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lunes, 16 de octubre de 2017

¡Socorro, un adolescente!

Muchos profesionales, psicólogos, terapeutas, orientadores, etc. lo dicen: un adolescente conflictivo no surge de forma espontánea.
Damos muchas vueltas para dar explicaciones de esto, pero la verdad es que no queremos poner el dedo en la llaga porque la responsabilidad, en la mayoría de las ocasiones, es de los padres o figuras parentales de referencia directa. De esos polvos, estos lodos, como se suele decir.

Un niño nace y va aprendiendo, madura, evoluciona y va a ser en gran medida de una manera u otra, muchas veces, según los mensajes y actitudes educativas que vaya recibiendo de sus referentes en las distintas etapas por las que va pasando. Y es en esas etapas cuando se tiene que cargar de objetivos y contenidos adecuados, en cambio, es ahora, cuando se nos va de las manos cuando queremos tomar cartas en el asunto porque la desesperación hace incluso que la relación con los demás miembros del círculo familiar se esté deteriorando.

El amor no es suficiente para solucionar estos problemas (aunque es un gran facilitador y ojalá se empleara más) y una vez asumida la responsabilidad de cada miembro en esta situación que se nos presenta, tal vez podamos intentar reeducar y abrir una ventana a la esperanza que condicione las incongruencias en nuestra conducta, lenguaje (forma de comunicarnos) y expresión de emociones  y sentimientos.

Lo crucial en estos momentos es prestarles atención, interés, por lo que hemos de aprender a escucharles, a traducir sus peticiones cargadas de exigencias en la mayoría de los casos, que nos perturban y nos hacen muy difícil saber qué quieren, pero, ¿es que no somos nosotros los adultos los que deberíamos poner “lógica” en este “lío irracional” que aparece ante cualquier situación que se viva?

Tal vez nuestro exceso de autoridad no deje salir nuestra verdadera emoción desde el fondo de nuestro corazón; tal vez llevemos mucho tiempo sin decirles un “te quiero”, o abrazarlos. Tal vez sigamos tratándoles como bebés o los comparemos con otro hermano que “es mejor que él.” Tal vez…

Son muchas cosas las que hay que ajustar. Hasta hemos de aprender a poner las normas que en toda casa deben existir en beneficio de una buena convivencia y entendimiento, ya que el trastorno de los comportamientos relacionales hace evidente la toma de decisiones en el sentido de ir a la solución de los problemas que se presentan: abordaje adecuado de los síntomas.

Pero lo que quiero subrayar y aportar a este abordaje es que cuanto más separemos al adolescente del grupo familiar, más se aleja, y por lo tanto va a ser más complicado reeducar si está a años luz de nosotros. Lo justo y necesario es hacerle sentir, porque lo es, miembro de hecho y de derecho de nuestro grupo familiar, de este grupo de pertenencia. No es el “apestado” que hay que separar; no es el diferente que se saca de “nuestro grupo” de “perfectos” y al que etiquetamos como “el imposible”, como el paciente identificado.

Todo el sistema se ve influido por el problema porque forma parte de él, así como de sus soluciones. Si el mensaje es que nuestro hijo o hija es un problema,… ¡Menudo mensaje le llega!

Ahora nuestro adolescente tiene el problema, pero él no es el problema (que también es nuestro) y espero que se entienda perfectamente este crucial matiz.


viernes, 25 de agosto de 2017

La amplitud de miras

Cada vez es más cotidiano encontrar personas con un alto nivel de desequilibrio emocional. Un no sé qué que queda y deja la vida en manos únicas del destino porque no tenemos ganas de luchar. Nos sentimos mal porque la vida no nos acompaña en nuestros deseos. A muchos les va perfecto y a nosotros nos va el camino cada vez de una forma más lamentable. Y es que los problemas vienen a borbotones encontrando nuestro vaso siempre medio vacío.

Los hechos externos nos marcan y nos inmovilizan no encontrando soluciones a nada de los que nos proponemos, ya que el aire se hace cada vez más escaso y no entra en los pulmones con esa ansia que tenemos para respirar, con angustia vital porque no nos sale nada derecho. No nos sentimos bien y cada vez nos va peor.

Es un círculo vicioso del que no podemos salir (por lo menos sin ayuda) y parece que cada vez nos vemos más hundidos y más inmersos en él…Necesitamos escapar y huimos andando grandes distancias que no hacen otra cosa que acercarnos más a la realidad que no podemos aceptar. ¡Qué mala suerte tenemos!

Es como el gato que se asusta de su cola y huye de ella…Y cuanto más corría más se le echaba encima su “propia” cola. Huir de él mismo era totalmente imposible.

No soportamos sentirnos así, pero mantenemos el camino que nos hace estar en esas situaciones y entramos en un victimismo que no nos ayuda absolutamente nada (en lo que te centras, lo amplificas).

Vivir es complicado y todo lo bueno no dura siempre, pero lo malo tampoco. Se alternan las olas en el mar y hay un arriba y un abajo. Pero lo principal es no equivocarnos o pedir ayuda para  que alguien nos guíe en nuestro necesario diálogo interno que acepte los desafíos vitales. Que marque el rumbo adecuado en nuestra brújula energética para que podamos saber en cada momento hacia dónde dirigirnos y cómo entablar las conversaciones con nuestro propio yo.

La actitud es fundamental para lograr un empoderamiento que vislumbre lo positivo ante la vida. Cambia mucho la situación si comenzamos a cambiar las preguntas que nos hacemos: ¿Qué es lo mejor que te pasó ayer? (Positivo),  en vez de qué cosas malas me pasaron ayer.

Las personas creyentes pedimos muchas cosas a Dios, pero creo que algo que debíamos solicitarle con ahínco es fuerza emocional para manejar nuestro propio estrés a medida que aprendemos cosas nuevas y poder  aplicarlas a la realidad, a nuestra realidad de cada momento.

La realidad siempre es la de cada uno y por mucho que intentemos huir esta nos acompaña, queramos o no y con ello nos dice que nos enfrentemos a las durezas de la aventura de vivir.

Uno de los principios de la Programación Neurolingüística (PNL) dice que podemos elegir cómo nos sentimos, independientemente de los hechos “externos”.

Esperar que todo en la vida sea un lecho de rosas es irracional y si se piensa así no trae más que frustración y malestar cuando la realidad se hace presente en nuestras vidas y nos presenta problemas que no sabemos cómo afrontar.

No es fácil, lo sé, pero sí creo que se puede adquirir la capacidad de elegir con qué tipos de pensamientos se alimenta la vida de cada día, de cada momento. “El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.”

miércoles, 9 de agosto de 2017

¿El egoísmo es bueno?

Aunque no lo parezca, y es cierto que ser egoísta no tiene buena prensa ni suele ser bueno cuando su práctica va en contra de la caridad y la misericordia, creo que andaríamos mejor si aprendiéramos a utilizar las necesidades propias hacia la felicidad en vez de hipotecar nuestro tiempo y la vida para que sean otros los que se beneficien de nuestro yo más interno y vital.

¿De verdad es tan malo ser egoísta?

Muchos deciden dedicar su vida completa al capricho de los demás, tal vez motivado por la sensación de culpa en ese tan denostado momento de satisfacer la deuda histórica, por la búsqueda del amor y la compañía, por la necesidad de aceptación, de caricias…Tal vez en la búsqueda irracional de que todos nos quieran, nos acepten y les caigamos bien. Pero nos falta la decisión o la capacidad para reflexionar y tomar conciencia de que es muy pesado complacer a todos todo el tiempo y más cuando renunciamos a lo que realmente uno quiere o necesita.

Intentamos no hacer o hacer tal o cual cosa por ellos, cuando precisamente si no hago, lo que quiero yo es hacer y si hago, lo que me apetece es no hacer. Siempre al revés de mí mismo. Y es que no entendemos que hagamos lo que hagamos, seamos lo cariñosos, competentes, habilidosos, seductores que seamos, siempre habrá alguien a quien no le guste nuestra conducta. Siempre habrá alguien que no aprecie nuestra manera de ser y se sentirá a disgusto con nuestro proceder. Tal vez por miedo, por envidia, por sus propias frustraciones, por su incompetencia, por quién sabe qué, pero uno lo que hace es adaptarnos a ellos para que no se sientan así, para que no se disgusten… ¿Y nosotros, qué?

En varios artículos consultados hemos podido leer: “Cuando aprendemos a dejar de escuchar a los demás con sus comentarios negativos, cuando aprendemos a amarnos tanto que somos capaces de ver nuestra propia luz, es cuando realmente empezamos a ser libres. Estar pendientes todo el tiempo, como base de nuestra vida, de los demás, lo único que va a hacer es que seamos personas frustradas…”, seguramente porque nunca llegaremos a conseguir contentar del todo a quien recibe nuestras eternas atenciones.

No hemos de abandonar nuestra personalidad, ni nuestros anhelos deben verse relegados y supeditados constantemente a los deseos de los demás, porque, en el sentido que deseo reflexionar sobre esto de ser egoísta, es aprender a decir qué es lo que queremos en la vida, es proclamar nuestro deseo de ser felices, es hacer lo que realmente queremos sin tener que fingir aquello que no deseamos. Es ser libres y honestos con uno mismo y también, por qué no, honrado con los demás.

Con este poder en nuestras almas hasta nos queda fuerza y energía para dársela a los demás, pero sin caer en la trampa de que uno tiene que solucionar la vida de los otros antes que la suya propia.
Soy consciente de que este tema suscita multitud de controversias, pero ahí está y así es. Si yo soy feliz puedo dar felicidad, si yo estoy bien puedo dar lo positivo de mí. ¿Qué opinas?

Tal vez la situación a descubrir es qué pasaría si nos decidiéramos a ser sanamente egoístas. Oímos “egoísmo” y salen los juicios negativos de nuestras ancestrales creencias, nuestra moral y escuchamos o ponemos un gran grito en el cielo: ¡Por Dios, ser egoísta es lo peor! Esto aparece para cercenar toda actitud que no se asemeje y vaya de dedicación altruista y generosa hacia nuestros semejantes. Pero vuelvo a preguntar: ¿Y nosotros, qué?

Nuestra mochila de reproches ante este egoísmo debe empequeñecerse porque el objetivo es dejar de crecer con la preocupación de no defraudar a nadie, a veces, con el gran precio a pagar de no importar lo que uno mismo siente ante esas situaciones.

Si vemos la definición de egoísta, leemos que es la persona que realiza acciones y conductas orientadas hacia el yo. ¿Y qué tiene eso de malo?
Mamen Garrido, psicóloga y experta en coaching, en uno de sus artículos, nos comenta: “Todo esto es para ser uno feliz y no conozco a nadie que sea feliz que piense en hacer daño a los demás.” Es más, pienso que el egoísmo del que hablo está íntimamente ligado a la honestidad y honesto es quien actúa de acuerdo a como piensa y siente, y si por ser fiel a mí mismo y sentirme en paz  me etiquetan de egoísta, que lo hagan.

También conozco a personas que han decidido hacer todo por los demás, primando el tiempo, el ritmo y la vida de los otros frente a la suya, y sin embargo no veo que sean excesivamente felices, más bien es el cuento de nunca acabar porque cada vez renuncian a más cosas y se les exige más.

Ayudar a los demás está muy bien, todos lo hacemos y todos necesitamos a alguien en momentos determinados, pero el problema vienen cuando siempre se antepone las necesidades de los demás a las propias; debería decir tal cosa pero no la digo porque qué van a pensar… Y sé que muchas veces decimos sí cuando queremos decir no, precisamente por ese miedo ancestral a poder parecer “egoístas”.

“Quienes viven a merced de los demás, quienes dan mucho a cambio de poco o de nada,-continúa diciendo Mamen Garrido- son personas que se conforman con migajas en lugar de aspirar al mejor trozo del pastel.”

miércoles, 17 de mayo de 2017

Ayuda ante el dolor

Es muy difícil acceder a la persona doliente si nuestra actitud es de indiferencia y no sabemos hacer entender con nuestro cuerpo y expresiones que comprendemos por lo que tiene que estar pasando. Hay profesionales que a esto lo llaman EMPATÍA, pero según mi experiencia, va más allá de ese concepto.

Es algo difícil de explicar pero fácil de entender cuando formamos parte de la situación aún teniendo la habilidad de estar en un plano lo suficientemente lejano para tener las perspectivas adecuadas para poder ser ayuda y no formar parte de ese mismo dolor que machaca el cuerpo y el alma. Hemos de reconocer la experiencia del dolor. Pero que su dolor no nos atenace hasta el punto de incapacitar nuestra relación de ayuda.

Nuestra situación es estar en un escalón superior para poder observar quién necesita qué y qué necesita en el momento adecuado. Nuestro silencio a veces puede manifestar mejor lo que queremos que una palabra inadecuada que puede tirar por tierra toda nuestra labor para conseguir el objetivo que nos identifiquen como “partícipes” de su grupo y no como un elemento extraño que no tiene ni idea de lo que está ocurriéndoles en ese trágico momento, aunque al principio es lo que normalmente piensan porque no hemos aún tenido la oportunidad de trabajar esta integración con el “grupo”. No somos ellos, no somos de los de ellos, pero podemos conseguir ser con ellos y que nos acepten. Esto es importante.

De ninguna manera puedo pretender que alguien sienta como yo sentiría ante su situación, por lo que es preciso que tenga muy en cuenta que cada persona siente a su manera y que esa es la forma adecuada de expresión ante la situación. No es correcto llevar a extremos las reacciones que se deben sentir como una relación con orden de prelación ante los acontecimientos de pérdida. Ahora debe llorar… Ahora debe enfadarse…Ahora debe expresar ira…Ahora debe estar confuso… ¡No!

Puede pasar por las diferentes etapas que todos deberíamos saber o no pasar por ellas. No nos empeñemos en que pasen por ellas. Cada uno siente como siente y siente lo que siente cuando lo siente. Hasta no sentir (aparentemente) nada en absoluto es otra forma de sentir y hemos de ser hábiles para detectar en la forma en la que se está desarrollando en la persona que tenemos delante. Como dicen varios autores, es importante validar sus sentimientos como respuestas naturales a la pérdida, porque lo que necesitamos todos es tiempo para procesar la información y los acontecimientos (nuevos y a veces inesperados) que nos está tocando vivir.

Es fácil que veamos estos acontecimientos de otros bajo nuestros prismas personales y subjetivos, bajo la óptica de nuestras creencias y conceptos, lo que nos haría errar por presuponer que ellos también tienen que pasar este trance como yo lo viviría. Insisto en ello porque he vivido experiencias con compañeros que me decían que tal persona no está viviendo de forma adecuada este momento porque no está experimentando tal o cual cosa.

Dejémosles que sean exclusivamente ellos y tratemos de saber ayudarles para hacer ese momento, por lo menos, más “tragable”, más aceptable. Alentar a la persona a contar sus recuerdos es una buena manera de integrarnos, integrar sus conceptos actuales en la realidad, e iniciar el proceso siempre difícil de la aceptación y no confundirlo con la resignación.


Gran labor, importante labor e ineludible la necesidad de aportar personas preparadas para ayudar en el aspecto psicológico de los acontecimientos en las emergencias: Unidades de primeros auxilios psicológicos, tanto en primera intervención como en segunda.      

jueves, 9 de febrero de 2017

El Distrés retardado

Muchas veces he sugerido que nunca estamos vacunados contra la recogida de raciones de estrés, pequeños pedazos de pena, rabia, confusión, llanto, que como integrantes de equipos de atención en emergencias estamos expuestos. Nos movilizan para acudir a emergencias…Accidente, 5 muertos…Suicidio, persona ahorcada…Accidente de autobús, 14 muertos…Y así podemos citar una lista interminable de sucesos a los que acudimos para facilitar los procesos y acompañar en el duelo a esas personas que han recibido un trallazo emocional y que sus recursos habituales no les son suficientes para poder dar explicación o poner en su realidad esto que ha sucedido tan de repente.

En cambio ahora lo que me preocupa es la persona que ayuda, que acompaña, que gestiona la pena de otros estabilizando zonas de comportamiento para que los procesos se normalicen y el futuro de la inestabilidad surgida sea más parte de una realidad que nos hace poner los pies en el suelo y vivir la situación de forma más “natural”. Sí, esta persona que está tragando dosis ajenas de estrés y vive la pena de otros con empatía, no con simpatía, para establecer una distancia los suficientemente importante para que el trauma vicario no les afecte de forma que no lo pueda controlar. El incidente crítico produce una serie de reacciones físicas, emocionales, conductuales, cognitivas, y potencialmente puede interferir emocionalmente en las habilidades para actuar en el lugar de trabajo en forma inmediata, o posteriormente en el retorno o la rutina laboral y familiar: este es el estrés del personal de primera respuesta

Es aconsejable hacer pequeñas reuniones de estructuración cognitiva, de rememorar situaciones que nos quedaron dentro, impactadas por lo impactantes que fueron, porque las vivimos en primera persona cargadas de un nivel emocional de alto voltaje, si es que me permiten llamarlo así. Y sucede porque no somos insensibles y no nos podemos insensibilizar…, mejor que no. El principal objetivo inmediato con compañeros expuestos a situaciones estresantes, conflictivas y traumáticas es el de minimizar la severidad y duración del trauma emocional. Se debe permitir la expresión de sus emociones y ayudarlos a entender y comprender sus sentimientos y los efectos psicológicos que puedan aparecer algunas semanas después. Pero para ello hay que preparar reuniones, entrevistas, “quedadas” para hablar de aquella o aquellas situaciones que me están empezando a aparecer en sueños, por ejemplo.

Al vivir una experiencia traumática, las experiencias psicológicas, a menudo subestimadas, pueden provocar de una forma más o menos lenta, un deterioro de la capacidad adaptativa y sociocomunicativa de la persona. El Debriefing, por ejemplo, es un instrumento importante que ofrece alivio a la persona a la vez que le posibilita exteriorizar y comparar sus ideas, recuerdos y emociones perturbadoras con las de otras personas, de modo tal que el sujeto víctima pueda comprenderlas y normalizarlas.

No olviden los líderes de los equipos que si quieren mantener a un equipo “sano” deben facilitar la ventilación emocional de los integrantes de su propio equipo, y más cuando se tiene constancia de que se ha estado activado en muchos o en seguidos sucesos impactantes para cualquiera, aunque es cierto, que la preparación de estas personas para atender a los demás es de primera calidad y su formación ha ido encaminada a encuadrar en su sitio las situaciones que a otros le suceden.

Si buscamos, por otra parte, la palabra “Desmovilización” encontramos que nos la describe también esta técnica que facilita nuestra ventilación, como una intervención brevísima que se realiza al final de todo el acontecimiento crítico. Es una técnica de soporte grupal que tiene como finalidad disminuir la presencia de perturbaciones cognitivas y reacciones emocionales reactivas y desadaptativas y facilitar su descarga.

No confiaros, hacedlo porque a la larga veréis los inconvenientes si no prestáis atención a estas situaciones. Vuestros equipos lo agradecerán y los resultados se verán, porque, además, las reuniones unen, te hacen conocerte mejor y facilitan la comunicación de forma totalmente distinta a los chat que tan imprescindibles se han hecho. No sustituir una buena reunión cara a cara por una conversación por chat. Incluso podemos empezar a ser conscientes que algunas personas se desligan de los equipos y no acuden a las activaciones porque, aparentemente sin razón, no se encuentran con la suficiente fuerza como para enfrentarse a esa llamada. ¿Sabéis por qué? Analizadlo, por favor. ¿Miedo? ¿Desinterés? ¿Falta de motivación? NO, no, no…¿Tenéis la respuesta?

jueves, 30 de junio de 2016

Amar es cuidar

Aportaciones sobre un texto de W. Riso

Amar es cuidar. Walter Riso suele escribir sobre este tema como uno de los importantes e inexcusables para hacer que la unión como pareja se vaya autoabasteciendo de la energía para llegar hasta el final de los días juntos, en felicidad. 

Es simple, dice, no hay amor que se base en el descuido. De hecho, no hay nada que caracterice más el pensamiento de una enamorada o enamorado que el de cuidar a su pareja. Hacerlo significa mantener los pequeños detalles, valorar a quien tenemos al lado y hacerle sentir especial, escuchado y amado. Y es adecuado, desde aquí, tomar conciencia de que estos aspectos, en numerosas ocasiones, los descuidamos (tanto él como ella)

Puede parecernos muy obvio, pero la realidad es que lo primero que solemos abandonar es precisamente eso: el cuidado. Conocemos a la perfección la teoría, pero cuando alguien se siente cuidado solo dos días a la semana y no en la plenitud de las sensaciones, dando igual que la presencia esté o no, es bastante significativo que los niveles de calor de la relación bajan hasta aquellos en que va dando igual los momentos que se pasen juntos.

A la hora de llevar a la práctica el cuidado diario solemos pecar de desinterés y acabamos por dañar nuestra relación con actitudes de indiferencia o de postergación de los pequeños detalles. Parece que siempre hay cosas mucho más importantes que el otro y posponemos la caricia, la llamada, la palabra que contiene el bálsamo lleno de amor que tal vez el otro, sí o si, está necesitando.

Tal vez esto os parezca excesivamente ñoño, infantil, o lo que queráis llamar, pero pasa. Y pasa casi siempre porque lo necesitamos como el aire que respiramos, y da igual la edad que se tenga y lo maduro que se sea. A nadie le gusta ir a remolque en una relación o tener esa sensación. Y esperar, esperar, esperar…

El amor durará tanto como lo cuides y lo cuidarás tanto como lo quieras.

A veces hacemos con el amor lo mismo que un niño con su globo. Es decir, argumenta Riso, a veces ignoramos lo que tenemos para luego llorar por lo que perdemos. Es de sobra conocida esa expresión de “no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos”.
Si no nos empeñamos en cuidar de nuestras relaciones, nos arriesgamos a que se pierda la ilusión y las ganas de mantener un afecto o un vínculo que nos hace felices. Pensamos que nuestra pareja o las personas que nos rodean tienen la obligación de esperarnos, de aguantarnos o de comprendernos en todo y ante todo, porque nos sentimos el centro de la relación y esto suele pasar factura.

“Al final te das cuenta que lo pequeño siempre es más importante. Las conversaciones a las tres de la mañana, las sonrisas espontáneas, las fotos desastrosas que te hacen reír a carcajadas, los poemas de diez palabras que te sacan una lágrima. Los libros que nadie más conoce y se vuelven tus favoritos, una flor que te pones en el cabello, un café que te tomas solo… Ese dulce que se te sirve cuando lo necesitas aunque digas que no te gusta el dulce…Eso es lo que verdaderamente vale la pena; las cosas diminutas que causan emociones gigantescas.”

Solemos excusarnos en el poco tiempo que tenemos, pero lo cierto es que lo que deteriora muchas veces nuestras relaciones es la inercia, los hábitos y la costumbre; es decir, la rutina.

¿Cómo dejamos de cuidar a quienes queremos? No alimentando las sonrisas diarias, tapándonos los ojos y dejando de percibir la reciprocidad. Esto acaba menoscabando la luz que el amor aportaba a nuestra vida y todo se vuelve mucho más superficial.
Entonces se apaga “lo especial”, dejamos de sentirnos amados y parte de nuestra relación comienza a fracasar. Así, la ausencia de muestras de interés y de gratitud acaban generando dudas en una pareja y la unión se vuelve desunión.


Las actitudes y los mensajes que se lanzan al otro miembro de la pareja nunca caen en saco roto y creo que ese cuidar del que estamos hablando pasa por que esos mensajes no sean nunca destructivos, ni en contra de la pareja, de la concepción del concepto pareja, etc. etc.

Una relación feliz, cuidada, adecuada al fin máximo, se basa en conductas y actitudes que contengan ingredientes manifiestos que converjan en facilitar el camino a SER PAREJA. Esas conductas deben cargarse de bondad, amabilidad, consideración, comunicación, ajuste de los hábitos de cada uno, participación conjunta en varias actividades, consenso en valores, reciprocidad y respeto muto.

Sólo demasiado se está cuando no quieres estar sólo y lo estás, sin estarlo, porque quieres amar lo que no está tan al alcance como tú imaginabas. A parte de parecer un trabalenguas también puede una frase para la reflexión. ¿No os parece?

No hay receta universal para proteger nuestro amor, pero sí que podemos poner nuestro empeño en que al menos la dejadez no sea lo que lo deteriore. Porque no hay amores que sean en sí mismos eternos, sino que hay amores bien cuidados. Voy a ponerme manos a la obra…¿Y tú?

martes, 21 de junio de 2016

¡Eso no me gusta…! Pues ya sabes…

El interior suele rebelarse ante situaciones que no nos gustan. Ante esto estamos solos, somos unipersonales y reaccionamos independientemente a tener pareja o no, y nos manifestamos como únicos seres que opinan y reaccionan ante esas circunstancias con opiniones en contra.

Nuestra escala de valores no acierta a introducir variables como el amor que se siente por el otro, las cosas buenas que hace, y no esa en especial que nos saca de quicio, pareciendo tener y cobrar toda la fuerza esa obra que en este momento me exaspera, y debería decirlo. Depende de que se ponga a trabajar, en un buen sentido o no, el área que nos impone las normas por las que debo manifestar, libremente o no, aquello por lo que no me gustaría pasar ni acceder, aquello que verdaderamente me molesta. Depende si se bloquea ese área que me hace ser comprensivo o aquella en la que de forma instintiva me hace reaccionar.

Esto no me gusta y le doy mucha importancia, ya que no soy capaz de relativizar y ver toda la cantidad de cosas buenas que también recibo, pero en ese momento no soy tan autosuficiente ni trabajan los recursos de forma adecuada para detener esa rabia, preocupación o malestar que “ofende” mi propia escala de valores.

Y lo digo, me manifiesto en contra y no es bien entendido, porque las reacciones son tan desmesuradas y en cantidades tales que te apabullan y te hacen pensar que no puedes decir lo que verdaderamente sientes, nunca, nunca, nunca. Porque si las dices, pierdes. Si las manifiestas te llegan una serie de tormentas en forma de reproches y de apelativos del tipo “egoísta”, “poco generoso”, “creador de infelicidad”, “nada comprensivo”, y como poco que eres nada razonable ante algo que no tiene ninguna importancia (claro está, para ellos)

No dices nada, otras veces, con palabras, por no parecer eso que dicen que eres y te va a llover, pero tu cara es un verdadero poema porque no puede negar aquello que desde el interior se refleja en tu mapa gestual. Y te han descubierto de nuevo. Ya saben lo que piensas aunque no lo digas y como no te ríes ni te portas con la cortesía que se espera de ti, te han vuelto a descubrir, que no eres la persona que necesitan a su lado, porque eres grosero, nada generoso, egoísta, etc., etc., etc.

Necesitan que siempre estés bien ya que eres su apoyo y no debes flaquear porque necesitan a su lado la fortaleza que tú representas, la seguridad, la alegría, lo que les hace sentirse bien…Debes ser ejemplo eterno de que contigo se pueden cruzar los ríos más profundos y enfrentarse a los problemas en los que te desenvuelves como pez en el agua. No flaquees porque eso hace que se derrumbe su mundo de esperanza.

¿Qué podemos hacer ante estas situaciones?

Hemos de cambiarlas o matizarlas, porque la tormenta que se acerca es totalmente precursora de los mayores tsunamis emocionales en tu contra, ya que no entienden que se pueda ser así, no viéndose ellos mismo su propio desarrollo y postura ante eso que verdaderamente, de forma objetiva, es capaz de molestar a cualquiera, porque se repite continuamente, siguiendo y permaneciendo las actitudes en el tiempo y además que ves que no tienen viso de ningún tipo de cambio. Seguramente eres tú el que, si quiere una situación, trabaje para ella, si es que merece la pena, porque casi nadie va a cambiar nada si no eres tú mismo.

También podemos verbalizarlas, comunicarlas en un estado de serenidad relativa, cuando no están las “hachas en alto” para que tal vez se entiendan las posturas, ambas, de una vez por todas, porque lo que realmente suele suceder es que estos problemas son repetitivos y/o enquistados, ya que las soluciones nunca se han tomado con la suficiente soltura, positividad, capacidad de negociación y capacidad, real y muy real, sin artificios, de comunicación eficaz, respetando los sentimientos y los tiempos de cada uno.

Lo que está totalmente claro en este punto es que no debemos dejar pasar las cosas que no nos gustan con las personas con las que se convive en alguna medida. El miedo a abordarlas nos hace posponerlas y acaba por ser el verdadero problema difícil de solucionar, pudiendo haber sido, por otra parte, algo sencillo, las primeras veces que aparecen. Y si algo funciona es cuando las partes deciden comprender las posturas del otro: la empatía, porque nadie es más que otro, ni menos.

La prepotencia puede llevarnos a creer lo que no es, precisamente porque esa “máscara” puede contener un miedo e inseguridad que el que la padece la ostenta para paliar el daño que cree que se le puede hacer. La prepotencia no facilita la comunicación ni la empatía, tengámoslo claro, por lo que suele declinarse la oferta de diálogo que en algunas ocasiones se plantea o surge. Porque el final siempre es el mismo, el prepotente se suele levantar porque no consigue su único objetivo, se suele escuchar él y no al otro y suelen prevalecer sus razonamientos sin posibilidad de que sean erróneos.

No es raro que se rompan relaciones más o menos “estables” cuando surgen todas estas pequeñas espinas que se han dejado de solucionar cuando han aparecido. Pero si haciendo lo adecuado y debido no surte efecto o alguien no accede a la negociación en beneficio de un mejor clima, con convencimiento, lo mejor es establecer la necesidad de ver la posibilidad de esa separación que tanto nos aterra.

Juan José López Nicolás

martes, 7 de junio de 2016

miércoles, 16 de marzo de 2016

Os lo recomiendo

Este libro puede ayudar, de hecho ya lo está haciendo, a crear unas bases diferentes como un instrumento para el desarrollo personal. Ante esas pequeñas situaciones y no tan pequeñas, que nos ponen "depres", los problemas de pareja cotidianos, las pérdidas, nuestros propios pensamientos que nos desequilibran en el quehacer diario y cotidiano. Para eso está escrito, desde la perspectiva de las cosas más comunes que nos pasan a todos y cada uno de nosotros. 
Intento explicar de una manera sencilla y totalmente factible, que desde un cambio de actitud ante las situaciones que vivimos, podemos moldear nuestras reacciones, si realmente queremos, con el objetivo de vivir en un equilibrio lo más cercano a la realidad social que nos rodea. 



miércoles, 20 de enero de 2016

Malos entendidos cuando hablamos

  -   Qué tal, amigo, ¿cómo vamos?

-    -   Pues la verdad es que no muy bien. Estoy bastante enfadado porque parece que nadie me entiende cuando hablo. Parece que tengo que hacer esfuerzos en hacerme entender. Digo una cosa y mi amiga o amigo, se enfada, pero de una forma que creo desmesurada. Hasta tal punto es así que es capaz de tirar nuestra amistad, nuestra relación por tierra, …¡a la mierda!
Dicen que he dicho una cosa y realmente he querido decir lo contrario, porque sé que yo no he dicho eso y menos para hacer sentir mal a mi amiga, hacerla llorar y hasta entender que quiero alejarme de ellos, cuando esos momentos de conversación nos hacen tanto bien a los dos.
No entiendo nada, pero absolutamente nada. ¿Qué está pasando?
Parece que hablemos en idiomas distintos, en francés y en español,…da igual.

-  - Eso que me comentas es más común de lo que piensas. La comunicación entre las personas está pasando por unos momentos de crisis espectaculares, con el consiguiente malestar que se asienta entre ellas que aparentemente se quieren, se aman o se respetan.
Simplemente parece que no nos entendemos y cada vez nos cuesta más hacernos entender y prestar muchísima atención a qué decimos, cómo lo decimos y en qué momento lo decimos. Sí, se está haciendo muy difícil hablarnos y de una forma relajada y sencilla sin preocuparnos de lo que te estoy comentando. Hasta la forma de comunicarnos y entendernos está cambiando en la historia presente. Quiero a una persona y a veces se establecen verdaderos muros entre nosotros, de tal manera que los sentimientos afloran confusos, nos detienen asombrados porque no es posible que el que tengo enfrente no comprenda los matices con los que digo las cosas, cuando la realidad es que no quiero hacer daño alguno.

-   -  Claro y en mi caso, ella, en vez de decirme que no comprende esto que le acabo de decir, porque no le encaja en sus perspectivas, en mi forma de ser, en mi relación con ella, o simplemente porque no está de acuerdo…, se calla, se amarga por dentro y se convierte sintiéndose un víctima incomprendida, porque ni su mejor amigo se interesa por lo que siente y la abandona. Deja de confiar en ti, pero no te dice que no está de acuerdo, simplemente se calla y empieza a sentir romperse por dentro porque esa frase fatídica (la que sea) la ha decepcionado. Llanto, desilusión… ¿Pero, por qué no se expresa y simplemente pregunta el por qué de las cosas que no entienda? Callarse es un signo de que debo ser adivinador de sus estados de ánimo, de su momento del día…Es complicado, con lo fácil que sería hablar abiertamente y preguntar lo que se dude o lo que no se haya entendido. Desgraciadamente el curso de adivino aún no lo he realizado.

-       -    Lo entiendo, pero observa que estamos hablando de sentimientos y a veces, junto a nuestros prejuicios, a nuestra visión puramente subjetiva de las situaciones y nuestro estado de ánimo, aparece una carencia de habilidad para ver las cosas como realmente son y estos elementos mencionados nublan la comprensión real. Es muy común entender una palabra en el presente con una carga emocional de todo nuestro pasado y por eso llega con una carga adicional que nos cambia el significado, no ya de la palabra, sino de casi toda la conversación que hemos tenido.

Has pasado de ser el mejor a ser el peor “enemigo” porque ella o él esperaban más de ti. Pero el truco, el quid de la cuestión está en valorar lo que se dice hoy con la mente de hoy, sin sobrecargas del pasado y para ello tengo que conseguir la habilidad de tener mi conciencia en el tiempo adecuado y de una forma plena saber con quién hablo y cuándo lo hablo. Tomar conciencia con esa apertura para aceptar que somos el aquí y el ahora.
Miramos tanto hacia fuera y tan poco hacia nuestro interior para ser mejores en el exterior, que no prestamos atención a las sensaciones, intentando identificar lo favorable e identificar que aquello que me interfiere debe ser conceptuado adecuadamente y en su sitio, para evitar malas sensaciones y confusiones que nuestras emociones nos traen.

Lo que no entienda lo pregunto, pero no dejo que se vaya ese momento con las dudas suficientes para que hasta mi cuerpo tiemble de dolor del alma. Es mucho más sano y nos ahorrará muchos dolores de cabeza.

En algún sitio he leído, perdón que no lo recuerde en este momento, lo siguiente: “Cuando te enfrentes a una situación que exige tu juicio, toma en cuenta todos los elementos que pueden afectar a tus criterios, tu punto de vista y estado mental, o sea, contempla tu cuerpo y establece si está contribuyendo la percepción física a mejorar tu panorama interno. Contempla tus sentimientos y verás si la situación te atrae o te repele. Contempla tu estado mental para ver si eres consciente de que la experiencia, la situación, etc. te llevará a algún lado y te hará ir hacia adelante. Contempla todos estos fenómenos y analiza la situación individualmente. Cuando hayas logrado procesar las percepciones, experiencias e impresiones a partir de interpretar los eventos en curso, puedes extraer de ellos una visión más nítida de lo que representan sin que las experiencias previas nublen tu juicio: conforme tu mente trascienda al pasado, aprenderás a ver la importancia del instante más allá de este momento. 

- -    Todo eso está muy bien, y tal vez sea conveniente que me ponga manos a la obra, pero si he dicho una cosa y he reaccionado mal, o han reaccionado mal, ¿puedo reflexionar después e intentar reconducir mi relación para solucionar esos malos entendidos? ¿Puedo partir del punto positivo en el que estábamos y seguir el camino de esa amistad tan buena, si hemos tenido un enfrentamiento duro? ¿Aunque esto que quiero no lo haya hecho en el momento en el que debía?

-    -     Siempre digo que hay un gran facilitador en las relaciones para mostrar el camino del éxito aunque se hayan tenido momentos tensos en la comunicación. Podemos estar tensos, enfadados, defraudados, dolidos, pero creo sinceramente, que no hay facilitador más efectivo, junto a tomar conciencia y a lo que estamos comentando todo este tiempo, que el AMOR, sobre todo, así como LA VERDADERA AMISTAD y todos aquellos lazos que unen en camaradería al ser humano.


Juan José López Nicolás

miércoles, 13 de enero de 2016

Escribo...

Escribo para oírme, para que me reflejen las palabras y las ideas de mi propio libro sirviendo de ayuda a mi alma de mortal imperfecto.  Escribo para leer en el exterior conjuntos básicos de soluciones que necesito en el caminar perecedero de la vida, porque necesito el espejo, ver desde fuera lo que mi consciente a veces no acepta desde las palabras del sabio coach que la experiencia ha creado.

Pero también escribo para los demás, con el propósito de compartir lo que en parcelas de mi vida ha funcionado, pretendiendo alcanzar el objetivo de elevar a la maduración los pretextos que todos tenemos para no hacer algo que debemos realizar. Sí, escribo para vosotros, para aportar algo que creo que debo decir de una manera que la vida me ha dado, pero que creo que no es mío solo. 

Por esto necesito vuestra retroalimentación, vuestra opinión, vuestro modo de hacerme crecer como escritor tratando escaleras emocionales y recursos que un albañil crearía, para ayudar a subir los peldaños que ayudaran a llegar a donde verdaderamente queramos o estemos dispuestos. Yo sigo en el camino, y caigo, pero me levanto para volver a leerme y experimentar las palabras de ayuda que tantas personas han confeccionado para que las escuche.

Creo que lo mejor que tiene un libro es leerlo en el momento adecuado.

En parte, amigos, por eso escribo, y si logro ser mejor es porque os lo debo a todos los que hacéis una crítica de mi libro. Gracias, gracias, gracias.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Prólogo del libro "De la crisis a la aceptación"

"Creo que este libro y este autor, abren una nueva puerta al trabajo de los orientadores familiares que se afanan en mantener el equilibrio del contexto familiar y de pareja. Estoy convencida de que su aportación supone un nuevo paso que, quienes se beneficien de él, sabrán agradecer.

En este pequeño libro, DE LA CRISIS A LA ACEPTACIÓN…,  podemos ver plasmada la experiencia real de una persona que, aún no siendo psicólogo, como saben, es Técnico en Orientación Familiar por el Instituto Superior de Ciencias de la Familia de Murcia, ha trabajado en esta área y ha profundizado en ella para sacar los aprendizajes, primero para él, y en segundo lugar, para una vez remodelada su persona, ayudar a los demás con sus experiencias a la hora de establecer algún tipo de equilibrio en la vida.

He compartido labor en el área de la psicología, en el ámbito de las emergencias, y no me cabe la menor duda que nos encontramos ante una persona que vive desde su interior la capacidad de ayuda a los demás, y con experiencias personales que le avalan en sus criterios ante la orientación en sus distintas facetas. Le he visto trabajar en situaciones límites en momentos de crisis y siempre dando la talla, porque tiene mucha fe en el ser humano y en su propia capacidad de recuperación. Es un gran lector de todo lo que a problemática relacional se refiere y no hace otra cosa que contar sus experiencias y asesorar, orientar ante situaciones que son tan comunes, que las pasamos por alto y no vemos las soluciones que tan sencillas parecen ser.

Es por esto por lo que, estimado lector, tiene en sus manos este gran pequeño libro que sé que no pretende realizar grandes alardes ni presentar grandes soluciones psicológicas ante los problemas de hastío y de negación de valores que esta sociedad presenta, sino más bien servir de pequeño punto de partida para que la reflexión pueda ser el principio desde el que iniciar nuestra conciencia en temas que a todos, de una u otra manera, nos toca o nos tocará vivir.

Este libro reúne modos de mejora y acciones concretas de probada experiencia. Sencillez, precisión y toneladas de sentido común para tomar el pulso de padres, adolescentes y niños, de la persona individual como adulto, y es tan variopinto en los temas que trata, que, aunque brevemente y sin grandes extensiones de texto, sobrevuela por las realidades que se viven en las parcelas que relata.

Lo leerán rápido, pero lo interesante es parar y ver cómo nos dice las cosas de forma tan sencilla y para que se nos “inculque” como parcela que reconozcamos que necesitamos trabajar, aún no considerándose, yo no lo hago, un libro de autoayuda. Espero que “DE LA CRISIS A LA ACEPTACIÓN…” les resulte ameno y les llene de preguntas para que les sirvan de acción en la búsqueda de sus respuestas con más profundidad, en otras fuentes. Es un libro para la reflexión y nunca va a sustituir la presencia de un profesional al que acudamos cuando nuestra vida se esté poniendo un poco espinosa y no podamos servirnos de nuestros recursos propios, pero estoy convencida de que algún párrafo, algún capítulo, alguna frase contenida en esta obra, puede ayudarnos a iniciar un camino distinto, una alternativa diferente al pensamiento que de una forma negativa nos agreda."
Cruz Cánovas Fernández
Psicóloga. Unidad de Primeros Auxilios Psicológicos.
Emergencista.


jueves, 29 de octubre de 2015

martes, 20 de octubre de 2015

Entrevista a Juan José López Nicolás

Estimados blogueros y seguidores, os dejo en el enlace siguiente una entrevista realizada por el diario Murcia Crítica. Espero que os guste. Un saludo a todos y gracias por vuestros testimonios, mensajes y comentarios. Un saludo

http://www.murcia-critica.es/index.php?option=com_content&view=article&id=36543:entrevista-a-juan-jose-lopez-nicolas-terapeuta-familiar-de-la-crisis-a-la-aceptacion&catid=64:murcia-actualidad


miércoles, 14 de octubre de 2015

Promoción del Libro " De la crisis a la aceptación". Presentación oficial

BOOKTRAILER DE PROMOCIÓN



Tuvo lugar el día 7 de octubre, en el Real Casino de la ciudad de Murcia



Fue presentado por Encarna Recio, poetisa y rapsoda, Juan Tomás Frutos, escritor, periodista y profesor de la Universidad de Murcia, Verónica López García, Directora General de Familia y Políticas Sociales y Cruz Cánovas Fernández, Psicóloga y escritora del prólogo del libro presentado.











PUNTOS DE VENTA

LIBRERÍA GALILEO, en calle Magdalena s/n, una travesía de la calle Sta. Teresa. Murcia
LIBRERIA RAMON JIMENEZ, la conocida como la de los soportales de la Catedral. Murcia
LIBRERIA JOSE Mª CARBONELL ARIAS. (KIOSKO CAMPUS) Campus de Espinardo. Murcia

miércoles, 23 de septiembre de 2015

miércoles, 16 de septiembre de 2015

LIBRO De la Crisis a la aceptación

Estimados compañeros y seguidores del blog: os comunico que he publicado un libro que ya está a vuestra disposición: " De la Crisis a la Aceptación", con la editorial Círculo Rojo. Espero que sea de vuestro interés porque pretende dejar claras algunos aspectos básicos para obtener el equilibrio en nuestras relaciones y con nosotros mismos.

Humildemente quiero colaborar y si una frase, una idea de este libro puede sumirnos en la reflexión para cambiar nuestro camino hacia el amor propio y de pareja, el perdón, la coherencia en las relaciones, etc., me daré por satisfecho. He puesto toda la ilusión del mundo en él. Un saludo a todos y gracias por seguirme desde tan cerca y desde tan lejos.

En breve se presentará en sociedad y os lo comunicaré.



lunes, 29 de junio de 2015

Orientaciones para el verano en familia

La llegada de las vacaciones de verano supone siempre un alivio para toda persona que, bien por su trabajo o por sus estudios,  ha tenido un curso agitado. Sin embargo aquellos que parecen siempre esperarlo con mayor ilusión son los alumnos, aquellos que se encuentran en periodo escolar. Pero para muchas familias compatibilizar todo esto supone en ocasiones una fuente de estrés importante que le puede llevar a la dejación de sus responsabilidades o a crear un ambiente donde reine la negatividad.

En la mayoría de las ocasiones supone para los padres un difícil ajuste el que sus hijos estén la mayor parte del tiempo de vacaciones mientras ellos siguen sus trabajos, y por supuesto, tanto para los padres como para la misma pareja, compartir un mayor tiempo juntos no siempre es fácil. Si partimos de la base de que es dentro del seno de la familia donde un hijo puede encontrar todas las energías necesarias para su formación y crecimiento, es básico que los padres aúnen sus esfuerzos para hacer también de las vacaciones de verano un espacio en donde se procure tal fin.

Para ello hay que tener en cuenta una serie de consideraciones básicas antes de ponernos a hacer planes, pues, como siempre, la variedad es enorme y si no ajustamos nuestras decisiones conforme a nuestros criterios puede que nos equivoquemos. Partimos de la base de que el verano se puede vivir en familia, ya que esto favorece seguir fomentando los vínculos, y de esa forma prevenir que se convierta en un tiempo de dispersión, “cada cual por su lado”.
Hay que intentar que haya momentos para compartir todos juntos. Algo muy importante para los padres es tener en cuenta que durante las vacaciones de verano se sigue manteniendo la función educadora, que podrán hacerlo de otra manera, pero en la misma línea que han seguido durante el curso: fomentando la responsabilidad, la autonomía, el respeto por los límites o normas así como procurar el empleo de algunas rutinas que colaboren con todo ello.

Es esencial también considerar en qué momento evolutivo se encuentra la familia, ya que no es lo mismo que haya niños pequeños, adolescentes o jóvenes. De acuerdo a esto tenemos que ver que cada uno pueda tener su espacio para seguir desarrollando sus habilidades, momentos de ocio y diversión. También es importante que la familia no se cierre con el exterior, pueden estar en contacto con otras familias con hijos de similares edades, o con amistades propias, de manera que se favorezcan las relaciones sociales con sus iguales, pues es importante que se estimule a los hijos para relacionarse competentemente con el entorno físico y social.

Sería bueno que durante el verano los hijos dediquen un tiempo para realizar algún tipo de tareas escolares, bien de repaso o para potenciarlas más como es el caso de los idiomas, siempre que se vea como un suplemento al curso escolar y no como una continuidad de él, pues si algo es necesario para todos es el descanso. El verano es un tiempo propicio para ello y los padres tienen también que valorarlo y respetarlo, conjugando que los ritmos se propongan menos acelerados y que no se llenen a los chicos con multitud de actividades, en las cuales no haya un hilo conductor o no se sepa que finalidad alcanzan. Y es que la base de la educación no radica en que los hijos hagan muchas cosas (activismo pedagógico).

Si los padres implican a los hijos en una actividad tienen que reflexionar sobre ello y si es él quien lo pide también será necesario la implicación parental. Estas actividades de las que hablamos tienen que ir ligadas a sus gustos y aficiones favoritas. Es importante que los propios padres hablen con sus hijos de las actividades que les gustaría hacer durante el verano. Averiguar qué desean aprender, ver o hacer. Con esta información los padres pueden presentar distintas opciones a sus hijos. Ante todo es imprescindible que se les estimule de cara al exterior, evitar su aburrimiento o que empleen su mayor parte del tiempo siendo personas pasivas delante de un televisor o un videojuego.

Desde luego la actitud ante el verano puede transformarse si los padres ponen su empeño en convertirlo en un tiempo interesante, novedoso y alegre, favoreciendo todo aquello que no han podido hacer durante el curso, como por ejemplo participar en  los juegos, adecuados a su edad, así como visitas o excursiones que favorezcan, como decíamos al principio, un verano en familia.


Mª Del Carmen González Rivas

viernes, 12 de junio de 2015

Huir de la “realidad” para encontrarnos…mejor

Corremos, nos falta tiempo, hemos de conseguirlo, es nuestro objetivo, me falta tiempo y quiero hacer lo que quiero pero debo hacer lo que hago. Vamos corriendo, persiguiendo… ¿qué?...No lo sabemos, pero queremos algo que aquel hace y hay que ver que bien le va, claro, pero él puede…tiene tiempo.

Estamos “pillados” por esta sociedad, más bien, por su ritmo que nos susurra silbante al oído que hay que seguir, no parar…Corre, haz más, preocúpate de aquellos a quien quieres porque sin ti están peor…¿Ves? Soy necesario…debo correr, hacer…
Sí, estamos manejados por el ritmo que nos imponen y al final el tempo, la cadencia se mete en nuestra mente y nos conduce a un abismo de necesidades que desemboca en esta entidad neurótica que se ha embebido hasta el rincón más recóndito de nuestra alma. Solo hasta que esta estalla estando en manos de un destino que no conducimos nosotros.

Ansiedad, depresión, dolor del alma, abandono. Simplemente porque cuando no sabemos qué hacer seguimos inmersos en ese juego psicótico que nos amarga; y envidiamos al que hace lo que nosotros no “podemos” hacer. Y es tan sencillo como que cuando no sepas qué hacer y te inmovilice la situación…¡¡¡¡Diviértete!!!
Baila, tómate un helado, sal, para en esa dirección y vete a la playa a tomarte una cerveza, escribe, mira, haz yoga, lee, pasea, cambia canales, disfruta de una buena comida, de una buena conversación, respira el aire del monte, enamórate, mira los ojos de tu pareja, haz el amor,  mira los milagros de la naturaleza, oye llover sin pensar que se te está mojando la ropa que tendiste, escucha la radio,…haz nada, si te apetece.
Pasamos nuestro tiempo con el tedio, la monotonía, la mente cerrada y eso ayuda a mantenernos en esa neurosis colectiva que nos come por los pies y cuando sube nos abraza, fagocitándonos sin pedir permiso alguno.

¿Dónde estás?   

Muévete y si te quieres encontrar bien, como decía mi hijo pequeño, búscate mejor, y deja de ponerte las excusas que has aprendido para no parar y no mirarte tú…únicamente tú.

La realidad es la que yo quiero vivir y la que manifiesta mis círculos beneficiosos de tiempo que me hacen vivir la vida, en momentos, en fragmentos, pero son los míos, exclusivamente míos. Y debo encontrarlos, crearlos, propiciarlos para no neurotizarme más de lo que está esta sociedad que se alimenta de aquel “soma” que decía Aldous Huxley.

Ya sabes, cuando no sepas qué hacer, ¡¡¡¡DIVIÉRTETE!!!

Juan José López Nicolás