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viernes, 19 de junio de 2020

Esta extraña vida, llamada vida.

El otro día hablando con una familiar de cómo nos iba me preguntó que cómo iba la crianza y el curro. Mi respuesta fue sincera y es que es complicado conciliar la vida personal y laboral, un puesto a media jornada con el que poder desarrollarme profesionalmente y con el que poder compatibilizar la crianza. Su respuesta fue de ánimo, "al menos tienes tu familia. Yo a día de hoy ni me lo planteo, por el trabajo".

En otros casos, también cercanos, la soñada maternidad, no llega, y no porque no quieran, sino porque no pueden.

La conversación me hizo pensar en que a todos nos falta algo, la vida que llevamos no es plena en absoluto; porque o priorizas unas áreas de tu vida o priorizas otras, siendo prácticamente imposible poder priorizar todas las que quisiéramos. De esto podríamos concluir, que en la mayoría de los casos el estrés se va apoderando de nosotros. Por qué? Porque da la sensación de que no avanzamos, o de que avanzamos pero no todo lo que quisiéramos y siempre "nos falta algo".

Actualmente se está produciendo, un "ataque" a las condiciones de vida de la población que depende de un salario. Se trata de un ataque que afecta a la seguridad, al empleo, al salario y a los servicios, así como también al tiempo, a la organización del trabajo y, en general, al cuadro de derechos. Como resultado han aumentado las desigualdades y ha empeorado la calidad de vida de amplios sectores de la población. Además, se está modificando la distribución de las responsabilidades respecto al bienestar de la población entre Estado, empresas, familias, personas, con consecuencias como el incremento de la inseguridad y de las tensiones domésticas.

La cuestión de la subsistencia, entendida como un estado de sostenibilidad de las condiciones de vida cotidianas, en sus dimensiones materiales y sociales efectivas está siendo desvirtuada, ya que se consideran las condiciones de vida como un efecto final de la producción, de nuestro trabajo. La sociedad se concentra en la producción y no en las fuerzas dinámicas y conflictivas que orientan los procesos de vida de hombres y mujeres reales y en los que están vinculadas necesidades, aspiraciones, ansias e inseguridades.

Es necesario apelar a la multidimensionalidad humana. "Un hombre que dedica su vida a ejecutar unas cuantas operaciones sencillas, cuyos efectos son siempre los mismos [...] no tiene necesidad de ejercitar su entendimiento y su capacidad de inventiva para salvar dificultades que nunca se le presentan. En consecuencia, naturalmente pierde el hábito de ejercitarlos, y generalmente se hace todo lo estúpida e ignorante que puede ser una criatura humana. La torpeza de su entendimiento no sólo le incapacita para participar en una conversación y deleitarse con ella, sino para concebir pensamientos nobles y generosos, y formular un juicio sensato respecto a las obligaciones cotidianas de la vida privada.” (Smith, 1988, p. 811).

Creo que es una cita como mínimo interesante. Cada vez funcionamos más de forma autómata, nos dejamos llevar por la rutina, nuestros "deberes y obligaciones", la tele basura,... La sociedad intenta conducirnos a todos por el mismo sendero, que no nos desviemos, que no tengamos tiempo de pararnos a pensar y de oponer resistencia a una sociedad materialista y en la que se van perdiendo los valores por el camino.

Reencauzando el tema con el que comenzaba, ambas, mi familiar y yo, estábamos de acuerdo en algo y era en que tener hijos es para criarlos, educarlos y disfrutarlos (nuestra opinión, cada cuál que sea coherente con lo que piensa y consecuentemente así actúe), es decir, tener tiempo por y para ellos. ¿Por qué? Porque educar implica muchas áreas: respeto, autonomía, libertad, autoconfianza, autoestima,... TIEMPO.

Esta extraña vida, llamada vida. Que nos completa y nos destruye. Nos hace crecer y desesperar. Nos hace amar y odiar.
Esta extraña vida, llamada vida, llena de diferentes perspectivas y de perspectivas semejantes.

Perspectivas y prioridades

- El cementerio está lleno de valientes.
- Antes muerto que " Cagao". ( Perdón por la expresión).

¿Qué es lo más importante para ti? Piensa en los valores que son prioritarios en tu vida y escríbelos. Puede ser: la familia, la amistad, el trabajo, la honestidad, la paz interior, el desarrollo personal, la integridad, la fama, la aventura, los logros, las metas… Pueden ser estos u otros muchos, que puedes añadir en función de lo que tú valoras más.

Todo lo que te define como persona deriva de los valores que tienes en la vida, de todas aquellas cosas a las que das más importancia y que guían todos tus actos, los caminos que eliges y las personas con las que te relacionas.

Una vez definidos los valores que son fundamentales para ti, es hora de ver si estás actuando conforme a esos valores, y de ser consciente de la necesidad de coherencia entre esas creencias que son la base de tu vida y los actos que van conformando tu personalidad y quién eres en realidad.

“Cada día me miro en el espejo y me pregunto ¿Si hoy fuera el último día de mi vida, querría hacer lo que voy a hacer hoy? Si la respuesta es “no” durante demasiados días seguidos, sé que necesito cambiar algo.” -Steve Jobs-

Si puedes, cámbialo. Si no puedes, acéptalo. No hay situación que desgaste más que vivir a contracorriente constantemente.

M. Esmeralda Ruiz Pina

miércoles, 16 de mayo de 2018

Resistencia y oportunidad

Cuando encontramos personas en nuestra vida que nos oponen resistencia, con las que sentimos una sensación de “sí pero no”, de que hay algo que me dice que algo distinto sobrevuela el firmamento y esto no va a ser fácil de lidiar, parece que saca lo peor de mí, solemos evitarlas, renegamos de ellas y las vilipendiamos hasta tal punto que parece que son lo peor de lo peor. En cambio, si fuéramos capaces de verdad de ser observadores de nuestro interior vital, incluso sólo de las circunstancias que me hacen sentir, pero como digo, simplemente observar, veríamos que son estos encuentros de resistencia los que nos hacen realmente crecer, efectuar cambios internos y tomar conciencia de dónde están nuestras limitaciones y hasta qué punto rara vez somos nosotros, sino más bien un personaje que nos hemos creado desde nuestra realidad de “ficción” que si no gestionamos bien terminamos por ser ese personaje.

Eso que se nos resiste y no nos gusta es precisamente lo que nos va a dar las pistas sobre en qué hemos de incidir para dejar de sentir y elegir vivencias negativas sobre eso mismo que nos pone mal. ¿Por qué nos fastidia eso (lo que yo creo sobre esa situación) tanto? Tal vez en lugar de evitarlo, de buscar armas para afrontarlo (rara vez sabemos cómo), tendríamos que observarlo y hacerlo consciente y efectuar los diálogos internos adecuados para “dejar de pasarlo mal con eso que se resiste a mi comprensión y en definitiva a mí.”

Precisamente cuando algo que rompe el equilibrio individual y/o familiar ofrece una resistencia a nuestro yo y a nuestra creencias y nos hace sentir mal, con enfados, con roces, con el eterno “más de lo mismo”, es porque precisamente abordamos las soluciones que no solucionan y se perpetúan en el tiempo, no viendo que hay una resistencia que debemos observar y observar para ver por qué sucede y qué quiere decir, con el objetivo de abordarla con el tiempo haciendo algo diferente a lo mismo de siempre.

Podemos llevarlo a los casos que cotidianamente nos suceden a todos. Si la relación con mi hijo no es adecuada, me hace sufrir, se ha convertido con los años en ese dolor que atenaza el corazón de una forma crónica, es porque no ha habido límites, no se ha podido desarrollar el valor autoridad ya que las cesiones y los privilegios atípicos y anormales han hecho que se cree una relación del rol autorictas contrario e invertido.

No hemos sabido ir observando el desarrollo ni las señales que se iban dando y no podemos haber desarrollado la habilidad de observar qué parcelas emocionales quedaban afectadas ante tanta resistencia. Nos hemos dejado llevar y no hemos observado, simplemente sobrevolar para mirar, y no lo hemos hecho y esto eternizándose en el tiempo llega a verdaderos conflictos o el nacimiento de dos personas al servicio eterno de un tercero incapaz de observar la disciplina, los límites, las normas, el respeto y no sé qué más.

Se ha creado un hijo “descontrolado” tirano y con ausencia de valores justos. Pero nunca es tarde para observar el tipo de relación que tengo con mi hijo, con mi marido, la de mi marido con mi hijo, etc. Observar las resistencias que suscitan estas relaciones porque  lo que suele suceder ante relaciones desequilibradas o en momentos puntuales de crisis es que los educadores, los padres no hemos controlado la forma y cantidad de nuestros "SÍES", creyendo que los "NOES" aportan negatividad y frustración a nuestros hijos.

Si observáramos veríamos que lo importante es dar seguridad, control y límites, elementos estos que ayudan a que los hijos se sientan queridos y cuidados.

Ambas cosas expuestas en este artículo son de suma importancia: una, no huir de lo que opone resistencia sin observarlo y ver qué situaciones internas nos toca tomando las decisiones activas adecuadas y, dos, si esta dinámica la interiorizo, la observación de situaciones incapacitantes que oponen resistencia al equilibrio y a las normas básicas de nuestro sistema familiar se verá más como una oportunidad de realizar cambios adecuados y positivos que como situaciones incapacitantes que nos crean y hacen romper los equilibrios relacionales.

En este orden de cosas, también se hace necesario con la observación ante los “problemas” y la visión de aquello que se nos resiste, que lo que hay que cambiar está en mí, no en el otro. Lo que yo puedo matizar es a mí mismo y la parte de mí que forma parte de ese corro ancho en el que todos jugamos y como consecuencia también pongo mi granito de arena para que esas situaciones desequilibrantes se den. Esto es lo justo, en cambio no es difícil encontrar a padres y/o madres que piden solucionar sus problemas de familia haciendo que un terapeuta, y además, hombre, hable con su hijo para que éste efectúe el cambio que debe, según ella.

Todo el sistema es el que ha de ser tratado, todos y cada uno de los miembros de la familia nuclear y si es preciso la extensa y no sólo ese que parece que es el Paciente Identificado. No observamos ni miramos, sino más bien evitamos y no entendemos que yo me cambio yo y para eso debo observar, mirar y aprender a dialogar en mi interior que hará surgir la toma de conciencia para saber dónde estoy, cuáles son mis zonas erróneas y saber dónde me quiero situar para evolucionar y tender a esa felicidad deseable siempre. Pero sin cambiar uno mismo es difícil. Uno mismo es la única persona sobre la que se tiene el control.
Observemos, pues, el problema, observemos cómo nos impacta, qué saca de nosotros, qué emociones nos suscita…Observemos de forma consciente.

“…después de despertar, observar e identificar el personaje para advertir sus mecanismos y poderlo desactivar.” (A. Blay)

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Reflexiones de un padre “imperfecto”

He sido padre de dos hijos…Dos buenos hijos y, sobre todo, dos buenas personas. Y ahora creo que puedo reflexionar sobre los acontecimientos como padre porque estoy en la dimensión del ser abuelo, que nada tiene que ver con el nivel anterior.

No es la reflexión pormenorizada de los años en los que he vivido con ellos, con sus risas, sus lágrimas, sus juegos en el suelo, sus enfermedades, sus soledades, sus reproches, sus perdones por mis fallos, mis perdones por los suyos, etc., sino desescombrar desde mi interior una serie de vivencias que me han llevado a unas reflexiones que para nada espero que sean dogmas de fe, sino un entramado más que pueda dar luz a las ideas que padres puedan tener en los mismos recorridos de esta grandiosa aventura que ellos, los hijos, ni se imaginan, porque aún no han vivido en toda su dimensión, y la juzgan (la mía) sin tener todas las cartas en su mano. Es igual, son atrevidos, pero creo que es ley de vida porque llegará el momento de repetir experiencias y entonces entenderán todos y cada uno de mis actos.

A veces creo que criamos hijos y en cambio nos salen jueces cuando empiezan a empinarse.

He aprendido que, aunque duela y cueste lo indecible, no deberíamos sobreprotegerlos, porque nuestra obligación es educar en la realidad social que se van a encontrar, sobre todo, cuando salgan a la vida y les comience esta a decir con voz ronca: NO, NO, NO…Es ahora cuando vamos a ver qué capacidad de frustración tienen y su potencial resiliente, porque ellos hacen muchas cosas, se meten en muchos “fregaos” porque tienen el colchón de toda una red familiar que les hacen las cosas…Y así es muy fácil, creo yo.

Por eso muchos padres son hijos de los hijos y no ocupan realmente ese rol tan maravilloso de ser padres, con todo lo que conlleva en su justa medida, llegando a convertir a los propios hijos en tirano y los padres en inseguros y débiles de personalidad. Sé que esto no es bueno, pero créanme que a veces lo entiendo. Pero sobre todo he visto que sucede porque hay padres que se sienten culpables de haberles fallado, de haber cometido algo “horrendo” por lo que se les está juzgando toda la vida y, por que somos humanos, necesitamos que no nos rechacen y nos acepten y ser “buenos” reparando todos los días la falta que alguien dice que cometimos y que no perdonan (no les interesa hacerlo para tenernos siempre sometidos y pagando la deuda histórica)

También sé que cuando los hijos son adultos ya no te deben obediencia, pero lo que nunca deberían perder es el amor y el respeto que te deben como padre y generalmente olvidan que un padre teme mucho ser rechazado por ellos, aunque se aprende, madurando, que si esto sucede, es su decisión y con el corazón roto de alguna manera sigues viviendo tu vida, como ellos deben vivir la suya, pero eso sí, mi puerta está abierta las 24 horas del día para ellos y sus consultas, problemas, abrazos, besos, a pesar de que he aprendido a respetar, porque yo sí respeto sus decisiones, equivocadas o no. Dicen que son adultos y esto lleva implícito muchas situaciones que deben aprender, supongo, con las vivencias de ensayo/error.

También sé, porque soy abuelo, que si un hijo reprocha algo a su padre y no es capaz de reconciliarse de alguna manera y simplemente deja pasar las horas, los días, los años, la inmadurez está de su parte, pero mi corazón desea que la experiencia les enseñe y dejen la inmadurez para crear la urdimbre necesaria del paso del estrecho a ser SER, aunque esto, la espera, crea mucho dolor y lágrimas. Pero la vida sigue y es la que cada uno debe dirigir y gestionar de la mejor manera posible.

Un padre respeta a sus hijos, los ama, lo sé, pero no espera aprobación ni se somete a ellos, por lo menos eso he inferido a lo largo de estos años, y es lo que debe ser, y por lo que sé no he sido un excelente padre, pero lo he hecho lo mejor que he sabido, lo mejor que he podido y poniendo siempre todo mi empeño en donar a mis hijos la esperanza de verlos como son, buenas personas. ¿Y tú?

También sé que fácilmente los hijos van a juzgar a los padres como pareja, punto que es totalmente injusto, ya que ellos conocen a sus progenitores como tales y no como miembros de esa unión y precisamente por esa su justicia justiciera inmadura, a veces, cuando los padres toman decisiones pensadas, necesarias y correctas para la vida individual y no son entendidas por los hijos que se llaman adultos, lo que está claro entonces es que la personalidad y la madurez aún no están bien determinadas y definidas en ellos. Y no es cuestión de edades fijas.

Pero todo esto no son más que situaciones típicas que se dan todos los días, todos los años, a todas horas para que se crezca ante el afrontamiento de la vida misma para lograr la tan ansiada madurez porque al fin un adulto se vale por sí mismo, sus reglas y sus propias elecciones. ¿Y tú?

Yo, como padre, sé también que mis hijos tienen errores, y duelen, pero he aprendido a respetar sus decisiones porque ya no les puedo ver como niños y yo sí les concedo la madurez del adulto que creo que deben poseer, aunque vayan andando aún hacia ella… Ya llegarán, aunque yo ya no esté.

Felices Fiestas.

Juan José López Nicolás

miércoles, 9 de agosto de 2017

¿El egoísmo es bueno?

Aunque no lo parezca, y es cierto que ser egoísta no tiene buena prensa ni suele ser bueno cuando su práctica va en contra de la caridad y la misericordia, creo que andaríamos mejor si aprendiéramos a utilizar las necesidades propias hacia la felicidad en vez de hipotecar nuestro tiempo y la vida para que sean otros los que se beneficien de nuestro yo más interno y vital.

¿De verdad es tan malo ser egoísta?

Muchos deciden dedicar su vida completa al capricho de los demás, tal vez motivado por la sensación de culpa en ese tan denostado momento de satisfacer la deuda histórica, por la búsqueda del amor y la compañía, por la necesidad de aceptación, de caricias…Tal vez en la búsqueda irracional de que todos nos quieran, nos acepten y les caigamos bien. Pero nos falta la decisión o la capacidad para reflexionar y tomar conciencia de que es muy pesado complacer a todos todo el tiempo y más cuando renunciamos a lo que realmente uno quiere o necesita.

Intentamos no hacer o hacer tal o cual cosa por ellos, cuando precisamente si no hago, lo que quiero yo es hacer y si hago, lo que me apetece es no hacer. Siempre al revés de mí mismo. Y es que no entendemos que hagamos lo que hagamos, seamos lo cariñosos, competentes, habilidosos, seductores que seamos, siempre habrá alguien a quien no le guste nuestra conducta. Siempre habrá alguien que no aprecie nuestra manera de ser y se sentirá a disgusto con nuestro proceder. Tal vez por miedo, por envidia, por sus propias frustraciones, por su incompetencia, por quién sabe qué, pero uno lo que hace es adaptarnos a ellos para que no se sientan así, para que no se disgusten… ¿Y nosotros, qué?

En varios artículos consultados hemos podido leer: “Cuando aprendemos a dejar de escuchar a los demás con sus comentarios negativos, cuando aprendemos a amarnos tanto que somos capaces de ver nuestra propia luz, es cuando realmente empezamos a ser libres. Estar pendientes todo el tiempo, como base de nuestra vida, de los demás, lo único que va a hacer es que seamos personas frustradas…”, seguramente porque nunca llegaremos a conseguir contentar del todo a quien recibe nuestras eternas atenciones.

No hemos de abandonar nuestra personalidad, ni nuestros anhelos deben verse relegados y supeditados constantemente a los deseos de los demás, porque, en el sentido que deseo reflexionar sobre esto de ser egoísta, es aprender a decir qué es lo que queremos en la vida, es proclamar nuestro deseo de ser felices, es hacer lo que realmente queremos sin tener que fingir aquello que no deseamos. Es ser libres y honestos con uno mismo y también, por qué no, honrado con los demás.

Con este poder en nuestras almas hasta nos queda fuerza y energía para dársela a los demás, pero sin caer en la trampa de que uno tiene que solucionar la vida de los otros antes que la suya propia.
Soy consciente de que este tema suscita multitud de controversias, pero ahí está y así es. Si yo soy feliz puedo dar felicidad, si yo estoy bien puedo dar lo positivo de mí. ¿Qué opinas?

Tal vez la situación a descubrir es qué pasaría si nos decidiéramos a ser sanamente egoístas. Oímos “egoísmo” y salen los juicios negativos de nuestras ancestrales creencias, nuestra moral y escuchamos o ponemos un gran grito en el cielo: ¡Por Dios, ser egoísta es lo peor! Esto aparece para cercenar toda actitud que no se asemeje y vaya de dedicación altruista y generosa hacia nuestros semejantes. Pero vuelvo a preguntar: ¿Y nosotros, qué?

Nuestra mochila de reproches ante este egoísmo debe empequeñecerse porque el objetivo es dejar de crecer con la preocupación de no defraudar a nadie, a veces, con el gran precio a pagar de no importar lo que uno mismo siente ante esas situaciones.

Si vemos la definición de egoísta, leemos que es la persona que realiza acciones y conductas orientadas hacia el yo. ¿Y qué tiene eso de malo?
Mamen Garrido, psicóloga y experta en coaching, en uno de sus artículos, nos comenta: “Todo esto es para ser uno feliz y no conozco a nadie que sea feliz que piense en hacer daño a los demás.” Es más, pienso que el egoísmo del que hablo está íntimamente ligado a la honestidad y honesto es quien actúa de acuerdo a como piensa y siente, y si por ser fiel a mí mismo y sentirme en paz  me etiquetan de egoísta, que lo hagan.

También conozco a personas que han decidido hacer todo por los demás, primando el tiempo, el ritmo y la vida de los otros frente a la suya, y sin embargo no veo que sean excesivamente felices, más bien es el cuento de nunca acabar porque cada vez renuncian a más cosas y se les exige más.

Ayudar a los demás está muy bien, todos lo hacemos y todos necesitamos a alguien en momentos determinados, pero el problema vienen cuando siempre se antepone las necesidades de los demás a las propias; debería decir tal cosa pero no la digo porque qué van a pensar… Y sé que muchas veces decimos sí cuando queremos decir no, precisamente por ese miedo ancestral a poder parecer “egoístas”.

“Quienes viven a merced de los demás, quienes dan mucho a cambio de poco o de nada,-continúa diciendo Mamen Garrido- son personas que se conforman con migajas en lugar de aspirar al mejor trozo del pastel.”

miércoles, 16 de marzo de 2016

Os lo recomiendo

Este libro puede ayudar, de hecho ya lo está haciendo, a crear unas bases diferentes como un instrumento para el desarrollo personal. Ante esas pequeñas situaciones y no tan pequeñas, que nos ponen "depres", los problemas de pareja cotidianos, las pérdidas, nuestros propios pensamientos que nos desequilibran en el quehacer diario y cotidiano. Para eso está escrito, desde la perspectiva de las cosas más comunes que nos pasan a todos y cada uno de nosotros. 
Intento explicar de una manera sencilla y totalmente factible, que desde un cambio de actitud ante las situaciones que vivimos, podemos moldear nuestras reacciones, si realmente queremos, con el objetivo de vivir en un equilibrio lo más cercano a la realidad social que nos rodea. 



viernes, 12 de junio de 2015

Huir de la “realidad” para encontrarnos…mejor

Corremos, nos falta tiempo, hemos de conseguirlo, es nuestro objetivo, me falta tiempo y quiero hacer lo que quiero pero debo hacer lo que hago. Vamos corriendo, persiguiendo… ¿qué?...No lo sabemos, pero queremos algo que aquel hace y hay que ver que bien le va, claro, pero él puede…tiene tiempo.

Estamos “pillados” por esta sociedad, más bien, por su ritmo que nos susurra silbante al oído que hay que seguir, no parar…Corre, haz más, preocúpate de aquellos a quien quieres porque sin ti están peor…¿Ves? Soy necesario…debo correr, hacer…
Sí, estamos manejados por el ritmo que nos imponen y al final el tempo, la cadencia se mete en nuestra mente y nos conduce a un abismo de necesidades que desemboca en esta entidad neurótica que se ha embebido hasta el rincón más recóndito de nuestra alma. Solo hasta que esta estalla estando en manos de un destino que no conducimos nosotros.

Ansiedad, depresión, dolor del alma, abandono. Simplemente porque cuando no sabemos qué hacer seguimos inmersos en ese juego psicótico que nos amarga; y envidiamos al que hace lo que nosotros no “podemos” hacer. Y es tan sencillo como que cuando no sepas qué hacer y te inmovilice la situación…¡¡¡¡Diviértete!!!
Baila, tómate un helado, sal, para en esa dirección y vete a la playa a tomarte una cerveza, escribe, mira, haz yoga, lee, pasea, cambia canales, disfruta de una buena comida, de una buena conversación, respira el aire del monte, enamórate, mira los ojos de tu pareja, haz el amor,  mira los milagros de la naturaleza, oye llover sin pensar que se te está mojando la ropa que tendiste, escucha la radio,…haz nada, si te apetece.
Pasamos nuestro tiempo con el tedio, la monotonía, la mente cerrada y eso ayuda a mantenernos en esa neurosis colectiva que nos come por los pies y cuando sube nos abraza, fagocitándonos sin pedir permiso alguno.

¿Dónde estás?   

Muévete y si te quieres encontrar bien, como decía mi hijo pequeño, búscate mejor, y deja de ponerte las excusas que has aprendido para no parar y no mirarte tú…únicamente tú.

La realidad es la que yo quiero vivir y la que manifiesta mis círculos beneficiosos de tiempo que me hacen vivir la vida, en momentos, en fragmentos, pero son los míos, exclusivamente míos. Y debo encontrarlos, crearlos, propiciarlos para no neurotizarme más de lo que está esta sociedad que se alimenta de aquel “soma” que decía Aldous Huxley.

Ya sabes, cuando no sepas qué hacer, ¡¡¡¡DIVIÉRTETE!!!

Juan José López Nicolás


jueves, 20 de marzo de 2014

No eres tú, soy yo.

Hoy he discutido con…, me he sentido muy mal porque me he puesto a pedirle cosas, a echarle la culpa porque mi vida no estaba en donde yo quería, porque ella no hace cosas que a mí me gustaría; porque espero sentir cosas que debían ser así y mi vida no tiene sentido en situaciones y necesita un cambio que yo espero debe realizarse desde fuera; porque ella es tan importante para mí que parte de mi felicidad depende de que ella haga cosas para yo estar mejor...¡UFF!

Y estando analizando mi conducta, mis pensamientos, mi interior rechinaba diciéndome que no es este el motivo y la razón de sentirme mal. Mira por donde llega a mis manos un artículo que me vino como anillo al dedo y que está en la línea de alguno que ya escribimos en este blog, pero que en este caso me suscitó el bálsamo para dilucidar mi interior ante la vida en casos.

Este es un ensayo del Dr. Viktor Frankl (1905-1979), neurólogo, psiquiatra, fundador de la disciplina que hoy conocemos como logoterapia (psicoterapia centrada en la búsqueda de sentido), que se constituye por tres principios básicos: "La voluntad de sentido", "El sentido de la vida" y "La libertad de volición".

¿Quién te hace sufrir? ¿Quién te rompe el corazón? ¿Quién te lastima? ¿Quién te roba la felicidad o te quita la tranquilidad? ¿Quién controla tu vida?...
¿Tus padres? ¿Tu pareja? ¿Un antiguo amor? ¿Tu suegra? ¿Tu jefe?...

Podrías armar toda una lista de sospechosos o culpables.
Probablemente sea lo más fácil. De hecho sólo es cuestión de pensar un poco e ir nombrando a todas aquellas personas que no te han dado lo que te mereces, te han tratado mal o simplemente se han ido de tu vida, dejándote un profundo dolor que hasta el día de hoy no entiendes.
Pero ¿sabes? No necesitas buscar nombres. La respuesta es más sencilla de lo que parece, y es que nadie te hace sufrir, te rompe el corazón, te daña o te quita la paz. Nadie tiene la capacidad al menos que tú le permitas, le abras la puerta y le entregues el control de tu vida.

Llegar a pensar con ese nivel de conciencia puede ser un gran reto, pero no es tan complicado como parece. Se vuelve mucho más sencillo cuando comprendemos que lo que está en juego es nuestra propia felicidad. Y definitivamente el peor lugar para colocarla es en la mente del otro, en sus pensamientos, comentarios o decisiones.

Cada día estoy más convencido de que el hombre sufre no por lo que le pasa, sino por lo que interpreta. Muchas veces sufrimos por tratar de darle respuesta a preguntas que taladran nuestra mente como: ¿Por qué no me llamó? ¿No piensa buscarme? ¿Por qué no me dijo lo que yo quería escuchar? ¿Por qué hizo lo que más me molesta? ¿Por qué se me quedó viendo feo? y muchas otras que por razones de espacio voy a omitir.

No se sufre por la acción de la otra persona, sino por lo que sentimos, pensamos e interpretamos de lo que hizo, por consecuencia directa de haberle dado el control a alguien ajeno a nosotros.
Si lo quisieras ver de forma más gráfica, es como si nos estuviéramos haciendo vudú voluntariamente, clavándonos las agujas cada vez que un tercero hace o deja de hacer algo que nos incomoda.

Lo más curioso e injusto del asunto es que la gran mayoría de las personas que nos "lastimaron", siguen sus vidas como si nada hubiera pasado; algunas inclusive ni se llegan a enterar de todo el teatro que estás viviendo en tu mente.
Un claro ejemplo de la enorme dependencia que podemos llegar a tener con otra persona es cuando hace algunos años alguien me dijo:
-Necesito que Pedro me diga que me quiere aunque yo sepa que es mentira. Sólo quiero escucharlo de su boca y que me visite de vez en cuando aunque yo sé que tiene otra familia; te lo prometo que ya con eso puedo ser feliz y me conformo pero si no lo hace... siento que me muero.

¡Wow! Yo me quedé de a cuatro ¿Realmente esa será la auténtica felicidad? ¿No será un martirio constante que alguien se la pase decidiendo nuestro estado de ánimo y bienestar? Querer obligar a otra persona a sentir lo que no siente... ¿no será un calvario voluntario para nosotros? No podemos pasarnos la vida cediendo el poder a alguien más, porque terminamos dependiendo de elecciones de otros, convertidos en marionetas de sus pensamientos y acciones.

Las frases que normalmente se dicen los enamorados como: "Mi amor, me haces tan feliz", "Sin ti me muero", "No puedo pasar la vida sin ti", son completamente irreales y falsas.

No porque esté en contra del amor, al contrario, me considero una persona bastante apasionada y romántica, sino porque realmente ninguna otra persona (hasta donde yo tengo entendido) tiene la capacidad de entrar en tu mente, modificar tus procesos bioquímicos y hacerte feliz o hacer que tu corazón deje de latir.

Definitivamente nadie puede decidir por nosotros. Nadie puede obligarnos a sentir o a hacer algo que no queremos, tenemos que vivir en libertad.

No podemos estar donde no nos necesiten ni donde no quieran nuestra compañía. No podemos entregar el control de nuestra existencia, para que otros escriban nuestra historia. Tal vez tampoco podamos controlar lo que pasa, pero sí decidir cómo reaccionar e interpretar aquello que nos sucede.

La siguiente vez que pienses que alguien te lastima, te hace sufrir o controla tu vida, recuerda: No es él, no es ella...ERES TÚ quien lo permite y está en tus manos volver a recuperar el control.
Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: La última de las libertades humanas- la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino".

miércoles, 19 de febrero de 2014

El vaso con agua

Cuando a alguien le señalan el camino a seguir, es posible que lo siga o que encuentre problemas y no sea capaz de salir de ellos, ya que las indicaciones no proceden de la propia conciencia. Te marcan el camino, te ayudan, pero tú mismo no eres consciente de tu propio esfuerzo para encontrar las soluciones.

Seguimos abogando por la conciencia personal, por llegar a unas conclusiones que te muevan a formar parte de tus propias soluciones, con una energía que queda dirigida al aspecto positivo en vez de al negativo. Y para esto no hay otra fórmula más que el poder de la reflexión y la apertura de la mente.

Hemos de mirar nuestro interior, no el del otro. Hemos de mejorar nosotros, no el otro. Porque cuando cambio yo, cambia el otro. Os lo aseguro, pero como esto no funciona por la experiencia de nadie ajeno, comprobadlo. Funciona.

Os dejo ahora con una pequeña historia para que os sirva de reflexión y no caer en un victimismo que para nada ayuda a salir de las aguas turbulentas en las que, muchas veces, caemos nosotros mismos. Que os aproveche.

Un psicólogo en una sesión grupal levantó un vaso de agua, todo el mundo esperaba la típica pregunta: ¿Está medio lleno o medio vacío? Sin embargo, preguntó:

- ¿Cuánto pesa este vaso?
Las respuestas variaron entre 200 y 250 gramos.
El psicólogo respondió: "El peso absoluto no es importante, depende de cuánto tiempo lo sostengo. Si lo sostengo 1 minuto, no es problema, si lo sostengo una hora, me dolerá el brazo, si lo sostengo 1 día, mi brazo se entumecerá y paralizará. El peso del vaso no cambia, pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado, más difícil de soportar se vuelve."

Y continuó: "Las preocupaciones son como el vaso de agua. Si piensas en ellas un rato, no pasa nada. Si piensas un poco más empiezan a doler y si piensas en ellas todo el día, acabas sintiéndote paralizado, incapaz de hacer nada."

Moraleja:

(A ver si tú llegas a reflexionar y escribirte qué quiere decir esta pequeña historia. Reflexiona sobre tu propia moraleja.)

martes, 28 de enero de 2014

Aceptación: otra oportunidad en la vida

En mis viajes por la red contacto con colegas, conozco a profesionales, a algún que otro buen coach que merecen mucho la pena y, en esta ocasión, uno de ellos es Merlina Meiler, que en su blog, Mejora Emocional, intenta poner luz a las situaciones que se dan en nuestra vida cotidiana, así como en las relaciones con nosotros mismos y con los que nos rodean.

Voy a dejaros con una serie de artículos que firma esta profesional para que todos reflexionemos al respeto de cada tema que trata. Sé que nos pueden ser muy útiles y tal vez se nos despierte ese “Pepito grillo” que llevamos dentro y nos haga conscientes que podemos ser candidatos a pedir ayuda y poner un Orientador o terapeuta en nuestra vida….A veces es lo adecuado si no queremos cronificar un problema que en sus inicios tiene una más fácil solución. Que lo disfrutéis.

"Cuando sobreviene un gran disgusto, nos parece que todo está perdido. Sin embargo, la vida suele darnos lo que habitualmente se llama una segunda oportunidad. Además, es bueno saber que, en realidad, las oportunidades son muchas más que dos…

En la vida de toda persona se produce una gran debacle en algún momento. Al oír el diagnóstico de una enfermedad difícil, luego de una gran desilusión sentimental, la muerte de alguien cercano, a causa de una iniciativa comercial frustrada o alguna situación de este tenor, la primera percepción suele ser que ahí se termina todo. El fin del mundo acaba de anunciarse para nosotros. Vemos imposible volver a levantar cabeza, nos parece estar en un callejón sin salida, con acceso vedado a la felicidad.

La primera etapa por lo general es la negación: a mí no me puede estar pasando esto, hay una equivocación, el teléfono va a sonar y ese llamado va a terminar con la angustia que siento. La negación es una respuesta instintiva a la desesperanza. Nuestro mecanismo de supervivencia lucha contra la agresión provocada por noticias angustiantes, tratamos con todo nuestro empeño que no sea verdad lo que está aconteciendo.

Suele manifestarse cierta depresión, ya que en un principio no se vislumbra la salida, y si se llegara a tener idea de cómo dejar atrás la debacle, la solución muchas veces suele no ser instantánea y requerir un gran esfuerzo. Algunas personas fluctúan entre períodos de depresión y otros de exaltación en los que tratan de llevarse el mundo por delante y creen que así la situación cambiará mágicamente.
En este punto cabe señalar que no hay actitudes buenas o malas, en los momentos de crisis reaccionamos como podemos y es positivo permitirnos que así sea.

Lo que produjo la debacle fue un proceso, el salir de ella, también lo será. Es bien posible hacer el intento ¡y tener éxito!. “Nada es permanente, todo se transforma”, reza una ley física. Vale la pena vivir y apostar al futuro, donde nos esperan un sinnúmero de posibilidades variadas en todos los campos. Una excelente manera de descubrir nuevamente la claridad es con compañía, o sea, hay que tener en cuenta que pedir ayuda a quien creamos conveniente es clave es este momento.

Para transitar el proceso de salida de esta situación tan dura, primero es necesario aceptarla. La aceptación implica entender cabalmente que, en efecto, esto tan temido o completamente inesperado tuvo lugar, y nos está sucediendo a nosotros. Aunque no lo merezcamos, no queramos o no sepamos qué hacer, sí, nos está pasando. En la medida que podamos, a nuestro tiempo, describamos la situación en primera persona. Una vez que nos acostumbremos a esta nueva realidad, el dolor irá quedando atrás.

Aceptación implica también perdonarnos incondicionalmente. Por los alertas que no quisimos o no pudimos ver. Por la negligencia o la extrema inocencia con la que actuamos. Por haber confiado a ciegas en nosotros mismos o en otra persona. Por no haber escuchado lo que nos decían, o por haber callado nuestras propias voces internas.

La aceptación es el puente que nos lleva del dolor a la paz interior. Nos conecta con nuestra condición de seres humanos, falibles, con errores y defectos, al igual que todas las personas que nos rodean. Asumir los errores como propios nos aporta claridad de conciencia. El autoconocimiento es esencial en la búsqueda del equilibrio psicofísico.

El aceptar el momento presente abre las puertas hacia otra oportunidad en la vida. Al entender exactamente qué sucede operamos en la realidad, y así contamos con la mejor predisposición interior para ver el abanico de posibilidades que se abre delante nuestro. De este modo lograremos las modificaciones de rumbo que deseamos. Todos tenemos la capacidad de procurarnos un futuro mejor. Cada día puede significar una nueva oportunidad, y trasformarse en un nuevo comienzo y en el primer paso hacia un futuro promisorio, si así lo decidimos."


Merlina Meiler
www.mejoraemocional.com

viernes, 17 de enero de 2014

Cambio interno y estructura en mi soledad.

Constantemente, en nuestra sesiones de terapia de pareja, y no sólo de pareja, sino también en esas individuales, en esas que se nos pide que “equilibremos la sensación de vacío al vivir porque no sé qué me está pasando para poder pasar estos tragos tan amargos, llenos de soledad y vivo con pareja.”…En esas sesiones se nos pide que enfoquemos la necesidad de saber qué nos está pasando y qué podemos hacer para saber qué decidir,… pero no se me ocurre casi nunca decidir por nadie.

Cada uno es dueño de su vida y de sus actos, aunque no olvidemos que todo lo que hagamos va a tener una repercusión, más grande o más pequeña…Todo va a tener un precio que pagarse por lo que hagamos, por lo que se hace necesario pensar, reflexionar y coger tiempo en soledad para nosotros mismos como inversión primera y primaria que nos haga centrar nuestro norte.

No es bueno querer que nos hagan vivir, que nos “norteen” nuestro ritmo y las decisiones, que nuestro coach decida por nosotros, aunque es más fácil, pero nefasto porque anulan mi propio sentido vital.

Me dices que sabes que tienes que cambiar, que debes equilibrarte, pero para equilibrarte has de estar en movimiento, no parado. Pero lo que quieres es saber sobre el amor…sobre cómo has vivido el amor en tu vida y cómo lo llevas en tu pareja y cómo yerra en su desarrollo…Lo que quieres es saber cómo ha de ser un amor maduro que creo que es la base, la sal de la relación entre las personas, las parejas, y lo sabes cuando vives sensaciones como las que a continuación te indico.

Antes es conveniente decir que solemos cambiar porque no nos salen las cuentas pero como no hemos cambiado nuestra urdimbre, solo cambiamos de persona con la que compartir nuestros mismos problemas sin solucionar. ¡Maduremos!

“Cuando el amor es un amor maduro: 1. No controlas a la pareja en tu vida; sabes que es tu pareja, entonces no hay necesidad de control. 2. No gritas porque no te llaman, le haces ver con cariño que hubo un momento en que necesitabas sentir que te recuerdan. 3. No monopolizas el tiempo de tu pareja. Por el contrario te das cuenta de que un poco de espacio, hace del tiempo juntos algo más especial. 4. Perdonas si se equivoca, y ofreces tu hombro y un pañuelo, sabes que ninguno de los dos sois perfectos, y asumes que la vida en pareja es un crecer juntos. 5. No tienes miedo de estar solo/a. Utilizas tu tiempo como tiempo para tu crecimiento personal. 6. Si en algún momento fuiste lastimado en la vida por alguna pareja, sabes que fue otra pareja y no generalizas. 7. Comprendes que algunas veces el que tu amas, te amará y si no, continúas tu camino sin rencor. 8. No haces que tu pareja tenga que volver a casa, haces que sea un gusto volver a casa, porque sabes que para ti también es un gusto volver a casa. 9. Dejas tu agenda abierta y esperas a hacer planes en equipo, en pareja, asumiendo que en ocasiones es sano no hacerlo todo juntos. 10. Un amor maduro es el que vuela en libertad y respeto, celebrando la alquimia de crecer juntos.”

lunes, 11 de febrero de 2013

Te Amo cuando te escucho


Hace mucho tiempo que no consultaba los escritos de nuestra colega Graciela Large, y en este momento acabo de leer uno que desearía compartir con vosotros. Precisamente trata el tema de la Escucha, pero escuchar de verdad, de esa manera que solo sabe escuchar alguien que no está preparando una respuesta para arrojarte como un arma letal. De esa manera que solo sabe escuchar quien ama al otro, pero de verdad y no de esa manera que creemos que amamos pero realmente nos sentimos dependientes y no tenemos el amor con nosotros; ese amor que rompe las ataduras y te hace sentir libre amando a esa persona que elegiste. ¿Quiero querer o necesito sentir que quiero para no sentirme solo o sola?
Refexión obligatoria pero que no hacemos porque tenemos mucho miedo de encontrar la respuesta verdadera que tal vez no nos guste. Nos engañamos. ¿Nos engañamos?

También se refiere al Amor como instrumento facilitador y elemento acercador de posturas. Que os aproveche y a ver si os es útil.

"La disponibilidad es un valor esencial para acoger al otro y a uno mismo. Una actitud que necesariamente tiene doble dirección: lo hago primero conmigo y luego con el otro.
Un carril con sentido doble cuyo resultado es el Amor. Ninguna persona se siente amada si no hay escucha. Y la escucha es el resultado de ese matrimonio donde estoy disponible y te acuno. Soy permeable a tus palabras, a tu visión de la vida y a la autoridad que tienes sobre lo que quieres.
Es la incondicionalidad del amor cuando nos hacemos adultos.
Suena muy bien. Algo que en el fondo de nuestros corazones deseamos. Sólo que lo deseamos, lo buscamos y hasta lo exigimos para nosotros, sin saber que pedir lo que no estamos dispuestos a lograr, es un mensaje de carencia para cualquier persona y para la propia mente.
Es un mensaje agorero. Alguien vendrá, salvo que esperará lo mismo que tú. La insatisfacción será el virus latente que se encube en cada encuentro.
Si hay alguna exigencia en el amor esta sería la escucha. Una escucha donde jamás uno se pierde a sí mismo para justificar el miedo a la pérdida o el abandono. Entonces se escucha lo que nos hace bien, lo mejor para ambos, enfocados a encontrar soluciones y respuestas.
Si me acostumbré a la crítica, a callarme porque estoy enfocado en ver lo malo, y a no vivir desde lo mejor de mi mismo, mi persona desconoce la escucha como una herramienta del amor a uno mismo.
Una persona que se enfoca en la queja, el reproche y el juicio vive de espaldas a la escucha y no sabrá cómo darla a su pareja.
La Escucha como expresión del amor incondicional sabe que hablar de lo que está mal hace crecer el problema y lo sitúa dentro de las personas. Lo hagamos a solas o con otro. Dentro de cada uno están las respuestas y la solución.
Hacerlo es una pérdida de tiempo que aleja a las personas, polarizándolas, levantando murallas de frialdad e imposibilita encontrar salidas.
La disponibilidad que acoge se orienta a la aceptación de cualquier proceso, reconociendo que éste va unido a cualquier decisión o compromiso que asumamos. Y en ese proceso hay retos, situaciones que nos sacan de nuestra zona de comodidad, y la escucha permite poner el foco en nuestras fortalezas.
Amar incondicionalmente es un ejercicio de darnos y dar Escucha desde lo mejor de nosotros."