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lunes, 29 de junio de 2015

Orientaciones para el verano en familia

La llegada de las vacaciones de verano supone siempre un alivio para toda persona que, bien por su trabajo o por sus estudios,  ha tenido un curso agitado. Sin embargo aquellos que parecen siempre esperarlo con mayor ilusión son los alumnos, aquellos que se encuentran en periodo escolar. Pero para muchas familias compatibilizar todo esto supone en ocasiones una fuente de estrés importante que le puede llevar a la dejación de sus responsabilidades o a crear un ambiente donde reine la negatividad.

En la mayoría de las ocasiones supone para los padres un difícil ajuste el que sus hijos estén la mayor parte del tiempo de vacaciones mientras ellos siguen sus trabajos, y por supuesto, tanto para los padres como para la misma pareja, compartir un mayor tiempo juntos no siempre es fácil. Si partimos de la base de que es dentro del seno de la familia donde un hijo puede encontrar todas las energías necesarias para su formación y crecimiento, es básico que los padres aúnen sus esfuerzos para hacer también de las vacaciones de verano un espacio en donde se procure tal fin.

Para ello hay que tener en cuenta una serie de consideraciones básicas antes de ponernos a hacer planes, pues, como siempre, la variedad es enorme y si no ajustamos nuestras decisiones conforme a nuestros criterios puede que nos equivoquemos. Partimos de la base de que el verano se puede vivir en familia, ya que esto favorece seguir fomentando los vínculos, y de esa forma prevenir que se convierta en un tiempo de dispersión, “cada cual por su lado”.
Hay que intentar que haya momentos para compartir todos juntos. Algo muy importante para los padres es tener en cuenta que durante las vacaciones de verano se sigue manteniendo la función educadora, que podrán hacerlo de otra manera, pero en la misma línea que han seguido durante el curso: fomentando la responsabilidad, la autonomía, el respeto por los límites o normas así como procurar el empleo de algunas rutinas que colaboren con todo ello.

Es esencial también considerar en qué momento evolutivo se encuentra la familia, ya que no es lo mismo que haya niños pequeños, adolescentes o jóvenes. De acuerdo a esto tenemos que ver que cada uno pueda tener su espacio para seguir desarrollando sus habilidades, momentos de ocio y diversión. También es importante que la familia no se cierre con el exterior, pueden estar en contacto con otras familias con hijos de similares edades, o con amistades propias, de manera que se favorezcan las relaciones sociales con sus iguales, pues es importante que se estimule a los hijos para relacionarse competentemente con el entorno físico y social.

Sería bueno que durante el verano los hijos dediquen un tiempo para realizar algún tipo de tareas escolares, bien de repaso o para potenciarlas más como es el caso de los idiomas, siempre que se vea como un suplemento al curso escolar y no como una continuidad de él, pues si algo es necesario para todos es el descanso. El verano es un tiempo propicio para ello y los padres tienen también que valorarlo y respetarlo, conjugando que los ritmos se propongan menos acelerados y que no se llenen a los chicos con multitud de actividades, en las cuales no haya un hilo conductor o no se sepa que finalidad alcanzan. Y es que la base de la educación no radica en que los hijos hagan muchas cosas (activismo pedagógico).

Si los padres implican a los hijos en una actividad tienen que reflexionar sobre ello y si es él quien lo pide también será necesario la implicación parental. Estas actividades de las que hablamos tienen que ir ligadas a sus gustos y aficiones favoritas. Es importante que los propios padres hablen con sus hijos de las actividades que les gustaría hacer durante el verano. Averiguar qué desean aprender, ver o hacer. Con esta información los padres pueden presentar distintas opciones a sus hijos. Ante todo es imprescindible que se les estimule de cara al exterior, evitar su aburrimiento o que empleen su mayor parte del tiempo siendo personas pasivas delante de un televisor o un videojuego.

Desde luego la actitud ante el verano puede transformarse si los padres ponen su empeño en convertirlo en un tiempo interesante, novedoso y alegre, favoreciendo todo aquello que no han podido hacer durante el curso, como por ejemplo participar en  los juegos, adecuados a su edad, así como visitas o excursiones que favorezcan, como decíamos al principio, un verano en familia.


Mª Del Carmen González Rivas

viernes, 12 de junio de 2015

Huir de la “realidad” para encontrarnos…mejor

Corremos, nos falta tiempo, hemos de conseguirlo, es nuestro objetivo, me falta tiempo y quiero hacer lo que quiero pero debo hacer lo que hago. Vamos corriendo, persiguiendo… ¿qué?...No lo sabemos, pero queremos algo que aquel hace y hay que ver que bien le va, claro, pero él puede…tiene tiempo.

Estamos “pillados” por esta sociedad, más bien, por su ritmo que nos susurra silbante al oído que hay que seguir, no parar…Corre, haz más, preocúpate de aquellos a quien quieres porque sin ti están peor…¿Ves? Soy necesario…debo correr, hacer…
Sí, estamos manejados por el ritmo que nos imponen y al final el tempo, la cadencia se mete en nuestra mente y nos conduce a un abismo de necesidades que desemboca en esta entidad neurótica que se ha embebido hasta el rincón más recóndito de nuestra alma. Solo hasta que esta estalla estando en manos de un destino que no conducimos nosotros.

Ansiedad, depresión, dolor del alma, abandono. Simplemente porque cuando no sabemos qué hacer seguimos inmersos en ese juego psicótico que nos amarga; y envidiamos al que hace lo que nosotros no “podemos” hacer. Y es tan sencillo como que cuando no sepas qué hacer y te inmovilice la situación…¡¡¡¡Diviértete!!!
Baila, tómate un helado, sal, para en esa dirección y vete a la playa a tomarte una cerveza, escribe, mira, haz yoga, lee, pasea, cambia canales, disfruta de una buena comida, de una buena conversación, respira el aire del monte, enamórate, mira los ojos de tu pareja, haz el amor,  mira los milagros de la naturaleza, oye llover sin pensar que se te está mojando la ropa que tendiste, escucha la radio,…haz nada, si te apetece.
Pasamos nuestro tiempo con el tedio, la monotonía, la mente cerrada y eso ayuda a mantenernos en esa neurosis colectiva que nos come por los pies y cuando sube nos abraza, fagocitándonos sin pedir permiso alguno.

¿Dónde estás?   

Muévete y si te quieres encontrar bien, como decía mi hijo pequeño, búscate mejor, y deja de ponerte las excusas que has aprendido para no parar y no mirarte tú…únicamente tú.

La realidad es la que yo quiero vivir y la que manifiesta mis círculos beneficiosos de tiempo que me hacen vivir la vida, en momentos, en fragmentos, pero son los míos, exclusivamente míos. Y debo encontrarlos, crearlos, propiciarlos para no neurotizarme más de lo que está esta sociedad que se alimenta de aquel “soma” que decía Aldous Huxley.

Ya sabes, cuando no sepas qué hacer, ¡¡¡¡DIVIÉRTETE!!!

Juan José López Nicolás


lunes, 1 de junio de 2015

¿Por qué ya no bailamos? Una propuesta para matrimonios


Para una gran mayoría nos es conocida la película Kramer contra Kramer, donde un matrimonio se plantea el divorcio y por ende se enfrentan en los juzgados por la custodia de su hijo pequeño. Hace unos años podríamos pensar que lo vivido por los personajes de esta película nos tocaba de lejos. Sin embargo a día de hoy es más frecuente de lo que quisiéramos creer. ¿Qué les pasa a las parejas que un día concreto en sus vidas se prometieron amor eterno?

Muchos matrimonios por muy diversas causas van distanciándose a lo largo del tiempo y puede que muchos alcancen la separación o el divorcio. Asímismo influenciados por una mentalidad emotivista y divorcista todo les aboca a no ver otras alternativas posibles para solucionar sus dificultades. Y es que ser fiel a esa primera promesa cuesta lo suyo a medida que la convivencia, los cambios y las cosas menos pensadas van surgiendo. En ese tiempo la pareja se olvida de cuidar un espacio para ella, ¡han dejado de bailar! Y no me refiero a que se tengan que apuntar a clases de baile o salir a bailar, pero sí que es cierto que en la mayoría de los casos las parejas se conocieron bailando, bailaban juntas, bailaban abrazados, bailaban al compás o lo intentaban poniendo todo su empeño. 

Ahora, si “bailan”, les cuesta recuperar esa sincronía; han olvidado la esencia de lo que supone los primeros encuentros, los ritmos, la melodía que pusieron a sus vidas, y muchas otras cosas que quizás les gustaba hacer antes y que ahora, o bien no se acuerdan o lo han descuidado por el camino, porque han dejado que el ritmo de la vida les domine.

Todas estas ideas me vienen a veces a la cabeza a la hora de ver en terapia a estas parejas que han dejado de bailar. ¿En qué momento sucedió esto?, ¿y qué pasó para que no se dieran cuenta? 

Es cierto que son cada vez mayores las dificultades que viven hoy en día muchos matrimonios y que se decantan por la separación o el divorcio, pero también me encuentro con muchos otros en los que son estas mismas dificultades las que les llevan a seguir superándose y "bailar" quizá de otra manera muy distinta a la que antes estaban acostumbrados.

De esta manera creo que el baile es una de las mejores metáforas para definir lo que ocurre en el transcurso de la relación de pareja, cuántos no hemos bailado y cuántos tenemos en mente a magníficos bailarines como a una Jennifer López con Richard Gere en shall we dance, o mucho mejor, a una de las parejas más famosas de todos los tiempos, Fred Astaire y Ginger Rogers, que danzaban al ritmo en perfecta sincronía.

Así es, el baile es movimiento, es ritmo, un arte que quizá todo el mundo no pueda alcanzar pero sí recuperar en la vida. Y más aún los matrimonios, pues ¿qué no es su vida si no llevar un equilibrio en su relación donde uno aporta unas cosas y el otro otras, favoreciendo esa complementariedad que ayuda a que la relación crezca? Cada miembro de la pareja en unos determinados momentos o bien se apoya y se sostiene o bien guía y levanta, aunque el peligro viene cuando uno solo se mantiene en una posición, cuando uno se cansa de bailar de la misma manera, con los mismos zapatos, o por qué no, con la misma pareja. Así uno de los miembros de la pareja claudica de sus responsabilidades y lo deja todo en manos del otro, y se va olvidando el reconocimiento mutuo.

Y es que, como ocurre con la música cuando uno baila, que hay que pararse y escuchar primeramente para saber posicionarse, así ocurre también con la pareja, ambos tienen que escuchar mucho al otro, y no darlo ya todo por sabido, reconocerse, valorarse y dedicar ese espacio en el que de nuevo comiencen poco a poco a bailar juntos. 

Por todo esto, ¿qué tal si comenzamos a bailar de nuevo? Todo es posible, lo primero es cambiar nuestras actitudes, pedir ayuda si la necesitamos, así como establecer redes de apoyo con otros matrimonios. Solo así podremos lanzarnos a la pista de baile, que suene la música y comencemos a bailar. Se va haciendo necesario que recuperemos una visión positiva del matrimonio y así retomar las palabras que tan bellamente pronunció en su día Kierkegard: “El matrimonio es y seguirá siendo el viaje de descubrimiento más importante que el hombre pueda emprender”
¡Porque tu matrimonio merece la pena, no lo descuides y apuesta por él!


Mª Del Carmen González Rivas. Psicóloga

martes, 26 de mayo de 2015

Alma Grande

No es la primera vez que sintiéndome en un “bajón emocional” y buscando qué hacer en mi vida, me encuentro, porque sigo buscando y leyendo, las soluciones que me hacen reflexionar y obtener el oxígeno para continuar el viaje vital para el que estoy llamado.
Es curioso cómo los mismos problemas y situaciones te traen las soluciones y estas no son más que las lecciones para que aprenda sobre la vida, corta y larga al mismo tiempo, recta y sinuosa, felizmente amarga y, en definitiva, la que yo mismo me quiera marcar en el microcosmos que es mío, únicamente mío.

Así andaba cuando llega a mis manos esta joya que quiero compartir porque sé que ayuda y si la trabajo con la suficiente sabiduría y calma, será el bálsamo, la medicina que me equilibrará para seguir andando por lo que me depare la aventura de la existencia. Porque sin dejar de ser yo, mi esencia, he de ser más humilde porque soy mortal y me equivoco, mucho, todos los días…y quiero aprender, ayudar…VIVIR
.
Pero quiero pedir humildemente perdón por mi precipitación, aunque no por mis ganas; por mi impaciencia, pero no por mis argumentos; por mis juicios de valor, pero no por mis objetivos ni por mis resultados. Cuando ando por una vida llena de cosas pongo mi alma en ello y eso a veces puede llegar a un exceso de vehemencia. Leed lo que yo voy a poner íntimamente junto a mis vísceras.


“Sé firme en tus actitudes y perseverante en tu ideal. Pero sé paciente, no pretendiendo que todo te llegue de inmediato.

Haz tiempo para todo y todo lo que es tuyo, vendrá a tus manos en el momento que sea apropiado.
Aprende a esperar el momento exacto para recibir los beneficios que reclamas.
Espera con paciencia que maduren los frutos para poder apreciar debidamente su dulzura. No seas esclavo del pasado y los recuerdos tristes.
No revuelvas una herida que está cicatrizada.
No rememores dolores y sufrimientos antiguos. ¡Lo que pasó, pasó!
De ahora en adelante procura construir una vida nueva, dirigida hacia lo alto y camina hacia delante, sin mirar atrás.

Haz como el sol que renace cada día, sin recordar la noche que pasó.
Sólo contempla la mente y no veas qué tan difícil es alcanzarla.
No te detengas en lo malo que has hecho; camina en lo bueno que puedes hacer.
No te culpes por lo que hiciste, más bien decídete a cambiar.
No trates que otros cambien; sé tú el responsable de tu propia vida y trata de cambiar tú.
Deja que el amor te toque y no te defiendas de él.

Vive cada día, aprovecha el pasado para bien y deja que el futuro llegue a su tiempo. No sufras por lo que viene, recuerda que cada día tiene su propio afán.
Busca a alguien con quien compartir tus luchas hacia la libertad; una persona que te entienda, que te apoye y te acompañe en ella.
Si tu felicidad y tu vida dependen de otra persona, despréndete de ella y ámala, sin pedirle nada a cambio.

Aprende a mirarte con respeto, piensa en ti como algo precioso.
Desparrama en todas partes, la alegría que hay en ti.
Que tu alegría sea contagiosa y sirva para expulsar la tristeza de todos los que te rodean. La alegría es un rayo de luz que debe permanecer siempre encendida, iluminando todos nuestros actos y sirviendo de guía a todos los que se acercan a nosotros. Trabajo es sinónimo de nobleza.
No desprecies el trabajo que te toca realizar en la vida. El trabajo ennoblece a aquellos que lo realizan con entusiasmo y amor.

Da valor a tu trabajo cumpliendolo con amor y cariño y así te valorarás a ti mismo.
Dios nos ha creado para realizar un sueño. Vivamos por él e intentemos alcanzarlo.
Pongamos la vida en ello y si nos damos cuenta que no podemos, quizás debamos hacer un alto en el camino y experimentar un cambio radical en nuestras vida. Así con otro aspecto, con otras posibilidades y con la gracia de Dios, lo haremos.
No te des por vencido, piensa que si Dios te ha dado la vida es porque tú puedes con ella. El éxito en la vida no se mide por lo que has logrado, sino por los obstáculos que has tenido que enfrentar en el camino.

Tú y sólo tú escoges la manera en la que vas a afectar el corazón de otros, y esas decisiones son de lo que se trata la vida. (GANDHI)”

jueves, 7 de mayo de 2015

Enfrentarse a una pérdida

“Si rodeamos el dolor, siempre permanecemos en él.
Si queremos superarlo, no valen atajos: DEBEMOS
ATRAVESARLO”.

Anoche mismo, hablando con una persona que "no soporta iniciar el duelo por desamor", vimos cómo se ha introducido en un ritmo que duele mucho, pero le hace estar lo más cerca posible de aquello de lo que se resiste a separarse. Hablamos y hablamos, pero su resistencia es inmensa porque no entiende que es más asequible un dolor agudo que uno que se haga totalmente crónico. No soporta sentir el dolor tan inmenso que conlleva la aceptación de una situación nueva que desgarra el alma. Y buscando sobre el tema os dejo con un pequeño artículo, espero que útil, escrito por Marta Iglesias, Licenciada en psicología, sobre el tema que nos ocupa.
Ojalá sirviera para hacer reflexionar e introducir la posibilidad de cambio para que el desarrollo sea lo más óptimo posible, en estos casos.

"Llega un momento en el camino del duelo en el que inevitablemente conectamos con el dolor de la pérdida. El desgarro de la herida empieza a sangrar y con cada gota que cae podemos conectarnos con imágenes, recuerdos, momentos, incluso ilusiones que no podrán cumplirse. Todo ello, a modo de sacudida, de tornado, de cascada, puede abrumarnos de tal manera, que a el dolor de la pérdida puede sumársele el dolor de sentirse perdido y desorientado. En este momento del duelo, nos conectamos con lo más profundo de nuestro ser. Para llegar a la esencia, con frecuencia es necesario atravesar territorios agridulces.

La memoria nos inunda con recuerdos e imágenes de la persona fallecida y ello a modo de fuente nos conecta con el dolor de la ausencia. Y este sentir cada gota hará que la fuente cese y la herida poco a poco vaya cicatrizando. Muchas personas se preguntan sobre la normalidad o no de este dolor y la respuesta, con frecuencia es “sí”. Sí, es normal que llores, que añores, que rememores….. Estando aquí, las frases como “deja de llorar”, “deja de pensar en él/ella” “no te preocupes que el tiempo lo cura”, etc. más que ayudar entorpecen el camino, porque en realidad lo que necesitamos en este momento concreto del duelo es sentir, lo que nos ayudará a fluir con la pérdida.

Entre las innumerables preguntas que podemos llegar a formularnos, hay algunas que pueden ayudarnos a tomar conciencia de la esencia de nuestro dolor y que nos ayudarán a profundizar un poco más en nuestros sentimientos y emociones: “¿Qué es lo que realmente estoy llorando? ” Muchas cosas, seguro. Pero aquí y ahora, “¿que me está mostrando está lágrima? ¿ qué me duele realmente?“

La respuesta a estas cuestiones no son fáciles, pero a veces, nuestras lágrimas son muestra de un dolor por:

• La necesidad de perdonar y la necesidad de sentirnos perdonados.
• La necesidad de agradecer todo aquello que la persona nos brindó.
• El no volver a vernos reflejados en su mirada.
• El futuro que ya no podrá vivirse.
• La pérdida de una referencia, de un acto, de un deseo.
• Todo aquello que descubrimos de nosotros mismos a través de este dolor.

¿Qué podemos hacer si nos encontramos con nuestro dolor?
Expresar. Expresar. Expresar…
Expresar nos ayuda a curar. Podemos hablar, podemos pintar, podemos bailar, podemos escribir o esculpir…. Lo importante es darse permiso para sentir y expresar aquello que está pasando en ti. Ello te ayudará poco a poco a atravesar la conexión para lograr la integración. Puedes utilizar técnicas de expresión abierta, como sería la participación en grupos de apoyo, o conversaciones con tus personas más allegadas. En el caso de que el entorno no permita la expresión, o en los casos de duelo desautorizado, puedes utilizar técnicas más íntimas como un diario de escritura, o la pintura, por ejemplo, como medios de expresión. También puedes utilizar el diálogo simbólico con la persona fallecida. En todos los casos, el acompañamiento terapéutico ya sea presencialmente o de manera online, puede serte de mucha utilidad para expresar y compartir aquello que sientes, sabiendo además que el profesional especializado en duelo te facilitará herramientas o preguntas fuerza que te guiarán en el proceso.

¿Y si no puedo conectar con ese dolor?
Cuando hay un bloqueo emocional de alguna índole, la conexión con la emoción puede verse entorpecido. Puede ser que en la relación hubieran aspectos que no estaban resueltos, o dichos, revelados o perdonados. Y al dolor de la pérdida se le añade un triple dolor: el dolor de la pérdida, el dolor del recuerdo y el dolor, en muchas ocasiones, del trauma. Destapar estos aspectos pueden generar una serie de incomodidades que a nivel inconsciente se prefieran dejar en la sombra de la existencia. Pero la sombra querrá ver la luz y en algún punto, en algún momento, otro acontecimiento en nuestra vida puede destapar la vivencia de todos los recuerdos acumulados y no expresados. Llegado el caso, puede ser necesario el acompañamiento por parte de personal especializado que pueda orientarnos en la conexión y sanación.

jueves, 26 de marzo de 2015

Esperanza vs. desesperanza

Quiero, como acto de voluntad consciente, vivir con la esperanza debida que mueva las energías para conseguir los objetivos que me trae en brazos la vida. Depende de mí, sí, en gran medida aunque a veces sentimos que son los demás los que se "cargan" todas nuestras metas, ¡vaya error!

Quiero pensar en la esperanza, no en la desesperanza y me gustaría colaborar con un artículo, creo que suficientemente bueno, para que me quite la máscara y la ceguera de que si no consigo algo es porque me anclo en lo negativo, en el estrés, en la desesperanza, en darme golpes de pecho de que "hay que ver todo lo que trabajo y nada sale..." ¡¡¡Que mentirosillo! Pero hasta me lo creo...Aquí os dejo con algo que a mí me sirve, por lo que pienso que puede servir a alguien para efectuar la gran aventura de iniciar "el cambio" hacia alguna parte, por lo menos diferente hacia donde me dirijo y no tengo recompensas.

Hay a quien le parecerá largo y dirá: -"jo, si fuera más corto, lo leería"- o eso otro de: -" ¡Que manera de perder el tiempo con tanta lectura."-
Pero algo debe tener bueno cuando os lo ofrezco. Pensad, si es que podéis y vuestra mente os deja...porque algo de más hace aquel que consigue algo que el otro no logra...

"La desesperanza: estar quemado por la vida"

El sufrimiento, el dolor y la limitación pueden encontrar gran alivio ante un rostro o palabra comprensiva o ante un comportamiento espontáneo y oportuno que inspire aliento y una nueva y más grandiosa posibilidad de vida.
La esperanza nos desvía del pensamiento establecido o mecánico, nos abre un nuevo mapa ante los ojos, nos inspira con dulzura a explorar una nueva ruta que promete algo mucho más libre, gozoso y grandioso que lo que se está viviendo.

Un hombre desesperanzado es un hombre que se ha limitado en posibilidades.
La desesperanza encuentra buena casa en aquellos seres que amueblan su corazón con pensamientos que limitan y restringen su poder creativo, aquellos que consideran que la vida sólo se puede vivir de determinadas formas y que la realidad de alguna forma ”ya esta hecha”, que tiene sus limites en lo que ven y escuchan a diario, siendo estos limites barreras invisibles alrededor de si mismos las cuales los encierran entre las paredes del temor duda e incredulidad, forjándose ellos mismos en este encierro un carácter intolerante, desesperado, pesimista y agrio.

Los desesperanzados creen que no tienen poder alguno para influenciar y transformar lo que parece una realidad fría, carente, dolorosa y limitada, se han convencido que la realidad es tan terrible y limitada como intransformable, y que su existencia esta condicionada a un constante padecer de circunstancias azarosas que van y vienen en una marea realidad que alza, hunde, azota y puede ahogar con un oleaje que va y viene en direcciones y rumbos sujetos a algo incontrolable a lo que no se puede poner ni fin ni remedio, han aceptado como verdad la idea de que la realidad debe sobrevivirse y padecerse, en lugar de vivirse y crearse.

Y sin embargo, sólo sintiendo las barreras del pensamiento y entendimiento se llegará un día a sentir una profunda necesidad de alzar la cara para buscar con avidez algo distinto y nuevo, algo más dócil y dulce entre todo lo que parece plano y limitado. Quizá entonces se busque con esperanza de encontrar algo fuera de lo ordinario, y seguro entonces, si se insiste, aparecerá algo, alguien, que ofrezca nuevas posibilidades de vida, que ayude a engrandecer el entendimiento y permita que poco a poco se derribe aquello que impide crear y experimentar la vida en formas más plenas la vida.

Algunas actitudes que nos hacen perder esperanza:
• Tratarnos como objetos o máquinas productoras, y no como seres sensibles y poderosos.
• Exigirnos por encima de nuestras posibilidades.
• Creer que la vida ya esta hecha y es algo definido.
• Cuando se bloquea o interrumpe el camino de algo trascendente en aras de un falso progreso, es decir, cundo ponemos por delante definiciones poco profundas de progreso (como tener cosas materiales, status, posición, etc.), en lugar de comprender que el progreso empieza con buscar nuestra felicidad.
• Cuando buscamos placeres pasajeros que no hacen crecer algo constructivo en la vida.
• Cuando convierto la necesidad en una directora de la vida, cuando esta debe ser un motor para la creatividad.
• Dejarse llevar por ideas o verdades ajenas para vivir la vida.
• Pensar que hay algo "malo" dentro de nosotros o que somos incapaces de logra lo que más anhelamos.

La esperanza, desde la perspectiva de la física cuántica, es el cambio de perspectiva del observador. De nada nos sirve tener un nuevo platillo en el bufete si no volteamos y lo vemos, o si no viene alguien y nos invita a probarlo. La esperanza es aquello que nos antoja a vivir y probar lo que no conocemos y no hemos experimentado, y promete ser algo exquisito.
Aunque la esperanza puede jugar un papel muy importante en la transformación de la calidad y realización de la vida un ser humano, no cabe duda que todo sigue dependiendo de uno, porque no siempre basta con inspirarse con una nueva vida, hay que atreverse a probar y experimentar lo nuevo, atreverse a dejar atrás lo innecesario o lo que ya no nos puede acompañar, empezar por crearse un sentimiento de aventura y exploración que pueda ayudarnos a ir venciendo las confusiones e interrogantes de la vida, teniendo en cuenta a cada paso que la vida termina donde lo hace el universo.

Hay tantas cosas por hacer y descubrir en este hermoso planeta como hay estrellas en el cielo, pero para llevarse a los tesoros que hay en este infinito hay que empezar por aprender a fluir a partir de esa fuerza inquieta dentro del corazón, basta que uno se rinda un poco a querer tener la razón, a querer controlar y manipular todo a un mismo criterio y deje de querer pelear y luchar contra las condiciones para que entonces surja poco a poco un sentimiento de ánimo y aventura por experimentar lo que no se conoce: Si el juicio se deja a un lado, si dejamos de querer tener a todos contentos antes que a nosotros, entonces puede empezar a florecer esta guía interior, la cual invita a crear y realizar una nueva vida.

Muchas veces sentimos que queremos hacer cosas, tenemos planes y sueños, pero los dejamos a un lado porque no creemos que puedan fructificar en un mundo así, y entonces cambiamos lo esencial por seguir ajustándonos a una rutina de vida que nos mantiene sobreviviendo dentro de sus exigencias.
Perdemos esperanza solamente cuando perdemos motivos para realizar lo que más felices nos hace.

Seguir algo que nos apasione quizá sea la acción responsable más grandiosa de todo ser humano, porque solo realizando lo que realmente queremos sentiremos ánimos por vivir. Puede que el sueño represente un gran desafío, y que se requieran muchas cosas para llevarlo a cabo lo que anhelamos, y esto podría hacernos perder esperanza. Sin embargo, la esperanza llega cuando sabemos que todo puede ser posible cuando un ser humano se decide a llevarlo a cabo.

Y mientras realizamos lo que anhelamos puede que el mundo siga siendo el mismo, con sus carencias limitaciones y dolor, pero para nosotros ya no será el mismo, porque hay algo dentro que esta creciendo y aprendiendo a descubrir la grandeza y el cielo de la vida, la esperanza de ver en el mundo lo que más amamos es el mejor ángel que nos puede suceder.

"La esperanza es el sueño del hombre despierto."Aristóteles
"Sin esperanza no hay razón para vivir."

• "En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente." Khalil Gibran

• "El hombre es una criatura de esperanza e inventiva y ambas cualidades desmienten la idea de que no es posible cambiar las cosas." Tom Clancy

En los últimos años, numerosas investigaciones han mostrado que la forma en que "interpretamos" los sucesos negativos influye en la aparición de problemas emocionales, tales como la ansiedad y la depresión. La desesperanza es un estilo atribucional que consiste en una tendencia a hacer inferencias negativas sobre las causas, consecuencias e implicaciones para la propia persona que tienen los sucesos vitales negativos. En este sentido, la desesperanza se ha considerado un importante factor de vulnerabilidad para cierto tipo de depresión y para el pensamiento de suicidio.

El estilo atribucional propio de la desesperanza se caracteriza por una tendencia a explicar los sucesos negativos a partir de causas internas, estables y globales, así como a presentir consecuencias negativas y concluir que, si dichos sucesos negativos han tenido lugar, eso significa que algo falla en uno mismo. Esto es, las personas con este estilo hacen una interpretación "fatalista" de los problemas que les ocurren, pensando que "no tienen solución", que "no hay nada que puedan hacer para mejorar la situación" y que las consecuencias "son inevitables, permanentes y que afectarán a todos los ámbitos de la vida". Además, se "echan la culpa" de lo que les sucede y piensan que les "seguirá pasando en el futuro".

La Teoría de la Desesperanza de la Depresión propone que el estilo atribucional descrito actúa como factor de vulnerabilidad al interactuar con acontecimientos estresantes. De esta manera, cuando un adolescente experimenta circunstancias vitales adversas, tales como un suspenso o un rechazo por parte del grupo, interpretará causas y consecuencias muy negativas para dichas circunstancias, poniéndose en riesgo de desarrollar depresión. Además, el modelo establece que el riesgo es sobre todo para un tipo de depresión denominada Depresión por Desesperanza, que incluye síntomas tales como baja autoestima, falta de energía, tristeza, etc.
Este modelo de la desesperanza permite explicar el aumento de prevalencia de depresión en la adolescencia, ya que algunas de las características claves de esta teoría, tales como la vulnerabilidad cognitiva y los sucesos estresantes, experimentan un considerable aumento en esta etapa evolutiva.
Así mismo, se ha propuesto que el estilo atribucional de la desesperanza podría ser útil para entender el hecho de que las mujeres muestren un mayor número de síntomas depresivos que los hombres, ya que las mujeres tienden a mostrar en mayor medida dicho estilo cognitivo y, por tanto, serían más vulnerables ante ciertas circunstancias estresantes (Hankin y Abramson, 2001).

La teoría de la Desesperanza de la Depresión ha generado muchas investigaciones a nivel internacional, con resultados muy variados. Algunas de las limitaciones que han obstaculizado estos estudios se refieren a la necesidad de contar con instrumentos de medida adecuados para evaluar el estilo cognitivo de desesperanza. En el estudio publicado en Ansiedad y Estrés, en el que han participado casi 1.000 adolescentes, se ha adaptado con buenas propiedades psicométricas un test para evaluar el estilo atribucional (Cuestionario de Estilo Atribucional para Adolescentes). Los resultados muestran que la desesperanza y los acontecimientos estresantes se asocian significativamente a la depresión y que las chicas muestran más síntomas de depresión, particularmente aquellos más consistentes con el modelo de la desesperanza.

Además, el estudio sugiere que la vulnerabilidad cognitiva al estrés se da particularmente entre las chicas. Por un lado, las chicas muestran una mayor tendencia al estilo atribucional de desesperanza, ya que atribuyen en mayor medida los acontecimientos negativos a causas globales; y perciben un mayor número de consecuencias negativas para sí mismas y el futuro. Por otro lado, si bien el estilo de desesperanza se asocia a más síntomas de depresión tanto en chicos como en chicas, es solamente en estas últimas en quienes actúa como factor de vulnerabilidad, haciendo que el impacto de los estresores en los síntomas depresivos sea mayor entre las chicas caracterizadas por este estilo cognitivo.

Los resultados de esta investigación contribuyen a conocer mejor la etiología de la depresión, especialmente el trastorno del estado del ánimo vinculado a la desesperanza, así como las diferencias de género en la prevalencia de esta patología. Las conclusiones a las que se llega tienen aplicación en la práctica clínica, tanto en el ámbito de la prevención como del tratamiento. En concreto, las estrategias de reestructuración cognitiva dirigidas a modificar los estilos atribucionales negativos que los adolescentes aplican cuando se enfrentan a acontecimientos estresantes pueden ser de gran valor en este contexto.

El modelo de la desesperanza, como otras teorías de vulnerabilidad al estrés, nos lleva a reflexionar sobre el papel de nuestros pensamientos como elemento que matiza el impacto de los acontecimientos negativos en nuestro bienestar emocional, y sobre la necesidad de educar y fomentar el desarrollo de estilos cognitivos saludables entre los adolescentes.

martes, 25 de noviembre de 2014

8 consejos antes de terminar una relación de pareja

Seguro que a alguien puede ayudar este artículo de Walter Riso, encaminado a hacer reflexionar antes de tomar decisiones precipitadas.
Nada es bueno, ningún artículo, ni libro, ni vida, son auténticos si no entrañan y conllevan un aprendizaje en su desarrollo. Reflexionemos y apliquemos todo aquello que realmente nos sirva porque no a todos les vale lo mismo ni se aprende al mismo ritmo ni con las mismas cosas.

“Los finales no son fáciles. Por más que lo intentemos, dar por terminada una relación de pareja suele ser muy complicado. Sin embargo, siempre será mejor un final sincero que una relación de mentiras. En ocasiones, aunque nos cueste y alguien salga con el corazón herido, es necesario decir adiós.

1. Piensa muy bien las cosas: ¿Estás seguro/a de que deseas terminar? ¿No será un simple arrebato motivado por ciertas circunstancias? Recuerda que no hay marcha atrás.

2. Mide muy bien tus palabras. A veces queremos decir algo y nos entienden otra cosa totalmente diferente. Por eso, es importante que te pongas en el lugar del otro para elegir tus palabras, no dar lugar a dudas y no lastimar más de la cuenta.

3. ¡Sinceridad ante todo! La gente usa frases como “no eres tú, soy yo” o busca en Internet la lista de “excusas para terminar”… ¡No uses palabras prestadas! Habla desde el corazón, di lo que sientes, di la verdad; ése será un gesto que siempre será agradecido.

4. No des falsas ilusiones. Si piensas que la relación debe cortarse definitivamente, no intentes aminorar el golpe dejando la puerta abierta o dando a pensar que se puede regresar en un futuro: di no con decisión y respeto.

5. Elige un lugar y momento adecuado. No es recomendable que termines tu relación en un lugar público. Tampoco permitas las interrupciones. Lo que debes decir es serio, y por lo tanto necesitas tener privacidad, tiempo y tranquilidad.

6. No huyas de la situación. No es bueno que digas: “quiero terminar esta relación” y te vayas de inmediato. Date tiempo de escuchar, porque así como tú pudiste expresarte, él o ella también tiene derecho a hacerlo.

7. Asume que habrá heridas. Ten en cuenta que por más que intentes ser delicado/a, tu pareja siempre saldrá herida de la ruptura. Así que lo mejor sería que avises a alguien de confianza para que pueda cuidar de él durante los momentos posteriores a la ruptura.

8. Ten corazón. Por último, te recomiendo que trates a la que fue tu pareja como te gustaría que te tratasen a ti en un momento de esos, pero no olvides que quien tienes en frente soñó un futuro a tu lado y lo mínimo que debes brindarle es sinceridad, honestidad, consideración y respeto."

lunes, 11 de agosto de 2014

Los 10 tipos de relaciones tóxicas, según Walter Riso.

Las relaciones tóxicas son un gran problema, ¿quién no tiene un familiar o un amigo que está totalmente inmerso en una relación que ni le conviene ni le hace feliz y a la que todos veis poco futuro? ¿El problema?, que la otra persona no lo ve y no hay manera de hacérselo ver. Esto es muy frecuente y de hecho es probable que nos pase a nosotros mismos, son estas relaciones de las que al salir decirnos: ¡Menos mal que al final salí y lo he superado! (cosa que solo se suele ver una vez fuera). Paradójicamente las relaciones tóxicas son las relaciones de las que más cuesta salir y que más enganchados nos dejan.

En parte puede que la sociedad tenga la culpa de esto, a pesar de todos los conocimientos que se nos inculcan, poco es el aprendizaje que circula sobre relaciones, manejo emocional y cómo evitar verse atrapado en las garras de gente tóxica, frecuentemente este aprendizaje es por ensayo y error, una vez ya hemos caído. Lo cual no es muy alentador. A esto contribuyen también las revistas, las películas románticas, etc., que enfatizan la posibilidad de enamorarte de alguien que no conoces, y vuelven románticas cosas que en realidad no lo son, ideales no reales, con unas líneas muy finas entre, por ejemplo, un acoso y un admirador, sobre el dejarlo todo por una persona (perdiendo la independencia incluso), sobre saber que la persona es la ideal nada más verla pasar por el parque (esto puede ser algo obsesivo), etc… Al final cuando algo de esto nos sucede fácilmente sabemos girar la tortilla para verlo como algo positivo aunque en realidad no lo es.

¿Qué es una relación tóxica?
Son relaciones en las que quedamos atrapados por una especie de red negativa, no solo se refiere a relaciones amorosas sino que pueden ser relaciones de amistad o familiares.

Las relaciones tóxicas son aquellas que nos hacen sentir mal, cambiar de formas que no nos gustan, nos alteran de maneras que no podemos controlar o destruyen quienes somos. Son relaciones que nos hacen infelices. Y además de las que es muy difícil salir.
Típicamente son relaciones en las que una persona es dominante, o sumisa, o hay problemas de comunicación, manipulación, mentiras o chantajes. Son relaciones en las que una o ambas partes sufren pero a las que no sabemos poner fin.

Los 10 tipos de relaciones tóxicas a evitar:

Esta lista enumera las conductas características de relaciones a la larga tóxicas, si estás en una relación como las de abajo (puede que aparezcan una o más de una), procura corregirla o si no acabarás en una relación tóxica.

1. LAS RELACIONES EN LAS QUE SÓLO ESTÁ A CARGO UNA PERSONA: Si sólo una persona ejecuta (lleva) la relación, la relación no es sana y no prosperará adecuadamente. A veces es fácil involucrarnos con una persona que tome el control de las cosas, puede parecer fácil y cómodo que cojan las riendas de nuestra vida, puede que notemos menos presión así. El problema es que esto no es opcional, es decir, si tú le das las riendas de tu vida a otra persona, lo más probable es que pierdas el derecho a opinar sobre qué hace con ellas. Cuando quieras recuperar el control será muy difícil y la relación empeorará. En estos casos la persona pierde autonomía, independencia, autoestima y autoconfianza. Nunca debes sentirte sin poder o atrapado/a en una relación, eso en realidad no es una relación. Las relaciones implican libertad e igualdad de responsabilidades para ambas personas, cooperación entre las dos personas implicadas. La relación será tan fuerte como sean los dos individuos por separado dentro de la relación. Habrá más crecimiento personal para los dos. Intentar controlar a alguien o que te controlen no lleva a ningún lado (excepto al sufrimiento a muy corto plazo)

2. LAS RELACIONES QUE TIENEN LA FUNCIÓN DE “COMPLETARTE” O “LLENARTE”:Por mucho que en las películas nos inculquen que cuando encontremos a “LA” persona esta nos llenará, nos sacará de la miseria y el aburrimiento y nuestra vida cambiará y será maravillosa, nos elevará a un estado de plenitud y felicidad. Lo cierto es que esto es algo que debemos conseguir por nosotros mismos y llevarlo luego a la relación. Una relación no debe servir o utilizarse para suplir carencias personales, esto hace que luego seamos dependientes y no recorramos el camino de crecimiento personal, no evolucionemos y mejoremos como personas por nosotros mismos, y queramos o no, es una responsabilidad y un peso muy grandes para la relación y la otra persona (si estamos mal es culpa de la otra persona y esperamos que ella lo solucione). Suelen ser relaciones en las que luego no se toleran separaciones temporales ni estar solos. No es la responsabilidad de nuestra pareja rellenar esos vacíos existenciales, es un trabajo personal de cada uno. Si no estás bien contigo mismo eso se verá reflejado negativamente en la relación. Uno debe crear su propia felicidad antes de poder compartirla con otros.

3. RELACIONES CO-DEPENDIENTES: Este tipo de relación es algo similar a la del punto 1, pero aquí son ambas personas las que son pasivas y dependientes, perdiendo su individualidad, no es el caso de una dominante y otra más sumisa. Aquí ambas personas necesitan de la aprobación del otro para llevar a cabo cualquier acción, priorizan las necesidades del otro sobre las propias. La otra persona siempre es la responsable de cómo nos sentimos, todo pasa por ella. Nos diluimos con la otra persona y la relación se vuelve adictiva. Si el otro se encuentra mal de repente nuestras necesidades personales desparecen y sólo pensamos en hacerla sentir bien. ¿El mayor problema? Suelen llevar a una acumulación de resentimiento, aunque hayamos sido nosotros quienes hayamos decidido valorar las necesidades del otro por encima de las nuestras..., luego eso quema. La vida se convierte en mirar por el bienestar de la otra persona las 24 horas del día. Ambos miembros de la pareja deberían responsabilizarse de sus propias emociones y saber regularlas sin la ayuda del otro. Una cosa es ser de apoyo para otra persona y otra es estar obligado a todas horas. En este tipo de relaciones uno se siente obligado a estar cuidando a la otra persona y pasar todo por ella.

4. RELACIONES BASADAS EN EXPECTATIVAS IRREALES O IDEALIZADAS: La perfección no existe, si amamos a alguien debe ser con sus “defectos” y con sus mas y sus menos. No es sano intentar “arreglar” a las personas o cambiarlas. De hecho cuanto menos esperes de alguien que amas más feliz serás. Las expectativas pueden ser muy traicioneras. Nadie actuará siempre como nosotros esperamos, no son nosotros y por lo tanto vivirán y actuaran a su manera. Vivir una relación por el “cómo debería ser” y no como es, lleva a frustración, sufrimiento y tristeza. No debemos tener expectativas grandiosas e irreales ni tampoco pensar que la otra persona puede cambiar (ni intentar hacerlo) para “mejorar” la relación.

5. RELACIONES EN LAS QUE EL PASADO SE UTILIZA PARA JUSTIFICAR EL PRESENTE(o tener la razón): Si estás en una relación en la que continuamente se te culpa por el pasado, la relación es tóxica. Si ambos lo hacen la relación se convierte en una batalla por ver quien la “cagó” más y por lo tanto quien debe disculparse. Cuando utilizas lo que ha hecho mal la otra persona en el pasado para justificar tu conducta en el presente lo que estamos haciendo es utilizar la culpa y el resentimiento para manipular a la otra persona (para que se sienta mal en el presente), aparte de perder de vista el problema actual. Al final la relación se convierte en un constante esfuerzo por ambas personas para probar que son “menos culpables” o menos “malos” que el otro, en lugar de intentar ambos ser mejores para el otro. Debes aceptar que para estar con alguien tienes que aceptar sus errores y su pasado. Si algo nos afectó tanto en el pasado, entonces ese era el momento para trabajarlo, no ahora. El pasado, pasado es, y pasado debe ser.

6. LAS RELACIONES BASADAS EN MENTIRAS CONTINUAS: En las relaciones una omisión es como una mentira, las relaciones se basan en la confianza, abrirse a la otra persona y conocerse mutuamente. Ocultar información relevante sólo debilitará la relación. Es cierto que se puede reparar la falta de confianza pero esto es muy difícil y requerirá del esfuerzo de ambas partes. De todas formas, al final la verdad siempre se sabe. La persona nos mentirá hasta que consiga que esa mentira se convierta en nuestra realidad, no debemos entrar al juego; si descubres una mentira, confróntala. Las personas que mienten suelen repetir las mentirás hasta que consiguen hacerlas realidad, no participes en esto. Para poder reparar una falta de confianza primero hay que poder reconocer la mentira. El perdón y la reconciliación no ocurrirán hasta que se admita la mentira.

7. RELACIONES EN LAS QUE EL PERDÓN NO TIENE CABIDA Y EN LAS QUE NO HAY INTENCIÓN DE REPARAR LA CONFIANZA: Esta está en relación con el punto anterior. La confianza se puede reparar, pero mantenerse en una relación en la que no hay intención de repararla no tiene sentido. En casi cualquier relación a largo plazo habrá un problema de confianza o alguna mentira en algún momento, no entender que esta se puede reparar si ambas personas trabajan duramente en su propio crecimiento persona aplicando luego este a la relación convertirá la relación en una relación tóxica para ambos.

8. RELACIONES EN LAS QUE LA COMUNICACIÓN ES PASIVO-AGRESIVA: Por ejemplo cuando en lugar de comunicar abiertamente como nos sentimos jugamos con indirectas, o cuando la comunicación es hostil e intenta manipular como se siente la otra persona. Hacer cosas sutiles para molestar a la otra persona hasta que nos presta la atención que queremos. Las relaciones se basan en una comunicación abierta y sincera, si la otra persona en la relación nos juzga o crítica cuando nos abrimos puede que nos volquemos en actitudes pasivo agresivas. Puede que la otra persona no esté de acuerdo en lo que piensas pero en las relaciones fuertes se alcanza un compromiso, la otra persona accede a apoyarnos sin necesariamente tener que estar de acuerdo obligadamente a pensar igual que nosotros.

9. RELACIONES GOBERNADAS POR EL CHANTAJE EMOCIONAL: Esto se refiere a aplicar un castigo emocional cuando la otra persona no hace exactamente lo que queremos. Al final la otra persona accede a comportarse de otra manera a causa del chantaje. Se soluciona como en el punto anterior con una mejor comunicación. Los sentimientos y emociones se pueden comunicar pero de una manera sana y sincera sin atacar a la otra.

10. RELACIONES QUE QUEDAN EN UN SEGUNDO PLANO: Las relaciones requieren que se les dedique tiempo y esfuerzo, si no se las cuida se marchitan. Es importante dedicar tiempo de calidad a la relación, compartir actividades solo con la otra persona que os enriquezcan como pareja. La otra persona (y la relación) requieren de tu presencia, atención y tiempo.

Si evitas todo lo anterior, ¡evitarás tener una relación tóxica y estarás en una mucho más feliz y sana!

lunes, 19 de mayo de 2014

Cruzando la frontera de la cordura

En un blog interesantísimo (http://enrelaciones.wordpress.com ), relacionado con nuestra colega, Graciela Large de la Hoz, Coaching e Inteligencia Emocional y Experta en Comunicación, Formadora y Periodista, he leído un artículo crucial para la reflexión de ciertos aspectos de las relaciones, pero sobre todo para la introspección que nos haga sopesar el por qué de nuestras elecciones personales y qué nos lleva a ellas.

Os dejo con él y si os interesa, luego me comentáis qué os parece y a dónde os lleva.

“Este artículo surge al querer indagar en dos preguntas: ¿qué lleva a una persona a obsesionarse hasta matar lo que dice que ama? ¿Qué lleva a hombres y mujeres a elegir una y otra vez relaciones donde pierden su valoración personal?

Quien se obsesiona se deprime. Y viceversa. Con ambas se crea una línea invisible muy frágil que cuando se cruza da lugar a actos que no conducen a ninguna parte. Cuando la persona se polariza se desborda emocionalmente. Y en ese estado vivir en violencia social o autoagredirse es un paso que dan millones de personas en el mundo.

La obsesión tiene como trampa que jamás se consigue aquello a lo que le damos vueltas y más vueltas, y la depresión es una herida sangrante de impotencia. En ambos casos la persona ni se conoce, ni se ama. Está desconectada de su verdadero propósito y convierte a una persona, una situación, o un logro en una búsqueda imposible. Su esperanza está en que algo pase, y eso que quiere en realidad nunca sucede. Y si pareciera que ocurre, en algún momento el desencanto sucede a la exaltación inicial.

Es más, si la mente cree en la venganza, de que es injusto lo que pasa, la reacción de ataque estará justificada para la persona. Si se siente fuerte agrede, si se percibe débil se castiga. Se actúa desde una perspectiva distorsionada de sí mismo.

Hay escondida una petición de ayuda que sólo puede comprender y resolver quien lo experimenta. Obsesión y depresión se convierten en un verdadero dramón emocional cuando se vincula al logro del amor de una persona, o a una valoración de reconocimiento por cualidades que crees tener en el trabajo.

Cuando la persona se ha vencido a sí misma en la repetición de experiencias frustradas, eso pesa, y mucho más si no hay un hábito de reflexión o introspección donde veamos lo que sucede como una experiencia de aprendizaje. Tengamos presente la paradoja que se esconde detrás de la obsesión y de la depresión: quien elige, aunque su intención sea superar una creencia limitadora de sí mismo, no acierta.

Más pronto que tarde confirma el dolor acumulado debido a una mirada contaminada y sesgada de sí mismo. Si es una relación de pareja se piensa entonces que lo natural es que nos den lo que pedimos, y lo sería si fueran elecciones desde la afinidad entre iguales.

Hacemos elecciones desde una convicción: me tienes que dar lo que no tengo.
La frustración de no cubrir lo que se desea termina por romper el equilibrio emocional que nos permite decirnos, yo me amo, me acepto y me valoro, y cada cual es libre de actuar como necesite. Es más, llega un momento que sólo un instante, un gesto, o una palabra de alguien basta para desencadenar todo un recuerdo acumulado que nos resiente.

Para entender la obsesión y la depresión en uno mismo hay que saber leer entre líneas en nuestros actos cotidianos. Lo que sentimos al final del día son una pista. Si hay comparación, desmotivación, queja y tristeza como colofón, día tras día, se van cuajando a lo largo de la vida estos dos estados hasta que se vuelven crónicos. Una vez asimilados a una rutina de vida si nos conocemos poco y además estamos resentidos por la necesidad de aceptación, el entorno y las relaciones se convierten en los mayores agresores de nuestra autoestima y la seguridad en uno mismo.

El recurso de quien no sabe manejar sus emociones siempre es la inconsciencia, y es una puerta que conduce primero a la obsesión y luego a la depresión. Una vez cruzado el umbral perdemos nuestra mejor cualidad que nos hace humanos: vivir con sentido y propósito. La capacidad de conectar actos, emociones y pensamientos, e ir más allá de uno mismo para comprobar que todos formamos una unidad.”


jueves, 20 de marzo de 2014

No eres tú, soy yo.

Hoy he discutido con…, me he sentido muy mal porque me he puesto a pedirle cosas, a echarle la culpa porque mi vida no estaba en donde yo quería, porque ella no hace cosas que a mí me gustaría; porque espero sentir cosas que debían ser así y mi vida no tiene sentido en situaciones y necesita un cambio que yo espero debe realizarse desde fuera; porque ella es tan importante para mí que parte de mi felicidad depende de que ella haga cosas para yo estar mejor...¡UFF!

Y estando analizando mi conducta, mis pensamientos, mi interior rechinaba diciéndome que no es este el motivo y la razón de sentirme mal. Mira por donde llega a mis manos un artículo que me vino como anillo al dedo y que está en la línea de alguno que ya escribimos en este blog, pero que en este caso me suscitó el bálsamo para dilucidar mi interior ante la vida en casos.

Este es un ensayo del Dr. Viktor Frankl (1905-1979), neurólogo, psiquiatra, fundador de la disciplina que hoy conocemos como logoterapia (psicoterapia centrada en la búsqueda de sentido), que se constituye por tres principios básicos: "La voluntad de sentido", "El sentido de la vida" y "La libertad de volición".

¿Quién te hace sufrir? ¿Quién te rompe el corazón? ¿Quién te lastima? ¿Quién te roba la felicidad o te quita la tranquilidad? ¿Quién controla tu vida?...
¿Tus padres? ¿Tu pareja? ¿Un antiguo amor? ¿Tu suegra? ¿Tu jefe?...

Podrías armar toda una lista de sospechosos o culpables.
Probablemente sea lo más fácil. De hecho sólo es cuestión de pensar un poco e ir nombrando a todas aquellas personas que no te han dado lo que te mereces, te han tratado mal o simplemente se han ido de tu vida, dejándote un profundo dolor que hasta el día de hoy no entiendes.
Pero ¿sabes? No necesitas buscar nombres. La respuesta es más sencilla de lo que parece, y es que nadie te hace sufrir, te rompe el corazón, te daña o te quita la paz. Nadie tiene la capacidad al menos que tú le permitas, le abras la puerta y le entregues el control de tu vida.

Llegar a pensar con ese nivel de conciencia puede ser un gran reto, pero no es tan complicado como parece. Se vuelve mucho más sencillo cuando comprendemos que lo que está en juego es nuestra propia felicidad. Y definitivamente el peor lugar para colocarla es en la mente del otro, en sus pensamientos, comentarios o decisiones.

Cada día estoy más convencido de que el hombre sufre no por lo que le pasa, sino por lo que interpreta. Muchas veces sufrimos por tratar de darle respuesta a preguntas que taladran nuestra mente como: ¿Por qué no me llamó? ¿No piensa buscarme? ¿Por qué no me dijo lo que yo quería escuchar? ¿Por qué hizo lo que más me molesta? ¿Por qué se me quedó viendo feo? y muchas otras que por razones de espacio voy a omitir.

No se sufre por la acción de la otra persona, sino por lo que sentimos, pensamos e interpretamos de lo que hizo, por consecuencia directa de haberle dado el control a alguien ajeno a nosotros.
Si lo quisieras ver de forma más gráfica, es como si nos estuviéramos haciendo vudú voluntariamente, clavándonos las agujas cada vez que un tercero hace o deja de hacer algo que nos incomoda.

Lo más curioso e injusto del asunto es que la gran mayoría de las personas que nos "lastimaron", siguen sus vidas como si nada hubiera pasado; algunas inclusive ni se llegan a enterar de todo el teatro que estás viviendo en tu mente.
Un claro ejemplo de la enorme dependencia que podemos llegar a tener con otra persona es cuando hace algunos años alguien me dijo:
-Necesito que Pedro me diga que me quiere aunque yo sepa que es mentira. Sólo quiero escucharlo de su boca y que me visite de vez en cuando aunque yo sé que tiene otra familia; te lo prometo que ya con eso puedo ser feliz y me conformo pero si no lo hace... siento que me muero.

¡Wow! Yo me quedé de a cuatro ¿Realmente esa será la auténtica felicidad? ¿No será un martirio constante que alguien se la pase decidiendo nuestro estado de ánimo y bienestar? Querer obligar a otra persona a sentir lo que no siente... ¿no será un calvario voluntario para nosotros? No podemos pasarnos la vida cediendo el poder a alguien más, porque terminamos dependiendo de elecciones de otros, convertidos en marionetas de sus pensamientos y acciones.

Las frases que normalmente se dicen los enamorados como: "Mi amor, me haces tan feliz", "Sin ti me muero", "No puedo pasar la vida sin ti", son completamente irreales y falsas.

No porque esté en contra del amor, al contrario, me considero una persona bastante apasionada y romántica, sino porque realmente ninguna otra persona (hasta donde yo tengo entendido) tiene la capacidad de entrar en tu mente, modificar tus procesos bioquímicos y hacerte feliz o hacer que tu corazón deje de latir.

Definitivamente nadie puede decidir por nosotros. Nadie puede obligarnos a sentir o a hacer algo que no queremos, tenemos que vivir en libertad.

No podemos estar donde no nos necesiten ni donde no quieran nuestra compañía. No podemos entregar el control de nuestra existencia, para que otros escriban nuestra historia. Tal vez tampoco podamos controlar lo que pasa, pero sí decidir cómo reaccionar e interpretar aquello que nos sucede.

La siguiente vez que pienses que alguien te lastima, te hace sufrir o controla tu vida, recuerda: No es él, no es ella...ERES TÚ quien lo permite y está en tus manos volver a recuperar el control.
Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: La última de las libertades humanas- la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino".

viernes, 7 de marzo de 2014

Rebelde con causa

Una seguidora de nuestro blog, Terapia y Familia, nos ha enviado un pequeño artículo, que no por pequeño está exento de una gran cantidad de reflexiones en cuanto a la relación Padres-hijos.

Disfrutad de estas letras porque no tienen desperdicio.

Me siento muy contenta de la rebeldía de mi hijo, Noé, de cinco años; de su continuo intento de transgredir las normas; de que ponga en tela de juicio todo lo que le digo; de sus contundentes noes; de su imaginación para crear su realidad paralela; de que no encaje en muchos de los convencionalismos tradicionales.

Me produce tranquilidad el conocer esa materia prima como ciudadano de la vida, ya que son los ingredientes básicos de un espíritu crítico; de un ser de ideas independientes, difícilmente manipulable, con capacidad para crear su propia vida, escuchando sus propias necesidades; dilucidando si una tradición es válida o simplemente nos acomoda en la rutina.

Todo forma parte de su configuración como Ser Humano mediante el ensayo-error

Y en mi labor como madre-anfitriona en la Tierra, le pongo los límites contundentes que le permiten conocer del respeto a los otros y a sí mismo, sabiendo que todo va bien en el proceso de ir desplegando sus propias alas.

Mariví Serrano

miércoles, 19 de febrero de 2014

El vaso con agua

Cuando a alguien le señalan el camino a seguir, es posible que lo siga o que encuentre problemas y no sea capaz de salir de ellos, ya que las indicaciones no proceden de la propia conciencia. Te marcan el camino, te ayudan, pero tú mismo no eres consciente de tu propio esfuerzo para encontrar las soluciones.

Seguimos abogando por la conciencia personal, por llegar a unas conclusiones que te muevan a formar parte de tus propias soluciones, con una energía que queda dirigida al aspecto positivo en vez de al negativo. Y para esto no hay otra fórmula más que el poder de la reflexión y la apertura de la mente.

Hemos de mirar nuestro interior, no el del otro. Hemos de mejorar nosotros, no el otro. Porque cuando cambio yo, cambia el otro. Os lo aseguro, pero como esto no funciona por la experiencia de nadie ajeno, comprobadlo. Funciona.

Os dejo ahora con una pequeña historia para que os sirva de reflexión y no caer en un victimismo que para nada ayuda a salir de las aguas turbulentas en las que, muchas veces, caemos nosotros mismos. Que os aproveche.

Un psicólogo en una sesión grupal levantó un vaso de agua, todo el mundo esperaba la típica pregunta: ¿Está medio lleno o medio vacío? Sin embargo, preguntó:

- ¿Cuánto pesa este vaso?
Las respuestas variaron entre 200 y 250 gramos.
El psicólogo respondió: "El peso absoluto no es importante, depende de cuánto tiempo lo sostengo. Si lo sostengo 1 minuto, no es problema, si lo sostengo una hora, me dolerá el brazo, si lo sostengo 1 día, mi brazo se entumecerá y paralizará. El peso del vaso no cambia, pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado, más difícil de soportar se vuelve."

Y continuó: "Las preocupaciones son como el vaso de agua. Si piensas en ellas un rato, no pasa nada. Si piensas un poco más empiezan a doler y si piensas en ellas todo el día, acabas sintiéndote paralizado, incapaz de hacer nada."

Moraleja:

(A ver si tú llegas a reflexionar y escribirte qué quiere decir esta pequeña historia. Reflexiona sobre tu propia moraleja.)

martes, 28 de enero de 2014

Aceptación: otra oportunidad en la vida

En mis viajes por la red contacto con colegas, conozco a profesionales, a algún que otro buen coach que merecen mucho la pena y, en esta ocasión, uno de ellos es Merlina Meiler, que en su blog, Mejora Emocional, intenta poner luz a las situaciones que se dan en nuestra vida cotidiana, así como en las relaciones con nosotros mismos y con los que nos rodean.

Voy a dejaros con una serie de artículos que firma esta profesional para que todos reflexionemos al respeto de cada tema que trata. Sé que nos pueden ser muy útiles y tal vez se nos despierte ese “Pepito grillo” que llevamos dentro y nos haga conscientes que podemos ser candidatos a pedir ayuda y poner un Orientador o terapeuta en nuestra vida….A veces es lo adecuado si no queremos cronificar un problema que en sus inicios tiene una más fácil solución. Que lo disfrutéis.

"Cuando sobreviene un gran disgusto, nos parece que todo está perdido. Sin embargo, la vida suele darnos lo que habitualmente se llama una segunda oportunidad. Además, es bueno saber que, en realidad, las oportunidades son muchas más que dos…

En la vida de toda persona se produce una gran debacle en algún momento. Al oír el diagnóstico de una enfermedad difícil, luego de una gran desilusión sentimental, la muerte de alguien cercano, a causa de una iniciativa comercial frustrada o alguna situación de este tenor, la primera percepción suele ser que ahí se termina todo. El fin del mundo acaba de anunciarse para nosotros. Vemos imposible volver a levantar cabeza, nos parece estar en un callejón sin salida, con acceso vedado a la felicidad.

La primera etapa por lo general es la negación: a mí no me puede estar pasando esto, hay una equivocación, el teléfono va a sonar y ese llamado va a terminar con la angustia que siento. La negación es una respuesta instintiva a la desesperanza. Nuestro mecanismo de supervivencia lucha contra la agresión provocada por noticias angustiantes, tratamos con todo nuestro empeño que no sea verdad lo que está aconteciendo.

Suele manifestarse cierta depresión, ya que en un principio no se vislumbra la salida, y si se llegara a tener idea de cómo dejar atrás la debacle, la solución muchas veces suele no ser instantánea y requerir un gran esfuerzo. Algunas personas fluctúan entre períodos de depresión y otros de exaltación en los que tratan de llevarse el mundo por delante y creen que así la situación cambiará mágicamente.
En este punto cabe señalar que no hay actitudes buenas o malas, en los momentos de crisis reaccionamos como podemos y es positivo permitirnos que así sea.

Lo que produjo la debacle fue un proceso, el salir de ella, también lo será. Es bien posible hacer el intento ¡y tener éxito!. “Nada es permanente, todo se transforma”, reza una ley física. Vale la pena vivir y apostar al futuro, donde nos esperan un sinnúmero de posibilidades variadas en todos los campos. Una excelente manera de descubrir nuevamente la claridad es con compañía, o sea, hay que tener en cuenta que pedir ayuda a quien creamos conveniente es clave es este momento.

Para transitar el proceso de salida de esta situación tan dura, primero es necesario aceptarla. La aceptación implica entender cabalmente que, en efecto, esto tan temido o completamente inesperado tuvo lugar, y nos está sucediendo a nosotros. Aunque no lo merezcamos, no queramos o no sepamos qué hacer, sí, nos está pasando. En la medida que podamos, a nuestro tiempo, describamos la situación en primera persona. Una vez que nos acostumbremos a esta nueva realidad, el dolor irá quedando atrás.

Aceptación implica también perdonarnos incondicionalmente. Por los alertas que no quisimos o no pudimos ver. Por la negligencia o la extrema inocencia con la que actuamos. Por haber confiado a ciegas en nosotros mismos o en otra persona. Por no haber escuchado lo que nos decían, o por haber callado nuestras propias voces internas.

La aceptación es el puente que nos lleva del dolor a la paz interior. Nos conecta con nuestra condición de seres humanos, falibles, con errores y defectos, al igual que todas las personas que nos rodean. Asumir los errores como propios nos aporta claridad de conciencia. El autoconocimiento es esencial en la búsqueda del equilibrio psicofísico.

El aceptar el momento presente abre las puertas hacia otra oportunidad en la vida. Al entender exactamente qué sucede operamos en la realidad, y así contamos con la mejor predisposición interior para ver el abanico de posibilidades que se abre delante nuestro. De este modo lograremos las modificaciones de rumbo que deseamos. Todos tenemos la capacidad de procurarnos un futuro mejor. Cada día puede significar una nueva oportunidad, y trasformarse en un nuevo comienzo y en el primer paso hacia un futuro promisorio, si así lo decidimos."


Merlina Meiler
www.mejoraemocional.com

miércoles, 22 de enero de 2014

Dardos envenenados

Una compañera de trabajo, Mariví, nos envía un pequeño artículo como reflexión sobre los mensajes tácitos que los padres damos a nuestros hijos pequeños, sin ser demasiado conscientes de ello. Os dejo con él y espero que sea de utilidad para tomar conciencia de que lo que decimos y lo que “no decimos” llega al que tenemos enfrente y puede marcarlo para siempre si no ponemos cuidado en nuestros mensajes y en la forma de comunicar.

Hace un tiempo una divina niña de tres años nos honró con su presencia en una clase de yoga acompañando a su hermosa mamá. La pequeña se mantuvo durante una hora y cuarto en el silencio y la quietud que la práctica requería.

Al terminar, todas las personas allí presentes rodeaban a la niña y le alababan que “había sido muy buena y se había portado muy bien”.
Algo dentro de mí se estremeció ante semejante dardo envenenado, ya que el mensaje profundo que pude traducir en esas palabras era…”te alabamos porque has cumplido nuestras expectativas sin molestarnos”.

Catalogar de “buena” a una niña conlleva que una actitud contraria supondría que es mala; y no concibo la maldad en un pequeño de tres años.

La esencia de un niño es energía, movimiento, pureza. Esto no es bueno ni malo, simplemente ES. El problema no está en ellos, sino en nosotros como adultos que intentamos modelar a nuestros niños para que encajen en nuestras expectativas.

Las palabras van cargadas de mensajes que llegan a lo más profundo; van conformando el autoconcepto que tenemos de nosotros mismos, sobre todo a una edad tan temprana. Ir manifestando a un niño que “es bueno o malo” lo manipula subliminalmente alejándolo de si mismo a cada instante.

Nuestra lengua es rica, y más allá de “bueno o malo” hay adjetivos más positivos que enseñan a nuestros niños los límites sin dañarles en su autoestima.
Que una niña se mantenga en quietud es sorprendente; y en la ausencia de juicio que expresa ese adjetivo no hay daño.

Hemos de enseñarles los límites a nuestros pequeños para que puedan desarrollar su autocontrol interno. Es indispensable. Pero crecerán como seres seguros si no hacemos tambalear su autoestima encajándolos en una supuesta “maldad” ante sus actos.

El mejor regalo que les podemos hacer a nuestros hijos es una autoestima consistente, ya que les dará centro y fuerza vital ante cualquier situación de su existencia. Eso implica eliminar con urgencia el calificativo de “malo o bueno” que envenena sus almas y debilita sus mentes.
María Victoria Serrano Gómez.
Profesora de Yoga

martes, 21 de enero de 2014

El otro no soy yo

Sigo intentando que las personas entiendan que el empeñarnos en hacer cambiar a los demás, el que los otros vean las cosas como yo las veo, el que el otro o la otra conciba los tiempos y las expectativas justo como yo las siento, las concibo, las quiero…, todo eso no es sano para nuestro equilibrio emocional ni para nuestra paz interior, lo que hace que nuestra estabilidad y nuestra sensación de nosotros mismos se vea mal parada y nos hace creer que todo lo que nos rodea está mal. Nos sentimos mal y giramos alrededor de ese mal que nos aprieta el alma creyendo que el otro no nos quiere porque no hace las cosas que nosotros queremos. Pero, ¿tenemos la capacidad de comuniarnos con él o con ella? ¿Tenemos claro lo que queremos decirnos a nosotros mismos y sabemos autoescuchar nuestros diálogos internos?

Las alteraciones que nos embargan se las achacamos al otro al que no escuchamos cuando nos hace las demandas que necesita y que se ensombrecen con nuestra propia vara de medir esas situaciones, empobreciendo la necesidad de tolerancia y empatía como desarrollo energético beneficioso para valorar las situaciones de una forma mucho más objetiva.

Veo al otro con mis ojos y no como un individuo distinto con sus propias sensaciones y preferencias; con su propia vida de la que él es su único dueño…Y quiero hacerlo a mi imagen y semejanza para que sienta como yo siento porque creo que eso será mi felicidad. Entonces, si el otro debe ser y sentir como yo, ¿qué me gusta de él o de ella que se complementa conmigo y es distinto? ¿Precisamente eso que me gustó es lo que ahora quiero cambiar?

Hay que empezar por aceptar y por encontrar en nosotros esas fuerzas que mueven la naturaleza, las relaciones: el amor, la tolerancia, la empatía, la afinidad y el respeto.

Y vayamos a por ellas; pongámonos en el camino de la conciencia de ellas y veamos cuál o cuáles nos faltan para motivarlas desde nuestro interior, y trabajarlas, adquirir esas habilidades que nos facilitarán hasta los momentos de discusión dentro y fuera de la pareja. Porque hemos de darnos tiempo ya que nadie cambia de la noche a la mañana, pero sí iniciamos esa andadura contando con la voluntad de cambiar y poner la conciencia para hacerlo, llevando como premisa, como alguien dijo, la necesidad de vivir el presente, mirar el pasado con cariño, sin dolor y el futuro con esperanza, para quitar la ansiedad y el desasosiego.

Trabaja en conocerte. No juegues contigo al escondite. Y si vas a terapia, ve por ti y no lo hagas para entender al otro y ver, en lo que se dice en cada sesión, en qué está fallando el otro, según tú. Es tu terapia, individual e intransferible. Esfuérzate en saber qué te pasa y por qué. Lucha constantemente por superarte. No te conformes con lo que eres. Vive tu vida. No dejes que nadie la viva por ti. Cada uno tiene su vida para vivirla, cada persona es individual y por esto cada uno tenemos nuestro camino en la vida. Trata de ponerte en el lugar de la otra persona con comprensión, con amor, de esta forma entenderás muchas de las cosas que suceden.

A muchos les gustaría estar en pareja, lo anhelan, lo necesitan, pero eso no se puede “obligar”, por lo que lo adecuado es no apegarse en exceso ni demandar seguridad absoluta porque aprender a ser psicológicamente independiente, aunque sepas que en una medida necesitas a los otros, nos da autonomía en pensamientos y sentimientos. El amor debe unir, no separar, debe aunar, no dividir y debe complementar, no anular la identidad personal.

Pero, entonces, ¿debemos cambiar?...Uf, ¡qué miedo da esa palabra! No, no se puede renegar de la forma de ser de cada uno, sino más bien, reeducarla y adecuarla a los momentos y situaciones que en cada momento me vayan viniendo. Porque, ¿sabes?...tú eres tú y tus circunstancias…; elige las que quieres vivir dentro de tus posibilidades de elección. En definitiva la reeducación y la adecuación es un cambio porque cambia lo que el otro percibe de nosotros.

viernes, 17 de enero de 2014

Cambio interno y estructura en mi soledad.

Constantemente, en nuestra sesiones de terapia de pareja, y no sólo de pareja, sino también en esas individuales, en esas que se nos pide que “equilibremos la sensación de vacío al vivir porque no sé qué me está pasando para poder pasar estos tragos tan amargos, llenos de soledad y vivo con pareja.”…En esas sesiones se nos pide que enfoquemos la necesidad de saber qué nos está pasando y qué podemos hacer para saber qué decidir,… pero no se me ocurre casi nunca decidir por nadie.

Cada uno es dueño de su vida y de sus actos, aunque no olvidemos que todo lo que hagamos va a tener una repercusión, más grande o más pequeña…Todo va a tener un precio que pagarse por lo que hagamos, por lo que se hace necesario pensar, reflexionar y coger tiempo en soledad para nosotros mismos como inversión primera y primaria que nos haga centrar nuestro norte.

No es bueno querer que nos hagan vivir, que nos “norteen” nuestro ritmo y las decisiones, que nuestro coach decida por nosotros, aunque es más fácil, pero nefasto porque anulan mi propio sentido vital.

Me dices que sabes que tienes que cambiar, que debes equilibrarte, pero para equilibrarte has de estar en movimiento, no parado. Pero lo que quieres es saber sobre el amor…sobre cómo has vivido el amor en tu vida y cómo lo llevas en tu pareja y cómo yerra en su desarrollo…Lo que quieres es saber cómo ha de ser un amor maduro que creo que es la base, la sal de la relación entre las personas, las parejas, y lo sabes cuando vives sensaciones como las que a continuación te indico.

Antes es conveniente decir que solemos cambiar porque no nos salen las cuentas pero como no hemos cambiado nuestra urdimbre, solo cambiamos de persona con la que compartir nuestros mismos problemas sin solucionar. ¡Maduremos!

“Cuando el amor es un amor maduro: 1. No controlas a la pareja en tu vida; sabes que es tu pareja, entonces no hay necesidad de control. 2. No gritas porque no te llaman, le haces ver con cariño que hubo un momento en que necesitabas sentir que te recuerdan. 3. No monopolizas el tiempo de tu pareja. Por el contrario te das cuenta de que un poco de espacio, hace del tiempo juntos algo más especial. 4. Perdonas si se equivoca, y ofreces tu hombro y un pañuelo, sabes que ninguno de los dos sois perfectos, y asumes que la vida en pareja es un crecer juntos. 5. No tienes miedo de estar solo/a. Utilizas tu tiempo como tiempo para tu crecimiento personal. 6. Si en algún momento fuiste lastimado en la vida por alguna pareja, sabes que fue otra pareja y no generalizas. 7. Comprendes que algunas veces el que tu amas, te amará y si no, continúas tu camino sin rencor. 8. No haces que tu pareja tenga que volver a casa, haces que sea un gusto volver a casa, porque sabes que para ti también es un gusto volver a casa. 9. Dejas tu agenda abierta y esperas a hacer planes en equipo, en pareja, asumiendo que en ocasiones es sano no hacerlo todo juntos. 10. Un amor maduro es el que vuela en libertad y respeto, celebrando la alquimia de crecer juntos.”

miércoles, 2 de octubre de 2013

¿Es que está todo perdido en la pareja?

Cuando la gente me dice que le aconseje cómo mejorar su relación de pareja, me encuentro, a veces un poco raro. Me van a permitir que le explique esta sensación.

“Dar consejos” es algo de lo que bastantes veces huyo porque un consejo está dado desde la visión subjetiva de cómo harías tú las cosas y no es más que guiar a la otra persona desde tu perspectiva; pero las personas son lo que son, no lo que a nosotros nos gustarían que fueran y si aceptáramos esto, (sé que a veces cuesta mucho, pero es de ley intentarlo) veríamos las cuestiones con otra dimensión y nos daríamos cuenta que no son consejos lo que necesitamos, sino técnicas que funcionan, un control de nuestros pensamientos, tolerancia, amor, comprensión afinidad, aceptación, capacidad de negociar, comunicación eficaz, etc., etc.

Pero lo que más añora la parte de la pareja que quiere trabajar para cambiar las cosas (suelen ser las mujeres, bendita inteligencia) es que su pareja, el hombre, vaya al profesional elegido para intentar reestructurar la relación y marcar las pautas para reconducir la situación que se ha desequilibrado a lo largo de la relación. Y sin embargo “él no quiere”, me dicen; “es imposible que venga y, entonces, ¿qué puedo hacer yo?”

Os voy a dejar con un fragmento de un artículo escrito por Mª del Carmen Camacho Gil, psicóloga clínica, que aborda precisamente esta situación.

"Este artículo de autoayuda está dirigido a mujeres que desearían hacer una terapia de pareja, pero sus parejas no quieren oír hablar de un psicólogo, de un terapeuta, o de un orientador familiar.

Las personas son lo que son, no lo que a nosotros nos gustaría que fueran. Acéptalo de una vez. A lo mejor él no querrá asistir a ninguna terapia, ni leer ese libro que a ti te pareció tan interesante y que crees os podría ayudar en vuestra relación de pareja, quizás no va a reconocer que tiene un problema, y mucho menos intentar un cambio. Probablemente no es que no quiera, todo el mundo quiere ser feliz y sentirse amado. Quizás no sepa hacerlo mejor, no crea que puede hacerse mejor o no esté preparado para tomar decisiones o intentar un cambio.

¿Prefieres tener razón a ser feliz? Ya sabemos que una pareja es cosa de dos. Qué él podría tomar también la iniciativa y tratarte mejor. Todo eso es cierto, también lo es que sólo puedes cambiar aquellas cosas que dependen de ti.
Si estás dispuesta a no quedarte de brazos cruzados, esperando a que la vida, el tiempo, la suerte o los demás te resuelvan la vida, haz algo ya.

RECUERDA:

1. Si tú no estás bien, nada lo estará.

La dedicación y falta de tiempo por el trabajo, el niño, la casa, las discusiones, etc. es objetivo. Tu actitud hacia esa circunstancia y todo lo que piensas y sientes es subjetivo, y ahí puedes intervenir desde ahora mismo.
Tienes que estar bien contigo misma, serenarte, despojarte de los sentimientos de culpa, ser capaz de recuperar tu independencia emocional y perder el miedo a estar sola contigo misma. Tienes que desear estar con él, pero no necesitar estar con él. Tienes que perder el miedo a perderlo.

“Quizás os parezca raro pero el primer paso está en comprender lo que sucede en vuestra relación y la única manera de conseguirlo es mirando dentro de vosotros mismos.
Si tenéis el valor de permanecer solos con vosotros mismos, os daréis cuenta que cada día seréis más fuertes para abordar vuestros problemas, de esta forma os sentiréis libres y capaces de pasar a la acción.
Una vez superado el miedo a la soledad, abandonareis todo resentimiento hacia el otro, porque seréis independientes. Apenas lo hagáis, os daréis cuenta que la infelicidad y la insatisfacción que sentíais desaparecen.
Probad y experimentad el perdón, intentad dar más bien que esperar a recibir, tened paciencia y sed constantes, y os sorprenderéis transformados. ¡Mejoraréis!
(Paloma Gascón. Psicoterapeuta.)

2. Demuéstrale que estás de su lado, SIEMPRE...Tenéis que pasar progresivamente del miedo a la confianza. No “voy a hacer esto o aquello para que no se enfade”, sino porque “verle feliz me compensa y me hace feliz a mí también”.
Tenéis que recuperar la confianza en el otro, la confianza de que me quiere aun sin ser perfecta/o, elige cada día estar conmigo libre y voluntariamente, puedo mantener su amor a pesar de que no estemos de acuerdo en todo.
La bronca termina siendo un mecanismo de defensa mediante el cual consigo controlar al otro, ya que por las buenas parece no dar resultado. La bronca lleva al miedo, y el miedo a medio-largo plazo al deterioro de la relación, ya que nos sentimos tensos, humillados, manipulados, etc.
Para recuperar la confianza necesitamos sentir que se pone en mi lugar, que está de mi parte, que no es mi enemigo/a sino la persona que me quiere, que tiene en cuenta mis necesidades y deseos tanto como los suyos propios.
Volvemos a la idea primera. TIENES QUE ESTAR A BIEN CONTIGO para no necesitar demostrar nada, ni justificarte por nada. Si no, lo que sucede es que nuestro comportamiento se centra en intentar que el otro se ponga en nuestro lugar y que nos dé la razón.

Que nos den la razón cuando nosotros no nos ponemos en el lugar de las otras personas es difícil, porque el otro siente lo mismo que tú, quiere que le comprendan y le den la razón, alguno tiene que empezar, ¿por qué no reconocer que los dos tenemos razón?
PARA GENERAR CONFIANZA:
• Si ves haciendo algo agradable a tu pareja (Ej.: Te ayuda recogiendo la mesa, se ocupa del niño, llega de buen humor, etc.) y reconóceselo con un beso, una sonrisa o una palabra amable. Que se dé cuenta de que te gusta, no te quedes pensando “qué mosca le abra picado”, “algo querrá”,... y pongas mala cara o te quedes indiferente. A todas las personas nos gusta gustar, si se da cuenta de que así lo consigue tienes más posibilidades de que repita esas conductas agradables.

Importante: NUNCA se te ocurra aprovechar que hace algo bueno para echarle la charla o intentar solucionar conflictos de otro tipo, Ej.: “si fueses así siempre que bien nos iría”, “ves como cuando quieres puedes resultar adorable”, etc.

• Cuando tengas que dar tu opinión, primero le escuchas atentamente y luego le dices:
• “ENTIENDO QUE...” (Demuestras que has comprendido su idea, muestras empatía y, si es posible los puntos de acuerdo con su postura)
• “TAMBIÉN ES CIERTO QUE...” (Procura no usar un PERO... porque parece que lo anterior no vale. Das tu opinión o argumentas con hechos otro punto de vista distinto al escuchado. Si vas a dar tu opinión subjetiva, utiliza mensajes “YO”, habla por ti, y no te metas en descalificaciones hacia los demás)
• “POR LO TANTO SUGIERO... O ¿QUÉ PODRÍAMOS HACER?...” (Propones un cambio que satisfaga a ambas partes)

Importante: Recuerda que son 3 pasos y por ese orden, y que SIEMPRE tienes que empezar por demostrarle que te pones en su lugar y que respetas su punto de vista con un entiendo que... antes de dar tu opinión o de pedir algo. Trata de abrir el diálogo y la negociación en lugar de cerrarla con ataques personales, exigencias, malos modos, gestos de impaciencia, etc.

Ejemplos:
- (Ej.: Te propone un plan que no te apetece demasiado)
Entiendo que quieras quedar con tu hermano para no perder el contacto. Yo comparto tu misma opinión sobre su mujer, así que qué te parece si vemos la forma de no dedicarle todo el día a esa visita.

EVITA DECIR COSAS COMO: Sabes que no soporto a fulanita, y tu hermano me parece un... por consentirla... Creía que a ti tampoco te gustaba..., la verdad es que no te entiendo (es decir terminas metiéndote o con la persona que es de su agrado o con él mismo, o pones obstáculos para permitir ese encuentro.

Entiendo perfectamente que te apetezca pasar unos días con... También es cierto que hemos tenido una semana muy complicada y apenas hemos podido pasar un rato a gusto los 3 juntos (refiriéndote al niño). Para mí es importante que reservemos algo de tiempo para estar nosotros solos juntos en familia, seguro que si pensamos con calma en una solución para hacer ambas cosas la encontraremos (abrir el abanico de alternativas, no se trata de ahora o nunca, de todo o nada, podemos reservarnos un fin de semana distinto o un puente, una mañana o una tarde, negociar.)

EVITA DECIR COSAS COMO: “Y nosotros cuándo, a ver si te enteras de una vez que tu familia somos nosotros. Eres un cobarde, no sabes nunca decir que no a los demás y siempre nos sacrificas a nosotros”.

- (Ej.: No colabora en las tarea domésticas porque dice estar cansado)

Entiendo que tienes poco tiempo para ti con tanto trabajo, (también es cierto) a mí me pasa lo mismo (mensaje yo), entre la casa y el niño estoy un poco agobiada. ¿Qué te parece si recogemos esto rápidamente entre los dos y nos tumbamos un poquito en el sillón a ver la película? Dicen que es muy buena. (sugerencia)

EVITA DECIR COSAS COMO: “A ver si te crees que yo no estoy cansada, si te agobia la casa y llevas 5 minutos, imagínate yo que paso toda la tarde aquí con el crío, qué egoísta eres”.

- (Ej.: Se queja de cenar varias veces lo mismo)
Entiendo que te aburras de comer una cosa, a mí también me pasa, quizás podrías darme alguna idea para variar el menú. Con el tiempo que tengo tiene que ser algo fácil de hacer.

EVITA: Picarte. No escuches lo que no se te ha dicho, no te precipites sacando conclusiones o haciendo interpretaciones negativas de las palabras del otro. Céntrate en el tema y no personalices cualquier comentario que se te haga. No estés a la defensiva, no tienes que defenderte de nada y si así fuera que sean más explícitos contigo.

• Sé cariñosa y demuéstrale tu afecto habitualmente, incluso cuando no estéis de buenas. Utiliza muchos te quiero y el contacto físico (besos, abrazos, sonrisas). Que tu gesto sea agradable, destierra el “morro choto”, los gestos desairados, las voces.
Tú misma mejorarás con el cambio. Williams James (un prestigioso psicólogo) decía: ¿estamos tristes porque lloramos o lloramos porque estamos tristes? El cambio físico influye en nuestro cambio mental y a la inversa.

RECUERDA: No le regañes. Utiliza una forma positiva de expresión, habla de lo que deseas y no de lo que quieres evitar.
Ejemplo: se puede decir:
-¡Cuánto me alegra que ya hayas llegado a casa!, tenía ganas de verte; y no decir
- ¡Ya era hora que llegaras a casa!

(Si quería decir lo primero, ¿por qué digo lo segundo? Estoy deseando verle y consigo nada más llegar montarla para que nos enfademos y nos demos la espalda en la cama)

Si estás enfadada por algo que ha hecho recuérdale que tu enfado no pone en peligro tu amor hacia él. A veces es bueno antes de hacer una crítica comenzar por un halago, y si puedes terminar con otro mejor (Ej.: Te quiero mucho y si algo no deseo es que discutamos más por problemas domésticos. Siento no estar de acuerdo con lo que me propones, mi opinión es que... / Otro Ejemplo: Me pareces un buen padre. Creo que en este caso, no estás teniendo suficiente paciencia para...)

Deja de estar enfadada todo el rato, eso se consigue:

- No creyéndote mejor que los demás (cada vez que le culpas tan duramente por algo es porque se te olvida que también tú tienes defectos),
- Evitando los “campos de minas” (aquellos asuntos con los que eres especialmente susceptible),
- No provocando la ira de los demás (pinchando y señalando sus defectos, a veces gratuitamente),
- No sobrecargándote de trabajo o de responsabilidad más de lo estrictamente necesario. El estrés produce irritabilidad (seguro que puedes reducir la carga que te auto impones, ¿qué más da si hoy no paso el aspirador y me tumbo un rato a descansar?, mímate más)

• No seas tan perfeccionista, y deja de criticarle. Es sólo un ser humano tan imperfecto como tú. No estés corrigiéndole continuamente por cosas nimias. (Ej.: Te has dejado la leche fuera de la nevera, te ha quedado la camisa un poco arrugada, vaya pelos que te has dejado hoy, anda que me has dado un beso al llegar, etc.)

• Deja de competir. Los dos estáis en el mismo equipo. ¿Por qué tienes que demostrarle que eres más lista, más intuitiva, más rápida, que sufres más, que cocinas mejor, qué pones más de tu parte, etc.? ¿Tan insegura te sientes que tienes que ir demostrando lo que vales montando y ganando batallas? No conseguirás así su aprecio y valoración, lo que conseguirás es que se resienta, se sienta atacado, humillado y contraataque.

EVITA FRASES DEL TIPO: “Todavía vas por ahí, a mí me ha dado tiempo a...”, “Que poco ojo tienes para las personas, ya te dije yo que...”, “¿Ya estás cansado? ... llevo yo desde está mañana...”.

Si es él el que compite, deja que sea para él una necesidad, no entres al trapo. En el fondo lo que está pidiendo a gritos es amor y reconocimiento, dejará de hacerlo en cuanto mejore su autoestima y/o no se sienta amenazado. No te inmutes, puedes reconocerle su virtud sin menospreciarte tú. La clave está en no comparar ni compararse con los demás. Frases como: “cada uno tiene sus virtudes” o “reconozco tus virtudes, por eso te quiero” puede ser suficiente, si la cosa se pone fea, puedes añadir.. “¿Puedes hablar de ti sin hablar de mí por favor?”

• Dale un voto de confianza. Si hay algo que no entiendas, simplemente PREGUNTA POR QUÉ SIN PONERTE A LA DEFENSIVA, evitarás muchas discusiones y meteduras de pata por ser malpensada. Las personas solemos tener un motivo más o menos razonable para hacer lo que hacemos. Escucha lo que tiene que decir.
Ejemplo:
- Llega tarde a casa... ¿ha sucedido algo?/ en lugar de “bonitas horas de llegar a casa”
- Llega de mal humor... ¿has tenido un mal día?/ En lugar de “eres insoportable”.
- Se pone a la defensiva... ¿he dicho algo que te haya molestado?/ En lugar de “a ti no hay quien te hable, cómo te pones por nada”.
- Grita al niño... ¿qué ha pasado?/ En lugar de “para un rato que le ves le estás gritando”.

3. Si está el ambiente muy tenso por su parte o por la tuya... aplaza la conversación para otro momento. Las cosas no son ahora o nunca.
Ej.: “Ahora estamos muy alterados y nos podríamos decir cosas de las que luego nos arrepintiéramos, por favor dejemos esta conversación para más tarde, ¿qué tal mañana después de acostar al niño? Seguro que mañana, más tranquilos, vemos todo este asunto de otra manera. No tenemos que llegar a un acuerdo de forma inmediata, tenemos tiempo”
A veces, si la alterada eres tú, puede bastar con que controles tu impulsividad, ¿cómo? Desaparece por un rato de la escena, vete al servicio, a otra habitación, a la calle con cualquier excusa, deja que tu adrenalina vuelva a los niveles normales y elige qué quieres hacer, cómo quieres actuar.

Respira profundamente y destensa tus músculos, piensa en amor, en abundancia, en que todo tiene una salida, en el fin positivo de las cosas (de todo se aprende, hay cosas que llevan su tiempo, etc.). Se trata de encontrarte a ti misma y conectar con tus deseos, y no de reaccionar a lo loco y a la defensiva, alejándote del fin último y bueno de tus deseos (ser felices, amarnos, ayudarnos, entendernos, resolver dificultades, permanecer unidos, etc.)

Existe un truco para cuando metemos la pata, rebobinar. Siempre puedes decir: “¡qué mal ha sonado eso que he dicho! Rebobino, como si no te hubiese dicho nada ¿vale?” Y empiezas de nuevo. También puedes decir, “creo que no voy bien, empiezo de nuevo”, e imaginariamente pasar la cinta hacia atrás. Vuelves a colgarte el bolso, el abrigo, sales por la puerta y entras de nuevo como si fuese la primera vez que lo haces (si eso fue lo que ocurrió inmediatamente antes de meter la pata.

¿Qué tal si pudiéramos comenzar por algo de lo que aquí “se aconseja”?