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viernes, 1 de abril de 2011

REALIDAD SOBRE LAS DISCUSIONES Y LA PAREJA

Las discusiones en pareja son necesarias ante los desacuerdos, lógicos entre dos personas, con el fin de negociar soluciones ante los problemas o expresar opiniones aún con distintos puntos de vista. La pega es que hay parejas que no saben discutir, no se escuchan, no se centran en las soluciones, sino en buscar culpables y defender sus respectivas posturas, a veces de forma agresiva (enfadados, gritando, irónicamente…) así cualquier tema en el que haya desacuerdo, por nimio que sea, es susceptible de provocar discusiones destructivas donde lo importante es ganar al otro. En general, la familia política y la educación de los hijos son temas de discusión recurrentes en las parejas que acuden a terapia para mejorar su relación.
No es raro que en esa discusión suela ceder el más inhibido, el que huye de los conflictos o convive con una persona con un estilo de comunicación más agresivo. No es cuestión tanto de sexo como de personalidad.

El que cede acaba con la discusión, aunque no llegue a un acuerdo satisfactorio, a corto plazo cesa la situación que vive de forma aversiva, pero a medio o largo plazo la insatisfacción ante su cesión pasan factura; la discusión puede volver a darse y la frustración y el malestar en la relación se afianzan ante su incapacidad para discutir de forma constructiva.

Hay un motivo primordial por el que la discusión puede continuar eternamente y ese es la falta de capacidad para dar el primer paso y pedir perdón o perdonar, pero de corazón. Nos cuesta pedir perdón cuando creo que la culpa no ha sido mía, si culpo al otro del agravio y no me responsabilizo de mi parte de culpa. El enfado tras la discusión y el orgullo no facilitan ese paso. A veces no somos conscientes del dolor causado o creemos que la otra parte exagera. A veces no nos han enseñado a hacerlo o denota una clara falta de compasión, arrepentimiento o empatía.

Nos cuesta perdonar cuando ha sucedido lo mismo muchas otras veces o lo que nos han dicho o hecho no estoy dispuesto a perdonarlo. Quizás no hay que perdonarlo todo. A veces perdonamos en el momento, otras es cuestión de tiempo, hay que dar tiempo para el perdón y facilitarlo con arrepentimiento e intención de enmienda.

A veces surte efecto llevar a cabo unas pautas sencillas y prácticas conducentes a la reconciliación, como por ejemplo dar un tiempo a que el enfado se pase, no ser orgulloso y no dejar que un malentendido o desacuerdo ponga en duda una relación con otras muchas cosas buenas. Enfadarte con quien quieres es normal, nos enfadamos con nuestros padres y hermanos, cómo no hacerlo con nuestra pareja. Lo importante es reconciliarse y analizar en frío qué ha pasado, en qué hemos fallado y tratar de corregirlo para que no vuelva a pasar. Ser humilde y aceptar nuestros errores, respetar el enfado del otro y darle tiempo a que esté preparado para perdonarnos y hablar de lo ocurrido.

Y si aprendemos de ello, mejorando nuestra forma de comunicarnos, expresando desacuerdos y enfados, la pareja sale reforzada y preparada para solventar mejor el próximo malentendido o desacuerdo. Si no aprendemos ni cambiamos nada, podemos dejar de sacar temas importantes por no discutir, pero que no se resuelven, sino que se acumulan hasta que salen de mala manera y/o en un mal momento, haciendo imposible negociar ni resolver nada.

También ocurre a veces, que tras muchas discusiones, sufrimiento y peleas, la pareja deja de sentirse atraída, respetada y querida, haciéndose cada vez mayor la insatisfacción y el deterioro de la pareja. Esta incapacidad de resolver conflictos o respetar y aceptar distintos puntos de vista o necesidades son caldo de cultivo para la infidelidad y la separación. Si no hay perdón la crisis no se supera.

De una entrevista a T. Vaquero Romero
Psicóloga, especialista en pareja

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, estoy muy angustiada porque mi marido y yo hemos tenido una discusión muy agresiva delante del hijo de él, no sé que hacer para intentar compensarlos tanto a él como a su hijo. ël está muy dolido conmigo por el daño que hemos hecho al niño. Y yo me siento una auténtica mierda, no me supe controlar y me dejé llevar por un ataque de ira. A todo esto se une que estoy embarazada de 9 semanas y tengo mucha ansiedad que también me hace sentir culpable por el bebé. Mi pareja además está en una situación laboral super estresante, que pienso que también ha influido en que no me atendiera y yo terminara con ese ataque de ira. ¿Qué podría hacer para mejorar la situación y compensar sobre todo al niño al que quiero muchísimo?

JUAN JOSÉ LÓPEZ NICOLÁS dijo...

No cabe duda que están pasando ambos por una crisis de relación bastante aguda a consecuencia de sus respectivas crisis personales. La comunicación entre ustedes no es la adecuada y el control de los impulsos en momentos puntuales les está haciendo dejarse llevar para exteriorizar sus emociones con unos sentimientos anómalos de culpabilidad, rabia, ira, falta de respeto, ausencia de perdón, imposibilidad de empatizar, etc.

Es necesario reestructurar los puntos en común que los unieron, reestablecer la comunicación de forma más eficaz y esto no puede ser de otra manera que pidiendo ayuda a un profesional de la psicología o un terapeuta familiar que equilibre sus emociones como persona individual y como pareja, ya que estas situaciones pueden venir por la ausencia de la aceptación de los momentos que ahora les está tocando vivir. Este terapeuta puede ayudarles también a que La ansiedad con la que se enfrentan ante los conflictos se gestione de la forma idónea, porque ahora mismo carecen de unos principios básicos que toda pareja que desee seguir llevando una vida de unión conyugal han de trabajar y recuperar.
Le contesto por este medio porque me hace la consulta como Anónimo y no me deja un medio para poder contactar con usted. Espero haberle ayudado en algo.

Anónimo dijo...

Muchas gracias, la verdad es qe hemos hablado de acudir a ayuda profesional los dos, aunque yo de todas formas por mi parte lo voy a hacer aunque sea individualmente.