así somos

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lunes, 18 de octubre de 2010

APRENDER A DECIR NO

En varias ocasiones hemos hablado de la asertividad, pero lo cierto y verdad es que por mucho que dialoguemos y dejemos pequeñas pistas para reflexionar sobre el tema para que se ponga en práctica, nos seguimos encontrando a personas que hipotecan su vida en la relación con los demás, por no saber decir un “no” a tiempo.

Sabemos que es difícil, pero por favor, intentadlo y recapacitad por vuestro propio bien, ya que nos preocupa mucho esta situación, sobre todo, cuando te encuentras con personas sumamente buenas, cálidas y amorosas a las que les embarga un tipo de tristeza que engloba una profunda sensación de soledad, amargura, injusticia y aislamiento. Todo esto porque hay una realidad, a veces sin ser consciente, que se ha mantenido en el tiempo que llevan su vida, su actividad a hipotecarlas por la supeditación a otros, ante situaciones, que aun siendo importantes y necesitando de tu participación, requieren de un compartir que no se obtiene.

Decimos participación, que no erigirse como “único ser en la tierra” que debe llevar a cabo esta misión. Claro, los demás no hace lo que deben y yo me sobrecargo…pero yo lo hago, y esto precisamente es lo que hace que se produzca una ansiedad impresionante y un malestar que lleva, en ocasiones, a la mismísima angustia. No se sabe como parar esta dinámica, porque la dejadez de los otros produce cantidad adicional de trabajo y tiempo que es injusto a todas luces,…pero lo hago.

Mientras lo siga haciendo, los demás seguirán sin hacerlo. ¡Vaya problema y en menudo círculo vicioso se mete uno!

Lo que sucede en estos casos, es que uno, además de encargarse de cuestiones que no les son satisfactorias (y que no tiene ninguna obligación de hacer algunas veces) casi nunca tiene tiempo para dedicarse a hacer las cosas que le importan realmente, justamente por dedicarse a satisfacer a los otros.

Por cierto, estas personas adoran auxiliar a otra gente, pero hacer de todo para los demás los lleva a perder oportunidades personales. Por eso, es muy necesario poder cambiar esta conducta negativa, lo que se puede hacer empezando por darse tiempo a uno mismo.

La pregunta sin embargo es: ¿Cómo hacer, después de tanto tiempo, para decirle a la familia y los amigos que no puede hacer todo lo que ellos le piden? Para ello es fundamental empezar a aprender a decirlo con el fin de tener tiempo para uno mismo.

La primera cuestión, será darse cuenta del hecho de que decir que “no”, no es una cosa tan terrible. No significa que no se quiera ayudar a otras personas ni dejar de estar allí para ellos, sino que simplemente se necesita poner algunos límites, para otorgarse sus propios tiempos. Cierto es que la palabra “no” se utiliza para expresar rechazo. Por eso es tan duro para algunos de nosotros decir que no, pues a casi nadie le gusta rechazar a nadie. Pero este tipo de “no”, se debe ver no como un rechazo, sino como una sincera expresión de deseo, en donde se ponga de manifiesto que no se pueden hacer las cosas bien, en ese mismo momento en que los demás necesitan de la ayuda.

Cuando una persona se reconoce por estar siempre allí y ser capaz de hacer de todo para todos, llega a ser un hábito que todos les pidan una ayuda constante. Y lo que se debe hacer, justamente, es romper ese hábito, eso a lo que hemos acostumbrado a todos.

Nunca se debe permitir ser el único disponible para echar una mano o para tratar de complacer, si primero uno no se complace a sí mismo. Si es verdaderamente inconveniente para usted hacer algo, y es claro que no se trata de una urgencia, simplemente diga que no. Debe dejar a un lado el sentimiento de culpa al relacionarse con los demás.

No permita que los demás lo fuercen a hacer algo que realmente no quiere hacer. Diciendo no, uno tampoco se forzará a estar en una situación en la que realmente no quiere estar. Después de que se entienda que una persona siempre está dispuesta a ayudar, pero poniendo en primer lugar sus propios límites, o dejando en claro que no siempre se estará disponible para hacer de todo para todos, y así se podrá ver como los demás no pedirán automáticamente que se haga cosas por ellos

Por cierto, comenzar el hábito de decir que no, puede ser bastante difícil. Pero una vez que se aprende cómo y cuándo decir “no”, se empezará a llevar una vida más fácil. Incluso, podría sentir que, a veces, junto con la palabra “no”, se necesitará dar una explicación. Pues bien, adelante, explíqueles el por qué de la negativa, siempre permitiendo que los demás sepan que usted no tiene inconvenientes en hacerles favores en algunas oportunidades, pero que tiene también una vida propia que le requiere tiempo y esfuerzo.

Ánimo y a intentar vivir de la mejor manera posible.

viernes, 8 de octubre de 2010

LA MENTE Y EL PENSAMIENTO

También caemos. También somos humanos y aunque estemos en el camino de los conocimientos para trabajar la mente de tal manera que nos vaya orientando al equilibrio, también sufrimos el incordio de la ansiedad, la depresión, la angustia ante sucesos que a veces nos superan. Estamos en la constante lucha y esa es, precisamente, nuestra propia lucha para evitar caer en el fragor de ese combate.

Necesitamos tranquilidad, paz, relativizar y hasta pensar y dominar el "no pensar".

Precisamente de los pensamientos, de la mente, de sus trampas, de sus beneficios, de sus trabajos, de ella en sí ( de la mente) es de lo que se trata.

En un blog de naturopatía (Naturópata Masdeu), he encontrado un artículo que resalta la importancia de los pensamientos, de la mente. Como suelo hacer, si algo me sirve y me forma en la capacidad de reflexión, lo comparto con todos. Aquí os lo dejo y que sea un útil apropiado a la reflexión de este orbe que parece haberse vuelto loco.

"Toda la creación humana es producto de un pensamiento. Los pensamientos surgen de la mente como impulsos creativos y cuando éstos se manifiestan en forma organizada producen una expresión creativa. Todos tenemos la misma capacidad desde el nacimiento para organizar los pensamientos, por lo tanto se puede considerar a la mente como una estructura que tiene un poder organizador. Este poder no está ubicado solamente en el cerebro, abarca todo el cuerpo hasta cada una de nuestras células y se puede decir que todo en la naturaleza posee el mismo poder organizador de inteligencia creativa. Cuando hablamos de meditación, nos referimos a relajarnos físicamente y a vaciar nuestra mente de sus contenidos, tratando en ese proceso de concentrarnos en un espacio sin pensamientos.

Pero la concentración mental nos resulta muy difícil porque los pensamientos nos invaden. No podemos evadirnos de ellos porque el pensamiento es mecánico, está siempre comparando y es el reflejo de la memoria. Si no hubiera conocimiento no habría pensamiento porque éste siempre opera en el campo de lo conocido, en el pasado, y también se anticipa al futuro.

El pensamiento no capta la experiencia como es, sino que forma una imagen de lo que la persona quiere o no quiere que sea; de modo que la experiencia no es vivida plenamente tal cual es y es archivada en la mente como recuerdo deseado o rechazado.
El pensamiento siempre está activo y fluctúa entre el pasado y el futuro: “debería hacer esto, no debería hacer aquello” o “por qué hice esto, por qué hice aquello”.
Pero la mente puede lograr liberarse de los pensamientos. La mente puede vaciarse a si misma de todas las imágenes si no formamos imágenes ahora, viviendo las cosas tal cual son sin rechazarlas, negarlas o modificarlas.

Una mente confusa recuerda poco y una mente clara retiene con facilidad las imágenes en la memoria. Cuando la mente no es coherente y está poco organizada, la memoria será escasa.

Se dice: “Eres lo que piensas.” Una afirmación simple pero muy precisa. Lo que hacemos, lo que decimos, lo que sentimos, todo tiene su origen en la mente. La energía de la mente humana es el pensamiento. Posiblemente es el mayor pero a la vez el menos comprendido de los recursos energéticos del universo.
Lo primero, antes que empecemos a aprender a pensar en positivo, es saber cuántos tipos de pensamientos puede crear nuestra mente.

Los cuatro tipos de pensamientos son:
Pensamientos necesarios.
Pensamientos inútiles.
Pensamientos negativos.
Pensamientos positivos.

Pensamientos necesarios: son aquellos que tratan con la vida diaria como “qué comemos, qué tengo que hacer hoy…”

Pensamientos inútiles: son los que no tienen utilidad ni constructiva ni negativa. Se refieren generalmente a cosas del pasado como “si esto no me hubiera ocurrido, por qué me dijo eso…” Demasiados pensamientos sobre algo que ya no podemos cambiar. También sobre el futuro, como: “¿qué va a ocurrir si…?, ¿qué haré si…?” nuestra fuerza interior y nuestra habilidad de concentración se debilita con los pensamientos inútiles. Una persona que tiene muchos pensamientos inútiles a menudo se encontrará muy cansada ya que está gastando su energía en crear miles de pensamientos sin sentido.

Pensamientos negativos: debilitan nuestra fuerza interior, están basados en la ira, avaricia, expectativas insatisfechas, celos… No importa cuánta razón tengamos, pensando negativamente siempre seremos los perdedores. Casi siempre la gente que piensa negativamente sobre los demás a menudo se encontrará sola.

Pensamientos positivos: son aquellos que nos permiten acumular fuerza interior y nos llevan a ser constructivos. Pensar positivamente no significa que ignoremos la realidad a nuestro alrededor y pretender vivir en lo irreal o pretender ser otro. “Es fácil ser pesimista, igual que ser optimista, pero necesitamos tener mucho cuidado y ser maduros para ser realistas” cuando estamos contentos interiormente tenemos la fortaleza para aceptar a los demás tal como son sin querer cambiarles, nuestro cuerpo también experimenta gran beneficio, ya que cuando nuestra mente está en equilibrio y en armonía somos menos sensibles a las enfermedades. Si nuestros pensamientos son positivos nuestra actitud también será positiva y esa es la mayor protección de la negatividad en nosotros y a nuestro alrededor. Tenemos que ser conscientes de que donde quiera que se dirijan mis pensamientos es ahí donde irá también nuestra energía.

Nuestra mente es nuestro mejor amigo si la alimentamos sólo con pensamientos positivos, pero se convierte en nuestro peor enemigo si le permitimos que piense pensamientos negativos o inútiles. La mente es algo invisible, pero aún así, sus efectos se pueden ver en nuestra cara, nuestras palabras o en nuestro comportamiento. “Nuestras palabras y acciones son el espejo de nuestros pensamientos”.

Hay dos factores que influyen en nuestra forma de pensar:
Todas las influencias externas en nuestra vida diaria, en función del interés o la atención que les demos, influyen en nuestra mente. Con trabajo continuado, las influencias externas y mis reacciones hacia ellas se pueden modificar. Por ejemplo, veo que me estoy enfadando debido a lo que alguien me está diciendo algo y esto está creando pensamientos negativos en mi mente, así que poniendo atención en mí mismo pongo un freno, un punto final para parar la reacción innecesaria.

Impresiones de nuestro subconsciente; estas impresiones pueden ser positivas o negativas, las últimas son a menudo debidas a profundos hábitos causados por acontecimientos del pasado. La influencia de los hábitos fuertes o del pasado, profundamente enraizados en la conciencia del ser, son más difíciles de detectar y, por tanto, más difíciles de revisar y de controlar.

Pero, sea la influencia del exterior o del interior o de ambos, la respuesta es la misma. En algún lugar en mi interior tengo que tener la capacidad o el poder para filtrar o analizar los patrones o tipos de pensamientos creados, de manera que mis palabras y acciones puedan ser positivas y de beneficio para mí y para los demás.
En el ser hay tres facultades que forman la conciencia humana: la mente, el intelecto y las impresiones.

El trabajo de la mente es crear pensamientos, luego éstos se convierten en palabras y acciones.

El intelecto, cuando está atento, puede desapegarse y observar los hábitos y cómo influyen en el ser. Con práctica el intelecto aprende a filtrar lo que es correcto de lo incorrecto e intenta poner sólo los pensamientos correctos en la mente. Sin embargo, a menudo, aunque el intelecto se da cuenta de lo que es correcto e incorrecto, no hay el poder para poner lo correcto en la práctica.

Las impresiones son características de la personalidad que constantemente alimentan a la mente y determinan la reacción con las influencias exteriores. El poder para cambiar, para ser más positivo y mejor, reside en uno mismo no en ningún poder exterior.

Cuando he aprendido el arte de controlar lo negativo de lo positivo entonces puedo dar más bienestar a los de mi alrededor.

Entender cómo funciona nuestra mente es fundamental para que podamos crear un equilibrio entre nuestro mundo interior (pensamientos, sentimientos, impresiones) y nuestro mundo exterior (palabras, acciones, comportamientos, relaciones). “El equilibrio es la base para la armonía en todos los aspectos de la vida”.
Es necesario expresar nuestra opinión acerca de algo que es erróneo pero por falta de autoconfianza, de inseguridad o por miedo a la reacción de los demás, preferimos mantener silencio y no hacer o decir nada. Por eso hemos de estar atentos al momento adecuado para decir algo y cómo decirlo de manera que haya comunicación.
Viendo el lado positivo en los demás somos capaces de darles respeto y consideración. Todos somos libres de escoger qué queremos hacer y hasta qué punto. Lo importante es que yo esté haciendo lo que es correcto; revisar esto es mi primer deber.

El equilibrio es una función especial del intelecto ya que es solo mediante el entendimiento de lo que se necesita, cuándo se necesita y hasta qué punto, que nuestra vida podrá ser positiva y con contentamiento.

Una persona irresponsable nunca es libre; irresponsable significa el que usa mal su propia libertad o restringe la libertad de los demás debido al egoísmo o al ego. Esta persona nunca es libre ella misma porque siempre tiene que pagar el efecto de tal actitud y tales acciones. Las consecuencias pueden ser en forma de soledad, falta de amor, vacío interior, depresión…
La libertad y la responsabilidad son las dos caras de una moneda y son absolutamente inseparables.

Una vida sin un objetivo es como un barco sin timón. El resultado es un ir a la deriva, agotador y sin una meta. Las energías, especialmente las de la mente, están dispersas, no hay un punto donde reunir y concentrar las energías del ser y utilizarlas de forma constructiva.
La meditación ha sido reconocida como un método viable para ayudar al ser humano a reorientar su vida y conseguir una estabilidad interior."

viernes, 10 de septiembre de 2010

EL PODER DE LA INDECISIÓN

Os presento un tema de reflexión que he encontrado en la red a colación de una consulta recibida en nuestra página. No es raro tener dudas sobre la decisión a tomar ante determinados temas, pero en ocasiones encontramos personas que no se deciden a dar un paso por el miedo, la indecisión eterna ante temas que marcan la vida por ser reiterativos…siempre lo mismo ante lo mismo y siempre cuando las emociones se nos disparan y nos pueden. Es todo vuestro y como siempre, esperamos que os sea de utilidad para que os aporte algo de luz.

Hoy te quiero hablar de: “El terrible poder de la Indecisión”.

Vamos a empezar este artículo con una frase célebre:

“Se pierde más por decisiones no tomadas, que por decisiones tomadas equivocadas”

Lee otra vez la frase anterior.
Sencillamente es cierto y es así irremediablemente.
Cualquier persona puede tomar decisiones equivocadas en su vida, elegir los estudios equivocados, elegir el trabajo equivocado, elegir el auto equivocado y tener que cambiarlo al poco tiempo, elegir la zona para vivir equivocada, elegir el colegio equivocado para tus hijos, incluso elegir la pareja equivocada y tener que romper una relación sin futuro.

SOMOS HUMANOS, tenemos el derecho a equivocarnos. Pero como bien dice la frase, es una decisión tomada, por lo tanto se pierde menos que si no se toma una decisión:
- Por no equivocarnos no estudiamos.
- Por no equivocarnos no trabajamos.
- Por no equivocarnos no compramos un auto.
- Por no equivocarnos no compramos una casa.
- Por no equivocarnos no llevamos a nuestros hijos al colegio.
- Por no equivocarnos no tenemos una relación de pareja.

Pero… ¿y si acertamos en la decisión?

- Estudiamos y nos licenciamos ingenieros.
- Trabajamos y ganamos un buen dinero.
- Nos compramos el auto de nuestros sueños.
- Nos compramos una casa en una zona que años después resulta ser el mejor residencial.
- Llevamos a nuestros hijos a un colegio donde resulta que están los mejores maestros.
- Nos casamos con la mujer de nuestra vida y somos felices hasta el final de nuestros días.

La Indecisión tiene un terrible poder negativo sobre las personas.
¿Y por qué el poder negativo de la Indecisión es tan terrible?
Sencillamente porque quieras o no quieras, al estar indeciso ya estás tomando una decisión, porque si estás indeciso el Tiempo pasa, y el Tiempo toma la decisión por ti. Si tú no compras hoy un auto porque no tienes claro si te va a satisfacer, mañana pagarás más por él. Si tú no eliges hoy un trabajo, es posible que mañana ya esté ocupado. Si tú no decides casarte con tu pareja, es posible que te abandone y se case con otra persona.
Si tú no decides, el Tiempo decide por ti.

La Indecisión paraliza la facultad de razonamiento, destruye la facultad de la imaginación, elimina la confianza en sí mismo, socava el entusiasmo, desanima la iniciativa, conduce a la incertidumbre de propósito, estimula la dilación, elimina el entusiasmo y convierte el autocontrol en una imposibilidad, destruye la posibilidad de pensar con exactitud, distrae la concentración del esfuerzo, domina la perseverancia, reduce la fuerza de voluntad a la nada, destruye la ambición, ensombrece la memoria e invita al fracaso en toda forma concebible.

Sin embargo una persona que toma una decisión, deja su mente limpia de dudas para concentrarse y trabajar en la decisión que ha tomado, razona sobre las acciones a tomar, tiene imaginación para solucionar problemas, tiene plena confianza en sí mismo, está entusiasmado con su proyecto, tiene iniciativas para sacarlo adelante, es certero en su propósito, piensa con exactitud, tiene la concentración de dedicar su esfuerzo donde es necesario, es perseverante y no abandona porque su fuerza de voluntad está en los niveles más altos empujada por una fuerte ambición que sin duda lo conducirá sin remedio a un final satisfactorio.

Estos son los síntomas que provoca la indecisión:

- Indiferencia, falta de ambición, predisposición a aceptar la pobreza sin protestar.
- Duda, expresada por medio de justificaciones y excusas diseñadas para encubrirse.
- Preocupación, suele expresarse por el descubrimiento de faltas en el resto de personas, empresas, sistemas, etc.
- Precaución excesiva, costumbre de mirar el lado negativo de toda circunstancia, pensar y hablar del posible fracaso en lugar de concentrarse en los medios de alcanzar el éxito.
- Dilación, dejar para mañana aquello que se debía haber hecho el año pasado, pasar mucho tiempo buscando excusas para no realizar el trabajo.
Los miedos son algo corriente y en algunos casos están justificados, pero en otros pueden arraigar en tu interior y crecer sin que tú lo sepas, a menos que te deshagas de la Indecisión y la Duda, que llevan la semilla del miedo.

TOMA ACCIÓN, TOMA DECISIONES.

Recuerda:

“Se pierde más por decisiones no tomadas, que por decisiones tomadas equivocadas”


Pero también ten presente que la reflexión adecuada, en un tiempo adecuado para pensar qué hacer, no se considera indecisión. Toma tiempo para situarte con la perspectiva idónea para decidir sobre las riendas de tu vida, pero decídete y que el miedo no te atenace.

jueves, 9 de septiembre de 2010

CRISIS DEL CONCEPTO PAREJA

El culto a la plenitud personal casi exige la renuncia a la pareja si su funcionamiento reclama algunos meses de rodaje o una revisión general. Esto no quiere decir en absoluto que estemos en contra de que la individualidad no sea importantísima y se tenga que mirar por ella para el bienestar, primero, personal, pero esta situación llevada a extremos, como está pasando, hace que no "se aguante", que no se analicen espacios adecuados para defender a ultranza la existencia de la pareja aun cuando sea necesario hacer esfuerzos personales por mantenerla viva, siempre que exista el sustrato del amor en qué apoyarse y hasta hemos visto casos en los que "se ha perdido la fe en la pareja"; incluso "se obliga" a poner fin a una unión si no se "ajusta con esta época que nos condena a la felicidad, cueste lo que cueste." (Jocelyn Dahan)

En estos tiempos actuales en los que hemos perdido una serie de valores, también van desapareciendo una serie de figuras ancestrales, unas negativas (lo cual está bien) y otras que nos eran bastante positivas. Los objetivos de las familias han cambiado e incluso se ha desplazado el interés por el padre al interés por los hijos. Tal vez estemos ante la desaparición del "pater familias" que ha sido destronado por sus propios hijos; ante la desaparición de la sociedad patriarcal convirtiéndola en la sociedad de los niños, de los hijos. Este punto de vista ante esta realidad nos hace necesario cambiar ciertas estructuras mentales relacionadas con la misma terapia familiar, la cual, en muchas ocasiones, no ha de ir enfocada a los subsistemas conyugales/maritales o de pareja, sino al subsistema parental: se infiere la necesidad de aprender ante estos cambios a ser realmente primero padres y después...lo que venga.

Tal vez estamos en una etapa en la que tras una serie de situaciones que se dan en la pareja y ante la incapacidad de darles solución, desaparece el amor, pero realmente padres lo seguiremos siendo toda la vida. Nos hemos quedado con esa parte de la frase "...en la salud...para lo bueno y...". Hemos perdido, casi con toda seguridad, la capacidad de frustración que no tiene el significado de "tragar", ni ceder hasta que explotes, ni dejar de ser uno mismo, razón por la que se considera conveniente que la paternidad/maternidad se ve obligada a evolucionar, a cambiar sus patrones y replantear la distribución de las funciones paternas y maternas como trabajo para los padres y las madres el siglo XXI.

Aún así, la razón de ser del especialista en familia, del orientador familiar, cada vez tiene más base operativa, más espacio para reestructurar los desfases que se sufren en los ciclos evolutivos de las personas y para los que nadie, nadie, nos ha preparado.
En cuanto a la familia monoparental, estamos ofreciendo una imagen engañosa y unos mensajes que en teoría no deben ser ciertos, ya que aunque se haya dado una separación de los padres, la coeducación debe llevarse a cabo de forma conjunta, por lo que tal vez sea más propio hablar de hogar monoparental, ya que "la monoparentalidad da por supuesto que hay un solo progenitor cuando la realidad no es esa."

"Educar solo a un niño no es en sí mismo un problema. Puede serlo cuando la monoparentalidad se acompaña de otras preocupaciones más graves (depresión, problemas financieros y profesionales...)" ( del libro Un solo padre en casa de Anne Lamy)

No es nada raro que cada vez estemos más ante hogares monoparentales pon un motivo básico: cuando la pareja hace aguas, empieza a tener problemas y entra en crisis que no solucionan pero logran esquivarlas (volverán porque son crisis de repetición), es el momento ideal para un miembro de la pareja el tener un hijo en la creencia de que de esta manera se va a consolidar esta unión altamente deteriorada. Resultado: la crisis se superará o estallará. Es cuando estalla cuando vemos que la separación se hace una realidad y ya podemos sumar otro hogar roto en su conyugalidad por haber creído que la solución estaba en ese "niño parche"; personita que al parecer por sí sola iba a poder cambiar y unirnos sin el trabajo interior que se hace necesario para efectuar el cambio adecuado que nos lleve a una comunicación idónea.

Somos adultos y desde aquí pretendemos un espacio para la reflexión que nos ponga a trabajar, sobre todo a los hombres, para que dejemos de creer que los problemas que nos surgen en la pareja son únicamente problemas “de ellas”. Siempre formamos parte del problema y de las soluciones. Trabajemos, pues en este sentido del camino. ¡Vamos allá!


Juan José López Nicolás.

jueves, 19 de agosto de 2010

MEJORANDO LA INTIMIDAD

Con frecuencia las parejas comentan sentir que a su relación le falta "algo", pero cuando se les pregunta qué es ese "algo" a lo que se refieren, rara vez son capaces de señalarlo cualitativa o cuantitativamente.

Aunque no lo parezca de entrada, la claridad con la que seamos capaces de percibir nuestra vida y lo que ocurre en ella, es factor fundamental para nuestro bienestar interior. Y es bien sabido que para estar bien con otra persona necesitamos estar bien con nosotros mismos primero.

Y es que de eso se trata la intimidad. De conocernos íntimamente, internamente, honestamente. Se trata de poder mirarnos al espejo y reconocernos y aceptarnos tal como somos.

Tal vez se pregunte ¿Por qué tanto énfasis en nosotros si el tema es la pareja? Es muy sencillo, todo lo que existe en nuestras vidas, todo lo que hemos creado a nuestro alrededor, es simplemente un reflejo de lo que llevamos dentro. Por eso, para mejorar la intimidad con nuestra pareja (exterior), la mejor manera de comenzar es por mejorar nuestra intimidad con nosotros mismos (interior).
Para facilitarnos esta tarea podemos comenzar por la honestidad. Si es correcto, mientras más sinceros seamos con nosotros mismos, estaremos en mejores condiciones de aceptarnos por lo que somos, lo que a su vez se reflejará en un aumento de autoestima, y nos servirá como un imán para atraer hacía nosotros lo que sentimos que nos merecemos.

Recordando la analogía del espejo, si el sentido de valor que tenemos de nosotros mismos es bajo, estaremos en condiciones de atraer hacía nosotros a alguien que nos muestre un reflejo de lo poco que nos valoramos, y nos trate de una manera que nos haga reaccionar ante esa situación para mejorarla.
Y todo eso por una sencilla razón: Existe algo que necesita mejorar en nosotros, y la vida nos brinda todas las experiencias que necesitamos para lograrlo. Pero siempre podemos mejorarnos antes de recibir las lecciones que nos brinda la vida.

Relajarse y Fluir

Algunas personas tienen la percepción poco realista: "si alguien me ama realmente, sabe todo lo que quiero, necesito, y me entiende perfectamente sin necesidad de explicarme". Puesto que los seres humanos generalmente no estamos dotados de capacidad telepática, esa percepción poco realista generalmente se convierte en frustración, debido a malos entendidos.
Los malos entendidos son el factor principal que influye sobre el deterioro de la intimidad en una relación de pareja. Afortunadamente, la mayoría puede evitarse de manera muy sencilla.
La intimidad necesita tiempo y espacio para crecer. Intimidad implica estar ahí con la otra persona, estando presente tanto física como mental y emocionalmente, ambos durante la conversación y el silencio.

Podría incluir la expresión de emociones incomodas; una clara y apropiada expresión de disgusto, por ejemplo, puede lograr que dos personas se acerquen.
Cuando nos compenetramos lo suficiente con otra persona para permitirnos decirle exactamente cómo nos sentimos, le ofrecemos un puente que puede permitirle conocernos mejor. Los puentes se cruzan en ambos sentidos, y eso nos permitiría conocer mejor a la otra persona también.

Es importante recordar que no podemos intimar con otra persona más de lo que somos capaces de intimar con nosotros mismos. Por ejemplo, ¿Cómo podemos esperar que alguien sepa cómo nos sentimos si nosotros mismos no lo sabemos?
Podemos desarrollar intimidad con nosotros mismos de la misma manera que lo hacemos con otras personas, al ser honestos con nosotros mismos, comunicarnos claramente con nosotros mismos, y permitirnos tiempo y espacio para estar a solas con nosotros mismos.
Una vez que logramos intimar con nosotros mismos, aprendemos a aceptarnos por lo que somos, y nos sentimos lo suficientemente cómodos como para relajarnos y permitirnos fluir libremente con lo que sentimos, para expresarlo armónicamente, y establecer una conexión con la otra persona que nos permita conectarnos íntimamente.

Salvando la brecha
Es importante mantener siempre presente que nadie nos puede dar lo que no tenemos, ese es un trabajo que nos toca realizar a nosotros mismos. Si sentimos que hay algo que nos falta, e intentamos encontrarlo en otra persona, lo único que encontraremos será la decepción. Y no podía ser de otra manera pues simplemente estaremos viendo el reflejo de lo que llevamos dentro.
Si uno de los miembros de la pareja se siente de esta manera, podría sentirse que se va creando y comienza a crecer una brecha en la relación. Al poco tiempo esa brecha comienza a ser evidente en la medida en que la pareja se vuelve disfuncional. Por ejemplo, lo que antes era un agradable compartir se convierte en discusión por tonterías.
Es en este punto donde la sana eficaz y eficiente comunicación puede ayudar, pues tal vez la otra persona no se percate de lo errado de su posición, tal vez simplemente actúa desde su confusión, y por eso crea desarmonía.
Podríamos ayudarle al solicitarse que se exprese tan claramente como pueda sobre los hechos, poniendo a un lado lo que siente hacia ellos. Esto le ayudaría a salir de su confusión, y le permitirá comprender mejor la situación.

A partir de ese momento se puede comenzar un trabajo de reflexión interna que nos permita ubicar las causas por las cuales existe esa brecha en nosotros, y superarla permitiéndonos conocernos íntimamente para ser capaces de intimar con otros.

Reflexiones
Generalmente las reflexiones internas que nos podría beneficiar realizar para lograr intimidad, pueden ubicarse en cinco áreas principales de nuestra existencia, en las cuales podríamos necesitar:
• Aprender a comunicarnos más efectiva, eficaz, asertiva y amablemente.
• Soltar algunos apegos que están aumentando nuestros conflictos con otros, y disminuyendo nuestro bienestar.
• Examinar nuestros comportamientos que les resultan desagradables a otras personas.
• Liberarnos de programaciones subconscientes que limitan nuestra autoestima, y nuestra habilidad de atraer lo que deseamos hacía nosotros.
• Desarrollar sentimientos internos de seguridad, autoestima y libertad.
Una vez realizadas estas, y otras, reflexiones, estaremos en mejores condiciones de conocer nuestras verdaderas motivaciones, comprender nuestras actitudes, y decidir que es lo que realmente queremos hacer al respecto.
Y es durante este proceso cuando es conveniente mantenernos abiertos a los cambios, pues es parte del proceso realizar ajustes. Así como al inicio del proceso pensábamos querer algo, al finalizarlo y crecer gracias a vivir ese proceso, podríamos encontrarnos en la situación de no desear lo que tenemos, al ver ahora claramente que no contribuyen a nuestro bienestar general.

En ocasiones las relaciones cambian, al punto en el que ya no resultan funcionales en ese estado. Tal vez el estado de esa relación necesite ajustarse de manera que permita expresar armonía a ambas partes.

Es importante recordar que aun en el caso de necesitar distanciarse para mejorar la relación, eso no es indicador del fallo de alguno de los miembros, tal vez simplemente completaron su trabajo juntos, y ahora cada cual necesita crecer por caminos distintos.

Finalizar o cambiar una relación de manera armónica, sin necesidad de encontrar un culpable, es una señal de madurez y crecimiento.
Cuanto más pronto reconocemos que una relación ya no resulta funcional, más rápidamente podemos completar el ciclo y continuar al siguiente nivel de crecimiento. Eso podría ser una nueva relación en la cual podamos expresar más libremente el crecimiento que hemos logrado en nuestro proceso de intimar con nosotros mismos, o un periodo de soledad en el cual podemos consolidar nuestra unidad.

Relaciones auténticas
Como dijimos al principio, la intimidad se trata de ser sinceros y honestos con nosotros mismos, y una vez logrado, solo hay cabida en nuestra vida para lo auténtico. Como mencionamos anteriormente, esto podría significar el cambio de nuestra relación actual, pero también podría ser un cambio para mayor intimidad con nuestra pareja al cruzar el puente que nos brinda relajarnos y fluir con lo que realmente sentimos.

Pero ¿Cómo saber cuándo soltar una relación, y cuándo continuar trabajando en ella? La clave para responder esta pregunta podría estar en nuestra motivación filtrada por nuestro nuevo conocimiento y comprensión de nosotros mismos.
Si sentimos un impulso a alejarnos, posiblemente podría ser porque sentimos inquietud al considerar salir de nuestra zona de comodidad, una falta de disposición a realizar el trabajo interno que se requiere, o miedo, al desconocer los resultados que brindará ese trabajo.

Por otro lado, si sentimos el impulso a aferrarnos de la relación, posiblemente sea por miedo de encontrar a otra persona, o tal vez por no sentirnos merecedores de afecto.

En cualquier situación lo importante es intimar con nuestros sentimientos para conocer la causa que nos motiva a actuar, y emplear esa comprensión para decidir honestamente que es lo que queremos hacer.
Siempre es preferible quedarse en una relación solo porque es lo que realmente queremos, pues el amor comienza cuando la necesidad termina.


Artículo original publicado en la Ezine Mercurio

lunes, 5 de julio de 2010

AMORES TÓXICOS

Amar no es sufrir y los amores tóxicos no permiten entender que todos tienen derecho a ser felices. En esto no hay magia ni cabe esperar que la gente cambie.
Es necesario superar esa debilidad que nos relaciona afectivamente con estilos patológicos.

En cuestión de amor, no hace falta aclarar mucho, la gente suele enredarse en relaciones contraindicadas. Es lo que el psicólogo Walter Riso llama amores tóxicos: “Estilos afectivos relacionados con determinados tipos de personalidad, que generan en el otro mucho sufrimiento y alteraciones psicológicas. Este tipo de relaciones representan el 30% en la sociedad”.
Ante esta tendencia mundial de llamar amores tóxicos, relaciones tóxicas, afectos tóxicos, a todo aquello que no nos hace bien y nos vuelve adictos, la psicóloga y terapeuta familiar sistémica Evangelina Aronne, propone examinar cómo estamos amando, partiendo de la base de que el amor se va transformando y persiste de manera menos apasionada y más racional, y la pareja es sostenida con proyectos propios y comunes.

“El amor maduro es una relación con bases firmes: confianza, respeto mutuo, admiración, comprensión, atracción física, conocimiento de los gustos del otro, cooperación, sentido del humor y existe intimidad, sensación de cercanía cuando están lejos, y la relación los fortalece y estimula a ambos, haciendo que cada uno desarrolle lo mejor de sí mismos. Estas bases favorecen la construcción y sostén de un hogar y, a su vez, pueden soportar los contratiempos y vaivenes propios de la vida. En contraposición están las relaciones que se vuelven tóxicas, en la que los efectos sobre la persona dependiente afectivamente de la otra son similares a otras adicciones o conductas de dependencia”, explica Aronne desde su experiencia como psicóloga.

Las adicciones son variadas: consumo de drogas, fármacos, alcohol, juego, Internet, trabajo, televisión, chequear los mails, controlar los mensajes de texto, al sexo, los dulces…, y en todos los casos uno siente alivio pasajero cuando consume ese objeto de deseo y luego se siente mal y peor por haberlo hecho. Y de no hacerlo siente abstinencia, es decir: ansiedad, falta de aire, desmotivación, angustia, dolor de cabeza, de estómago, frustración, fatiga, dificultad de concentración, irritabilidad, etc.

El adicto carece de referentes significativos, produce inseguridad, incertidumbre, falta de incentivos, inestabilidad laboral, invita a vivir el momento, provocando un vacío en las personas.
A la relación de pareja también se la puede vivir como una adicción, por eso es que las dependencias afectivas son un motivo muy común de consulta en psicología. Una persona que vive una relación de manera adictiva necesita de un tratamiento con especialistas, un proceso terapéutico interdisciplinario, contención familiar y social, para poder salir adelante”, dice Aronne y, además, acota, que a este tipo de consulta las hacen personas de toda edad, pero cada vez son más jóvenes y mujeres quienes se acercan al consultorio.

Pare de sufrir.
Si se está inmerso en un vínculo de pareja que produce mucha pena y desdicha, que hasta hace que uno se desdibuje como persona en pos de mantener la armonía y la comunicación ficticia, es probable que formes parte de una relación tóxica, por lo cual saber desactivarla será muy útil para acceder a una vida emocional más satisfactoria.

“Una relación tóxica es aquella en la cual una o las dos personas sufren mucho más de lo que experimentan de dicha y placer por estar juntas. Uno de los integrantes (y en algunos casos ambos) se ven sometidos a un gran desgaste por tratar de sostener la relación”, define Merlina Meiler
Este tipo de vínculos provoca más insatisfacción que felicidad, y la sensación de bienestar que puede proporcionar en escasos momentos es muy efímera, ya que para vivenciarla es necesario silenciar o pasar por alto ciertas cosas que, de darles la importancia que efectivamente tienen, causarían un profundo dolor e incluso llegarían a poner en peligro la continuidad de la pareja.
Las relaciones ideales entre las personas son ganar-ganar. Una relación tóxica nunca puede catalogarse como tal, son de ganar-perder y, en muchos casos, las dos personas involucradas pierden.

Amar, dar, ganar. . .
¿Quién dijo que amar es dar sin ninguna clase de límites? En principio hay un límite bien claro, y es el respeto y el amor a uno mismo, que está por encima de todo lo demás. Si uno no se quiere ni se hace valer y ensalza a otra persona al punto de priorizarla por sobre el propio bienestar y estabilidad interna, incurriendo en sacrificios estériles, es que se está integrando una relación tóxica. Si la comunicación con otra persona nos pone decididamente mal, impide que uno desarrolle su potencial, genera frustración una y otra vez y hace que se releguen los deseos genuinos para uno, es que esa persona no sólo no suma, sino que resta.

“Amar con equilibrio es la clave hacia una vida emocional sana y placentera. Trae aparejado no permitir que persona alguna interfiera en otras actividades o áreas de nuestra vida, entender que es bien posible desarrollarse en lo que uno genuinamente desee, además de crear y disfrutar vínculos sanos con otras personas. No hay por qué dejar de lado nuestras expectativas, ilusiones, deseos y sueños por intentar sostener una situación que a las claras resultará insostenible, salvo que comprometamos nuestra integridad emocional, nuestra salud, el justo respeto que nos merecemos como seres valiosos que somos y el derecho legítimo a ser plenamente felices”, dirá Merlina Meiler; quien no es pesimista y considera que uno siempre cuenta con la posibilidad real de decidir cambiar los términos de un vínculo de pareja tóxico en el momento que se esté preparado (o preparada) para hacerlo: “Si te disocias del rol que asumiste en este vínculo (salvador, maltratado, quien-todo-lo-aguanta, perdedor, sumisa, etc.) la otra persona automáticamente cambiará su postura al tratarte, ya que no encontrará el mismo eco de tu parte. Por ejemplo, para que haya una persona en rol de victimario debe existir su contraparte, alguien que asuma el rol de víctima. Si uno de los dos desaparece, el otro pierde fuerza y cambia su postura… ¡se desintegra este par de roles! Asimismo, este cambio de roles y de conductas desactivará el poder que la otra persona tiene sobre ti”, ejemplifica Meiler.

Claro que no es fácil controlar las emociones o sentimientos, pero sí se puede elegir qué hacer y qué no hacer con ellos. Uno es libre para decidir qué clase de relaciones y de personas nos rodearán cada día.

Razones tóxicas.
¿Qué nos lleva a involucrarnos en relaciones tóxicas? Hay diferentes razones, las más usuales son:

La baja autoestima: Si nuestras creencias están basadas en sentir que no somos merecedores de la atención, el respeto o el amor de otra persona, quien aparezca será considerado nuestra tabla de salvación, a la que nos aferraremos con uñas y dientes porque, sin esta persona, ¿quién nos querrá?, o ¿quién pagará nuestras cuentas?, o ¿quién nos cuidará?

El creernos salvadores: Fantasear que nosotros podemos cambiar a esa persona, que hemos llegado a su vida para que se transforme en otra clase de ser humano, mejor, más como nosotros queremos que sea; suponer que con nosotros se comportará de una manera diferente a la que suele hacerlo, que lograremos que se operen modificaciones impensadas, son caminos de ida hacia el sufrimiento. Podemos ayudar a que otras personas cambien rasgos de su personalidad que las molesten, siempre y cuando se den cuenta de que este cambio los favorecería, decidan hacerlo y además quieran que las ayudemos. Lo que sí tenemos es la capacidad concreta de lograr que se produzcan cambios asombrosos en nosotros mismos si así lo deseamos.

Asumir el rol de víctimas: Quién nos va a querer o aceptar como esta persona que se digna a darnos ratos de su tiempo, o a convivir con nosotros, en definitiva, a darnos momentos de su (mala) compañía? El asumir este rol implica que estaremos aceptando a una persona que se comportará como victimaria.

La urgencia de muestras de cariño: Este tipo de deseo imperioso es muy mal consejero, y se suma a la necesidad de suplir carencias profundas. A veces da como resultado el tolerar cualquier cosa por un poco de lo que deseamos, como cariño (una demostración de afecto, sexo, un regalo), pero que en realidad encubre otro comportamiento de fondo (uso, abuso, egoísmo, maltrato, falta de respeto, etc.).

Estar acompañado a cualquier precio: El miedo a la soledad es el paso preliminar hacia una posible relación tóxica, ya que se tolerará -literalmente- cualquier cosa con tal de no estar solos. Y no hay mayor sensación de soledad agobiante que el creer que uno está acompañado por alguien que le va a hacer bien cuando no es así y esa persona no sólo no cumple con nuestras expectativas más esenciales sino que atenta (con marcado éxito) contra nuestra calidad de vida.

El aburrimiento: La búsqueda de nuevas sensaciones, de una manera de alejarnos de la monotonía o de la rutina puede hacer que sólo veamos una faceta de la personalidad de quien nos atrae -la divertida y agradable- que nos saca del letargo en el que estábamos, y no logramos visualizar el resto de la personalidad de quien nos atrae, en la cual hay comportamientos tóxicos que en un principio no identificamos. Encontrar a alguien que tenga gustos similares a los nuestros es muy bueno y hasta se siente tocar el cielo con las manos, pero, si para compartir ese universo es necesario convalidar una relación tóxica, será muy difícil cortar el vínculo.

La necesidad imperiosa de cumplir algún rol social: como, por ejemplo, el de esposa/o, madre o padre, tal vez pueda hacernos priorizar el fin antes que ver a la persona que elegimos como realmente es. Algunas veces se trata por todos los medios posibles de enmascarar la realidad para seguir manteniendo las apariencias y la estructura social, aunque el costo interno suele ser demasiado alto.

El miedo a seguir avanzando en la vida: Si tenemos un vínculo con una persona que nos pone frenos o nos cercena en nuestro crecimiento y nos estancamos en cierta área de nuestra vida (ya sea personal, laboral, espiritual o profesional), ¿no somos nosotros mismos quienes aceptamos quedarnos en una zona conocida en vez de crecer, desarrollarnos, cambiar y superarnos?


Artículo que podéis completar en este enlace de esta autora EVANGELINA ARONNE, Lcda en Psicología U.N.C. Argentina"

martes, 29 de junio de 2010

LA AUTORIDAD EFICAZ

En el Portal para ser mejores padres de solohijos.com, he encontrado infinidad de artículos que ayudan a la reflexión y aportan datos para efectuar los cambios adecuados que dirijan nuestras acciones a lograr la mejor interrelación posible con nuestros hijos. Dado que nuestro objetivo es poneros las piezas para que vosotros las articuléis con vuestra forma de vivir y actuar, os transcribo un artículo interesantísimo para vuestro conocimiento. Sé seguro que le sacaréis todo el partido para poder compartir con vuestra pareja en el siempre difícil arte de ser padres.

¿Qué se necesita para disfrutar de una autoridad eficaz?
A veces, intentamos por todos los medios que nuestros hijos nos hagan caso y no hay manera de conseguirlo. La solución no es tan difícil aunque, eso sí, necesita constancia, unas pocas normas muy claras y favorecer al máximo la participación de nuestros hijos a la hora de tomar decisiones.

Al comienzo de este año escuché unas declaraciones de representantes de asociaciones de padres y madres que decían lo siguiente: "Dado que los padres, en las actuales circunstancias sociales no podemos hacer frente a la educación de nuestros hijos, exigimos que las administraciones públicas pongan a nuestra disposición todos los medios necesarios para …"
Me inquietaron dos de las ideas que expresaron: "no podemos hacer frente a la educación de nuestros hijos..." y "que las administraciones públicas..." hagan algo para educarlos.

A mí me gusta pensar que somos los padres los que debemos educar a nuestros hijos y de ninguna manera me gustaría ceder ni un ápice de este derecho a las administraciones públicas. Me inquietó también escuchar que los padres "no podemos" educar a nuestros hijos en la sociedad de hoy en día, porque yo no creo que eso sea cierto. Los padres tenemos la posibilidad y la capacidad para educar a nuestros hijos y podemos hacerlo bien, salvo en casos muy especiales.

En numerosas familias, la autoridad de los padres se ha debilitado. Muchos padres no consiguen poner límites a los horarios de sus hijos, a los tipos de diversiones, a las demandas consumistas, a su desidia en los estudios, a sus malos modales... Pero buscar las causas y las soluciones fuera de la familia, no sirve de nada. La solución a esta crisis de autoridad debemos buscarla en el interior de la familia y, sobretodo, en cómo nosotros, los padres, la estamos ejerciendo. ¿Quizás nos estamos equivocando?

Algunos padres piensan que perder autoridad es irremediable. Pero la autoridad no es un don divino que se nos otorga y con él obtenemos la ciencia para decidir correctamente, el ingenio para organizar y la habilidad para ser obedecido. Y, al igual que no se nos otorga, tampoco se nos niega como si se tratara de un objeto. El grado de autoridad que tengamos los padres depende, sobretodo, de cómo utilizamos el poder que tenemos sobre los hijos, y eso nos permite aumentarla, recuperarla o perderla.

La autoridad de los padres será eficaz si reúne ciertas condiciones:
1. Que exista consenso entre el padre y la madre.
2. Que se ejerza de modo participativo y se sepa llegar a acuerdos.
3. Que persiga como fin la educación de los hijos y su autonomía.
4. Que sea coherente con la conducta de los propios padres.
5. Que se apoye en valores y normas estables.
6. Que se traduzca en hechos.

La no existencia de alguna de estas condiciones puede ser la causa real de la crisis de nuestra autoridad como padres. En la medida que consigamos cumplir mejor estas condiciones, nuestra autoridad podrá recuperarse o fortalecerse. Lo mejor es empezar a ejercer una autoridad positiva cuando nuestros hijos son pequeños. Pero si no ha sido así, todavía estamos a tiempo. Cuanto antes cambiemos algo y mejoremos, tanto mejor.


1. El consenso en la pareja.
Que la pareja debe estar de acuerdo en relación con los objetivos y los medios educativos es algo que resulta evidente aunque a veces no es fácil de llevar a cabo. La responsabilidad como educadores, y por tanto la autoridad, es tanto del padre como de la madre, y sólo el acuerdo entre ambos permitirá progresar correctamente en la educación de nuestros hijos. Se necesitará el intercambio constante de información entre la pareja sobre nuestros hijos, sobre cómo podemos ayudarles, las normas que estableceremos, los estímulos que les proponemos... Es bueno que los padres lleguen a un acuerdo antes de planteárselo a sus hijos. Y aunque a veces resulte difícil llegar los dos a un mismo punto debéis pensar que esta dificultad también es una ventaja, ya que en el momento de observar y saber de vuestros hijos, veréis mejor con cuatro ojos que con dos. No perder de vista que podéis ayudaros y que debéis apoyaros.

2. La autoridad debe ejercerse de forma participativa.
Los padres no debemos imponer nada a nuestros hijos de manera despótica. Debemos proponer alternativas u opciones entre las que escoger y dejar que nuestros hijos participen en la toma de decisiones. Si somos respetuosos con nuestros hijos ellos también lo serán con nosotros. Mientras que si nos comportamos de una manera demasiado exigente mandando y obligando en lugar de sugerir y proponer, sólo conseguiremos desobediencia, indisciplina y rebeldía.

3. Los padres deben buscar la felicidad de los hijos y potenciar su autonomía.
No debemos pedir o mandar cosas a nuestros hijos para nuestra comodidad o para nuestro propio o exclusivo beneficio. Sólo en la medida en que nuestros hijos reconozcan que las normas que establecemos y las cosas que les mandemos son para su propio beneficio e interés, nos aceptarán como autoridad. La autoridad-servicio produce necesariamente la autoridad-prestigio.

4. La autoridad no debe ser aleatoria, debe apoyarse en valores y normas estables.
Nada hay más destructivo que los cambios de actitud de los padres en lo que respecta a lo que es bueno o malo, lo que hay que hacer y lo que no, lo que es importante y lo que no lo es. Mandar o exigir cosas según el propio estado de ánimo o según las circunstancias es una manera muy eficaz de conseguir que perdamos autoridad sobre nuestros hijos. Si ellos observan que tus exigencias no responden a otra cosa que a tu cansancio, malhumor, etc. no se verán obligados a obedecer ni entenderán por qué deben hacerlo: "Total, espero a que se le pase el enfado y ya está".

5. La conducta de los propios padres debe ser coherente.
Los padres deben predicar con el ejemplo. Los modos de conducta incoherentes o falsos generan sencillamente rebeldía. La siguiente escena es muy significativa: "¿Queréis dejar de gritar como salvajes maleducadoooooooos?" -Grita con todas sus fuerzas la madre a sus hijos, que están inmersos en un gran alboroto.

6. La autoridad debe traducirse en hechos.
La autoridad, además de tenerla, hay que ejercerla. Hay que tomar decisiones sobre lo que deseamos para nuestros hijos y sobre las ayudas que necesitan. Establecer, con su colaboración, las normas que revestirán el ambiente de nuestra casa. Velar por el cumplimiento de las normas establecidas y detectar los problemas de los hijos. Exigirles que cumplan su cometido y sancionar su conducta de manera positiva o negativa para ayudarles a desarrollar su propia conciencia. Necesitamos dedicación y empeño, pero nuestra autoridad para con los hijos la encontraremos en su ejercicio.


José María Lahoz García
Pedagogo (Orientador escolar y profesional),
Profesor de Educación Primaria y de Psicología
y Pedagogía en Secundaria

martes, 22 de junio de 2010

HACIA LO SISTÉMICO

Muchas veces me han preguntado por qué decidí utilizar la terapia sistémica y no otra y qué ventajas veía en el pensamiento sistémico.

Antes quiero decir que el hecho de aplicar la mayoría de veces este tipo sistémico, no excluye, por lo menos en mí, la operatividad ocasional de otro tipo de terapias y teorías conducentes a dar recursos e intentar solucionar los problemas que se nos consultan. Esto es así porque siempre defenderé el eclecticismo como principio válido para no cerrarnos a las ingentes posibilidades que nos ofrecen todas las corrientes terapéuticas.

Aun así tengo mis preferencias y mi especialidad, lo que me lleva a defender lo sistémico, en principio, porque es un modo de pensamiento que analiza, observa y estudia el todo y sus partes y las conexiones e interrelaciones que entre ellas se dan. Es tan claro como estudiar el todo para comprender las partes.

Cuando atendemos a una persona de forma individual, fuera de su entorno, de su familia, de las relaciones que entre este sistema se llevan a cabo, estamos percibiendo su visión de las cosas sin tener en cuenta lo que puede haber surgido en su comportamiento por la intervención de los demás componentes de ese sistema y es esta razón lo que nos lleva a inferir que no entender que cada desenlace o proceso que se efectúa, no es algo aislado, sino que interactúa con el resto del cosmos, nos abocaría a una microvisión y en ocasiones al fracaso.

Alguien dijo, y lamento no recordar quién, que “No hay éxito en lo que hagamos, si no hay éxito para el sistema al que pertenecemos.”

Desde lo sistémico vamos al estudio de las relaciones entre elementos de un sistema que permite poner de manifiesto la estructura y las causas reales del comportamiento y de los problemas que observamos.

Tratar sistemas es más complicado que tratar individualidades. No funcionan las lógicas lineales simples, y no obtendremos el triunfo si no se obtiene en todo el sistema; pero nuestra labor, siguiendo este plan sistémico, no se basa en empujar para mover las cosas sino más bien averiguar y eliminar lo que impide que se muevan. Cuando has eliminado lo que impide el movimiento todo fluye suave y fácilmente.

No es difícil inferir, pues, que para lograr este objetivo no es conveniente eliminar los síntomas que presenta el o los componentes del sistema, sino poder controlarlos para obtener los datos que nos permitan llegar a saber el qué, el cómo y el porqué sucede tal o cual acontecimiento.

Tratar de demostrar que todo afecta a todo, que todo está interconectado y todo interactúa, es relativamente fácil y para ello no tengo más que poneros un simple ejemplo que seguro que os dará una visión más clara de lo que quiero decir: La aparición de la Viagra, a miles de kilómetros del hábitat de los rinocerontes, ha permitido la recuperación de su población. Sé que parece ridículo y puede llevar a pensar si es que los rinocerontes padecen de impotencia, pero la solución es mucho más sencilla: según algunas creencias ancestrales, se otorgaba al cuerno del rinoceronte unas propiedades afrodisíacas. ¿Qué os parece?

No podemos olvidar que estamos inmersos dentro de un inmenso sistema que es la Tierra y el cosmos, y que del modo que sea, lo que hagamos nos afectará.

Espero que se entienda porqué defiendo lo sistémico y abogo porque es el tratamiento más eficaz ante los problemas personales, de pareja, familiares, empresariales y sociales.

(Si queréis profundizar sobre el tema, podéis consultar la bibliografía de Peter Checkland.)

Juan José López Nicolás

viernes, 18 de junio de 2010

RENOVAR EL AMOR EN EL MATRIMONIO

La vida en pareja sufre a lo largo del tiempo gran cantidad de altibajos. La rutina y el cansancio pueden ir agotando la relación entre ambos miembros por lo que a veces necesita que le echemos un poco de agua, de abono, para que, como la primavera, reviva, resurja de nuevo.
Suele pasar que cuando la pareja decide comprometerse y vivir una vida juntos, se le olvida aquel tiempo de noviazgo en donde ambos disfrutaban. Todo era más fácil por ser una etapa de mayor enamoramiento y romanticismo. Con el tiempo, cuando se llega al matrimonio y se funda un hogar, se tienen hijos, etc., el galanteo y la seducción se van perdiendo como si eso no se pudiera seguir realizando, y todo se inunda de negatividad, e incluso a veces los conflictos entre ellos se esconden en los hijos.
Sí, es cierto que en muchas parejas todo no puede volver a ser como antes, porque las etapas de la vida requieren vivir su momento, pero eso no significa que no volvamos a redescubrir el amor. ¿Por qué no dejamos de añorar esas cosas propias del día de San Valentín y nos ponernos manos a la obra para acrecentar el amor en la pareja?
Pues bien, una manera para contextualizar todo esto se basa en hacer un proyecto de “marketing”, (aunque os suene raro, así es) y así lo recomiendan dos autores que aplican las estrategias del mercado a la relación de pareja (David Suriol y Miguel Janer).
La base fundamental de este proyecto es que ambos se comprometan y acuerden en realizarlo, y requiere un importante esfuerzo por ambas partes, ya que el amor no es solo un sentimiento, sino también una actitud. Solo basar la relación de pareja en lo sentimental no es suficiente. Además hay que poner inteligencia y voluntad. Digamos que para regalar un ramo de rosas hay que pensar cómo regalarlo.
Así que empecemos a plantearnos este análisis que denominamos: DAFO (Debilidades, Amenazas, Fortalezas, Oportunidades).

1. Debilidades. Entendidas como aspectos que sabemos que son frágiles en mi relación de pareja. Así por ejemplo: Si yo que cuando llego a casa cansado/a no me gusta que nada mas abrir la puerta me comenten problemas, voy a decirlo para no hacer de esa entrada en el hogar solo un lugar en donde den cabida los problemas.

2. Amenazas. Son aquellos factores que precipitan que haya una mayor inestabilidad en la pareja. Así por ejemplo, si cuando hay algún tema dentro de la pareja que no me gusta tratar y yo lo esquivo continuamente; puede producir la sensación de no prestar atención a algo que es importante para la relación de pareja. Con lo cual podríamos acordar que determinados temas que nos agobian, en lo que a pareja se refiere, podemos plantearlos de forma abierta, en un momento concreto y después no volverlo a tocar una vez resuelto.

3. Fortalezas. Son aquellos aspectos que ambos sabemos que benefician a nuestra relación. Así por ejemplo: tanto a mi marido o a mi mujer nos gusta hacer una actividad juntos y es lo que echamos de menos. Podríamos dedicarnos a recuperar eso que antes nos gustaba tanto.

4. Oportunidades. Son aquellos momentos que a veces se nos presentan y podemos servirnos de ellos para ver cómo va nuestra relación, pues a veces dentro de mi relación de pareja considero que se me presentan ciertos momentos que desaprovecho. Así por ejemplo: cuando tenemos un rato juntos sin que estén nuestros hijos u otras personas, podemos charlar de nosotros, de lo que afecta a nuestra pareja, en términos positivos.

Todo esto mantenido en el tiempo, junto con sorpresas o momentos extraordinarios que podamos aprovechar es lo que enriquece la relación de pareja.
Así podríais elaborar cada uno individualmente una lista de cosas que le guste bien a tu marido o a tu mujer. No suponiendo nada, sino hacer memoria de las cosas que al otro le han agradado en otras ocasiones. Tu marido o mujer no tiene que ver esta lista en ningún momento. Se trata de hacer una lista con cosas sencillas, que una vez a la semana podéis ir haciendo, siempre de manera que el otro no pueda anticipar la sorpresa.
Espero que de alguna manera esto os sirva para que reflexionéis sobre cómo va vuestro matrimonio y que lo podáis poner en marcha a partir de ahora, para siempre mejorarlo o por lo menos intentarlo.


Mª Carmen González Rivas

jueves, 17 de junio de 2010

CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD

En el transcurso de una clase, un profesor nos trajo un cuestionario con algunas preguntas sobre uno mismo. Al ver la primera pregunta me quedé bloqueada: ¿Quién eres tú? ¡Menuda pregunta! Durante toda nuestra vida nos vamos presentando, por qué estudiamos, dónde trabajamos, por ser hijo/a de, etc. Sin embargo llega un momento en nuestra vida que tenemos que conocer nuestra identidad, lo que somos y lo que nos caracteriza como único, irrepetible e insustituible. “Ese soy yo”.
Me he dado cuenta que esta es una tarea difícil y costosa, ¡cuanto lo habrá sido para aquellas personas a las que he ayudado a definirse y a encontrarse a sí mismas! Porque cuando me defino, me identifico y tengo que asumir ese riesgo, comprometerse con lo que uno es, aceptarlo y acogerlo en el corazón.
Hablar de identidad es hablar de dejar ser, de orientar, de acompañar y por su puesto de ayudar a sacar desde dentro de uno mismo, y precisamente esta idea es una de las acepciones del concepto educar. Esta es una de las tareas del educador, y por supuesto de los padres que son los primeros educadores de sus hijos, ya que son ellos los que le facilitan esta tarea, ayudándoles a forjar su identidad, cuidar de su ser. Así lo expresa la Exhortación Familiaris Consortio: “Puesto que los padres han dado la vida a los hijos, tienen la gravísima obligación de educar a la prole, y por tanto hay que reconocerlos como los primeros y principales educadores de sus hijos.”
Pues bien, ante esta rotunda afirmación y que desde mi perspectiva creo que a día de hoy ningún padre se cuestiona, recientemente hemos oído en los medios de comunicación que más de 140 plataformas se han adherido al Manifiesto por la Libertad de Educación en estos días, ya que el actual proyecto de Ley Orgánica de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo, contempla en sus artículos sobre medidas en el ámbito educativo la implantación de una ley educativa sexual obligatoria para todos los centro escolares. En el caso de implantarse, esta educación será impartida a niños a partir de los once años por profesionales sanitarios que serán previamente formados para ello. (Podrán encontrarlo http://www.españaeducaenlibertad.org/manifiesto-educacion-sexual/).
Pues bien, de esta manera algo que compete a los padres, se les pretende arrebatar. Así lo contempla el artículo 27 de nuestra Constitución: “Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”.
La educación sexual no se reduce a una mera información para prevenir “ciertas prácticas”, ni para insistir en que hay una igualdad sexual entre hombres y mujeres, etc. Si lo viésemos así de fácil no seríamos fieles con nuestra persona, y en vez de acercar posturas y comprendernos nos estaríamos alejando de ese fin.
Está visto que este proyecto de ley deja atrás algo, en su aspecto educativo, y la parte afectiva y psicológica queda coja al plantear una visión de la sexualidad meramente reduccionista que ahonda en la parte más física, cuando, en realidad, la sexualidad tiene que ser valorada en todos sus aspectos, porque no es algo ajeno a la identidad de la persona. La sexualidad nos configura y por lo tanto en la persona hay que integrar las dimensiones afectiva-psicológica-espiritual, física-genital, social-cultural, ética y de libertad. Es impresionante la superficialidad con la que se trata el tema de la sexualidad. No es más que una serie de “ejercicios” que llevan al coitocentrismo y la genitalidad, olvidando que realmente este concepto – sexualidad- es algo holístico; forma parte de un todo que conforma nuestra identidad en su más alto rango.
Como vemos, la educación afectivo-sexual es una tarea no puntual sino de acompañamiento, al igual que se le acompaña a un hijo a aprender a andar, a comer, a estudiar ¿Cómo no unos padres van a enseñarle a integrar su parte afectivo-sexual en su desarrollo evolutivo? Dejemos a los padres esa tarea o a quienes ellos mismos se la encomienden por iniciativa propia y seamos conscientes también de nuestra responsabilidad para que la identidad de nuestros hijos se apoye en una base sólida construida desde la mejor escuela que no puede ser otra que la familia. Y si lo que nos preocupa es que nuestros españolitos pequeños se formen de manera adecuada y madura, demos a los padres los recursos adecuados para que sean ellos los que aprendan mejor a guiarlos como así les compete de manera primaria.

Mª Carmen González Rivas.
Lcda. en Psicología

lunes, 10 de mayo de 2010

AFRONTAR LA DECISIÓN DE SEPARARSE

Antes de dejaros con éste artículo, quiero desde aquí dar la bienvenida a una nueva articulista colaboradora de nuestra página TERAPIA Y FAMILIA. Me refiero a Mª Carmen González Rivas, licenciada en Psicología, que a partir de hoy se une a nuestro equipo para intentar ayudar con sus reflexiones, aportando otro punto de vista a los escritos y trabajos que en este blog aparecen. Os dejo con ella.

Hoy en día tenemos claro que la persona no podría ser ella misma si no se relaciona, si no establece vínculos; vamos, que si no se une a otras personas su crecimiento personal se vería empequeñecido y es paradójico que siendo así esta tendencia innata en el ser humano a veces se trata de anular. Los mensajes publicitarios nos alientan a hacer nuestras propias vidas, a no depender ni de nada ni de nadie, y tanto es así que en muchas ocasiones nuestros vínculos afectivos acaban por romperse en un tira y afloja cuando andamos el camino de la búsqueda de nuestra propia independencia.

Son muchos los factores que conducen a una separación pero también hay algo de verdad en la aseveración del párrafo anterior. Elegir una pareja para toda la vida compromete, ¡vaya si compromete!, y no es tan fácil porque cuando ya estamos comprometidos y aparecen las dificultades… ¿qué hacer?
Muchas parejas se encuentran solas en esto; las orientaciones que se dan son demasiado fáciles y no buscan su verdadero interés y el de sus hijos, si los hubiera. Las cosas se ven “facilitadas” con al ley del divorcio express que fomenta la cultura de la ruptura.

Pero, ¿alguien nos enseña a ser pareja?, ¿a ser padres?… creo que no; esto es algo que lo hace la experiencia. Aunque es cierto que dedicamos gran parte de nuestra vida para ser grandes profesionales dejando a un lado nuestra vida personal en la que realmente seremos más felices, a veces desconocemos que en nuestras ciudades existe esta formación, y cómo no, también la encontramos dentro de nuestra Iglesia. He tenido la oportunidad de participar en una escuela de padres, y junto a ella propondría una escuela de novios, porque si la pareja funciona la familia también lo hará. Es de vital importancia este tipo de formación y acompañamiento a las parejas que deciden vivir su noviazgo, y más que eso previamente reconozco que tendríamos que hacer un conocimiento de nosotros mismos, ya que el amor en una pareja se basa en el crecimiento y no en la necesidad; sí en la gratuidad y no en el egoísmo.

A veces en la pareja se deposita tanto en el otro, llámense expectativas no realistas, fuente de gratificaciones propias, que cuando se rompe todo esto, es fácil que se demande al otro que cambie, siendo esto lo más fácil, cuando lo conveniente, lo realmente adecuado, nuestro cambio, tendríamos que ejercerlo cada uno de nosotros interiormente.

El amor más allá de un sentimiento es una actitud que nos lleva a que si nos posicionamos con respecto a esto, hará que nuestros vínculos se fortalezcan y si no tenemos claro la actitud, hará, por el contrario que se vayan poco a poco fragmentado y llegando posiblemente a esa ruptura de pareja ya anunciada. Ha de saber la pareja que la separación es el resultado de una crisis de pareja “no resuelta”, entendiendo esto por la consecuencia de conflictos familiares a los cuales no se les ha puesto solución. En esto la pareja rota puede incluso reabrir sus conflictos, si es que hijos hubiere, ante la tarea como padres.

Tan importante es tomar la decisión de separarse como afrontar esa separación, pues implica una pérdida y como toda pérdida un duelo; y es que como bien dice Bowley “.Aceptar la pérdida que se ha producido supone el primer paso para elaborar un duelo” .Hay muchas parejas que no llegan a superar esta pérdida y otras que tratan de remediarla afrontando prontamente otra relación de pareja sin haber curado la anterior.

Si es cierto que cuando todo aboca a la separación es importante considerar el papel de un buen mediador que considere el verdadero bien para todos los miembros de la pareja, los padres no pueden olvidar que siempre van a ser padres y ambos tienen la patria potestad sobre sus hijos al margen de que la custodia la tenga uno de ellos o ambos. Sus derechos y obligaciones están ahí, y es preciso que éstos las conozcan para que sus hijos se eduquen en un clima familiar que, al margen de la ruptura, les favorezca lo máximo posible.

La conclusión de todo esto es que siempre es “mejor prevenir que curar”, y por eso abogo por esa prevención en los temas de pareja, entiéndase por ello un buen conocimiento de ambos en la relación de noviazgo, que cuando ambos decidan casarse y surjan los problemas valoren las alternativas antes de una posible separación, y cuando esta ya sea la última opción, procurar una buena mediación familiar.




Mª Carmen González Rivas
Lcda. en Psicología

miércoles, 21 de abril de 2010

ACTITUDES ERRONEAS EN LAS RELACIONES HUMANAS

Estamos inmersos en un mundo en el que las relaciones humanas se han convertido en una fuente de verdaderos conflictos. Sé que la tendencia es la de llegar al equilibrio para intentar ser todo lo feliz que uno quisiera o debería, pero, hoy por hoy, las relaciones con el otro nos están llevando a sumirnos en un mar de tempestades del que nos es difícil, muy difícil salir.

Cada vez con más asiduidad intentamos leer libros de autoayuda, acudir a especialistas que nos acompañen en esos momentos de incertidumbre vital para que nos orienten sobre qué hacer para estabilizar nuestra vida y sin embargo no sentimos que en nosotros se produzca el milagro del cambio, de la reestructuración o de la llegada de ese bienestar interno que todos deseamos y esperamos. Y es que el problema está en nuestro interior, en nuestros pensamientos y en la idea que de todo nos hacemos a través de nuestra escala particular de valores con la que juzgamos todo, haciendo que nuestra idea que tenemos de las cosas sea el axioma y nuestras gafas particulares con las que vemos todo como tiene que ser.

Manejamos valores absolutos que nos impiden llegar a términos medios. Nuestro “yo idea” ha anidado en la base estructural de nuestra forma de ser y nos hace un flaco favor a la hora de conformar la urdimbre básica para establecer la vida emocional adecuada con uno mismo y con los demás. ¡Y que difícil es salir de esto si no consigo, en primera instancia, concienciarme de este concepto desde “las tripas”!

Creo que se ve claro que la primera premisa es querer hacerlo, concienciación y verme en este estado, y observarme, y analizarme, que aunque parezca estar parado no es así porque lo que estoy haciendo es verme y reconocerme en esta situación en la que me encuentro. Es decir, situarme en el mismo problema para observar, “simplemente” observar para ver qué está sucediendo, porque los profesionales, psicólogos y terapeutas, nos pueden ayudar a ver, pero no pueden ver por nosotros mismos.

La mayoría de los problemas que subyacen en el ser humano actual, hemos observado que están en los conceptos de DEPENDENCIA E INDEPENDENCIA.

Nuestra vida natural está basada en la independencia, pero nos hemos metido en tal círculo vicioso que dependemos de los demás para ser lo que necesitamos ser porque la dependencia nos parece algo muy inocuo e inocente, pero en realidad es el principal enemigo de la felicidad, de la plenitud y de la posibilidad de realizarse. Esto es así hasta tal punto que una de las actitudes erróneas es esperar la aceptación del otro como base para sentirme yo bien o, incluso, crear mi propia necesidad para existir en cuanto que le uso para afianzar mi personalidad y poder afianzarme a la vida emocional y psicológica.
Hasta hay canciones que todos conocemos que expresan la idea de que “…yo sin ti no soy nada.”

Estos mensajes condicionan nuestra vida mental sana y por ende nuestros pensamientos que en definitiva son los que nos hacen actuar de una manera o de otra.
Tal vez lo que nos precipita a los errores en nuestras relaciones sean las ideas preconcebidas, lo que yo creo sin vuelta de hoja que debe ser que me condiciona a no abrirme a nuevos contextos que varíen las situaciones finales.

Esa idea preconcebida que antes mencionábamos nos lleva a juzgar a la persona por cómo creo yo que debe ser; es decir, la comparo con la idea que yo tengo de ella y como no responde a la imagen que yo creo, a mi idea, no es correcto. Juzgo a la persona con mi modelo y no con el suyo propio.

Sé que todo esto cuesta bastante de digerir pero si se abre la mente y analizamos estas cuestiones nos damos cuenta de la realidad que describe y cómo nos muestra a nosotros mismos en nuestras relaciones con conflictos.

Todas las experiencias nos llevan a expresar que las relaciones interpersonales e incluso las de uno consigo mismo no son estáticas, sino dinámicas, sin embargo nos empeñamos constantemente en otorgarles la primera cualidad, lo que nos lleva a tener una idea fija sobre el otro, a hacerle un cliché y este error nos lleva asimismo a tratar no con la persona, sino con la idea fija e inamovible que tengo de ella y además, en el fondo, mi error de actitud para una sana relación hace que no me interese por la otra persona, sino por lo que pueda darme en todos los aspectos. Siempre la evalúo por lo que me da o no me da.

En definitiva, anclarnos en nuestra única escala de valores válida nos lleva a conflictos, desilusiones, situaciones de oposición innegociable, rupturas, haciendo que no veamos que lo que equilibra es aprender a vivir con las diferentes individualidades en las relaciones humanas. Por otro lado, cuando se da de verdad, se recibe, siempre que se haga sin estrategias preconcebidas que disminuyen el dejar ser en el otro.

Sin ánimo de mezclar cosas, mi propia dependencia, mi ausencia de independencia, me sumerge en que valore más lo que yo creo de alguien, lo que yo necesito que ese alguien sea para mí, que su propia identidad y por tanto, cuando intentamos arrebatar la identidad a alguien surgen los conflictos que estamos viviendo actualmente. Lo sano, y si lo experimenta alguna vez lo conoce, es no depender emocionalmente y la consecución de este objetivo nos otorga el poder vivir nuestra propia vida para no vivir creyendo que se necesita al otro para respirar. Yo soy yo por mí mismo.

Wayne Dyer dice que la clave de una vida eficiente reside en la independencia. Igualmente, la clave de un buen matrimonio reside en el mínimo de fusión y el máximo de autonomía y autodependencia. Y aunque sientas verdadero temor a romper tus relaciones dependientes, seguro que si les preguntas lo que piensan a las mismas personas con las que mantienes estas relaciones de dependencia emocional, descubrirás, con gran sorpresa, que ellos admiran más a quienes piensan y actúan por sí mismos. Otra ironía. Quienes más te respetarán por ser independiente serán los mismos que con más fuerza trataron de mantenerte subordinado.

Lo que está claro es que todo lo comentado no está reñido con sentir amor, con llevarse bien en pareja, con amigos, con conocidos, todo lo contrario, precisamente lo fomenta. Estamos abogando precisamente por amar y amarse primero uno mismo.
Esto es así y el que lo quiera experimentar que trabaje en ello y si no resulta de esta manera es que siempre es más fácil coger las riendas de la vida de los demás que las de uno mismo. ¡Que vida!


Juan José López Nicolás.

lunes, 8 de marzo de 2010

CUANDO EL ALMA SE SERENA

Las emociones son agitaciones del ánimo producidas por ideas, recuerdos, apetitos, deseos, sentimientos o pasiones. Y las percepciones, lo que nosotros sentimos sobre este acontecimiento o suceso que acaba de aparecer en nuestra vida, nos hace sentir, en ocasiones, que todo el suelo se abre bajo nuestros pies y que la vida se nos acaba de poner al revés provocándonos el dolor más intenso que recordemos; hasta nos duele el alma y no somos capaces de ver opciones de salida que nos suavicen este dolor tan intenso.
Nada es, pues, más real que aseverar que todos nos movemos en el mundo de los afectos, es decir, que los afectos constituyen nuestro núcleo más personal y peculiar. Pero no es raro sentirse perdido ante esta situación porque nuestro propio entendimiento se disipa, no sabe pensar de una forma adecuada o no tenemos los recursos para dar a nuestra inteligencia emocional la oportunidad de racionalizar los pensamientos hasta el punto de sentir la emoción pero colocándola en el sitio que realmente le corresponde. Muchos experimentan la rebeldía de no poder controlar sus sentimientos ni comprender su complejidad.
Se agrava el asunto cuando esta situación tan dolorosa está “motivada” por las reacciones de otra persona, del que tenemos enfrente; de la toma de “decisiones desacertadas” que nos afectan de forma tan directa que sería necesario “hacerle entender” que no está haciendo lo mejor para “nuestra situación”.
Estamos verdaderamente desesperados y no sabemos cómo encauzar nuestra vida que se ha ido al garete de una forma tremenda. Llanto, dolor, frustración, desesperanza, desasosiego, decepción, impotencia…soledad. Y, claro, es fácil entrar en un estado de victimización del que nos va a ser muy complicado salir si no reorganizamos las situaciones de otras formas, barajando otros conceptos que nos inoculen el trabajo mental idóneo para probar a salir de esta crisis en la que nuestro “almario” está muy tocado.
Obsérvese que he entrecomillado algunas palabras de párrafos anteriores queriendo indicar que son los pensamientos que solemos tener pensando en una responsabilidad externa a nosotros mismos. Es el otro el que con su comportamiento está poniendo “patas arriba” nuestra propia vida y nada más lejos de la realidad. Cada uno es el único responsable de su vida y ha de pagar el precio por lo actos que viva y decida; y es muy normal que suceda que ante un acontecimiento imponemos el pasado sobre el presente, lo cual quiere decir que si una situación posee alguna característica o rasgo que se asemeje de alguna forma a un suceso del pasado cargado emocionalmente (esto es, que suscitó en nosotros gran emoción), la mente emocional, ante cualquier detalle que considere semejante, activa en el presente los sentimientos que acompañaron al suceso en el pasado, teniendo por añadidura que las reacciones emocionales son tan difusas, que no percibimos el hecho objetivo por el que estamos reaccionando, de una determinada forma, ante una situación que probablemente no comparta más que algunos rasgos, con aquella que desencadenó esa misma reacción en el pasado. Somos así de complejos y seguramente lo que más hace nuestra mente en el terreno de las emociones es hacer que el tiempo no exista para ella y no le importe cómo son las cosas, sino como se perciben y lo que nos recuerdan.
Tal vez no sería necesario pasar por largas sesiones de terapia si fuéramos capaces de aplicar aquello que escribió Lloyd Alexander y puso en boca de uno de sus personajes de Crónicas de Prydain: “Una vez que tienes el valor de mirar al mal cara a cara, de verlo por lo que realmente es y de darle su verdadero nombre, carece de poder sobre ti y puedes destruirlo"
En cambio, precisamente pasamos por no saber qué está pasando y no logramos convertir en palabras lo que sentimos (verbalizar), no siendo conscientes de que si logramos esto damos un gran paso hacia el control de nuestros sentimientos, que se harán más conscientes y racionales con una actitud crítica hacia el origen de la preocupación. Es duro y requiere energía, pero no hay un buen trabajo que no lleve anexo una gran cantidad de valor, voluntad, inteligencia, deseo y amor, mucho amor.
Para finalizar este artículo, quiero dejaros con unas pautas-reflexiones con el objetivo de allanar un poco el camino para indicar una base que oriente sobre unos puntos a tener en cuenta. No siempre es fácil y he de decir que yo mismo, en ocasiones, necesito constantemente recurrir a esto para desenmarañar la cabeza-mente y convertirla en mi aliada y no en mi enemiga.

1.- Que la reflexión no termine en lamento.
2.- No sólo hay cosas negativas que comentar, también hagamos por resaltar las cosas buenas que nos pueden hacer seguir y centrarse en lo constructivo.
3.- Evitar pensamientos que nos victimicen.
4.- Desahogo con quien nos pueda ayudar. A veces los que creemos amigos son los que menos nos ayudan porque nos hacen afianzarnos en nuestras posturas, ya que no se atreven a decirnos lo que realmente deberían.
5.- Esforzarse en ver lo positivo de cualquier situación.
6.-Descansar.
7.-Pensar en los demás, pero yo sigo siendo la persona importante para mí.
8.-Descargar el enfado casi nunca es positivo. En los momentos de enfado se piensan, se dicen y se hacen cosas de las que nos habremos arrepentido al poco tiempo, pero producen heridas que son difíciles de curar.
Hay que aprender a buscar una salida a los enfados que no perjudique a los demás.

"El descubrimiento de la libertad interior es importante para la maduración de la persona que en sus primeras edades puede identificar obligación con coacción y el deber con la pérdida de la libertad. Pero al ir madurando se aprende que hay actuaciones que llevan a un desarrollo más pleno y otras que te alejan de él porque no es raro sentir que lo que apetece no siempre conviene ya que una libertad sin sentido es una libertad vacía.”(Prof. Alcázar Cano)



Juan José López Nicolás

lunes, 25 de enero de 2010

PROPÓSITOS

Este artículo nos lo ha enviado, a modo de reflexión, sobre el cambio y cómo cambiar, una lectora de nuestra página: Mª Carmen González Rivas, Psicóloga de Badajoz. Sabéis que somos muy dados a compartir con vosotros estos escritos para que la labor de reflexión y el trabajo lo hagáis vosotros, que es lo interesante.


Cada año que pasa en nuestras vidas, como decía la canción de Mecano, nos ponemos de acuerdo para celebrar que un año acaba y otro empieza. Cuando estaba a punto de comenzar el 2010 lancé mis deseos al aire, pensando que estos tienen que convertirse en propósitos, es decir, que yo ponga de mi parte para que se puedan conseguir. Y no me refiero a esos tradicionalistas: perder peso, dejar de fumar, etc. Sino a aquellos que nos implican un cambio para nuestra vida.


Es tal el valor de la vida, que ya va siendo hora de despertar la esperanza, de alimentar nuestros corazones con savia nueva, porque si algo es nuevo es porque no se ha estrenado, no ha comenzado. Quizás sea este momento para estrenar, para cambiar, para abrir puertas, para saber que se puede si dejamos atrás nuestros miedos, nuestras preocupaciones y fomentamos nuestra autoconfianza. Más allá de las circunstancias que nos rodean aprendamos a liberarnos de nuestras eternas quejas, de echarle la culpa al vecino de lo mal que va este mundo nuestro o de lo que nos sucede. Incurrimos en esto último cuando nos dejamos llevar por la inercia y la rutina.


Así les comento que en unos de sus viajes a España, el psiquiatra español Luis Rojas Marcos comenta la siguiente anécdota: sentado al lado de una señora en el avión, esta le comento que a dónde viajaba; el psiquiatra le respondió que a España, esta le dijo que España estaba fatal, que había mucho terrorismo, mucho maltratador, etc. A lo que el psiquiatra le replico: ¿señora conoce a algún terrorista o maltratador? ¿Alguien de su entorno lo es?... y así la señora tomó conciencia de que solo estaba hablando por hablar pues no conocía a nadie con estas características.
Es cierto que lo negativo se cuela en nuestras vidas de la manera más sutil que a modo de voz interna nos intenta convencer que somos insignificantes para poder cambiar las cosas. Pero ¿por qué no empezar por nosotros?


Quizá sea también la hora de mirarnos con una mayor benevolencia, de marcarnos nuestros pequeños objetivos. De mirar lo que quiero cambiar de mi mismo, lo que quiero dejar y conservar y lo que tengo que aprender a aceptar y así pensar ¿Qué puedo hacer para mejorar? Desde luego lo importante es no amontonarse, y al menos detenerme en un principio en algo que me cueste un poquito menos, dedicar un ratito a saber cómo llevarlo a cabo para que no permanezca en nuestra cabeza a modo de preocupación tal que de esa manera en vez de ayudarnos nos produzca el efecto contrario. Y por supuesto lo fundamental marcarse un plazo para llevarlo a la práctica.


Si es cierto que año nuevo es vida nueva, vamos a vivirla como un autentico regalo que quizá esos Magos de Oriente dejaron en nuestras casas confiando en que nosotros nos alegraríamos al recibirla, porque “No importa que no esperemos nada de la vida, sino que la vida espere algo de nosotros”. Mucho ánimo, pues tenemos un año con mucho trabajo por delante. ¡Feliz 2010!