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martes, 2 de abril de 2019

La mente y su descontrol

Muchas veces hemos dicho o hemos leído que la Mente es nuestra amiga y también nuestra enemiga, dependiendo de qué cosa nos mande hacer o realizar, con ese poder real que tiene sobre nosotros, pero que muchos creen que es necesario acallar, relajar o mejor, en momentos, aprender a no pensar, a ejercitar nuestro cuerpo para que acuda a los sitios que quiera sin esa rémora que es la mente, juez y ejecutor de todo lo nuestro, y con mucha capacidad para juzgarnos y hacernos creer lo que no es, hasta anular nuestras acciones.

Cuando la mente dice que sí a algo es mejor no resistir porque se realiza, si o sí. Es muy poderosa y nuestra energía debería ir en ocasiones a saber cómo no pensar para huir de los designios de ese poder tan alocado e irresistible, porque nos puede y creo que le tenemos bastante miedo, pero mira por donde todos no pensamos igual, faltaría más. Os dejo con una artículo encontrado en la Red, en la página https://www.jananguita.es, que nos habla precisamente de la necesidad que todos tenemos de que la mente nunca, nunca se pare, y defiende que “querer acallar la mente completamente es como querer detener el corazón. Sin la mente no habría vida.”  (Jan Anguita)

Leedlo y reflexionad porque tenemos servido el debate que tanto nos gusta.

“¿Qué opinión tienes de tu mente?
En general no tiene muy buena fama, ¿verdad? A menudo la tratamos como a un enemigo. Como si fuera el origen de todos nuestros problemas.
Y en parte tenemos razón: es verdad que tenemos un problema con la mente. Se descontrola con mucha frecuencia, y empieza a hacer cosas sin aparente sentido.

Pero el problema no es ella, el problema somos nosotros. La mente es una herramienta fantástica, lo que pasa es que no la estamos usando correctamente. Por esta razón, en este artículo me gustaría hablar de cómo funciona la mente exactamente, de por qué tiene esta tendencia a descontrolarse y de qué podemos hacer para evitarlo.

La mente es la herramienta que crea nuestra vida, y si queremos vivir de forma plena y satisfactoria, tenemos que entenderla bien y aprender a controlarla.

Qué Es la Mente
El primer paso para entender bien cómo funciona la mente es tener siempre presente cuál es su verdadera función. Y, como explicaba en un artículo reciente, la función de la mente es crear. La mente no sirve para tomar decisiones ni para analizar nuestro entorno, sino para crear la realidad.

Normalmente no somos muy conscientes de este hecho, y este es uno de los motivos por los que hemos perdido el control de la mente. No vemos la conexión que existe entre nuestra mente y la realidad que vivimos, y creemos que son dos cosas separadas.
Pero si te fijas bien, verás que tu vida encaja perfectamente con el tipo de pensamientos que tienes habitualmente. Y no es casualidad: la mente crea la realidad.

De hecho, desde un punto de vista profundo, la mente ES la realidad. En última instancia, el universo no es otra cosa que la mente de Dios. Todo lo que ves a tu alrededor son pensamientos que Dios está teniendo ahora mismo. Pero este es un tema que se merece un artículo entero. O dos… 
El hecho de que la mente sea la herramienta que crea la realidad hace que tenga una característica muy particular: no se puede detener. 

La mente no se puede parar, porque si lo hiciera, la vida al completo se detendríaEs importante tener esto en cuenta porque hay una tendencia bastante generalizada a afirmar que la mente debe detenerse. Que la mente es un obstáculo para ver la realidad profunda de las cosas, y que debemos hacerla callar. Muchas veces, se asocia el concepto de meditación con esto: acallar la mente.
Pues bien, esto no sólo no es posible, sino que además sería muy perjudicial. Querer acallar la mente completamente es como querer detener el corazón. Sin la mente no habría vida.

¿Por Qué la Mente se Descontrola Tanto?
Dado que la mente no se puede detener, esto quiere decir que siempre está creando. Siempre.

Es importante dejar de ver este hecho como algo negativo, porque es todo lo contrario. Piensa que si tu mente se detuviera, tu vida se acabaría. Así que debemos dejar de obsesionarnos con la idea de detener la mente: es un esfuerzo completamente inútil, además de ser un auténtico intento de anularse a uno mismo.
En cambio, lo que sí merece nuestros esfuerzos es aprender a dirigir la mente. Debemos aprender a controlar nuestra mente para que cree lo que deseamos. Esta es la clave de una vida plena. Y esta es también la clave del problema que tenemos con la mente.

Déjame que te haga una pregunta: cuando caminas, tú decides donde pones los pies, ¿verdad que sí? Y también sabes que en cualquier momento puedes parar tus piernas o cambiar la dirección que llevan, ¿verdad?
Ahora bien, ¿haces lo mismo con tu mente? ¿Escoges conscientemente qué quieres pensar en cada momento? ¿Eres consciente de que tienes el poder de cambiar el rumbo de tus pensamientos cuando quieras? ¿Usas este poder?

Lo más probable es que la respuesta sea “no”.

No estamos dirigiendo nuestra mente, este es el origen del problema. Por esta razón nuestra mente va divagando de una idea a otra sin aparente sentido. No hay nadie dirigiéndola, así que navega sin rumbo definido.
Para entenderlo mejor, imagínate un capitán que está conduciendo un barco, y que de repente suelta el timón y se pone a mirar por la barandilla. ¿Qué hará el barco?

No se quedará quieto, ¿verdad? Seguirá moviéndose, pero en lugar de estar gobernado por alguien que sabe a dónde quiere ir, se moverá a la deriva.
Pues esto es lo que nos pasa a la mayoría de nosotros: nuestra mente va a la deriva porque nadie la está guiando. No le estamos diciendo dónde que queremos que vaya. No estamos escogiendo conscientemente nuestros pensamientos.
Hemos soltado el volante y nos hemos puesto a mirar por la ventana.

Quién Controla Tu Mente
Actualmente, la mayoría de las personas no controlamos activamente nuestras mentes. No elegimos de forma consciente lo que pensamos.
Pero como no puede detenerse, la mente sigue creando. Una pregunta importante es: si no somos nosotros los que decidimos el tipo de pensamientos que crea nuestra mente, ¿quién lo hace?

Para responder a esta pregunta podemos volver a usar el ejemplo del barco: cuando un capitán deja de guiar su barco, ¿hacia dónde se mueve? Pues si nadie lo guía, el barco se mueve en función de dos cosas: la dirección que llevaba antes de que el capitán se fuera, y el movimiento del mar.
Pues lo que le pasa a nuestra mente cuando no la guiamos es muy similar: continúa moviéndose en función de dos cosas:
1.      La dirección que llevaba.
2.    Los pensamientos de la humanidad en general, especialmente nuestro entorno más cercano.

El primer punto es el que hace que, si no hacemos nada para evitarlo, los pensamientos tiendan a ser repetitivos. Como cualquier otra cosa, la mente tiene inercia, y tiende a seguir la dirección que llevaba si nada la hace cambiar.

Esto quiere decir que, si no haces un esfuerzo consciente para controlar lo que piensas de forma deliberada, tus pensamientos tenderán a ser los mismos una y otra vez. Y esto, a su vez, hará que las cosas que te pasan también sean siempre las mismas: como si estuvieras en un bucle de repetición.

Seguramente, esta sensación la has vivido muchas veces, ¿verdad? Nos pasa a todos. Pues el motivo es que no estamos guiando nuestra mente, de manera que se mueve por inercia en función de los pensamientos del pasado.

Aparte de la inercia, hay otro componente que también afecta a la dirección de la mente: los estímulos que nos llegan del exterior.
Por ejemplo, si tú estás tan tranquilo pensando en cosas agradables, y llega alguien y te cuenta una mala noticia, seguramente te afectará y hará que cambie la dirección de lo que estabas pensando hacia cosas más negativas.
Pero esto sólo será así si tú no controlas activamente tu mente. Tú eres el dueño absoluto de lo que pasa en tu cabeza, y los acontecimientos externos sólo pueden afectar a tus pensamientos si tú dejas que lo hagan.

Si un capitán apaga los motores del barco y suelta el volante, el barco se volverá muy vulnerable al movimiento del mar. Pero con los motores a toda máquina y el timón bien agarrado, el barco rompe las olas y marca libremente su camino.

Del mismo modo, si tú tomas el control de tus pensamientos, el mundo exterior no los puede modificar.

Como Controlar la Mente
Resumiendo un poco lo que hemos comentado hasta ahora, se podría decir que la mente tiene dos modos de funcionamiento, uno activo y uno pasivo:
  • En modo activo, tú decides deliberadamente qué pensamientos quieres tener.
  • En modo pasivo, la mente va “sola” y crea pensamientos en función del pasado y de lo que está pasando en tu entorno.
Así pues, para que nuestros pensamientos (y por lo tanto nuestra vida en general) no sean una rueda repetitiva ni dependan de lo que ocurre en nuestro entorno, debemos empezar a guiar a nuestra mente de forma activa. Debemos controlar deliberadamente lo que pensamos.
Esto es algo que no estamos acostumbrados a hacer. Por alguna extraña razón, ni se nos pasa por la cabeza la posibilidad de controlar nuestros pensamientos. Creemos que hacer algo así ni siquiera es posible. Hemos aceptado como normal el hecho de que la mente vaya sola.

Pero este es un lujo que no nos podemos permitir. Lo que pasa por nuestra cabeza se acaba manifestando en la realidad externa, así que si no controlamos nuestra mente, no controlamos nuestra vida.”

miércoles, 30 de mayo de 2012

Yo pienso…o la realidad subjetiva de la vida.

¿Hasta qué punto podemos nosotros mismos ser los artífices de la percepción de nuestra propia realidad?

Está claro que a veces nos viene la sensación de que nuestro camino se va conformando, va tomando forma y entidad en base a una más que complicada mezcla de circunstancias del entorno, decisiones propias y una serie de sucesos que “aparentemente se nos escapan”, son casuales, pero que hacen que encaje todo, más o menos, para dibujar nuestro mapa de vida. Es curioso y sorprendente, pero parece que todo termina encajando. Pero lo que realmente impone nuestro estilo de vida, ese camino que alineó un ladrillo, varios ladrillos, un escalón con otro, para que yo vaya pisando y pasando de uno a otro, lo que en realidad va determinando nuestra existencia, la de cada cual, y el modo de vivirla, son las pequeñas (y a veces no tan pequeñas) decisiones que tomamos sobre cómo pensar y cómo actuar.

Pueden parecer un poco enrevesadas estas primeras líneas que están comenzando a tomar forma ante vosotros, pero la reflexión pausada ante los problemas conceptúan nuevas formas de situarse ante lo que acontece tras un episodio que nos sacó de quicio, nos trastocó y nos hizo, por qué no, hasta “morir un poco”. La consciencia aparece entonces intentando pausar el estado de ánimo negativo creado, suscitando pensamientos con la necesaria distancia para que la perspectiva cambie y el resultado sea otro pensamiento distinto que “ponga luz” en nuestra mente, queriendo asumir la propia responsabilidad de cambiar nuestra actitud hacia algo, hacia alguien o hacia nuestra relación de pareja, para obtener el objetivo de tener que concentrarnos primero en cambiar nuestros pensamientos o valoraciones hacia esa situación o persona, ya que estos son los responsables de dar el brote inicial a partir del cual nace y se desarrollan todo el resto de cosas.

Una vez que conseguimos cambiar nuestros pensamientos, primer objetivo, para que desde dentro no se remueva esa tormenta de arena que nos forzamos en contener por fingir aceptar situaciones que realmente están en “trámite de aceptación” (y aún no dominamos), repito, una vez conseguido cambiar los pensamientos (irracionales ante sucesos ancestrales), es preciso materializar esa transformación modificando nuestras acciones, pero, como dice una compañera mía, “desde las vísceras…desde la realidad de tu interior,…sin fingir.” Este paso es importantísimo porque pone de manifiesto y potencia el cambio anterior para ir modificando lentamente nuestra actitud hacia las circunstancias, haciendo que las recibamos mejor y actuemos ante ellas de forma más tranquila y eficaz. En el momento en que logramos que esta consciencia y aceptación entren en nuestra vida, nos sorprenderemos al contemplar como la fortaleza y la capacidad de superación las acompañan cogidas de la mano, ya que no existe nadie más fuerte que el que conoce bien su debilidad y ha hecho las paces con ella.

Aún así sé que se puede fallar (errare Humanum est.), y no pasa nada, pero desde ese interior interno (permítanme la licencia de enfatizarlo así) y consciente, hemos de saber que el secreto es la perseverancia, la fe, la constancia, ya que sin ellas la transformación sería efímera y carente de sentido. No podemos olvidar que no somos perfectos, como apunté con ese latinajo de antes, y ante esos traspiés que seguramente alguien no perdone (puede suceder), no debemos desesperarnos ni sentirnos autodefraudados, sino más bien ser conscientes del hecho y estar atentos para detectar cuándo y por qué suceden,...”aceptar su existencia y seguir adelante con el mismo empeño y ganas de mejorar que habíamos conseguido al analizarnos nosotros y nuestra vida.”

V. Narváez, psicóloga clínica, comenta respecto a lo que trato de comunicaros en este artículo que:"… es igualmente importante entender que las maneras de funcionar que tenemos incorporadas a nuestro repertorio y que nos generan sufrimiento se gestaron siguiendo el mismo proceso: la semilla inicial fueron los pensamientos, que nos hicieron reaccionar de una determinada manera que, al repetirse, se afianzó en nuestras vidas en forma de un hábito o costumbre que ha pasado a influirnos en nuestro presente y nuestro futuro. Tener claro este mecanismo es crucial para comprender que para romper estas cadenas de acontecimientos es necesario sustituirlas, poco a poco, por otras más saludables.
Es altamente recomendable y eficaz poner consciencia a nuestros pensamientos porque son ellos los que llenan de creencias y formas lo que nuestra vista subjetiva opina de los acontecimientos a los que nos enfrentamos en la vida. Esta toma de consciencia de nuestra vivencia emocional tiene sin duda numerosas ventajas, ya que nos permite dotar de significado a nuestros sentimientos relacionándolos con nuestras circunstancias y vivencias, posibilitando así la compresión e incluso la modificación de nuestro mundo interior. Y es por todo esto por lo que creo razonable aquella sentencia que rezaba:

“Siembra un pensamiento y cosecharás una acción.
Siembra una acción y cosecharás un hábito.
Siembra un hábito y cosecharás un carácter.
Siembra un carácter y cosecharás un destino.”

o aquella otra…

“Pido perdón a los que ofendí por no dejar que conocieran al que realmente soy.
Pido perdón a los que enfadé por dejarles ver lo que quiero cambiar de mí.”

Darnos permiso a nosotros mismos para experimentar lo que nos toque nos hará más tolerantes a la hora de comprender los sentimientos de los demás, ayudándonos así a respetar el espacio que todos necesitamos para experimentar libremente nuestros pensamientos y los sentimientos y emociones a los que nos lleven. Aún así el objetivo es controlar, dominar, cambiar y sustituir pensamientos ineficaces, irracionales, por otros que me hagan vivir la vida de forma eficiente y eficaz.


Juan José López Nicolás
Basado en datos de
V. Narváez Peralta

jueves, 17 de marzo de 2011

MENTE Y CREENCIA...PENSAR, ACTUAR

Perder la capacidad de apreciar la belleza que hay en el mundo es muy dañino. Nuestro pensamiento puede crear un veneno en la mente que nos hace perder la perspectiva real y positiva de las cosas.
No nos enfadamos solo por lo que pasa sino por el significado que le damos y si ese significado desarrolla hábitos de agresividad, ira, victimización, rencor, etc., actuaremos de esa misma manera y como casi siempre, serán decisiones precipitadas las que tomemos.

En ocasiones se puede rectificar salvo que ese “veneno” que nos inoculó nuestra mente con distorsiones cognitivas, nos refuerce en nuestra actitud y nos haga no poder salir a la realidad que hay ahí fuera. Y nos paraliza para no tomar la decisión de iniciar el camino para el cambio que se precise. Y sin embargo, si pensamos desde nuestros “adentros”, somos los únicos responsables de lo que nos pasa, porque nosotros elegimos qué hacer y donde posicionarnos.
La persona a quien le falten habilidades de conducta para sobrellevar ciertas situaciones, como la comunicación o la capacidad de solucionar problemas, fácilmente usará la ira, la rabia, el descontrol, la ruptura, etc., para resolverlo. Es un sistema el que hay que está interconectado y los núcleos de estas interconexiones son el pensamiento, las emociones, las conductas y el entorno. Pero nuestro comportamiento modela el entorno en el que nos movemos ocasionando a veces que las personas que actúan de forma antagonista aparten a los que podrían darles apoyo.
Y en el fondo, el problema, el quid de la cuestión, no es otro que la circunstancia de no entender bien el mundo y la vida, y a veces la ira, el enfado, consumen nuestros recursos.

Como sigue diciendo R. Novaco, tras la ira hay alguien cuya perspectiva de vida es estrecha y exagera la importancia de los acontecimientos.
Se trata de estructurar nuestros pensamientos, para conservar nuestra salud mental, aunque si observamos estos datos que siguen, nos pueden dar bastante en qué pensar. Se pueden establecer unas características mínimas y básicas definitorias de los que están mentalmente sanos y según esto serían:
• Tener la posibilidad de desarrollar aptitudes y talentos satisfaciendo adecuadamente sus necesidades básicas.
• Tener la capacidad de ir aceptando las responsabilidades individuales y compartidas.
• Tener la capacidad de dar y recibir amor, en la amistad y la compañía, y por último
• Tener la autocrítica reflexiva sobre los propios comportamientos con capacidad para aceptarlos o para cambiarlos cuando sea necesario.

Por esto es importante interiorizar que "La mente es la casa de las creencias que promueven los pensamientos que conducen a las acciones que emprendemos. La mente es lo que desarrolla y dirige la estrategia. La mente provee una imagen e instruye al cuerpo en los movimientos necesarios para actuar. La mente es el observador que hace las decisiones acerca de la clase de autodiálogo que utilizamos cuando actuamos. La mente controla nuestra fisiología. La mente se hace cargo del control emocional. ¡La mente es la locomotora que conduce al tren!"

Seguramente a nadie se le ocurre que es uno mismo quien se hace sabotaje a sus propios pensamientos positivos.

Cuando emprendemos este camino de mejoramiento y desarrollo personal,si es que lo hemos decidido, el gran bloqueo está en nuestro paradigma, es decir, en el conjunto de creencias, hábitos, maneras habituales de pensar y actuar. Tu mente consciente está llena de pensamientos, y la subconsciente llena de creencias. Cuando tu mente consciente tiene que adoptar una actitud, una respuesta, una acción, consulta al subconsciente quien le da inmediatamente la respuesta, según cuáles sean las creencias alojadas en él. No todas las creencias que tiene nuestro subconsciente son limitantes. Muchas son potenciadoras, y son las responsables de lo que has logrado en tu vida. Pero de lo que se trata es de ir cambiando las creencias, los modos habituales de pensar y actuar que nos limitan y postergan nuestro desarrollo.



A la hora de comprender un comportamiento o de modificar cualquiera de ellos, es necesario tener en cuenta los tres vértices de este triángulo. Para experimentar sentimientos más positivos, "sentirnos mejor", es necesario pensar de forma adecuada a la realidad y liberarse de ideas irracionales que a uno le hacen daño.

bibliografia: - http://atraelaplenitud.wordpress.com
- datos de entrevista a Raymond Novaco

miércoles, 9 de marzo de 2011

PAZ FRENTE A CONFLICTO

A todos nos han enseñado a pensar que es en el exterior donde debemos buscar el sustento, a mirar más allá de nosotros mismos, en busca de fuerza, amor, prosperidad, salud, felicidad y satisfacción personal, espiritual. Hemos sido condicionados en nuestra cultura para creer que recibimos la gracia de la vida de algún punto externo a nosotros. Sin embargo es posible cambiar la dirección de nuestros ojos de afuera hacia adentro y cuando la hacemos, encontramos una energía que habíamos percibido pero no habíamos identificado. No son las personas ni los eventos externos los que nos causan problema, sino que son nuestros pensamientos y actitudes hacia nosotros mismos, hacia la gente y las situaciones, lo que nos causa conflicto y aflicción.

Muchos artículos de este blog inciden en el tema de los pensamientos, pero es que cada vez estoy más convencido de que según piense, así actuaré.
No es raro que nos separemos de nuestra pareja por algún problema que le achacamos o que pensamos que es él o ella quien no sabe tratar nuestra vida como nosotros la queremos. No es raro ver cómo una relación que puede ser adecuada, se ve salpicada por todos los problemas que realmente, si miramos hacia nuestro interior, son nuestros exclusivamente y no del otro, pero nos hemos empeñado en que los acepte como condición para “seguir queriéndolo”.

Nos empeñamos en pensar que el otro no nos entiende cuando la realidad es que no nos puede entender si nosotros mismos no nos entendemos. Y el principal problema estriba en pensar que ese problema no tiene solución.

Cada instante nos brinda una nueva oportunidad de volver a examinar nuestra vida y de elegir otra vez qué es lo que queremos sentir: amor o temor, paz o conflicto. Es reeducar la mente y abrir nuestro corazón.

Sanarnos consiste en descubrir qué valor hemos asignado a actitudes como guardar rencor, culpar a los que nos rodean o criticar y enjuiciarnos a nosotros mismos y, luego, revisar nuevas opciones. Pretender que otra persona nos haga felices y llene todas nuestras expectativas es una fantasía narcisista que sólo trae frustraciones.

Sanar plantea que el propósito de toda comunicación es unir, no separar, que la felicidad es una elección y que nuestro estado natural es la armonía, creatividad y felicidad. Esto nos conduce a la libertad responsable en lugar de la opresión. Tener una actitud curativa se basa en la convicción de que es posible elegir la paz en lugar del conflicto y el amor en lugar del dolor. Nos ayuda a considerar la salud como una paz interior y la curación como el proceso de liberarse del miedo y la culpa.

Juan José López Nicolás
Sobre apuntes de la Lic. Teresa González- Psicóloga Argentina

viernes, 8 de octubre de 2010

LA MENTE Y EL PENSAMIENTO

También caemos. También somos humanos y aunque estemos en el camino de los conocimientos para trabajar la mente de tal manera que nos vaya orientando al equilibrio, también sufrimos el incordio de la ansiedad, la depresión, la angustia ante sucesos que a veces nos superan. Estamos en la constante lucha y esa es, precisamente, nuestra propia lucha para evitar caer en el fragor de ese combate.

Necesitamos tranquilidad, paz, relativizar y hasta pensar y dominar el "no pensar".

Precisamente de los pensamientos, de la mente, de sus trampas, de sus beneficios, de sus trabajos, de ella en sí ( de la mente) es de lo que se trata.

En un blog de naturopatía (Naturópata Masdeu), he encontrado un artículo que resalta la importancia de los pensamientos, de la mente. Como suelo hacer, si algo me sirve y me forma en la capacidad de reflexión, lo comparto con todos. Aquí os lo dejo y que sea un útil apropiado a la reflexión de este orbe que parece haberse vuelto loco.

"Toda la creación humana es producto de un pensamiento. Los pensamientos surgen de la mente como impulsos creativos y cuando éstos se manifiestan en forma organizada producen una expresión creativa. Todos tenemos la misma capacidad desde el nacimiento para organizar los pensamientos, por lo tanto se puede considerar a la mente como una estructura que tiene un poder organizador. Este poder no está ubicado solamente en el cerebro, abarca todo el cuerpo hasta cada una de nuestras células y se puede decir que todo en la naturaleza posee el mismo poder organizador de inteligencia creativa. Cuando hablamos de meditación, nos referimos a relajarnos físicamente y a vaciar nuestra mente de sus contenidos, tratando en ese proceso de concentrarnos en un espacio sin pensamientos.

Pero la concentración mental nos resulta muy difícil porque los pensamientos nos invaden. No podemos evadirnos de ellos porque el pensamiento es mecánico, está siempre comparando y es el reflejo de la memoria. Si no hubiera conocimiento no habría pensamiento porque éste siempre opera en el campo de lo conocido, en el pasado, y también se anticipa al futuro.

El pensamiento no capta la experiencia como es, sino que forma una imagen de lo que la persona quiere o no quiere que sea; de modo que la experiencia no es vivida plenamente tal cual es y es archivada en la mente como recuerdo deseado o rechazado.
El pensamiento siempre está activo y fluctúa entre el pasado y el futuro: “debería hacer esto, no debería hacer aquello” o “por qué hice esto, por qué hice aquello”.
Pero la mente puede lograr liberarse de los pensamientos. La mente puede vaciarse a si misma de todas las imágenes si no formamos imágenes ahora, viviendo las cosas tal cual son sin rechazarlas, negarlas o modificarlas.

Una mente confusa recuerda poco y una mente clara retiene con facilidad las imágenes en la memoria. Cuando la mente no es coherente y está poco organizada, la memoria será escasa.

Se dice: “Eres lo que piensas.” Una afirmación simple pero muy precisa. Lo que hacemos, lo que decimos, lo que sentimos, todo tiene su origen en la mente. La energía de la mente humana es el pensamiento. Posiblemente es el mayor pero a la vez el menos comprendido de los recursos energéticos del universo.
Lo primero, antes que empecemos a aprender a pensar en positivo, es saber cuántos tipos de pensamientos puede crear nuestra mente.

Los cuatro tipos de pensamientos son:
Pensamientos necesarios.
Pensamientos inútiles.
Pensamientos negativos.
Pensamientos positivos.

Pensamientos necesarios: son aquellos que tratan con la vida diaria como “qué comemos, qué tengo que hacer hoy…”

Pensamientos inútiles: son los que no tienen utilidad ni constructiva ni negativa. Se refieren generalmente a cosas del pasado como “si esto no me hubiera ocurrido, por qué me dijo eso…” Demasiados pensamientos sobre algo que ya no podemos cambiar. También sobre el futuro, como: “¿qué va a ocurrir si…?, ¿qué haré si…?” nuestra fuerza interior y nuestra habilidad de concentración se debilita con los pensamientos inútiles. Una persona que tiene muchos pensamientos inútiles a menudo se encontrará muy cansada ya que está gastando su energía en crear miles de pensamientos sin sentido.

Pensamientos negativos: debilitan nuestra fuerza interior, están basados en la ira, avaricia, expectativas insatisfechas, celos… No importa cuánta razón tengamos, pensando negativamente siempre seremos los perdedores. Casi siempre la gente que piensa negativamente sobre los demás a menudo se encontrará sola.

Pensamientos positivos: son aquellos que nos permiten acumular fuerza interior y nos llevan a ser constructivos. Pensar positivamente no significa que ignoremos la realidad a nuestro alrededor y pretender vivir en lo irreal o pretender ser otro. “Es fácil ser pesimista, igual que ser optimista, pero necesitamos tener mucho cuidado y ser maduros para ser realistas” cuando estamos contentos interiormente tenemos la fortaleza para aceptar a los demás tal como son sin querer cambiarles, nuestro cuerpo también experimenta gran beneficio, ya que cuando nuestra mente está en equilibrio y en armonía somos menos sensibles a las enfermedades. Si nuestros pensamientos son positivos nuestra actitud también será positiva y esa es la mayor protección de la negatividad en nosotros y a nuestro alrededor. Tenemos que ser conscientes de que donde quiera que se dirijan mis pensamientos es ahí donde irá también nuestra energía.

Nuestra mente es nuestro mejor amigo si la alimentamos sólo con pensamientos positivos, pero se convierte en nuestro peor enemigo si le permitimos que piense pensamientos negativos o inútiles. La mente es algo invisible, pero aún así, sus efectos se pueden ver en nuestra cara, nuestras palabras o en nuestro comportamiento. “Nuestras palabras y acciones son el espejo de nuestros pensamientos”.

Hay dos factores que influyen en nuestra forma de pensar:
Todas las influencias externas en nuestra vida diaria, en función del interés o la atención que les demos, influyen en nuestra mente. Con trabajo continuado, las influencias externas y mis reacciones hacia ellas se pueden modificar. Por ejemplo, veo que me estoy enfadando debido a lo que alguien me está diciendo algo y esto está creando pensamientos negativos en mi mente, así que poniendo atención en mí mismo pongo un freno, un punto final para parar la reacción innecesaria.

Impresiones de nuestro subconsciente; estas impresiones pueden ser positivas o negativas, las últimas son a menudo debidas a profundos hábitos causados por acontecimientos del pasado. La influencia de los hábitos fuertes o del pasado, profundamente enraizados en la conciencia del ser, son más difíciles de detectar y, por tanto, más difíciles de revisar y de controlar.

Pero, sea la influencia del exterior o del interior o de ambos, la respuesta es la misma. En algún lugar en mi interior tengo que tener la capacidad o el poder para filtrar o analizar los patrones o tipos de pensamientos creados, de manera que mis palabras y acciones puedan ser positivas y de beneficio para mí y para los demás.
En el ser hay tres facultades que forman la conciencia humana: la mente, el intelecto y las impresiones.

El trabajo de la mente es crear pensamientos, luego éstos se convierten en palabras y acciones.

El intelecto, cuando está atento, puede desapegarse y observar los hábitos y cómo influyen en el ser. Con práctica el intelecto aprende a filtrar lo que es correcto de lo incorrecto e intenta poner sólo los pensamientos correctos en la mente. Sin embargo, a menudo, aunque el intelecto se da cuenta de lo que es correcto e incorrecto, no hay el poder para poner lo correcto en la práctica.

Las impresiones son características de la personalidad que constantemente alimentan a la mente y determinan la reacción con las influencias exteriores. El poder para cambiar, para ser más positivo y mejor, reside en uno mismo no en ningún poder exterior.

Cuando he aprendido el arte de controlar lo negativo de lo positivo entonces puedo dar más bienestar a los de mi alrededor.

Entender cómo funciona nuestra mente es fundamental para que podamos crear un equilibrio entre nuestro mundo interior (pensamientos, sentimientos, impresiones) y nuestro mundo exterior (palabras, acciones, comportamientos, relaciones). “El equilibrio es la base para la armonía en todos los aspectos de la vida”.
Es necesario expresar nuestra opinión acerca de algo que es erróneo pero por falta de autoconfianza, de inseguridad o por miedo a la reacción de los demás, preferimos mantener silencio y no hacer o decir nada. Por eso hemos de estar atentos al momento adecuado para decir algo y cómo decirlo de manera que haya comunicación.
Viendo el lado positivo en los demás somos capaces de darles respeto y consideración. Todos somos libres de escoger qué queremos hacer y hasta qué punto. Lo importante es que yo esté haciendo lo que es correcto; revisar esto es mi primer deber.

El equilibrio es una función especial del intelecto ya que es solo mediante el entendimiento de lo que se necesita, cuándo se necesita y hasta qué punto, que nuestra vida podrá ser positiva y con contentamiento.

Una persona irresponsable nunca es libre; irresponsable significa el que usa mal su propia libertad o restringe la libertad de los demás debido al egoísmo o al ego. Esta persona nunca es libre ella misma porque siempre tiene que pagar el efecto de tal actitud y tales acciones. Las consecuencias pueden ser en forma de soledad, falta de amor, vacío interior, depresión…
La libertad y la responsabilidad son las dos caras de una moneda y son absolutamente inseparables.

Una vida sin un objetivo es como un barco sin timón. El resultado es un ir a la deriva, agotador y sin una meta. Las energías, especialmente las de la mente, están dispersas, no hay un punto donde reunir y concentrar las energías del ser y utilizarlas de forma constructiva.
La meditación ha sido reconocida como un método viable para ayudar al ser humano a reorientar su vida y conseguir una estabilidad interior."