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viernes, 31 de mayo de 2013

Sobre la Orientación familiar a parejas

Tengo razones para creer que para que una terapia de pareja tenga éxito es necesario en primer lugar tener en cuenta el propósito que sus integrantes tienen para iniciarla. La razón para comenzar está íntimamente ligada a las dificultades que han tenido en cualquiera de las etapas y planos de la convivencia, y que claramente no han podido resolver, porque les han superado, creando una serie de molestias, enfados y pensamientos circulares y repetitivos que se enmarcan dentro de lo que se convierte en una crisis de pareja.

Como muchos autores apuntan, "estar juntos no es lo mismo que sentirse una pareja, ya que para que exista esta deben darse una serie de elementos o condiciones, y la primera es la presencia de un vínculo afectivo significativo con cierta estabilidad en el tiempo que incluye el ejercicio de una vida sexual sana y mínimamente satisfactoria para ambos."

Tampoco permanecer juntos es lo mismo que ser una pareja porque es necesario conseguir las actitudes y aptitudes que te permiten poder sortear los conflictos que necesariamente se presentan. Porque, como digo, se presentan tan seguro a lo largo de la vida que podemos aseverar que una buena pareja no es la que carece de conflictos, sino la que sabe remontarlos, afrontarlos y solucionarlos, saliendo de ellos fortalecida (actitud resiliente) y con un nivel de conocimiento individual y de conjunto bastante superior al que se daba antes del conflicto.

Las áreas en las que se suele dar las confrontaciones usualmente son las de la comunicación afectiva, la intimidad, el proyecto individual y de pareja, los aspectos de autonomía y dependencia, la educación de los hijos, el manejo y destino del dinero, la fidelidad, las relaciones sexuales, el carácter de cada uno; en definitiva es la diferente expectativa que cada uno tiene en cuanto a cada una de las áreas mencionadas, lo que hace que una buena entrevista con la pareja deba establecer la jerarquía de posconflictos y el riesgo que cada uno conlleva párale futuro de la misma. Si así la realizamos y funciona el binomio Orientador-Pareja, será más sencillo acordar objetivos y comenzar una terapia, porque sin los objetivos la entrevista es solo un intercambio de información, pero no un proceso con comienzo y fin.

La variable “tiempo” es fundamental, porque, como nos recuerda S Minuchin, lo que no cambia a corto plazo no lo hará en el largo, por eso no aconsejo las terapias interminables en las que el Orientador pasa a ser uno más de la pareja, forma parte de un triángulo emocional y a veces un eje de dependencia.

Lo cierto es que siempre es aconsejable que ambos miembros de la pareja accedan de motu propio a ser tratados en conjunto y no como suma de dos terapias individuales en paralelo con el mismo terapeuta, ya que lo bueno de la terapia que defiendo es el trabajo en la focalización en las interacciones presentes, en los múltiples discursos y en las interpretaciones paralelas que ambos practican, pero siempre con la posibilidad de la confrontación de esas posturas en un mismo teatro de actuaciones y no por separado. Y así obtenemos un “darse cuenta” de la relación y de los puntos que les separan y les unen.

La historia de una pareja se inicia en el momento en que ambos se autodefinen como tal (acto de voluntad), y empiezan a construir una trama de relaciones que los lleva a conocer cada vez más profundamente sus necesidades, deseos, límites y aspiraciones en los ámbitos importantes y vitales para la vida de esa pareja. Es precisamente cuando todo esto empieza a fallar cuando la crisis de relación hace acto de presencia, siendo necesaria la atención plena de la personas (él y ella) para poder afrontar, con el más puro estilo amoroso, la solución a los conflictos que comienzan.

"Al principio ambos buscan satisfacer las demandas de su pareja, aunque no coincidan puntualmente con las propias; el conflicto posterior se produce porque no todos logran dar continuidad a esta actitud generosa y comienzan a sentir paulatinamente que el otro no se esfuerza lo suficiente, ni tampoco reconoce el esfuerzo propio." (R. Rosenzvaig)

Lo cierto y verdad es que todo problema se sitúa en un contexto y no puede ser desprendido mecánicamente de las características individuales de cada sujeto ni del tipo de vínculo que tiene la pareja, ni de la historia compartida. De la comprensión de estos elementos surge el diagnóstico de la situación y los pasos para modificarla.

Juan José López Nicolás
Sobre datos de S. Minuchin
y Roberto Rosenzvaig (Psicólogo clínico)

lunes, 13 de mayo de 2013

Solucionar problemas de forma eficaz en pareja

No es raro que en cualquier consulta me digan que ojalá supieran resolver los problemas que les están haciendo meterse “en un gran berenjenal”, y hasta tal punto es así que la propia mente los engaña y creyendo que solucionan algo “no hacemos más que repetir conductas que nos introducen más en el problema.” (Ya es un paso importante darse cuenta de esto)

No me suelen gustar normalmente las “recetas mágicas”; sinceramente creo que no existen porque lo que realmente cuenta para las soluciones es el trabajo individual y en pareja con el mismo objetivo puesto en ir hacia la solución de las divergencias. Pero, ¿qué hacer? La respuesta es introducirse en la misión de:

Cómo solucionar problemas de forma eficaz

Vanesa Narváez Peralta, Psicóloga, en uno de sus artículos tratando este tema nos dice:

“El hecho de que a lo largo de la vida vayamos adquiriendo cada vez más responsabilidades hace que a veces nos encontremos en situaciones ante las cuales no sabemos con certeza cuál es la mejor manera de reaccionar: estas situaciones en las que la respuesta no resulta evidente es lo que solemos llamar “problemas”.

Ante la evidencia de que el simple hecho de hacerse mayores no hace por sí solo que nuestras habilidades para resolver problemas mejoren, autores como D'Zurilla y Goldfried han ideado unos sencillos pasos a seguir que facilitan mucho el entrenamiento de las mismas. Aunque los “libros de recetas” no siempre resultan útiles para temas tan complejos como éste, este intento de simplificación es lo suficientemente amplio para que cada uno pueda adaptarlo a sus necesidades y problemas particulares. Estos autores presentaron en 1971 su propuesta dividida en cinco sencillos pasos:

Al primero de ellos lo llamaron Orientación general hacia el problema, refiriéndose a la actitud o predisposición que más facilita que acabemos encontrando una buena solución a nuestros problemas. Un primer elemento de esta actitud es el acto de tomar consciencia de que los problemas forman parte de la vida diaria y de que es posible hacerles frente de una forma eficaz. Esta actitud nos permitirá dejar de auto-compadecernos y culpabilizarnos y concentrar toda nuestra energía en encontrar la mejor solución posible. Sería en definitiva decirnos a nosotros mismos: “Vale, esto es lo que hay. Lo que importa ahora es: ¿qué puedo hacer yo para mejorar la situación?” En esta fase resulta igualmente importante evitar caer en dos trampas muy tentadoras que aparecen cuando uno se enfrenta a un problema complejo: hacer como si este no existiera, y responder de forma impulsiva y sin reflexionar.

El segundo paso en el proceso es Definir el problema y marcarnos objetivos realistas. Esta fase resulta crucial para que el proceso llegue a buen puerto, ya que si no tenemos clara la situación ante la que nos encontramos y a dónde queremos llegar difícilmente podremos hacerle frente con éxito. Para lograr definir el problema con claridad podemos hacernos preguntas del tipo: ¿qué es exactamente lo que no marcha bien? Debemos esforzarnos para dar una respuesta lo más concreta posible a esta pregunta (por ejemplo: sería preferible responder “a causa de nuestros horarios laborales mi pareja y yo no tenemos mucho tiempo para estar juntos” que “mi relación de pareja se está yendo al traste”). Una vez definido el problema, el siguiente paso consiste en determinar cuáles son nuestros objetivos. Es importante que estos sean realistas y que esté en nuestras manos conseguirlos. Recuerda: la solución “perfecta” pero no viable es la más imperfecta de todas.

La Generación de soluciones alternativas es la siguiente de las fases que D'Zurilla y Goldfried nos proponen. Se trata de hacer una “lluvia de ideas” sobre las posibles actuaciones que nos podrían permitir alcanzar nuestros objetivos. Como es fácil suponer, la creatividad en esta parte del proceso resulta de gran ayuda. Para aumentarla puedes seguir tres sencillas reglas: escribe tantas soluciones como te sea posible; no juzgues si son buenas, malas o disparatadas aún (eso ya lo haremos más adelante); y por último, contempla la posibilidad de combinar dos o más soluciones anteriores para crear otras nuevas y más variadas.

Llegados a este punto del camino llega la hora de la Toma de decisiones, en la que valoraremos las consecuencias de cada una de las soluciones pensadas para elegir la que nos permita acercarnos mejor a nuestros objetivos. A parte del grado en que cada alternativa nos permita solucionar el problema, debemos tener en cuenta otros criterios igualmente importantes. Uno de ellos es el cómo va a repercutir implementar cada alternativa en nuestro bienestar emocional: en ocasiones puede ser preferible una alternativa un poco menos eficaz que nos haga disfrutar que otra más eficaz pero que nos genere un alto sufrimiento. Otro aspecto a tener en cuenta es la relación tiempo/esfuerzo de las distintas alternativas: si hay dos igual de eficaces será preferible que nos decantemos por la menos costosa.

La última fase del proceso de solución de problemas es la de Verificación, en la cuál ponemos en práctica la alternativa que hemos elegido durante la fase anterior. Después de ello deberemos felicitarnos por el esfuerzo hecho en el proceso y evaluar los resultados obtenidos. Si vemos que éstos no son los esperados podemos repasar el proceso para introducir los cambios que consideremos necesarios.

Como puedes ver, estos sencillos pasos son aplicables a una amplia variedad de situaciones. Las habilidades de solución de problemas no son algo estático que uno tiene o deja de tener, si no que se pueden aprender y entrenar. Es por esta razón por la que aunque en un principio te pueda parecer un poco artificial seguir este proceso, si lo practicas te darás cuenta de que llegará un momento en que te saldrá de forma casi automática: es entonces cuando podrás disfrutar de su máxima utilidad. La próxima vez que te descubras diciendo “No se como hacerlo” recuerda que tienes esta sencilla herramienta a tu disposición.”

viernes, 16 de diciembre de 2011

Arriesgarse a vivir o sobrevivir...that's the question.

Nos suceden cosas en el devenir de la vida, como personas, como pareja, como padres, pero a veces no somos capaces de inclinarnos por ninguna decisión de cambio porque tenemos miedo. ¿A qué? ¿A la soledad? ¿A sentirnos aislados sin esperanza de vivir por sentirnos perdedores? ¿A sentir frustración? ¿A tener miedo al miedo?

Es una sensación incapacitante, perturbadora, que nos produce hostilidad, introduciéndonos en un círculo vicioso de fatalismo, pena, insatisfacción y muchas otras sensaciones que nos sumergen en la más profunda angustia. Tal vez lo que nos hace, incluso, facilitar esta dinámica negativa es la sensación de pérdida de control sobre nuestra propia vida.

Y a pesar de sentir todo este maremágnum en nuestro interior, estamos inmóviles dejando que estas sensaciones se instalen cada vez con mayor fuerza en nuestros corazones, deshaciendo las emociones positivas que en un principio existían, y que crearon, precisamente, el deseo, la pasión, por ser pareja y por vivir de la forma que habíamos elegido.

He aprendido a ver, cuando existen estas situaciones, que la primera premisa importante es creer en la propia capacidad de hacer que las cosas cambien creyendo en uno mismo y en el poder personal para no instalarse en el fatalismo que nos dirige a la falta de compromiso con uno mismo, con los demás y con la vida, precisamente por creer erróneamente, que no son necesarios los cambios para actualizar a la persona y las relaciones que cada uno vive y que no ayudan a crecer y desarrollarse como ser humano.

Hace relativamente poco tiempo, una cliente me preguntaba sobre este tema, por estar inmersa en su vida de pareja en esta tesitura, en ese estadío en el que o haces algo, o mueves ficha, o la misma situación te arrastra al abismo de dejar cosas que quieres, pero que no quieres como actualmente están. ¡Si no quieres dejar lo que tienes y no te gusta como está, cámbialo…! Creo que este es el principio. Pero hace falta mirar con nuevos ojos…con nuevas perspectivas…con optimismo, y buscar la capacidad de encontrar sentido a lo que está sucediendo.

La solución no está, a veces, en cambiar de pareja porque se ha demostrado que vuelve a suceder lo mismo, ya que el problema está en el interior de cada uno, no en el otro, ya que todo comienza por la apreciación subjetiva de un suceso, lo que yo creo sobre lo que está aconteciendo, y por lo que creo y cómo lo creo, así me afecta y así reacciono. Aparentemente sencillo, ¿verdad?...Está claro que no lo es tanto, puesto que casi nadie elige sufrir porque sí. En este punto del ciclo evolutivo de cada persona, la guía de un profesional en terapia es crucial.

Como os decía antes, ante su “llamada y petición de auxilio” (ambos miembros de la pareja pidieron ayuda, ¡por fin un hombre comprometido con los problemas de pareja!) y tras varias sesiones para centrar el problema y elaborar el perfil con las hipótesis de trabajo necesarias, le contesté a una cuestión (que prefiero omitir), lo siguiente:

"Entiendo perfectamente cómo os encontráis, pero es necesario barajar todas las posibilidades que una persona tiene de refrendar su existencia en la vida, sin maltratarse, sin sentirse mal. La aventura de vivir pasa por elegir continuamente y si yo anoche no os hago ver todas las cartas que tenéis que jugar para ir a donde elijáis, no hubiera sido real con la situación.

Sé que os estoy enfrentando con las cosas muy reales y con la crisis verdadera (y lo que falta todavía) porque sigo la situación muy de cerca y hay que coger el toro por donde haga falta. Es necesario que ante las decisiones que tenéis que tomar, encontréis un espacio para hablarlo, para sentir juntos y para expresar las emociones que os salgan juntos. Asimismo es necesario que tengáis vuestros momentos en soledad para reflexionar sin ruidos ni interferencias, que os enfrentéis a la crudeza de la situación para saber elegir con la madurez que se necesita en estos momentos de crisis personal tan fuerte.

Pero esto trastorna, desequilibra y el coste emocional no es más que la inversión necesaria para obtener, con trabajo, elaboración y viviendo el proceso, para obtener, repito, el punto desde donde se puedan ver las situaciones con la suficiente perspectiva para valorar de forma adecuada el punto de partida del resto de vuestra vida.Estando confundido es muy difícil tomar decisiones y lo que os he sugerido es saber en qué punto real está la relación para empezar a tomarlas de una forma más coherente y real. El mero hecho de ser conscientes en qué punto estáis está provocando esta reacción emocional, necesaria para que podáis expresar los sentimientos y sentiros libres para hacerlo. De nada vale esconderse a la realidad, por eso esta situación que se ha creado es importante, crucial y necesaria para que cada uno valore su punto de partida, su vida, sus emociones, sus escala de valores y a qué acuerdos y decisiones está dispuesto a llegar.

Sé que es complicado, pero date tiempo, paciencia, trabajo, energía suficiente para ayudarme a que os ayude. Se ha dado el primer paso, el más doloroso, el más duro, pero, casi siempre, el más rentable. El ritmo de la evolución es vuestro ritmo, no el mío, pero lo cierto y verdad es que mientras que hay amor, hay esperanza. Lo que la crisis que surge hace es avisar de que hay que efectuar cambios para actualizar la pareja. Nadie es el mismo siempre y nada nos vale de la misma forma siempre. Si realmente hay amor, hay futuro, yo lo tengo claro, porque el amor, precisamente debe ser un facilitador para tomar decisiones, para efectuar comunicaciones necesarias y para basar la vida en nuestra felicidad y en la del otro."

Una relación puede hacernos disfrutar de la vida o, como decía una compañera, ser la peor pesadilla. En las manos de cada uno está hacer de ello un proceso amoroso y útil para ambos.
Espero, estimados lectores, que este artículo, como siempre, os ayude a reflexionar.

Juan José López Nicolás

jueves, 23 de octubre de 2008

DIFERENCIAS EN LA PAREJA

Que bonito es vivir en pareja desde el principio y con las escalas de valores percibidas desde la perspectiva del noviazgo o desde la primera etapa de los primeros meses, en donde todo lo bonito se resalta y no existen diferencias por las cuales se discuta en exceso. Pero a pesar de ser algo hermoso, ¿por qué a veces resulta tan difícil y decepcionante?


Hay respuestas para todos los gustos, pero creo que la razón fundamental es que dentro de cada uno de nosotros existen unas creencias que se nos han imbuido a lo largo de nuestra historia personal y familiar, formando parte de nuestra piel de tal manera por haberse ido entretejiendo a partir de nuestras experiencias individuales. Por esta razón tan básica, la creencia de que uno más uno, en la vida en pareja, son dos, no llega a ser del todo cierto.


Somos dos individualidades con nuestras respectivas formas de ver la vida y experimentar nuestras reacciones a los estímulos y acontecimientos que suceden a lo largo de nuestros ciclos evolutivos. Dos individualidades únicas e irrepetibles que se acercan para convivir en pareja porque se concibe la vida de una manera en que el amor se puede compartir con el hombre o la mujer que se decida, llevando a enriquecer todas las parcelas que como individuos tenemos. Pero soy de la opinión que no sólo el amor es suficiente para hacer que una pareja, un hogar, triunfe en la batalla de conseguir la felicidad relativa que todos perseguimos; más bien hace falta una gran cantidad de energía interior para llevar a cabo los cambios y afrontar los retos que la vida nos pone delante. Es más, muchas veces uno de los integrantes de la pareja tiene una expectativa de cómo debería ser su pareja y piensa que el otro espera lo mismo. En la práctica las cosas no funcionan tan lógicamente, existen una serie de variables y procesos que influyen y hacen del hacer pareja un fenómeno complejo.


Parafraseando a Paz X. Santa Cruz, Psicóloga de la U. De Chile y Terapeuta familiar y de pareja, “partamos por el principio, cuando uno crece en una familia (familia de origen) uno incorpora una serie de formas de relacionarse o patrones de relación entre los padres y entre los adultos cercanos a la familia, que configuran una forma de vivir en pareja. Sin embargo las diversas familias, pensemos por ejemplo familias de descendencia italiana, tienen determinadas formas de relacionarse tal vez más vociferante y expresiva de las emociones y las familias de culturas más eslavas son más pudorosas en su expresión, como las familias descendientes de alemanes o ingleses”. Imaginemos, pues, una pareja formada por dos componentes de estas dos culturas.


Tendría que haber una configuración nueva de sus estructuras en común para poder adecuar que la raíz de la nueva formación familiar no se viera afectada en exceso por las grandes diferencias de las expectativas que cada uno aporta en su concepción de la relación. Asimismo no hace falta ir a diferencias de países, sino que aun viviendo en el mismo país, en el mismo pueblo, en el mismo barrio, incluso, hay diferencias de expectativas y conceptos a la hora de afrontar una situación más o menos desequilibrante.


Lo que creo yo no lo crees tú, pero podemos llegar a la concepción del nuevo nosotros para hacer de esta posibilidad de negociación un recurso válido que estabilice. No es nada bueno ni necesario romper una pareja, una relación que se basó en el amor, por lo tanto tal vez sea más adecuado llevar nuestra energía a encontrar soluciones que endulcen y nos hagan mirar con otros ojos lo que, en apariencia, se ha convertido en una auténtica monotonía, un cansancio,...un desamor. Aunque cuando llega el desamor...mala cosa.


Debido a estas situaciones que estamos tratando, es necesario que el orientador familiar tenga en cuenta siempre que la cultura y las costumbres influyen de manera determinante en la conjunción de la pareja y en el arte de formarse como tal, en la concepción que cada uno tiene de lo que es SER y de CÓMO comportarse en pareja. La diferentes expectativas ante un mismo hecho suelen ser el quid de la cuestión para que den comienzo las “batallas”.

lunes, 10 de septiembre de 2007

EL RODAJE EN LA PAREJA


ntre toda la felicidad de empezar a compartir una vida, también empieza un período de “ajuste” en que surgen los “roces” de la convivencia cotidiana por temas como el orden, la asignación de responsabilidades y roles de cada uno en el nuevo hogar, lo que no siempre es de fácil arreglo.


Un punto de partida para evitar esos conflictos es estar consciente de que la pareja no es perfecta; aprender a aceptar “quién eres” y no “quién quiero que seas”. Se pretende de forma inconsciente hacer a la otra persona a nuestra imagen y semejanza, anulándola como ser, como persona individual y con sus características personales y únicas que le otorgan la capacidad de ser por ella misma. Nadie debe ser una proyección de nadie.
Se recomienda hacer un listado con lo que es importante de su pareja para cada uno, qué le entrega ésta y qué no. Al analizar esta lista, encontrarán “fallos” en algunos aspectos, ya que la otra persona no puede llenar múltiples necesidades emocionales. Sin embargo, hay que aceptarlo y tratar de suplirlas de otra manera que no sea exigiéndole al otro algo que no puede dar. Esto nos ayudará a lograr un equilibrio en la relación.


Pero cuando los problemas son inminentes, existen herramientas para negociar o intentar resolverlo de la manera más exitosa posible. Lo primero es hacer una distinción entre lo que verdaderamente merece discusión y lo que no. Sin embargo, tampoco es bueno cuando uno de los dos siempre cede para evitar los conflictos, porque después de un tiempo esta persona estará cansada y la relación se puede colapsar.


El cómo abordar la manera de discutir, influye de forma determinante en la resolución del conflicto. Siempre sugerimos expresarse centrándose en el uso del “yo” más que del “tú”. Por ejemplo, conviene más decir “es que yo me sentí de tal manera...” a “que tú me trataste muy mal...”, ya que de la última forma el otro se sentirá inmediatamente atacado, mientras que de la primera se está hablando de los propios sentimientos.


El problema no está en discutir los puntos de vista, si no en no hacerlo con madurez ni poniéndose en el lugar del otro para llegar a un acuerdo. La idea es aprender a negociar para que ambos sientan que salieron victoriosos del conflicto, ya que cuando decidimos vivir en pareja son muchos los cambios a los que nos tenemos que enfrentar y, a menudo, estos cambios suponen motivo de conflicto entre la pareja.


Hace años eran nuestras madres y abuelas las que se veían completamente dependientes del marido, pasaban de ser dependientes de un padre para ser dependientes de una pareja. Hoy en día cada vez se da menos, ya que la mujer se ha independizado y trabaja fuera de casa igual que el hombre: ocupa puestos importantes y puede llevar la economía familiar en igualdad con su pareja. Muchas veces nos encontramos hombres que tienen muy asumido el rol de marido que aporta en la casa un nivel económico, pero que se desentiende de otras tareas dejando a su mujer la carga de casi todo lo que se hace necesario para llevar el peso de la pareja, la relación y los asuntos educacionales.


Cuando ella está en casa y no trabaja parecería algo más lógico, pero si ambos trabajan, lo normal sería repartirse las tareas. Muchas de nuestras madres son las responsables de que esto ocurra; han inculcado en sus hijos valores materialistas y machistas; el valor del hombre está en su trabajo y el de la mujer en su casa con los hijos. Cuando iniciamos una vida con un hombre que tienen estos ideales, y además su madre se ocupa de reforzarlos cada día nos vamos a encontrar ante una tarea ardua y difícil, ya que los cambios que necesitamos costaran trabajo y discusiones diarias. Consultar con un especialista en familia que os dé pautas y pistas para la reflexión, es, en la mayoría de ocasiones, la única solución para salvar una pareja que aunque es cierto que se ama, no es sólo el amor lo que puede dar los elementos válidos para llevar adelante las vicisitudes tan variadas que se dan en la convivencia diaria de la pareja.


Es importante la Teoría de las tres “P” (Persona, Pareja, Padres). No podemos evolucionar a lo largo de nuestra vida de pareja si no hemos aprendido a madurar y llevar a cabo los cambios emocionales en nuestra vida como persona individual. Si tengo carencias (del tipo que sean) como persona, esas mismas carencias las llevo a mi relación de pareja y además con el tiempo se van ampliando y siendo mas obstructivas en el ámbito de las relaciones con los demás. Pero con el cambio de los ciclos evolutivos, cuando llego a ser Padre, inciden mis carencias en la educación hacia mis hijos, lo que no desarrollará adecuadamente el ciclo ni la transmisión adecuada de enseñanzas hacia ellos porque yo mismo/a no he aprendido en primera instancia a formarme como persona madura, coherente y sincera. Esto es la base para incidir en la idea de que es importante formar al ser humano desde su más tierna infancia con los valores adecuados para que vaya evolucionando su persona en todas las etapas que le toque vivir. Si no lo hacemos así, castraremos a nuestros hijos y le transmitiremos las deficiencias, los miedos, las renuncias, etc. que nosotros mismos hemos padecido impidiéndoles desarrollarse en los valores que tanto buscamos y anhelamos todos: La libertad, el respeto, la tolerancia...y, sobre todo, como base necesaria, EL AMOR


JUAN JOSE LOPEZ NICOLAS. Orientador familiar.

jueves, 21 de junio de 2007

CUANDO EL AMOR SE CONVIERTE EN ADICCIÓN


uando una persona no logra liberarse de una relación sentimental que le produce daño y perjudica su salud física y mental, la relación se convierte en obsesión.


La persona no es feliz ni con la pareja ni sin ella, pues ha ingresado a un círculo vicioso similar al que ingresan aquellos individuos adictos al alcohol, las drogas, el juego u otras. Así como aquellos necesitan y toleran cada vez más cantidad de tóxicos para poder funcionar, la persona "adicta al amor" soporta increíbles cantidades de sufrimiento en la relación que ha establecido.


Estos individuos que por una u otra razón tienden a manejar sus problemas a través de la manipulación y el control de otros, se “enganchan” en una relación sentimental con personas inadecuadas que por lo general son incapaces de comprometerse emocionalmente en la relación. El individuo la percibe desvalida, necesitada o que requiere de alguna transformación y se erige como responsable de su “salvación” o de su transformación, creándose así una codependencia o adicción.


En base a esta premisa falsa, tiene la creencia de que con el “poder de su amor” logrará retener a la pareja, satisfacer sus carencias o lograr su transformación y busca cualquier pretexto para mantener la relación, a pesar del maltrato y rechazo que recibe. Temen enfrentar la realidad y las consecuencias que un cambio de actitud o de comportamiento produciría en sus vidas.


Relaciones de este tipo se caracterizan por ser dramáticas, caóticas, llenas de excitación, sufrimiento y un alto grado de erotismo y sexualidad.


Por lo general, la seducción, y la sexualidad definen la relación. Hay una supuesta “buena sexualidad en una mala relación sentimental”. El esfuerzo por complacer se centra particularmente en esta área, que probablemente es utilizada como “disfraz” para esconder carencias afectivas y la necesidad de ser abrazado, protegido, amado. Por esta razón los encuentros sexuales, especialmente al inicio de la relación o después de un distanciamiento o cuando no hay formalidad en la relación (amantes) , se suelen distinguir por el encanto, romanticismo, erotismo y sensualidad En la dinámica de la “adicción al amor”, los intentos por retener y/o cambiar al otro, vinculados con el manejo y el control, se convierte en una lucha continua en la que uno es el que “soporta” ser herido, humillado, violentado, mientras el otro desprecia, maltrata, se deprime, llora, suplica o provoca mayor alejamiento emocional. Muchos siguen juntos pero distantes, sin romper totalmente la relación, causando con esto, mayor dependencia y adicción.


La relación adictiva es progresiva. El intento de controlar y dirigir la transformación de la pareja, va haciendo que poco a poco quede a merced de ésta. El controlador pasa a ser controlado, mientras va abandonando sus intereses personales.


En este estado, siente enojo, ira, impotencia, frustración. Sus pensamientos se vuelven obsesivos, con celos irracionales, ideas de venganza, planes imaginarios para someter a la pareja o lograr su atención, inclusive puede realizar actuaciones que provoquen o estén encaminadas la atención o el acercamiento de la pareja. No logra manejar sus emociones ni resolver sus conflictos y presenta síntomas físicos y psíquicos de estrés. Baja su autoestima, pierde la confianza en sí mismo, reprime sus emociones, no logra poner límites, se muestra poco asertivo, no logran comunicar lo que piensan y siente. Pierde el control de su vida y funciona alrededor de las decisiones y la voluntad del otro.


Si la pareja se distancia o romper la relación, puede presentarse el “síndrome de abstinencia” similar a cualquier adicto, con un estado físico y mental de profundo dolor, sensación de vacío, insomnio, llanto, angustia, culpa, humillación, creada por el miedo a la soledad, al abandono, a ser rechazado e ignorado. La autoestima se encuentra gravemente lesionada, la salud deteriorada, mientras la dependencia se va haciendo mayor y más perjudicial.


Recuperarse o prevenir esta adicción es posible con voluntad y esfuerzo. A modo general señalamos algunos pasos a seguir:


·

Acepta que tienes un problema y que debes buscar la solución.


·

Enfrenta la realidad de la situación con honestidad, sin fantasías, engaños o mentiras.


·

Procesa y resuelve el dolor que llevas por dentro.


·

Libérate de la carga que tienes por dentro, hablando de tus sentimientos y emociones con alguien de tu confianza. Busca ayuda profesional si es necesario.


·

Analiza tus patrones de conducta y ten la disposición y el valor de cambiar aquellos comportamientos que te perjudican y perjudican a otros.


·

Ten siempre presente que cada persona es responsable de sí misma y no necesita cambiar o controlar a los demás para sentirse bien, pues para sentirnos bien solo necesitamos controlarnos y cambiarnos a nosotros mismos.


·

Hay que vivir la vida plenamente y dejar vivir a los demás con libertad, con respeto, cuidándonos y amándonos primero a nosotros mismos para así tener la capacidad de amar a los demás.



ALEJANDRA PALACIOS BANCHERO. Psicóloga clínica experta en familia

martes, 5 de junio de 2007

¿CRISIS O FINAL? HE AHÍ LA CUESTIÓN



uando una pareja entra en una crisis, del tipo que sea, a veces es necesario la participación de un especialista en temas de pareja porque generalmente no se sabe salir solos. En nuestra experiencia hemos dado con todo tipos de crisis y puedo decir que cuando se acude a pedir ayuda por las dos partes o la voluntad se detecta con la misma intensidad en la aportación de soluciones, aún está el amor. También es cierto que es un mito eso de que el amor de verdad hace que todo sea una balsa de aceite. El amor no es suficiente para que la crisis no se dé, pero sí se demuestra la existencia de ese amor cuando se intenta caminar para ver una posible solución; puede ser el gran báculo de apoyo para querer trabajar la crisis.



No cabe duda que la percepción del problema de cada uno de los miembros de la pareja es importante porque del modo en que se afronten los problemas, su superación, va a depender siempre de que se hable y se aprecie como un conflicto, como una etapa conflictiva, por dura que parezca, o que se perciba como el principio de un fin irremediable. Aquí el amor existente, si lo hay, también tiene mucho que decir.


Es cierto, por otra parte, que la pareja la forman dos individualidades y por tanto, como antes mencionaba, el modo, la forma en que cada uno se enfrenta a esa crisis va a ser decisivo para decidir si es crisis o final. Por esa razón de ser dos individualidades hemos de tener en cuenta unos factores importantes: la madurez emocional, la habilidad para manejar los conflictos, cuánto tiempo se lleva de pareja y el momento personal de cada uno.


Siento no tener una varita mágica para adivinar cuándo una relación ha de acabar o no; no hay reglas fijas...es imposible porque cada individuo es distinto y cada pareja también. Podemos decir que cuando deja de aportarse a la pareja esa serie de cosas que la propició, puede ser que se alcance ese punto de inflexión en el que se debe producir el cambio. Tras todo cambio es generalmente normal que haya una crisis, mayor o menor.


Nuestro mayor enemigo para saber si esto es una crisis o el final es el maremagnum de emociones, sentimientos, pensamientos enfrentados, que existen, siendo esta la razón por la que no podemos serenarnos y pensar de una forma útil y clara. Otra vez nos pueden las emociones. ¡Si pudiéramos pensar en soledad y detener el pensamiento para analizarlo sin presiones externas!


No olvidemos que muchos problemas se suscitan por la resistencia al cambio, sea cual fuere. ¿Por qué no replantearse la pareja y seguir adelante con cambios? ¿Por qué no poder salir reforzados con esta crisis?


También el planteamiento de las preguntas que generalmente nos hacemos tienen mucha importancia en nuestro modo de ver la cuestión. No es lo mismo preguntarse: ¿esto es el fin?, que reflexionar y preguntarse: ¿Quiero que esto sea el fin? También es bueno el planteamiento más sencillo que hay: ¿Le amo todavía?; ¿tenemos las mismas metas ; ¿la deseo?; ¿Reflexiono y me comprometo para ver qué puedo aportar a la otra persona y a la relación para mejorarla?; ¿Me merece la pena ese hombre?


Decidamos lo que decidamos tengamos en cuenta qué decisión vamos a tomar y sobre todo cuándo la tomamos, porque insisto que en este estado emocional es mejor dar tiempo y no tomar ninguna decisión...Ninguna, de momento. Es mejor quitar los posibles bloqueos para crear espacios para el diálogo, la comunicación, con el fin de que la decisión sea la adecuada, en cada caso.


Ahora, pienso, una solución a nuestro problema podría ser consensuar y debatir (que no pelear) lo tuyo y lo mío para poder llegar a la conclusión de qué es lo nuestro.
Intento pensar y dejar el mensaje para que lo que se infiera de estos momentos muy dolorosos sea: “Aprender a utilizar los conflictos y las crisis, para aprender más de nosotros mismos, ver qué necesitamos y cuál es el dolor que suscitamos en nuestra pareja. Que sean trampolín de desarrollo y no de estancamiento que no lleva a ninguna parte. Hablemos cuanto sea necesario, para que el problema no quede enquistado. No hay mayor desastre que el silencio y la distancia.”


JUAN JOSE LOPEZ NICOLAS. Orientador Familiar