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jueves, 17 de junio de 2010

CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD

En el transcurso de una clase, un profesor nos trajo un cuestionario con algunas preguntas sobre uno mismo. Al ver la primera pregunta me quedé bloqueada: ¿Quién eres tú? ¡Menuda pregunta! Durante toda nuestra vida nos vamos presentando, por qué estudiamos, dónde trabajamos, por ser hijo/a de, etc. Sin embargo llega un momento en nuestra vida que tenemos que conocer nuestra identidad, lo que somos y lo que nos caracteriza como único, irrepetible e insustituible. “Ese soy yo”.
Me he dado cuenta que esta es una tarea difícil y costosa, ¡cuanto lo habrá sido para aquellas personas a las que he ayudado a definirse y a encontrarse a sí mismas! Porque cuando me defino, me identifico y tengo que asumir ese riesgo, comprometerse con lo que uno es, aceptarlo y acogerlo en el corazón.
Hablar de identidad es hablar de dejar ser, de orientar, de acompañar y por su puesto de ayudar a sacar desde dentro de uno mismo, y precisamente esta idea es una de las acepciones del concepto educar. Esta es una de las tareas del educador, y por supuesto de los padres que son los primeros educadores de sus hijos, ya que son ellos los que le facilitan esta tarea, ayudándoles a forjar su identidad, cuidar de su ser. Así lo expresa la Exhortación Familiaris Consortio: “Puesto que los padres han dado la vida a los hijos, tienen la gravísima obligación de educar a la prole, y por tanto hay que reconocerlos como los primeros y principales educadores de sus hijos.”
Pues bien, ante esta rotunda afirmación y que desde mi perspectiva creo que a día de hoy ningún padre se cuestiona, recientemente hemos oído en los medios de comunicación que más de 140 plataformas se han adherido al Manifiesto por la Libertad de Educación en estos días, ya que el actual proyecto de Ley Orgánica de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo, contempla en sus artículos sobre medidas en el ámbito educativo la implantación de una ley educativa sexual obligatoria para todos los centro escolares. En el caso de implantarse, esta educación será impartida a niños a partir de los once años por profesionales sanitarios que serán previamente formados para ello. (Podrán encontrarlo http://www.españaeducaenlibertad.org/manifiesto-educacion-sexual/).
Pues bien, de esta manera algo que compete a los padres, se les pretende arrebatar. Así lo contempla el artículo 27 de nuestra Constitución: “Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”.
La educación sexual no se reduce a una mera información para prevenir “ciertas prácticas”, ni para insistir en que hay una igualdad sexual entre hombres y mujeres, etc. Si lo viésemos así de fácil no seríamos fieles con nuestra persona, y en vez de acercar posturas y comprendernos nos estaríamos alejando de ese fin.
Está visto que este proyecto de ley deja atrás algo, en su aspecto educativo, y la parte afectiva y psicológica queda coja al plantear una visión de la sexualidad meramente reduccionista que ahonda en la parte más física, cuando, en realidad, la sexualidad tiene que ser valorada en todos sus aspectos, porque no es algo ajeno a la identidad de la persona. La sexualidad nos configura y por lo tanto en la persona hay que integrar las dimensiones afectiva-psicológica-espiritual, física-genital, social-cultural, ética y de libertad. Es impresionante la superficialidad con la que se trata el tema de la sexualidad. No es más que una serie de “ejercicios” que llevan al coitocentrismo y la genitalidad, olvidando que realmente este concepto – sexualidad- es algo holístico; forma parte de un todo que conforma nuestra identidad en su más alto rango.
Como vemos, la educación afectivo-sexual es una tarea no puntual sino de acompañamiento, al igual que se le acompaña a un hijo a aprender a andar, a comer, a estudiar ¿Cómo no unos padres van a enseñarle a integrar su parte afectivo-sexual en su desarrollo evolutivo? Dejemos a los padres esa tarea o a quienes ellos mismos se la encomienden por iniciativa propia y seamos conscientes también de nuestra responsabilidad para que la identidad de nuestros hijos se apoye en una base sólida construida desde la mejor escuela que no puede ser otra que la familia. Y si lo que nos preocupa es que nuestros españolitos pequeños se formen de manera adecuada y madura, demos a los padres los recursos adecuados para que sean ellos los que aprendan mejor a guiarlos como así les compete de manera primaria.

Mª Carmen González Rivas.
Lcda. en Psicología