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miércoles, 22 de enero de 2014

Dardos envenenados

Una compañera de trabajo, Mariví, nos envía un pequeño artículo como reflexión sobre los mensajes tácitos que los padres damos a nuestros hijos pequeños, sin ser demasiado conscientes de ello. Os dejo con él y espero que sea de utilidad para tomar conciencia de que lo que decimos y lo que “no decimos” llega al que tenemos enfrente y puede marcarlo para siempre si no ponemos cuidado en nuestros mensajes y en la forma de comunicar.

Hace un tiempo una divina niña de tres años nos honró con su presencia en una clase de yoga acompañando a su hermosa mamá. La pequeña se mantuvo durante una hora y cuarto en el silencio y la quietud que la práctica requería.

Al terminar, todas las personas allí presentes rodeaban a la niña y le alababan que “había sido muy buena y se había portado muy bien”.
Algo dentro de mí se estremeció ante semejante dardo envenenado, ya que el mensaje profundo que pude traducir en esas palabras era…”te alabamos porque has cumplido nuestras expectativas sin molestarnos”.

Catalogar de “buena” a una niña conlleva que una actitud contraria supondría que es mala; y no concibo la maldad en un pequeño de tres años.

La esencia de un niño es energía, movimiento, pureza. Esto no es bueno ni malo, simplemente ES. El problema no está en ellos, sino en nosotros como adultos que intentamos modelar a nuestros niños para que encajen en nuestras expectativas.

Las palabras van cargadas de mensajes que llegan a lo más profundo; van conformando el autoconcepto que tenemos de nosotros mismos, sobre todo a una edad tan temprana. Ir manifestando a un niño que “es bueno o malo” lo manipula subliminalmente alejándolo de si mismo a cada instante.

Nuestra lengua es rica, y más allá de “bueno o malo” hay adjetivos más positivos que enseñan a nuestros niños los límites sin dañarles en su autoestima.
Que una niña se mantenga en quietud es sorprendente; y en la ausencia de juicio que expresa ese adjetivo no hay daño.

Hemos de enseñarles los límites a nuestros pequeños para que puedan desarrollar su autocontrol interno. Es indispensable. Pero crecerán como seres seguros si no hacemos tambalear su autoestima encajándolos en una supuesta “maldad” ante sus actos.

El mejor regalo que les podemos hacer a nuestros hijos es una autoestima consistente, ya que les dará centro y fuerza vital ante cualquier situación de su existencia. Eso implica eliminar con urgencia el calificativo de “malo o bueno” que envenena sus almas y debilita sus mentes.
María Victoria Serrano Gómez.
Profesora de Yoga

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