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jueves, 7 de mayo de 2015

Enfrentarse a una pérdida

“Si rodeamos el dolor, siempre permanecemos en él.
Si queremos superarlo, no valen atajos: DEBEMOS
ATRAVESARLO”.

Anoche mismo, hablando con una persona que "no soporta iniciar el duelo por desamor", vimos cómo se ha introducido en un ritmo que duele mucho, pero le hace estar lo más cerca posible de aquello de lo que se resiste a separarse. Hablamos y hablamos, pero su resistencia es inmensa porque no entiende que es más asequible un dolor agudo que uno que se haga totalmente crónico. No soporta sentir el dolor tan inmenso que conlleva la aceptación de una situación nueva que desgarra el alma. Y buscando sobre el tema os dejo con un pequeño artículo, espero que útil, escrito por Marta Iglesias, Licenciada en psicología, sobre el tema que nos ocupa.
Ojalá sirviera para hacer reflexionar e introducir la posibilidad de cambio para que el desarrollo sea lo más óptimo posible, en estos casos.

"Llega un momento en el camino del duelo en el que inevitablemente conectamos con el dolor de la pérdida. El desgarro de la herida empieza a sangrar y con cada gota que cae podemos conectarnos con imágenes, recuerdos, momentos, incluso ilusiones que no podrán cumplirse. Todo ello, a modo de sacudida, de tornado, de cascada, puede abrumarnos de tal manera, que a el dolor de la pérdida puede sumársele el dolor de sentirse perdido y desorientado. En este momento del duelo, nos conectamos con lo más profundo de nuestro ser. Para llegar a la esencia, con frecuencia es necesario atravesar territorios agridulces.

La memoria nos inunda con recuerdos e imágenes de la persona fallecida y ello a modo de fuente nos conecta con el dolor de la ausencia. Y este sentir cada gota hará que la fuente cese y la herida poco a poco vaya cicatrizando. Muchas personas se preguntan sobre la normalidad o no de este dolor y la respuesta, con frecuencia es “sí”. Sí, es normal que llores, que añores, que rememores….. Estando aquí, las frases como “deja de llorar”, “deja de pensar en él/ella” “no te preocupes que el tiempo lo cura”, etc. más que ayudar entorpecen el camino, porque en realidad lo que necesitamos en este momento concreto del duelo es sentir, lo que nos ayudará a fluir con la pérdida.

Entre las innumerables preguntas que podemos llegar a formularnos, hay algunas que pueden ayudarnos a tomar conciencia de la esencia de nuestro dolor y que nos ayudarán a profundizar un poco más en nuestros sentimientos y emociones: “¿Qué es lo que realmente estoy llorando? ” Muchas cosas, seguro. Pero aquí y ahora, “¿que me está mostrando está lágrima? ¿ qué me duele realmente?“

La respuesta a estas cuestiones no son fáciles, pero a veces, nuestras lágrimas son muestra de un dolor por:

• La necesidad de perdonar y la necesidad de sentirnos perdonados.
• La necesidad de agradecer todo aquello que la persona nos brindó.
• El no volver a vernos reflejados en su mirada.
• El futuro que ya no podrá vivirse.
• La pérdida de una referencia, de un acto, de un deseo.
• Todo aquello que descubrimos de nosotros mismos a través de este dolor.

¿Qué podemos hacer si nos encontramos con nuestro dolor?
Expresar. Expresar. Expresar…
Expresar nos ayuda a curar. Podemos hablar, podemos pintar, podemos bailar, podemos escribir o esculpir…. Lo importante es darse permiso para sentir y expresar aquello que está pasando en ti. Ello te ayudará poco a poco a atravesar la conexión para lograr la integración. Puedes utilizar técnicas de expresión abierta, como sería la participación en grupos de apoyo, o conversaciones con tus personas más allegadas. En el caso de que el entorno no permita la expresión, o en los casos de duelo desautorizado, puedes utilizar técnicas más íntimas como un diario de escritura, o la pintura, por ejemplo, como medios de expresión. También puedes utilizar el diálogo simbólico con la persona fallecida. En todos los casos, el acompañamiento terapéutico ya sea presencialmente o de manera online, puede serte de mucha utilidad para expresar y compartir aquello que sientes, sabiendo además que el profesional especializado en duelo te facilitará herramientas o preguntas fuerza que te guiarán en el proceso.

¿Y si no puedo conectar con ese dolor?
Cuando hay un bloqueo emocional de alguna índole, la conexión con la emoción puede verse entorpecido. Puede ser que en la relación hubieran aspectos que no estaban resueltos, o dichos, revelados o perdonados. Y al dolor de la pérdida se le añade un triple dolor: el dolor de la pérdida, el dolor del recuerdo y el dolor, en muchas ocasiones, del trauma. Destapar estos aspectos pueden generar una serie de incomodidades que a nivel inconsciente se prefieran dejar en la sombra de la existencia. Pero la sombra querrá ver la luz y en algún punto, en algún momento, otro acontecimiento en nuestra vida puede destapar la vivencia de todos los recuerdos acumulados y no expresados. Llegado el caso, puede ser necesario el acompañamiento por parte de personal especializado que pueda orientarnos en la conexión y sanación.

lunes, 5 de julio de 2010

AMORES TÓXICOS

Amar no es sufrir y los amores tóxicos no permiten entender que todos tienen derecho a ser felices. En esto no hay magia ni cabe esperar que la gente cambie.
Es necesario superar esa debilidad que nos relaciona afectivamente con estilos patológicos.

En cuestión de amor, no hace falta aclarar mucho, la gente suele enredarse en relaciones contraindicadas. Es lo que el psicólogo Walter Riso llama amores tóxicos: “Estilos afectivos relacionados con determinados tipos de personalidad, que generan en el otro mucho sufrimiento y alteraciones psicológicas. Este tipo de relaciones representan el 30% en la sociedad”.
Ante esta tendencia mundial de llamar amores tóxicos, relaciones tóxicas, afectos tóxicos, a todo aquello que no nos hace bien y nos vuelve adictos, la psicóloga y terapeuta familiar sistémica Evangelina Aronne, propone examinar cómo estamos amando, partiendo de la base de que el amor se va transformando y persiste de manera menos apasionada y más racional, y la pareja es sostenida con proyectos propios y comunes.

“El amor maduro es una relación con bases firmes: confianza, respeto mutuo, admiración, comprensión, atracción física, conocimiento de los gustos del otro, cooperación, sentido del humor y existe intimidad, sensación de cercanía cuando están lejos, y la relación los fortalece y estimula a ambos, haciendo que cada uno desarrolle lo mejor de sí mismos. Estas bases favorecen la construcción y sostén de un hogar y, a su vez, pueden soportar los contratiempos y vaivenes propios de la vida. En contraposición están las relaciones que se vuelven tóxicas, en la que los efectos sobre la persona dependiente afectivamente de la otra son similares a otras adicciones o conductas de dependencia”, explica Aronne desde su experiencia como psicóloga.

Las adicciones son variadas: consumo de drogas, fármacos, alcohol, juego, Internet, trabajo, televisión, chequear los mails, controlar los mensajes de texto, al sexo, los dulces…, y en todos los casos uno siente alivio pasajero cuando consume ese objeto de deseo y luego se siente mal y peor por haberlo hecho. Y de no hacerlo siente abstinencia, es decir: ansiedad, falta de aire, desmotivación, angustia, dolor de cabeza, de estómago, frustración, fatiga, dificultad de concentración, irritabilidad, etc.

El adicto carece de referentes significativos, produce inseguridad, incertidumbre, falta de incentivos, inestabilidad laboral, invita a vivir el momento, provocando un vacío en las personas.
A la relación de pareja también se la puede vivir como una adicción, por eso es que las dependencias afectivas son un motivo muy común de consulta en psicología. Una persona que vive una relación de manera adictiva necesita de un tratamiento con especialistas, un proceso terapéutico interdisciplinario, contención familiar y social, para poder salir adelante”, dice Aronne y, además, acota, que a este tipo de consulta las hacen personas de toda edad, pero cada vez son más jóvenes y mujeres quienes se acercan al consultorio.

Pare de sufrir.
Si se está inmerso en un vínculo de pareja que produce mucha pena y desdicha, que hasta hace que uno se desdibuje como persona en pos de mantener la armonía y la comunicación ficticia, es probable que formes parte de una relación tóxica, por lo cual saber desactivarla será muy útil para acceder a una vida emocional más satisfactoria.

“Una relación tóxica es aquella en la cual una o las dos personas sufren mucho más de lo que experimentan de dicha y placer por estar juntas. Uno de los integrantes (y en algunos casos ambos) se ven sometidos a un gran desgaste por tratar de sostener la relación”, define Merlina Meiler
Este tipo de vínculos provoca más insatisfacción que felicidad, y la sensación de bienestar que puede proporcionar en escasos momentos es muy efímera, ya que para vivenciarla es necesario silenciar o pasar por alto ciertas cosas que, de darles la importancia que efectivamente tienen, causarían un profundo dolor e incluso llegarían a poner en peligro la continuidad de la pareja.
Las relaciones ideales entre las personas son ganar-ganar. Una relación tóxica nunca puede catalogarse como tal, son de ganar-perder y, en muchos casos, las dos personas involucradas pierden.

Amar, dar, ganar. . .
¿Quién dijo que amar es dar sin ninguna clase de límites? En principio hay un límite bien claro, y es el respeto y el amor a uno mismo, que está por encima de todo lo demás. Si uno no se quiere ni se hace valer y ensalza a otra persona al punto de priorizarla por sobre el propio bienestar y estabilidad interna, incurriendo en sacrificios estériles, es que se está integrando una relación tóxica. Si la comunicación con otra persona nos pone decididamente mal, impide que uno desarrolle su potencial, genera frustración una y otra vez y hace que se releguen los deseos genuinos para uno, es que esa persona no sólo no suma, sino que resta.

“Amar con equilibrio es la clave hacia una vida emocional sana y placentera. Trae aparejado no permitir que persona alguna interfiera en otras actividades o áreas de nuestra vida, entender que es bien posible desarrollarse en lo que uno genuinamente desee, además de crear y disfrutar vínculos sanos con otras personas. No hay por qué dejar de lado nuestras expectativas, ilusiones, deseos y sueños por intentar sostener una situación que a las claras resultará insostenible, salvo que comprometamos nuestra integridad emocional, nuestra salud, el justo respeto que nos merecemos como seres valiosos que somos y el derecho legítimo a ser plenamente felices”, dirá Merlina Meiler; quien no es pesimista y considera que uno siempre cuenta con la posibilidad real de decidir cambiar los términos de un vínculo de pareja tóxico en el momento que se esté preparado (o preparada) para hacerlo: “Si te disocias del rol que asumiste en este vínculo (salvador, maltratado, quien-todo-lo-aguanta, perdedor, sumisa, etc.) la otra persona automáticamente cambiará su postura al tratarte, ya que no encontrará el mismo eco de tu parte. Por ejemplo, para que haya una persona en rol de victimario debe existir su contraparte, alguien que asuma el rol de víctima. Si uno de los dos desaparece, el otro pierde fuerza y cambia su postura… ¡se desintegra este par de roles! Asimismo, este cambio de roles y de conductas desactivará el poder que la otra persona tiene sobre ti”, ejemplifica Meiler.

Claro que no es fácil controlar las emociones o sentimientos, pero sí se puede elegir qué hacer y qué no hacer con ellos. Uno es libre para decidir qué clase de relaciones y de personas nos rodearán cada día.

Razones tóxicas.
¿Qué nos lleva a involucrarnos en relaciones tóxicas? Hay diferentes razones, las más usuales son:

La baja autoestima: Si nuestras creencias están basadas en sentir que no somos merecedores de la atención, el respeto o el amor de otra persona, quien aparezca será considerado nuestra tabla de salvación, a la que nos aferraremos con uñas y dientes porque, sin esta persona, ¿quién nos querrá?, o ¿quién pagará nuestras cuentas?, o ¿quién nos cuidará?

El creernos salvadores: Fantasear que nosotros podemos cambiar a esa persona, que hemos llegado a su vida para que se transforme en otra clase de ser humano, mejor, más como nosotros queremos que sea; suponer que con nosotros se comportará de una manera diferente a la que suele hacerlo, que lograremos que se operen modificaciones impensadas, son caminos de ida hacia el sufrimiento. Podemos ayudar a que otras personas cambien rasgos de su personalidad que las molesten, siempre y cuando se den cuenta de que este cambio los favorecería, decidan hacerlo y además quieran que las ayudemos. Lo que sí tenemos es la capacidad concreta de lograr que se produzcan cambios asombrosos en nosotros mismos si así lo deseamos.

Asumir el rol de víctimas: Quién nos va a querer o aceptar como esta persona que se digna a darnos ratos de su tiempo, o a convivir con nosotros, en definitiva, a darnos momentos de su (mala) compañía? El asumir este rol implica que estaremos aceptando a una persona que se comportará como victimaria.

La urgencia de muestras de cariño: Este tipo de deseo imperioso es muy mal consejero, y se suma a la necesidad de suplir carencias profundas. A veces da como resultado el tolerar cualquier cosa por un poco de lo que deseamos, como cariño (una demostración de afecto, sexo, un regalo), pero que en realidad encubre otro comportamiento de fondo (uso, abuso, egoísmo, maltrato, falta de respeto, etc.).

Estar acompañado a cualquier precio: El miedo a la soledad es el paso preliminar hacia una posible relación tóxica, ya que se tolerará -literalmente- cualquier cosa con tal de no estar solos. Y no hay mayor sensación de soledad agobiante que el creer que uno está acompañado por alguien que le va a hacer bien cuando no es así y esa persona no sólo no cumple con nuestras expectativas más esenciales sino que atenta (con marcado éxito) contra nuestra calidad de vida.

El aburrimiento: La búsqueda de nuevas sensaciones, de una manera de alejarnos de la monotonía o de la rutina puede hacer que sólo veamos una faceta de la personalidad de quien nos atrae -la divertida y agradable- que nos saca del letargo en el que estábamos, y no logramos visualizar el resto de la personalidad de quien nos atrae, en la cual hay comportamientos tóxicos que en un principio no identificamos. Encontrar a alguien que tenga gustos similares a los nuestros es muy bueno y hasta se siente tocar el cielo con las manos, pero, si para compartir ese universo es necesario convalidar una relación tóxica, será muy difícil cortar el vínculo.

La necesidad imperiosa de cumplir algún rol social: como, por ejemplo, el de esposa/o, madre o padre, tal vez pueda hacernos priorizar el fin antes que ver a la persona que elegimos como realmente es. Algunas veces se trata por todos los medios posibles de enmascarar la realidad para seguir manteniendo las apariencias y la estructura social, aunque el costo interno suele ser demasiado alto.

El miedo a seguir avanzando en la vida: Si tenemos un vínculo con una persona que nos pone frenos o nos cercena en nuestro crecimiento y nos estancamos en cierta área de nuestra vida (ya sea personal, laboral, espiritual o profesional), ¿no somos nosotros mismos quienes aceptamos quedarnos en una zona conocida en vez de crecer, desarrollarnos, cambiar y superarnos?


Artículo que podéis completar en este enlace de esta autora EVANGELINA ARONNE, Lcda en Psicología U.N.C. Argentina"

domingo, 24 de junio de 2007

¿AMOR O DEPENDENCIA?


uchas personas llaman amor intenso a la necesidad neurótica del otro (pareja o ex); hasta tal punto es así, que perciben la falta de dicha necesidad en el otro como ausencia de amor. Nada más alejado de la realidad; de hecho, suele amar más quien “menos necesita”, ya que, si siente amor, será de verdad, sano.




”PARA DESCUBRIR EN NOSOTROS EL AMOR, LO PRIMERO ES AMARNOS A NOSOTROS MISMOS.” ROJAS MARCOS.




Esta frase, tan repetida, habla de una vieja quimera deseada por todos: la autoestima; pero lo cierto es que, en ocasiones, confundimos su falta con el amor.



El amor neurótico, patológico, es propio de personalidades inmaduras, inseguras y faltas de autoestima que han proyectado en el otro su propio valor; es decir, su propia estimación. Dependen de lo que les valore la otra persona.myspace layouts, myspace codes, glitter graphics Por eso, cuando el sano rompe la relación el neurótico no lo puede soportar; se hunde, se deprime, pierde el interés por todo, ya que, al pensar que no sirve para nada no tiene sentido (para él o ella) esforzarse en nada, pues nada puede conseguir por sí solo.



Para ilustrar mejor este proceso distingamos entre “necesitar a alguien porque se le ama” y “amarle porque se le necesita”. Lo primero es lo deseable en una relación y es normal que cuando nos separamos nos encontramos tristes y ansiosos. La exacerbación de estos sentimientos (depresión, histeria), ocurre con lo segundo (amarle porque se le necesita) y se da en el amor neurótico.



El dependiente no pasa página, no se libera del apego, tiene un pensamiento monotemático y llega a agobiar, perseguir, amenazar, insultar, maltratar (física ó psicológicamente) o chantajear emocionalmente a su ex para que vuelva con él a toda costa, a la fuerza (el maltratador piensa que si no es por la fuerza ella no estaría con el) y, en casos extremos, a asesinar a su ex porque, para él, es la dueña de su autoestima.
De ella depende que él sea valioso, así que: “si no está conmigo es que no valgo”; esto puede desembocar en el deseo de eliminar a quien “le quita su valor como persona”.



Ningún ser vivo a parte del hombre tiene problemas de autoestima. La autoestima es constructiva, integradora, amorosa, joven y fresca; es un sentimiento que regala afecto placentero para sí mismo y para los demás; es una sensación de compañía eterna y seguridad.



“Todos los seres humanos ideamos algún mecanismo que nos permite, al despertarnos cada mañana, estar seguros de que somos la misma persona que se fue a dormir la noche anterior.” GORDON W. ALLPORT



Para los que no saben estar solos, para los dependientes, es mayor el temor a la soledad que la consciencia de estar acompañados a la fuerza. Porque ¿qué persona sana desearía que alguien estuviese con él por obligación?



Las emociones que no siguen el curso adecuado para desarrollar el potencial interior que todos tenemos nos impulsan a quebrantar lo más grande de nosotros mismos. No podemos amar si no nos sentimos libres; no podemos convivir con un amor manipulado, repleto de pactos y mercantilista.



El amor te desarrolla, te enseña, te potencia, te quiere, te aprecia, te reconoce, te admira. El amor es lo único que mueve el mundo, y a quien no consigue llevar esta obra de arte, nacida de nosotros mismos, al puerto de la felicidad, más le valdría reflexionar sobre sí mismo y dejar la oportunidad de compartir este sentimiento con otra persona hasta que consiga liberar estos comportamientos y adentrarse en sí mismo de manera profunda, desarrollando la inteligencia emocional que todos llevamos dentro.



Por todo esto, y para terminar, quiero decir que la pareja es integradora y que el primer paso para que la relación llegue a ser el reflejo de nosotros mismos es potenciar los aspectos positivos que llevamos dentro.


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Quienes tienen lástima de sí mismos, hacen daño a los demás. Es la tiranía de los débiles.



EL AMOR ES UN REGALO, NADA TENEMOS QUE PAGAR POR SENTIRLO O POR VIVIRLO.




GLORIA S. CONESA ALBALADEJO. Orientadora familiar


Articulista de la página TERAPIA Y FAMILIA www.terapiayfamilia.blogspot.com