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viernes, 2 de febrero de 2018

Enfado continuo...¿Qué me pasa?

   Durante muchas semanas no he parado de escuchar que no se puede hablar con la pareja porque siempre está enfadada. No se sabe cómo llegar a ella (hombre o mujer) y no se puede hablar porque nada le parece bien. Es un enfado continuo y aunque se intenta razonar para bajar ese nivel tan alto de emociones desmedidas y a destiempo, no se logra disminuir la situación tan estresante y tan destructora de las relaciones y de los sentimientos. 

Ocurra la situación que ocurra, el acontecimiento previo que sea, siempre se encuentra un "motivo" para tirar del hilo que lleva al cajón de los truenos y se estalla, hasta tal punto que se empiezan a decir barbaridades que, aunque luego lamentes, quedan dichas y, generalmente, dejan una huella que nos puede "suspender de empleo y sueldo en la labor cotidiana de trabajar para que la relación sea lo más estable posible."

"...Es que me pones en el disparadero..."
"...es que me haces enfadar, porque yo venía bien..."

Parece que la responsabilidad de mi actitud siempre la tiene el otro.

Para dar respuesta, o más bien, para ofreceros una plataforma que os pueda servir de ilustración en este tema, os transcribo un artículo escrito por Irene Nuevo Delgado, Psicóloga especialista en estrés y psicoterapia Cognitivo-Conductual, que ha titulado ¿Por qué me enfado tan fácilmente? 9 estrategias para manejar mi irritabilidad.

Espero que arroje la luz suficiente para reflexionar y veros reflejados en la medida que a cada uno le afecte, ya que la primera variable a tener siempre en cuenta es aceptar que nosotros no somos perfectos y que la responsabilidad de nuestras acciones, generalmente, nos corresponden a cada uno y no al que tenemos enfrente, que suele ser el cabeza de turco de casi todos nuestros errores, manías e imperfecciones.

Irene Nuevo, comienza así:

"-Me planteé trabajar en manejar mi estrés el día que mi hija me dijo: papá, últimamente estás siempre enfadado...
-¿Y sabes por qué estás siempre enfadado?
-No es culpa suya, ¿sabes? <¡Me cabreo porque no estoy bien!>

Es posible que en ocasiones hayas notado que llevas una época en que te enfadas con demasiada frecuencia, que todo te irrita y saltas a la más mínima. Es posible que, de hecho, no lo hayas notado tú, sino aquellos que te rodean, esos con los que convives y empiezan a decirte frases como: ¡últimamente estás que no hay quien hable contigo!", "es que no te aguantas ni tú." Y, ¿sabes lo peor? Que tienen razón y lo sabes. Pero eso no hace que tus sensaciones mejoren, más bien al contrario, a esa irritación constante se une la sensación de no sentirte entendido/a y estar siendo injusto/a con los demás.

A esto tenemos que añadir la conciencia de cómo nuestros estados emocionales afectan a todos los contextos en los que nos movemos. Las emociones se contagian, las positivas y las negativas. Por eso, cuando iniciamos la espiral de irritabilidad y respuestas agresivas y explosivas, el ambiente general se tensa, y no solo afecta a nuestra vida personal, también al grupo de trabajo, que empieza a percibirse más crispado, con menos paciencia; se reduce el sentido del humor y la comunicación, se disparan las quejas constantes...Esa dinámica puede tener consecuencias en el trato entre compañeros, jefes y empleados e incluso en la atención que damos al cliente. Y una vez más, no se trata de qué situación concreta te ha molestado esta vez, sino del estado de tensión constante que mantienes des de hace un tiempo.

¿O no? ¿Crees que son ellos de verdad los únicos culpables de que te molesten tantos ruidos, los retrasos, los imprevistos, cualquier contratiempo que no cumple tus expectativas...?

No, no lo son. Y esto nos lleva a la frase que cierra el diálogo inicial: cuando no estamos bien nos mostramos menos pacientes, más rígidos en nuestros planes e ideas, más irascibles...Tenemos el sistema de alerta encendido permanentemente. Y nuestro sistema primitivo sólo conoce tres respuestas posibles: huida, ataque o ¡hacerse el muerto!

El ataque es la respuesta que nos ocupa ahora. Como acabamos de decir, si en épocas de estrés o malestar tenemos la alerta encendida, es posible que respondamos atacando ante cualquier situación que nos contraríe. Ser consciente de que esto me está pasando es el primer paso, pero después de este hay que seguir dando otros.

9 estrategias para controlar la irritabilidad.

El primer mandamiento del manejo de la rabia es: NUNCA CONTESTES EN CALIENTE. En ese momento somos todo emoción, somos más vehementes y podemos estar magnificando mucho las cosas (somos incapaces de relativizar)

Párate, espera unos minutos...¡el mundo no se va a acabar ahora! Seguro que lo que tengas que decir puedes decirlo un poco más tarde. Además, con esto también evitarás tener que pedir disculpas o sentirte mal después por lo que dijiste o cómo lo dijiste.

Haz algo de ejercicio. Te ayudará a descargar parte de la tensión acumulada y bajar tus niveles de activación. Si estoy más relajado afrontaré con más calma las dificultades. (Tened en cuenta siempre que no es lo mismo enfrentarse a un problema que a un pequeño contratiempo)

Aprende a leer las señales de tu cuerpo. Aunque creas que tu respuesta es impredecible, no lo es. Es sólo que aún no has aprendido a detectar tus señales, esas que te avisan de que te estás tensando, que algo no te está gustando: te notas más impaciente, has dejado de escuchar a quien te habla, tus músculos están tensos... Cuando empieces a notarlos, haz caso al punto 2: PÁRATE.

Recuerda QUE NO HAY UNA ÚNICA FORMA DE HACER LAS COSAS, QUE NO TODO EL MUNDO VE LAS COSAS IGUAL QUE TÚ, QUE EXISTEN DISTINTOS PUNTOS DE VISTA Y QUE ESO NO TIENE PORQUÉ SER TAN MALO.  De hacho nos enriquece y nos enseña.


La vida está llena de imprevistos, asúmelos. Empieza el día dando por hecho que habrá cosas que no saldrán como planeaste y enfréntalo como parte de la realidad. Eso ayudará a no hacer un drama cuando suceda.


Acepta lo que no puedes cambiar. En muchas ocasiones lo que más nos frustra e irrita es precisamente lo que no depende de nosotros, lo que escapa a nuestro control. No vamos a cambiar la realidad que nos rodea a base de enfados e irritaciones. Ocúpate de lo que puedes modificar, aquello que entra dentro de tus posibilidades.


Valora las cosas positivas de cada día. Siempre hay algunas, solo es cuestión de saber buscarlas, de valorare esos pequeños detalles a los que hemos dejado de prestar atención porque sólo miramos lo negativo, lo que no nos gusta. ¡Para las quejas!


Di lo que tengas que decir cuando seas capaz de decirlo con calma. Si callamos demasiado el final puede llegar el momento en que lo digas de la peor manera posible, reprochando todo lo acumulado anteriormente.


Crea un momento de desconexión cada día. Es un momento únicamente para tí. La información constante, el ruido, las tareas sin pausa, las prisas, etc., aumentan la tensión que desencadena la explosión. Una larga ducha, mirar por la ventana sintiendo la brisa, o la lluvia, una habitación con luz tenue en la que simplemente podamos concentrarnos en nuestra respiración..., no necesitas mucho tiempo, sólo el propósito de empezar a cuidarte.


Trabajar para reducir mi irritación, mi control de impulsos, mi rabia, es una inversión en mi bienestar, en el de los que me rodean y, por tanto, también en la calidad de mis relaciones. Y recuerda que puedes recorrer el camino corriendo, pero llegarás demasiado pronto y habiendo perdido el paisaje."


Espero que este artículo pueda ser el inicio de una buena reflexión, una toma de conciencia de que debemos y podemos hacer algo en aras de nuestro bienestar y felicidad. También es necesario recordar que es necesaria una buena dosis de humildad para empezar a reconocer nuestros propios errores, que no son otra cosa que lecciones que nos pone la vida para que aprendamos, si es que queremos aprender. Y si no queremos aprender nos seguirá pasando siempre lo mismo. ¿Qué decides?

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