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viernes, 16 de marzo de 2012

La ansiedad infantil a reflexión.

Nos hemos encontrado en varias ocasiones que los padres nos consultan sobre el nerviosismo de los hijos, su intranquilidad, etc. y nuestra respuesta, a priori, casi siempre, nunca satisface plenamente porque contradice la creencia que los progenitores tienen al respecto. Cierto es que cuando estás dentro del “círculo” se hace más difícil ver las cosas con perspectiva, y la focalización de los problemas impiden ver el amplio espectro de síntomas que intervienen en la sobrevenida de las circunstancias que acompañan las situaciones que inoculan estrés en los niños.

La verdad es que vemos a nuestros hijos como si una pieza de nuestra propia vida se tratara (¿lo son realmente?) y no vemos que son individuos autónomos, con sus propias escalas de valores, sus propias características y distintos a nosotros, razones por las que sus propias escalas de valores salen para interpretar las vivencias que ellos mismos viven y sienten desde su interior propio, particular e individual. Las cosas no afectan a todos por igual y ellos son personas, que, aun dependiendo de momento de nosotros, no ven el mundo por nuestros ojos, sino por los suyos. No ven el mundo, sino su mundo, y nuestro error, natural, es querer que lo vean con nuestros ojos y sientan exactamente las cosas como nosotros las sentimos.

Si estamos de acuerdo con este preámbulo, es fácil colegir que nuestra forma de ser, de vivir los acontecimientos, afectan sobremanera a nuestros hijos, por lo que es conveniente observar qué les está afectando de lo que a nosotros, los adultos, nos está pasando en nuestra propia vida. Nuestras reacciones, nuestros gritos, nuestras penas, nuestras lágrimas, son advertidas por ellos y “no suelen entender nada” porque no les explicamos nada, así que su vida se ve afectada emocionalmente por lo que creen en muchas ocasiones que van a perder. Tal vez no hablemos con nuestros hijos lo suficiente (dependiendo de las edades acondicionaremos nuestro discurso), pero lo necesitan y no debemos escamotearles lo que ellos creen ver sin darles una explicación que puedan entender, sea lo que sea, y en definitiva, les tranquilice en mayor o menor medida.

¿Qué hacer en casa? ¿Qué está a nuestro alcance?

•Trata de visualizar las situaciones en que el niño se pone más inquieto o ansioso.
•Cuando puedas ver un patrón trata de cambiar la situación para ver si logras controlar la ansiedad del niño.
•Trata de ser equitativo con todos tus hijos y prestarle atención a todos por igual.
•La comunicación es muy importante y no gritar a pesar de que la situación se torne complicada, es bueno siempre mantener la calma ya que si te pones ansioso le sumas más ansiedad a la situación.
•Explicarle cualquier cambio que suceda en la familia es muy importante, los niños lo pueden entender todo si se les habla de forma adecuada.
•Consultar siempre con los educadores donde tu hijo asiste para identificar posibles situaciones que generen ansiedad.
•Tratar de educar a tu hijo para que la frustración sea una parte aceptada de la realidad, ya que cuando lo aprenda y tenga fracasos como todos, la sensación de ansiedad será menor y tendrá mayor capacidad para aprender de los errores o de situaciones en las que el deseo se ve frustrado. Esto lo puedes hacer no cubriendo inmediatamente una necesidad que tu hijo manifieste, sino que primero trata que lo resuelva por sí mismo.
•Esta es una buena forma de poner límites sin tener que realizar prohibiciones autoritarias dentro de lo razonable para tratar de fomentarle confianza en sí mismo al otorgarle espacio para su autonomía, más allá de tus miedos “naturales” como padre o madre.

Ya sabéis, ante cualquier duda o aportación a este artículo, podéis, como siempre dirigiros a nuestro correo electrónico o dejar vuestro comentario, opinión o reflexión.

Juan José López Nicolás
Bibliografía: www.innatia.com
www.psicoarea.com

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