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lunes, 4 de abril de 2011

LA VIRTUD DE ESCARLATA O'HARA

Casi todos conocemos a este personaje cinematográfico, una caprichosa y bella mujer rica, que se enfrenta a la caída de su imperio sociocultural en medio de una guerra. Una mujer un tanto maquiavélica para la que el objetivo es uno y claro y los medios para obtenerlo están justificados.

La virtud de Escarlata reside en su capacidad para dejar a un lado el dolor, el miedo, la culpabilidad, sin pasar por alto que este personaje es tremendamente egocéntrico y egoísta, reitero su virtud para luchar y salir adelante, su "ya lo pensaré mañana" un tanto superficial le permite al mismo tiempo centrar toda su atención en el momento que vive, sin rumiar sus pensamientos más dolorosos, o las incertidumbres del futuro.

Su mente parece no dejar de buscar salida, eso sí, si la estrategia no ha funcionado no volverá a repetirla, algo que parece obvio y que sin embargo resulta tremendamente costoso a muchos, sobre todo porque existe cierta inconsciencia sobre el proceso de resolución, ni tan siquiera son conscientes de su fallo al repetir una y otra vez la misma estrategia equívoca.

A la pregunta ¿qué has hecho hasta ahora para solucionar tu problema?, suele seguirle un: he hecho de todo pero al examinar con detenimiento las estrategias y hasta el planteamiento del problema, es fácil observar que no se tiene claro cómo abordarlo, que se cambian las palabras para terminar haciendo siempre lo mismo, la persona se sume entonces en un mar de pensamientos negativistas y ya no ve salida. Ahora tenemos dos problemas.

Las técnicas de resolución de problemas son sencillas y eficaces si se utilizan correctamente.

Algunas personas tienen una gran capacidad para realizar estos procesos cognitivos de forma natural, mientras que otras andan siempre en conflicto incapaces de solucionar o tomar decisiones. Está claro que Escarlata O´hara no tenía esa clase de conflictos. Y, por suerte para todos, esto se aprende.

¿Qué es una técnica de resolución de problemas?

Es una técnica que sigue un proceso definido cuyo objetivo es que la persona ponga en marcha un plan para solucionar una situación-problema, y aprenda a gestionar situaciones futuras similares.

La resolución de un problema que nos genera malestar y para el que no vemos salida debe hacerse de modo que seamos conscientes en cada momento del objetivo que buscamos y de por qué actuamos de tal manera. Cuando las situaciones se complican y el resultado es importante es mejor no dejar al azar un papel relevante.

Seguir los pasos que se exponen a continuación nos será de gran ayuda:

1. Formular el problema: definirlo y desglosarlo en todas las partes susceptibles de intervención.

2. Establecer un orden de actuación que permita abordarlo paso a paso.

3. Generar alternativas de solución, todas aquellas que se nos ocurran.

4. Decidirse por una alternativa y valorar pros y contras.

5. Llevar la alternativa a la práctica.

6. Valorar resultados.

7. Si el resultado no es satisfactorio: volvemos al punto 4 y ponemos en marcha una nueva alternativa.

El mejor resultado es aquel que nos permite sentirnos a gusto con nosotros mismos y con las circunstancias que lo provocaron, aun cuando no sea el que esperábamos inicialmente.

Es importante este planteamiento porque nos hace ser consciente de que cuando tomamos una decisión fundamentada ante un dilema, es la decisión adecuada, porque es la que queremos. Aunque más tarde, repito, no obtengamos el resultado imaginado, sabemos que no hemos cometido un error, ya contábamos con esta posibilidad. Aprendemos de lo ocurrido y ponemos en marcha un nuevo argumento.

Puede que suene frío pero es de lo más práctico, sea cual sea la naturaleza del problema y sobre todo cuando nos resulta realmente complejo y su magnitud interfiere en nuestro día a día.

Si nos encontramos frente a un muro, sea cual sea su magnitud, en nuestro camino no caigamos en la cobardía o la dejadez de creer que ya no podemos avanzar, si no lo podemos derribar, puede que sí saltar, escalar, picar; solo necesitamos voluntad, convicción y no perder de vista el objetivo.


Artículo por gentileza de Cristina Carmona Botía
Psicóloga y articulista de la página www.sentirse-bien.net

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