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viernes, 8 de junio de 2018

Caminando hacia la Asertividad

Cuestionario SIA
 (Del artículo de http://laura-aprendeaserasertivo.blogspot.com/ en noviembre 2010)

Las personas deben estar preparadas para manejar inteligentemente los conflictos interpersonales. Estos surgen naturalmente, debido a que los individuos poseen creencias, sentimientos y deseos divergentes. De no manejarse con cuidado, estos conflictos pueden causar sentimientos de inseguridad, exclusión, irritación y frustración.

Tales situaciones de tensión pueden prevenirse por medio de un comportamiento asertivo responsable. La asertividad fue descrita inicialmente en 1949 por ANDREW SALTER como un rasgo de personalidad, y la entendemos como un comportamiento comunicacional maduro en el cual la persona no agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, no obstante, muchos obvian el valor de promover el comportamiento asertivo. Algunos se oponen al entrenamiento en asertividad debido a que confunden el comportamiento asertivo con el agresivo. Cuando estas personas escuchan la palabra “asertividad”, imaginan personas que demandan sus derechos en forma ruidosa y ofensiva. Dichas personas consideran que entrenar a alguien para ser asertivo significa convertirlo en un ser calculador y manipulador, que intenta controlar a los otros con el objeto de lograr fines egoístas. Ellos temen que la asertividad transforme a personas agradables en seres rebeldes e irritables. Nada podría estar más alejado de la realidad, ya que esas características son típicas del comportamiento agresivo y no del comportamiento asertivo.

El hecho es que el comportamiento de las personas fluctúa entre la pasividad y la agresividad, y el comportamiento asertivo se ubica entre esos dos extremos. La asertividad se basa en valores humanos que sólo pueden ser beneficiosos para la comunicación interpersonal. Una vez que las personas comprenden realmente las metas, derechos y comportamientos asertivos, aprecian con prontitud su valor en promover el desarrollo de conceptos saludables de la autoestima y la habilidad interpersonal efectiva.

En un clima adecuado, los individuos pueden lograr sus derechos sin perjudicar a otros ni ir en contra de los derechos de los demás. La actuación asertiva ayuda a que las personas controlen su comportamiento (siendo menos temerosas y más expresivas sin llegar a la agresividad y hostilidad). Al aplicarse correctamente, la asertividad establece un balance de poder entre individuos en conflicto, de manera que cada uno obtenga provecho de la interrelación. El propósito no es someter a otros, sino más bien asegurar la satisfacción mutua en la resolución de conflictos.

La meta principal de la asertividad consiste en mejorar la auto imagen y aumentar la efectividad en situaciones sociales y profesionales. El comportamiento asertivo puede optimizar la contribución del individuo a la organización o en general a un contexto social. Sin embargo, este comportamiento puede lograrse solamente si comprendemos y respetamos los derechos individuales.

La comparación de los patrones de comportamiento asertivo, agresivo y pasivo, provee una visión sobre los beneficios personales, profesionales y organizacionales que aporta el conocimiento asertivo responsable.

El comportamiento pasivo ocurre cuando la persona renuncia a sus derechos por complacer a los demás. Los derechos de los individuos pasivos son violados, bien sea porque ignoran sus propias necesidades o porque permiten que otros abusen de sus derechos. Estas personas usualmente justifican su comportamiento con el supuesto deseo de no querer crear problemas o involucrarse en situaciones desagradables, Generalmente aceptan toda crítica, sintiéndose culpables y se disculpan aun cuando la crítica sea injusta.

Cuando surgen conflictos interpersonales inevitables, típicamente, las personas pasivas no expresan sus opiniones o sentimientos tratando de ocultarlos. Nuestra cultura promueve la pasividad al enseñar a los individuos a no expresar sentimientos por el miedo de ofender a otros. En realidad, tal comportamiento motiva a otros a aprovecharse de la situación y a infringir los derechos de la persona pasiva.

Cuando los individuos sienten que deben comportarse asertivamente pero reaccionan con pasividad, disminuye su autoestima. Aunque algunos manifiestan admiración por las personas pasivas, lo que realmente les agrada es el no ser obstaculizado por ellas.

Aun cuando la pasividad ayuda a evitar los conflictos, las personas pasivas usualmente se sienten explotadas, no tomadas en cuenta, indefensas, molestas o resentidas. No sólo pierden el respeto de otros sino, aún más importante, el respeto propio.

Los efectos de la continua pasividad son acumulativos y en último término, devastadores. La pasividad continúa erosionando la autoconfianza y, en algunos casos, causa depresión severa y un sentido general de minusvalía. Los deseos de las personas pasivas son obviados en la mayoría de las situaciones y rara vez logran su pleno potencial.

Los individuos pasivos, pocas veces aceptan la responsabilidad por la calidad de sus vidas. Algunas veces, cuando se les presiona demasiado hacia una situación desagradable, pierden el control sobre sus emociones y reaccionan explosivamente. Sin embargo, lo más común es que jueguen al mártir silencioso, culpando secretamente a los demás por su falta de autoestima. Rara vez se dan cuenta de su cuota de responsabilidad por su situación infeliz.

A diferencia del comportamiento pasivo, el comportamiento agresivo ocurre cuando las personas pelean por sus derechos de tal manera que llegan a violar los derechos de los demás. Los individuos agresivos con frecuencia se comportan ofensivamente y utilizan el sarcasmo y la intimidación para dominar a otros. Tienden a emitir señales sutiles de que crean climas de comunicación defensiva y provocan discusiones y hostilidades en lugar de promover la cooperación. Independientemente de cómo se manifieste, el comportamiento agresivo desmoraliza a los demás.

El comportamiento agresivo puede promover un círculo vicioso. Las personas agresivas discuten a menudo para defenderse de las críticas que ni siquiera han sido emitidas. Ello se debe a su vulnerabilidad ante amenazas (reales o imaginarias). A su vez, el comportamiento promueve una reacción de antagonismo en los demás.

En efecto, las personas agresivas intentan destacar a costa de la autoestima de otros. El propósito de esta agresión es dominar o humillar a otros en lugar de expresar los sentimientos honestamente. En los encuentros agresivos, los participantes se ven forzados a adoptar posiciones antagónicas.

El comportamiento agresivo se manifiesta de muchas maneras, todas improductivas. Al igual que las personas pasivas, los individuos agresivos se preocupan por su incapacidad de establecer relaciones amistosas y resolver conflictos satisfactoriamente. A largo plazo, el comportamiento agresivo sólo produce consecuencias desfavorables: nadie gana, todos pierden. El comportamiento asertivo ocurre cuando los individuos defienden sus derechos sin que ello implique violar los derechos de los demás. La asertividad implica expresiones directas, honestas y apropiadas de nuestras creencias, necesidades y sentimientos. Significa auto respeto; es decir, valorarse a uno mismo y tratarse con tanta inteligencia y consideración como merece cualquier ser humano.

Al comunicarnos con personas agresivas, podemos saber cuáles son sus posiciones, ya que expresan lo que piensan. Sin embargo, la asertividad no implica que uno pueda hacer o decir cualquier cosa bajo el pretexto de la franqueza. El comportamiento asertivo maduro nos lleva a ser responsables de nuestras acciones.

Debido a que las personas asertivas consideran que todos los individuos tienen iguales derechos a expresarse honestamente, demuestran que respetan a los demás tanto como a sí mismos. Por lo tanto, el comportamiento asertivo aumenta la autoestima, conlleva al desarrollo del respeto mutuo y al logro de las metas propias sin sacrificar la de otros.

No obstante, los individuos asertivos no siempre logran lo que desean. Se puede ser asertivo y realizar algo que no deseamos hacer, si alguien lo requiere verdaderamente. Sin embargo, no es asertivo el hacer algo que otra persona desea si tenemos resentimientos al respecto. Las personas asertivas buscan lograr el equilibrio entre estar excesivamente preocupadas por los demás – al punto de olvidar sus propias necesidades y el de ser egoístas. El comportamiento asertivo reduce las posibilidades de dañar, culpar o alienar a otros.

Dar a conocer nuestras necesidades y tomar responsabilidades por nuestras acciones, disminuye la tendencia a culpar a otros o a vengarse de ellos cuando no se alcanzan las metas propuestas.

Las personas asertivas pueden escuchar las críticas, evaluarlas si son pertinentes y luego negociar los cambios de comportamiento deseables. Mientras que el comportamiento agresivo sacrifica los derechos de un individuo para que otro se beneficie, el comportamiento asertivo se enfoca en negociar cambios de comportamientos razonables y mutuamente beneficiosos. Hay que saber que atacar al que tenemos enfrente en vez de hacerlo con el comportamiento que nos ha disgustado, es destructivo.

Cuestionario de Suposiciones e Ideas Asertivas-

Escribe en un papel el número de las frases que se enumeran con las que estás de acuerdo, anota aquellas que para ti son ciertas y definen tu forma de pensar o actuar en tus relaciones con los demás.

1. Es ser egoísta anteponer las necesidades propias a las de los demás.

2. Si alguien hace una pregunta tienes derecho a responder o a no hacerlo.

3. Es vergonzoso cometer errores. Hay que tener una respuesta adecuada para cada ocasión.

4. Es una buena política el no estar pendiente de si la gente tiene o no buena voluntad.

5. Si uno no puede convencer a los demás de que sus sentimientos son razonables, debe ser que está equivocado o que se está volviendo loco.

6. No estás obligado a tener que anticiparte a los deseos y necesidades de los demás.

7. Hay que respetar los puntos de vista de los demás, especialmente si desempeñan un cargo de autoridad. Mejor guardarse las diferencias de opinión para uno, escuchar y aprender.

8. Tienes derecho a no responsabilizarte de los problemas de los demás.

9. Hay que intentar ser siempre lógico y consecuente.

10. Tienes derecho a no tener que justificar ante los demás tus sentimientos y acciones.

11. Hay que ser flexible y adaptarse. Cada uno tiene sus motivos para hacer las cosas y no es de buena educación enfrentarse e interrogar a la gente.

12. Es adecuado estar solo si lo deseas, aunque los demás deseen tu compañía.

13. No hay que interrumpir nunca a la gente. Hacer preguntas denota estupidez.

14. Tienes derecho a decir “no”.

15. Las cosas podrían ser aún peores de lo que son, No hay que tentar a la suerte e intentar cambiarlas.

16. Ante un trabajo bien hecho tienes derecho a recibir aprobación y reconocimiento.

17. No hay que hacer perder a los demás su valioso tiempo con los problemas de uno.

18. A veces, está bien ignorar los consejos bienintencionados de los demás.

19. A la gente no le gusta escuchar que uno se encuentra mal, es mejor aparentar que estás bien.

20. Tienes derecho a pedir a los demás ayuda y apoyo emocional.

21. Cuando alguien se molesta en dar un consejo, es mejor tomarlo seriamente en cuenta, porque suele tener razón.

22. Es humano sentir dolor, así como, poder expresarlo.

23. La satisfacción de saber que se ha hecho algo bien es la mejor recompensa. A la gente no le gustan los alardes. La gente que triunfa, en el fondo, es envidiada. Hay que ser humilde ante los halagos.

24. Vayan las cosas bien o mal, tienes perfecto derecho a intentar un cambio.

25. Hay que evitar dar negativas a los demás e intentar adaptarse, de lo contrario, no los encontrarás cuando los necesites.

26. Es legítimo interrumpir a cualquiera si necesitas una aclaración.

27. No hay que ser antisocial, si dices que prefieres estar solo, los demás pensarán que no te gustan.

28. Tienes derecho a hacer críticas y a protestar por un trato injusto.

29. Tienes que tener siempre una buena razón para lo que sientes y haces.

30. Tienes derecho a cambiar tu forma de pensar o tu forma de actuar.

31. Cuando alguien tiene un problema siempre hay que ayudarle.

32. Tienes derecho y es saludable tener tus propias opiniones y convencimientos, aunque difieras de los demás.

33. Hay que ser sensible a los deseos y necesidades de los demás, aún cuando éstos sean incapaces de demostrarlos.

34. Tú debes ser el juez último de tus sentimientos y aceptarlos cómo válidos.

35. Es una buena política ver siempre el lado bueno de la gente.

36. Tienes derecho a cometer errores.

37. No está bien quitarse a la gente de encima, si alguien hace una pregunta, hay que darle siempre una respuesta.

38. Algunas veces, está bien anteponer las propias necesidades.

RESULTADOS:
Las aseveraciones numeradas con un Nº IMPAR definen suposiciones “falsas” que nos impiden comportarnos con los demás de una manera asertiva. Cuanto mayor sea el número de estas cuestiones con las que estás de acuerdo, mayor es la probabilidad de que tengas problemas de asertividad. Las relaciones sociales te producen malestar.

Las aseveraciones con un Nº PAR definen cada uno de los derechos legítimos que tenemos como individuos, y, por tanto, facilitan comportarnos como adultos asertivos. De la misma forma, elegir un mayor número estas ideas, es indicativo de que eres una persona asertiva, y te manejas con eficacia en las situaciones sociales. Las interacciones con los demás te generan satisfacción.

viernes, 1 de junio de 2018

El Orientador Familiar cercano en las crisis

Por muchos años que pasen, por muchas vicisitudes que sucedan, tipos de sociedad que nos acojan, del concepto pareja y de sus crisis jamás se dejará de hablar; siempre preocupará porque de la pareja se nace, o bien biológicamente o bien a la cultura de la vida por ser precisamente en pareja y en su seno donde el amor hace florecer la educación, la ayuda entre sus componentes y la manifestación de cooperación necesaria para que nadie pueda sentir aquello de que “el hombre, sólo, sin familia, tiembla de frío.”

Y es precisamente por estos vínculos de y en pareja que en infinidad de ocasiones el orientador familiar no enfoca ninguna necesidad de cambio, ni en la mayoría de ocasiones es quién para dar recetas mágicas (nunca las hay), ni actúa como aquel que ostenta el poder y la razón en un estante superior e inalcanzable, casi perfecto. Su concurso principal, su prioridad, es ser cercano, llano. Aquel que comprensiva y respetuosamente acompaña e infunde tranquilidad devolviendo como en un espejo las imágenes verbales y preguntas que surgen, dándoles una nueva dimensión que les sitúe ante ellas en una nueva posición más idónea, con distinta perspectiva, donde su comprensión se aclare y sume, logrando que el proceso de crecimiento que se busca se vaya acercando en su objetivo.

Todas estas maniobras orquestales las he venido poniendo en práctica cada vez que ha procedido, que es casi siempre porque lo que he visto es que muchas parejas se hunden en problemas, en desconfianzas, en recelos, en rupturas, a pesar de que existan elementos de unión, y parece un contrasentido. Pero lo que casi siempre sucede es que han perdido la fe en sí mismos y la crisis, a pesar de aparecer como una oportunidad de cambio, los sume en sus más negras y oscuras controversias y contrariedades en las que pierden toda expectativa adecuada y, por supuesto, todo el valor constructivo que en la observación positiva se debería dar como principal ingrediente. La clave es relativamente fácil aunque no se ve tan pronto: situarse en una perspectiva diferente.

No nos solemos plantear que la vida plana no es real, no existe, no se da. No nos preparamos para las crisis de pareja ni individuales, y nos vienen muy grandes no viendo que precisamente el esfuerzo que hacemos para favorecer la unión es la urdimbre, el pegamento que sella el futuro y el amor de la pareja.

Muchos y grandes profesionales son los que han escrito sobre los problemas que nos surgen en la vida y también mi experiencia personal me ha enseñado (sigo aprendiendo) que en la vida de pareja, si deseamos que dure, tendremos que aprender a aceptar momentos de sufrimiento y de esfuerzo. (C. Panadés. 2007) Porque en realidad, si la naturaleza nos permitiese vivir sin obstáculos, se reduciría en gran medida la capacidad de desarrollar nuestro potencial. Y es ese potencial el que nos va modelando, a medida de nuestro esfuerzo y aprendizaje, enseñándonos a vadear el río de las crisis y los problemas que se nos presentan, dotándonos de unas cajas de herramientas (recursos) para utilizar la que corresponda en cada momento según la reparación a emprender, pero necesitamos experiencia y no huir de los problemas y de la vida en sí. “Las parejas que duran pasan necesariamente por crisis, las afrontan y aprenden de ellas. Cuando se decide huir de las crisis rompiendo la relación, tarde o temprano, probablemente en la siguiente relación de pareja, se va a tener que afrontar el mismo reto y se encontrarán en el mismo punto en el que se emprendió la huida.”

Claramente he intentado en mi quehacer como Orientador devolver las preguntas, las cuestiones a mi interlocutor de una manera que creara conciencia de la realidad, no ya latente, sino manifiesta dentro del problema real que se me exponía. No hemos aprendido  a vivir con nuestras emociones y menos a ser conscientes de las mismas, de ahí que ante la más mínima, algunas personas emprenden una huida sin retorno, hacia un lugar que ni ellos mismo saben.

La verdad es que siempre he visto necesario poner encima de la mesa, abriendo conciencias para que emerja a la realidad visual del cliente, que queramos o no, pasamos todos por una serie de escalones difíciles de evitar y lo que se necesita proponer es que veamos cuál es la mejor forma de enfrentarnos a esas situaciones (a cada uno le valdrá una distinta) y empezar a reflexionar sobre el camino (indica marcha y no estancamiento) que vamos a tomar y que nos lo creamos de forma sincera y coherente. Y es ese creer lo que va a hacer moverse, afianzarse a objetivos posibles, porque hay más allá de este problemático, de momento, más acá que necesita de un trabajo continuo, inteligente, y no exento de esfuerzo que tiene que hacer el cliente, no el orientador.

No podemos evitar que los demás tengan problemas y a veces lo peor que existe es proteger tanto que les evitamos hasta el mismo aprendizaje necesario, como estamos viendo. Haciendo tú, aprendes tú. Si te evito el trabajo y el sufrimiento que te pertenece puede ser que te esté dando una ayuda que te debilite. Este relato puede ayudarnos a reflexionar este aspecto:

“Un hombre encontró el capullo de una mariposa y se lo llevó a casa para poder verla cuando saliera de él. Un día, vio que había un pequeño orificio, y entonces se sentó a observar por varias horas, viendo que la mariposa luchaba por poder salir del capullo.
El hombre observó que forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del pequeño orificio en el capullo, hasta que llegó un momento en el que pareció haber cesado la lucha, pues aparentemente no progresaba en su intento. Semejaba que se había atascado.

Entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña tijera cortó al lado del orificio del capullo para hacerlo más grande y de esta manera por fin la mariposa pudo salir.
Sin embargo, al salir, tenía el cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas y dobladas.

El hombre continuó observando, pues esperaba que en cualquier instante las alas se desdoblarían y crecerían lo suficiente para soportar al cuerpo, el cual se contraería al reducir lo hinchado que estaba. Ninguna de las dos situaciones sucedieron y la mariposa solamente podía arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas dobladas… 

Nunca pudo llegar a volar.

Lo que el hombre, en su bondad y apuro no entendió, fue que la restricción de la apertura del capullo, y la lucha requerida por la mariposa para salir por el diminuto agujero, era la forma en que la naturaleza forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que estuviesen grandes y fuertes y luego pudiese volar.”  Extraído del libro: "Aplícate el cuento" de Jaume Soler y M. Mercé Conangla.

¿Os ayuda en algo? Me alegro…Los problemas pueden hacernos crecer… ¿Huida? Mejor enfrentarnos a ellos, pero sabed que hay personas que saben ayudar.

Yo pedí fuerza...Y encontré  dificultades para hacerme fuerte.

Yo pedí sabiduría...Y tuve problemas para solucionar.


jueves, 24 de mayo de 2018

¿Epidemia de ansiedad?

Observando a mi alrededor me doy cuenta de la cantidad de gente con problemas de ansiedad y estrés que toman medicación y además lo comentan con total normalidad: “No, yo cuando me noto nervioso me tomo medio Trankimazin y listo”.

Y me doy cuenta de que se está normalizando una patología que en la mayoría de los casos se va a hacer crónica y eso va a ocurrir porque los psicofármacos son un velo con el que encubrir los síntomas; pero no la solución.

Busco la palabra “ansiedad” y lo primero que me aparece en Google es: “La ansiedad: síntomas y causas; la ansiedad el enemigo silencioso de nuestra felicidad,…”

Me hace mucha gracia este: “Salud: Las siete maneras infalibles de reducir la ansiedad.” Parece algo milagroso y que casi sólo con leerlo se me quitará o aliviará seguro. Esto no es más que buscar el atajo aparentemente más fácil y la realidad es que buscamos el atajo porque hay muchas personas que la padecen y  muchas la sufren en silencio.

Desde la Sociedad Española de Psiquiatría aseguran que no se ha visto un incremento significativo de los trastornos de ansiedad, pero  sólo se refieren a esos casos patológicos en los que la ansiedad se convierte en una enfermedad, no a los casos moderados. Es decir, cuando se transforma en una compañera de viaje de por vida, en una visita pesada a la que no hay forma de echar de casa.

Los episodios leves y moderados son los que sí se han disparado durante los últimos años, eso que los médicos consideran «trastornos reactivos o de adaptación». Episodios de «disconfort psicológico», cambios en nuestra vida que no asumimos o no sabemos afrontar, y que no alcanzan la categoría de enfermedad. Estos casos suponen más de la mitad de los que tratan hoy los especialistas en España y prácticamente también el mismo porcentaje de las consultas que reciben los médicos de atención primaria. Pero los casos leves, no tratados, pueden convertirse en graves, ya que la evidencia científica nos dice que la ansiedad es una emoción que surge de forma automática en situaciones de amenaza o peligro, para prepararnos a luchar o huir.

Gracias a la ansiedad nuestra especie ha podido subsistir y ha llegado a ser tan poderosa. Seguramente descendemos de aquellos antepasados que más ansiedad tenían ante las serpientes, lobos, etc. porque luchaban o huían eficazmente y los que generaban menos ansiedad eran presas más sencillas. Es el arma que posee nuestro organismo para estar en alerta ante cualquier posible peligro. Y esto es adaptativo y positivo para nuestra especie. El problema es cuando no asociamos la ansiedad con ese mecanismo de reacción, cuando se prolonga en el tiempo sin que exista una amenaza real y se convierte en una patología. Hoy sabemos que hay personas con mayor predisposición a sufrirla por cuestiones genéticas. También que el entorno social puede provocarla, y, por supuesto, la vida de cada uno. Pero durante los últimos años la ansiedad ha trascendido la puerta de las consultas médicas.

La crisis ha sido un detonante de este ascenso. Las pérdidas que ésta ha supuesto han propiciado ese aumento de situaciones en las que no nos adaptamos a los cambios, pero vivimos hoy en una sociedad que además fomenta la ansiedad; la aceleración, el estrés, la competitividad y las enormes expectativas y la frustración de no alcanzarlas azuzan el malestar. 

Una sociedad que quiere disfrutar, que sólo aspira a disfrutar. Una sociedad en la que no deseamos que haya emociones negativas, en la que se ha vendido la idea de la felicidad, de que en la vida no podemos sufrir diferentes episodios o fases negativas, lo que intenta es huir de cualquier tipo de problema de una manera superficial y por este motivo no entendemos ni asumimos las frustraciones y lo queremos resolver todo con una pastilla. Y cuando eso sucede, cuando estamos metidos en ese túnel, sin pararnos a observar a los lados o atrás, es cuando irrumpe un día en nuestras vidas la ansiedad. La ansiedad la provocan nuestros propios pensamientos y estos no tienen por qué ajustarse a la realidad, basta con que creamos que esa es la realidad para que en nuestro pensamiento exista.

Experimentos y ciencia dicen que:
1.  La emoción depende de la evaluación subjetiva que hacemos de la situación, que no tiene que coincidir con la que objetivamente se pueda hacer.
2.  La intensidad de la emoción depende de la excitación general que tengamos.
3.  Las reacciones fisiológicas que subyacen a muchas emociones que consideramos diferentes pueden ser muy similares o casi iguales (miedo, fobia, angustia, tensión, preocupación,...)

La ansiedad, como emoción que es, tiene las siguientes propiedades:
1-  La excitación que la acompaña y las evaluaciones que la definen son automáticas, es decir, inconscientes. Responden a la ley del condicionamiento clásico (Perros de Paulov)
2-  La reacción corporal es más lenta que el cambio de situación, luego persisten más allá de la situación que la causó.
3-  La misma excitación puede dar lugar a emociones diferentes, dependiendo de la interpretación que hagamos sobre el origen de la excitación. La sabiduría popular nos lo dice: el amor y el odio están muy cercanos.

La ansiedad es una respuesta adaptativa. La evaluación que hacemos de la situación determina la reacción emocional que experimentamos, por lo que se deduce que equilibrio o desequilibrio de nuestra mente es determinante en la evaluación de nuestra vida, experiencias, circunstancias,…

Sólo uno sabe lo que realmente piensa y siente. Cerebro vs. Corazón, por lo que sólo uno sabe (en ocasiones el entorno también) si tiene o no un problema, si necesita ayuda o no. ¿Ayuda? No me refiero a psicofármacos que en un primer momento parecen una salvación, la panacea, la solución para todo, sino que me refiero a una ayuda real, interna, a largo plazo, a veces combinada con psicofármacos, pero no siempre necesarios.

Si usted se ha puesto de repente a pensar en la insignificancia del ser humano en el Universo, o en aquel amor perdido, o en que mañana toca oficina, y nota que está despertando la ansiedad, le recomiendo un tratamiento muy sencillo y eficaz: La risa. Porque la risa, no nos olvidemos, es una archienemiga de la ansiedad y quién sabe, tal vez lo único que nos pasa últimamente es que no nos reímos suficiente. 

Pero como se trata siempre de que lo que os ofrecemos sirva para algo, y como poco, para que reflexionemos, os dejo con dos frases para ello. Veréis que están íntimamente relacionadas con lo que os he dejado en este artículo.

"Las cosas no se tuercen para que te rindas y se te rompa el corazón. Las cosas se tuercen para que te rompas y te reconstruyas y así puedas ser todo lo que deberías ser." (C. Jones)

"Somos formados por nuestros pensamientos; nos convertimos en lo que pensamos." (Buda)

Mª Esmeralda Ruíz Pina

miércoles, 16 de mayo de 2018

Resistencia y oportunidad

Cuando encontramos personas en nuestra vida que nos oponen resistencia, con las que sentimos una sensación de “sí pero no”, de que hay algo que me dice que algo distinto sobrevuela el firmamento y esto no va a ser fácil de lidiar, parece que saca lo peor de mí, solemos evitarlas, renegamos de ellas y las vilipendiamos hasta tal punto que parece que son lo peor de lo peor. En cambio, si fuéramos capaces de verdad de ser observadores de nuestro interior vital, incluso sólo de las circunstancias que me hacen sentir, pero como digo, simplemente observar, veríamos que son estos encuentros de resistencia los que nos hacen realmente crecer, efectuar cambios internos y tomar conciencia de dónde están nuestras limitaciones y hasta qué punto rara vez somos nosotros, sino más bien un personaje que nos hemos creado desde nuestra realidad de “ficción” que si no gestionamos bien terminamos por ser ese personaje.

Eso que se nos resiste y no nos gusta es precisamente lo que nos va a dar las pistas sobre en qué hemos de incidir para dejar de sentir y elegir vivencias negativas sobre eso mismo que nos pone mal. ¿Por qué nos fastidia eso (lo que yo creo sobre esa situación) tanto? Tal vez en lugar de evitarlo, de buscar armas para afrontarlo (rara vez sabemos cómo), tendríamos que observarlo y hacerlo consciente y efectuar los diálogos internos adecuados para “dejar de pasarlo mal con eso que se resiste a mi comprensión y en definitiva a mí.”

Precisamente cuando algo que rompe el equilibrio individual y/o familiar ofrece una resistencia a nuestro yo y a nuestra creencias y nos hace sentir mal, con enfados, con roces, con el eterno “más de lo mismo”, es porque precisamente abordamos las soluciones que no solucionan y se perpetúan en el tiempo, no viendo que hay una resistencia que debemos observar y observar para ver por qué sucede y qué quiere decir, con el objetivo de abordarla con el tiempo haciendo algo diferente a lo mismo de siempre.

Podemos llevarlo a los casos que cotidianamente nos suceden a todos. Si la relación con mi hijo no es adecuada, me hace sufrir, se ha convertido con los años en ese dolor que atenaza el corazón de una forma crónica, es porque no ha habido límites, no se ha podido desarrollar el valor autoridad ya que las cesiones y los privilegios atípicos y anormales han hecho que se cree una relación del rol autorictas contrario e invertido.

No hemos sabido ir observando el desarrollo ni las señales que se iban dando y no podemos haber desarrollado la habilidad de observar qué parcelas emocionales quedaban afectadas ante tanta resistencia. Nos hemos dejado llevar y no hemos observado, simplemente sobrevolar para mirar, y no lo hemos hecho y esto eternizándose en el tiempo llega a verdaderos conflictos o el nacimiento de dos personas al servicio eterno de un tercero incapaz de observar la disciplina, los límites, las normas, el respeto y no sé qué más.

Se ha creado un hijo “descontrolado” tirano y con ausencia de valores justos. Pero nunca es tarde para observar el tipo de relación que tengo con mi hijo, con mi marido, la de mi marido con mi hijo, etc. Observar las resistencias que suscitan estas relaciones porque  lo que suele suceder ante relaciones desequilibradas o en momentos puntuales de crisis es que los educadores, los padres no hemos controlado la forma y cantidad de nuestros "SÍES", creyendo que los "NOES" aportan negatividad y frustración a nuestros hijos.

Si observáramos veríamos que lo importante es dar seguridad, control y límites, elementos estos que ayudan a que los hijos se sientan queridos y cuidados.

Ambas cosas expuestas en este artículo son de suma importancia: una, no huir de lo que opone resistencia sin observarlo y ver qué situaciones internas nos toca tomando las decisiones activas adecuadas y, dos, si esta dinámica la interiorizo, la observación de situaciones incapacitantes que oponen resistencia al equilibrio y a las normas básicas de nuestro sistema familiar se verá más como una oportunidad de realizar cambios adecuados y positivos que como situaciones incapacitantes que nos crean y hacen romper los equilibrios relacionales.

En este orden de cosas, también se hace necesario con la observación ante los “problemas” y la visión de aquello que se nos resiste, que lo que hay que cambiar está en mí, no en el otro. Lo que yo puedo matizar es a mí mismo y la parte de mí que forma parte de ese corro ancho en el que todos jugamos y como consecuencia también pongo mi granito de arena para que esas situaciones desequilibrantes se den. Esto es lo justo, en cambio no es difícil encontrar a padres y/o madres que piden solucionar sus problemas de familia haciendo que un terapeuta, y además, hombre, hable con su hijo para que éste efectúe el cambio que debe, según ella.

Todo el sistema es el que ha de ser tratado, todos y cada uno de los miembros de la familia nuclear y si es preciso la extensa y no sólo ese que parece que es el Paciente Identificado. No observamos ni miramos, sino más bien evitamos y no entendemos que yo me cambio yo y para eso debo observar, mirar y aprender a dialogar en mi interior que hará surgir la toma de conciencia para saber dónde estoy, cuáles son mis zonas erróneas y saber dónde me quiero situar para evolucionar y tender a esa felicidad deseable siempre. Pero sin cambiar uno mismo es difícil. Uno mismo es la única persona sobre la que se tiene el control.
Observemos, pues, el problema, observemos cómo nos impacta, qué saca de nosotros, qué emociones nos suscita…Observemos de forma consciente.

“…después de despertar, observar e identificar el personaje para advertir sus mecanismos y poderlo desactivar.” (A. Blay)

miércoles, 18 de abril de 2018

Aprender en Orientación Familiar

   Allá por el año 1999 decidí estudiar Orientación Familiar porque no me veía en mí; algo estaba desacompasado tan interiormente que no sabía qué pasaba al sentir una dicotomía entre lo que la vida me ponía delante y lo que aún no sabía que quería vivir. Era una sensación de vacío y de vértigo, de ganas de hacer y al mismo tiempo de apatía… ¡Qué raro me sentía!

Me llamó la atención eso de Orientación Familiar dentro de la corriente Sistémica y Humanista. Mucho más cuando supe que podía entenderse como un proceso de ayuda, encaminado a facilitar una dinámica familiar positiva, la solución de problemas y la toma de decisiones, además de potenciar y desarrollar los recursos familiares y que pretendía fortalecer y enriquecer el bienestar y la calidad de vida de las personas.
Pero había más, porque me informaron que trataba todos los problemas que puedan surgir en una familia y por extensión en los miembros que la componen, destacando las crisis en su ciclo vital y las situaciones de conflicto.

Y comencé a experimentar sensaciones al imbuir conocimientos relacionados con la asertividad, con la dinámica de grupos, con la empatía, con ver que la vida vivida a veces no tenía nada que ver con la vida querida, con aprender a relativizar, con la introspección seria y el análisis de la expectativas en la pareja, la sensación de una parentalidad adecuada pero carente de situaciones decisivas que me podían socavar hasta la propia personalidad y carácter.

Aprendí estos años de ejercicio que la Comunicación no es cosa baladí, sino más bien una necesidad determinante y decisiva para poder acercar criterios y posturas, nada que ver con las sensaciones de estrechez mental que en ocasiones destrozaba mi alma al no poder hacerme entender. Todo es cosa de dos y si uno se cierra es imposible establecer una comunicación eficaz creándose como enemigo una actitud rígida que precisamente no deja establecer ninguna pauta de negociación para acuerdos vitales de convivencia.

El profundizar en los inconvenientes que todo ser humano presenta en alguna etapa de su vida me ha hecho ver que somos capaces de obtener recursos y tomar decisiones personales y afrontar los problemas con amplitud de miras, no dejando que las necesidades de otro sean cárcel de tus propias voluntades o necesidades. Pero también he visto personas que se niegan a luchar por ellas mismas; personas que magnifican sus situaciones con grandes dosis de victimismo, gran enemigo, que impide verse uno como en un espejo, con la realidad vital ante tus ojos. La necesidad de mentirnos se hace evidente, pero hemos de desterrarla si queremos salir a la vida que queremos vivir de acuerdo a las circunstancias individuales personales.

He aprendido que las gentes empiezan a querer solucionarse los problemas de forma incipiente y que no hace falta tener grandes problemas enquistados para poder solucionar las bases que encierran las futuras problemáticas si no hacemos nada para caminar en las soluciones. Porque la Orientación Familiar, más bien, en familia, me ha demostrado que crea autopistas de entendimiento si está en la voluntad de todos los componentes del sistema y no aparece ningún quintacolumnista o aquella persona que, aunque extrañe, quiere hacer fracasar el éxito de las buenas pautas que se establecen, entre sesión y sesión, para equilibrar los sistemas relacionales. Y los hay, aunque siempre he creído que el amor que se siente entre los componentes de un sistema familiar debería ser el gran facilitador para dirimir pequeños problemas puntuales.

Pero cuando llegan a Orientación porque necesitan ayuda ves a personas que quieren, que necesitan encontrar una razón para efectuar los cambios que no saben que requieren, pero están abiertos, en disposición de aprender y son ellos los que hacen todo el trabajo, con esfuerzo, ganas y cuando ven luz al final la satisfacción no tiene parecido con nada que hasta ahora haya vivido. Y aprenden a hacer, aprenden a convivir y aprenden a ser, y yo también.

No es el objetivo ser perfecto sino saber y ser conscientes de los errores y elegir las herramientas adecuadas que hemos aprendido para detectar primero los fallos y paliar, mitigar o solucionar las situaciones a las que nos podemos ver abocados si no lo hacemos. Para ello, al final, he visto mejorar la comprensión de las características psicológicas y comportamentales de los demás.

Y lo que sí he aprendido es que la gente necesita ser escuchada, comprendida, entendida, y si le demostramos que lo hacemos les encaminamos a que ellos aprendan también a hacerlo, para que el abordaje de sus verdaderos problemas ellos mismos los entiendan y formen parte también de la solución, no solo de las desavenencias. Porque en la Orientación Familiar y la Terapia sistémica no hay etiquetas, no hay porqué diagnosticar, sino que buscas el problema y ves lo que se ha intentado para dar ese giro necesario de ciento ochenta grados. Y sí, eso es, he aprendido a escuchar, a observar todos los lenguajes, el verbal y el no verbal. Eso que tanto se ha dicho: la escucha activa. Y todo esto me ha servido para conocer cuales son las necesidades de la familia y tratar de ayudarla. Y jamás he visto más necesario incidir en algo tan necesario como es la gestión de las emociones.

He visto claramente que en los sistemas familiares no hay que buscar la patología, ya que muchas veces no las hay, sino que es un sistema que está funcionando de forma irregular porque las soluciones que se implementan no son las adecuadas. La forma: hacer lo contrario, entonces, de lo que hasta ahora se estaba haciendo.

Todos estos años han sido muy gratificantes para mí y he puesto mis conocimientos y mi corazón en intentar ayudar a familias, a padres que pedían consejos y orientación porque no se entendían con los hijos, a matrimonios que se querían separar, a otros que se separaban pero querían hacerlo de la mejor manera, a hijos que no entendían a los padres, a parejas que se querían pero algo les faltaba y ocurría entre ellos, etc. Y sobre todo, a la vez que ayudaba a los demás sé que he conseguido ayudarme a mí mismo y ese ha sido mi mayor éxito, aunque siempre estoy en el camino y sigo intentando mejorar en todas aquellas zonas erróneas que por aquel año 1999, ahora consciente, me movieron a estudiar en el bendito Instituto Superior de Ciencias de la Familia de Murcia.

Juan José López Nicolás

miércoles, 28 de marzo de 2018

Score 15: Escala de evaluación familiar

Del noticiario de la FEATF

El Score 15 es un instrumento de evaluación de la Terapia Familiar desarrollado en los últimos años en Europa, creado por Stratton y cols., de la Universidad de Leeds, e impulsado por la Asociación Europea de Terapia Familiar (European Family Therapy Association – EFTA), y te servirá para medir el cambio a nivel individual y familiar en tres áreas: comunicación, angustia y adaptación.


Su validación en los países ibéricos, llevada a cabo por el Grupo de Avalíação sobre a Familia de la Facultada de Psicología y de Ciencías de la Educación de la Universidad de Coímbra (GAIF / FPCE-UC) en Portugal, y por la Escuela Vasco Navarra de Terapia Familiar – EVNTF, en España, adaptado y validado por Roberto Pereira y Garazi Rivas.

Con el apoyo económico de la Federación Española de Asociaciones de Terapia Familiar – FEATF, ha permitido poner a disposición de los Terapeutas Familiares ibéricos este útil y sencillo instrumento para su utilización clínica o con fines de investigación.


Los objetivos específicos del estudio fueron:
  1. Traducir y realizar la adaptación cultural y validar el cuestionario Score-15 para su utilización en el desempeño psicoterapéutico con parejas y/o sistemas familiares completos.
  2. Obtener una herramienta en castellano que permita efectuar comparaciones empíricas internacionales sobre la intervención en Terapia Familiar Sistémica.
  3. Disponer de una herramienta para la investigación cuantitativa de aplicación rápida y en castellano.
  4. Realizar un análisis estructural que determine las dimensiones del Score-15 traducido.
  5. Desarrollar normas y baremos para su corrección.
Presentación del Score 15

Corrección del Score 15

jueves, 22 de marzo de 2018

Dejar de hablar

    Todos nos hemos enfadado en alguna ocasión, o muchas y hemos decidido dejar de hablar con esa persona; la tenemos que castigar y la mejor manera es no hablarle, manifestar nuestro pesar o enojo con ese silencio que taladra e incomoda a ver quién puede más. ¿De verdad es eficaz este método para aclarar las situaciones o lograr que la otra persona cambie su actitud o sea consciente de ella?

“…si en lugar de abordar el tema directamente lo que se hace es dejar de hablar al otro, lo único que se logra es introducir una tensión adicional. A la disputa no resuelta se suma un limbo que puede llegar a ser una verdadera incubadora de veneno.” (Edith Sánchez, escritora y periodista)

Sigo insistiendo, el objetivo de nuestro silencio es el castigo, que el otro entienda que hay un reproche en nuestra actitud, en esa ausencia total de palabras y no sólo esto, sino que el reproche va a ir tan lejos como pueda, hasta a no tratar con la misma justicia que a los demás, ya que en ocasiones y más de las que uno pueda suponer, tras la fachada de una normalidad en las conductas, que si se analizan se ven agravios comparativos, se esconden razones para “castigar” por algo que tal vez el otro ni siquiera sepa.

Sócrates dijo: “habla para que yo te conozca.” Menuda frase sencilla, pero entraña un mensaje que pocas veces llevamos a cabo. Más bien todo lo contrario, ya que parece que no se tiene interés en resolver el conflicto mediante el diálogo y lo que se persigue es que a través de ese doloroso silencio de palabras, actitudes y ninguneo, alguien pretende que el otro se doblegue y comulgue con un punto de vista que, como es común, nunca se ha comunicado. Finalmente, como sigue diciendo E. Sánchez, se trata de una actitud infantil y lo peor es que no resuelve nada. Eso sí, proporciona una gratificación egoísta.

En el Blog La mente es Maravillosa, podemos leer lo siguiente:

Las razones para castigar con el silencio

Hay todo tipo de argumentos para defender la idea de que dejar de hablar a alguien es válido. En el fondo, lo que se busca es castigo. Que entienda que hay un reproche en esa ausencia de palabras. Pero, ¿por qué no decirlo, sino tramitarlo a través del silencio? Estas son las principales razones que esgrimen aquellos que optan por esta medida:
  • Es mejor dejar de hablar a una persona que participar de una discusión en la que se intercambien insultos.
  • Esa persona no me escucha. Por más que le pido que cambie, no me hace caso. Entonces, es mejor no decir nada porque, ¿para qué?
  • Tiene que disculparse conmigo por lo que me hizo (o me dijo, o no hizo, o no dijo). Hasta que no lo haga, voy a dejar de hablar (o de actuar con justicia, con cariño como con los demás)
  • Para qué hablar si siempre llegamos al mismo punto. Mejor dejar de hablar para ver si entiende que no voy a ceder.
En todos los casos se afirma que el silencio es la mejor opción para tramitar el conflicto. Por una razón u otra, la palabra se ha mostrado ineficaz. Se acude entonces a la decisión de dejar de hablar a alguien para que esto sea asumido como un castigo y, en consecuencia, el otro reconsidere su actitud.

Un silencio puede tener multitud de significados. Algunos de ellos son realmente violentos. Dejar de hablar a alguien es asumir una actitud pasivo-agresiva. Esto quiere decir que se está violentando al otro, pero de manera implícita. La mayoría de las veces este tipo de actitudes son tanto o más nocivas que la agresión directa, y lo son porque el silencio se convierte en un vacío que es susceptible de cualquier tipo de interpretación.
Para quien deja de hablar a alguien hay razones claras. También hay una expectativa clara frente a lo que esta situación debe traer como desenlace. Pero, a quienes acuden a estos recursos habría que preguntarles: ¿estás seguro de que el otro comprende realmente el significado de tu silencio? 

¿Jurarías que la mejor manera de lograr que cambie, o haga lo que tú quieres que haga, es atacándolo con la falta de diálogo?

El silencio alarga distancias. Y la distancia no suele ser un buen aliado para la comprensión o para restaurar lazos rotos o dañados. Por el contrario, contribuye a ahondar las diferencias.

Es cierto que a veces es mejor callar. Cuando estamos muy exaltados, por ejemplo. La ira hace que exageremos y nos preocupemos más por herir al otro que por expresar realmente lo que pensamos o sentimos. En cambio, dejar de hablar para castigar o propiciar que otra persona “se rinda” como hemos dicho es raro que traiga buenos resultados.

¡Cuánto bueno sería que leyéramos esto con el mejor ánimo para enmendar o paliar las situaciones en las que nos veamos o nos podamos ver! ¿No creéis?


Idea, comentarios y datos del blog https://lamenteesmaravillosa.com

viernes, 2 de febrero de 2018

Enfado continuo...¿Qué me pasa?

   Durante muchas semanas no he parado de escuchar que no se puede hablar con la pareja porque siempre está enfadada. No se sabe cómo llegar a ella (hombre o mujer) y no se puede hablar porque nada le parece bien. Es un enfado continuo y aunque se intenta razonar para bajar ese nivel tan alto de emociones desmedidas y a destiempo, no se logra disminuir la situación tan estresante y tan destructora de las relaciones y de los sentimientos. 

Ocurra la situación que ocurra, el acontecimiento previo que sea, siempre se encuentra un "motivo" para tirar del hilo que lleva al cajón de los truenos y se estalla, hasta tal punto que se empiezan a decir barbaridades que, aunque luego lamentes, quedan dichas y, generalmente, dejan una huella que nos puede "suspender de empleo y sueldo en la labor cotidiana de trabajar para que la relación sea lo más estable posible."

"...Es que me pones en el disparadero..."
"...es que me haces enfadar, porque yo venía bien..."

Parece que la responsabilidad de mi actitud siempre la tiene el otro.

Para dar respuesta, o más bien, para ofreceros una plataforma que os pueda servir de ilustración en este tema, os transcribo un artículo escrito por Irene Nuevo Delgado, Psicóloga especialista en estrés y psicoterapia Cognitivo-Conductual, que ha titulado ¿Por qué me enfado tan fácilmente? 9 estrategias para manejar mi irritabilidad.

Espero que arroje la luz suficiente para reflexionar y veros reflejados en la medida que a cada uno le afecte, ya que la primera variable a tener siempre en cuenta es aceptar que nosotros no somos perfectos y que la responsabilidad de nuestras acciones, generalmente, nos corresponden a cada uno y no al que tenemos enfrente, que suele ser el cabeza de turco de casi todos nuestros errores, manías e imperfecciones.

Irene Nuevo, comienza así:

"-Me planteé trabajar en manejar mi estrés el día que mi hija me dijo: papá, últimamente estás siempre enfadado...
-¿Y sabes por qué estás siempre enfadado?
-No es culpa suya, ¿sabes? <¡Me cabreo porque no estoy bien!>

Es posible que en ocasiones hayas notado que llevas una época en que te enfadas con demasiada frecuencia, que todo te irrita y saltas a la más mínima. Es posible que, de hecho, no lo hayas notado tú, sino aquellos que te rodean, esos con los que convives y empiezan a decirte frases como: ¡últimamente estás que no hay quien hable contigo!", "es que no te aguantas ni tú." Y, ¿sabes lo peor? Que tienen razón y lo sabes. Pero eso no hace que tus sensaciones mejoren, más bien al contrario, a esa irritación constante se une la sensación de no sentirte entendido/a y estar siendo injusto/a con los demás.

A esto tenemos que añadir la conciencia de cómo nuestros estados emocionales afectan a todos los contextos en los que nos movemos. Las emociones se contagian, las positivas y las negativas. Por eso, cuando iniciamos la espiral de irritabilidad y respuestas agresivas y explosivas, el ambiente general se tensa, y no solo afecta a nuestra vida personal, también al grupo de trabajo, que empieza a percibirse más crispado, con menos paciencia; se reduce el sentido del humor y la comunicación, se disparan las quejas constantes...Esa dinámica puede tener consecuencias en el trato entre compañeros, jefes y empleados e incluso en la atención que damos al cliente. Y una vez más, no se trata de qué situación concreta te ha molestado esta vez, sino del estado de tensión constante que mantienes des de hace un tiempo.

¿O no? ¿Crees que son ellos de verdad los únicos culpables de que te molesten tantos ruidos, los retrasos, los imprevistos, cualquier contratiempo que no cumple tus expectativas...?

No, no lo son. Y esto nos lleva a la frase que cierra el diálogo inicial: cuando no estamos bien nos mostramos menos pacientes, más rígidos en nuestros planes e ideas, más irascibles...Tenemos el sistema de alerta encendido permanentemente. Y nuestro sistema primitivo sólo conoce tres respuestas posibles: huida, ataque o ¡hacerse el muerto!

El ataque es la respuesta que nos ocupa ahora. Como acabamos de decir, si en épocas de estrés o malestar tenemos la alerta encendida, es posible que respondamos atacando ante cualquier situación que nos contraríe. Ser consciente de que esto me está pasando es el primer paso, pero después de este hay que seguir dando otros.

9 estrategias para controlar la irritabilidad.

El primer mandamiento del manejo de la rabia es: NUNCA CONTESTES EN CALIENTE. En ese momento somos todo emoción, somos más vehementes y podemos estar magnificando mucho las cosas (somos incapaces de relativizar)

Párate, espera unos minutos...¡el mundo no se va a acabar ahora! Seguro que lo que tengas que decir puedes decirlo un poco más tarde. Además, con esto también evitarás tener que pedir disculpas o sentirte mal después por lo que dijiste o cómo lo dijiste.

Haz algo de ejercicio. Te ayudará a descargar parte de la tensión acumulada y bajar tus niveles de activación. Si estoy más relajado afrontaré con más calma las dificultades. (Tened en cuenta siempre que no es lo mismo enfrentarse a un problema que a un pequeño contratiempo)

Aprende a leer las señales de tu cuerpo. Aunque creas que tu respuesta es impredecible, no lo es. Es sólo que aún no has aprendido a detectar tus señales, esas que te avisan de que te estás tensando, que algo no te está gustando: te notas más impaciente, has dejado de escuchar a quien te habla, tus músculos están tensos... Cuando empieces a notarlos, haz caso al punto 2: PÁRATE.

Recuerda QUE NO HAY UNA ÚNICA FORMA DE HACER LAS COSAS, QUE NO TODO EL MUNDO VE LAS COSAS IGUAL QUE TÚ, QUE EXISTEN DISTINTOS PUNTOS DE VISTA Y QUE ESO NO TIENE PORQUÉ SER TAN MALO.  De hecho nos enriquece y nos enseña.


La vida está llena de imprevistos, asúmelos. Empieza el día dando por hecho que habrá cosas que no saldrán como planeaste y enfréntalo como parte de la realidad. Eso ayudará a no hacer un drama cuando suceda.


Acepta lo que no puedes cambiar. En muchas ocasiones lo que más nos frustra e irrita es precisamente lo que no depende de nosotros, lo que escapa a nuestro control. No vamos a cambiar la realidad que nos rodea a base de enfados e irritaciones. Ocúpate de lo que puedes modificar, aquello que entra dentro de tus posibilidades.


Valora las cosas positivas de cada día. Siempre hay algunas, solo es cuestión de saber buscarlas, de valorare esos pequeños detalles a los que hemos dejado de prestar atención porque sólo miramos lo negativo, lo que no nos gusta. ¡Para las quejas!


Di lo que tengas que decir cuando seas capaz de decirlo con calma. Si callamos demasiado el final puede llegar el momento en que lo digas de la peor manera posible, reprochando todo lo acumulado anteriormente.


Crea un momento de desconexión cada día. Es un momento únicamente para tí. La información constante, el ruido, las tareas sin pausa, las prisas, etc., aumentan la tensión que desencadena la explosión. Una larga ducha, mirar por la ventana sintiendo la brisa, o la lluvia, una habitación con luz tenue en la que simplemente podamos concentrarnos en nuestra respiración..., no necesitas mucho tiempo, sólo el propósito de empezar a cuidarte.


Trabajar para reducir mi irritación, mi control de impulsos, mi rabia, es una inversión en mi bienestar, en el de los que me rodean y, por tanto, también en la calidad de mis relaciones. Y recuerda que puedes recorrer el camino corriendo, pero llegarás demasiado pronto y habiendo perdido el paisaje."


Espero que este artículo pueda ser el inicio de una buena reflexión, una toma de conciencia de que debemos y podemos hacer algo en aras de nuestro bienestar y felicidad. También es necesario recordar que es necesaria una buena dosis de humildad para empezar a reconocer nuestros propios errores, que no son otra cosa que lecciones que nos pone la vida para que aprendamos, si es que queremos aprender. Y si no queremos aprender nos seguirá pasando siempre lo mismo. ¿Qué decides?