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lunes, 13 de agosto de 2018

Crianza vs. Trabajo


Viendo el otro día el programa de televisión “Planeta Calleja” y a su invitada, en esta ocasión, Elsa Pataky, me llamó la atención una de sus respuestas a las preguntas de Calleja, hasta tal punto que ha sido inspiradora para presentaros el artículo que ahora me ocupa.

El presentador le preguntó algo así como que qué expectativas de futuro tenía y ella contestó: Ser madre. Me pareció sincero y hermoso, teniendo en cuenta que en la sociedad actual se ve raro el hecho de quedarte en casa criando a tus hijos.

La mayoría de los estudios se centran en demostrar que es mejor que la madre se incorpore al mundo laboral lo antes posible tras ser madre. Los hijos son más sociables (al ir a la guardería), más independientes,...Y claro me hace mucha gracia observar en foros y en las conversaciones cotidianas que la mayoría de las madres preferirían quedarse en casa y criar a sus retoños que tener que volver al trabajo. Por supuesto, en el otro lado se encuentran aquellas madres que desean volver al trabajo.

La clara diferencia entre ambos extremos reside en dos verbos: querer y tener. No es lo mismo querer volver al trabajo que tener que volver al trabajo, en la mayoría de los casos por circunstancias económicas. 

Educar a los hijos parece hoy más complicado que nunca. "El compromiso que exigen las empresas impide que muchos trabajadores sean dueños de su tiempo", señalan los expertos en conciliación. "Y lo lamentable, -añaden- es que en el nombre del estatus y del dinero cada vez más personas viven como si su ocupación fuera el centro de su existencia, descuidando las necesidades emocionales de sus familias". Una de las consecuencias es la falta de dedicación hacia los hijos, que desarrollan "conductas violentas e hiperactivas para llamar la atención".

El humanismo en la empresa empieza a contar con datos que avalan la reclamación que los expertos en psicología y filosofía del trabajo llevan haciendo desde hace años: "La conciliación entre vida laboral y personal no puede ser un privilegio, sino un derecho universal para todas las personas que trabajan para poder vivir digna y equilibradamente".

Se estima que el 38% de los asalariados padece algún síntoma nocivo derivado del exceso de trabajo (estrés y burnout) o que es víctima de las relaciones agresivas que a veces se generan dentro de las empresas (mobbing), según el informe Cisneros VI, del Instituto de Innovación Educativa y Desarrollo Directivo (IIEDDI), especializado en prevención de riesgos psicosociales. Más allá de estos malestares psicológicos, que parecen ir aumentando entre la población activa, el actual modelo de desarrollo empieza a generar otro importante daño colateral: “la soledad afectiva y emocional de muchos hijos, que carecen del cariño y de la orientación de sus padres, demasiado ocupados en cumplir con las exigencias de sus respectivas ocupaciones profesionales”, señala Araceli Oñate, directora general del IIEDDI.

Con la progresiva incorporación de la mujer a la actividad productiva "la educación de los hijos se está delegando cada vez más a los centros escolares". Sin el apoyo directo de los padres y de las madres, está más que demostrado que los hijos no pueden desarrollarse sanamente. No se trata de culpabilizar a nadie, pero si la manera en la que hemos organizado la actividad laboral impide que los padres tengan tiempo para jugar cada día con sus hijos es porque algo no estamos haciendo bien.

Lo cierto es que según las conclusiones de otro estudio -el Cisneros X, centrado en la violencia y el acoso escolar en España y elaborado en colaboración con la consultora Mobbing Research-, cerca del 80% de los niños mayores de siete años muestran conductas agresivas hacia sí mismos, hacia sus compañeros y, sobre todo, hacia sus profesores. Entre éstas, destacan el hostigamiento verbal (60% de los casos); la intimidación y las amenazas (24%) y el chantaje emocional, una forma de agresión que representa el 6% de los conflictos registrados en las aulas, según el informe. Pero detrás de esta fachada tan amenazadora y conflictiva, el niño agresor esconde una "profunda falta de autoestima, de cariño y de confianza".

El problema no radica en la incapacidad de los padres para querer a sus hijos, sino en su inhabilidad para hacer que se sientan queridos. Los niños perciben rápidamente si sus padres les están dedicando un “tiempo de calidad”, y éste tan sólo existe cuando se produce una entrega amorosa e incondicional.

A través de conversaciones con los niños más conflictivos, se constata que la mayoría de sus padres regresan a sus hogares a la hora de cenar, "normalmente demasiado cansados para atender a sus hijos como estos necesitan y se merecen". Así, los niños se acostumbran a ser educados por abuelos, niñeras y, en la gran mayoría de los casos, por la televisión y los videojuegos, que los entretienen, pero también los convierten en adictos potenciales a la evasión constante de sí mismos. Además, para compensar esta ausencia, los padres suelen decirles que sí a todo, bombardeándolos con obsequios materiales que no refuerzan una adecuada educación.

Pese a todo, “algunos de estos padres reconocen sentirse culpables por no poder estar más tiempo en casa y estas inquietudes y preocupaciones suelen distraerles cuando están trabajando", explica el psicólogo y ex defensor del menor en la comunidad de Madrid, Javier Urra, socio director de Urrainfancia, consultora especializada en educación infantil.

En su opinión, una cosa es trabajar para ganar el dinero que necesitamos para vivir y otra perder la perspectiva y convertirnos en esclavos de nuestro empleo.

Personalmente creo que cada una de las dos opciones (trabajar o quedarse en casa), tiene beneficios y desventajas tanto para los padres como para los niños. 

Respecto al 'tiempo de calidad', me quedan dudas con respecto a lo que los estudios consideran que debe ser lo indicado o lo "mínimo".
Aunque sé que este tipo de estudios pretenden dar una visión general de la situación de las familias, creo que es muy complicado generalizar y dar una conclusión tajante como 'lo mejor para un niño es que su madre trabaje fuera de casa': no se tiene en cuenta si en efecto la mujer lo hace por su satisfacción personal o por que es la única opción que tiene (económicamente hablando), ya que el desarrollo personal de una mujer puede ser muy diverso: para unas puede ser dedicar su vida a su familia y para otras poder compaginar el hogar con su carrera profesional.

Muchos profesionales de la materia dicen que lo importante no es la cantidad de tiempo, sino la calidad, y yo sigo diciendo que el tiempo no debería medirse en términos de calidad.

Tiempo de calidad se considera ese en el que estás con tu hijo, jugando, contando cuentos, hablando, cantando canciones, comunicándote, etc. y tiempo de no calidad sería si estás haciendo la comida, si estás limpiando, si sales a comprar, si estás viendo la tele mientras tu hijo juega o si estás hablando por teléfono y no le atiendes.

A mí me parece que el teórico tiempo de no calidad también es un tiempo muy válido y con mucho valor. Hay estudios en los que se demuestra que a la hora de valorar el tiempo real que pasan los padres con los hijos no hay demasiadas diferencias entre las madres que trabajan y las madres que no trabajan, porque el tiempo destinado en exclusiva a los hijos es prácticamente el mismo. Pero yo creo que todo lo que entra en el saco de los minutos de la paja también son minutos de calidad: llevarte al niño de compras es tiempo de calidad, ayudarte a poner la lavadora es tiempo de calidad, llenar la casa de agua porque te quiere ayudar a fregar es tiempo de calidad, ver a mamá hacer la comida tocando y cortando ingredientes es tiempo de calidad, tener que esperar unos segundos a que mamá acabe de hablar por teléfono es tiempo de calidad… ¿o acaso no se aprende algo haciendo todo ello?

Lo único que tengo claro es que para un niño todo el tiempo que puede pasar con sus padres es enriquecedor, y que eso es imposible medirlo. 

Lo importante es conectarse con uno mismo para descubrir su propia verdad sobre la maternidad. Osho dice que la diferencia entre la verdad científica y la verdaderamente espiritual, es que la primera es social y la segunda individual. Esto significa que una vez que hay un descubrimiento científico que es tomado como válido, todos lo aceptan, lo incorporan y las siguientes generaciones construyen conocimiento a partir de esa verdad. Pero la verdad espiritual es única, cada persona debe descubrirla por sí misma a través de un proceso profundo que no termina nunca y que es imposible transmitir en forma absoluta. 

Y creo que con la maternidad sucede más o menos lo mismo. No hay una única forma de ser madre, no es mejor quedarse en la casa y posponer el desarrollo profesional ni es mejor trabajar afuera. Hay una forma que funciona para cada uno y para cada familia. Encontrarla es un desafío. Pero es en las soluciones individuales donde se manifiesta la diversidad humana y ese es el complejo secreto de la existencia.

La conclusión es corta y breve: No sé de quién es la culpa. Quizás sea del trabajo, de los políticos, de los horarios o del sistema capitalista. Al final me da igual de quién es la culpa. Lo que me importa es que nuestros hijos, esos niños que preferirían estar con nosotros, no pueden estarlo y que encima, que parece recochineo, salgan los “entendidos” a decirnos que eso es algo que no les afecta en nada y que al final es hasta positivo.

Y es que, como dijo el científico Albert Einstein, "la palabra progreso no tiene ningún sentido mientras haya niños infelices".


P.D: Una imagen vale más que mil palabras. Espero que nuestras sombras no acaben nunca con el mundo de color de nuestros pequeños.


 Mª Esmeralda Ruiz Pina

martes, 7 de agosto de 2018

Las discusiones, visto lo visto.

(Sobre artículo de la autora Alex Bayorti colaboradora del Blog de Psicoadapta.es)
Más allá de los clásicos refranes que el amor romántico nos ha legado del tipo “los que se pelean se desean”, las parejas pelean  por motivos que no tienen demasiado que ver con el amor (más bien todo lo contrario). Sin embargo, hay estudios que reconocen que las parejas que discuten habitualmente son más duraderas pero, ¿vale cualquier manera de discutir? Te explicamos lo que dice la ciencia de las discusiones de pareja.
Los motivos por los que las parejas pelean

Las peleas en la pareja aparecen pasada la etapa de enamoramiento y, dependiendo de la intensidad de la relación (si viven juntos desde el inicio, si residen en otras ciudades,…), esto tiene lugar entre los 7 meses y los 2 años de los comienzos. Es el denominado paso del sistema familiar ideal al sistema familiar real. Según los expertos psicólogos en atención familiar y relaciones de pareja, las discusiones al principio de la relación son sanas desde la perspectiva de ajuste de la pareja.

 Al principio todo es maravilloso en la relación de pareja y la otra persona no tiene defectos o, más bien, ambas partes obvian muchos defectos que puede que realmente no les satisfagan tanto como creían. La etapa de reajuste es necesaria e implica discutir ya que se tienen que aceptar los defectos ajenos y los propios, hacer concesiones y, por supuesto, mantener la identidad propia e individual con respecto al otro.
El gran inconveniente se produce cuando esta etapa nunca culmina, sino que se extiende a lo largo del tiempo. Las crisis aparecen, en las crisis se entra porque suelen ser el medio por el que se adaptan nuevas situaciones, nuevos tiempos, nuevas estructuras, nuevas necesidades, pero no podemos estar en una continua crisis de adaptación, ya que entonces la misma crisis que debía ser el elemento por el que aportamos las soluciones, se enquista y se hace problema, o elemento que lo agrava. Entramos en lo que llamamos la crisis de las crisis.
Los motivos habituales por los que una pareja discute son:
  • Inseguridad propia.
  • Familias de origen.
  • Falta de comunicación adecuada y eficaz al inicio de la relación.
  • Idealización excesiva.
  • Ausencia de metas y proyectos en común.
  • Comodidad y desinterés por parte de uno de los miembros.
  • Diferentes escalas en las expectativas ante un mismo hecho o situación.
La relación de pareja se forja durante los primeros años y se mantiene a partir de ahí (se cuida constantemente y se innova porque es algo vivo, en constante movimiento con etapas de meseta tranquila con necesidades de acuerdos). Es un proyecto importante que, junto con los proyectos personales de cada individuo, conllevan un estado de satisfacción. ¿El problema? Cuando los miembros no se han comunicado acerca de sus necesidades es probable que surjan innumerables discusiones porque cada vez es más evidente, en estos momentos vitales que vivimos, que con el amor no es suficiente.
¿Son más duraderas las parejas que discuten?

Según un estudio llevado a cabo por Gottman Institude en 2015 se determinó que las parejas que discuten tienen una relación más sana y fuerte. Eso sí, por supuesto depende de cómo se discuta. Una discusión en la que uno o ambos miembros se faltan al respeto, solo buscan dominar o llevar la razón, gritan y desprestigian a la persona y tratan de mantener su posición, aún a riesgo de acabar con la relación, no es un buen ejemplo de lo que concluyó este estudio.
Las discusiones de pareja sanas deben incluir estos factores: que la voluntad de ambos sea llegar a un acuerdo que beneficie a ambos y que en todo momento se hable en base a un argumento con respecto al tema. La idiosincrasia individual no debería ser un problema, sino un elemento que aporta riqueza al conjunto, que complementa.
Hay un error muy común en las peleas de pareja y es justamente que son peleas. Los miembros no buscan llegar a un acuerdo, ni entender al otro sino que solo quieren tener la razón. Obviamente, si es así es imposible ponerse de acuerdo y se tiende a incluir otras quejas que nada tienen que ver con el motivo principal en la discusión. Y esto no es más que porque poseemos una “mochila cargada” de pequeñas pegas que no comunicamos a nuestra pareja, pero llevamos prendida y a cada pequeño problema que surge emitimos nuestra factura histórica para que todo se enmarañe y no aclaremos nada. Así no se puede y este no es el camino.
Para discutir bien, la discusión debe ser:
  • En un tono de voz asertivo.
  • Buscando la concordancia sin dejar a un lado las necesidades propias.
  • Teniendo muy clara la materia de discusión y no perdiendo el punto a discutir.
  • Respetando los turnos de palabra.
  • Recordando a cada momento que estás frente a una persona a la que quieres.
  • Sin juzgar al otro en conjunto sino solo la materia que se discute. Y para eso hay que escuchar y no aprovechar su momento para estar preparando una respuesta y una estrategia. Si no tengo toda la información no puedo saber la magnitud de la controversia.
  • Discutiendo en unas condiciones adecuadas (no discutir cuando los nervios estén a flor de piel, estéis cansados, no hayáis comido, se haya bebido de más, etc.) Esperad a estar los dos tranquilos y con perspectiva.
  • Vigilando no sólo qué se dice, sino cómo se dice, tanto en el aspecto verbal como en el no verbal (a veces éste más importante)
Por último,  te interesará saber que según como discute una pareja se puede saber mucho acerca de la salud de una relación. John Gottman, profesor de la Universidad de Washington estableció en los años 80 un “laboratorio del amor” en la universidad con un 95% de fiabilidad en lo que durará una relación según como discutía la muestra.
Defensiva: No hay diferencia entre sexos.
Crítica: Es la más empleada por las mujeres en esta muestra de 3000 parejas.
Obstruccionista: Es las más empleada por los hombres.
Despectiva: Esta última es la que conlleva un mayor riesgo para la relación. Es empleada por ambos sexos de la misma manera.
Lo cierto es que estos patrones van cambiando debido a que este estudio tiene más de cuarenta años de antigüedad. Lo que sí que es cierto es que las discusiones de pareja sin respeto nunca terminan bien. Puedes discutir, claro que sí, pero respetando al otro y no diciendo que se le respeta de forma verbal pero demostrando con hechos, con formas y con un lenguaje no verbal que indique todo lo contrario. Es casi más importante lo que el otro percibe que lo que yo le estoy diciendo porque es “su verdad” la que va a primar a la hora de “traducir los mensajes” que le llevan a las emociones.
Todos queremos asentar las bases de la relación en pareja sobre las estructuras más firmes y equilibradas posibles, en cambio, y no es raro encontrar, que este deseo se ve imposible al hacerlo fuera del plan inicial, siendo más bien tejido sobre una urdimbre descompensada, desigual y sobre unas emociones y actos que lo que persiguen es aquello de que “antes de que me haga daño lo hago yo”. Y así se consigue todo lo contrario porque ya se inicia la relación con una desconfianza que llenará la relación de más de lo mismo, creyendo que mi pareja es mi “contrario”, mi “enemigo”.
Discutir es natural pero hay que hacerlo bien e intentar no entrar en el proceso que nos provoque ese “pico de enfado extremo”. La psicóloga Harriet Lerner en Psychology Today, dice:“Cuando un matrimonio tiene una buena base de sólida amistad y el respeto mutuo, puede tolerar una cantidad justa de emoción en estado puro, pero pagar nuestros humos y emociones exaltadas y terminar por convertirla en la responsable de nuestro enfado nunca es la solución.”
Una buena pelea puede limpiar el aire y es bueno saber que podemos sobrevivir al conflicto e incluso aprender de la situación” opina Lerner, especialista en relaciones de pareja y psicología femenina, “…pero todo tiene su momento y medida. Hay que tener cuidado con las peleas descontroladas e irracionales que pueden erosionar el amor y el respeto que son la base de cualquier relación exitosa.”
Una buena discusión en la pareja no es eso de Yo gano, Tú pierdes. Si esta es la base, gana la crisis y pierden ambos, la pareja.

viernes, 22 de junio de 2018

Con caminos asertivos y el amor como facilitador.

Revisando documentación sobre Asertividad en mi despacho he encontrado un escrito, una carta que en su momento solicité a un paciente que escribiera a su pareja.

Recuerdo la tristeza, el enfado, el difícil control de impulsos que manifestaba cada vez que abordábamos el tema que le trajo a consulta de Orientación  y que fácilmente deduciréis al leer lo que después os expondré.

Había amor, sí, relación de ayuda y cooperación como pareja, pero a la hora de enfocar lo que se sentía se entraba en una “pelea” y se llegaba a rutas intransitables y calles sin salida, dando a la relación unos tintes de insostenibilidad que rayaba en la necesidad de dejarse el uno al otro. Pero tras unas diez sesiones, nuestro protagonista fue capaz de poder enfocar su problema desde otra perspectiva con bastante menos agresividad y enviar a su “amada mujer”, como él la llamaba y sentía, la siguiente carta. Espero que la sepáis entender, analizar y juzgar. Obsérvese cómo intenta utilizar mucho los “mensajes yo”, menos agresivos que los “mensajes tú”.

“Septiembre de 2012

Cariño: estas situaciones no hacen más que repetirse y yo no sé qué hacer. Lo intento, lo reintento, lo vuelvo a intentar con el único objetivo de no perderte porque eres una de las personas más importantes de mi vida y la mujer que hace que mi vida se llene de cosas, tanto buenas como menos buenas. Aunque al final lo importante es que mi vida sin ti no es la misma ni por asomo, pero me gustaría que de una vez intentaras entenderme y dejaras de mirarte tu ombligo y esconderte detrás de tus miedos ancestrales (y lo entiendo).

Es cierto que no me encuentro nada bien porque no veo que nada avance…nada veo diferente y me siento abocado a un más de lo mismo que me coarta mi forma de ser y de actuar. Te entiendo muy bien y por eso, a pesar de estar sumamente triste, no tengo ni rencor ni enfado contigo, aunque sí una frustración que va más allá de mí mismo.

Si quiero disfrutar de mi tiempo contigo he de irme a tu terreno, a ese terreno en el que todo son responsabilidades con los demás, problemas, hacer la vida fácil a los otros, desvivirse por aquel que lo reclama y siempre estar preparado para salir pitando cuando alguien tiene un problema y nos avisa. Parece que el cosmos hace que atraigamos los problemas y olvidemos que la vida también nos pertenece y tenemos un derecho a vivirla sin interferencias…disfrutar, soñar, vivir…, sí, pero ¿cómo?

Tengo las sensaciones que estoy tirando momentos, desperdiciando sueños porque si quiero soñarte ha de ser en tu propio palacio. Mi espacio y lo mío no te llena en absoluto y esto junto a tu miedo, que entiendo, hace que “me arrastres” a ser una derivación tuya, como si yo no tuviera vida y el sentido a ella se lo pusieras tú. No veo futuro así y cuando no entiendo las cosas y por mucho que lo intente la respuesta es la misma, sigo sin entender, sin comprender nada y esta visión me descompone porque haga lo que haga todo sigue exactamente igual, con la diferencia de que cada vez estamos más en la forma de tu vida y me siento arrastrado a ser en ti, y no soporto esa sensación.

Eres muy buena, cariño, pero creo que estás equivocada y los demás te necesitan tanto y tú a ellos que yo no quepo ahí.

No tenemos una relación de igualdad…A tu lado ha de ser sumisión, aceptación y la única que organiza, la líder de la manada, la Mamá, tienes que ser tú y eso yo no lo concibo así porque no puede ser que cada vez tengas más hermanos pequeños, más hijos, más de todo y no quede espacio para pensar en otra cosa que no sea trabajar y vivir para los demás. Esto es muy triste.

Te quiero y a estas alturas deberías saberlo, pero parece que no es así. No te lo crees y siempre me das la sensación de que lo que sientes es que quiero apoderarme de ti y que más que amigo soy un enemigo que has de mantener a distancia para que no te haga daño. NO es justo y aunque digas que no es nada como yo estoy diciendo, míralo, obsérvalo bien y verás como algo de razón tengo.

Tu miedo te distancia de mí y a mí de ti, pero te quiero y mi corazón se destroza cuando piensa que no puedo verte y no podré estar el resto de mi vida contigo porque parece imposible.

Tenemos vida, tenemos la edad, tenemos la oportunidad y somos (o deberíamos ser a pesar de las responsabilidades pero no tantas, por Dios) libres para actuar y poder ser el nosotros que tanto ansío. Siento mucho no poder ver las cosas como tú y decir sí a todo porque aunque sería un pelele que al final no te gustaría, a corto plazo y a medio tú serías feliz y yo también, pero no puedo, aunque te quiero y te querré toda mi vida.

Esta mañana necesitaba verte, saber que estabas bien y mirar tu cara y rozar tus labios. Lo necesito más veces de las que te imaginas, pero hay muchas sombras que se yerguen ante nosotros; unas las pones tú y otras yo, pero existen. ¿Es que no tenemos suficiente luz como para disminuir esas sombras tan malvadas? ¿Es que no podemos llegar a acuerdos tan fuertes y buenos para ambos que nos hagan disfrutar de la felicidad? ¿Es que tu negativismo ante muchas cosas no podrá atenuarse y ver lo positivo de las muchas cosas que nos rodean?

Mi vida es mucho más estrecha sin ti porque sé que te amo y me despiertas todo tipo de sensaciones. Te quiero, cariño, pero mi tristeza está dando unos pasos extremadamente grandes y no quiero entrar en ese camino. Te necesito pero no puedo dejar de ser yo y expresarte lo que mi corazón y mi alma sienten. Te amo, cielo mío.

Conociéndote como te conozco sé que vas a intentar rebatir punto por punto lo que te digo aquí, pero no creo ese sea el camino. Intenta hacer algo diferente…algo que te ayude, que nos ayude.


¡Quién sabe qué pasará!”


Juan José López Nicolás. O.F.

miércoles, 20 de junio de 2018

¿Qué le ocurre a nuestra juventud?

El otro día ojeando el periódico me encontré con este artículo: "Tres de cada diez jóvenes creen sufrir un trastorno mental" (Periódico La Verdad, 24/05/2018). Los titulares habitualmente suelen ser alarmistas para llamar nuestra atención, y en mi caso, como madre y psicóloga, lo consiguió y decidí  leer el artículo más detalladamente. La realidad es que conforme leía más me sorprendían los datos que aportaban y sinceramente más se me ponían los pelos de punta.

El artículo expone que al responder en una encuesta cerrada y digital, casi el 30% de los jóvenes españoles aseguran que ha padecido, o al menos lo cree, algún tipo de problema de salud mental: inquietud, agitación, inhibición, problemas de concentración, sentimiento de fracaso, falta o exceso de apetito, problemas de sueño.

Ante la pregunta: "¿Ha tenido o ha creído tener trastornos psicológicos?", el 33% de las chicas y el 23% de los chicos respondieron afirmativamente según el Barómetro Juvenil de Vida y Salud, realizado por la Fundación Ayuda contra la Drogadicción y Fundación Mutua Madrileña. Alrededor del 50% dijo sentir decaimiento, cansancio o apatía, aunque el 78% de los encuestados aseguraron acudir al médico al menos una vez en el último año y de los que sintieron algún tipo de trastorno mental más de la mitad no solicitaron asistencia alguna. Ni siquiera al médico de cabecera.

Si los datos de la encuesta realizada a 1.200 jóvenes los extrapoláramos al resto de adolescentes, serían dos millones de personas las que presentarían problemas de salud mental. Desde luego el panorama lo definiría como preocupante.

La mayoría hablan de cansancio, problemas de sueño, falta de energía,...
En un principio no pueden parecer síntomas preocupantes o condescendientes para los padres y adultos de referencia. Pero la realidad y las cifras contrastadas por la clínica es que el porcentaje de población joven diagnosticada con trastornos psicológicos está en el 11,4% con depresión, el 11,2% con ansiedad, pánico y fobia, y el 7,2% con problemas de sueño.

¿Por qué nuestra juventud está cada vez más perdida? Con estos datos no podemos saber por qué se deprimen, pero sí notamos un tabú para reconocer el problema y pedir ayuda, aunque esté diagnosticada.

De todo esto lo que más llama mi atención son dos datos: por un lado, el elevado número de jóvenes que creen tener un problema de salud mental y por otro lado, y aún más importante, que no lo cuentan. Nadie lo sabe. No piden ayuda, quizá porque no saben a quién pedirla o cómo. ¿Cómo es posible que sus padres lo desconozcan?

Una escena que veo a menudo es la que voy a compartir con vosotros. En un momento coyuntural en el que te preguntan si estás trabajando y dices que sí, y antes de que se te ocurra decir algo más te contestan:” ¡Qué suerte tener hoy día trabajo! Y piensas tú para tus adentros: ¿En serio? Trabajo 11 horas todos los días, no cobro las horas extra, y cobro 1000 euros; y si me quejo la respuesta del jefe o la jefa es sencilla: "En el paro hay 2.000.000 más de parados como tú".

La motivación, ganas de superarte, de aportar, de sentirte parte de un equipo es.... "un mito", una falacia. En una coyuntura política y social, en la que la mayoría de los Diplomados, Licenciados o Graduados están parados o trabajando en un sector totalmente diferente para el que están cualificados.  En una coyuntura en la que ves a tu alrededor falta de recursos para poder hacer frente a una vida digna. En una coyuntura en la que si no trabajan ambos miembros de la pareja no se puede mantener un hogar (casa, hijos, alimentos,...), en la gran mayoría de los casos. En esta coyuntura en la que ves que no te vas a independizar hasta los 40 años, que quizá encuentres un buen trabajo relacionado con tus estudios, por lo que no vas a plantearte tener hijos hasta los...mmm...no sé... ¿los 45? Por tener un poco de tiempo para disfrutar de la vida independiente y autónoma sin descendientes.

Y cuando aumentas la familia, ves que tú no vas a criar a tus hijos, lo va a hacer una guardería o los abuelos, y piensas: “¿Para qué he tenido yo hijos?” Para verlos un rato antes de acostarse a dormir, para que descansen mucho y mañana rindan perfectamente en el colegio. Que sean muy buenos estudiantes y que saquen muy buenas notas. ¿Para qué? Ven que el esfuerzo no va a obtener resultados. Lo ven en su entorno.

¿Y aún nos preguntamos que qué le ocurre a nuestra juventud?

Se nos presenta una pregunta, y larga: “¿No sería más coherente compartir tiempo, valores, respeto, coherencia, disciplina,...desde el amor, desde el entorno de la familia. Para que luego, si quiere alguien llevárselos a terrenos que no nos gustan (drogas, alcohol, por ejemplo) sepan decidir, sepan apoyarse en nosotros y contarnos, abrirse y ventilar sus emociones, sepan tomar buenas decisiones por y para ellos?

Ante este panorama desolador, ¿qué creéis que percibe nuestra juventud?  Percibe incertidumbre, miedo ante la crisis y falta de expectativas en su futuro. Un cóctel perfecto con impacto directo en la salud mental de los jóvenes.

Esa salud mental en la que en pocos casos (es genética) y en la gran mayoría tenemos mucho que ver los padres y el entorno del joven.

Un estilo de apego seguro, fomentar confianza en la relación familiar, hablar entre nosotros, de los problemas o no, del día a día. Normalizar y apoyar a nuestros hijos. Enseñarles lo importante que es intentar ser justos y a que no se consigue todo en la vida, y mucho menos a cualquier precio, aprender en valores y educarse en ellos, porque lo que me pareció más triste del artículo fue que no tienen una figura de apego en quien apoyarse, a quién contarle, que les pueda aconsejar.

Si potenciamos una autoestima equilibrada en nuestros hijos/as, estaremos ayudando a que sean felices y a que cada día aprendan un poquito más sobre cómo son.
Para educar desde las emociones, no es suficiente tratar con amor, sino también habrá que incorporar la aceptación a la fórmula de su educación. Por mucho que nos guste que nuestros hijos se parezcan a nosotros en determinadas cosas, no podemos esperar que actúen de la misma manera. Y apuntando hacia su actitud, para que el mensaje sobre lo que queremos decir sea más claro y dé la posibilidad de cambio y aprendizaje: “No me ha gustado esto que has hecho, sé que lo puedes hacer mejor”. Es tan sencillo como dejar claro que, aunque hagan cosas que no nos parecen adecuadas, les seguimos queriendo. Ayudará a hacerles sentir que no les hemos dejado de querer por hacer ciertas cosas, porque para ellos es más importante de lo que creemos. Se les quiere por ser quienes son no por lo que hacen.
Imponed algunos límites a su comportamiento. Recordad que vosotros sois el timón y que precisamente los niños que no se han enfrentado a las prohibiciones de los adultos son los que presentan los niveles de angustia más elevados. Si ya pasó la niñez, recordad que los límites son importantes. Normas. Somos una sociedad civilizada, entre otras cosas por este motivo.
Recordad que lo hecho no tiene vuelta atrás, ni tampoco la palabra emitida; la información es sabiduría. Formad parte de sus vidas, acompañarlos, de este modo no se verán tan desamparados y de ésta forma los podremos ayudar sin que nos vean como enemigos o una amenaza.

Nuestra juventud, nuestro futuro. Cuidémosla valorándola. Eso lo agradece cualquier salud mental. ¿No creéis?

P.D: Cada día les digo a mis hijos: “Te quiero todos los días, cuando haces cosas que me gustan más, o que me gustan menos”. 


Mª Esmeralda Ruíz Pina

viernes, 8 de junio de 2018

Caminando hacia la Asertividad

Cuestionario SIA
 (Del artículo de http://laura-aprendeaserasertivo.blogspot.com/ en noviembre 2010)

Las personas deben estar preparadas para manejar inteligentemente los conflictos interpersonales. Estos surgen naturalmente, debido a que los individuos poseen creencias, sentimientos y deseos divergentes. De no manejarse con cuidado, estos conflictos pueden causar sentimientos de inseguridad, exclusión, irritación y frustración.

Tales situaciones de tensión pueden prevenirse por medio de un comportamiento asertivo responsable. La asertividad fue descrita inicialmente en 1949 por ANDREW SALTER como un rasgo de personalidad, y la entendemos como un comportamiento comunicacional maduro en el cual la persona no agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, no obstante, muchos obvian el valor de promover el comportamiento asertivo. Algunos se oponen al entrenamiento en asertividad debido a que confunden el comportamiento asertivo con el agresivo. Cuando estas personas escuchan la palabra “asertividad”, imaginan personas que demandan sus derechos en forma ruidosa y ofensiva. Dichas personas consideran que entrenar a alguien para ser asertivo significa convertirlo en un ser calculador y manipulador, que intenta controlar a los otros con el objeto de lograr fines egoístas. Ellos temen que la asertividad transforme a personas agradables en seres rebeldes e irritables. Nada podría estar más alejado de la realidad, ya que esas características son típicas del comportamiento agresivo y no del comportamiento asertivo.

El hecho es que el comportamiento de las personas fluctúa entre la pasividad y la agresividad, y el comportamiento asertivo se ubica entre esos dos extremos. La asertividad se basa en valores humanos que sólo pueden ser beneficiosos para la comunicación interpersonal. Una vez que las personas comprenden realmente las metas, derechos y comportamientos asertivos, aprecian con prontitud su valor en promover el desarrollo de conceptos saludables de la autoestima y la habilidad interpersonal efectiva.

En un clima adecuado, los individuos pueden lograr sus derechos sin perjudicar a otros ni ir en contra de los derechos de los demás. La actuación asertiva ayuda a que las personas controlen su comportamiento (siendo menos temerosas y más expresivas sin llegar a la agresividad y hostilidad). Al aplicarse correctamente, la asertividad establece un balance de poder entre individuos en conflicto, de manera que cada uno obtenga provecho de la interrelación. El propósito no es someter a otros, sino más bien asegurar la satisfacción mutua en la resolución de conflictos.

La meta principal de la asertividad consiste en mejorar la auto imagen y aumentar la efectividad en situaciones sociales y profesionales. El comportamiento asertivo puede optimizar la contribución del individuo a la organización o en general a un contexto social. Sin embargo, este comportamiento puede lograrse solamente si comprendemos y respetamos los derechos individuales.

La comparación de los patrones de comportamiento asertivo, agresivo y pasivo, provee una visión sobre los beneficios personales, profesionales y organizacionales que aporta el conocimiento asertivo responsable.

El comportamiento pasivo ocurre cuando la persona renuncia a sus derechos por complacer a los demás. Los derechos de los individuos pasivos son violados, bien sea porque ignoran sus propias necesidades o porque permiten que otros abusen de sus derechos. Estas personas usualmente justifican su comportamiento con el supuesto deseo de no querer crear problemas o involucrarse en situaciones desagradables, Generalmente aceptan toda crítica, sintiéndose culpables y se disculpan aun cuando la crítica sea injusta.

Cuando surgen conflictos interpersonales inevitables, típicamente, las personas pasivas no expresan sus opiniones o sentimientos tratando de ocultarlos. Nuestra cultura promueve la pasividad al enseñar a los individuos a no expresar sentimientos por el miedo de ofender a otros. En realidad, tal comportamiento motiva a otros a aprovecharse de la situación y a infringir los derechos de la persona pasiva.

Cuando los individuos sienten que deben comportarse asertivamente pero reaccionan con pasividad, disminuye su autoestima. Aunque algunos manifiestan admiración por las personas pasivas, lo que realmente les agrada es el no ser obstaculizado por ellas.

Aun cuando la pasividad ayuda a evitar los conflictos, las personas pasivas usualmente se sienten explotadas, no tomadas en cuenta, indefensas, molestas o resentidas. No sólo pierden el respeto de otros sino, aún más importante, el respeto propio.

Los efectos de la continua pasividad son acumulativos y en último término, devastadores. La pasividad continúa erosionando la autoconfianza y, en algunos casos, causa depresión severa y un sentido general de minusvalía. Los deseos de las personas pasivas son obviados en la mayoría de las situaciones y rara vez logran su pleno potencial.

Los individuos pasivos, pocas veces aceptan la responsabilidad por la calidad de sus vidas. Algunas veces, cuando se les presiona demasiado hacia una situación desagradable, pierden el control sobre sus emociones y reaccionan explosivamente. Sin embargo, lo más común es que jueguen al mártir silencioso, culpando secretamente a los demás por su falta de autoestima. Rara vez se dan cuenta de su cuota de responsabilidad por su situación infeliz.

A diferencia del comportamiento pasivo, el comportamiento agresivo ocurre cuando las personas pelean por sus derechos de tal manera que llegan a violar los derechos de los demás. Los individuos agresivos con frecuencia se comportan ofensivamente y utilizan el sarcasmo y la intimidación para dominar a otros. Tienden a emitir señales sutiles de que crean climas de comunicación defensiva y provocan discusiones y hostilidades en lugar de promover la cooperación. Independientemente de cómo se manifieste, el comportamiento agresivo desmoraliza a los demás.

El comportamiento agresivo puede promover un círculo vicioso. Las personas agresivas discuten a menudo para defenderse de las críticas que ni siquiera han sido emitidas. Ello se debe a su vulnerabilidad ante amenazas (reales o imaginarias). A su vez, el comportamiento promueve una reacción de antagonismo en los demás.

En efecto, las personas agresivas intentan destacar a costa de la autoestima de otros. El propósito de esta agresión es dominar o humillar a otros en lugar de expresar los sentimientos honestamente. En los encuentros agresivos, los participantes se ven forzados a adoptar posiciones antagónicas.

El comportamiento agresivo se manifiesta de muchas maneras, todas improductivas. Al igual que las personas pasivas, los individuos agresivos se preocupan por su incapacidad de establecer relaciones amistosas y resolver conflictos satisfactoriamente. A largo plazo, el comportamiento agresivo sólo produce consecuencias desfavorables: nadie gana, todos pierden. El comportamiento asertivo ocurre cuando los individuos defienden sus derechos sin que ello implique violar los derechos de los demás. La asertividad implica expresiones directas, honestas y apropiadas de nuestras creencias, necesidades y sentimientos. Significa auto respeto; es decir, valorarse a uno mismo y tratarse con tanta inteligencia y consideración como merece cualquier ser humano.

Al comunicarnos con personas agresivas, podemos saber cuáles son sus posiciones, ya que expresan lo que piensan. Sin embargo, la asertividad no implica que uno pueda hacer o decir cualquier cosa bajo el pretexto de la franqueza. El comportamiento asertivo maduro nos lleva a ser responsables de nuestras acciones.

Debido a que las personas asertivas consideran que todos los individuos tienen iguales derechos a expresarse honestamente, demuestran que respetan a los demás tanto como a sí mismos. Por lo tanto, el comportamiento asertivo aumenta la autoestima, conlleva al desarrollo del respeto mutuo y al logro de las metas propias sin sacrificar la de otros.

No obstante, los individuos asertivos no siempre logran lo que desean. Se puede ser asertivo y realizar algo que no deseamos hacer, si alguien lo requiere verdaderamente. Sin embargo, no es asertivo el hacer algo que otra persona desea si tenemos resentimientos al respecto. Las personas asertivas buscan lograr el equilibrio entre estar excesivamente preocupadas por los demás – al punto de olvidar sus propias necesidades y el de ser egoístas. El comportamiento asertivo reduce las posibilidades de dañar, culpar o alienar a otros.

Dar a conocer nuestras necesidades y tomar responsabilidades por nuestras acciones, disminuye la tendencia a culpar a otros o a vengarse de ellos cuando no se alcanzan las metas propuestas.

Las personas asertivas pueden escuchar las críticas, evaluarlas si son pertinentes y luego negociar los cambios de comportamiento deseables. Mientras que el comportamiento agresivo sacrifica los derechos de un individuo para que otro se beneficie, el comportamiento asertivo se enfoca en negociar cambios de comportamientos razonables y mutuamente beneficiosos. Hay que saber que atacar al que tenemos enfrente en vez de hacerlo con el comportamiento que nos ha disgustado, es destructivo.

Cuestionario de Suposiciones e Ideas Asertivas-

Escribe en un papel el número de las frases que se enumeran con las que estás de acuerdo, anota aquellas que para ti son ciertas y definen tu forma de pensar o actuar en tus relaciones con los demás.

1. Es ser egoísta anteponer las necesidades propias a las de los demás.

2. Si alguien hace una pregunta tienes derecho a responder o a no hacerlo.

3. Es vergonzoso cometer errores. Hay que tener una respuesta adecuada para cada ocasión.

4. Es una buena política el no estar pendiente de si la gente tiene o no buena voluntad.

5. Si uno no puede convencer a los demás de que sus sentimientos son razonables, debe ser que está equivocado o que se está volviendo loco.

6. No estás obligado a tener que anticiparte a los deseos y necesidades de los demás.

7. Hay que respetar los puntos de vista de los demás, especialmente si desempeñan un cargo de autoridad. Mejor guardarse las diferencias de opinión para uno, escuchar y aprender.

8. Tienes derecho a no responsabilizarte de los problemas de los demás.

9. Hay que intentar ser siempre lógico y consecuente.

10. Tienes derecho a no tener que justificar ante los demás tus sentimientos y acciones.

11. Hay que ser flexible y adaptarse. Cada uno tiene sus motivos para hacer las cosas y no es de buena educación enfrentarse e interrogar a la gente.

12. Es adecuado estar solo si lo deseas, aunque los demás deseen tu compañía.

13. No hay que interrumpir nunca a la gente. Hacer preguntas denota estupidez.

14. Tienes derecho a decir “no”.

15. Las cosas podrían ser aún peores de lo que son, No hay que tentar a la suerte e intentar cambiarlas.

16. Ante un trabajo bien hecho tienes derecho a recibir aprobación y reconocimiento.

17. No hay que hacer perder a los demás su valioso tiempo con los problemas de uno.

18. A veces, está bien ignorar los consejos bienintencionados de los demás.

19. A la gente no le gusta escuchar que uno se encuentra mal, es mejor aparentar que estás bien.

20. Tienes derecho a pedir a los demás ayuda y apoyo emocional.

21. Cuando alguien se molesta en dar un consejo, es mejor tomarlo seriamente en cuenta, porque suele tener razón.

22. Es humano sentir dolor, así como, poder expresarlo.

23. La satisfacción de saber que se ha hecho algo bien es la mejor recompensa. A la gente no le gustan los alardes. La gente que triunfa, en el fondo, es envidiada. Hay que ser humilde ante los halagos.

24. Vayan las cosas bien o mal, tienes perfecto derecho a intentar un cambio.

25. Hay que evitar dar negativas a los demás e intentar adaptarse, de lo contrario, no los encontrarás cuando los necesites.

26. Es legítimo interrumpir a cualquiera si necesitas una aclaración.

27. No hay que ser antisocial, si dices que prefieres estar solo, los demás pensarán que no te gustan.

28. Tienes derecho a hacer críticas y a protestar por un trato injusto.

29. Tienes que tener siempre una buena razón para lo que sientes y haces.

30. Tienes derecho a cambiar tu forma de pensar o tu forma de actuar.

31. Cuando alguien tiene un problema siempre hay que ayudarle.

32. Tienes derecho y es saludable tener tus propias opiniones y convencimientos, aunque difieras de los demás.

33. Hay que ser sensible a los deseos y necesidades de los demás, aún cuando éstos sean incapaces de demostrarlos.

34. Tú debes ser el juez último de tus sentimientos y aceptarlos cómo válidos.

35. Es una buena política ver siempre el lado bueno de la gente.

36. Tienes derecho a cometer errores.

37. No está bien quitarse a la gente de encima, si alguien hace una pregunta, hay que darle siempre una respuesta.

38. Algunas veces, está bien anteponer las propias necesidades.

RESULTADOS:
Las aseveraciones numeradas con un Nº IMPAR definen suposiciones “falsas” que nos impiden comportarnos con los demás de una manera asertiva. Cuanto mayor sea el número de estas cuestiones con las que estás de acuerdo, mayor es la probabilidad de que tengas problemas de asertividad. Las relaciones sociales te producen malestar.

Las aseveraciones con un Nº PAR definen cada uno de los derechos legítimos que tenemos como individuos, y, por tanto, facilitan comportarnos como adultos asertivos. De la misma forma, elegir un mayor número estas ideas, es indicativo de que eres una persona asertiva, y te manejas con eficacia en las situaciones sociales. Las interacciones con los demás te generan satisfacción.

viernes, 1 de junio de 2018

El Orientador Familiar cercano en las crisis

Por muchos años que pasen, por muchas vicisitudes que sucedan, tipos de sociedad que nos acojan, del concepto pareja y de sus crisis jamás se dejará de hablar; siempre preocupará porque de la pareja se nace, o bien biológicamente o bien a la cultura de la vida por ser precisamente en pareja y en su seno donde el amor hace florecer la educación, la ayuda entre sus componentes y la manifestación de cooperación necesaria para que nadie pueda sentir aquello de que “el hombre, sólo, sin familia, tiembla de frío.”

Y es precisamente por estos vínculos de y en pareja que en infinidad de ocasiones el orientador familiar no enfoca ninguna necesidad de cambio, ni en la mayoría de ocasiones es quién para dar recetas mágicas (nunca las hay), ni actúa como aquel que ostenta el poder y la razón en un estante superior e inalcanzable, casi perfecto. Su concurso principal, su prioridad, es ser cercano, llano. Aquel que comprensiva y respetuosamente acompaña e infunde tranquilidad devolviendo como en un espejo las imágenes verbales y preguntas que surgen, dándoles una nueva dimensión que les sitúe ante ellas en una nueva posición más idónea, con distinta perspectiva, donde su comprensión se aclare y sume, logrando que el proceso de crecimiento que se busca se vaya acercando en su objetivo.

Todas estas maniobras orquestales las he venido poniendo en práctica cada vez que ha procedido, que es casi siempre porque lo que he visto es que muchas parejas se hunden en problemas, en desconfianzas, en recelos, en rupturas, a pesar de que existan elementos de unión, y parece un contrasentido. Pero lo que casi siempre sucede es que han perdido la fe en sí mismos y la crisis, a pesar de aparecer como una oportunidad de cambio, los sume en sus más negras y oscuras controversias y contrariedades en las que pierden toda expectativa adecuada y, por supuesto, todo el valor constructivo que en la observación positiva se debería dar como principal ingrediente. La clave es relativamente fácil aunque no se ve tan pronto: situarse en una perspectiva diferente.

No nos solemos plantear que la vida plana no es real, no existe, no se da. No nos preparamos para las crisis de pareja ni individuales, y nos vienen muy grandes no viendo que precisamente el esfuerzo que hacemos para favorecer la unión es la urdimbre, el pegamento que sella el futuro y el amor de la pareja.

Muchos y grandes profesionales son los que han escrito sobre los problemas que nos surgen en la vida y también mi experiencia personal me ha enseñado (sigo aprendiendo) que en la vida de pareja, si deseamos que dure, tendremos que aprender a aceptar momentos de sufrimiento y de esfuerzo. (C. Panadés. 2007) Porque en realidad, si la naturaleza nos permitiese vivir sin obstáculos, se reduciría en gran medida la capacidad de desarrollar nuestro potencial. Y es ese potencial el que nos va modelando, a medida de nuestro esfuerzo y aprendizaje, enseñándonos a vadear el río de las crisis y los problemas que se nos presentan, dotándonos de unas cajas de herramientas (recursos) para utilizar la que corresponda en cada momento según la reparación a emprender, pero necesitamos experiencia y no huir de los problemas y de la vida en sí. “Las parejas que duran pasan necesariamente por crisis, las afrontan y aprenden de ellas. Cuando se decide huir de las crisis rompiendo la relación, tarde o temprano, probablemente en la siguiente relación de pareja, se va a tener que afrontar el mismo reto y se encontrarán en el mismo punto en el que se emprendió la huida.”

Claramente he intentado en mi quehacer como Orientador devolver las preguntas, las cuestiones a mi interlocutor de una manera que creara conciencia de la realidad, no ya latente, sino manifiesta dentro del problema real que se me exponía. No hemos aprendido  a vivir con nuestras emociones y menos a ser conscientes de las mismas, de ahí que ante la más mínima, algunas personas emprenden una huida sin retorno, hacia un lugar que ni ellos mismo saben.

La verdad es que siempre he visto necesario poner encima de la mesa, abriendo conciencias para que emerja a la realidad visual del cliente, que queramos o no, pasamos todos por una serie de escalones difíciles de evitar y lo que se necesita proponer es que veamos cuál es la mejor forma de enfrentarnos a esas situaciones (a cada uno le valdrá una distinta) y empezar a reflexionar sobre el camino (indica marcha y no estancamiento) que vamos a tomar y que nos lo creamos de forma sincera y coherente. Y es ese creer lo que va a hacer moverse, afianzarse a objetivos posibles, porque hay más allá de este problemático, de momento, más acá que necesita de un trabajo continuo, inteligente, y no exento de esfuerzo que tiene que hacer el cliente, no el orientador.

No podemos evitar que los demás tengan problemas y a veces lo peor que existe es proteger tanto que les evitamos hasta el mismo aprendizaje necesario, como estamos viendo. Haciendo tú, aprendes tú. Si te evito el trabajo y el sufrimiento que te pertenece puede ser que te esté dando una ayuda que te debilite. Este relato puede ayudarnos a reflexionar este aspecto:

“Un hombre encontró el capullo de una mariposa y se lo llevó a casa para poder verla cuando saliera de él. Un día, vio que había un pequeño orificio, y entonces se sentó a observar por varias horas, viendo que la mariposa luchaba por poder salir del capullo.
El hombre observó que forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del pequeño orificio en el capullo, hasta que llegó un momento en el que pareció haber cesado la lucha, pues aparentemente no progresaba en su intento. Semejaba que se había atascado.

Entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña tijera cortó al lado del orificio del capullo para hacerlo más grande y de esta manera por fin la mariposa pudo salir.
Sin embargo, al salir, tenía el cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas y dobladas.

El hombre continuó observando, pues esperaba que en cualquier instante las alas se desdoblarían y crecerían lo suficiente para soportar al cuerpo, el cual se contraería al reducir lo hinchado que estaba. Ninguna de las dos situaciones sucedieron y la mariposa solamente podía arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas dobladas… 

Nunca pudo llegar a volar.

Lo que el hombre, en su bondad y apuro no entendió, fue que la restricción de la apertura del capullo, y la lucha requerida por la mariposa para salir por el diminuto agujero, era la forma en que la naturaleza forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que estuviesen grandes y fuertes y luego pudiese volar.”  Extraído del libro: "Aplícate el cuento" de Jaume Soler y M. Mercé Conangla.

¿Os ayuda en algo? Me alegro…Los problemas pueden hacernos crecer… ¿Huida? Mejor enfrentarnos a ellos, pero sabed que hay personas que saben ayudar.

Yo pedí fuerza...Y encontré  dificultades para hacerme fuerte.

Yo pedí sabiduría...Y tuve problemas para solucionar.