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jueves, 30 de junio de 2016

Amar es cuidar

Aportaciones sobre un texto de W. Riso

Amar es cuidar. Walter Riso suele escribir sobre este tema como uno de los importantes e inexcusables para hacer que la unión como pareja se vaya autoabasteciendo de la energía para llegar hasta el final de los días juntos, en felicidad. 

Es simple, dice, no hay amor que se base en el descuido. De hecho, no hay nada que caracterice más el pensamiento de una enamorada o enamorado que el de cuidar a su pareja. Hacerlo significa mantener los pequeños detalles, valorar a quien tenemos al lado y hacerle sentir especial, escuchado y amado. Y es adecuado, desde aquí, tomar conciencia de que estos aspectos, en numerosas ocasiones, los descuidamos (tanto él como ella)

Puede parecernos muy obvio, pero la realidad es que lo primero que solemos abandonar es precisamente eso: el cuidado. Conocemos a la perfección la teoría, pero cuando alguien se siente cuidado solo dos días a la semana y no en la plenitud de las sensaciones, dando igual que la presencia esté o no, es bastante significativo que los niveles de calor de la relación bajan hasta aquellos en que va dando igual los momentos que se pasen juntos.

A la hora de llevar a la práctica el cuidado diario solemos pecar de desinterés y acabamos por dañar nuestra relación con actitudes de indiferencia o de postergación de los pequeños detalles. Parece que siempre hay cosas mucho más importantes que el otro y posponemos la caricia, la llamada, la palabra que contiene el bálsamo lleno de amor que tal vez el otro, sí o si, está necesitando.

Tal vez esto os parezca excesivamente ñoño, infantil, o lo que queráis llamar, pero pasa. Y pasa casi siempre porque lo necesitamos como el aire que respiramos, y da igual la edad que se tenga y lo maduro que se sea. A nadie le gusta ir a remolque en una relación o tener esa sensación. Y esperar, esperar, esperar…

El amor durará tanto como lo cuides y lo cuidarás tanto como lo quieras.

A veces hacemos con el amor lo mismo que un niño con su globo. Es decir, argumenta Riso, a veces ignoramos lo que tenemos para luego llorar por lo que perdemos. Es de sobra conocida esa expresión de “no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos”.
Si no nos empeñamos en cuidar de nuestras relaciones, nos arriesgamos a que se pierda la ilusión y las ganas de mantener un afecto o un vínculo que nos hace felices. Pensamos que nuestra pareja o las personas que nos rodean tienen la obligación de esperarnos, de aguantarnos o de comprendernos en todo y ante todo, porque nos sentimos el centro de la relación y esto suele pasar factura.

“Al final te das cuenta que lo pequeño siempre es más importante. Las conversaciones a las tres de la mañana, las sonrisas espontáneas, las fotos desastrosas que te hacen reír a carcajadas, los poemas de diez palabras que te sacan una lágrima. Los libros que nadie más conoce y se vuelven tus favoritos, una flor que te pones en el cabello, un café que te tomas solo… Ese dulce que se te sirve cuando lo necesitas aunque digas que no te gusta el dulce…Eso es lo que verdaderamente vale la pena; las cosas diminutas que causan emociones gigantescas.”

Solemos excusarnos en el poco tiempo que tenemos, pero lo cierto es que lo que deteriora muchas veces nuestras relaciones es la inercia, los hábitos y la costumbre; es decir, la rutina.

¿Cómo dejamos de cuidar a quienes queremos? No alimentando las sonrisas diarias, tapándonos los ojos y dejando de percibir la reciprocidad. Esto acaba menoscabando la luz que el amor aportaba a nuestra vida y todo se vuelve mucho más superficial.
Entonces se apaga “lo especial”, dejamos de sentirnos amados y parte de nuestra relación comienza a fracasar. Así, la ausencia de muestras de interés y de gratitud acaban generando dudas en una pareja y la unión se vuelve desunión.


Las actitudes y los mensajes que se lanzan al otro miembro de la pareja nunca caen en saco roto y creo que ese cuidar del que estamos hablando pasa por que esos mensajes no sean nunca destructivos, ni en contra de la pareja, de la concepción del concepto pareja, etc. etc.

Una relación feliz, cuidada, adecuada al fin máximo, se basa en conductas y actitudes que contengan ingredientes manifiestos que converjan en facilitar el camino a SER PAREJA. Esas conductas deben cargarse de bondad, amabilidad, consideración, comunicación, ajuste de los hábitos de cada uno, participación conjunta en varias actividades, consenso en valores, reciprocidad y respeto muto.

Sólo demasiado se está cuando no quieres estar sólo y lo estás, sin estarlo, porque quieres amar lo que no está tan al alcance como tú imaginabas. A parte de parecer un trabalenguas también puede una frase para la reflexión. ¿No os parece?

No hay receta universal para proteger nuestro amor, pero sí que podemos poner nuestro empeño en que al menos la dejadez no sea lo que lo deteriore. Porque no hay amores que sean en sí mismos eternos, sino que hay amores bien cuidados. Voy a ponerme manos a la obra…¿Y tú?

martes, 21 de junio de 2016

¡Eso no me gusta…! Pues ya sabes…

El interior suele rebelarse ante situaciones que no nos gustan. Ante esto estamos solos, somos unipersonales y reaccionamos independientemente a tener pareja o no, y nos manifestamos como únicos seres que opinan y reaccionan ante esas circunstancias con opiniones en contra.

Nuestra escala de valores no acierta a introducir variables como el amor que se siente por el otro, las cosas buenas que hace, y no esa en especial que nos saca de quicio, pareciendo tener y cobrar toda la fuerza esa obra que en este momento me exaspera, y debería decirlo. Depende de que se ponga a trabajar, en un buen sentido o no, el área que nos impone las normas por las que debo manifestar, libremente o no, aquello por lo que no me gustaría pasar ni acceder, aquello que verdaderamente me molesta. Depende si se bloquea ese área que me hace ser comprensivo o aquella en la que de forma instintiva me hace reaccionar.

Esto no me gusta y le doy mucha importancia, ya que no soy capaz de relativizar y ver toda la cantidad de cosas buenas que también recibo, pero en ese momento no soy tan autosuficiente ni trabajan los recursos de forma adecuada para detener esa rabia, preocupación o malestar que “ofende” mi propia escala de valores.

Y lo digo, me manifiesto en contra y no es bien entendido, porque las reacciones son tan desmesuradas y en cantidades tales que te apabullan y te hacen pensar que no puedes decir lo que verdaderamente sientes, nunca, nunca, nunca. Porque si las dices, pierdes. Si las manifiestas te llegan una serie de tormentas en forma de reproches y de apelativos del tipo “egoísta”, “poco generoso”, “creador de infelicidad”, “nada comprensivo”, y como poco que eres nada razonable ante algo que no tiene ninguna importancia (claro está, para ellos)

No dices nada, otras veces, con palabras, por no parecer eso que dicen que eres y te va a llover, pero tu cara es un verdadero poema porque no puede negar aquello que desde el interior se refleja en tu mapa gestual. Y te han descubierto de nuevo. Ya saben lo que piensas aunque no lo digas y como no te ríes ni te portas con la cortesía que se espera de ti, te han vuelto a descubrir, que no eres la persona que necesitan a su lado, porque eres grosero, nada generoso, egoísta, etc., etc., etc.

Necesitan que siempre estés bien ya que eres su apoyo y no debes flaquear porque necesitan a su lado la fortaleza que tú representas, la seguridad, la alegría, lo que les hace sentirse bien…Debes ser ejemplo eterno de que contigo se pueden cruzar los ríos más profundos y enfrentarse a los problemas en los que te desenvuelves como pez en el agua. No flaquees porque eso hace que se derrumbe su mundo de esperanza.

¿Qué podemos hacer ante estas situaciones?

Hemos de cambiarlas o matizarlas, porque la tormenta que se acerca es totalmente precursora de los mayores tsunamis emocionales en tu contra, ya que no entienden que se pueda ser así, no viéndose ellos mismo su propio desarrollo y postura ante eso que verdaderamente, de forma objetiva, es capaz de molestar a cualquiera, porque se repite continuamente, siguiendo y permaneciendo las actitudes en el tiempo y además que ves que no tienen viso de ningún tipo de cambio. Seguramente eres tú el que, si quiere una situación, trabaje para ella, si es que merece la pena, porque casi nadie va a cambiar nada si no eres tú mismo.

También podemos verbalizarlas, comunicarlas en un estado de serenidad relativa, cuando no están las “hachas en alto” para que tal vez se entiendan las posturas, ambas, de una vez por todas, porque lo que realmente suele suceder es que estos problemas son repetitivos y/o enquistados, ya que las soluciones nunca se han tomado con la suficiente soltura, positividad, capacidad de negociación y capacidad, real y muy real, sin artificios, de comunicación eficaz, respetando los sentimientos y los tiempos de cada uno.

Lo que está totalmente claro en este punto es que no debemos dejar pasar las cosas que no nos gustan con las personas con las que se convive en alguna medida. El miedo a abordarlas nos hace posponerlas y acaba por ser el verdadero problema difícil de solucionar, pudiendo haber sido, por otra parte, algo sencillo, las primeras veces que aparecen. Y si algo funciona es cuando las partes deciden comprender las posturas del otro: la empatía, porque nadie es más que otro, ni menos.

La prepotencia puede llevarnos a creer lo que no es, precisamente porque esa “máscara” puede contener un miedo e inseguridad que el que la padece la ostenta para paliar el daño que cree que se le puede hacer. La prepotencia no facilita la comunicación ni la empatía, tengámoslo claro, por lo que suele declinarse la oferta de diálogo que en algunas ocasiones se plantea o surge. Porque el final siempre es el mismo, el prepotente se suele levantar porque no consigue su único objetivo, se suele escuchar él y no al otro y suelen prevalecer sus razonamientos sin posibilidad de que sean erróneos.

No es raro que se rompan relaciones más o menos “estables” cuando surgen todas estas pequeñas espinas que se han dejado de solucionar cuando han aparecido. Pero si haciendo lo adecuado y debido no surte efecto o alguien no accede a la negociación en beneficio de un mejor clima, con convencimiento, lo mejor es establecer la necesidad de ver la posibilidad de esa separación que tanto nos aterra.

Juan José López Nicolás

martes, 7 de junio de 2016

miércoles, 16 de marzo de 2016

Os lo recomiendo

Este libro puede ayudar, de hecho ya lo está haciendo, a crear unas bases diferentes como un instrumento para el desarrollo personal. Ante esas pequeñas situaciones y no tan pequeñas, que nos ponen "depres", los problemas de pareja cotidianos, las pérdidas, nuestros propios pensamientos que nos desequilibran en el quehacer diario y cotidiano. Para eso está escrito, desde la perspectiva de las cosas más comunes que nos pasan a todos y cada uno de nosotros. 
Intento explicar de una manera sencilla y totalmente factible, que desde un cambio de actitud ante las situaciones que vivimos, podemos moldear nuestras reacciones, si realmente queremos, con el objetivo de vivir en un equilibrio lo más cercano a la realidad social que nos rodea. 



miércoles, 20 de enero de 2016

Malos entendidos cuando hablamos

  -   Qué tal, amigo, ¿cómo vamos?

-    -   Pues la verdad es que no muy bien. Estoy bastante enfadado porque parece que nadie me entiende cuando hablo. Parece que tengo que hacer esfuerzos en hacerme entender. Digo una cosa y mi amiga o amigo, se enfada, pero de una forma que creo desmesurada. Hasta tal punto es así que es capaz de tirar nuestra amistad, nuestra relación por tierra, …¡a la mierda!
Dicen que he dicho una cosa y realmente he querido decir lo contrario, porque sé que yo no he dicho eso y menos para hacer sentir mal a mi amiga, hacerla llorar y hasta entender que quiero alejarme de ellos, cuando esos momentos de conversación nos hacen tanto bien a los dos.
No entiendo nada, pero absolutamente nada. ¿Qué está pasando?
Parece que hablemos en idiomas distintos, en francés y en español,…da igual.

-  - Eso que me comentas es más común de lo que piensas. La comunicación entre las personas está pasando por unos momentos de crisis espectaculares, con el consiguiente malestar que se asienta entre ellas que aparentemente se quieren, se aman o se respetan.
Simplemente parece que no nos entendemos y cada vez nos cuesta más hacernos entender y prestar muchísima atención a qué decimos, cómo lo decimos y en qué momento lo decimos. Sí, se está haciendo muy difícil hablarnos y de una forma relajada y sencilla sin preocuparnos de lo que te estoy comentando. Hasta la forma de comunicarnos y entendernos está cambiando en la historia presente. Quiero a una persona y a veces se establecen verdaderos muros entre nosotros, de tal manera que los sentimientos afloran confusos, nos detienen asombrados porque no es posible que el que tengo enfrente no comprenda los matices con los que digo las cosas, cuando la realidad es que no quiero hacer daño alguno.

-   -  Claro y en mi caso, ella, en vez de decirme que no comprende esto que le acabo de decir, porque no le encaja en sus perspectivas, en mi forma de ser, en mi relación con ella, o simplemente porque no está de acuerdo…, se calla, se amarga por dentro y se convierte sintiéndose un víctima incomprendida, porque ni su mejor amigo se interesa por lo que siente y la abandona. Deja de confiar en ti, pero no te dice que no está de acuerdo, simplemente se calla y empieza a sentir romperse por dentro porque esa frase fatídica (la que sea) la ha decepcionado. Llanto, desilusión… ¿Pero, por qué no se expresa y simplemente pregunta el por qué de las cosas que no entienda? Callarse es un signo de que debo ser adivinador de sus estados de ánimo, de su momento del día…Es complicado, con lo fácil que sería hablar abiertamente y preguntar lo que se dude o lo que no se haya entendido. Desgraciadamente el curso de adivino aún no lo he realizado.

-       -    Lo entiendo, pero observa que estamos hablando de sentimientos y a veces, junto a nuestros prejuicios, a nuestra visión puramente subjetiva de las situaciones y nuestro estado de ánimo, aparece una carencia de habilidad para ver las cosas como realmente son y estos elementos mencionados nublan la comprensión real. Es muy común entender una palabra en el presente con una carga emocional de todo nuestro pasado y por eso llega con una carga adicional que nos cambia el significado, no ya de la palabra, sino de casi toda la conversación que hemos tenido.

Has pasado de ser el mejor a ser el peor “enemigo” porque ella o él esperaban más de ti. Pero el truco, el quid de la cuestión está en valorar lo que se dice hoy con la mente de hoy, sin sobrecargas del pasado y para ello tengo que conseguir la habilidad de tener mi conciencia en el tiempo adecuado y de una forma plena saber con quién hablo y cuándo lo hablo. Tomar conciencia con esa apertura para aceptar que somos el aquí y el ahora.
Miramos tanto hacia fuera y tan poco hacia nuestro interior para ser mejores en el exterior, que no prestamos atención a las sensaciones, intentando identificar lo favorable e identificar que aquello que me interfiere debe ser conceptuado adecuadamente y en su sitio, para evitar malas sensaciones y confusiones que nuestras emociones nos traen.

Lo que no entienda lo pregunto, pero no dejo que se vaya ese momento con las dudas suficientes para que hasta mi cuerpo tiemble de dolor del alma. Es mucho más sano y nos ahorrará muchos dolores de cabeza.

En algún sitio he leído, perdón que no lo recuerde en este momento, lo siguiente: “Cuando te enfrentes a una situación que exige tu juicio, toma en cuenta todos los elementos que pueden afectar a tus criterios, tu punto de vista y estado mental, o sea, contempla tu cuerpo y establece si está contribuyendo la percepción física a mejorar tu panorama interno. Contempla tus sentimientos y verás si la situación te atrae o te repele. Contempla tu estado mental para ver si eres consciente de que la experiencia, la situación, etc. te llevará a algún lado y te hará ir hacia adelante. Contempla todos estos fenómenos y analiza la situación individualmente. Cuando hayas logrado procesar las percepciones, experiencias e impresiones a partir de interpretar los eventos en curso, puedes extraer de ellos una visión más nítida de lo que representan sin que las experiencias previas nublen tu juicio: conforme tu mente trascienda al pasado, aprenderás a ver la importancia del instante más allá de este momento. 

- -    Todo eso está muy bien, y tal vez sea conveniente que me ponga manos a la obra, pero si he dicho una cosa y he reaccionado mal, o han reaccionado mal, ¿puedo reflexionar después e intentar reconducir mi relación para solucionar esos malos entendidos? ¿Puedo partir del punto positivo en el que estábamos y seguir el camino de esa amistad tan buena, si hemos tenido un enfrentamiento duro? ¿Aunque esto que quiero no lo haya hecho en el momento en el que debía?

-    -     Siempre digo que hay un gran facilitador en las relaciones para mostrar el camino del éxito aunque se hayan tenido momentos tensos en la comunicación. Podemos estar tensos, enfadados, defraudados, dolidos, pero creo sinceramente, que no hay facilitador más efectivo, junto a tomar conciencia y a lo que estamos comentando todo este tiempo, que el AMOR, sobre todo, así como LA VERDADERA AMISTAD y todos aquellos lazos que unen en camaradería al ser humano.


Juan José López Nicolás

miércoles, 13 de enero de 2016

Escribo...

Escribo para oírme, para que me reflejen las palabras y las ideas de mi propio libro sirviendo de ayuda a mi alma de mortal imperfecto.  Escribo para leer en el exterior conjuntos básicos de soluciones que necesito en el caminar perecedero de la vida, porque necesito el espejo, ver desde fuera lo que mi consciente a veces no acepta desde las palabras del sabio coach que la experiencia ha creado.

Pero también escribo para los demás, con el propósito de compartir lo que en parcelas de mi vida ha funcionado, pretendiendo alcanzar el objetivo de elevar a la maduración los pretextos que todos tenemos para no hacer algo que debemos realizar. Sí, escribo para vosotros, para aportar algo que creo que debo decir de una manera que la vida me ha dado, pero que creo que no es mío solo. 

Por esto necesito vuestra retroalimentación, vuestra opinión, vuestro modo de hacerme crecer como escritor tratando escaleras emocionales y recursos que un albañil crearía, para ayudar a subir los peldaños que ayudaran a llegar a donde verdaderamente queramos o estemos dispuestos. Yo sigo en el camino, y caigo, pero me levanto para volver a leerme y experimentar las palabras de ayuda que tantas personas han confeccionado para que las escuche.

Creo que lo mejor que tiene un libro es leerlo en el momento adecuado.

En parte, amigos, por eso escribo, y si logro ser mejor es porque os lo debo a todos los que hacéis una crítica de mi libro. Gracias, gracias, gracias.