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miércoles, 15 de abril de 2009

MEJORES ACTITUDES PARA UN MEJOR DESARROLLO

Todos, en algún momento de nuestra vida, tenemos la necesidad de trabajar en nuestro desarrollo, y por lo general deseamos resultados inmediatos cuando en realidad se requiere esfuerzo y compromiso personal de largo plazo antes de cosechar beneficios.

Esta diferencia entre nuestras expectativas y lo que realmente logramos, despierta en nosotros una serie de respuestas-actitudes que van desde la indiferencia, hasta la frustración. Por ello, resulta evidente que las actitudes elegidas ante nuestro propio desarrollo pueden alentar o inhibir su avance. De ahí la importancia de desarrollar conciencia para detectarlas y encauzarlas.

Las actitudes reflejan cómo se siente uno acerca de algo: son enunciados o juicios de evaluación respecto de personas, eventos u objetos determinados. Por ello, cuando Pedro dice “José tiene algo que me desagrada”, está evidenciando una actitud. Veamos por separado sus componentes:
Cognoscitivo: Segmento de opinión o de creencia detrás de una actitud. Pedro cree que la crítica a otras personas es válida cuando está bien argumentada. Afectivo: Segmento emocional o sentimental de la actitud. Pedro siente que José no le cae bien porque discrimina a cierto tipo de personas. Comportamental: Intención de comportarse de cierta manera hacia alguien o hacia algo. Pedro evita a José debido a lo que expresa de sus compañeros.
¿Podemos cambiar actitudes desfavorables? ¡A veces! Depende de quiénes somos, la fuerza de nuestra actitud, la magnitud del cambio requerido y la técnica que seleccionemos para tratar de cambiar la actitud.
Las personas responden más a los esfuerzos de cambio impulsados por alguien que les simpatiza, que tiene credibilidad y convence. Además, una actitud de cambio exitosa se magnifica cuando en torno a ella presentamos argumentos en forma clara y persuasiva. Las actitudes que se expresan en público son más difíciles de cambiar, ya que se requiere que la persona admita que ha cometido un error, lo cual en ocasiones va contra su autoimagen. Por otro lado, es más fácil modificar actitudes cuando el cambio que demandan no es muy significativo. Por ejemplo: Es más fácil hacernos puntuales en nuestras citas de trabajo, que organizarnos en todas las esferas y asuntos de nuestra vida. Es más probable que la gente acepte el cambio cuando puede experimentarlo. Establecer sesiones de entrenamiento donde la gente pueda personalizar y compartir experiencias, al mismo tiempo que se practican nuevos comportamientos, puede ser un poderoso estimulante del cambio.
Los cambios en los comportamientos pueden llevar a cambios en las actitudes y viceversa.

Inteligencia Emocional: Motor que impulsa actitudes para nuestro desarrollo.

En los últimos años, afortunadamente, han surgido modelos y enfoques prácticos para identificar, ajustar y mejorar actitudes que limitan el desarrollo personal, interpersonal y grupal. Uno de las que podemos emplear para este fin es el modelo de Inteligencia Emocional de Daniel Goleman. Goleman define inteligencia emocional como: la capacidad de motivarse y persistir frente a las decepciones; controlar el impulso y demorar la gratificación; regular el humor y evitar que los trastornos disminuyan la capacidad de pensar; mostrar empatía y abrigar esperanzas. Por otro lado, nos invita a evitar cualquiera de las cuatro actitudes paralizadoras: culpa, preocupación, temor al fracaso, y enojo, ya que pueden detener o limitar nuestro proyecto de desarrollo. Las personas de cociente emocional alto se comprometen con sus causas. Además, no se dejan llevar por el medio ambiente, ni hacen depender su motivación de la que proviene de otras personas. Autogeneran su propia energía con actitudes positivas y buenos hábitos de vida y psicológicos.
En conclusión, el desarrollo personal es un proyecto de vida y vital. Conlleva la aplicación de nuestra energía mental concentrada, la autogestión en términos de crear y desarrollar actitudes positivas y constructivas hacia nosotros mismos, el diseño de patrones de interacción adecuados para nuestra superación en tiempo, forma y calidad, así como la activación de la motivación apropiada.

(Autor: Patricio Pimentel, profesor de IDESAA desde 1995 y consultor en el área de aprendizaje organizacional, procesos humano-sociales, calidad y competitividad. El artículo apareció publicado en el boletín No. 60 de Forma en diciembre de 2003.
Derechos reservados IDESAA. Se autoriza la reproducción de este artículo, mencionando la fuente y su autor.)

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