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lunes, 21 de febrero de 2011

EMOCIONES Y SENTIMIENTOS

Mujeres y hombres necesitamos expresar deseos, emociones, sentimientos, ideas, pensamientos... Es decir, es crucial e importante poder expresar lo que se siente.


¿Qué son los sentimientos?
Son estados afectivos variables relacionados que tienen que ver con las relaciones amorosas, íntimas e interpersonales, con las relaciones sociales, con el sistema de valores y creencias, y en definitiva, con el mundo afectivo de cada persona. Existen multitud de sentimientos, y no son buenos o malos, simplemente “son, existen, están”; pertenecen a cada uno, y como tal existe total legitimidad para sentirlos así.

Es positivo y recomendable aprender a reconocerlos (tanto los negativos como los positivos), a escucharlos y a expresarlos.

¿Qué son las emociones?
También son estados afectivos, pero menos estables y más intensos que los sentimientos, pues aparecen de forma inminente, como una respuesta del organismo a lo que acontece en el entorno; tienen un componente corporal muy fuerte, como modo de expresión y liberación de las mismas.

Las emociones y los cajones de Rol social
En la medida que se reconocen y expresan las emociones y sentimientos, Hombres y Mujeres se sentirán más libres y se estimaran más. Además, utilizaran mejor estas expresiones afectivas, pues existen maneras sanas o insanas de funcionar a nivel sentimental.
Como en todos los ámbitos de la vida, en éste tema también existen diferencias de género, los llamados Estigmas sentimentales: “ los hombres no lloran, no expresan sus sentimientos, sus miedos… ” o “ las mujeres son débiles, lloran por todo, son muy cursis…”Los roles masculinos impiden que los hombres tomen contacto con sus emociones y sentimientos, así como los roles femeninos harán que las mujeres se hagan cargo de sus emociones, las expresen y las reivindiquen.

Emociones y Sentimientos
Al interrelacionar las emociones con los sentimientos, los psicólogos sugieren que se debe tener muy claro: que el límite entre los sentimientos y las emociones es muy sutil y es difícil detectar cuando pasamos de uno a otro. Sin embargo, existen características particulares en ambos que los diferencian.

Los sentimientos se mueven entre extremos opuestos (placer-dolor, amor-odio, esperanza-desesperanza); son profundos o superficiales y perdurables en el tiempo. Esta última característica los separa por completo de las emociones, que se distinguen por sus notas de gran intensidad y momentaneidad. Las emociones, por su parte, son un estado de ánimo caracterizado por una conmoción orgánica consiguiente a impresiones de los sentidos, ideas o recuerdos. Una emoción viene acompañada de una respuesta afectiva de gran intensidad, que sobreviene bruscamente e invade la psique de una persona y suele estar acompañada de reacciones neurovegetativas. En su fase inicial, las emociones se asemejan entre sí, independientemente de las circunstancias que las generen (una mala noticia, un momento de intensa alegría, etc.)

Las reacciones son más o menos similares: Sudor frío, temblores, respiración rápida, palpitaciones, secreciones hormonales internas, como el aumento en la producción de adrenalina. Se producen también fenómenos expresivos como gritos y sollozos. Se perturba el tono afectivo habitual, se altera el ritmo de los pensamientos y se pierde, en algunos casos, el control de los actos. En las emociones muy violentas, se liberan los sentimientos reprimidos, reaparecen modos primitivos donde el sujeto puede expresar palabrotas y hasta realizar gestos brutales.

En consecuencia, podemos reconocer en toda emoción dos componentes bien diferenciados. Por un lado, un componente cualitativo que se expresa mediante la palabra que utilizamos para describir la emoción (amor, amistad, temor, inseguridad, etc.) y que determina su signo positivo o negativo pero de manera relativa. Por otro lado, toda emoción posee un componente cuantitativo que se expresa mediante palabras de magnitud (poco, bastante, mucho, gran, algo, etc.), tanto para las emociones positivas como negativas. El cuadro siguiente trata de reflejar estos dos componentes de toda emoción.

¿Las emociones positivas son buenas y las emociones negativas son malas?
Las emociones son el lenguaje con nuestro interior; cuando estamos enojados, tristes, deprimidos, alegres, centrados, felices, enfermos… es nuestro interior que nos habla y las emociones positivas y negativas serán buenas o malas dependiendo la situación en la que nos encontremos.
Las emociones positivas no son buenas en lo absoluto y las emociones negativas no son malas en lo absoluto.

Ejemplos:
• Me siento bien por haberle pegado a fulanito
• Me siento mal por no haber entregado la tarea

¿Cómo influyen los Sentimientos y las Emociones en la toma de decisiones?
A veces las peores decisiones se toman en el peor momento, si estamos deprimidos, enojados, furiosos o inclusive contentos no siempre tomamos la mejor opción; el sentimiento en muchas ocasiones le gana a la razón y de cierta manera la emoción nos controla la realidad.

Es difícil aprender a controlarse en todos los momentos, las personas que se pueden controlar en ciertos ambientes, situaciones y momentos en otros casos parecen estar angustiados, desesperados, ansiosos, fuera de control.
Para poder entendernos, hay que entender que para el individuo que vive en un mundo de muchas sensaciones, demasiados estímulos auditivos, gráficos y táctiles, es fácil perder el control y dejarse llevar, ya sea por la situación, lugar o momento y perder ese control que todos debieran tener y practicar en cualquier circunstancia.

Los primeros pasos en todo proceso de toma de decisiones son los más importantes y existen algunos importantes obstáculos que se presentan inicialmente. Los más comunes son:
• La tendencia a responder ante una situación de manera inmediata
• La tendencia a hacer uso de soluciones que están “disponibles”. La clásica frase de “un clavo saca otro clavo”.
• La tendencia a reaccionar en base a cómo se nos presenta el problema. El médico no solamente toma en cuenta lo que el paciente “le dice” sino que realiza sus propias investigaciones.
• La tendencia a direccionar las decisiones hacia un único objetivo
• La tendencia a confundir los síntomas con los problemas
• La tendencia a evadir realidades

Lo cierto es que no existe una receta única para lograr ese auto control. Algunos respiran profundo, otros se ríen del problema, otros evaden la situación o el momento, otros le dan demasiada importancia. La cuestión aquí es aprender a no ser influenciados negativamente, controlados o manipulados por los sentimientos o las emociones, porque cuando nos gana la emoción, se pierde el control y podemos contagiar a otros a que se descontrolen.

El sistema de toma-de-decisiones que tiene una muy fuerte base racional, se dispara en gran medida a través de los sentimientos y las emociones. Alvar Elbing sugiere como primer paso la habilidad de identificar y aceptar nuestros propios sentimientos, algo que no es tan fácil y sencillo como uno puede suponer, incluyendo tres fases del proceso de auto-conciencia:
• Saber y reconocer lo que uno está sintiendo
• Identificar la probable causa y el referente de nuestros sentimientos.
• Expresar y manifestar nuestros sentimientos en el momento adecuado

No es ningún trabajo sencillo el de analizar nuestro propio comportamiento, es decir, ser sujetos de nuestra propia observación objetiva. George Lomard (“Self-awareness and the scientific method”; Science – 1960) define a la observación “como la capacidad de discriminar / distinguir entre lo que la realidad realmente es y la realidad como uno mismo la ve”.

Hay que saber controlar las propias emociones; el control es diferente a la represión, la cual hace "acumular" tensión sin darle salida. Debemos exteriorizar ciertos sentimientos pero no al grado que nos manipulen, dañen a otros o a nosotros mismos por lo que es conveniente y necesario saber descargarlos adecuadamente.

Una forma muy eficaz para expresarse es anotar en unos diarios personales los sentimientos que uno tiene ante una situación o una persona, para reconocer las propias emociones y sentimientos provocados y saber cómo re-expresarlos. En realidad, las situaciones del pasado pueden ser considerados como un área de aprendizaje y una oportunidad de maduración.
Otra forma de educar al pensamiento es mediante las experiencias ajenas (por ejemplo viendo las emociones en otras personas mediante películas, documentales o fotos).
En el caso del sentimiento negativo provocado por una persona, debemos hacerle ver a la otra persona con el debido respeto, que su actitud no es la mejor y que no es contra ella ese sentimiento, sino por su acción.

Hay situaciones que podemos controlar y son oportunidades, pero hay otras que se encuentran fuera de nuestro alcance y es aquí donde las personas conocen sus limites. Hay personas que se dejan absorber por el momento y se hunden en un “precipicio”, hasta que alguien llega y le brinda una percepción distinta de su situación o problema.
El aprendizaje es capaz de moldear, en definitiva, algunos aspectos importantes de la realidad emocional individual y colectiva.

La manera emocional no se puede mejorar de la noche a la mañana, porque el cerebro emocional tarda semanas y meses en cambiar sus hábitos, no horas y días. Para llegar al punto en que un hábito nuevo reemplaza a otro se requiere cierta práctica. Los estudios clínicos realizados sobre cambios de conducta demuestran que cuanto más tiempo pasa una persona esforzándose por cambiar, más duradero será ese cambio.

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