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lunes, 26 de diciembre de 2011

"Dicen por ahí que la salida siempre está en tí."

Hay muchas personas ancladas en el pasado, en una serie de vivencias que han marcado su vida dejándolas vivir a “medio gas”, lo que hace que sus expectativas, de forma inconsciente, cree en ellas un nivel medio de exigencia y por lo tanto, la plenitud no puede anidar de forma adecuada. No se permiten disfrutar porque su ayer inunda su mente de culpa, de rencor, de rabia y de frustración. Parece, incluso, que llenar su pensamiento “vacío” seria tarea fácil, pero suele suceder que está tan lleno de nada que esa misma nada ocupa un espacio tremendo que les resulta muy difícil anular. Vivir y disfrutar, a veces son palabras vacías de conceptos porque la “obligación” anula la mera aspiración de todo individuo a ser feliz.

No hablo de faltar a la responsabilidad ante las situaciones, pero de ahí a anular nuestra vida por salvaguardar la de los otros que no quieren ellos llevar adelante, media un abismo. Para tener la posibilidad de solucionar las crisis es conveniente que no falten dos elementos fundamentales que posee todo ser humano: La inteligencia y la imaginación. Ya se menciona en mucha cantidad de literatura que todo lo que el hombre es capaz de imaginar, es capaz de realizarlo; y si esto es así, usar nuestra inteligencia para que nuestra imaginación colabore en la puesta en escena de nuestro plan de vida coherente, es el objetivo al que deberíamos aspirar. Ambos elementos citados, han de colaborar para que el hombre y la mujer se actualicen, se reinventen día a día para dotar su relación de elementos que el tiempo debilita y desgasta.

Erich Fromm decía que el amor es como una planta que si no abonamos y regamos con los tiempos adecuados que requiera, se marchita y acaba muriendo; y esto se consigue poniendo a trabajar en sentido positivo a nuestra imaginación.

La mayoría de bibliografía especializada que hemos consultado coincide en exponer una serie de pasos que favorecen situarnos en el punto adecuado para comenzar el afrontamiento, con grandes posibilidades de lograrlo. Algunos de esos puntos que os voy a indicar para conocimiento general, son también el protocolo que los orientadores a veces seguimos para ayudar a las parejas y a las familias a enfrentarse con las crisis.

1. Identificación de la fuente de estrés y detallar las causas que llevaron a la familia a la crisis.
2. Analizar la situación como un problema de toda la familia, y no de algunos miembros nada más. Si hablamos de pareja, adaptarlo a la situación de ver que ambos forman parte del problema y también de la solución.
3. Redimensionar la situación, manejando el significado y la gravedad del problema; ayudar a minimizar los efectos de la desorganización.
4. Buscar opciones para la solución del problema con los propios recursos de la familia o la pareja, alentándoles en la búsqueda de nuevas soluciones.
5. Reforzar las soluciones positivas y destacar las habilidades familiares en la solución de los problemas.
6. Tratar de que la familia integre las nuevas situaciones a los acontecimientos cotidianos de la vida familiar.
7. Ayudar a la familia a recuperar la sensación de control, disminuyendo las sensaciones de impotencia, y las creencias de la carencia de habilidades para resolver problemas.
8. Flexibilizar el sistema familiar o la pareja.
9. Guiar o regular los esfuerzos adaptativos de la familia.

La Profesora Idarmis González, especialista en psicología de la salud, asevera que la familia en crisis no es siempre una familia disfuncional; son situaciones de cambio que implican transformaciones en el sistema familiar, pero si se es capaz de asimilar unas reestructuraciones, puede ser fuente de crecimiento y desarrollo. Y para ello se hace necesario el CAMBIO. Si seguimos actuando igual, nada cambia.

También sé que la palabra "cambio" produce de momento una sensación de vértigo en el ser humano, no en balde existe el dicho de que más vale malo conocido que bueno por conocer. Si pensamos veremos que esto no tiene un sentido tan general como siempre lo aplicamos, porque lo que a las personas les cuesta es hacer el esfuerzo que necesita el cambio, ya que si una situación no es placentera lo lógico es intentar hacer que lo sea y precisamente el inmovilismo, hacer lo mismo, no nos lleva a efectuar nada nuevo que nos abra nuevas expectativas y posibilidades. De hecho cuando nombro la palabra “cambio”, muchas personas me hacen las mismas preguntas: Entonces, ¿es necesario cambiar cosas para hacer un buen abordaje de las crisis? ¿Es posible un cambio sin crisis previas?

Suelo utilizar para contestar algo que dijo ese genio reconocido internacionalmente que fue Albert Einstein, en dos párrafos: “No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado.
Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y las soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro; acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla.”

Juan José López Nicolás

viernes, 16 de diciembre de 2011

Arriesgarse a vivir o sobrevivir...that's the question.

Nos suceden cosas en el devenir de la vida, como personas, como pareja, como padres, pero a veces no somos capaces de inclinarnos por ninguna decisión de cambio porque tenemos miedo. ¿A qué? ¿A la soledad? ¿A sentirnos aislados sin esperanza de vivir por sentirnos perdedores? ¿A sentir frustración? ¿A tener miedo al miedo?

Es una sensación incapacitante, perturbadora, que nos produce hostilidad, introduciéndonos en un círculo vicioso de fatalismo, pena, insatisfacción y muchas otras sensaciones que nos sumergen en la más profunda angustia. Tal vez lo que nos hace, incluso, facilitar esta dinámica negativa es la sensación de pérdida de control sobre nuestra propia vida.

Y a pesar de sentir todo este maremágnum en nuestro interior, estamos inmóviles dejando que estas sensaciones se instalen cada vez con mayor fuerza en nuestros corazones, deshaciendo las emociones positivas que en un principio existían, y que crearon, precisamente, el deseo, la pasión, por ser pareja y por vivir de la forma que habíamos elegido.

He aprendido a ver, cuando existen estas situaciones, que la primera premisa importante es creer en la propia capacidad de hacer que las cosas cambien creyendo en uno mismo y en el poder personal para no instalarse en el fatalismo que nos dirige a la falta de compromiso con uno mismo, con los demás y con la vida, precisamente por creer erróneamente, que no son necesarios los cambios para actualizar a la persona y las relaciones que cada uno vive y que no ayudan a crecer y desarrollarse como ser humano.

Hace relativamente poco tiempo, una cliente me preguntaba sobre este tema, por estar inmersa en su vida de pareja en esta tesitura, en ese estadío en el que o haces algo, o mueves ficha, o la misma situación te arrastra al abismo de dejar cosas que quieres, pero que no quieres como actualmente están. ¡Si no quieres dejar lo que tienes y no te gusta como está, cámbialo…! Creo que este es el principio. Pero hace falta mirar con nuevos ojos…con nuevas perspectivas…con optimismo, y buscar la capacidad de encontrar sentido a lo que está sucediendo.

La solución no está, a veces, en cambiar de pareja porque se ha demostrado que vuelve a suceder lo mismo, ya que el problema está en el interior de cada uno, no en el otro, ya que todo comienza por la apreciación subjetiva de un suceso, lo que yo creo sobre lo que está aconteciendo, y por lo que creo y cómo lo creo, así me afecta y así reacciono. Aparentemente sencillo, ¿verdad?...Está claro que no lo es tanto, puesto que casi nadie elige sufrir porque sí. En este punto del ciclo evolutivo de cada persona, la guía de un profesional en terapia es crucial.

Como os decía antes, ante su “llamada y petición de auxilio” (ambos miembros de la pareja pidieron ayuda, ¡por fin un hombre comprometido con los problemas de pareja!) y tras varias sesiones para centrar el problema y elaborar el perfil con las hipótesis de trabajo necesarias, le contesté a una cuestión (que prefiero omitir), lo siguiente:

"Entiendo perfectamente cómo os encontráis, pero es necesario barajar todas las posibilidades que una persona tiene de refrendar su existencia en la vida, sin maltratarse, sin sentirse mal. La aventura de vivir pasa por elegir continuamente y si yo anoche no os hago ver todas las cartas que tenéis que jugar para ir a donde elijáis, no hubiera sido real con la situación.

Sé que os estoy enfrentando con las cosas muy reales y con la crisis verdadera (y lo que falta todavía) porque sigo la situación muy de cerca y hay que coger el toro por donde haga falta. Es necesario que ante las decisiones que tenéis que tomar, encontréis un espacio para hablarlo, para sentir juntos y para expresar las emociones que os salgan juntos. Asimismo es necesario que tengáis vuestros momentos en soledad para reflexionar sin ruidos ni interferencias, que os enfrentéis a la crudeza de la situación para saber elegir con la madurez que se necesita en estos momentos de crisis personal tan fuerte.

Pero esto trastorna, desequilibra y el coste emocional no es más que la inversión necesaria para obtener, con trabajo, elaboración y viviendo el proceso, para obtener, repito, el punto desde donde se puedan ver las situaciones con la suficiente perspectiva para valorar de forma adecuada el punto de partida del resto de vuestra vida.Estando confundido es muy difícil tomar decisiones y lo que os he sugerido es saber en qué punto real está la relación para empezar a tomarlas de una forma más coherente y real. El mero hecho de ser conscientes en qué punto estáis está provocando esta reacción emocional, necesaria para que podáis expresar los sentimientos y sentiros libres para hacerlo. De nada vale esconderse a la realidad, por eso esta situación que se ha creado es importante, crucial y necesaria para que cada uno valore su punto de partida, su vida, sus emociones, sus escala de valores y a qué acuerdos y decisiones está dispuesto a llegar.

Sé que es complicado, pero date tiempo, paciencia, trabajo, energía suficiente para ayudarme a que os ayude. Se ha dado el primer paso, el más doloroso, el más duro, pero, casi siempre, el más rentable. El ritmo de la evolución es vuestro ritmo, no el mío, pero lo cierto y verdad es que mientras que hay amor, hay esperanza. Lo que la crisis que surge hace es avisar de que hay que efectuar cambios para actualizar la pareja. Nadie es el mismo siempre y nada nos vale de la misma forma siempre. Si realmente hay amor, hay futuro, yo lo tengo claro, porque el amor, precisamente debe ser un facilitador para tomar decisiones, para efectuar comunicaciones necesarias y para basar la vida en nuestra felicidad y en la del otro."

Una relación puede hacernos disfrutar de la vida o, como decía una compañera, ser la peor pesadilla. En las manos de cada uno está hacer de ello un proceso amoroso y útil para ambos.
Espero, estimados lectores, que este artículo, como siempre, os ayude a reflexionar.

Juan José López Nicolás

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Los 15 causantes de las distorsiones

No es la primera vez, ni será la última, que abordamos el tema de los pensamientos como base para que nuestras actuaciones ante la vida sean más o menos coherentes, y nos hagan más o menos daño. Son precisamente esos pensamientos, la forma que nuestra mente los conduce, los que nos hacen ver las situaciones de una o de otra manera, incidiendo de forma latente en nuestro bienestar o malestar mental.

Tal como pensamos sentimos y actuamos y por este razonamiento es fundamental saber, pasar a nuestro consciente, qué pensamientos son los que inciden de forma tan negativa en el resultado de nuestras actitudes, porque si no sabemos dónde estamos, en qué punto nos encontramos, qué nos pasa, es muy difícil enfocar de manera adecuada el conjunto de tareas para cambiar la forma que tenemos de situarnos ante los acontecimientos a los que nos enfrenta la vida. Esto es lo que los profesionales de la psicología llaman enfrentarnos a nuestras Distorsiones Cognitivas.

Siguiendo con nuestro objetivo prioritario de ayudar a situarnos en el punto óptimo para iniciar nuestro aprendizaje que cambie nuestras percepciones irracionales (aquellas que nos hacen daño), quiero compartir con vosotros una relación de las principales distorsiones cognitivas que nos proponen J. J. RUIZ SANCHEZ y J. J. IMBERNON GONZALES (Psicólogo Clínico y Psiquiatra, respectivamente, en un artículo en 1996), así como una escala o cuestionario, que vosotros mismos podéis baremar para conseguir unos primeros datos de qué situaciones inciden con mayor frecuencia en situaros ante ciertos acontecimientos con un malestar que a veces, no sabemos muy bien por qué, nos producen esas sensaciones tan angustiosas, y que como dicen estos autores, “son aprendidas: Son el reflejo momentáneo de actitudes y creencias que suelen aprenderse en la infancia o adolescencia, provenientes de la familia, la escuela y otras influencias sociales. Como en esos periodos aun no se ha desarrollado demasiado la capacidad racional de análisis de las personas, son asimilados con mayor facilidad y almacenados en la memoria humana "esperando" a ser disparados por situaciones con carga emocional.”


1. FILTRAJE O ABSTRACCION SELECTIVA: Consiste en seleccionar en forma de "visión de túnel" un solo aspecto de una situación, aspecto que tiñe toda la interpretación de la situación y no se percata de otros que lo contradicen. Una persona se encuentra con un amigo y hablan de muchos temas agradables, sin embargo discuten de política, y al marcharse a casa se siente irritado pensando en las críticas de aquel hacia sus ideas políticas, olvidando los otros temas agradables compartidos. Se filtra lo negativo, lo positivo se olvida. Palabras claves para detectar esta distorsión son: "No puedo soportar esto", "No aguanto que...”, "Es horrible", "Es insoportable".

2. PENSAMIENTO POLARIZADO: Consiste en valorar los acontecimientos en forma extrema sin tener en cuenta los aspectos intermedios. Las cosas se valoran como buenas o malas, blancas o negras, olvidando grados intermedios. Por ejemplo un chico que recibe un no al invitar a una chica piensa: "Solamente me pasan cosas malas". Otra persona que no encuentra trabajo piensa: "Soy un incompetente e inútil". Palabras claves para detectar esta distorsión son todas aquellas que extreman las valoraciones olvidando los grados intermedios y matices. Ejemplos: "Fracasado", "Cobarde", "Inútil", etc.

3. SOBREGENERALIZACION: Esta distorsión del pensamiento consiste en sacar una conclusión general de un solo hecho particular sin base suficiente. Por ejemplo una persona que busca trabajo y no lo encuentra y concluye: "Nunca conseguiré un empleo". Otra persona que se siente triste y piensa:"Siempre estaré así".
Palabras claves que indican que una persona está sobre generalizando son: "Todo...Nadie...Nunca...Siempre...Todos...Ninguno".

4. INTERPRETACION DEL PENSAMIENTO: Se refiere a la tendencia a interpretar sin base alguna los sentimientos e intenciones de los demás. A veces, esas interpretaciones se basan en un mecanismo llamado proyectivo que consiste en asignar a los demás los propios sentimientos y motivaciones, como si los demás fueran similares a uno mismo. Por ejemplo una persona nota como la miran unos extraños y piensa: "Se que piensan mal de mí". Otra persona está esperando a otra en una cita y esta tarda cinco minutos y sin mediar prueba alguna, se le viene a su cabeza: "Se que me está mintiendo y engañando". Palabras claves de ésta distorsión son: "Eso es porque...”, "Eso se debe a...”, "Se que eso es por...".

5. VISION CATASTROFICA: Consiste en adelantar acontecimientos de modo catastrofista para los intereses personales, en ponerse sin prueba alguna en lo peor para uno mismo. Por ejemplo una persona está viendo la estadística de accidente de tráfico por la televisión y se le pasa por la cabeza: "Y si me ocurriera a mi". Otra oye la noticia de que una persona perdió el control y se suicidó, y piensa: "¿Y si me ocurre a mi igual?".La palabra clave que suele indicar esta distorsión suele ser:" ¿Y si me ocurre a mi... tal cosa?".

6. PERSONALIZACION: Consiste en el habito de relacionar, sin base suficiente, los hechos del entorno con uno mismo. Por ejemplo: En el trabajo una persona tenía la impresión de que cada vez que el encargado hablaba de que había que mejorar la calidad del trabajo se referían exclusivamente a él. Esta persona pensaba: "Se que lo dice por mi". Una mujer que escuchaba a su marido quejarse de lo aburrido del fin de semana, pensaba: "Seguro que piensa que soy aburrida". Un tipo de personalización consiste en el habito de compararse con otras personas de manera frecuente: "Soy menos sociable que José", "A él le hacen caso pero no a mi". Palabras claves son: "Lo dice por mi", "Hago esto mejor (o peor) que tal".

7. FALACIA DE CONTROL: Consiste en cómo la persona se ve a sí misma de manera extrema sobre el grado de control que tiene sobre los acontecimientos de su vida. O bien la persona se suele creer muy competente y responsable de todo lo que ocurre a su alrededor, o bien en el otro extremo se ve impotente y sin que tenga ningún control sobre los acontecimientos de su vida. Ejemplos: "Si otras personas cambiaran de actitud yo me sentiría bien", "Yo soy el responsable del sufrimiento de las personas que me rodean". Palabras claves son: "No puedo hacer nada por...”, "Solo me sentiré bien si tal persona cambia tal", "Yo soy el responsable de todo...”

8. FALACIA DE JUSTICIA: Consiste en la costumbre de valorar como injusto todo aquello que no coincide con nuestros deseos. Una persona suspende un examen y sin evidencia piensa: "Es injusto que me hayan suspendido". Otra piensa sobre su pareja:"Si de verdad me apreciara no me diría eso". Palabras claves son: "¡ No hay derecho a...!”, "Es injusto que...”, "Si de verdad tal, entonces...cual".

9. RAZONAMIENTO EMOCIONAL: Consiste en creer que lo que la persona siente emocionalmente es cierto necesariamente. Si una persona se siente irritado es porque alguien ha hecho algo para alterarle, si se siente ansioso es que hay un peligro realmente... Las emociones sentidas se toman como un hecho objetivo y no como derivadas de la interpretación personal de los hechos. Las palabras claves en este caso son: "Si me siento así...es porque soy/ o ha ocurrido...”

10. FALACIA DE CAMBIO: Consiste en creer que el bienestar de uno mismo depende de manera exclusiva de los actos de los demás. La persona suele creer que para cubrir sus necesidades son los otros quienes han de cambiar primero su conducta, ya que creen que dependen solo de aquellos. Por ejemplo un hombre piensa: "La relación de mi matrimonio solo mejorará si cambia mi mujer". Las palabras claves son: "Si tal cambiara tal cosa, entonces yo podría tal cosa".

11. ETIQUETAS GLOBALES: Consiste en poner un nombre general o etiqueta globalizadora a nosotros mismos o a los demás casi siempre designándolos con el verbo "Ser". Cuando etiquetamos globalizamos de manera general todos los aspectos de una persona o acontecimiento bajo el prisma del ser, reduciéndolo a un solo elemento. Esto produce una visión del mundo y las personas estereotipada e inflexible. Por ejemplo una persona piensa de los negros:"Los negros son unos gandules”. Un paciente piensa de manera idealizada de su terapeuta: "Es una persona estupenda". En este caso las palabras clave "Es una persona estupenda". Es el efecto de englobar bajo una etiqueta hechos distintos y particulares de modo inadecuado. Por ejemplo: Una hombre cada vez que tenía ciertas dificultades para hablar con una mujer que le agradaba, se decía, "Soy tímido, por eso me pasa esto". Las palabras claves son: "Soy un", "Es un", "Son unos...”

12. CULPABILIDAD: Consiste en atribuir la responsabilidad de los acontecimientos bien totalmente a uno mismo, bien a otros, sin base suficiente y sin tener en cuenta otros factores que contribuyen a los acontecimientos. Por ejemplo una madre cada vez que sus hijos alborotaban o lloraban tendía a irritarse con ellos y consigo misma echándose la culpa de no saber educarlos mejor. Otra persona que estaba engordando culpaba a su cónyuge por ponerle alimentos demasiado grasos. Otra característica de la culpa es que a menudo no lleva a la persona a cambiar de conducta sino solo a darle vueltas a los malos actos. En este caso las palabras claves aparecen en torno a: "Mi culpa", "Su culpa", "Culpa de...”.

13. LOS DEBERIAS: Consiste en el hábito de mantener reglas rígidas y exigentes sobre como tienen que suceder las cosas. Cualquier desviación de esas reglas u normas se considera intolerable o insoportable y conlleva alteración emocional extrema. Algunos psicólogos han considerado que esta distorsión está en la base de la mayoría de los trastornos emocionales. Ejemplos de este caso son: Un medico se irritaba constantemente con los pacientes que no seguían sus prescripciones y pensaba: "Deberían de hacerme caso"; eso impedía que revisara sus actuaciones o explorara los factores que podían interferir en el seguimiento de sus indicaciones. Un hombre estaba preocupado excesivamente por los posibles errores que podría cometer en su trabajo ya que se decía "Debería ser competente y actuar como profesional, y no debería cometer errores”. Las palabras claves como puede deducirse son: "Debería de...", "No debería de...”, "Tengo que...”, "No tengo que...", "Tiene que...”. Albert Ellis, uno de los terapeutas cognitivos más eminentes, llama a este habito "Creencias Irracionales" y las contrapone a las "Creencias Racionales" caracterizadas por lo que la persona desea o prefiere respecto a sus objetivos o metas. Afirma que los deberías producen emociones extremas y trastornos y los deseos personales derivados de las creencias racionales pueden producir malestar cuando no se consiguen, pero no de manera extrema como las exigencias de los "Deberías", que además nos aleja de conseguir nuestros objetivos al marcarnos solo un camino rígido.

14. TENER RAZON: Consiste en la tendencia a probar de manera frecuente, ante un desacuerdo con otra persona, que el punto de vista de uno es el correcto y cierto. No importa los argumentos del otro, simplemente se ignoran y no se escuchan. Una pareja discutía frecuentemente por la manera de educar a los hijos, cada uno se decía:"Yo llevo razón, él/ella está equivocado", y se enredaban en continuas discusiones con gran irritación de ambos. No llegaban a ningún acuerdo tan solo era una lucha de poder, de sobresalir con su razón particular. Las palabras claves que denotan esta distorsión son: "Yo llevo razón", "Se que estoy en lo cierto él/ella está equivocado".

15. FALACIA DE RECOMPENSA DIVINA: Consiste en la tendencia a no buscar solución a problemas y dificultades actuales suponiendo que la situación mejorará "mágicamente" en el futuro, o uno tendrá una recompensa en el futuro si la deja tal cual. El efecto suele ser el acumular un gran malestar innecesario, el resentimiento y el no buscar soluciones que podrían ser factibles en la actualidad. Una mujer toleraba que su marido llegara bebido a altas horas y diera voces. Ella se decía:"Si aguanto el día de mañana se dará cuenta de lo que hago por él”. Sin embargo iba acumulando gran ira y respondía de manera indirecta a su malestar cuando su pareja le solicitaba relación sexual y ella se oponía por "estar cansada y con dolor de cabeza". En este caso las palabras claves que indican esta distorsión son: "El día de mañana tendré mi recompensa”, “las cosas mejorarán en un futuro".
(Según la RAE, falacia es Engaño, fraude o mentira con que se intenta dañar a alguien.)

Ya sabemos qué distorsiones se nos pueden presentar y cómo las podemos llamar, pero lo interesante es saber cuáles son las que predominan en nosotros y a tal efecto os cito un cuestionario que, como os dije, nos puede ayudar a enfrentarnos con esos pensamientos automáticos, para ser conscientes de en qué puntos hemos de incidir para trabajar o comenzar una terapia en este sentido.

INVENTARIO DE PENSAMIENTOS AUTOMATICOS (RUIZ Y LUJAN, 1991)
A continuación encontrará una lista de pensamientos que suele presentar las personas ante diversas situaciones. Se trata de que usted valore la frecuencia con que suele pensarlos, siguiendo la escala que se presenta a continuación:

0= Nunca pienso eso
1= Algunas veces lo pienso
2= Bastante veces lo pienso
3= Con mucha frecuencia lo pienso

1.No puedo soportar ciertas cosas que me pasan
2.Solamente me pasan cosas malas
3.Todo lo que hago me sale mal
4.Sé que piensan mal de mí
5. ¿Y si tengo alguna enfermedad grave?
6.Soy inferior a la gente en casi todo
7.Si otros cambiaran su actitud yo me sentiría mejor
8. ! No hay derecho a que me traten así !
9.Si me siento triste es porque soy un enfermo mental
10.Mis problemas dependen de los que me rodean
11.Soy un desastre como persona
12.Yo tengo la culpa de todo lo que me pasa
13.Debería de estar bien y no tener estos problemas
14.Sé que tengo la razón y no me entienden
15.Aunque ahora sufra, algún día tendré mi recompensa
16.Es horrible que me pase esto
17.Mi vida es un continuo fracaso
18.Siempre tendré este problema
19.Sé que me están mintiendo y engañando
20.¿Y si me vuelvo loco y pierdo la cabeza?
21.Soy superior a la gente en casi todo
22.Yo soy responsable del sufrimiento de los que me rodean
23.Si me quisieran de verdad no me tratarían así
24.Me siento culpable, y es porque he hecho algo malo
25.Si tuviera más apoyo no tendría estos problemas
26.Alguien que conozco es un imbécil
27.Otros tiene la culpa de lo que me pasa
28.No debería de cometer estos errores
29.No quiere reconocer que estoy en lo cierto
30.Ya vendrán mejores tiempos
31.Es insoportable, no puedo aguantar más
32.Soy incompetente e inútil
33.Nunca podré salir de esta situación
34.Quieren hacerme daño
35.¿Y si les pasa algo malo a las personas a quienes quiero?
36.La gente hace las cosas mejor que yo
37.Soy una víctima de mis circunstancias
38.No me tratan como deberían hacerlo y me merezco
39.Si tengo estos síntomas es porque soy un enfermo
40.Si tuviera mejor situación económica no tendría estos problemas
41.Soy un neurótico
42.Lo que me pasa es un castigo que merezco
43.Debería recibir más atención y cariño de otros
44.Tengo razón, y voy a hacer lo que me da la gana
45.Tarde o temprano me irán las cosas mejor


Claves de corrección: (En el paréntesis puntos totales de las tres preguntas)

FILTRAJE: preguntas 1-16-31 ( )

PENSAMIENTO POLARIZADO: preguntas 2-17-32 ( )

SOBREGENERALIZACION: preguntas 3-18-33 ( )

INTERPRETACION DEL PENSAMIENTO: preguntas 4-19-34 ( )

VISION CATASTROFICA: preguntas 5-20-35 ( )

PERSONALIZACION: preguntas 6-21-36 ( )

FALACIA DE CONTROL: preguntas 7-22-37 ( )

FALACIA DE JUSTICIA: preguntas 8-23-38 ( )

RAZONAMIENTO EMOCIONAL: preguntas 9-24-39 ( )

FALACIA DE CAMBIO: preguntas 10-25-40 ( )

ETIQUETAS GLOBALES: preguntas 11-26-41 ( )

CULPABILIDAD: preguntas 12-27-42 ( )

LOS DEBERIA: preguntas 13-28-43 ( )

FALACIA DE RAZON: preguntas 14-29-44 ( )

FALACIA DE RECOMPENSA DIVINA: preguntas 15-30-45 ( )

Una puntuación de 2 o más para cada pensamiento automático suele indicar que le está afectando actualmente de manera importante ese tema. Una puntuación de 6 o más en el total de cada distorsión puede ser indicativa de que usted tiene cierta tendencia a "padecer" por determinada forma de interpretar los hechos de su vida.

No es mi intención sustituir ningún tipo de terapia con un profesional, pero lo cierto y verdad es que en estos tiempos actuales muy poca gente que se ve inmersa en una crisis personal, dedica tiempo, dinero y esfuerzo en intentar saber qué le está pasando y por qué. Este artículo quiere poner a disposición de estas personas unas herramientas que puedan ayudar en algo a concienciarles que es necesario pedir ayuda y por otro lado dar un utensilio para que puedan ser conscientes, por lo menos, que su “problema” está contemplado en esta aventura de vivir como algo lógico y que casi nadie se escapa de “sufrir” en algún momento, en su caminar por la vida, de pasar por tiempos en los que la balanza de nuestra mente se desequilibra, y no quiere decir que estemos, para nada, locos. Simplemente es la vida.


Juan José López Nicolás

viernes, 25 de noviembre de 2011

La pareja, ¿problema o solución?

A lo largo de mi vida he podido conocer a personas que han conseguido dejar de creer en la pareja, pero he podido ver, también, que, en su fuero interno, siguen anhelando la felicidad, el calor, la compañía, el amor y la estabilidad emocional que se puede vivir así, en pareja, con tu compañero o compañera de viaje que has elegido a través de la vida.

No todas las parejas son felices, eso es un hecho que no voy a descubrir ahora, porque el equilibrio emocional de esa entidad está falto de cultivo, de cuidados, de aprendizaje, de reflexión y de actualización ante los cambios; pero sí he descubierto que los individuos que logran estabilizarse, descubrirse emocionalmente, reflexionar, aceptar, aprender, luchar y arriesgarse a vivir, encuentran en la pareja el caldo de cultivo en el que proliferan las sensaciones más duraderas y alimento del alma.

Un día, hablando con mi hijo menor, Alberto, me dijo algo que me llegó muy hondo y que he intentado llevar a cabo: “Papá, si quieres encontrarte bien, creo que es necesario buscarse mejor.” Esa es la realidad, porque no hacemos los esfuerzos de mirar por nosotros mismos el mundo y dejamos en manos de los otros la responsabilidad de hacernos felices, por lo que cada vez que haya un problema será siempre el otro el que tenga la culpa de todo lo que me pase a mí. Vaya lección que aprendí con esa conversación tan aparentemente sencilla y cotidiana y que al final extraje la conclusión de que si yo no puedo estar bien y no puedo colaborar a la felicidad es porque yo no sé estar bien, no me siento capaz y debo buscarme mejor, con ayuda profesional o empleando toda mi energía para conseguirlo.

La verdad es que todas estas ideas se ven reflejadas constantemente en este blog y a veces puede que se repitan en diferentes artículos porque creo que son la base de la búsqueda de los momentos de felicidad que tenemos el derecho de sacarle a la vida.


- ¡Vaya una defensa de la pareja! -me comentan algunas personas que me conocen y con las que hablo de estos temas,- se nota que crees en ella y hasta emociona el pensar cómo debe ser esa sensación que algunos no llegan a vivir y otros, teniéndola, no aprenden a cuidarse y a cuidarla. Pero entonces,- me preguntan- ¿hay algunos ingredientes que consideres básicos para tener una relación positiva y duradera?
No hay fórmulas mágicas y todo no sirve a todos – comienzo a responderles-, pero lo que siempre defenderé es que el ingrediente estrella es la COMUNICACIÓN EFICAZ y adecuada. Aunque lo hayas oído mil veces no deja de ser cierto, porque es imposible que la relación funcione si no existe una buena comunicación entre ambos. Pero comunicarse no se refiere a hablar mucho, sino a poder expresar a nuestra pareja nuestros sentimientos, nuestras emociones, nuestras inquietudes, nuestros deseos, nuestros proyectos…y obtener un “feedback” por su parte en las mejores condiciones. Si existe una buena comunicación es más fácil resolver los problemas que van surgiendo en el devenir de la vida.

Al mismo tiempo, he aprendido que esta comunicación forma parte de una moneda con dos caras, siendo el reverso de esta moneda algo tan fácil, y que muchos no saben hacer, como es tener la capacidad de ESCUCHAR.

Escuchar y tratar de entender es crucial para obtener y dar la retroalimentación necesaria con el objetivo primario y básico de poder decir que hay realmente comunicación, que entendemos qué nos están diciendo, siendo este el principio de otro ingrediente básico para la relación eficaz: LA COMPRENSIÓN.

Este ingrediente no hará más que ponernos en lugar del otro, si le conocemos, antes de juzgar nada. Porque si juzgamos nos erigimos en jueces y nos posicionamos en un escalón superior y no nos interrelacionamos desde la igualdad, o lo que es lo mismo, y estoy seguro que ya lo han oído antes, hemos de fomentar y posicionar nuestro ánimo y actitud desde la empatía.

No quiero alargarme más y doy por supuesto que a todos se nos ocurren más ingredientes básicos, por lo que simplemente os señalo otros para que reflexionéis si en vuestra pareja se dan y con qué grado de asiduidad. Podemos decir entre otros:

- El respeto
- La complicidad
- La tolerancia
- La admiración
- La afinidad…


De aquí podemos definir, tal vez, una RECETA que dé los ingredientes para una interrelación adecuada, pudiéndola llevar a los entresijos del corazón que elijamos.


Es difícil que una relación no llegue a buen puerto si consigue que estos elementos básicos se desarrollen y formen parte de la costumbre relacional en este proyecto vital que constituye ser persona y ser pareja. ¿O no?

Juan José López Nicolás

jueves, 10 de noviembre de 2011

No podemos ir de salvadores.

Tras una consulta de una lectora de nuestro blog, se me ha ocurrido hacer unas reflexiones sobre la necesidad que algunas personas tienen de encargarse de la vida de los demás y de proteger y ayudar hasta el punto de llegar a olvidarse de la vida de uno mismo. Y eso no es tener en absoluto espíritu de sacrificio.

El ir de salvador, de ayudador de causas, de amigos, aunque no te lo pidan, tan sólo porque tú mismo ves la necesidad, no es una excesiva buena manera de actuar. El preocuparse de los otros dejando de ver tu propia necesidad, no es una buena manera de actuar. Y esta manera de actuar inapropiada hace que los demás dejen de esforzarse por crecer, dejen en manos de uno la propia necesidad que se tiene de desarrollarse en todos los ámbitos de la vida, y hasta, si me apuráis, ponen en nuestras manos la solución a sus vidas y la consecución de su propia felicidad…¡Pero a qué precio!

He encontrado un mini relato que puede ilustrar de una forma clara y concisa el tema que os traigo a reflexión. Es de un autor anónimo y aquí os lo dejo para que después me comentéis.

El hombre y la mariposa

Un hombre encontró el capullo de una mariposa y se lo llevó a casa para poder verla cuando saliera de él. Un día, vio que había un pequeño orificio, y entonces se sentó a observar por varias horas, viendo que la mariposa luchaba por poder salir del capullo.

El hombre observó que forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del pequeño orificio en el capullo, hasta que llegó un momento en el que pareció haber cesado la lucha, pues aparentemente no progresaba en su intento. Parecía que se había atascado. Entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña tijera cortó al lado del orificio del capullo para hacerlo más grande y de esta manera por fin la mariposa pudo salir.

Sin embargo, al salir, tenía el cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas y dobladas.

El hombre continuó observando, pues esperaba que en cualquier instante las alas se desdoblarían y crecerían lo suficiente para soportar al cuerpo, el cual se contraería al reducir lo hinchado que estaba. Ninguna de las dos situaciones sucedieron y la mariposa solamente podía arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas dobladas... Nunca pudo llegar a volar.

Lo que el hombre, en su bondad y apuro no entendió, fue que la restricción de la apertura del capullo, y la lucha requerida por la mariposa para salir por el diminuto agujero, era la forma en que la naturaleza forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que estuviesen grandes y fuertes y luego pudiese volar.

lunes, 31 de octubre de 2011

Expresión del duelo: vivir la pérdida

La pérdida, la elaboración del duelo, en todas sus formas, se desarrolla bajo las perspectivas de un dolor que parece que nunca se va a terminar; parece que ese dolor que nos atenaza se desparrama por todo nuestro ser impidiendo pensar en otra cosa que no sea ese propio dolor, que sentimos hincar sus uñas en nuestra propia alma. Pero el tiempo, el trabajo personal, la ayuda terapéutica y la elaboración, con el trabajo apropiado, hacen que la profundidad y la agudeza del dolor dé paso a las sensaciones más profundas, que, sin olvidar, serenan esa agudeza y hacen poder verbalizar las sensaciones desde otros planos distintos y no discapacitantes para poder llevar una vida equilibrada y medianamente normal. Se adquieren otros recursos que oxigenan el corazón y el pensamiento.

Os dejo, a continuación, con un escrito de una compañera, que ha logrado poder verbalizar y escribir sobre la muerte de su hermana de una manera totalmente distinta a como lo hacía años atrás. Ninguna muerte es igual a otra y ninguna pérdida es igual a otra, pero en ese escrito, hecho desde la profundidad del alma, se observa el dolor sereno, con la aceptación debida, aunque no exento de ese sentimiento plagado de las cicatrices que jamás llegan a curarse del todo. Si profundizáis en él, veréis todas las sensaciones que un ser humano puede sentir ante una pérdida de uno de los seres más queridos de la vida. Tal vez, incluso, haya encontrado la forma de hacer una especie de despedida, la que no pudo hacer en momentos anteriores, y que de no realizarse, nos puede sumir en un duelo patológico.


23.15 de la noche… Tu último suspiro fue para mí, lo sé. Entré en la habitación para saber cómo estabas; miré a tu corazón, respiración inexistente, esperé, seguí mirándolo, expectante, y de pronto, después de un tiempo infinito para mí, respiraste (tu último, último adiós) y te fuiste; te marchaste para siempre.

Hermana, esta noche te puse una vela, esperé la hora en la que concluiste tu existencia terrena, me rodeé de tus fotos y apagué la luz para que solamente tú reinases en esta noche de tantos recuerdos. Era preciso para mí hacerlo de esta manera. No puedo pasar un día sin que tu memoria me invada; sin que tu recuerdo no acceda a toda mi vida. ¡Hermana mía!...

Tu cuerpo define el lugar donde te encuentras; imagino que allí siempre será primavera; entiendo que no habrá limitación para el amor. No, hermana mía del alma, tú no tenías límites para amar, tú amabas siempre. Tú eras amor.

Mirándote a ti, en esta noche en la que el temblor me aprisiona, me limita, te hablo y te explico todo lo que yo sentí esa noche fatídica en la que, después de fallecer, me acosté a tu lado, te toqué el pelo. Parecía que nada hubiese pasado, estabas como durmiendo, musitándole a las estrellas, jugando con ellas(probablemente) buscarías un sitio lleno de árboles, ¿ el mar?, ¿dónde estabas, dime, dónde estabas cuando te fuiste?. Dime dónde estás hermana mía. Esta noche te he pedido que vueles lejos, que te olvides de nosotros, que no asistas a este apego, que no es bueno para ti; que todos estos amores que aquí dejaste te sirvan para emprender vuelo, un vuelo alto hacia Dios, hacia toda la vida que tú siempre representaste. Y te lo digo como cuando era niña, sin papeles, sin excusas, sin mentiras... Todo es cierto, pero... ¡cuanto dolor hay en mi corazón, cuanto te echo de menos, cuanto te necesito a mi lado!

"Contigo todo es más fácil!", me dijiste un día. ¡Ay, corazón mío, qué solita me has dejado!

Eras un espíritu libre, estabas reducida a la apariencia de un círculo lleno de luz alrededor de un planeta llamado tierra, donde todo lo que emerge (por definición, es reducido), por eso te fuiste; eras tan libre que un sólo sentimiento tuyo escapaba de nosotros; quedaste atrapada aquí y en tu horizonte viste castillos cuyas murallas ningún ejército escalará jamás.

No tengas en cuenta mi dolor, sé que estarás bien, mucho mejor que yo, seguro, mucho mejor que a todos los que dejaste. Por eso no me hagas caso, vuela alto, muy alto, que nadie pueda divisar tu imagen, con la perspectiva de la distancia y la cercanía de tu amor.

Examina todas las maravillas de Dios, espérame, escribe un libro hermoso, tan precioso como tú, que cuando nos veamos (espero que falte mucho), y no es por ganas de verte, que eso no, tú lo sabes, estrechemos nuestras almas como hacíamos cuando eras. Pero también sabes que todavía tengo cosas que cuidar aquí, todas aquellas que tú dejaste a medio hacer y yo me encargo, superviso, soy paciente, estoy. Pero recorre todos los sitios, apunta bien las direcciones para que cuando nos recojas podamos disfrutar majestuosamente de la eternidad…Y SIEMPRE CONTIGO.



lunes, 24 de octubre de 2011

Cuando la distorsión se piensa

“Lo que yo necesito,… ¿Qué es lo que yo necesito? Sí, eso es. Necesito cambiar de casa. No puedo seguir tan sola rodeada de tanta gente. Somos tres, a veces cuatro en el piso. Cada uno en una habitación, cada uno encerrado con sus propias miserias. Y cuando nos vemos, se dicen cosas que no ayudan. Por lo menos a mí lo que se dice no me sirve de nada.

Aunque a veces me parece que la solución pasa por hablar menos y respetar más. Te aseguro que lo que Yo necesito, la verdad es muy sencilla. Mira que le doy vueltas, pero nada. Verdaderamente temo el día que diga que no pueda más. ¡Si pudiera decir que No! Sí, eso es. Yo necesito que no toquen más mis cosas. Que dejen de meter las narices en mi lado del frigorífico. Que me pidan permiso si quieren algo. ¡¿Qué les cuesta?!

Yo soy muy generosa, y te aseguro que no me importa compartir con otros, sólo que nunca se reponen las cosas que dicen tomar prestadas. Y pasan los días y yo les veo tan a lo suyo, que vuelven a llenar la despensa y de lo mío, lo que dijeron que me devolverían, ni se acuerdan. Y no quiero pensar mal, pero termino haciéndolo. Un día sí y otro también. Ya es costumbre que sea yo quien suministre. ¡Estoy harta!

Y aunque esta mañana el frío entumecía en gran medida mi atrevimiento, seguro que esta vez me empujará más lejos que la última vez. ¡Me cuesta tanto decidir! No, no es cierto. En realidad creo que es cuestión de enfrentarse. Tengo que aprender a decir que no. Ya está bien de hacer lo que no me gusta, de pedir permiso para respirar, de andar de puntillas por en medio del pasillo de este lugar que me ahoga.

¡Da igual lo que haga! No se dan cuenta que estoy aquí, en medio de nada, de platos sucios que no se lavan, de pelos en el fondo en la bañera, de muebles en medio de la zona de estudio con lo que me he llenado de moratones. Y es que bastó que Cecilia me preguntara cómo me había ido el otro día con la estantería que me compré para que rompiera a llorar sin venir a cuento.

Ahora sólo me falta que piensen que estoy loca. El otro día sorprendí a uno de los chicos mirándome de reojo, con cara de no entender nada. Es que ya no sé qué hacer para que se enteren. Si estoy con la cara seria, empiezan con las bromitas. Si me sonrío replican con una risita falsa. ¡Ya no aguanto más en esta casa de locos!".


Publicado por Graciela Large en su página

Comunicación en pareja

lunes, 10 de octubre de 2011

Otra definición de Crisis

Son bastantes los artículos que hemos dedicado al tema de la crisis en este blog, pero entiendo que sigamos recibiendo consultas al respecto porque es difícil vernos en ellas y poder salir de una forma rápida y sin heridas tras los “COMBATES” que hemos de librar contra nosotros mismos y contra nuestra mente.

Se me ha pedido en distintas ocasiones que si podía definir lo que es una crisis, y de hecho, en los artículos que hemos escrito y que podéis consultar, veréis reflejadas distintas definiciones y distintos tratamientos a través de nuestra actitud y nuestra aptitud, encaminados a poner ante nosotros mismos la realidad del problema y que nos hace sumergirnos en los distintos tipos de crisis, tantos y tan variados como tipos de personas existen. Pero hoy me propongo dar una definición enfocada al tratamiento y no al problema que crea.

Con este matiz quiero incidir en la necesidad terapéutica de centrar nuestra energía en la solución y no en perpetuar el problema, ya que solemos gastar mucho tiempo y energía en centrarnos y en dar vueltas, como verdaderos buitres, a nuestra pena, a verbalizar qué nos pasa, una y otra vez, sin darnos cuenta que la energía mejor utilizada es la focalizada en el camino de las posibles soluciones. Por esta razón, para mí, CRISIS, se puede convertir en no el problema, sino en la Capacidad de Responder con Inteligencia al Sistema Interno de Sensaciones.


C apacidad
R respuesta
I nteligente
S istema
I nterno
S ensaciones

Es cierto que nadie quiere entrar en esos problemas y situaciones que nos enlentecen nuestra propia vida evitando estar en un equilibrio entre nuestro ser, nuestra mente y nuestra realidad ante la vida. En definitiva, nadie quiere sentirse cercenado, pero las expectativas y sueños de todo ser humano han de discurrir por un camino lo más paralelo posible, para que uno pueda vivir sin las frustraciones que son la diferencia entre esas expectativas y la realidad de cada uno; siempre y cuando esas mismas expectativas se vayan cumpliendo y no nos resignemos si no se cumplen, puede que no entremos en esos momentos de controversia entre lo que queremos y lo que tenemos en realidad. Depende de dónde situemos nuestra escala de valores y nuestra capacidad de frustración.


No pretendo disertar largo y tendido sobre este tema, de amplia literatura, por esta razón os dejo así este esbozo de artículo para que comentéis y aportéis sobre él. Espero vuestras aportaciones en los comentarios al final de este post.


Juan José López Nicolás

martes, 4 de octubre de 2011

Actitud y cambio de perspectiva

He quedado gratamente sorprendido al ver que en poco tiempo, una persona que estaba sumida en las partes negativas de sus pensamientos, ha logrado iniciar un camino de resurgimiento apelando y usando todo el potencial tan maravilloso que todos llevamos dentro. Era posible y es posible con sólo aplicar la voluntad para efectuar los cambios adecuados que nos permitan ver la vida desde una perspectiva distinta, con el objetivo, que tantas veces os he mencionado, de llegar a un equilibrio y querer ver por uno mismo las bondades que también tiene la vida, aunque nos parezca que nos maltrata incomprensiblemente.

La Señora X ha aprendido y vive con ella y con sus circunstancias aceptando su vida; apoyándose en el principio de que todo pasa por algo y este algo no es otra cosa que aprender con el tiempo que dedicamos a arriesgarnos a vivir. Pocos pueden decir lo que decía Neruda: “confieso que he vivido.” Y sin embargo ahí estamos, en el punto de decidir qué hacer ante las crisis que nos acontecen en la vida y con sólo el poder de nuestra decisión, valentía y voluntad: vivir o morir, seguir o perecer.

Felicito efusivamente a las personas que deciden vivir por ellas mismas, sin dependencias emocionales, sin aceptar vejaciones, sin aceptar humillaciones y, sobre todo, dispuestas a pagar el precio necesario por tomar las decisiones adecuadas para salir de esa espiral maldita de la sumisión y vasallaje, aunque la pena por las pérdidas se tengan que tragar, madurar y aceptar para vivir nuevas etapas que enriquezcan la necesidad de ser.

Aquí os dejo un escrito que me envía mi compañera, Gloria S. Conesa, para ilustrar todo lo antedicho. En él observaréis un testimonio vivo de alguien que “simplemente” quiere vivir y por eso busca encontrarse. Y aunque no estéis de acuerdo en algo, lo importante es pensar que todo camino es bueno si lleva hacia el equilibrio emocional y a deshacerse de los miedos y angunstias que atenazan y perpetúan un estado de contínua lucha interior sin apariencia de luz. Que lo disfrutéis y lo aprovechéis.

2 de octubre del 2011.
Ha sido un día lleno de recuerdos, experiencias, salubridad interior. Buenas noches interlocutor válido, buenas noches mi amor, buenas noches luna, buenas noches. Estos sentimientos van dirigidos a mi amor, a ese gran amigo, a un desconocido, al último paciente llegado antes de las diez. Al universo, a los agujeros negros, a la fuerza de la gravedad, a Nuestro Padre que está en los cielos, pero, estos sentimientos, van dirigidos a ti...

Salí de trabajar, no me apetecía meterme en casa, tomé una cervecita y regresé. Volví con la necesidad de escribir, con mi pensamiento puesto en el corazón, o con mi corazón puesto en mi sentimiento.

Llegué con un estado de presencia, con el pensamiento de escribir, expresar la luz que me mantuvo alerta dentro de mis pensamientos. ¿Cuál será mi próximo pensamiento? No importa, el último recuerdo es el de hoy. Quiero soltar, necesito decir adiós a ese pasado doloroso que poco a poco fue incorporándose en mi alma. Jamás renunciaré a las cosas bonitas de mi pasado. Siempre irán conmigo, en mi caminar; agradezco a la vida mi equipaje certero, mi caminar preciso, mis sentimientos bonitos. Rechazo las polaridades, mi vida es unión.

Siento dentro de mí al universo y abomino el rencor, los juicios, los prejuicios, las malas artes y el adiós a esa parte de mi alma que me fortalece y ayuda donde quiera que vaya. Mi gran expectativa, mi presente es el amor. TE AMO (tal vez porque ahora me amo)

Hay grandes cosas en mi vida por adquirir y en el camino estoy, en mi nivel más profundo existo y me reconozco. Soy un ser lleno de sol, un alma enamorada de la lluvia. No me paraliza el miedo, el fuego…no me paralizan las circunstancias, aunque a veces sienta que mi identidad se debilita. Mi pasado no me convierte en nada, es pasado, no lo necesito ni para recordar, no quiero, es absurdo; no me lleva a ningún sitio. Las cargas me pesan, necesito honrar mi vida, honrarme a mí, fluir con alegría y suavidad. Reducir cualquier aspereza, desencuentro. Mi vida es ahora, mi vida es real. Tan real que me hacen recordar, más que recordar, unas palabras de un autor que me encanta y que me sigue haciendo pensar para ver dónde y cómo estoy, desde dónde miro y hacia dónde:



“Emplea tus sentidos plenamente. Trata de estar donde estás. Mira a tu alrededor. Simplemente mira, sin interpretar, observa la luz, las formas, los colores, las texturas. Sé consciente de la presencia silenciosa de cada cosa. Sé consciente del espacio que permite que cada cosa sea. Escucha los sonidos; no los juzgues. Escucha el silencio debajo de los sonidos. Toca algo -cualquier cosa- y siente y reconoce su ser, entra profundamente en el ahora” (Eckhart Tolle)

Buenas noches, mundo.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

¿Por qué aguantamos cuando sentimos dolor?

“Nosotros somos los invitados al jardín: de la vida, del amor, de la felicidad, de la alegría… No permaneceremos en él siempre, ni siempre nos parecerá en flor. Ni siquiera seremos dichosos durante todo el tiempo que lo habitemos.” (A. Gala)

Es difícil encontrar a un ser humano desconocedor de la experiencia del amor. Quisiera diferenciar la importancia de este sentimiento en sus diferentes fases:

Partiendo de diferentes lugares, dos personas se encuentran en el camino y deciden compartir su vida. En esta primera fase de enamoramiento, la aceptación del otro es pura enajenación de uno mismo, no sabe realmente los lugares que va a recorrer a través de esta experiencia maravillosa, misteriosa y alentadora, estrechar lazos, donde subir al cielo y descender al infierno es una misma cosa.

Hay muchas teorías sobre la pareja, unas dicen que es imposible que el enamoramiento se prolongue durante mucho tiempo. Estoy de acuerdo en cuanto al concepto de enamoramiento, no tanto en cuanto al amor-enamoramiento, y creo que este sentimiento puede ir unido toda la vida. La pasión no tiene por qué extinguirse, es el motor de la unión entre dos personas.

¿Imagináis un coche dónde el motor falla? ¿A dónde iría? ¿Cuántas veces tendría que visitar al mecánico?... ¿ Lo sustituimos por otro?

Es complicado hablar de amor, de parejas, de diferentes tipos de relaciones enlazadas todas ellas con la ilusión de compartir la alegría de vivir, los proyectos, las sensaciones. Todas ellas maravillosas e inenarrables, ya que cada ser humano es único. Pero ¿qué ocurre cuándo la monotonía se instala en la casa del amor? ¿Qué pasa cuando percibes que no eres tan importante en la vida de tu compañero o compañera? ¿Cuál es el desencadenante de las discusiones?

Deberíamos comenzar diciendo que antes de ser pareja, deberíamos ser personas y formarnos de manera adecuada para serlo de la manera más equilibrada posible. Parece ser que esta sociedad nos ha llevado a hacerlo todo al revés. Queremos a través de la pareja desarrollarnos como personas, y esto es totalmente imposible. Ninguna pareja puede cubrir aspectos personales tales como la seguridad, la autoestima, el amor, la confianza, el respeto, la fidelidad, la lealtad y, en definitiva, los principios inherentes y aprendidos en nuestra vida. Nadie puede arrebatarnos a nosotros mismos (aunque a veces somos nosotros mismos los que nos arrebatamos nuestra propia esencia de ser)

El hombre espera encontrar un remanso de paz, comprensión, amabilidad en su pareja y ésta, a su vez, espera recibir lo mismo; con lo cual cada uno demanda aquello que solamente tiene que partir de él. Así comienzan los desencuentros, los reproches, las decepciones y el hastío de la pareja.

De repente suenan las doce campanadas y el baile principesco termina con una huida en donde la carroza se convierte en calabaza. El sueño se desvanece, las luces se apagan. El príncipe busca incansablemente a una desconocida…
Cualquier persona razonable huiría de la tristeza, la desolación, la incomprensión, el desamor. Supuestamente “todos somos razonables”...

Esto es lo que pensamos que somos, otra cosa es lo que realmente nace de nuestro interior, de las necesidades, las circunstancias de la vida. Es por esto el dicho popular de “¡que bien se ven los toros desde la barrera!”.
Las contradicciones nos acompañan diariamente, el no saber el camino a tomar es el peor camino a seguir. Tenemos que tomar decisiones aunque por ello perdamos ilusiones, sintamos fracasos, creamos que todos nuestros proyectos se fueron a pique o nos sintamos realmente SOLOS.

Seguir en el fracaso proyectado es continuar en más fracaso. Y esto es lo que habitualmente hacemos; necesitamos grandes dosis de infelicidad para romper con una relación insatisfactoria, y en ocasiones ni siquiera estas dosis son suficientes ya que nuestro modelo de vida, nuestra idea de las cosas no tiene nada que ver con nosotros, con nuestro interior.

Solamente viendo, observando lo que ocurre en ese corazón intransitado por nosotros mismos, podremos tomar decisiones. Criticadas, no aceptadas; controvertidas socialmente, si queremos, pero con grandes beneficios a largo plazo.
Debemos asumir la responsabilidad de los propios actos, única manera de mejorar interiormente porque la culpa externa no lleva a ningún sitio constructivo, sino que aletarga nuestra evolución como personas, impidiendo llegar antes a nosotros, al aprendizaje necesario en la lucha de la vida.

Rompamos razonablemente con la infelicidad, rompamos con el papel que nos tocó desempeñar. Tengamos libertad de acción y sintámonos libres con todo este escaparate lleno de ilusiones, ideas y mentiras.

Difícil el camino de la soledad, ingrato, insoportable. Pero siempre que busquemos una salida hacia nosotros, hacia la paz y la felicidad, aparecerá una sonrisa amable, comprensiva, compasiva....agradecida a nosotros mismos.

Gloria S. Conesa Albaladejo

lunes, 19 de septiembre de 2011

Ilusionarse: ¿en qué espejo me miro?

Tras retomar las sesiones de terapia, han surgido nuevos casos en los que se han detectado problemas repetitivos, como siempre, relacionados con centrarse en los problemas y no en las soluciones. Sabemos que estamos mal, pero no damos el primer paso para efectuar ningún cambio…y sufrimos…Y queremos hacerlo….y no podemos...y volvemos a sufrir…hasta que vomitamos nuestras entrañas sacando “el mal” desde nuestro interior, mirándolo de frente para darnos cuenta de qué es lo que tenemos que solucionar.

Eso cuesta mucho trabajo y energía, pero se puede hacer y de hecho se hace con no tanta dificultad como algunos piensan.

Hoy he recibido una actualización de mi admirada Graciela Large y quiero compartirla con vosotros porque es adecuada para hacernos reflexionar qué sucede en nuestro interior durante el proceso de la duda, de la incertidumbre, y, en definitiva, de ese no sé qué que me pasa y no sé que es, por lo que no sé qué hacer ni desde dónde mirarme…es que…Bueno, mejor os dejo con este artículo y espero que os sea de utilidad.

Enfocarnos en el Error es una inercia que pesa en nuestra mente y que nos focaliza en mirar solamente aquello que nos da problemas.

Hacer hincapié precisamente en lo negativo de cualquier circunstancia; en una cualidad que nos falta; o el detenernos en la queja, ya sea solos o en compañía, son maneras habituales de orientar nuestra atención en lo que pareciera que está mal.

Se ha convertido en una formalidad social aceptada por un gran número de personas.

Como si al mirar concentrados en el error éste fuese a perder fuerza. Un singular empeño en aquello que hemos detectado como equivocado, creyendo que quizás así va a desaparecer.

Sobre todo si insistimos un poco más en señalarlo. En sentirnos incómodos o angustiados por ello. Al hacerlo se experimenta una cierta sensación de alivio momentáneo, sobre todo si alguien escucha y reafirma lo que vemos erróneo.

Sin embargo, necesitamos repetir una y otra vez el mismo proceso. Una señal de que el remedio es efímero y de que sus efectos son de corta duración. Se retoma entonces la inercia de insistir en los pormenores de lo que, a nuestro parecer, está francamente mal.

De esta manera la mente se obsesiona con las circunstancias negativas impidiendo considerar si es viable aquello que queremos que sea diferente. A la larga, incidir una y otra vez en el Error nos aleja de una solución, y bloquea la posibilidad de descubrirla; de que encontremos con facilidad una salida por nosotros mismos.

Cuanto más se resalta aquello que creemos que no está bien la persona se encierra en un callejón sin salida, donde las opciones que llevarían a un cambio, no se consideran porque no se puede. Hay una ceguera para ver y escuchar, especialmente cuando son sugeridas por alguna persona, aunque sea un amigo/a.

Para entonces, sólo veo el problema repetido y multiplicado a mí alrededor de la misma forma errónea en la que lo he concebido. Todo me lo recuerda, y me conduce una y otra vez a las mismas afirmaciones. Me voy quedando ciego en opciones y cada vez más rígido en mis planteamientos para encontrar alguna salida.

Una inercia que se apodera de la mente de las personas, especialmente mayores. Parecen perdidas en una cantinela continúa. Se acostumbran a percibir e interpretar lo mismo, para repetir las mismas palabras; hacer las mismas cosas, y quejarse una y otra vez.

¿Cómo detectar que nos movemos en esta inercia?...

Pillar al aguafiestas que tenemos dentro marca la diferencia entre una vida monótona y aburrida, o el recuperar la ilusión por la vida.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Amor sano, persona sana.

Desde que llegamos de las vacaciones de verano, he recibido varias consultas, o mejor, varias preguntas, encaminadas hacia un mismo tema: ¿qué condiciones hay para garantizarnos un amor duradero y sano?, ¿puedo saber si este amor que siento es para siempre?

Me manifestaban esta serie de inquietudes, de pensamientos, preocupados por aprender a conocer el camino que llevara a la certeza del saber amar como profundo sentimiento que mueve a la humanidad, pero yo no tengo las respuestas que lleven a caminar sin incertidumbres, a caminar sin esfuerzo y a llevar el alto rendimiento de la vida a insospechadas playas de placer eterno.

Al querer contestar a estas preguntas de mis lectores y consultores de nuestra página, decidí escribir un artículo que pudiera servir de ayuda para que el camino hacia el objetivo deseado se viera aderezado de pequeñas herramientas a las cuales recurrir para poder solucionar estos contratiempos en el devenir cotidiano, con la principal visión de que es necesario arriesgarse a vivir para tener y conseguir vida. Pero no necesité esforzarme mucho en pensar qué escribir, qué deciros, porque la mayoría de cosas que se deben hacer, están ya escritas y lo único interesante es ponerse en la onda suficiente para encontrar aquello que puede sernos útil (CUANDO EL ALUMNO ESTÁ PREPARADO, APARECE EL MAESTRO)

Es por esta razón por la que os traigo a un autor, Mitch Albom, para que podáis reflexionar sobre las mismas preguntas que me hacéis, porque en su libro “Martes con mi viejo profesor”, Albom habla de las condiciones de un amor sano y menciona cuatro verbos necesarios para conjugar correctamente el lenguaje del amor en todos sus tiempos y modos: respetar, transigir, hablar y compartir.

Este fragmento que os propongo, por sí sólo, ilustra grandemente lo que quiero deciros:

“-¿Existe alguna regla para determinar si un matrimonio va a funcionar?
Morrie sonrió.
Las cosas no son tan sencillas, Mitch.
- Ya lo sé.
-Con todo -dijo- existen algunas reglas acerca del amor y del matrimonio que sé que son verdaderas. Si no respetáis a la otra persona, vais a tener muchos problemas. Si no sabéis transigir, vais a tener muchos problemas. Si no sabéis hablar abiertamente de lo que pasa entre vosotros, vais a tener muchos problemas. Y si no tenéis un catálogo común de valores en la vida, vais a tener muchos problemas. Vuestros valores deben ser semejantes. Y ¿sabes, Mitch, cuál es el mayor de esos valores?
- ¿Cuál?
- Vuestra fe en la importancia de vuestro matrimonio."


Creo que podéis reflexionar y hacer vuestros comentarios al respecto y tal vez lo idóneo sea comenzar a conceptuar cada una de estas cuatro palabras mencionadas que os dejo a vuestra consideración. ¿Os vale?


Juan José López Nicolás

martes, 23 de agosto de 2011

De vuelta y con nuevos planes.

Ya estamos de vuelta de las vacaciones con nuevos ánimos renovados para continuar con la labor que nos hemos impuesto, que no es otra que la de llevar la Orientación familiar al conocimiento de todas las personas que la necesiten con el objetivo de hacer más fácil el vivir cotidiano cargado de emociones, sentimientos, decisiones a tomar y, en definitiva, vivir de la forma más equilibrada posible y más feliz. Hacer reflexionar con nuestros artículos y noticias es lo que nos mueve a seguir con este blog que creamos para tí y que seguimos poniendo a tu disposición.

He viajado a Francia para descansar pero al mismo tiempo también me ha servido para observar las interacciones de las familias en otros lugares, con otros matices y costumbres, y he llegado a la conclusión que donde hay personas existen los mismos problemas sean como sean las costumbres y las culturas. La comunicación, o más bien, la falta de una comunicación adecuada, sigue siendo el caballo de batalla a solucionar así como la forma de expresión de las emociones con la necesidad de conformar un plan personal a través de los diálogos internos que normalmente solemos autosabotearnos. Los celos, el desamor, la falta de respeto en la pareja, la infelicidad, la hipocresía, el machismo...todo se repite en el mundo. ¿Cómo se puede salir de esto y llegar a ser feliz?

Me he enamorado de los lugares y de las personas que he visitado porque todo rincón del mundo tiene cosas preciosas que te ayudan a valorar los momentos sabrosos que hay que extraer de la vida y he aprendido de todo lo que he observado y vivido; tanto es así que he iniciado la aventura de escribir un libro, a raíz de nuestro programa de radio COSAS DE FAMILIA, y de este viaje por el sur de Francia (Nîmes, Montpellier, Langlade, Les Baux de Provence, Grau du Roi, Pont du Gard, Aigues Mortes, Caveirac, etc.) para intentar exponer los problemas más normales en los que el ser humano está metido y de los que perfectamente puede salir. El libro será un reflejo de los programas que hemos ido haciendo en la radio y de los temas que cada día hemos tratado. Espero que lo recibáis con la misma ilusión con la que lo estoy planificando y escribiendo.

Ya os mantendré al corriente de su publicación porque tengo por delante todo un año para escribirlo y os recuerdo que a partir del 1 de septiembre retomamos nuestro espacio radiofónico, como siempre de 7 a 8 de la tarde, todos los jueves, en Onda Radio Murcia, en el 92.4 de la FM, que también podéis escuchar a través de internet, como sabéis.

Un saludo y ya empezamos con nuestros artículos de reflexión y ayuda para todos.

jueves, 7 de julio de 2011

Noticias de La Asociación de Terapeutas de Familia de la Región de Murcia.

Estimados adictos a TERAPIA Y FAMILIA: La ATFRM nos informa que en próximas fechas se inician cursos de formación y congresos que os pueden ser de utilidad.
La labor que está desempeñando esta asociación es totalmente loable, ya que está apostando muy fuerte por la formación en terapia sistémica en su objetivo prioritario de luchar por el sistema familiar, por equilibrar sus relaciones ayudando a salir de esta crisis emocional, que por su globalidad, toca muy de cerca a todos los subsistemas de la Institución por antonomasia, y célula primigenia de la socialización del ser humano.

Tras las vacaciones de verano, contaremos en nuestro programa de Radio, en el 92.4 de la FM o a través de Internet, como ya sabéis, con miembros de la directiva de la ATFRM para aclararnos conceptos y reflexionar sobre los tipos de terapias más idóneos en la casuística de las relaciones familiares.

Paso a trasladaros la información recibida:

Formación acreditada por FEATF en terapia familiar sistémica que se realizan en la región de Murcia:

-ESBA-Escuela Sistémica Básica en Cartagena (en nuestra barra lateral tenéis el link para más información)

-CTFM-Centro Terapia Familiar Murcia

-Acreditados por la Universidad de Murcia y por la Comisión de
Formación Continuada del Sistema Murciano de Salud
Curso: "Intervención terapéutica en sistemas familiares".
www.institutosistemicoredes.com

-El 28-29 de Octubre de 2011 se va a celebrar en Bilbao el Congreso de la FEATF

La ATFRM está abierta a todos los Orientadores Familiares y Terapeutas de la Región que se quieran asociar y colaborar con nosotros. Recibid todos un saludo y espero que tengáis unas buenas vacaciones de verano.

miércoles, 29 de junio de 2011

Dependencia…Independencia

El tema de la Dependencia emocional que tratamos hace unas semanas en Onda Radio, en el 92.4 de la FM, ha suscitado dudas o por lo menos comentarios que me hacen abordar esta cuestión tal vez de una manera más clara y más concisa.

El punto importante y opino que muy positivo, es cuando comenzasteis a cuestionaros no la dependencia emocional, sino desde la perspectiva más positiva, desde la Independencia emocional, qué podía estar pasando y qué eran estos conceptos que entraban de nuevo en vuestras vidas haciendo mover un poco “vuestro árbol”. Ya es bueno partir del concepto contrario.

Esta parte positiva de la independencia emocional os ha trastocado algo vuestras bases culturales y paradigmáticas porque hasta comentáis si es posible que esa independencia por la que abogamos no puede hacernos insensibles a las emociones de los demás y convertir el esfuerzo empático que a veces hacemos, en una situación nada necesaria para convivir.

Nada más lejos de la realidad y cuando salís de vuestra ilustrada vida y os zambullís en lo cotidiano, os embebéis de la realidad amarga y dura que os muestra al otro miembro de la pareja como el desconocido o desconocida que atenta contra vuestra razón de ser y que, por algún extraño hechizo, le seguís hasta rozar la anulación personal.

Independencia no es frialdad emocional porque si así lo fuera contradiría “el propósito que nos moviliza cuando buscamos la proximidad emocional y el contacto social”, como dice mi admirada Graciela Large.

Siguiendo parafraseándola, más bien se trata de empatizar con lo que le pasa al otro y saber qué te pasa y lo que sucede por estar sintiendo de esa manera, o sea, tener una visión micro y macro a la vez. Aunque os parezca difícil, se puede conseguir.

Emocionarnos, sentir, es lo que hace que toda experiencia genere un impacto en nosotros, ahora bien, para que se dé una huella significativa que nos movilice a una intención de nuevas posibilidades, llenando nuestra vida de creatividad, de imaginación, de colores y de aprendizajes, es necesario el soporte que te da una autoestima, un autoconcepto vinculado a valores personales. Entonces es posible la capacidad de confiar en nosotros mismos, en el otro y por supuesto en las relaciones.

No quiero dejar de comentar que hay quien pasa de la dependencia emocional a la rebeldía vital negativista y esta secuencia que parece defensiva, terminará por encerrarnos en una dependencia mayor hacia otras personas que aunque no sean tan aparentemente significativas, el conjunto de ellas, con el poquito de cada una, hace que se lleve la vida, con sucedáneos y pueda llegar a creerse ( a pesar del autosabotaje) que se vive muriendo para morir viviendo, como dijo alguna vez una amiga mía.

No cambiéis la dependencia de la que salís por otras, ya que eso será en vuestras vidas más de lo mismo y es totalmente enemigo del objetivo que en principio estamos trabajando para conseguir: ser inteligentes emocionales.

Juan José López Nicolás

lunes, 6 de junio de 2011

Parar el tiempo: apego y desapego


¿Qué nos hace permanecer en lo conocido? Arropados en rutinas de horarios, de relaciones. Pareciera que ellas nos mantienen en casa, en lo familiar.

¿Qué te hace negar volver a casa? Rechazando las raíces, huyendo de todo lo que te resulta conocido.

Apego y desapego… un péndulo, un estado, una tristeza escondida, una rabia proyectada.

Como en la canción “reloj no marques las horas”, en la que me imagino sujeto a las anillas, en un infructuoso intento de parar el tiempo, algunos de nosotros nos agarramos a cada extremo del péndulo.

Aunque la verdad, con los años te balanceas en los dos.

Cuando conoces la euforia del desapego, a la vuelta de la esquina te aguarda el apego. A veces es una cuestión de juventud, donde el desarraigo parece una necesidad. Y a medida que te haces mayor, te aproximas a la otra opción. El apego parece reconfortar de malos presentimientos.

Parece fácil permanecer en lo conocido cuando el control que has inventado, a la larga es un aliado que evita ponerte aprueba en aquello que eludes. El apego es un buen escaparate para esconderse.

Abordar la responsabilidad de un cambio, del avance. Salir de la inercia y transformar el estado de latencia, de tristeza, tan propio del apego, tiene un enorme riesgo.

Es preferible ir metiendo debajo de la alfombra todo lo que pueda ser confrontado. Mirarte a la cara, en el espejo de tu tristeza, parece presagiar el cruce de un círculo mágico que te protege de algo invisible. Resulta inabordable para la mayoría de nosotros.

Cualquier crisis que te lleve a mirar al apego, a revisar la identidad que se suprime a sí misma desde la negación de la propia fuerza, se convierte tan sólo en un impulso momentáneo cuando se encara al dueño y señor de la casa. Ese que se esconde en la costumbre. Los hábitos, los horarios, las rutinas, lo conocido, encuentran en el pesimismo su mejor aliado y en las circunstancias adversas la permanente disculpa.

La canción es la misma con el desapego. Ambos se dan de la mano en no ser. Quien se vive sin referente y niega lo esencial, es presa fácil para la envidia. Esa búsqueda inútil de ahorrarse el esfuerzo de ser quien realmente eres para vivir de prestado.

Te pones trajes que te quedan estrechos, o muy largos. Simplemente no te sientan bien. No eres tú. Te producen el empacho de quien se indigesta con un conocimiento que no digiere, que no hace suyo. Una máscara de carencia escondida en una falsa libertad. Un desarraigo que se olvida del origen para terminar perdido y aislado.

Apego y desapego, hermanos de lo mismo. Un necesidad de abrirse al cambio. De reinventar las ataduras que siguen sujetas en ambos extremos del péndulo. Invenciones en sombra que esconden nuestro máximo potencial.

Y no hay nada que ate más que aquello que no consigues ver con buenos ojos.

Artículo de Graciela Large,
Experta en Comunicación
y Terapeuta de desarrollo personal.
Creadora de la página Comunicación en pareja

miércoles, 1 de junio de 2011

Visión de la relación de pareja.

En este tema voy a distinguir varias partes a la hora de su análisis:

1- Concepto de amor.
2- Teatro y carnaval.
3- Caída del telón.
4- Miedo.
5- Renacimiento.

1. Concepto de amor.
Estamos hablando de un concepto multicultural y multieducacional, por lo tanto no tiene porqué coincidir en todas las personas y difícilmente en las parejas. Si se da en la pareja se llega a decir que se encuentra a la “media naranja”.

Al no tener el concepto homogeneizado en todas las personas, cosa que acabaría de un plumazo con la libertad de pensamiento humana, el encuentro de dos personas se convierte en el encuentro de dos conceptos de amor (entre otros muchos), que de forma general serán coincidentes, pero cuyos flecos actúan como dos carreteras que se encuentran en un principio y siguen sentidos distintos, y algunas veces opuestos.

Todos tenemos un concepto más o menos coincidente del amor en términos generales, pero nos diferenciamos en el “sentido” del mismo. Me refiero con el sentido al fin que pretendemos: lo mejor para uno mismo, lo mejor para mi pareja, mejora económica, tradición, miedo, etc…

Por lo tanto en un inicio de la relación cada uno mira a un punto distinto del horizonte, pero no precisamente al mismo. El horizonte es el mismo para todos pero no el punto concreto, este punto es fruto de nuestro recorrido en la vida(educación, experiencias, madurez, etc…) Hacer coincidir dos puntos en el horizonte se hace tan difícil como que dos personas nacieran con la misma cara, hasta los gemelos tienden a gesticular de forma distinta.

La base del fracaso de toda relación la encontramos en el egoísmo, en intentar convencer al otro de que tu punto elegido en el horizonte es el correcto y no el del otro. De lo que no nos damos cuenta es de que en los dos puntos del horizonte se dan las mismas sensaciones, amanece y atardece de la misma manera. Lo realmente importante es respetar el punto de vista de tu pareja y que ella respete el tuyo e intentar ver las cosas como el otro las ve para así generar una evolución conjunta.

Ahora bien, para poder tener esta experiencia es necesario adoptar un sentimiento amoroso global, es decir aceptar las imperfecciones propias y las del otro, que en un principio serán completamente ocultadas o camufladas por miedo a no ser aceptado.

2. Teatro y carnaval.
El inicio, el primer contacto se produce en el gran “carnaval” o “teatro” de la vida. El miedo social a ser reconocidos de forma real hace que todo el mundo ande por el mundo disfrazado o con alguna mascara teatral que represente el papel que queremos transmitir.

Por lo tanto en un principio se da un esfuerzo de ocultación de nuestros defectos (e incluso de nuestras virtudes). Con el objetivo de ser querido y aceptado para poder llevar a cabo nuestro “sentido” anteriormente explicado. El problema fundamental de esta teatralidad es que se da en los dos miembros de la pareja a la vez (en un 90%) y cuando nos cansamos de dicho esfuerzo empiezan a aparecer los problemas ya que ni uno ni el otro se ven como al principio, evidentemente...

3. Caída del telón
El carnaval, el teatro… termina con la caída de un telón que no se puede contener más tiempo. La función acaba como todas las funciones, cuando acaban los recursos imaginativos de ambos, y la idealización empieza a agrietarse. La verdad pasa a través de esas grietas y ambos acceden a la realidad de la persona que tienen delante, y es en este momento cuando se empieza a mostrar la verdad, antes camuflada. La verdad no idealiza a nuestro favor, es como es, creando sorpresa (por lo que vemos) e inseguridad (por lo que mostramos). Aquí se presenta el verdadero reto, cuando ambos se ven sin mascara teatral.

4. Miedo
Es aquí cuando empieza el verdadero conocimiento de la pareja y es aquí cuando la gran mayoría no vuelve a verse; prefieren y eligen libremente teatralizar las relaciones amorosas ocultándose tras máscaras teatrales que ofrecen seguridad ante el miedo al fracaso o la inseguridad.

Alguien diría que es un tipo de “amor” válido, como un juego que nos entretiene. Pero de ahí no pasa, no busquemos en este juego el acceso a la verdad o a la sinceridad absoluta. Encumbrar la apariencia nos aleja de lo verdadero. Es como si nos dan un regalo y no lo abrimos hipnotizados por el papel que lo envuelve, puede ser muy bonito, no lo dudo, pero ¿porqué nos cuesta tanto abrirlo y aceptar lo que hay en el interior? El teatro es bonito, pero el conocimiento de la verdad por poco que veamos o que sintamos siempre será más real, y esto a la larga llena más porque en esta infinitud, el telón nunca cae.

Si nos quedamos en la superficialidad de saltar de una relación a otra sin abrirnos, seremos como la rana que salta de piedra en piedra sin bucear. Perder el miedo a nosotros mismos y la confianza se convierten en la llave hacia una conocimiento superior.

5. Renacimiento
El grado de aceptación debe ser bastante elevado en la pareja para afrontar este “renacimiento” de la relación, en el que se prescinde de máscaras teatrales. Una aceptación tanto de la persona que tenemos delante como de nosotros mismos. A partir de esta aceptación se abre un nuevo campo de conocimiento en ambas direcciones, e incluso introspectivamente, viéndonos reflejados en la sinceridad de nuestra pareja.

Es evidente que el que no esté predispuesto desde un principio a dar este salto (¿al vacío? Entendiendo vacío como desconocido) tiene muchas papeletas de seguir en una indefinida teatralización de las relaciones dentro de un bucle constante. Este bucle nos hará felices e infelices de manera constante y cíclica, pero sin transcenderlo, sin ir más allá. Este más allá es lo que nos puede llenar completamente al trascender esa prisión formada por un bucle imaginario e idealista.

Rubén González

lunes, 23 de mayo de 2011

Programa de Radio, nueva etapa 2011.


Estimados amigos, colegas y adictos a Terapia y Familia: quiero anunciaros que el día 19 de mayo pasado, comenzamos una nueva andadura de nuestro Programa de Radio COSAS DE FAMILIA.

He de agradecer profundamente la acogida que tuvo este primer programa y deciros desde aquí que estamos y ponemos la emisora que nos ha acogido, ONDA RADIO, en el 92.4 de la FM, en Beniaján, y sus micrófonos, todos los jueves de 7 a 8 de la tarde, a vuestra entera disposición. Esperamos que nos llaméis y opinéis sobre el tema que tratamos cada día y nos propongáis otros que os puedan interesar.

Un saludo a todos.

Juan José López Nicolás

jueves, 19 de mayo de 2011

Aceptación contra resignación.

Desde este foro, más adecuado imposible, quiero hablaros hoy del Dr. Gabriel Jorge Castellá, argentino, nacido en la Provincia de Buenos Aires. Médico psicoterapeuta, especialista en Logoterapia y en Medicina y Psicología Transgeneracional, investigador clínico del vínculo materno-filial y de la influencia que tienen las vivencias maternas durante la concepción para el desarrollo de la personalidad del hijo, miembro del equipo del Centro de Enriquecimiento del Potencial del Aprendizaje.
No terminaría en diez minutos de deciros qué cosas además de lo relatado hace el Dr. Castellá, pero lo que me ha hecho fijarme en él, entre otras cosas, es algo tan sencillo como el escrito comunicación que relata la diferencia entre ACEPTACIÓN Y RESIGNACIÓN. Es un artículo mucho más largo de lo habitual, pero les garantizo que no tiene desperdicio…por una vez, espero que me hagan caso.

No es la primera vez que insisto en la necesidad de dar el concepto adecuado a las palabras que usamos porque tal como las “pensamos” así las usamos y esta teoría me hace incidir en la necesidad de dar los contenidos adecuados, los elementos necesarios que urge buscar en la palabra para usarla como estrategia en la que basar nuestro apoyo emocional ante momentos de crisis.

Como el Dr. Castellá comenta, “…con la aceptación uno recibe los hechos tal cual son. Le da una sensata y ecuánime acogida a la realidad, para adentrarse en ella y explorar con sabiduría sus recónditos recovecos.

La realidad es compleja y sorprendente. Está llena de matices. El misterio acecha agazapado para asaltar hasta el más experto explorador. Quien se rebela contra ella sólo logra estrellarse contra su granítica estructura; en una inoperante y estéril actividad consigue que la realidad le oculte sus tesoros. Sin advertirlo empuja la puerta hacia el lado que se cierra.

Quien se resigna a su circunstancia paraliza su espíritu. Se inmoviliza y anula a sí mismo. Niega su ser y rechaza con necedad las posibilidades que tiene a su alcance.
Quien, en cambio, acepta la realidad tal cual es, con tan humilde actitud, desvela la clave para que la realidad se rinda a sus pies. Con la aceptación se entra en sintonía con los hechos. Se es UNO con ellos. Con docilidad y fluidez se accede a las riquezas y posibilidades que la realidad, celosamente, resguarda y oculta detrás de un rostro hosco y huraño.

Es frecuente, en nuestra cultura, confundir la noción de aceptación con la acepción actual de resignación, cuando en realidad son antónimos. En su origen etimológico resignación tenía un sentido contrario al que se le asigna hoy. Proviene del latín resignare: romper el sello que cierra algo. Volver a signar. Desde aquí fue evolucionando, o mejor, tergiversándose hasta la connotación actual de impotencia, abandono y sometimiento ante la adversidad que se vive.

Si descorremos el velo de la apariencia se distinguirá con claridad que resignación y aceptación se hallan en posiciones antagónicas ante la realidad.
En la resignación hay ignorancia de las posibilidades. Con la aceptación hay conciencia del límite. En la resignación se sobredimensionan las dificultades. Con la aceptación se vislumbran las posibilidades.

En la resignación sólo hay ojos para “ver” aquello que se carece. Con la aceptación se ilumina aquello que aún se conserva.
En la resignación se paraliza toda acción. Con la aceptación se pone en marcha la acción más sabia.
En la resignación hay una vergonzosa sumisión. Con la aceptación uno encuentra la senda de “su” misión.
En la resignación hay dejadez y complicidad. Con la aceptación hay prestancia y superación.
En la resignación hay impotencia y desconsuelo. Con la aceptación hay fortaleza y serenidad.

La aceptación de lo real es lo que fundamenta la sinceridad de la existencia.
Aceptar la existencia es una acción que se debe realizar en lo más hondo de la vida.
Se requiere un gran temple anímico para aceptar la realidad como es. Por eso lejos de una postura facilista o derrotista es fortaleza de ánimo y claridad de la mente para afrontar la contingencia adversa.

Hay tres reglas de oro para afrontar, con dignidad, las horas aciagas por más adversas que se presenten:
1) Antes que nada, y por sobre todas las cosas, ACEPTAR los hechos tal como son.
2) Estar de acuerdo con esta premisa hasta la fibra más íntima de nuestro ser.
3) Antes de cualquier otro paso respetar al pie de la letra los puntos 1 y 2.

Los dos postulados básicos que le permitieron al pueblo japonés reponerse de la ignominia de las dos bombas atómicas, de Hiroshima y Nagasaki, fueron los siguientes:
1) ¿Qué es lo que aún tenemos? O, en otras palabras: ¿Con qué contamos?
2) Con esto que poseemos: ¿Qué podemos hacer?
Sólo la aceptación de las circunstancias como son, por más dolorosas que sean, puede promover tan valiosas actitudes.

Hay un proverbio japonés que reza: Si las entiendes, las cosas son lo que son; y si no las entiendes... las cosas son lo que son.
Cuanto más se intenta forzar un cambio mayor resistencia se promueve, con lo cual se logra lo opuesto a lo que se pretende.

El Padre Carlos Vallés nos recuerda las palabras de Anthony de Melo.
No cambien. El deseo de cambiar es enemigo del amor.
No se cambien a ustedes mismos: ámense a ustedes mismos tal como son.
No hagan cambiar a los demás: amen a todos tal como son.
No intenten cambiar el mundo: el mundo está en manos de Dios y él lo sabe.
Y si lo hacen así... todo cambiará maravillosamente a su tiempo y a su manera.

La aceptación abre los ojos, ilumina la comprensión, alumbra el camino, despierta la razón, aguza los oídos, refina el tacto, aclara el gusto, sensibiliza el olfato, sintoniza el corazón, redobla la fortaleza, templa el ánimo, fertiliza la paz, inspira la paciencia y nutre la sabiduría.

Para clarificar aún más la noción de aceptación apelaré a la siguiente imagen: Imagine, amigo lector, que se halla atrapado en una arena movediza. Está allí solo y con la necesidad apremiante de poner a salvo su vida con premura. No hay nadie cerca que pueda acudir ante sus gritos de auxilio y tampoco ninguna rama o algo parecido de donde pueda asirse. Debe salvar su vida. ¿Qué hace?

Si se deja arrastrar por la desesperación realizará movimientos alocados, descoordinados e inoperantes, desplazando de tal modo la arena que facilitará su hundimiento, rápidamente. Si, en cambio, logra tener autodominio de sí ante tal peligro y sobreponiéndose al temor, consigue relajarse y hacer la “plancha” se mantendrá a flote, indispensable para salvarse. Luego, lentamente podrá ir desplazándose hacia la orilla.

Este autogobierno ante la contingencia adversa, esta capacidad de relajarse y mantenerse a “flote” es equivalente a la capacidad de aceptación y lo que se consigue en nosotros cuando la aplicamos.

Citaré a continuación dos relatos que, con sabia elocuencia, plantean qué es aceptar.
El señor Vishnu estaba tan harto de las continuas peticiones de su devoto que un día se apareció a él y le dijo: –He decidido concederte las tres cosas que desees pedirme.
Después no volveré a concederte nada más.

Lleno de gozo, el devoto hizo su primera petición sin pensarlo dos veces. Pidió que muriera su mujer para poder casarse con una mejor y su petición fue inmediatamente atendida.
Pero cuando sus amigos y parientes se reunieron para el funeral y comenzaron a recordar las buenas cualidades de su difunta esposa, el devoto cayó en la cuenta de que había sido un tanto precipitado. Ahora reconocía que había sido absolutamente ciego a las virtudes de su mujer. ¿Acaso era fácil encontrar otra mujer tan buena como ella?

De manera que pidió al señor que la devolviera a la vida. Con lo cual sólo le quedaba una petición que hacer. Y estaba decidido a no cometer un nuevo error porque esta vez no tendría posibilidad de enmendarlo. Y se puso a pedir consejo a los demás. Algunos de sus amigos le aconsejaron que pidiese la inmortalidad. ¿Pero de qué servía la inmortalidad –le dijeron otros– si no tenía salud? ¿Y de qué servía la salud si no tenía dinero? ¿Y de qué servía el dinero si no tenía amigos?

Pasaban los años y no podía determinar qué era lo que debía pedir: ¿Vida, salud, riquezas, poder, amor...? Al fin suplicó al señor: –Por favor, aconséjame lo que debo pedir.
El señor se rió al ver los apuros del pobre hombre y le dijo: –Pide ser capaz de contentarte con todo lo que la vida te ofrezca, sea lo que sea.

El siguiente relato cuenta la historia de un hombre de ciudad que se traslada de visita al campo.
Instalado allí le pregunta a un campesino: ¿Qué tiempo va a hacer mañana?
Con humildad campechana le responde: –El tiempo que yo quiero.
En tono despectivo el burgués le vuelve a preguntar: –¿Y usted cómo sabe que va a hacer el tiempo que quiere?
–Muy simple, desde que aprendí que es imposible tener todo lo que uno quiere aprendí a querer todo lo que tengo. Yo no sé qué tiempo va a hacer mañana, pero, sea cual fuere lo voy a querer. Por lo tanto, va a hacer el tiempo que yo quiero.

¿Cómo no sentir alegría si uno sabe responder con esta sabia actitud?

Si acepto el problema, tal como es, lograré comprensión.
Si logro comprensión alcanzaré serenidad.
Si alcanzo serenidad conoceré la raíz del conflicto.
Si conozco la raíz del conflicto descubriré su sentido.
Si descubro su sentido tendré mayor claridad mental.
Si tengo mayor claridad mental plantearé mejor el problema.
Si planteo bien el problema desarrollaré nuevos enfoques.
Si desarrollo nuevos enfoques transformaré el conflicto en oportunidad.
Si transformo en oportunidad lo dificultoso habré solucionado el problema.”


¿Os ha merecido la pena llegar al final? Espero y deseo que así sea. Espero vuestros comentarios.

Juan José López Nicolás

lunes, 16 de mayo de 2011

Relativo frente a absoluto...Rigidez o cambio.

Os dejo a continuación con un artículo de opinión que nos envía un asiduo lector de nuestra página TERAPIA Y FAMILIA, nuestro amigo RUBEN GONZÁLEZ, que desea compartir con todos unas reflexiones sobre una temática que suele reflejarse en nuestro blog. A ver qué os parece.

¿Realmente existe el paralelismo exacto entre el problema externo y la idea que formamos en nuestro interior y que nos hace sentir bien? ¿Hasta qué punto el “sentirse bien” es consecuencia directa de nuestra facilidad para clasificar y ordenar las impresiones y experiencias que nos llegan del exterior? Nuestra mente actúa de armario con innumerables compartimentos que nosotros mismos fabricamos. Una mente adaptable y moldeable será menos problemática en potencia que otra más sólida o cuadriculada, ya que se adaptará mejor a futuros contenidos inesperados.

Una misma situación creará reacciones (problemáticas o no) en diferentes personas, todo dependerá de la capacidad de encaje que tengamos, de la mente más o menos abierta o siguiendo con el ejemplo anterior, de dónde hayamos comprado el armario contenedor o en quien nos hayamos fijado para construirlo.

Por lo tanto ¿Se podría dar la situación de que aquél al que consideramos más feliz que nosotros porque a priori tiene menos problemas, en realidad tenga mayor capacidad de encaje de los mismos? Es posible que todo gire en torno a esta capacidad, y para ampliar esta capacidad ayuda, y mucho, la conceptualización de lo externo (e incluso de lo interno).

En esta vida todo es más relativo que absoluto, todo está en continuo movimiento y ésta es la única constante, por lo tanto no es recomendable tener filtros y moldes demasiado estáticos y rígidos que generen rozamiento con lo externo y que a fin de cuentas nos generen malestar y problemas. El problema se genera dentro de cada uno de nosotros, fuera no existe como tal, fuera no existe.

El hecho de no sentirse feliz en muchos casos es debido a nuestra incapacidad de adaptación a lo externo. Si tenemos prejuicios demasiado sólidos,tenemos “papeletas” para generar problemas, ya que los tamaños y variedad de los “compartimentos” los restringimos nosotros mismos y ofrecen menos capacidad de adaptación.

Si basamos nuestra relación con lo exterior en nuestros prejuicios, nos encontraremos en un estado de continua tensión interior fundamentada en la inseguridad y, por qué no decirlo, posiblemente en el mismo miedo. No se pueden tener todas las respuestas preestablecidas para “un todo cambiante”. Solamente un ingenuo egocéntrico podría pensar que lo sabe todo y de esta forma no generaría tensión, pero esta “seguridad” se cimentaría en dos mentiras montadas una encima de la otra, lo que originaria en caso de conflicto la aparición del orgullo, desprecio o cualquier sentimiento de rechazo basado en la creencia de su propia falacia.

Los patrones de comportamiento ante situaciones externas son muy cómodos en este tipo de vida en la que nadie tiene tiempo para detenerse a reflexionar. Adquirimos patrones por comodidad, intentando crear un comportamiento automático ante cualquier situación, esto nos da sensación de control (sólo sensación). El problema es que el mundo se mueve y cambia constantemente y esos patrones deben ser renovados a la vez, si no lo hacemos corremos el riesgo de no ser humildes y querer forzar que todo gire alrededor de nuestro patrón estático, esto genera continua fricción y malestar. Es completamene manifiesto, entonces, aquella frase que dice que no puede entrar en razón quien piensa de forma automática. ¿Qué pensáis de todo esto?


Rubén González

martes, 10 de mayo de 2011

Sobre el ser feliz

A veces nos faltan palabras para designar, explicar o transmitir lo que nos está pasando. Sentimos esa sensación de malestar psíquico y algo dentro de nosotros nos obstaculiza el saber sobre lo que nos está sucediendo.

Decimos “me siento mal” pudiendo expresar con esto una gran tristeza o bronca, un dolor de estómago o de cabeza, una irritación de ojos, cansancio, etc. Esta palabrita, “mal”, sirve para todo.
En general se trata de una cuestión de vocabulario. Cuantos menos vocablos tengamos incorporados menor va a ser la posibilidad de expresar con cierta precisión lo que nos ocurre.

La primera condición para iniciar un cambio en tu vida es saber qué te está sucediendo. En ocasiones, no se poseen los parámetros necesarios para ponerse a pensar. Se sufren las carencias, los problemas, las dificultades, pero cuesta ordenarlas de tal manera que no sólo las conozcamos mejor sino que nos permita empezar a buscar soluciones.

Tú mismo habrás observado cuánta gente manifiesta no sentirse feliz. Esta expresión engloba tantas cosas que es imposible definir qué le está sucediendo. Quizá no se sienta feliz porque ese año no sale de vacaciones o porque no puede comprarse el TV de 37 pulgadas o porque tiene discusiones con su pareja o porque su hijo suspendió cuatro asignaturas o porque acaba de cumplir cuarenta años y se siente viejo o porque los análisis le indican alto colesterol o porque tiene serias dudas sobre la existencia de Dios o porque se pregunta para qué nació o qué sentido tiene su vida, o porque los hijos todavía, muy mayores, dependen de él o ella y... podríamos seguir así hasta el infinito.

Otros consideran que el ser feliz tiene que ver con sentirse completo, sin necesidades ni deseos. Ser el todo, poseerlo todo. Una especie de ente abstracto que nada tiene que ver con lo humano. Este es un fenómeno que está en el principio del desarrollo humano. Podemos rastrear sus orígenes en la relación madre hijo siendo cada uno una parte del otro y viviendo, hasta cierta edad, una ilusión de todo es perfectamente completo que se quiere reeditar a lo largo de la vida. Este anhelo de ser completo, sin fallas, sin carencias, sin “agujeros”, está muy generalizado. Como si la gente tuviera la intuición profunda de la existencia de un primigenio paraíso en donde todas las necesidades eran satisfechas en el momento.

Pero la existencia diaria nos muestra otra cosa: vivimos en estado de carencia. Somos humanos y, por lo tanto, vulnerables. Cada vez que percibimos una falta, una carencia, sentimos disgusto. Estamos viendo televisión y de golpe se corta la electricidad. Nos sorprende y comenzamos a generar hipótesis. Lo primero que pensamos es si se tratará de una falla de la casa. Inmediatamente salimos a la calle para preguntar a los vecinos si tienen luz. Se trata de hechos simples y cotidianos pero no por ser así deja de sorprendernos y enfadarnos. LO REAL nos golpea bruscamente.

Y lo que agrava la situación es que mucha gente quiere vivir en un mundo hecho a medida, como Adán. Ni que hablar, entonces, de accidentes, muertes, malas noticias o el teléfono que suena a las tres de la madrugada. Sobreviene un instante de desorientación hasta que encontramos alguna explicación que nos tranquiliza o algún recurso para resolver el problema. Hay otros ejemplos de irrupción de las carencias. Piense en esas personas competitivas que necesitan poseer algo mejor que lo que otro compró; o las que recurren periódicamente a la cirugía plástica, o se machacan en el gimnasio porque no aceptan la aparición de las arrugas propias de la edad o el paso de la misma; o los que deben cambiar de coche porque “no soportan” que el modelo nuevo tenga prestaciones y cosas chulas que el suyo no posee.

Los ejemplos son infinitos como infinitas las carencias. No reconocer los agujeros o querer taparlos a toda costa, insume tiempo, vida, esfuerzo y dinero. A la corta o a la larga nada de lo que hagamos servirá: aparecerá la nueva computadora, el nuevo auto, la nueva arruga, habrá cortes de luz, moriremos.

Muchos razonan diciendo: Si hago un curso de control mental o meditación o leo libros de autoayuda o hago este o aquel taller vivencial, voy a recibir la información que necesito, el gran secreto para alcanzar la felicidad completa, el Gran Manual que alguna vez hemos mencionado. Después de todos los intentos sobreviene la frustración: la felicidad completa, la perfección no existe. Si la gente buscara en esas técnicas lo que cada una puede dar se sentiría satisfecha. Pero no. Este o aquel curso de autoconocimiento ¡Son buenísimos! Pero, pasado un tiempo, la felicidad no aparece, el entusiasmo decae y se reinicia la búsqueda. Buscamos un imposible y además no pasamos de la superficie en la lucha por hacer realidad nuestros objetivos, quedándonos en la pura teoría.

A diferencia de los que buscan soluciones mágicas hay personas que saben que el conflicto está en ellas mismas y quieren conocerlo. Lo perciben como un algo que no se sabe bien qué es, pero que se hace sentir por una sensación de vacío, de futilidad, de angustia indefinida, una vivencia profunda de que la vida, tal como se está viviendo, no tiene sentido. Un “no sentirse bien” del que no se puede hablar porque, como dijimos, no se encuentran las palabras apropiadas para definirlo.



Sobre el libro del Lic. E. Jorge Antognazza
¿Qué hacer con la vida?