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martes, 19 de febrero de 2008

LA FAMILIA PATOLOGICA Y EL TERAPEUTA

Una familia patológica en sus relaciones es aquella que frente a las tensiones incrementa la rigidez de sus pautas y sus límites transaccionales.


Normalmente la familia, como conjunto en interación, opera a través de pautas que requieren transacciones entre sus miembros y se basa en los mecanismos homeostáticos, de equilibrio, ofreciendo resistencia al cambio. Es decir, constantemente intenta adaptarse al estrés que surge ante los cambios de sus integrantes y sus demandas, con el objetivo de llevar una continuidad que la mantenga unida a la vez que intenta hacer posible su reestructuración.


Es posible que sola, en ocasiones, la familia no tenga la capacidad de llegar a adaptarse a esos cambios que le otorguen el equilibrio necesario para continuar estando en la normalidad subjetiva, hecho éste que debería obligar a la participación de un terapeuta familiar que, con otra perspectiva, pudiera ofrecer un mapa de la familia para señalar y detectar qué pautas pueden ofrecerse de forma operativa y cuáles están imposibilitando las relaciones entre sus componentes. Con esta participación se señalarán las adecuadas pautas transaccionales y el establecimiento de los nuevos límites y normas a reestructurar por los subsistemas que componen el núcleo familiar.


En las interacciones se observarán las incongruencias entre lo digital y lo analógico, los dobles vínculos, las descalificaciones...,así como la propia impregnación del terapeuta por el clima emocional.


En nuestro quehacer profesional y habiendo llegado al punto de formar parte del grupo en tratamiento, no hemos de olvidar los principios importantes en los que nos basamos para hacer de nuestra intervención una verdadera relación de ayuda. Estos principios debemos tenerlos presentes en nuestras actuaciones para no desvirtuar en ningún momento la misión real que tenemos:


-Es crucial intervenir respetando a las personas y al sistema familiar.


-Entrar en la familia sólo hasta donde ellos quieran.


-Adecuar nuestro vocabulario y lenguajes al nivel sociocultural de la familia.


-Nuestra actitud ha de ser neutral (no fría) ante todos los miembros en tratamiento, ya que puede sernos difícil no identificarnos con alguno de los problemas, pero será complicado salir de la posición ante una alianza y/o coalición con algún miembro de cualquier subsistema.


-Empatía sí, simpatía no.


Está claro, pues, que debemos mantener la adecuada distancia terapéutica para ser en verdad de ayuda y no realizar intervenciones como, además de lo expuesto, por ejemplo dar demasiadas prescripciones, hacer muchas interrupciones, mantener a la familia distante o establecer pautas imposibles o inalcanzables.