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jueves, 3 de mayo de 2012

¿Infiel para ser feliz?

Trato de buscar nuevos temas para escribir, pero no es posible, porque en la actualidad todos estamos padeciendo el mismo problema: intentar buscar fuera lo que se nos escapa desde dentro. Y no puedo incidir en otros tremas sin tener bajo nuestra actualidad reflexiva este que nos ocupa una gran cantidad de energía, llanto y toda suerte de emociones desbocadas y enfrentadas.

Tratamos de buscar y buscar la felicidad, el equilibrio y que alguien nos los dé para poder ser felices o tender hacia ello, pero no somos capaces de valorar que nuestro interior se está deteriorando y perdiendo en un mar de crisis, de tragos de agua salada que no nos sacia la sed y además nos vuelve realmente “locos”.

Tratamos de rebuscar entre nuestros sentimientos, entre nuestras palabras desde el alma para poder sentir lo que sentíamos cuando nos encontrábamos bien, pero parece que se nos vuelve la vida como un calcetín y se nos extravía la brújula ante esta constante necesidad de estar continuamente adaptándonos a las nuevas necesidades de esta vida tan manifiestamente distinta. Pero la solución sigue estando en el mismo sitio: dentro de uno mismo, aunque sé que alguno de vosotros no queréis verlo, o no podéis. Y lo entiendo porque nadie estamos libres de pasar por estos momentos

¿A qué se recurre a veces cuando nos encontramos con esta sensación de no sentirnos en nosotros mismos? Fácilmente sale la respuesta: algunos hombres y algunas mujeres optan, a veces, por La Infidelidad.

Nuestra colega, Graciela Large, nos invita, como siempre, a reflexionar sobre este tema y nos deja este escrito que a continuación comparto con vosotros:

"Hay indicadores claros de una crisis en la pareja. Uno de ellos es la infidelidad, que nos lleva a buscar fuera de la relación una solución a lo que nos pasa.

Somos nuevamente como niños pequeños necesitados de cariño, desbordados por silencios, por una distancia que aborta la imaginación y nos encadena a la soledad de quien no se atreve a pedir, a cambiar, a trasformar lo que vive.

La acumulación, el desconocimiento y la fragilidad emocional se combinan para que muchas mujeres opten, como los hombres, por ser infieles. En ellos y en ellas hay un retorno a la infancia, cuando corríamos desesperados a los brazos de uno de nuestros padres sintiendo que el otro nos abandonaba, o nos ponía difícil la vida.

Esa voz predomina cuando nuestros ojos se fijan en otros; cuando empieza nuevamente a hacernos tilín el corazón por algún desconocido; y de repente, dejamos de pasar desapercibidas para el género masculino, al que parecemos resultarles tremendamente atractivas. Recibimos invitaciones, correos, o llamadas que casualmente estimulan esa sensación de consuelo, de ilusión perdida.

La mujer que es infiel busca renovarse en su sensibilidad, a veces, queriendo encontrar a una figura mítica que la rescate del vacío en que ha convertido su existencia.

Sin embargo, la infidelidad puede confundir hasta tal punto que la mujer apueste por irse, creyendo que ha encontrado la panacea a sus miserias, y sin embargo, descubrir poco después que ha sido un error.

No tanto porque la persona con la que te marchas sea la adecuada o no, sino porque la elección se ha dado desde la huída como principio, como motivación escondida en la infidelidad. Y desde ahí discernir, valorar lo que se ha construido, lo que realmente es importante, es un ejercicio negado. La voz que se escucha no atiende ni a razones, ni a valoraciones, ni mucho menos a buscar el sentido de trasformación que pide una relación que se deteriora. Y estos argumentos son igualmente aplicables a la infidelidad masculina.

Quizás la persona tenga que irse de la relación. Sin embargo, la infidelidad la distrae y la disculpa de encontrar sus propias respuestas sin proyectar en otro una tabla de salvación a lo que no es capaz de construir, o de dejar. Porque muchas veces lo que hay en una relación es un apego profundo, sin que esté activo el aprendizaje.

¿De qué sirve una relación fundada en la comodidad, en lo que hacemos siempre, si nos va deteniendo? Y si nos permite crecer, ¿qué sentido tiene una relación si la vuelta a lo esencial se dilata o se anula, porque está basada en lo que es obvio, o en etapas que no corresponden evolutivamente?

La infidelidad en realidad es una llamada de auxilio que pide responsabilizarnos del cambio que queremos, dentro o fuera de la relación.

Ya sea que decidamos quedarnos o irnos el proceso es el mismo. Se necesita primero, aproximarse uno a su propia realidad interior; a lo que me ha estado paralizando, para luego poder ver dónde está realmente el otro; qué hace posible un cambio, y si ese cambio, es lo que realmente quiero para mi vida.

De esta manera podré saber qué pareja tengo; qué tipo de pareja quiero tener; y desde ahí, comprobar qué lo hará posible a partir de esa claridad interior."

1 comentario:

Sara Martínez dijo...

Buenos días, me llamo Sara y soy psicóloga. Quería comentarle que estoy completamente de acuerdo en el hecho de que las personas buscan en el exterior encontrar el equilibrio, llenar el vacío existencial, recuperar la felicidad perdida, si es que la hubo en alguna ocasión...sin embargo siempre el equilibrio y la felicidad deben de partir y crearse en el interior, desde dentro, sólo así, se manifestará y se plasmará en el exterior. Y ese equilibrio se encuentra conociéndose, siendo fiel y honesto con uno mismo, siendo íntegro, escuchando a su cuerpo para darle lo que necesita en cada momento,etc...no es una tarea fácil, por eso en muchas ocasiones las personas necesitan que se las oriente.

Como muy bien explicas a veces esa búsqueda de encontrarnos a nosotros mismos supone infidelidades, sin embargo ¡ Existen tantas cosas en el exterior con las que “calmar la sed”! y que proporcionan un alivio temporal, un mirar hacia otro lado, y esto es tanto infidelidades, como también puede ser realizar actividades de ocio y diversión, o cualquier cosa que nos distraiga la atención, que nos haga olvidarnos de nosotros. Y así, sin mirar hacia dentro, se pasan muchas personas durante toda su vida, hasta que ocurre algo ( infidelidad, crisis de cualquier tipo, enfermedades, problemas laborales,etc.) señales, al fin y al cabo, que nos están diciendo que debemos escucharnos,porque hace mucho tiempo que dejamos de hacerlo.
Felicidades por su blog.
Saludos cordiales,
Sara Martínez