de grises también llenan las situaciones de la vida que enmarcan nuestros criterios a la hora de "juzgar" una situación. Y aquí llegamos, tal vez a la necesidad positiva de aprender a relativizar; aprender a que no todo es tan malo ni tan bueno, a que los problemas están para algo y que si hemos de saltar al aprendizaje de la vida es mejor hacerlo salvando los problemas que no teniendo ninguno.

Lo que sí es cierto e inamovible es que sin el AMOR  no elevamos a sabiduría lo vital; sin amor no se facilita el camino a ser Persona, Pareja o Padres; sin el amor no obtenemos la Acción Máxima para Organizar el Reconocimiento, tanto interno como del exterior. En pocas palabras, el amor es el gran facilitador que ayuda a emprender acciones encaminadas a abordar la solución de cualquier tipo de problema.

Pero se necesita trabajo, energía, voluntad, para que germine y no vale sólo aquello de "contigo pan y cebolla..."

Reflexionad y sacad vuestras propias conclusiones. Es un buen ejercicio.

Juan José López Nicolás

martes, 26 de junio de 2012

Pistas para un mejor abordaje y análisis de los problemas.

Soy consciente de que no hay fórmulas mágicas para la solución de los problemas que se nos presentan en la vida, porque hay tantas formas de abordajes como personas y capacidades existen, pero, no obstante, la actitud adecuada para hacerles frente va a marcar grandes diferencias entre una forma negativa, que nos hace morir en vida porque nos introduce en una gran crisis emocional, y la otra forma positiva, la inteligente emocionalmente, que nos introduce en un estado de verdadera actitud de gestión de estos problemas.

La forma desde la que decida enfrentarme a esas situaciones es la que va a marcar qué camino será el que con más facilidad se va a presentar. Quiero decir con esto que si mi actitud es de profunda tristeza (que tengo derecho total a expresarla y pobre del que no encuentre el espacio y las personas para hacerlo) pero me recreo en ella hasta que me incapacita para reaccionar, me veré abocado en una agonía constante y me introduzco en una espiral en la que tengo difícil salida, además de que cualquier problema lo magnificaré, provocando asimismo una reacción de incapacidad que me hará pensar y verbalizar desde mi interior aquello de “no puedo”…”no sé…” , “la pena me lleva en brazos…”, “no aguanto más…”, etc., etc.
Dentro del proyecto de autoayuda y superación personal y su página web, referenciada al final del post, así como por nuestro interés constante de dar elementos válidos para la reflexión, comparto con vosotros estos datos que a continuación os dejo referente a una de las visiones para poder abordar de una manera adecuada la aparición de problemas en nuestro devenir vital y válido, según mi opinión, para cualquier ciclo evolutivo en el que nos encontremos.
Sé que las opiniones sobre la validez e idoneidad de estos sistemas pueden ser variadísimas, pero de eso se trata: de poder activarnos en la búsqueda de recursos que nos valgan a nosotros mismos en la consecución de nuestros objetivos deseados para vivir de una manera más tranquila, pacífica y eficaz, con nuestro yo interno y con lo que nos relacionamos. El tema está servido.

1. PRIMERA FASE: Definir claramente el problema.

2. SEGUNDA FASE: Búsqueda de opciones.

3. TERCERA FASE: Valorar las opciones y decidir.

4. CUARTA FASE: Aplicar la decisión y revisar los resultados.

 PRIMERA FASE: Definir claramente el problema.

 Para poder solucionar un problema primero hemos de saberlo definir de una forma clara y comprensible para todo el mundo. Cuanto mejor seas capaz de expresar y explicar lo que te ocurre, más acotado y comprendido podrás tener tu problema.
Las siguientes preguntas te ayudarán a este propósito de definir con claridad tu problema:
¿En qué consiste mi problema?
¿Quién tiene el problema? ¿yo sólo o le afecta a más gente?
¿Cuándo comenzó?
¿Cómo se manifiesta en mi vida?
¿De qué manera me afecta?
¿Cuánto me afecta?
¿Qué causas parece que tienen que ocurrir para que se desencadene?
¿A qué áreas de mi vida afecta?

Veamos un ejemplo:
 Marta es una chica que hace estudios universitarios de farmacia, pero desde hace algún tiempo se cuestiona si es realmente la carrera universitaria adecuada para su vocación y capacidades. Veamos cómo puede definirse operativamente su problema al responder a las preguntas de arriba:

 - ¿En qué consiste mi problema?
 - No saber claramente cuál es mi vocación.
 - ¿Quién tiene el problema? ¿yo sólo o le afecta a más gente?
 - Pues yo, pero mis padres también están preocupados por este problema.
 - ¿Cuándo comenzó?
 - En el segundo curso de estudios y coincidiendo con varios suspensos en los exámenes finales.
 - ¿Cómo se manifiesta en mi vida?
 - Tengo serias dificultades a la hora de ponerme a estudiar, me desconcentro y no paro de pensar en cambiar de estudios.
 - ¿De qué manera me afecta?
 - Estoy desanimada, desilusionada y tengo momentos de estar triste y ansiosa.
 - ¿Qué causas parece que tienen que ocurrir para que se desencadene?
 - Cuando estoy en época de exámenes me siento peor, también cuando estoy con gente a la que le va bien en los estudios y tienen claro lo que quieren.
 - ¿A qué áreas de mi vida afecta?
 - Además de a mi rendimiento en los estudios, a las relaciones con la gente, ya que me encuentro desanimada y me apetece menos el relacionarme.

 A partir de esta información podemos definir el problema de Marta de la siguiente manera:
"Tengo que decidir que hago con mis estudios universitarios. El estado actual es que la duda me genera desánimo, desconcentración y pierdo rendimiento en los estudios con lo que me siento más incapaz de continuar y esto además afecta a mis relaciones con los demás"
Como vemos la definición del problema debe exponer de la manera más exacta todos los componentes implicados en el problema. Si se reduce como suele ocurrir con frecuencia a dos opciones (en el caso de Marta, sigo o dejo de estudiar), se restringen las posibles soluciones y se toma una perspectiva demasiado extremista del problema que fuerza una solución entre "blanco o negro".

SEGUNDA FASE: Búsqueda de opciones.
En esta fase deberás hacer un listado exhaustivo de todas las ideas y posibilidades que se te ocurran para solucionar el problema. No elimines ninguna posibilidad de antemano ya tendrás tiempo en la siguiente fase de ir descartando todas aquellas que no te resulten viables.
Lo que si debes tener muy en cuenta a la hora de generar tus ideas es que éstas sean concretas y viables, y no abstractas y poco realizables. Por ejemplo, en el caso de Marta no es correcto poner como opción el "reflexionaré sobre ello", o "me iré a estudiar otra carrera a Inglaterra", la primera por abstracta y la segunda por inviable.

Para localizar nuevas alternativas estos consejos te pueden ser de ayuda:
1. IMAGINA como resolvería este problema una persona que tenga aquellas cualidades que a ti te gustan. También te lo puedes imaginar de ti mismo (¡la imaginación es libre y no tiene limites!) resolviendo ese dilema de manera satisfactoria. Para estos fines puedes ayudarte de las técnicas de imaginación descritas en la página de Aprende a Relajarte.
2. RECUERDA aquellas veces que has solucionado problemas parecidos de manera satisfactoria y aplica la fórmula empleada a esta situación.
3. COMBINA ideas de las alternativas que se te ocurran actualmente o del pasado.

Veamos en el ejemplo de Marta las alternativas que se le ocurren:
1. Esperar que termine el actual curso para dejar esta carrera y mientras tanto ir examinando nuevas posibilidades de estudio o trabajo.
2. Darme un periodo de tiempo hasta final del presente curso para esforzarme en mejorar.
3. Pedir asesoramiento a otras personas: psicólogo, profesores, familiares y compañeros.
4. Tomarme un tiempo de descanso antes de tomar una decisión.
5. Seguir en los estudios tal y como voy y simplemente continuar hasta donde llegue.
6. Opciones 2 + 3. Darme un periodo de tiempo hasta final de curso donde intento mejorar con ayuda profesional psicológica y asesoramiento de los profesores.

Cuantas más alternativas se generen más posibilidades se abren y más capacidad de acierto en la elección, ya que se tienen en cuentan todos los puntos medios que hay entre dos opciones extremas.

TERCERA FASE: Valorar las opciones y decidir.
Ahora deberás examinar cuidadosamente cada una de las alternativas generadas para poder decidir cuál es la que más te conviene. Para este fin deberás ir analizando una a una cada opción y evaluando los pros y contras que cada opción tiene. Todo esto lo deberás hacer por escrito para que tus ideas las puedas ordenar correctamente.
Veamos en el ejemplo de Marta su valoración de ventajas y desventajas de una de sus alternativas:
Alternativa 1: Esperar que termine el actual curso para dejar esta carrera y mientras tanto ir examinando nuevas posibilidades de estudio o trabajo.

VENTAJAS / DESVENTAJAS
1. No tengo que dejar ahora mismo el curso
2. Sigo con mi actividad normal de estudiante sin tener que quedarme sin hacer nada.
3. Aflojo el ritmo de estudio y me puedo sentir menos estresada.
4. Tengo más tiempo para hacer otras cosas.
5. Puedo investigar con tranquilidad nuevas opciones para mi futuro.
6. No me siento culpable de haber tomada una decisión equivocada hasta que lo tenga que hacer cuando termine el curso.
1. Es posible que al final ni estudie ni busque nuevas posibilidades.
2. El problema no se resuelve sino que queda pospuesto a fin de curso.
3. Es posible que me ponga más estresada si veo que asisto a clase pero mi rendimiento sea inferior.
4. Voy a tener la impresión que todos van hacia adelante en los estudios y yo voy para atrás.

Con este trabajo de analizar y escribir las ventajas y desventajas de cada alternativa, en la mayoría de los casos, te podrás clarificar bastante, pero si aún así no lo tienes claro puedes pasar a valorar numéricamente de 0 a 10 cada una de las ventajas y desventajas.

Veamos en el ejemplo anterior que valoración hace Marta de las ventajas y las desventajas:
Alternativa 1: Esperar que termine el actual curso para dejar esta carrera y mientras tanto ir examinando nuevas posibilidades de estudio o trabajo.

VENTAJAS DESVENTAJAS
1. No tengo que dejar ahora mismo el curso. 3
2. Sigo con mi actividad normal de estudiante sin tener que quedarme sin hacer nada. 3
3. Aflojo el ritmo de estudio y me puedo sentir menos estresada. 4
4. Tengo más tiempo para hacer otras cosas. 4
5. Puedo investigar con tranquilidad nuevas opciones para mi futuro. 7
6. No me siento culpable de haber tomada una decisión equivocada hasta que lo tenga que hacer cuando termine el curso. 2
1. Es posible que al final ni estudie ni busque nuevas posibilidades. 8
2. El problema no se resuelve sino que queda pospuesto a fin de curso. 9
3. Es posible que me ponga más estresada si veo que asisto a clase pero mi rendimiento sea inferior. 8
4. Voy a tener la impresión que todos van hacia adelante en los estudios y yo voy para atrás. 7

VALORACIÓN TOTAL DE LAS VENTAJAS = 23 VALORACIÓN DE LAS DESVENTAJAS = 32
PUNTUACIÓN TOTAL = 23 - 32 = -9

Como podrás comprobar en el ejemplo, Marta valoró mucho más a las desventajas, que a pesar de ser menos en número, su valoración era 9 puntos superior a la de las ventajas, por lo que quedaba claro que no era una alternativa positiva.

Cuando hagas estas valoraciones con todas las alternativas llegarás a un resultado final donde habrá una alternativa que tendrá mayor puntuación positiva o en su defecto, menor puntuación negativa. Esta es la alternativa que deberás elegir.

En el ejemplo de Marta, la alternativa con valoración numérica más positiva es la alternativa 6 (darme un periodo de tiempo hasta final de curso donde intento mejorar con ayuda profesional psicológica y asesoramiento de los profesores).

CUARTA FASE: Aplicar la solución y revisar los resultados.
Una vez tomada la decisión tenemos que hacerla práctica y operativa. Esto quiere decir que el simplemente tener claro cuál es la alternativa más adecuada no es suficiente, ya que una buena intención, un buen proyecto, con facilidad se queda malogrado en la medida que la persona no sabe ponerlo en práctica.
Para ponerla en práctica deberás hacer un plan por escrito donde anotes qué tienes que hacer, cómo lo vas a hacer, a quién te tienes que dirigir o quién te puede ayudar, cuándo lo vas a comenzar y cuánto te va a costar (en dinero o en esfuerzo). En definitiva, establecer un guión minucioso para llevar a cabo. Para este fin te pueden ser muy útiles las técnicas descritas en Afronta los Problemas y Desarrolla tu Asertividad.

Una vez puesta en práctica la decisión tomada habrás de revisar los resultados esperando un cierto tiempo dependiendo de las características más inmediatas o más distanciadas en el tiempo del problema. Si los resultados van siendo satisfactorios, alégrate y disfruta con ellos, has conseguido escoger un camino positivo ante el problema, si por el contrario los resultados no son satisfactorios habrás de revisar todo el esquema que has seguido hasta ahora pero en sentido inverso haciendo las siguientes preguntas para definir mejor donde has tenido el problema:

FASE PREGUNTAS
Fase 4: Aplicar la decisión • ¿Está bien aplicada la elección?
• ¿He hecho un buen plan de puesta en práctica?
• ¿Se han dado circunstancias ajenas que han dificultado la aplicación de la decisión?
Fase 3: Valorar las opciones y decidir. • ¿He tenido en cuenta todas las ventajas e inconvenientes?
• ¿He valorado de manera poco realista las opciones?
Fase 2: Búsqueda de opciones. • ¿He seleccionado todas las alternativas posibles?
• ¿He combinado mal algunas alternativas?
• ¿Debería haber combinado alternativas y no lo he hecho?
Fase 1: Definir claramente el problema. • ¿Hice una definición del problema diferente al problema real?
• ¿Realmente es un problema?
• ¿Quiero resolver de verdad este problema?
• ¿De alguna manera me gusta o interesa seguir teniendo este problema en mi vida?

Lo más importante en toda esta estrategia de solución de problemas es que aprendas este método, ya que no siempre se pueden solucionar los problemas que la vida nos trae, pero si podemos hacer que las consecuencias negativas de un problema sean menores, o que las consecuencias positivas de una buena elección sean más satisfactorias.

Utiliza este procedimiento todas las veces que te encuentres con la necesidad de tomar decisiones ya que con la práctica asidua podrás comprobar como cada vez te resulta más fácil y sencillo escoger el camino de menor riesgo en las situaciones de conflicto.

Datos extraídos de

martes, 19 de junio de 2012

Aún tiene razón de ser La Pareja

Hoy en día parece que establecerse en una relación de pareja con proyección de futuro o durante mucho tiempo se ha convertido poco menos que en una misión imposible, y este hecho hace que muchos decidan, tomen la opción de la “multipareja” o la de ser un “esclavo sin esperanza” (por permanecer en un estado o en un sitio donde realmente no quiere ni desea estar)

Parece que, como todo lo demás en este mundo, las relaciones de pareja también se han tornado inestables, superficiales, breves, sólo para satisfacer necesidades inmediatas que no resisten el paso del tiempo.

La Dra. Spagnuolo Lobb, introduce en uno de sus trabajos esta temática y escribe:

“¿Es difícil enamorarse o es difícil permanecer en pareja?

El enamoramiento es ciego, se sabe, pero, más que ciego, diría que se centra en las necesidades del enamorado, antes que en las necesidades del otro. Nos enamoramos de quien nos parece pertenecer a una especie de tierra prometida, de quien habla una lengua que siempre habríamos querido escuchar para con nosotros. Por fin, una persona que comprende nuestras intenciones, que puede darnos el reconocimiento humano que siempre hemos deseado de las personas amadas, un buen espejo que finalmente nos hace sentir vistos. Y mágicamente, esta simple sensación nos permite respirar mejor, nos hace sentir más ligeros, nos hace sentir más buenos y más dispuestos ante los otros, más confiados en la posibilidad de que la humanidad pueda acogernos finalmente en el lugar que merecemos.

Es esta maravillosa apertura humana nacida del sentimiento de ser comprendidos, captados profundamente por el otro, lo que nos lleva a decir frases como: "No podría vivir sin ti", "Lo haría todo por ti", "Tú eres mi vida". El amor que acompaña al enamoramiento tiene un único defecto: es extremadamente dependiente del otro. Se está ligado al otro porque sólo él nos hace sentir así de reconocidos. Pero ¿quién es el otro? No siempre se tiene una visión detallada, sea porque se está "cegado" por la belleza de lo que experimentamos, sea porque si realmente nos fijáramos en algunos detalles (que en realidad vemos aunque no podamos "profundizar" en ellos) el sentido del maravilloso reparto del paraíso se desvanecería. Sin embargo, en ese momento de nuestra vida todo nuestro organismo está centrado en la conquista de una "tierra prometida", y poner en tela de juicio al otro, a quien tanto hemos buscado, no sería lo justo.

¿Y qué siente el otro? El otro puede estar también enamorado, puede sentir la música que deseaba sentir en las palabras de la persona amada (obviamente una música totalmente diferente de la que siente ésta), o bien puede estar menos enamorado, y estar con la pareja sobre bases más modestas pero también más "objetivas".

El enamoramiento es importante para la pareja, sin esto nadie tendría el coraje de abrirse íntimamente y permanecer ligado a lo largo del tiempo a otra persona. El enamoramiento es una especie de milagro de la naturaleza, como el abrirse de una flor, en el que todo el organismo está implicado en el rescate terapéutico de sí, ante la posibilidad de amar desde lo profundo del propio ser con la espontaneidad que la incomprensión de la vida nos ha quitado.

Hoy en día, este sentimiento de profunda revolución interior, de apertura a la posibilidad de ser comprendido por el otro, no ocurre "normalmente" como debiera. ¿Qué impide a las nuevas generaciones caer en el amor (como se dice en inglés, to fall in love)? Para caer tiene que haber una cierta seguridad de poderse levantar, o más aún, uno tiene que poder sentirse a sí mismo y aceptarse teniendo la necesidad de ser visto por el otro. Me parece que falta esto en las nuevas generaciones: la capacidad de sentirse a sí mismo. Incluso después es difícil enamorarse, iniciar una historia "sincera".

Otras veces, durante el recorrido que atraviesa la pareja, se pierde la espontaneidad, aunque manteniendo al mismo tiempo una adaptación recíproca. Sentimientos como la vergüenza, la rabia, el amor, el sentido de pertenencia se convierten en la dolorosa normalidad cotidiana.

Sucede, por ejemplo, que aquello que normalmente empieza como deseo de cuidar al otro, o de relajarse en la intimidad, termina en una lucha sobre quién decide, o en la desesperación de no ser capaz de contactar y de ser contactado por el otro.

Los integrantes de la pareja interactúan moviéndose entre dos factores: el deseo de contactar con el otro y el miedo de no ser comprendido en este deseo que, como toda búsqueda de reconocimiento, nos deja expuestos a la humillación de ser valorados negativamente, como inadecuados para la otra persona.

Lo más doloroso no es tanto el hecho de no ser comprendido por el otro en el contenido de la propia experiencia, como el no ser visto en el deseo y en la tentativa de alcanzarlo.

El deseo de intimidad que sostiene y motiva la vida de pareja es parecido al deseo de sentirse en casa, como el relax que disfruta el bebé cogido en los brazos de la madre, como la experiencia de reconocimiento que el caminante tiene en el cuerpo y en el alma cuando finalmente vuelve a su casa. El otro es deseado como un cuerpo que acoge, una casa en la que protegerse de la intemperie, el mundo en el que es posible hablar la propia lengua. El modo en el que este deseo se expresa en la pareja está imbuido del miedo de que el otro no esté donde querríamos encontrarlo, que esté en otro lugar.

Así, la experiencia del otro, más allá del momento del enamoramiento, que por definición es ciego, se siente también como el riesgo de que el deseo de intimidad sea frustrado, como el riesgo de que se repita el fallo experimentado en las relaciones significativas: el otro tiene también la experiencia del extraño que no comprende, del abrazo inseguro que mantiene nuestro cuerpo alerta, de casa ruidosa en la que no es posible reposar. Cada miedo y cada riesgo crean la vibración particular que caracteriza la tensión en torno al otro en la pareja. Cada interacción significativa de una pareja, como también toda su vida, es una historia (auguramos) con final feliz que repara el recorrido de nuestras relaciones significativas, una historia en la que experimentamos nuestra capacidad renovada y crecida de contactar con el otro con plena conciencia, viéndolo realmente más allá del temido rechazo y pudiendo llevar a término el deseo de alcanzarlo.

Sentirse descubierto ante el otro es un sentimiento delicado: a menudo se llena de los dolores pasados, percibidos como evidencia de una intención negativa del otro. El otro es malvado (experiencia paranoide), o quiere embrollarte (experiencia borderline), o es demasiado pequeño, necesitado de nuestra ayuda e incapaz de contenerse (experiencia narcisista): son sentimientos que llenan el vacío en el que nos lanzamos cuando reabrimos la posibilidad de comprometernos en un contacto importante, significativo, en el que hemos puesto la potencialidad de construir una intimidad. Es simplemente más seguro permanecer sobre terreno conocido. Incluso (re)conociendo las motivaciones del otro como típicas de una manera suya de reaccionar y no ligadas a la falta de comprensión o desinterés en nuestros límites, a veces no conseguimos dar el nuevo paso; por ejemplo, no pedimos disculpas después de haber comprendido que hemos ofendido al otro, no sonreímos aun sabiendo que esa sonrisa sería la solución de una disputa. En fin, nos arrojamos obstinadamente en los viejos esquemas por el simple miedo de cambiar.

La psicoterapia de pareja, la Orientación Familiar, puede ayudar mucho a mejorar el estar en pareja. La solución no está en el sacrificio de los deseos individuales en favor de las reglas del vivir social en familia, sino en el reapropiarse de la espontaneidad del vivir con el otro.

En la escuela de especialización en psicoterapia enseñamos a médicos y psicólogos, no a hacer que las parejas no se peleen, sino a hacerlas capaces de sentirse vivas, creativas en su relación, de "jugar". Esto puede implicar momentos de conflicto, ya que atravesar el dolor de las heridas provocadas por el comportamiento del otro puede implicar atravesar la humillación de no sentirse acogido por él, pero ciertamente presupone el objetivo de llegar a la intimidad, el coraje de expresarse a sí mismo y no aplacar el conflicto antes de tiempo. La psicoterapia no tiene nada que ver con dar o quitar la razón a uno o a otro, debe sobre todo mejorar la forma que tienen de funcionar como unidad, el modo en el que gestionan su intimidad relacional, la capacidad de darse apoyo recíproco y encontrar en el otro un lugar "fiable". El modelo que he desarrollado dentro de la psicoterapia de la Gestalt, publicado en un libro americano editado por el profesor Robert Lee, de Boston, y recientemente en la prestigiosa revista italiana Terapia Familiar, afronta los problemas de pareja centrándose en los aspectos positivos de la interacción entre ellos. Que la pareja experimente, incluso en el momento de coraje en el que pide ayuda, que ha hecho espontáneamente alguna cosa para funcionar bien, es un gran apoyo que predispone a los miembros de la pareja a la escucha de la intencionalidad positiva del otro, más allá de los miedos percibidos en la falta de acogida de él/ella. La "queja" del otro, que primero era recibida como una acusación, ahora es entendida como un deseo de contacto, de ser acogido y de ser considerado capaz de acoger al otro.

El otro no está a nuestro lado para curar nuestras antiguas heridas, sino para crear una nueva relación. Aceptar lo que hay de nuevo e inesperado en el otro consiste en renunciar a curar las propias heridas antiguas y, paradójicamente, consiste en verlas de otra forma. Si renunciamos a ver al otro como la persona ideal, capaz de curar nuestras antiguas heridas, podremos ver lo que él o ella hace ya por la relación. Este revolucionario cambio en la percepción del otro hace posible permanecer en pareja sin renunciar a la propia espontaneidad y gozar de las ventajas de no estar solos."

Texto basado en “Estar en la frontera de contacto con el otro: el reto de toda pareja”, publicado en la revista Terapia Familiare nº86, 2008, pp. 55-73

viernes, 8 de junio de 2012

¿Comunicación o actitud?...Recaída en conflictos

En las sesiones de Orientación familiar con parejas es muy difícil que uno de los caballos de batalla que contribuyen al fomento de los problemas no sea el de la comunicación, o más bien, la carencia de una comunicación eficaz y eficiente. Pero me he dado cuenta de que a pesar de trabajar sobre esta deficiente comunicación y parecer que las situaciones mejoran cuando se ponen en práctica las pautas para converger en acuerdos y negociaciones, al pasar un tiempo, las recaídas en los problemas se dan con frecuencia.

A esto contribuye el que cuando una pareja acude a terapia a veces es demasiado tarde porque hay un sustrato muy importante de resentimiento y son precisamente esas recaídas las que hacen pensar que la terapia “no funciona”.

A veces nos equivocamos. Todos: pacientes y orientadores nos centramos en problemas que tal vez se solucionaran con una forma distinta de “ataque terapéutico” enfocado a averiguar si realmente la pareja, cada uno de ellos, se han marcado para la solución unos intereses comunes unidos a una actitud parecida en los objetivos, fines y caminos a seguir.

Una actitud que nos lleva a la ira y a la frustración no puede sacarnos del camino disruptivo relacional por mucho que se hable de estabilizar y pautar las normas de una buena comunicación. Es algo tan sencillo como aquello de que hace más quien quiere que quien puede.

¿Qué nos impide hacer lo que sabemos que hemos de hacer? ¿Por qué nos centramos en el inmovilismo y la queja cuando hemos adquirido los recursos terapéuticos?

Parece que todo sigue igual y así es, pero sólo porque nuestra actitud no ha ido cambiando a lo largo de las sesiones. El objetivo que se debe marcar no es otro que el de tratar de construir nuevas condiciones para “juntar” a la pareja a través de ese cambio de actitud. De nada sirve seguir por el mismo camino sin cambio posible porque cuanto más sepa de mí, de mis carencias, de mis potencialidades, si no las utilizo cuando conviene, más soy consciente de que esto sigue sin funcionar.

Lo más complicado siempre será el cambio personal y dejar de culpar a la otra persona, pero precisamente ese cambio no se da porque nuestra actitud real no es de cambiar, sino de esperar a ver lo que el otro me estimula para que yo inicie mi cambio…Y sé qué tengo que hacer, pero…

Hay una sensación remota, incontrolada, inconsciente, pesada y tan interna que no se logra con frecuencia pasar al consciente para que nos mueva, y nos cohíbe caminar hacia ese cambio personal e intransferible antedicho, porque no hemos tenido claro que realmente cambiar significa alterar los aspectos de nuestro pensamiento y comportamiento que no están trabajando para nosotros o no contribuyen a que nuestra vida sea satisfactoria. Precisamente si la persona se resiste a participar en ese cambio de actitud real de forma activa, esas nuevas situaciones que se desean como beneficiosas, pero que tenemos que crearlas nosotros, se demorarán en surgir y surtir efecto.

La Dra. Alejandra Godoy Haeberle, en un articulo, comenta: "Se benefician más de una psicoterapia aquellas personas predispuestas a buscar apoyo y a resolver problemas; las que toleran mejor la frustración y la confrontación; aquellas cuyas expectativas son racionales; las que poseen habilidades sociales y una “mentalidad psicológica”, es decir, son introspectivos, reflexivos, capaces de identificar los problemas, de percibir lo nuevo y de comprenderse a si mismo; los que atribuyen el cambio a sus propios recursos y no creen que sus dificultades se deban a factores externos (locus de control interno).

El pronóstico será mejor si el paciente acepta la racionalidad del tratamiento y adhiere al mismo, si su motivación es alta, si realiza acciones tendientes a superar el problema, si se implica emocional y conductualmente, aun durante las crisis terapéuticas; si confía en el terapeuta como persona y como profesional competente y con experiencia; si las expectativas de mejoría son altas, si se siente capaz de cambiar, si no es resistente y si existe apoyo social (si tienen con quien conversar sus problemas).

El pronóstico será peor a mayor severidad de síntomas y conflictos, si hay comorbilidad (coexisten más de un trastorno), si el trastorno tiene más de 2 años de duración; si el paciente rechaza las demandas interpersonales del tratamiento, si presenta dificultades en sus relaciones sociales y/o familiares. Particularmente resistentes al cambio son los trastornos de personalidad, generalmente egosintónicos (“soy así”). En tanto que trastornos como los adictivos, alimenticios, depresivos crónicos y de personalidad, son los más susceptibles de recaídas.”

Al final, lo interesante, lo inteligente es unir en nuestro significado estas dos palabras: ACTITUD+COMUNICACIÓN. Así obtenemos la “actitud de comunicación” y si seguimos metiéndonos en saber para poder desarrollar habilidades conscientes (recursos) ante los problemas, llegamos al contenido adecuado de estas dos palabras unidas: Actitud de buscar, pensar, crear, construir, transmitir, ofrecer soluciones, resultados y alternativas a través de la comunicación (diálogos internos y con los demás.)

Juan José López Nicolás

lunes, 4 de junio de 2012

Tormento no asertivo de un sufrimiento.

Todos atendemos a razones emocionales que eliminan nuestra propia fuerza de la razón por no querer hacer daño a alguien a quien queremos, o tenemos afecto, o simplemente nos cae bien. Caemos en la quietud de acción sacrificando nuestro bienestar por el de esa otra persona que nos ensombrece, pero lo queremos, nos adultera el alma, pero le queremos, nos enlentece las ganas de vivir y nos quita el aire, pero no nos permitimos hacerle daño, porque va a sufrir.

Va a sufrir porque necesito decirle que no estoy bien así y necesito espacio, sentirme sola conmigo misma y con mi vida. Necesito equivocarme y aprender de estas lecciones vitales que son los fallos que cometo, he cometido y cometeré. Va a sufrir porque necesito sentirme libre y no con esta dependencia que me adormece el alma por saborear la sensación de que no puedo ser en mí misma. ¡Sé que va a sufrir!, pero yo no me expreso…, sufro yo porque no sufra él…Pero no tengo valor para verlo destrozado…porque va a sufrir, ya que detecto una dependencia emocional tan grande (yo también la tengo) que hasta me ha dicho alguna vez, “ámame…, quiero que me quieras.”, ¡como si el amor se tuviera que pedir u obligar a dar!

Con estos sentimientos que tengo sé que me inmovilizo y no pienso para nada en mí, ¿qué hacer, Dios mío?
No puedo dejar de sentirme sin sentir que soy algo más que una mera acompañante para satisfacer las necesidades emocionales y afectivas de alguien que no deja de ser, al mismo tiempo, víctima y verdugo; no deja de ser el protagonista de un juego que se enmaraña con las definiciones de la vida para participar con plena conciencia, pero jugando sólo, sin nadie, a veces, sin red…

Sé que se frustra y aquí estoy yo, sé que se enfada, y aquí estoy yo, sé que piensa en ser feliz y aquí estoy yo para darle sus más altos beneficios que enmarquen su vida en la felicidad que no sabe crearse por él mismo. Pero al final me necesita para poder ser, negando la verdadera realidad porque nada ni nadie puede ser en otro sin ser primero en uno mismo.

Hoy he consultado con alguien y me ha descubierto una nueva identidad propia enlucida en unas palabras que al principio no he entendido: Asertividad y plena conciencia de mí misma.

La verdad es que doy gracias por haber sido consciente de mi propio dolor que ha hecho que me mueva para poder cambiar, no sin un gran trabajo interior, todo lo que alrededor no me gusta, todo lo que ensombrece mi vida porque, y me lo han repetido hasta la saciedad, yo soy la artífice, la protagonista de mi propia vida, y que aún estando llena de responsabilidades que se aceptan integradas, no puedo decir sí a aquello que anule mi propia voluntad de ser, sentir y vivir. No puedo negociar mis derechos inalienables, pese a quien pese; pero esto hay que aprenderlo, hay que interiorizarlo hasta un nivel profundo, formando parte de la intimidad de tu propia piel.

Si pienso detenidamente podré lograr ver y percibir que las experiencias emocionales nos ayudan muy a menudo a dotar de sentido y a dirigir nuestra vida, porque sin ellas, seguramente, nuestra existencia consistiría en algo así como ver la vida pasar desde la indiferencia y la pasividad. Y me he dado cuenta que no puedo negarme a las emociones, no puedo ponerme una coraza y negarlas, ya que a veces pienso que las emociones no se eligen, simplemente se sienten, pero si aprendo a hacerlo de la forma adecuada, con conciencia, con inteligencia…,con ayuda, lograré que lo que alguna vez me aturde al negarme, al ofrecer resistencia a experimentarlas, no suceda y me dé la oportunidad para no acabar añadiendo aún más estrés a la situación.

¡He decidido empezar un cambio en mi vida! porque en estas sesiones de Orientación he aprendido que es muy común que las personas que se sienten incomprendidas, ignoradas y manipuladas acumulan tal frustración que llegan a unas consecuencias negativas a corto y largo plazo, además de generar una baja autoestima, siendo habitual que acaben “estallando” en un desajuste emocional importante. Y yo no quiero esto…, no quiero más de lo mismo.

¡Menos mal que he llegado a tiempo para ordenar mi vida!


Juan José López Nicolás

miércoles, 30 de mayo de 2012

Yo pienso…o la realidad subjetiva de la vida.

¿Hasta qué punto podemos nosotros mismos ser los artífices de la percepción de nuestra propia realidad?

Está claro que a veces nos viene la sensación de que nuestro camino se va conformando, va tomando forma y entidad en base a una más que complicada mezcla de circunstancias del entorno, decisiones propias y una serie de sucesos que “aparentemente se nos escapan”, son casuales, pero que hacen que encaje todo, más o menos, para dibujar nuestro mapa de vida. Es curioso y sorprendente, pero parece que todo termina encajando. Pero lo que realmente impone nuestro estilo de vida, ese camino que alineó un ladrillo, varios ladrillos, un escalón con otro, para que yo vaya pisando y pasando de uno a otro, lo que en realidad va determinando nuestra existencia, la de cada cual, y el modo de vivirla, son las pequeñas (y a veces no tan pequeñas) decisiones que tomamos sobre cómo pensar y cómo actuar.

Pueden parecer un poco enrevesadas estas primeras líneas que están comenzando a tomar forma ante vosotros, pero la reflexión pausada ante los problemas conceptúan nuevas formas de situarse ante lo que acontece tras un episodio que nos sacó de quicio, nos trastocó y nos hizo, por qué no, hasta “morir un poco”. La consciencia aparece entonces intentando pausar el estado de ánimo negativo creado, suscitando pensamientos con la necesaria distancia para que la perspectiva cambie y el resultado sea otro pensamiento distinto que “ponga luz” en nuestra mente, queriendo asumir la propia responsabilidad de cambiar nuestra actitud hacia algo, hacia alguien o hacia nuestra relación de pareja, para obtener el objetivo de tener que concentrarnos primero en cambiar nuestros pensamientos o valoraciones hacia esa situación o persona, ya que estos son los responsables de dar el brote inicial a partir del cual nace y se desarrollan todo el resto de cosas.

Una vez que conseguimos cambiar nuestros pensamientos, primer objetivo, para que desde dentro no se remueva esa tormenta de arena que nos forzamos en contener por fingir aceptar situaciones que realmente están en “trámite de aceptación” (y aún no dominamos), repito, una vez conseguido cambiar los pensamientos (irracionales ante sucesos ancestrales), es preciso materializar esa transformación modificando nuestras acciones, pero, como dice una compañera mía, “desde las vísceras…desde la realidad de tu interior,…sin fingir.” Este paso es importantísimo porque pone de manifiesto y potencia el cambio anterior para ir modificando lentamente nuestra actitud hacia las circunstancias, haciendo que las recibamos mejor y actuemos ante ellas de forma más tranquila y eficaz. En el momento en que logramos que esta consciencia y aceptación entren en nuestra vida, nos sorprenderemos al contemplar como la fortaleza y la capacidad de superación las acompañan cogidas de la mano, ya que no existe nadie más fuerte que el que conoce bien su debilidad y ha hecho las paces con ella.

Aún así sé que se puede fallar (errare Humanum est.), y no pasa nada, pero desde ese interior interno (permítanme la licencia de enfatizarlo así) y consciente, hemos de saber que el secreto es la perseverancia, la fe, la constancia, ya que sin ellas la transformación sería efímera y carente de sentido. No podemos olvidar que no somos perfectos, como apunté con ese latinajo de antes, y ante esos traspiés que seguramente alguien no perdone (puede suceder), no debemos desesperarnos ni sentirnos autodefraudados, sino más bien ser conscientes del hecho y estar atentos para detectar cuándo y por qué suceden,...”aceptar su existencia y seguir adelante con el mismo empeño y ganas de mejorar que habíamos conseguido al analizarnos nosotros y nuestra vida.”

V. Narváez, psicóloga clínica, comenta respecto a lo que trato de comunicaros en este artículo que:"… es igualmente importante entender que las maneras de funcionar que tenemos incorporadas a nuestro repertorio y que nos generan sufrimiento se gestaron siguiendo el mismo proceso: la semilla inicial fueron los pensamientos, que nos hicieron reaccionar de una determinada manera que, al repetirse, se afianzó en nuestras vidas en forma de un hábito o costumbre que ha pasado a influirnos en nuestro presente y nuestro futuro. Tener claro este mecanismo es crucial para comprender que para romper estas cadenas de acontecimientos es necesario sustituirlas, poco a poco, por otras más saludables.
Es altamente recomendable y eficaz poner consciencia a nuestros pensamientos porque son ellos los que llenan de creencias y formas lo que nuestra vista subjetiva opina de los acontecimientos a los que nos enfrentamos en la vida. Esta toma de consciencia de nuestra vivencia emocional tiene sin duda numerosas ventajas, ya que nos permite dotar de significado a nuestros sentimientos relacionándolos con nuestras circunstancias y vivencias, posibilitando así la compresión e incluso la modificación de nuestro mundo interior. Y es por todo esto por lo que creo razonable aquella sentencia que rezaba:

“Siembra un pensamiento y cosecharás una acción.
Siembra una acción y cosecharás un hábito.
Siembra un hábito y cosecharás un carácter.
Siembra un carácter y cosecharás un destino.”

o aquella otra…

“Pido perdón a los que ofendí por no dejar que conocieran al que realmente soy.
Pido perdón a los que enfadé por dejarles ver lo que quiero cambiar de mí.”

Darnos permiso a nosotros mismos para experimentar lo que nos toque nos hará más tolerantes a la hora de comprender los sentimientos de los demás, ayudándonos así a respetar el espacio que todos necesitamos para experimentar libremente nuestros pensamientos y los sentimientos y emociones a los que nos lleven. Aún así el objetivo es controlar, dominar, cambiar y sustituir pensamientos ineficaces, irracionales, por otros que me hagan vivir la vida de forma eficiente y eficaz.


Juan José López Nicolás
Basado en datos de
V. Narváez Peralta

lunes, 28 de mayo de 2012

El amor, el individuo y la pareja.

Hemos tenido recientemente una consulta con una pareja que nos preguntaba por qué si se querían tanto estaban teniendo una serie de problemas complicados en su relación. Llevaban 7 años casados, dos hijos y no sabían qué estaba pasando para que los conflictos hubieran anidado en ellos.

A raíz de esta consulta y viendo que el problema latente era el tipo de vida que habían llevado hasta ahora juntos, (pero bastante dependientes; juntos pero no enriqueciéndose de la propia vida) quisimos ilustrar la contestación con una vieja leyenda india. Y espero que a cada lector le dé un buen motivo para reflexionar, como siempre.

Cuenta esta historia que una vez hasta la tienda del viejo brujo de la tribu llegaron, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta, la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.

“Nos amamos - empezó el joven- Y nos vamos a casar - dijo ella- Y nos queremos tanto que tenemos miedo. Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán; algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos. Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte. Por favor- repitieron-, ¿hay algo que podamos hacer?

El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra. Hay algo... -dijo el viejo después de una larga pausa-. Pero no sé....es una tarea muy difícil y sacrificada. No importa- dijeron los dos -Lo que sea- ratificó Toro Bravo.

- Bien - dijo el brujo -, Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena. ¿Comprendiste? La joven asintió en silencio. Y tú, Toro Bravo -siguió el brujo-, deberás escalar la montaña del trueno y cuando llegues a la cima, encontrar la más brava de todas las águilas y solamente con tus manos y una red deberás atraparla sin heridas y traerla ante mí, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta...Salgan ahora.

Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur...El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas. El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas… Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo los pájaros cazados. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe.- ¿Volaban alto?- preguntó el brujo- Sí, sin duda. Como lo pediste... ¿y ahora?- preguntó el joven- ¿lo mataremos y beberemos el honor de su sangre?- No- dijo el viejo- ¿Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne? - propuso la joven - No- repitió el viejo.

Hagan lo que les digo. Tomen las aves y atenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero...Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres. El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse en el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.

Este es el conjuro. Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, "vuelen juntos pero jamás atados".

lunes, 21 de mayo de 2012

Emociones: espejo de nuestro “almario”

Si hiciéramos el trabajo consciente de mirar de frente, con valentía y franqueza todas nuestras relaciones con las personas que nos rodean, que nos son cotidianas, aprenderíamos muchísimo, ya que esas formas de interactuar con quien tenemos enfrente reflejan, como un espejo fiel, los aspectos (tanto superficiales como profundos) de nuestro ser. Pero no todo el mundo está dispuesto a enfrentarse a sí mismo y descubrir lo que somos, prefiriendo (conscientes o no) seguir encubriendo nuestra realidad y padecerla en lugar de transformarla.

Nuestros vínculos conflictivos, nuestras relaciones conflictivas (y con este término no me refiero a relaciones tóxicas) no hacen más que expresar las heridas que llevamos en el alma y en el corazón producto de nuestra historia personal oculta e inconsciente que, precisamente, se actualiza con aquellas personas que forman parte de nuestra cotidianeidad. Como dice A. Sannuti, esas zonas más oscuras de nuestro ser, esas que nos hacen actuar de una forma que a veces no queremos y que no somos capaces de ver, necesitan hallar la luz para ser sanadas. Por esta razón crucial que nos intenta mover al equilibrio, si en lugar de escapar de todo conflicto (tapándolo o negándolo) pudiéramos mirarlo con honestidad, con ecuanimidad, tal como se nos presenta, nos diría qué es lo que tenemos que comprender, no sólo de nosotros mismos, sino también con la idea de profundizar en el conocimiento de los demás.

La tarea más ardua pero más positiva y adecuada a todas luces es encarar, con respeto y amor, nuestras sombras más temidas, nuestras carencias más padecidas que son parte de nuestras propias fuerzas interiores y sobre las que podemos ahondar y modificar, no sin antes hacerlas conscientes ante nosotros mismos trabajando nuestra yoicidad para compatibilizar los sentimientos y valores con las personas que tenemos y que pasan por nuestra vida, con aquellos con los que vivo y me relaciono.

Aún hoy a algunos les resulta cursi y pedante hablar de amor, pero este sentimiento, este compendio de sensaciones es el que sigue moviendo el mundo y a las personas y madura, a pesar del tiempo y de los sinsabores cargados de estrés cuando hay un profundo conocimiento de uno mismo, premisa necesaria para poder lanzarse a reconocer y amar a los demás. Porque si no pasamos por estos filtros de autoconocimiento llegamos a un punto donde la relación se llena de mente y corazón aletargados, anestesiados por la monotonía, el aburrimiento y el sin sentido –como sigue apostillando Sannuti- de una cultura que engañosamente habla de vida, de pareja, ilusión, aunque su propuesta, en realidad, esté mucho más cerca de la muerte emocional y espiritual.

El conocimiento, el afrontamiento, nos puede dar ideas sobre qué nos separa para poder tener la oportunidad de retomar aquello que hemos descuidado, siempre que la llama siga iluminando el camino por el que un día decidimos caminar juntos.

¿Qué nos pasa?, se preguntan muchas personas. La respuesta ha ido tomando cuerpo a través de los párrafos de este artículo desde el principio: uno mismo no puede mirar hacia otro sitio, hacia el otro para que si hay desamor, si mi almario se está cayendo a trozos es porque no “me dan”, han cambiado y ahora es necesario que vuelvan a cambiar…La realidad es que la forma de encontrarse con el otro se ha relajado, se ha ido acomodando de tal manera que la mirada hacia fuera se hace más fuerte que hacia adentro, hacia el interior para buscarme en mí mismo (y no ver lo errores únicamente en el otro)

Se nos pregunta asiduamente cuáles son los factores más usuales por los que se camina hacia el desamor y aquí os reflejo los que consideramos que son los caballos de batalla que hay que observar para estar alerta y poner nuestro consciente a trabajar cuando notemos los síntomas que todos, en algún momento, hemos sentido.

- La falta de comunicación
- La falta de sinceridad
- Las luchas de poder
- La dependencia emocional de uno de los miembros de la pareja
- La expectativas no cumplidas
- El deseo de variedad sexual
- El adulterio
- La distinta evolución personal de cada miembro de la pareja
- La falta de apoyo emocional/personal
- El rencor acumulado de años (la deuda histórica – la falta de perdón-)
- Los celos continuos
- Los problemas sexuales

Ahora estableced vosotros mismos, a vuestro criterio, cuál es vuestro caballo de batalla, tomad conciencia y empezad vuestro camino para iluminar vuestro almario y llenarlo de las emociones más positivas. Aprended a enfrentaros con vuestro espejo.

Juan José López Nicolás

lunes, 14 de mayo de 2012

Sobre un caso real en Terapia

(Cuando el amor se muere)

Por Graciela Large



Durante varios meses E. ha estado dando vueltas en su cabeza a algo que le preocupa. Nada dijo a su pareja, ni a nadie. Ni siquiera lo comentó en consulta conmigo. Pasaron los meses y el carácter de E. se tornó cada vez más intolerante. Incluso para sí mismo. Sin embargo prefirió seguir ocultándolo.

Hacía poco tiempo había empezado una nueva etapa en su vida, y estaba contento con sus decisiones, con su vida y con su relación. Sin embargo eso que le quitaba el sueño no dejaba de inquietarle.

Dentro de E. creció la irritabilidad y comenzó a manifestar abiertamente su intolerancia, especialmente a su pareja, y lo hacía por hechos que parecían tener plena justificación para él. Sin embargo no conseguía recobrar el entusiasmo, dilatando cada vez el poder encontrarse de verdad.

Después de los incidentes le costaba retomar el contacto en la convivencia y la complicidad real prácticamente desapareció. Pedía tiempo para recuperarse, sin embargo ese espacio lo convertía en un aislamiento de su pareja y en incomunicación. Ella consiguió no fragilizarse con los cambios de humor de E. Se había propuesto superar su tendencia a sentirse víctima cuando surgían choques de opiniones, y ahora, le daba su tiempo.

Sin embargo, un incidente social sacó a E. de sus casillas e hizo que su pareja le alertara sobre las consecuencias de su falta de manejo emocional. Le costó reconocerlo abiertamente. Sin embargo, lo sucedido le llevó a confrontar lo que realmente le preocupaba. Consiguió asociar y relacionar su desbordamiento emocional con lo que guardaba dentro de sí. Fue entonces cuando se atrevió a hablar claramente con su pareja expresando aquello que llevaba callando. Los meses revulsivos de silencio y de contención se liberaron de golpe.

Cuando nos encontramos en consulta los tres comprendió lo terribles efectos de su silencio. Callar su preocupación se había convertido en un enfado proyectado. De manera que todo lo que criticaba a su pareja provocaba en él un pozo de recuerdos, o una memoria de intolerancia que alteraba aún más su carácter, sus sistemas nervioso e inmune.

Con la experiencia de E. retomamos el tema del enfado y con él recogemos dos aspectos de otros artículos anteriores sobre este tema: cuando algo nos molesta y accedemos con prontitud a una solución, el enfado se convierte en un aviso. Sin embargo cuando se vuelca en otro de forma no abierta o encubierta, nos encontramos ante un desbordamiento emocional.

Es de humanos enfadarse, ciertamente lo es. Es una reacción instintiva que compartimos con otros animales. Sin embargo lo que nos diferencia de los demás animales es convertir el enfado en una posibilidad de transformación personal. Puede ser una herramienta para vislumbrar una salida a lo que nos molesta, y que probablemente nos invita a un cambio, sobre todo de perspectiva, y en muchas ocasiones nos pide ser valientes para ver de cara lo que intuimos, pero que a priori, no nos gusta nada asumir.

Nos alejamos de la solución cuando el enfado nos desborda hasta conseguir romper nuestra paz y golpea al otro, aunque sea por contagio. El mal humor, la queja y la irritabilidad son formas propias del enfado crónico y que solemos airear con cierta ligereza en nuestras relaciones sociales. Cuando todo esto ocurre hay una ausencia de Inteligencia Emocional, que de tenerla activa nos permitiría superar el desbordamiento emocional a partir de saber dar estos cinco pasos:
• Qué me pasa: identifico con claridad mis emociones y soy capaz de asociarlas a sentimientos y pensamientos, llegando a ver el origen de lo que me enfada.
• Acepto lo que me pasa: encuentro recursos que me ayuden a sentirme mejor. Así canalizo la fuerza que tiene el enfado y me prepara para encontrar una salida desde la tranquilidad.
• Gestiono la experiencia: soy capaz de ver lo que pide el enfado. Quizás una conversación, un cambio de actitud, un ejercicio de valentía personal, un compás de espera… Me invito a identificar qué cambio personal esconde mi enfado, y por qué es necesario ese cambio para entenderme con el otro.
• Tomo decisiones conectadas a ese cambio, sabiendo para qué lo hago. Eso me permite hacerme con la situación de forma responsable, creando soluciones positivas, siendo capaz de anticiparme a los posibles resultados.
• Pongo mis habilidades personales al servicio de esas decisiones generando la empatía necesaria con la persona o personas involucradas en la situación. Entonces estoy receptivo y puedo identificar o intuir las emociones, sentimientos y pensamientos de esas personas.

Cuando me desbordo estoy a merced de los instintos y soy incapaz de pensar. Experimento una situación conocida como “secuestro emocional”, a la que le antecede un estado crónico de irritabilidad. Es una maleta que voy llenando arrastrando mi propio lastre de intolerancia personal.

Daniel Goleman nos puede dar una luz de lo ocurrido dentro de E., cuando nuestro protagonista no hacía otra cosa que dar vueltas a lo que le preocupaba al tiempo que lo proyectaba en su pareja. “Cada uno de los pensamientos o percepciones irritantes se convierten en mini detonante de la descarga de catecolamina de la amígdala, y cada una de estas descargas se ve fortalecida, a su vez, por el impulso hormonal precedente.

De este modo, una segunda descarga tiene lugar antes de que la primera se haya disipado, una tercera se suma a las dos precedentes y así sucesivamente. Es como si cada nueva descarga cabalgara a lomo de las anteriores, aumentando así vertiginosamente la escalada del nivel de excitación fisiológica”.

“Cualquier pensamiento que tenga lugar durante este proceso provocará una irritación mucho más intensa que la tendría lugar al comienzo de la secuencia. De este modo, el enfado se construye sobre el enfado al tiempo que la temperatura de nuestro cerebro emocional va aumentando. Para ese entonces, la ira, ante la que nuestra razón se muestra impotente, desembocará fácilmente en un estallido de violencia”.

Con el caso de E. podemos comprobar que el enfado tiene su caldo de cultivo en las relaciones. De manera que si el Amor es el estado que permite establecer vínculos, el enfado es la emoción que expresada abiertamente, o encubierta de alguna manera, consigue romper cualquier relación sin que seamos capaces de recordar que en otro tiempo hubo Amor. Cuando rompemos y dejamos una relación nos llega a parecer un engaño y una irrealidad la proximidad que en otro tiempo compartimos y que nos hacía sentirnos muy unidos a ese otro ser. Es la muerte de los recuerdos positivos y del Amor.

jueves, 3 de mayo de 2012

¿Infiel para ser feliz?

Trato de buscar nuevos temas para escribir, pero no es posible, porque en la actualidad todos estamos padeciendo el mismo problema: intentar buscar fuera lo que se nos escapa desde dentro. Y no puedo incidir en otros tremas sin tener bajo nuestra actualidad reflexiva este que nos ocupa una gran cantidad de energía, llanto y toda suerte de emociones desbocadas y enfrentadas.

Tratamos de buscar y buscar la felicidad, el equilibrio y que alguien nos los dé para poder ser felices o tender hacia ello, pero no somos capaces de valorar que nuestro interior se está deteriorando y perdiendo en un mar de crisis, de tragos de agua salada que no nos sacia la sed y además nos vuelve realmente “locos”.

Tratamos de rebuscar entre nuestros sentimientos, entre nuestras palabras desde el alma para poder sentir lo que sentíamos cuando nos encontrábamos bien, pero parece que se nos vuelve la vida como un calcetín y se nos extravía la brújula ante esta constante necesidad de estar continuamente adaptándonos a las nuevas necesidades de esta vida tan manifiestamente distinta. Pero la solución sigue estando en el mismo sitio: dentro de uno mismo, aunque sé que alguno de vosotros no queréis verlo, o no podéis. Y lo entiendo porque nadie estamos libres de pasar por estos momentos

¿A qué se recurre a veces cuando nos encontramos con esta sensación de no sentirnos en nosotros mismos? Fácilmente sale la respuesta: algunos hombres y algunas mujeres optan, a veces, por La Infidelidad.

Nuestra colega, Graciela Large, nos invita, como siempre, a reflexionar sobre este tema y nos deja este escrito que a continuación comparto con vosotros:

"Hay indicadores claros de una crisis en la pareja. Uno de ellos es la infidelidad, que nos lleva a buscar fuera de la relación una solución a lo que nos pasa.

Somos nuevamente como niños pequeños necesitados de cariño, desbordados por silencios, por una distancia que aborta la imaginación y nos encadena a la soledad de quien no se atreve a pedir, a cambiar, a trasformar lo que vive.

La acumulación, el desconocimiento y la fragilidad emocional se combinan para que muchas mujeres opten, como los hombres, por ser infieles. En ellos y en ellas hay un retorno a la infancia, cuando corríamos desesperados a los brazos de uno de nuestros padres sintiendo que el otro nos abandonaba, o nos ponía difícil la vida.

Esa voz predomina cuando nuestros ojos se fijan en otros; cuando empieza nuevamente a hacernos tilín el corazón por algún desconocido; y de repente, dejamos de pasar desapercibidas para el género masculino, al que parecemos resultarles tremendamente atractivas. Recibimos invitaciones, correos, o llamadas que casualmente estimulan esa sensación de consuelo, de ilusión perdida.

La mujer que es infiel busca renovarse en su sensibilidad, a veces, queriendo encontrar a una figura mítica que la rescate del vacío en que ha convertido su existencia.

Sin embargo, la infidelidad puede confundir hasta tal punto que la mujer apueste por irse, creyendo que ha encontrado la panacea a sus miserias, y sin embargo, descubrir poco después que ha sido un error.

No tanto porque la persona con la que te marchas sea la adecuada o no, sino porque la elección se ha dado desde la huída como principio, como motivación escondida en la infidelidad. Y desde ahí discernir, valorar lo que se ha construido, lo que realmente es importante, es un ejercicio negado. La voz que se escucha no atiende ni a razones, ni a valoraciones, ni mucho menos a buscar el sentido de trasformación que pide una relación que se deteriora. Y estos argumentos son igualmente aplicables a la infidelidad masculina.

Quizás la persona tenga que irse de la relación. Sin embargo, la infidelidad la distrae y la disculpa de encontrar sus propias respuestas sin proyectar en otro una tabla de salvación a lo que no es capaz de construir, o de dejar. Porque muchas veces lo que hay en una relación es un apego profundo, sin que esté activo el aprendizaje.

¿De qué sirve una relación fundada en la comodidad, en lo que hacemos siempre, si nos va deteniendo? Y si nos permite crecer, ¿qué sentido tiene una relación si la vuelta a lo esencial se dilata o se anula, porque está basada en lo que es obvio, o en etapas que no corresponden evolutivamente?

La infidelidad en realidad es una llamada de auxilio que pide responsabilizarnos del cambio que queremos, dentro o fuera de la relación.

Ya sea que decidamos quedarnos o irnos el proceso es el mismo. Se necesita primero, aproximarse uno a su propia realidad interior; a lo que me ha estado paralizando, para luego poder ver dónde está realmente el otro; qué hace posible un cambio, y si ese cambio, es lo que realmente quiero para mi vida.

De esta manera podré saber qué pareja tengo; qué tipo de pareja quiero tener; y desde ahí, comprobar qué lo hará posible a partir de esa claridad interior."