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miércoles, 27 de junio de 2012

¿Contigo pan y cebolla?

Cierto es que el amor es lo que mueve, o debería mover, el interior personal de las gentes que habitan en este mundo (no olvidemos que estamos en un mundo en el que poderoso caballero don dinero), y también es cierto que la PERSONA ha de estar preparada para enfrentarse a la vida y a todos sus vaivenes, como no es menos cierto que el ser humano y sus sueños hacen del amor un sentimiento que mira hacia la dirección de las estrellas, el cielo y, en definitiva, sólo los deseos de soñar de la forma más bonita posible.

Pero no podemos olvidar las expectativas de cada individuo que forma la pareja. Es difícil que funcione cuando uno mira solamente al cielo, las estrellas, las puestas de sol y se olvida de que hay una tierra con sus realidades, con sus luces y sombras. Es posible que uno de los dos ame como debe amar y el otro sólo quiera sentirse amado y deje en manos del primero todo el motor que mueve la vida de la pareja, del matrimonio.


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Lo que unos pueden llamar mercantilismo, otros lo pueden llamar realidad de la vida. Realidad a la que nos obliga la sociedad y sin esa parcela cubierta convenientemente es muy difícil, casi imposible poder hacer realidad los sueños; no nos mintamos a nosotros mismos.

No sólo de pan vive el hombre. No sólo el amor es suficiente para el sostenimiento de una pareja que en su devenir ha de afrontar crisis y buenos momentos. ¿Qué sucede cuando una parte de esa pareja no sabe, no quiere o no puede soportar y hacer frente a las crisis? La pareja sucumbe al caos y se separan, incluso aun sintiendo algo el uno por el otro, por no afrontar las situaciones de la realidad y no crear un espacio objetivo para el diálogo sin que se mantenga cada uno en su posición de terquedad.

¿Quién es el sano: el que rompe la relación por no soportar enfrentarse a las crisis o el que quiere intentar buscar puntos intermedios y hablar para negociar?

Reflexionemos sobre estas preguntas porque cada ser, cada individuo, cada miembro de la pareja, tiene su propio y subjetivo concepto del amor, su propia escala de valores, e incluso, sus propia escala de prioridades, y cuando no coinciden en su mayoría...mala cosa. Lo importante es haberse entregado y tener la conciencia tranquila de haber hecho lo que uno sabía hacer y lo que unos llaman neurosis de amor o amor neurótico, a veces no es más que un intentar salvar algo porque le merece la pena que de una u otra manera, parece que está roto. ¿Roto?

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Tal vez en alguna ocasión pueda haber un encuentro objetivo, neutral, reflexivo, desde el mismo amor o afecto, en el que ambas partes puedan encontrarse de forma diferente. Lo cierto es que en este mundo de hoy, que nosotros mismos hemos fabricado, no puede decirse aquello de “contigo pan y cebolla...”
Tampoco pasemos de largo que lo que a algunos profesionales les parece depresión e histeria por carencia de autoestima ante la pérdida de su pareja, a veces puede ser la vivencia de un puro duelo con todas sus fases (rabia, incomprensión, incredulidad, dolor,...)

Como Orientadores y terapeutas familiares, hemos de tener muy claro que no es nada bueno dejarnos llevar por nuestras propias creencias y visiones subjetivas de las cosas o problemas que se nos presenten. No todos sentimos igual y todo puede llegar a ser comprensible, por lo que se hace necesario, y no de forma teórica sino totalmente práctica, emplear la EMPATÍA, arte difícil que nos hará entender al otro y quizás no tomar decisiones tan drásticas. No opines bajo tu criterio y tu vivencia; sal de ti y ponte en su piel para encontrar su dolor y tu percepción de las cosas cambiará. Yo lo he hecho y funciona...¿Y tú?

También es normal que nadie aprenda en cabeza ajena y hemos de asumir que tenemos nuestro corazón particular y nuestras propias perspectivas, que pueden ensombrecer las situaciones introduciendo una visión distinta de un mismo hecho. Aún así creo que todo es cuestión siempre de matices. No el negro y el blanco van a pintar la vida, sino que los matices de grises también llenan las situaciones de la vida que enmarcan nuestros criterios a la hora de "juzgar" una situación. Y aquí llegamos, tal vez a la necesidad positiva de aprender a relativizar; aprender a que no todo es tan malo ni tan bueno, a que los problemas están para algo y que si hemos de saltar al aprendizaje de la vida es mejor hacerlo salvando los problemas que no teniendo ninguno.

Lo que sí es cierto e inamovible es que sin el AMOR  no elevamos a sabiduría lo vital; sin amor no se facilita el camino a ser Persona, Pareja o Padres; sin el amor no obtenemos la Acción Máxima para Organizar el Reconocimiento, tanto interno como del exterior. En pocas palabras, el amor es el gran facilitador que ayuda a emprender acciones encaminadas a abordar la solución de cualquier tipo de problema.

Pero se necesita trabajo, energía, voluntad, para que germine y no vale sólo aquello de "contigo pan y cebolla..."

Reflexionad y sacad vuestras propias conclusiones. Es un buen ejercicio.

Juan José López Nicolás

jueves, 15 de septiembre de 2011

Amor sano, persona sana.

Desde que llegamos de las vacaciones de verano, he recibido varias consultas, o mejor, varias preguntas, encaminadas hacia un mismo tema: ¿qué condiciones hay para garantizarnos un amor duradero y sano?, ¿puedo saber si este amor que siento es para siempre?

Me manifestaban esta serie de inquietudes, de pensamientos, preocupados por aprender a conocer el camino que llevara a la certeza del saber amar como profundo sentimiento que mueve a la humanidad, pero yo no tengo las respuestas que lleven a caminar sin incertidumbres, a caminar sin esfuerzo y a llevar el alto rendimiento de la vida a insospechadas playas de placer eterno.

Al querer contestar a estas preguntas de mis lectores y consultores de nuestra página, decidí escribir un artículo que pudiera servir de ayuda para que el camino hacia el objetivo deseado se viera aderezado de pequeñas herramientas a las cuales recurrir para poder solucionar estos contratiempos en el devenir cotidiano, con la principal visión de que es necesario arriesgarse a vivir para tener y conseguir vida. Pero no necesité esforzarme mucho en pensar qué escribir, qué deciros, porque la mayoría de cosas que se deben hacer, están ya escritas y lo único interesante es ponerse en la onda suficiente para encontrar aquello que puede sernos útil (CUANDO EL ALUMNO ESTÁ PREPARADO, APARECE EL MAESTRO)

Es por esta razón por la que os traigo a un autor, Mitch Albom, para que podáis reflexionar sobre las mismas preguntas que me hacéis, porque en su libro “Martes con mi viejo profesor”, Albom habla de las condiciones de un amor sano y menciona cuatro verbos necesarios para conjugar correctamente el lenguaje del amor en todos sus tiempos y modos: respetar, transigir, hablar y compartir.

Este fragmento que os propongo, por sí sólo, ilustra grandemente lo que quiero deciros:

“-¿Existe alguna regla para determinar si un matrimonio va a funcionar?
Morrie sonrió.
Las cosas no son tan sencillas, Mitch.
- Ya lo sé.
-Con todo -dijo- existen algunas reglas acerca del amor y del matrimonio que sé que son verdaderas. Si no respetáis a la otra persona, vais a tener muchos problemas. Si no sabéis transigir, vais a tener muchos problemas. Si no sabéis hablar abiertamente de lo que pasa entre vosotros, vais a tener muchos problemas. Y si no tenéis un catálogo común de valores en la vida, vais a tener muchos problemas. Vuestros valores deben ser semejantes. Y ¿sabes, Mitch, cuál es el mayor de esos valores?
- ¿Cuál?
- Vuestra fe en la importancia de vuestro matrimonio."


Creo que podéis reflexionar y hacer vuestros comentarios al respecto y tal vez lo idóneo sea comenzar a conceptuar cada una de estas cuatro palabras mencionadas que os dejo a vuestra consideración. ¿Os vale?


Juan José López Nicolás

miércoles, 29 de agosto de 2007

PAREJA Y AMOR CONYUGAL

"No es bueno que el hombre esté solo..." Sí, todos conocemos estas palabras y de ahí nace la pura y simple necesidad de encontrar una pareja para complementarnos; es otro comportamiento humano que, como todo, ha de estar regulado por una ética que ofrezca camino a las costumbres, las culturas y las leyes.


El matrimonio, la familia, la pareja, probablemente la institución más estable y duradera de las que componen el entramado social, reducto al que todos vuelven sus miradas y sus pasos y sin embargo, está siendo sometido - el matrimonio - a una fuerte revisión y crítica. Estamos viendo que con los cambios históricos, culturales y de nuevas formas de vivir o concebir la vida, tanto el entramado social como esa ética que pone conciencia y lucidez al comportamiento humano, se mueve, se desestabiliza y puede entrar en las "crisis del cambio". La pareja, el matrimonio, el amor conyugal, en definitiva, no es menos, y lo hace por una serie de cambios que, al contrario de lo que preconiza la moral cristiana, se convierte en algo patológico por tres causas fundamentales: la poligamia, el adulterio y el divorcio.



¿Por qué falla el amor conyugal? ¿Por qué parece que desaparece su ética ancestral que tan "puro" lo mantenía?



La lógica evolución de los tiempos y los cambios suelen hacer surgir las crisis, aunque, para mí, una de las principales razones es carecer de un sincero y coherente proyecto de vida en común, desde el principio, por lo que si se forma la pareja careciendo de esta raíz, se darán situaciones viciadas desde su base. Ya es normal encontrar dificultades por factores socioculturales (egoísmo, mercantilismo, individualismo, etc.), ideologías, consumismo, mayor apertura de la mujer fuera del hogar, etc., aún habiendo formado la pareja con buenos cimientos, qué no sucederá si no reorientamos la comprensión de la pareja hacia esos principios básicos, éticos, para asegurar que su futuro sea el deseado.



Obviamente hay unos cambios que traen consecuencias tras las que, siendo lo humanos que presumimos, urgen unos replanteamientos para defender los valores básicos del amor conyugal que sirvan de orientación y pistas para el futuro, tan cercano, como que mañana ya es hoy. ¿Es que desde el amor conyugal no se puede propiciar hasta la revolución femenina mediante la igualdad de y en la pareja?, o ¿ es que no se puede apoyar la igualdad social mediante la armonía en complementariedad?



Desde la ética creo que sólo hay una posible respuesta ante ese 75 % de rupturas matrimoniales; respuesta que pasa por iniciarse en el amor de verdad; el amor que espera ser definitivo porque es auténtico, que no limita, que no divide, que no renuncia porque se complementa con otro ser, el tú que hará del yo algo grande ( y viceversa). Una comunión que, por sincera, ya no se va a ver retirada por esos altibajos y caprichos ocasionales que se detienen en la vida de toda pareja. Las crisis se afrontan, se viven, se discuten, se comparten y se maduran las soluciones. Todo esto se dará si el cimentado es de la calidad requerida para funcionar el "resto de la vida". Está claro que habrá cambios en el "yo" que va aprendiendo; pero aprender es madurar y el "yo" madura con el "tú". ¿Soluciones?, donde las haya, antes que decisiones traumatizantes que impregnan de culpa moral nuestras personas y, por extensión, a toda la sociedad.



La ética no postula una reglamentación, unas normas para algo que se pueda soslayar y no vivirlo como parte integrante de la esencia del ser humano; la moral no aporta su bien hacer a algo intrascendente, banal, a algo que ni siquiera entra en la atmósfera de la esencia vital, pero ambas, - ética y moral - reiteran su razón de ser, puesto que desde siempre se ha dicho que "no es bueno que el hombre [como género humano] esté solo...". Necesita al otro y sobre todo, sentir que la unión interpersonal esencial está cimentada en el amor conyugal como núcleo configurador de la pareja humana. Ahora la ética sí aparece y es necesitada para dotarlo de la normativa que entreteja la urdimbre solidificadora de la cimentación adecuada. Porque el amor conyugal ha de ser libre, totalizador, fecundo, basado en la promesa y, sobre todo, racional; impulsivamente nacedor de las primeras sensaciones, pero estabilizador de las futuras emociones. Queda como rescoldo, siempre vivo, del encuentro primero entre enamorados.



Todo esto os puede parecer simplista y hasta utópico, pero si miramos en el fondo de nuestro ser, con sinceridad, más de una crisis se iría por el alcantarillado al darnos cuenta que lo que sentimos, o deberíamos sentir, por nuestra pareja, es más fuerte que todos los problemas que puedan venir. Y si vienen se solucionan mejor en compañía que en la soledad.


JUAN JOSÉ LÓPEZ NICOLÁS. Orientador Familiar. Articulista de la Asociación Convivencia Familiar para la página Terapia y Familia.

sábado, 16 de junio de 2007

INGREDIENTES DEL AMOR CONYUGAL



l amor es una forma excelente de conocimiento que hace que la búsqueda culmine en encuentro. Es la satisfacción de haber dado con una persona que ilumina el panorama personal presente y futuro. Según Rojas, el amor es el sentimiento gratificante por excelencia, que cautiva positivamente y se acompaña de una fuerte atracción, de una tendencia a estar y a compartir la vida. Es el mejor estimulante para vivir; es una conducta de atracción recíproca, rica y compleja. No hay amor maduro y perseverante sin renuncia ni sacrificio escondido.


Los dos componentes iniciales del amor son: EL SENTIMIENTO Y LA TENDENCIA.


El amor conyugal es un sentimiento gratificante, una tendencia hacia la persona que se ama, un acto que debe apoyarse en la voluntad y en la inteligencia para que entre los dos se llegue al compromiso que conduzca a caminar juntos compartiendo las vicisitudes y las alegrías. Cuando se vive intensamente el amor, hasta el sacrificio engrandece nuestro ser, nos hace más libres, más entregados a esa persona. Es como ir entretejiendo eslabones que con el tiempo irán formando toda una cadena de experiencias que darán lugar a un orden y que tendrá el sentido para que se desarrolle toda una trayectoria psicológica. No en vano, el mismo Erich Fromm, decía que el amor requiere conocimiento y esfuerzo.


La calidad del amor conyugal solo se alcanza cuando, tras repetidos esfuerzos, sus distintos componentes viven en un equilibrio proporcionado. Es claro que el amor conyugal se aprende, es necesario un adiestramiento y acoplamiento en la relación. Se consigue el objetivo deseado cuando tras el conocimiento que vas adquiriendo del otro y del trabajo diario que resulta de toda la relación, sus distintos componentes consiguen así ese equilibrio proporcionado.


El amor conyugal podría ser como un abanico o un arco iris lleno de matices en donde el sentimiento corrobora y ayuda a la realización de sí mismo.


Otro de los ingredientes del amor conyugal es la SEXUALIDAD. Este ingrediente básico revela la intimidad de ese encuentro en el cual dos personas se desnudan física y psicológicamente y dejan al descubierto la realidad de cada uno. Aquí sería uno capaz de percibir la generosidad o la tendencia a amarse a uno mismo. La sexualidad nunca debe ser puramente utilitaria, sino la aproximación de dos personas, la unión en profundidad.


El amor auténtico perfecciona al hombre y a la mujer; amplía su horizonte existencial y se caracteriza por la entrega. Obsérvese que hago hincapié en el aspecto “sexualidad” como un TODO y no la limitación exclusiva de genitalidad solamente o coitocentrismo exclusivamente. Por eso este concepto, sexualidad, en su más amplio sentido, en el integral, ayuda a esta entrega y relación de un ser a otro. El amor auténtico tiene siempre un valor moral.



Otra dimensión del amor es lo ESPIRITUAL, que se hace trascendente; ya que la espiritualidad engrandece la relación entre esas dos personas; liga los valores sexuales con los de la persona; de esta forma el amor no se dirige solo al cuerpo, sino al conjunto y se manifiesta en la capacidad para dar y recibir afecto. Así ordenamos la vida en su cómputo dándole un sentido positivo.


Todos estos ingredientes mencionados hasta ahora vienen a sumar elementos para conseguir la base fundamental de la pareja, o lo que es lo mismo, conseguir tener y consensuar unproyecto de vida en común.


Viendo la evolución de la vida de la pareja actual hay un cuarto ingrediente que brilla por su ausencia, que siendo fundamental y básico es el más impopular. Este cuarto elemento es la VOLUNTAD.


No se puede descartar este elemento si queremos sinceramente alcanzar en nuestra relación la estabilidad emocional. La voluntad está muy olvidada en la formación de la pareja que sólo basa su relación inmadura de los sentimientos y en la atracción física como elemento básico. Esta creencia hace que se rompan las parejas cuando hay cambios, precisamente en aspecto físico. Por lo que el amor no llega a ser nunca sólido. El elemento de la Voluntad conlleva un efectuar una elección, implica una inteligencia viva, una fuerza de carácter para resistir el influjo de las pasiones momentáneas. Sigo pensando que hoy, por el modo de vida, el ritmo, el estrés, el poco tiempo para llegar a conocerse, la carencia o adormecimiento de valores, llevan a que los prejuicios, la rutina, la tradición, y en definitiva, la posición social, rompan la relación de pareja, el amor. O no la rompa y se siga manteniendo sólo por niveles exclusivamente protocolarios y de imagen social.


No creo que haya hoy, en la pareja actual, en general, un amor inteligente. Toda obra bien hecha necesita esfuerzos constantes de la voluntad regidos por la cabeza; y podemos definir como “cabeza”, inteligencia, la capacidad de distinguir lo accesorio de lo fundamental; facultad para resumir la situación propia y la ajena, comprensión lógica de lo que sucede para obrar en consecuencia.


Sin querer ser negativos y con el deseo de que con el esfuerzo y con la formación adecuada cambie, pienso, que de forma general, no hay hoy en día demasiado acto de voluntad ni la inteligencia adecuada para hacer sobrevivir a la pareja en la vorágine en la que se ve sumida. No olvidemos que de cada cuatro matrimonios que se casan, tres llegan a algún tipo de ruptura; dicen los últimos datos que en España hay un divorcio cada 4 minutos (en el 2006 se produjeron 141.817 divorcios, un divorcio cada 3,7 minutos, con un incremento del 51% con respecto al 2005 y del 277% en 5 años (2001-2006) . Lo que mata en la actualidad a la pareja es la limitación del amor sólo a sentimientos sin voluntad y sin inteligencia, estando así expuesta sólo a los movimientos y fluctuaciones de la vida.


Hoy viven las relaciones un amor de movimiento espontáneo y no, como debería ser el amor, como un movimiento reflexivo.



GLORIA CONESA ALBALADEJO. Orientadora Familiar