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lunes, 24 de junio de 2013

La asertividad, ingrediente fundamental de la comunicación en los problemas de pareja


Estamos ahondando en buscar algo para que no se rompa nuestra pareja…, en saber qué es ese algo (que no reconocemos qué es) que nos incita a discutir y a mirar las cosas desde prismas tan distintos que nos separamos, tanto que a veces ni nos encontramos (y estamos en la misma habitación)…, y crece la rabia, la sensación de fracaso, de desamor.
“Ya pienso que es que no lo quiero…”, pero sí sé que no quiero estar del todo sin él…,¿qué me está pasando?, ¿qué nos está pasando para haber llegado a este punto?

Así nos pasamos la vida buscando y sintiendo que algo raro nos pasa porque no nos sentimos bien, y somos incapaces de mirar hacia nuestro interior oyendo el consejo de ese que nos dice al oído que la persona que tenemos enfrente es la culpable de las situaciones que vivimos. Pero nos callamos y fraguamos dentro tal cantidad de pensamientos irracionales y distorsiones que casi no podemos razonar de una forma positiva. Casi ya ni verbalizamos más que emociones negativas parando el motor de algo tan básico como son la forma de comunicar y la forma de verbalizar hasta el más recóndito de mis sentimientos (emociones).

Tal vez no sepamos que una de las cosas más fundamentales que ayuda a que la relación de pareja mejore, es insistir en practicar, y abrir la mente, para aprender y aprehender las formas para comunicar qué es lo que verdaderamente queremos. Eso que consiste en poner en palabras lo que nuestra mente piensa y siente. Es complicado, como dicen muchos autores, para una personas el tener que adivinar constantemente qué es lo que quiere el otro, y si partimos de esta premisa, se hace conveniente (y justamente necesario) emplear la asertividad,
que no es otra cosa que expresar nuestro punto de vista desde un perspectiva equilibrada, sin caer en la agresividad ni en la pasividad extrema.

Roberto Doussang, entendido en la materia, comenta: “La clave está en la asertividad. Siendo asertivos logramos transmitir directamente nuestros deseos sin el problema del resentimiento o de la resistencia en nuestra pareja.
La gran dificultad radica en que muchas parejas han dejado de ejercitar el músculo de la asertividad en su relación, y dan espacio a las exigencias egoístas y a los sentimientos de incomprensión y victimización.



Es común en una crisis de pareja, que uno de los miembros (o ambos), sientan que el otro “les debe algo” o que no se han comportado “como esperábamos”. Creemos inconscientemente que nuestra pareja debería haberse amoldado a nuestros deseos, o tener una forma de ser que calce con aquello que nosotros consideramos como bueno. Sin embargo, esta visión, que no necesariamente tiene que ser explicita o consciente a nivel mental, encierra mucha frustración y agresividad.


Otra característica que distingue a parejas que tienen conflictos constantes, es que todas estas fantasías mentales de lo que “debería ser nuestra pareja”, suceden a dentro de nosotros mismos, pero no las expresamos verbalmente. No decimos “me gustaría que pasáramos más tiempo juntos” de forma calmada. Sino que comenzamos a dar rodeos enormes en torno a situaciones anexas, esperando que el otro arme las piezas de un rompecabezas que no tiene una conexión aparente.


Por ejemplo, podemos encontrarnos con situaciones donde discutimos con nuestra pareja cuando salimos fuera de casa. Tal vez él o ella se molesten por el clima, la lentitud del tráfico, etc. Puede ser un sinfín de sucesos que nos ponen en un estado negativo e incómodo. Sin embargo, quizás la verdadera causa es que hemos fallado en decir de manera sencilla que no queríamos salir, porque preferíamos estar en casa y compartir otras actividades con nuestra pareja. Pero en vez de eso, elegimos criticar todo, molestarnos porque nuestra pareja “no sabía” que no teníamos ganas de salir de casa.”

La verdad es que el problema fundamental reside en que muchas personas no se atreven a expresar, a verbalizar, las cosas que queremos o sentimos o simplemente aquello que no nos parece bien o nos inquieta.
Siempre digo que en la pareja, entre las personas, nos lo podemos decir absolutamente todo, siempre y cuando la forma de hacerlo cumpla las bases fundamentales del respeto hacia el otro y no avasalle en su expresión.

R. Doussang, continúa en la línea de esta exposición, aseverando que, aunque la asertividad algunos la intentan llevar a cabo, “..muchos confunden la asertividad con ir y decir de forma seca qué es lo que uno quiere. Eso no es ser realmente asertivo. Las personas que actúan de esta forma llevan oculta la pesada carga de la queja constante. Se consideran a sí mismas como “sinceras y directas”, pero en realidad solo crean resistencia en los demás.”

Lo más apropiado, y como dice este autor antedicho, está en poner en práctica, como inicio práctico para conseguir la asertividad, unos consejos que preconiza:


“Pon atención en el otro. Parece ser que el hecho de ser asertivos tiene mucho que ver con comunicar lo que sucede dentro de nosotros. Sin embargo, seremos mucho más asertivos si tomamos en cuenta cómo se siente el otro. De esa forma podremos abordar la conversación desde una ángulo donde el otro se sienta cómodo y recepcione de buena gana lo que queremos decir.

Ten claro cuáles son tus reales motivaciones. A veces tenemos sentimientos confusos acerca de que es lo que realmente quieres. Esto es parecido al ejemplo de la tienda. Si quieres comprar, por ejemplo, zapatos, es de mucha ayuda que tengas en tu mente una idea más o menos clara de tu preferencia. De esa forma evitaras la confusión y la indecisión en tus deseos.

Sé honesto. Esto evitara que tu mensaje llegue sin distorsiones. Si quieres algo, no busques pretextos para conseguirlo.

No juzgues al otro. Si realmente deseas ser asertivo para mejorar tu relación de pareja, entonces no coloques etiquetas mentales sobre lo que tú crees que está sintiendo tu pareja. Decir cosas como “nunca me escuchas” revela que no te importa lo que realmente piensa el otro, si no que estás más preocupado de tus propios pensamientos al respecto. Si dijeras, “a veces tengo la sensación de que no me escuchas con suficiente atención” estas comunicando tu interpretación sin asignarle tajantemente la etiqueta de verdad absoluta.”

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