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miércoles, 17 de mayo de 2017

Ayuda ante el dolor

Es muy difícil acceder a la persona doliente si nuestra actitud es de indiferencia y no sabemos hacer entender con nuestro cuerpo y expresiones que comprendemos por lo que tiene que estar pasando. Hay profesionales que a esto lo llaman EMPATÍA, pero según mi experiencia, va más allá de ese concepto.

Es algo difícil de explicar pero fácil de entender cuando formamos parte de la situación aún teniendo la habilidad de estar en un plano lo suficientemente lejano para tener las perspectivas adecuadas para poder ser ayuda y no formar parte de ese mismo dolor que machaca el cuerpo y el alma. Hemos de reconocer la experiencia del dolor. Pero que su dolor no nos atenace hasta el punto de incapacitar nuestra relación de ayuda.

Nuestra situación es estar en un escalón superior para poder observar quién necesita qué y qué necesita en el momento adecuado. Nuestro silencio a veces puede manifestar mejor lo que queremos que una palabra inadecuada que puede tirar por tierra toda nuestra labor para conseguir el objetivo que nos identifiquen como “partícipes” de su grupo y no como un elemento extraño que no tiene ni idea de lo que está ocurriéndoles en ese trágico momento, aunque al principio es lo que normalmente piensan porque no hemos aún tenido la oportunidad de trabajar esta integración con el “grupo”. No somos ellos, no somos de los de ellos, pero podemos conseguir ser con ellos y que nos acepten. Esto es importante.

De ninguna manera puedo pretender que alguien sienta como yo sentiría ante su situación, por lo que es preciso que tenga muy en cuenta que cada persona siente a su manera y que esa es la forma adecuada de expresión ante la situación. No es correcto llevar a extremos las reacciones que se deben sentir como una relación con orden de prelación ante los acontecimientos de pérdida. Ahora debe llorar… Ahora debe enfadarse…Ahora debe expresar ira…Ahora debe estar confuso… ¡No!

Puede pasar por las diferentes etapas que todos deberíamos saber o no pasar por ellas. No nos empeñemos en que pasen por ellas. Cada uno siente como siente y siente lo que siente cuando lo siente. Hasta no sentir (aparentemente) nada en absoluto es otra forma de sentir y hemos de ser hábiles para detectar en la forma en la que se está desarrollando en la persona que tenemos delante. Como dicen varios autores, es importante validar sus sentimientos como respuestas naturales a la pérdida, porque lo que necesitamos todos es tiempo para procesar la información y los acontecimientos (nuevos y a veces inesperados) que nos está tocando vivir.

Es fácil que veamos estos acontecimientos de otros bajo nuestros prismas personales y subjetivos, bajo la óptica de nuestras creencias y conceptos, lo que nos haría errar por presuponer que ellos también tienen que pasar este trance como yo lo viviría. Insisto en ello porque he vivido experiencias con compañeros que me decían que tal persona no está viviendo de forma adecuada este momento porque no está experimentando tal o cual cosa.

Dejémosles que sean exclusivamente ellos y tratemos de saber ayudarles para hacer ese momento, por lo menos, más “tragable”, más aceptable. Alentar a la persona a contar sus recuerdos es una buena manera de integrarnos, integrar sus conceptos actuales en la realidad, e iniciar el proceso siempre difícil de la aceptación y no confundirlo con la resignación.


Gran labor, importante labor e ineludible la necesidad de aportar personas preparadas para ayudar en el aspecto psicológico de los acontecimientos en las emergencias: Unidades de primeros auxilios psicológicos, tanto en primera intervención como en segunda.      

jueves, 9 de febrero de 2017

El Distrés retardado

Muchas veces he sugerido que nunca estamos vacunados contra la recogida de raciones de estrés, pequeños pedazos de pena, rabia, confusión, llanto, que como integrantes de equipos de atención en emergencias estamos expuestos. Nos movilizan para acudir a emergencias…Accidente, 5 muertos…Suicidio, persona ahorcada…Accidente de autobús, 14 muertos…Y así podemos citar una lista interminable de sucesos a los que acudimos para facilitar los procesos y acompañar en el duelo a esas personas que han recibido un trallazo emocional y que sus recursos habituales no les son suficientes para poder dar explicación o poner en su realidad esto que ha sucedido tan de repente.

En cambio ahora lo que me preocupa es la persona que ayuda, que acompaña, que gestiona la pena de otros estabilizando zonas de comportamiento para que los procesos se normalicen y el futuro de la inestabilidad surgida sea más parte de una realidad que nos hace poner los pies en el suelo y vivir la situación de forma más “natural”. Sí, esta persona que está tragando dosis ajenas de estrés y vive la pena de otros con empatía, no con simpatía, para establecer una distancia los suficientemente importante para que el trauma vicario no les afecte de forma que no lo pueda controlar. El incidente crítico produce una serie de reacciones físicas, emocionales, conductuales, cognitivas, y potencialmente puede interferir emocionalmente en las habilidades para actuar en el lugar de trabajo en forma inmediata, o posteriormente en el retorno o la rutina laboral y familiar: este es el estrés del personal de primera respuesta

Es aconsejable hacer pequeñas reuniones de estructuración cognitiva, de rememorar situaciones que nos quedaron dentro, impactadas por lo impactantes que fueron, porque las vivimos en primera persona cargadas de un nivel emocional de alto voltaje, si es que me permiten llamarlo así. Y sucede porque no somos insensibles y no nos podemos insensibilizar…, mejor que no. El principal objetivo inmediato con compañeros expuestos a situaciones estresantes, conflictivas y traumáticas es el de minimizar la severidad y duración del trauma emocional. Se debe permitir la expresión de sus emociones y ayudarlos a entender y comprender sus sentimientos y los efectos psicológicos que puedan aparecer algunas semanas después. Pero para ello hay que preparar reuniones, entrevistas, “quedadas” para hablar de aquella o aquellas situaciones que me están empezando a aparecer en sueños, por ejemplo.

Al vivir una experiencia traumática, las experiencias psicológicas, a menudo subestimadas, pueden provocar de una forma más o menos lenta, un deterioro de la capacidad adaptativa y sociocomunicativa de la persona. El Debriefing, por ejemplo, es un instrumento importante que ofrece alivio a la persona a la vez que le posibilita exteriorizar y comparar sus ideas, recuerdos y emociones perturbadoras con las de otras personas, de modo tal que el sujeto víctima pueda comprenderlas y normalizarlas.

No olviden los líderes de los equipos que si quieren mantener a un equipo “sano” deben facilitar la ventilación emocional de los integrantes de su propio equipo, y más cuando se tiene constancia de que se ha estado activado en muchos o en seguidos sucesos impactantes para cualquiera, aunque es cierto, que la preparación de estas personas para atender a los demás es de primera calidad y su formación ha ido encaminada a encuadrar en su sitio las situaciones que a otros le suceden.

Si buscamos, por otra parte, la palabra “Desmovilización” encontramos que nos la describe también esta técnica que facilita nuestra ventilación, como una intervención brevísima que se realiza al final de todo el acontecimiento crítico. Es una técnica de soporte grupal que tiene como finalidad disminuir la presencia de perturbaciones cognitivas y reacciones emocionales reactivas y desadaptativas y facilitar su descarga.

No confiaros, hacedlo porque a la larga veréis los inconvenientes si no prestáis atención a estas situaciones. Vuestros equipos lo agradecerán y los resultados se verán, porque, además, las reuniones unen, te hacen conocerte mejor y facilitan la comunicación de forma totalmente distinta a los chat que tan imprescindibles se han hecho. No sustituir una buena reunión cara a cara por una conversación por chat. Incluso podemos empezar a ser conscientes que algunas personas se desligan de los equipos y no acuden a las activaciones porque, aparentemente sin razón, no se encuentran con la suficiente fuerza como para enfrentarse a esa llamada. ¿Sabéis por qué? Analizadlo, por favor. ¿Miedo? ¿Desinterés? ¿Falta de motivación? NO, no, no…¿Tenéis la respuesta?