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miércoles, 16 de marzo de 2011

LUCHA DE PODER EN LA PAREJA

Antes de ser una pareja, existen dos personas con diferentes mundos, los cuales representan la historia de sus familias de origen, las experiencias de lo que han vivido, de lo que han experimentado con otras personas, de cómo se han ido sintiendo a lo largo del proceso de su propia vida; se suman a estos factores las creencias, ideas, gustos, pasatiempos, religión, moral personal y sobre todo sus emociones.

Al empezar a vivir en pareja, estos dos mundos se empiezan a mezclar y en muchos de los casos el acoplar estos factores no es fácil y se llegan a crear fuente de conflicto que está sustentada en la necesidad de imponer al otro las ideas y experiencias propias, como si fueran una verdad absoluta, o como si la razón estuviera de nuestro lado.

En el inicio de la vida en pareja, esperamos que estos factores choquen y se generen pequeños conflictos. Por ejemplo: Reclamos porque uno expresa más afecto que el otro, incapacidad de tomar iniciativas, problemas en el reparto del tiempo libre, etc. Es común escuchar frases como las siguientes:

¿Qué quieres hacer?

¿A dónde quieres ir?

¿Me quieres?

¿Yo soy quien siempre te busca?

¿Por qué no me llamas?

Etc.

Lo que hasta el noviazgo había sido dar y recibir cariño, lo cual es necesario para cualquier ser humano desde que se nace hasta que se muere, también lo es en la relación de pareja. Solo que al desarrollarse la vida en pareja, es uno de los factores que empiezan a desaparecer; se nos olvida decirle a la pareja que la queremos, que nos importa, dejamos de hacer las cosas que le gustan, nos dejan de importar sus intereses y casi siempre caemos en la rutina de las obligaciones. Tal parece que en la actualidad el sinónimo de pareja es atender obligaciones.

No expresar afectos fundamentales como el cariño, la ternura, la calidez y la pasión, termina por apagar la llama que enciende la relación, que si no la cuidamos se apaga. Por ejemplo: Olvidar dar y recibir abrazos, no recordar el beso de buenas noches o evitar decir palabras estimulantes y agradables, no reconocer los éxitos de la pareja, no aceptar que a veces cometen errores, no aceptar en ocasiones que la pareja tiene razón, y olvidarnos de que en esencia el otro es así, y las personas sólo cambian cuando lo quieren hacer, no cuando se los queremos imponer.

Un factor que dañan mucho a las parejas es vivir como isla, quiere decir que vivimos sin comunicación. El diálogo de la pareja se centra en los descalificativos, en la agresividad, en la ironía, en la ofensa y en recordarle a la pareja sus obligaciones. Así es como se fomentan los conflictos y baja la autoestima.

Como personas arrastramos vicios como el no saber escuchar, hablar demasiado o no ponerse en el lugar del otro, los cuales son detonantes de tensión en la pareja. Por ejemplo: Llegar a casa y pedir a gritos que se sirva la cena o decirle constantemente a la pareja que no sirve para nada, que falta el dinero, que los hijos se portaron mal, que se descompuso el auto etc., son claros ejemplos de que la relación se está deteriorando.

Los seres humanos deberíamos presentar flexibilidad y adaptación a los cambios, sólo que actualmente no hay mucho espacio para hacer conciencia de estos factores. En la vida de pareja también se necesita la flexibilidad sobre todo en la convivencia y en los cambios que se den con el tiempo. Si la pareja tiende a la rigidez e inflexibilidad de ideas y hábitos puede llegar a asfixiarse, porque cae en la monotonía, el aburrimiento, la rutina hasta llegar al hastío, sobre todo cuando estos factores sólo satisfacen a uno de los miembros de la pareja.

El respeto entre los miembros de la pareja es fundamental. Estar constantemente manipulando y usurpando el espacio personal del compañero o compañera sentimental desencadena conflictos serios, ya que la pareja puede sentirse controlada y manipulada dentro de su espacio vital. Por ejemplo: apropiarse del teléfono móvil del compañero o llamarle cada dos minutos, revisarle su agenda, controlarle las salidas, prohibirle que salga con las amistades, intentar que comparta y acepte absolutamente todo lo nuestro, etc.

La vida moderna requiere repartir las tareas sobre todo en el hogar, ayudar, colaborar; ser solidarios el uno con el otro es uno de los pilares de la convivencia. En muchas parejas el hombre considera que al trabajar ya está exento de las tareas del hogar, y generalmente menosprecia las actividades de la mujer, cuando la mujer está dedicada al hogar. No es raro observar cómo algunos hombres, en público, defienden la igualdad, la colaboración, pero luego, en privado, demuestran una doble moral bastante estricta.

Se trata de equilibrar la cooperación, reconociendo que ambos tienen derecho al descanso y ambos requieren atención. Cuando en la relación no hay cooperación por parte de uno o ambos miembros de la pareja la convivencia se convierte en un campo de batalla de reproches, insultos y frustración causados en muchas ocasiones por las convicciones tradicionales a las que están acostumbrados, las cuales se quieren imponer de manera cotidiana y sistemática. Por ejemplo: No contribuir en las tareas del hogar, dejar de hacer las compras, olvidar con frecuencia las cosas que te encargó tu pareja o que te pidió que le ayudarás a hacerlas, etc.

Con los factores que hemos visto tenemos los ingredientes de la fórmula que se va presentar como una lucha de poder y control al interior de la pareja. Las guerras internas en cuanto a la economía, el hogar o las relaciones sociales provocan una espiral de rivalidad que termina por acabar con la convivencia. Las consecuencias son: el rencor, el enojo, la envidia, la frustración, y la búsqueda de la derrota de su propio compañero sentimental.

La confianza al igual que el afecto es uno de los principales pilares de la pareja. Solo que las parejas cometen un grave error que es permitir que los celos invadan la relación, muchas veces nos engañamos a nosotros mismos diciéndonos, "tanto me quiere, que hasta me cela", y no nos damos cuenta, que los celos irán creciendo poco a poco hasta invadir toda nuestra relación.

La inseguridad, el miedo o la angustia ante lo que puede estar haciendo o pensando la pareja ocasiona ansiedad, depresión, persecuciones, que convierten la relación en una lucha, que es causante de conflictos serios.

Otra de las esferas que se ve afectada, en la relación de la pareja es la vida sexual, existen cuatro grandes etapas en la sexualidad, una es el deseo, seguida por la excitación, posteriormente se presente el orgasmo y al final existe una etapa de descanso reposo, para después reiniciar todo el proceso.

Uno de los factores que más se daña en la relación de pareja es el deseo, ya que en el mundo de la pareja al existir problemas cotidianos, discusiones, cuentas pendientes y todos estos factores que hemos estado hablando que obviamente generan incomodidad en cualquier ser humano, son el factor primordial para desaparecer el deseo sexual. Una persona que es sometida al estrés cotidiano de que hemos estado hablando, generalmente no se da cuenta que su deseo sexual va bajando día a día, llega un momento en que por alguna razón se da cuenta que no tiene deseo sexual con su pareja y se convierte en una fuente adicional de conflicto.

Es de considerar de mucha importancia que si la falta de deseo se presenta, el resto de la respuesta sexual queda bloqueada, evidentemente el problema es mucho más complejo de lo que suponemos. En la fase del deseo interviene el momento psicológico y emocional de cada persona, lo que quiere decir que todos los factores que influyen en su vida van a estar directamente relacionados con la falta del deseo, lo que quiere decir, que se requiere de mucha ayuda profesional para poderlo solucionar.

Cuando estos factores aparecen, puede ser en el hombre o en la mujer, sólo que, en la pareja se ve como un problema del otro y no como un problema de pareja, digamos que lo más objetivo es pensar que la falta de deseo de uno de los miembros es consecuencia de una mala relación de la pareja y no de un problema personal. Sólo en el caso de existir un trauma previo a la vida en pareja puede ser considerado como algo que hay que trabajar de manera individual.

Lo que consideramos como crisis afectivas en la pareja, son los detonantes de una mala relación sexual, de frustraciones, de la falta de ilusiones, de la desesperación, de los deseos exagerados de control, de la baja autoestima, y son detonadores de depresión y ansiedad, que surgen de los efectos de una mal encaminada lucha por el poder al interior de la pareja.


Artículo por gentileza de José Jaime Martínez. Sexólogo, especialista en Programación Neurolingüística.
De la página www.consultasexual.com.mx

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