así somos

Bienvenidos, espero que disfrutéis con la utilidad de este blog.

jueves, 19 de agosto de 2010

MEJORANDO LA INTIMIDAD

Con frecuencia las parejas comentan sentir que a su relación le falta "algo", pero cuando se les pregunta qué es ese "algo" a lo que se refieren, rara vez son capaces de señalarlo cualitativa o cuantitativamente.

Aunque no lo parezca de entrada, la claridad con la que seamos capaces de percibir nuestra vida y lo que ocurre en ella, es factor fundamental para nuestro bienestar interior. Y es bien sabido que para estar bien con otra persona necesitamos estar bien con nosotros mismos primero.

Y es que de eso se trata la intimidad. De conocernos íntimamente, internamente, honestamente. Se trata de poder mirarnos al espejo y reconocernos y aceptarnos tal como somos.

Tal vez se pregunte ¿Por qué tanto énfasis en nosotros si el tema es la pareja? Es muy sencillo, todo lo que existe en nuestras vidas, todo lo que hemos creado a nuestro alrededor, es simplemente un reflejo de lo que llevamos dentro. Por eso, para mejorar la intimidad con nuestra pareja (exterior), la mejor manera de comenzar es por mejorar nuestra intimidad con nosotros mismos (interior).
Para facilitarnos esta tarea podemos comenzar por la honestidad. Si es correcto, mientras más sinceros seamos con nosotros mismos, estaremos en mejores condiciones de aceptarnos por lo que somos, lo que a su vez se reflejará en un aumento de autoestima, y nos servirá como un imán para atraer hacía nosotros lo que sentimos que nos merecemos.

Recordando la analogía del espejo, si el sentido de valor que tenemos de nosotros mismos es bajo, estaremos en condiciones de atraer hacía nosotros a alguien que nos muestre un reflejo de lo poco que nos valoramos, y nos trate de una manera que nos haga reaccionar ante esa situación para mejorarla.
Y todo eso por una sencilla razón: Existe algo que necesita mejorar en nosotros, y la vida nos brinda todas las experiencias que necesitamos para lograrlo. Pero siempre podemos mejorarnos antes de recibir las lecciones que nos brinda la vida.

Relajarse y Fluir

Algunas personas tienen la percepción poco realista: "si alguien me ama realmente, sabe todo lo que quiero, necesito, y me entiende perfectamente sin necesidad de explicarme". Puesto que los seres humanos generalmente no estamos dotados de capacidad telepática, esa percepción poco realista generalmente se convierte en frustración, debido a malos entendidos.
Los malos entendidos son el factor principal que influye sobre el deterioro de la intimidad en una relación de pareja. Afortunadamente, la mayoría puede evitarse de manera muy sencilla.
La intimidad necesita tiempo y espacio para crecer. Intimidad implica estar ahí con la otra persona, estando presente tanto física como mental y emocionalmente, ambos durante la conversación y el silencio.

Podría incluir la expresión de emociones incomodas; una clara y apropiada expresión de disgusto, por ejemplo, puede lograr que dos personas se acerquen.
Cuando nos compenetramos lo suficiente con otra persona para permitirnos decirle exactamente cómo nos sentimos, le ofrecemos un puente que puede permitirle conocernos mejor. Los puentes se cruzan en ambos sentidos, y eso nos permitiría conocer mejor a la otra persona también.

Es importante recordar que no podemos intimar con otra persona más de lo que somos capaces de intimar con nosotros mismos. Por ejemplo, ¿Cómo podemos esperar que alguien sepa cómo nos sentimos si nosotros mismos no lo sabemos?
Podemos desarrollar intimidad con nosotros mismos de la misma manera que lo hacemos con otras personas, al ser honestos con nosotros mismos, comunicarnos claramente con nosotros mismos, y permitirnos tiempo y espacio para estar a solas con nosotros mismos.
Una vez que logramos intimar con nosotros mismos, aprendemos a aceptarnos por lo que somos, y nos sentimos lo suficientemente cómodos como para relajarnos y permitirnos fluir libremente con lo que sentimos, para expresarlo armónicamente, y establecer una conexión con la otra persona que nos permita conectarnos íntimamente.

Salvando la brecha
Es importante mantener siempre presente que nadie nos puede dar lo que no tenemos, ese es un trabajo que nos toca realizar a nosotros mismos. Si sentimos que hay algo que nos falta, e intentamos encontrarlo en otra persona, lo único que encontraremos será la decepción. Y no podía ser de otra manera pues simplemente estaremos viendo el reflejo de lo que llevamos dentro.
Si uno de los miembros de la pareja se siente de esta manera, podría sentirse que se va creando y comienza a crecer una brecha en la relación. Al poco tiempo esa brecha comienza a ser evidente en la medida en que la pareja se vuelve disfuncional. Por ejemplo, lo que antes era un agradable compartir se convierte en discusión por tonterías.
Es en este punto donde la sana eficaz y eficiente comunicación puede ayudar, pues tal vez la otra persona no se percate de lo errado de su posición, tal vez simplemente actúa desde su confusión, y por eso crea desarmonía.
Podríamos ayudarle al solicitarse que se exprese tan claramente como pueda sobre los hechos, poniendo a un lado lo que siente hacia ellos. Esto le ayudaría a salir de su confusión, y le permitirá comprender mejor la situación.

A partir de ese momento se puede comenzar un trabajo de reflexión interna que nos permita ubicar las causas por las cuales existe esa brecha en nosotros, y superarla permitiéndonos conocernos íntimamente para ser capaces de intimar con otros.

Reflexiones
Generalmente las reflexiones internas que nos podría beneficiar realizar para lograr intimidad, pueden ubicarse en cinco áreas principales de nuestra existencia, en las cuales podríamos necesitar:
• Aprender a comunicarnos más efectiva, eficaz, asertiva y amablemente.
• Soltar algunos apegos que están aumentando nuestros conflictos con otros, y disminuyendo nuestro bienestar.
• Examinar nuestros comportamientos que les resultan desagradables a otras personas.
• Liberarnos de programaciones subconscientes que limitan nuestra autoestima, y nuestra habilidad de atraer lo que deseamos hacía nosotros.
• Desarrollar sentimientos internos de seguridad, autoestima y libertad.
Una vez realizadas estas, y otras, reflexiones, estaremos en mejores condiciones de conocer nuestras verdaderas motivaciones, comprender nuestras actitudes, y decidir que es lo que realmente queremos hacer al respecto.
Y es durante este proceso cuando es conveniente mantenernos abiertos a los cambios, pues es parte del proceso realizar ajustes. Así como al inicio del proceso pensábamos querer algo, al finalizarlo y crecer gracias a vivir ese proceso, podríamos encontrarnos en la situación de no desear lo que tenemos, al ver ahora claramente que no contribuyen a nuestro bienestar general.

En ocasiones las relaciones cambian, al punto en el que ya no resultan funcionales en ese estado. Tal vez el estado de esa relación necesite ajustarse de manera que permita expresar armonía a ambas partes.

Es importante recordar que aun en el caso de necesitar distanciarse para mejorar la relación, eso no es indicador del fallo de alguno de los miembros, tal vez simplemente completaron su trabajo juntos, y ahora cada cual necesita crecer por caminos distintos.

Finalizar o cambiar una relación de manera armónica, sin necesidad de encontrar un culpable, es una señal de madurez y crecimiento.
Cuanto más pronto reconocemos que una relación ya no resulta funcional, más rápidamente podemos completar el ciclo y continuar al siguiente nivel de crecimiento. Eso podría ser una nueva relación en la cual podamos expresar más libremente el crecimiento que hemos logrado en nuestro proceso de intimar con nosotros mismos, o un periodo de soledad en el cual podemos consolidar nuestra unidad.

Relaciones auténticas
Como dijimos al principio, la intimidad se trata de ser sinceros y honestos con nosotros mismos, y una vez logrado, solo hay cabida en nuestra vida para lo auténtico. Como mencionamos anteriormente, esto podría significar el cambio de nuestra relación actual, pero también podría ser un cambio para mayor intimidad con nuestra pareja al cruzar el puente que nos brinda relajarnos y fluir con lo que realmente sentimos.

Pero ¿Cómo saber cuándo soltar una relación, y cuándo continuar trabajando en ella? La clave para responder esta pregunta podría estar en nuestra motivación filtrada por nuestro nuevo conocimiento y comprensión de nosotros mismos.
Si sentimos un impulso a alejarnos, posiblemente podría ser porque sentimos inquietud al considerar salir de nuestra zona de comodidad, una falta de disposición a realizar el trabajo interno que se requiere, o miedo, al desconocer los resultados que brindará ese trabajo.

Por otro lado, si sentimos el impulso a aferrarnos de la relación, posiblemente sea por miedo de encontrar a otra persona, o tal vez por no sentirnos merecedores de afecto.

En cualquier situación lo importante es intimar con nuestros sentimientos para conocer la causa que nos motiva a actuar, y emplear esa comprensión para decidir honestamente que es lo que queremos hacer.
Siempre es preferible quedarse en una relación solo porque es lo que realmente queremos, pues el amor comienza cuando la necesidad termina.


Artículo original publicado en la Ezine Mercurio

lunes, 5 de julio de 2010

AMORES TÓXICOS

Amar no es sufrir y los amores tóxicos no permiten entender que todos tienen derecho a ser felices. En esto no hay magia ni cabe esperar que la gente cambie.
Es necesario superar esa debilidad que nos relaciona afectivamente con estilos patológicos.

En cuestión de amor, no hace falta aclarar mucho, la gente suele enredarse en relaciones contraindicadas. Es lo que el psicólogo Walter Riso llama amores tóxicos: “Estilos afectivos relacionados con determinados tipos de personalidad, que generan en el otro mucho sufrimiento y alteraciones psicológicas. Este tipo de relaciones representan el 30% en la sociedad”.
Ante esta tendencia mundial de llamar amores tóxicos, relaciones tóxicas, afectos tóxicos, a todo aquello que no nos hace bien y nos vuelve adictos, la psicóloga y terapeuta familiar sistémica Evangelina Aronne, propone examinar cómo estamos amando, partiendo de la base de que el amor se va transformando y persiste de manera menos apasionada y más racional, y la pareja es sostenida con proyectos propios y comunes.

“El amor maduro es una relación con bases firmes: confianza, respeto mutuo, admiración, comprensión, atracción física, conocimiento de los gustos del otro, cooperación, sentido del humor y existe intimidad, sensación de cercanía cuando están lejos, y la relación los fortalece y estimula a ambos, haciendo que cada uno desarrolle lo mejor de sí mismos. Estas bases favorecen la construcción y sostén de un hogar y, a su vez, pueden soportar los contratiempos y vaivenes propios de la vida. En contraposición están las relaciones que se vuelven tóxicas, en la que los efectos sobre la persona dependiente afectivamente de la otra son similares a otras adicciones o conductas de dependencia”, explica Aronne desde su experiencia como psicóloga.

Las adicciones son variadas: consumo de drogas, fármacos, alcohol, juego, Internet, trabajo, televisión, chequear los mails, controlar los mensajes de texto, al sexo, los dulces…, y en todos los casos uno siente alivio pasajero cuando consume ese objeto de deseo y luego se siente mal y peor por haberlo hecho. Y de no hacerlo siente abstinencia, es decir: ansiedad, falta de aire, desmotivación, angustia, dolor de cabeza, de estómago, frustración, fatiga, dificultad de concentración, irritabilidad, etc.

El adicto carece de referentes significativos, produce inseguridad, incertidumbre, falta de incentivos, inestabilidad laboral, invita a vivir el momento, provocando un vacío en las personas.
A la relación de pareja también se la puede vivir como una adicción, por eso es que las dependencias afectivas son un motivo muy común de consulta en psicología. Una persona que vive una relación de manera adictiva necesita de un tratamiento con especialistas, un proceso terapéutico interdisciplinario, contención familiar y social, para poder salir adelante”, dice Aronne y, además, acota, que a este tipo de consulta las hacen personas de toda edad, pero cada vez son más jóvenes y mujeres quienes se acercan al consultorio.

Pare de sufrir.
Si se está inmerso en un vínculo de pareja que produce mucha pena y desdicha, que hasta hace que uno se desdibuje como persona en pos de mantener la armonía y la comunicación ficticia, es probable que formes parte de una relación tóxica, por lo cual saber desactivarla será muy útil para acceder a una vida emocional más satisfactoria.

“Una relación tóxica es aquella en la cual una o las dos personas sufren mucho más de lo que experimentan de dicha y placer por estar juntas. Uno de los integrantes (y en algunos casos ambos) se ven sometidos a un gran desgaste por tratar de sostener la relación”, define Merlina Meiler
Este tipo de vínculos provoca más insatisfacción que felicidad, y la sensación de bienestar que puede proporcionar en escasos momentos es muy efímera, ya que para vivenciarla es necesario silenciar o pasar por alto ciertas cosas que, de darles la importancia que efectivamente tienen, causarían un profundo dolor e incluso llegarían a poner en peligro la continuidad de la pareja.
Las relaciones ideales entre las personas son ganar-ganar. Una relación tóxica nunca puede catalogarse como tal, son de ganar-perder y, en muchos casos, las dos personas involucradas pierden.

Amar, dar, ganar. . .
¿Quién dijo que amar es dar sin ninguna clase de límites? En principio hay un límite bien claro, y es el respeto y el amor a uno mismo, que está por encima de todo lo demás. Si uno no se quiere ni se hace valer y ensalza a otra persona al punto de priorizarla por sobre el propio bienestar y estabilidad interna, incurriendo en sacrificios estériles, es que se está integrando una relación tóxica. Si la comunicación con otra persona nos pone decididamente mal, impide que uno desarrolle su potencial, genera frustración una y otra vez y hace que se releguen los deseos genuinos para uno, es que esa persona no sólo no suma, sino que resta.

“Amar con equilibrio es la clave hacia una vida emocional sana y placentera. Trae aparejado no permitir que persona alguna interfiera en otras actividades o áreas de nuestra vida, entender que es bien posible desarrollarse en lo que uno genuinamente desee, además de crear y disfrutar vínculos sanos con otras personas. No hay por qué dejar de lado nuestras expectativas, ilusiones, deseos y sueños por intentar sostener una situación que a las claras resultará insostenible, salvo que comprometamos nuestra integridad emocional, nuestra salud, el justo respeto que nos merecemos como seres valiosos que somos y el derecho legítimo a ser plenamente felices”, dirá Merlina Meiler; quien no es pesimista y considera que uno siempre cuenta con la posibilidad real de decidir cambiar los términos de un vínculo de pareja tóxico en el momento que se esté preparado (o preparada) para hacerlo: “Si te disocias del rol que asumiste en este vínculo (salvador, maltratado, quien-todo-lo-aguanta, perdedor, sumisa, etc.) la otra persona automáticamente cambiará su postura al tratarte, ya que no encontrará el mismo eco de tu parte. Por ejemplo, para que haya una persona en rol de victimario debe existir su contraparte, alguien que asuma el rol de víctima. Si uno de los dos desaparece, el otro pierde fuerza y cambia su postura… ¡se desintegra este par de roles! Asimismo, este cambio de roles y de conductas desactivará el poder que la otra persona tiene sobre ti”, ejemplifica Meiler.

Claro que no es fácil controlar las emociones o sentimientos, pero sí se puede elegir qué hacer y qué no hacer con ellos. Uno es libre para decidir qué clase de relaciones y de personas nos rodearán cada día.

Razones tóxicas.
¿Qué nos lleva a involucrarnos en relaciones tóxicas? Hay diferentes razones, las más usuales son:

La baja autoestima: Si nuestras creencias están basadas en sentir que no somos merecedores de la atención, el respeto o el amor de otra persona, quien aparezca será considerado nuestra tabla de salvación, a la que nos aferraremos con uñas y dientes porque, sin esta persona, ¿quién nos querrá?, o ¿quién pagará nuestras cuentas?, o ¿quién nos cuidará?

El creernos salvadores: Fantasear que nosotros podemos cambiar a esa persona, que hemos llegado a su vida para que se transforme en otra clase de ser humano, mejor, más como nosotros queremos que sea; suponer que con nosotros se comportará de una manera diferente a la que suele hacerlo, que lograremos que se operen modificaciones impensadas, son caminos de ida hacia el sufrimiento. Podemos ayudar a que otras personas cambien rasgos de su personalidad que las molesten, siempre y cuando se den cuenta de que este cambio los favorecería, decidan hacerlo y además quieran que las ayudemos. Lo que sí tenemos es la capacidad concreta de lograr que se produzcan cambios asombrosos en nosotros mismos si así lo deseamos.

Asumir el rol de víctimas: Quién nos va a querer o aceptar como esta persona que se digna a darnos ratos de su tiempo, o a convivir con nosotros, en definitiva, a darnos momentos de su (mala) compañía? El asumir este rol implica que estaremos aceptando a una persona que se comportará como victimaria.

La urgencia de muestras de cariño: Este tipo de deseo imperioso es muy mal consejero, y se suma a la necesidad de suplir carencias profundas. A veces da como resultado el tolerar cualquier cosa por un poco de lo que deseamos, como cariño (una demostración de afecto, sexo, un regalo), pero que en realidad encubre otro comportamiento de fondo (uso, abuso, egoísmo, maltrato, falta de respeto, etc.).

Estar acompañado a cualquier precio: El miedo a la soledad es el paso preliminar hacia una posible relación tóxica, ya que se tolerará -literalmente- cualquier cosa con tal de no estar solos. Y no hay mayor sensación de soledad agobiante que el creer que uno está acompañado por alguien que le va a hacer bien cuando no es así y esa persona no sólo no cumple con nuestras expectativas más esenciales sino que atenta (con marcado éxito) contra nuestra calidad de vida.

El aburrimiento: La búsqueda de nuevas sensaciones, de una manera de alejarnos de la monotonía o de la rutina puede hacer que sólo veamos una faceta de la personalidad de quien nos atrae -la divertida y agradable- que nos saca del letargo en el que estábamos, y no logramos visualizar el resto de la personalidad de quien nos atrae, en la cual hay comportamientos tóxicos que en un principio no identificamos. Encontrar a alguien que tenga gustos similares a los nuestros es muy bueno y hasta se siente tocar el cielo con las manos, pero, si para compartir ese universo es necesario convalidar una relación tóxica, será muy difícil cortar el vínculo.

La necesidad imperiosa de cumplir algún rol social: como, por ejemplo, el de esposa/o, madre o padre, tal vez pueda hacernos priorizar el fin antes que ver a la persona que elegimos como realmente es. Algunas veces se trata por todos los medios posibles de enmascarar la realidad para seguir manteniendo las apariencias y la estructura social, aunque el costo interno suele ser demasiado alto.

El miedo a seguir avanzando en la vida: Si tenemos un vínculo con una persona que nos pone frenos o nos cercena en nuestro crecimiento y nos estancamos en cierta área de nuestra vida (ya sea personal, laboral, espiritual o profesional), ¿no somos nosotros mismos quienes aceptamos quedarnos en una zona conocida en vez de crecer, desarrollarnos, cambiar y superarnos?


Artículo que podéis completar en este enlace de esta autora EVANGELINA ARONNE, Lcda en Psicología U.N.C. Argentina"

martes, 29 de junio de 2010

LA AUTORIDAD EFICAZ

En el Portal para ser mejores padres de solohijos.com, he encontrado infinidad de artículos que ayudan a la reflexión y aportan datos para efectuar los cambios adecuados que dirijan nuestras acciones a lograr la mejor interrelación posible con nuestros hijos. Dado que nuestro objetivo es poneros las piezas para que vosotros las articuléis con vuestra forma de vivir y actuar, os transcribo un artículo interesantísimo para vuestro conocimiento. Sé seguro que le sacaréis todo el partido para poder compartir con vuestra pareja en el siempre difícil arte de ser padres.

¿Qué se necesita para disfrutar de una autoridad eficaz?
A veces, intentamos por todos los medios que nuestros hijos nos hagan caso y no hay manera de conseguirlo. La solución no es tan difícil aunque, eso sí, necesita constancia, unas pocas normas muy claras y favorecer al máximo la participación de nuestros hijos a la hora de tomar decisiones.

Al comienzo de este año escuché unas declaraciones de representantes de asociaciones de padres y madres que decían lo siguiente: "Dado que los padres, en las actuales circunstancias sociales no podemos hacer frente a la educación de nuestros hijos, exigimos que las administraciones públicas pongan a nuestra disposición todos los medios necesarios para …"
Me inquietaron dos de las ideas que expresaron: "no podemos hacer frente a la educación de nuestros hijos..." y "que las administraciones públicas..." hagan algo para educarlos.

A mí me gusta pensar que somos los padres los que debemos educar a nuestros hijos y de ninguna manera me gustaría ceder ni un ápice de este derecho a las administraciones públicas. Me inquietó también escuchar que los padres "no podemos" educar a nuestros hijos en la sociedad de hoy en día, porque yo no creo que eso sea cierto. Los padres tenemos la posibilidad y la capacidad para educar a nuestros hijos y podemos hacerlo bien, salvo en casos muy especiales.

En numerosas familias, la autoridad de los padres se ha debilitado. Muchos padres no consiguen poner límites a los horarios de sus hijos, a los tipos de diversiones, a las demandas consumistas, a su desidia en los estudios, a sus malos modales... Pero buscar las causas y las soluciones fuera de la familia, no sirve de nada. La solución a esta crisis de autoridad debemos buscarla en el interior de la familia y, sobretodo, en cómo nosotros, los padres, la estamos ejerciendo. ¿Quizás nos estamos equivocando?

Algunos padres piensan que perder autoridad es irremediable. Pero la autoridad no es un don divino que se nos otorga y con él obtenemos la ciencia para decidir correctamente, el ingenio para organizar y la habilidad para ser obedecido. Y, al igual que no se nos otorga, tampoco se nos niega como si se tratara de un objeto. El grado de autoridad que tengamos los padres depende, sobretodo, de cómo utilizamos el poder que tenemos sobre los hijos, y eso nos permite aumentarla, recuperarla o perderla.

La autoridad de los padres será eficaz si reúne ciertas condiciones:
1. Que exista consenso entre el padre y la madre.
2. Que se ejerza de modo participativo y se sepa llegar a acuerdos.
3. Que persiga como fin la educación de los hijos y su autonomía.
4. Que sea coherente con la conducta de los propios padres.
5. Que se apoye en valores y normas estables.
6. Que se traduzca en hechos.

La no existencia de alguna de estas condiciones puede ser la causa real de la crisis de nuestra autoridad como padres. En la medida que consigamos cumplir mejor estas condiciones, nuestra autoridad podrá recuperarse o fortalecerse. Lo mejor es empezar a ejercer una autoridad positiva cuando nuestros hijos son pequeños. Pero si no ha sido así, todavía estamos a tiempo. Cuanto antes cambiemos algo y mejoremos, tanto mejor.


1. El consenso en la pareja.
Que la pareja debe estar de acuerdo en relación con los objetivos y los medios educativos es algo que resulta evidente aunque a veces no es fácil de llevar a cabo. La responsabilidad como educadores, y por tanto la autoridad, es tanto del padre como de la madre, y sólo el acuerdo entre ambos permitirá progresar correctamente en la educación de nuestros hijos. Se necesitará el intercambio constante de información entre la pareja sobre nuestros hijos, sobre cómo podemos ayudarles, las normas que estableceremos, los estímulos que les proponemos... Es bueno que los padres lleguen a un acuerdo antes de planteárselo a sus hijos. Y aunque a veces resulte difícil llegar los dos a un mismo punto debéis pensar que esta dificultad también es una ventaja, ya que en el momento de observar y saber de vuestros hijos, veréis mejor con cuatro ojos que con dos. No perder de vista que podéis ayudaros y que debéis apoyaros.

2. La autoridad debe ejercerse de forma participativa.
Los padres no debemos imponer nada a nuestros hijos de manera despótica. Debemos proponer alternativas u opciones entre las que escoger y dejar que nuestros hijos participen en la toma de decisiones. Si somos respetuosos con nuestros hijos ellos también lo serán con nosotros. Mientras que si nos comportamos de una manera demasiado exigente mandando y obligando en lugar de sugerir y proponer, sólo conseguiremos desobediencia, indisciplina y rebeldía.

3. Los padres deben buscar la felicidad de los hijos y potenciar su autonomía.
No debemos pedir o mandar cosas a nuestros hijos para nuestra comodidad o para nuestro propio o exclusivo beneficio. Sólo en la medida en que nuestros hijos reconozcan que las normas que establecemos y las cosas que les mandemos son para su propio beneficio e interés, nos aceptarán como autoridad. La autoridad-servicio produce necesariamente la autoridad-prestigio.

4. La autoridad no debe ser aleatoria, debe apoyarse en valores y normas estables.
Nada hay más destructivo que los cambios de actitud de los padres en lo que respecta a lo que es bueno o malo, lo que hay que hacer y lo que no, lo que es importante y lo que no lo es. Mandar o exigir cosas según el propio estado de ánimo o según las circunstancias es una manera muy eficaz de conseguir que perdamos autoridad sobre nuestros hijos. Si ellos observan que tus exigencias no responden a otra cosa que a tu cansancio, malhumor, etc. no se verán obligados a obedecer ni entenderán por qué deben hacerlo: "Total, espero a que se le pase el enfado y ya está".

5. La conducta de los propios padres debe ser coherente.
Los padres deben predicar con el ejemplo. Los modos de conducta incoherentes o falsos generan sencillamente rebeldía. La siguiente escena es muy significativa: "¿Queréis dejar de gritar como salvajes maleducadoooooooos?" -Grita con todas sus fuerzas la madre a sus hijos, que están inmersos en un gran alboroto.

6. La autoridad debe traducirse en hechos.
La autoridad, además de tenerla, hay que ejercerla. Hay que tomar decisiones sobre lo que deseamos para nuestros hijos y sobre las ayudas que necesitan. Establecer, con su colaboración, las normas que revestirán el ambiente de nuestra casa. Velar por el cumplimiento de las normas establecidas y detectar los problemas de los hijos. Exigirles que cumplan su cometido y sancionar su conducta de manera positiva o negativa para ayudarles a desarrollar su propia conciencia. Necesitamos dedicación y empeño, pero nuestra autoridad para con los hijos la encontraremos en su ejercicio.


José María Lahoz García
Pedagogo (Orientador escolar y profesional),
Profesor de Educación Primaria y de Psicología
y Pedagogía en Secundaria

martes, 22 de junio de 2010

HACIA LO SISTÉMICO

Muchas veces me han preguntado por qué decidí utilizar la terapia sistémica y no otra y qué ventajas veía en el pensamiento sistémico.

Antes quiero decir que el hecho de aplicar la mayoría de veces este tipo sistémico, no excluye, por lo menos en mí, la operatividad ocasional de otro tipo de terapias y teorías conducentes a dar recursos e intentar solucionar los problemas que se nos consultan. Esto es así porque siempre defenderé el eclecticismo como principio válido para no cerrarnos a las ingentes posibilidades que nos ofrecen todas las corrientes terapéuticas.

Aun así tengo mis preferencias y mi especialidad, lo que me lleva a defender lo sistémico, en principio, porque es un modo de pensamiento que analiza, observa y estudia el todo y sus partes y las conexiones e interrelaciones que entre ellas se dan. Es tan claro como estudiar el todo para comprender las partes.

Cuando atendemos a una persona de forma individual, fuera de su entorno, de su familia, de las relaciones que entre este sistema se llevan a cabo, estamos percibiendo su visión de las cosas sin tener en cuenta lo que puede haber surgido en su comportamiento por la intervención de los demás componentes de ese sistema y es esta razón lo que nos lleva a inferir que no entender que cada desenlace o proceso que se efectúa, no es algo aislado, sino que interactúa con el resto del cosmos, nos abocaría a una microvisión y en ocasiones al fracaso.

Alguien dijo, y lamento no recordar quién, que “No hay éxito en lo que hagamos, si no hay éxito para el sistema al que pertenecemos.”

Desde lo sistémico vamos al estudio de las relaciones entre elementos de un sistema que permite poner de manifiesto la estructura y las causas reales del comportamiento y de los problemas que observamos.

Tratar sistemas es más complicado que tratar individualidades. No funcionan las lógicas lineales simples, y no obtendremos el triunfo si no se obtiene en todo el sistema; pero nuestra labor, siguiendo este plan sistémico, no se basa en empujar para mover las cosas sino más bien averiguar y eliminar lo que impide que se muevan. Cuando has eliminado lo que impide el movimiento todo fluye suave y fácilmente.

No es difícil inferir, pues, que para lograr este objetivo no es conveniente eliminar los síntomas que presenta el o los componentes del sistema, sino poder controlarlos para obtener los datos que nos permitan llegar a saber el qué, el cómo y el porqué sucede tal o cual acontecimiento.

Tratar de demostrar que todo afecta a todo, que todo está interconectado y todo interactúa, es relativamente fácil y para ello no tengo más que poneros un simple ejemplo que seguro que os dará una visión más clara de lo que quiero decir: La aparición de la Viagra, a miles de kilómetros del hábitat de los rinocerontes, ha permitido la recuperación de su población. Sé que parece ridículo y puede llevar a pensar si es que los rinocerontes padecen de impotencia, pero la solución es mucho más sencilla: según algunas creencias ancestrales, se otorgaba al cuerno del rinoceronte unas propiedades afrodisíacas. ¿Qué os parece?

No podemos olvidar que estamos inmersos dentro de un inmenso sistema que es la Tierra y el cosmos, y que del modo que sea, lo que hagamos nos afectará.

Espero que se entienda porqué defiendo lo sistémico y abogo porque es el tratamiento más eficaz ante los problemas personales, de pareja, familiares, empresariales y sociales.

(Si queréis profundizar sobre el tema, podéis consultar la bibliografía de Peter Checkland.)

Juan José López Nicolás

viernes, 18 de junio de 2010

RENOVAR EL AMOR EN EL MATRIMONIO

La vida en pareja sufre a lo largo del tiempo gran cantidad de altibajos. La rutina y el cansancio pueden ir agotando la relación entre ambos miembros por lo que a veces necesita que le echemos un poco de agua, de abono, para que, como la primavera, reviva, resurja de nuevo.
Suele pasar que cuando la pareja decide comprometerse y vivir una vida juntos, se le olvida aquel tiempo de noviazgo en donde ambos disfrutaban. Todo era más fácil por ser una etapa de mayor enamoramiento y romanticismo. Con el tiempo, cuando se llega al matrimonio y se funda un hogar, se tienen hijos, etc., el galanteo y la seducción se van perdiendo como si eso no se pudiera seguir realizando, y todo se inunda de negatividad, e incluso a veces los conflictos entre ellos se esconden en los hijos.
Sí, es cierto que en muchas parejas todo no puede volver a ser como antes, porque las etapas de la vida requieren vivir su momento, pero eso no significa que no volvamos a redescubrir el amor. ¿Por qué no dejamos de añorar esas cosas propias del día de San Valentín y nos ponernos manos a la obra para acrecentar el amor en la pareja?
Pues bien, una manera para contextualizar todo esto se basa en hacer un proyecto de “marketing”, (aunque os suene raro, así es) y así lo recomiendan dos autores que aplican las estrategias del mercado a la relación de pareja (David Suriol y Miguel Janer).
La base fundamental de este proyecto es que ambos se comprometan y acuerden en realizarlo, y requiere un importante esfuerzo por ambas partes, ya que el amor no es solo un sentimiento, sino también una actitud. Solo basar la relación de pareja en lo sentimental no es suficiente. Además hay que poner inteligencia y voluntad. Digamos que para regalar un ramo de rosas hay que pensar cómo regalarlo.
Así que empecemos a plantearnos este análisis que denominamos: DAFO (Debilidades, Amenazas, Fortalezas, Oportunidades).

1. Debilidades. Entendidas como aspectos que sabemos que son frágiles en mi relación de pareja. Así por ejemplo: Si yo que cuando llego a casa cansado/a no me gusta que nada mas abrir la puerta me comenten problemas, voy a decirlo para no hacer de esa entrada en el hogar solo un lugar en donde den cabida los problemas.

2. Amenazas. Son aquellos factores que precipitan que haya una mayor inestabilidad en la pareja. Así por ejemplo, si cuando hay algún tema dentro de la pareja que no me gusta tratar y yo lo esquivo continuamente; puede producir la sensación de no prestar atención a algo que es importante para la relación de pareja. Con lo cual podríamos acordar que determinados temas que nos agobian, en lo que a pareja se refiere, podemos plantearlos de forma abierta, en un momento concreto y después no volverlo a tocar una vez resuelto.

3. Fortalezas. Son aquellos aspectos que ambos sabemos que benefician a nuestra relación. Así por ejemplo: tanto a mi marido o a mi mujer nos gusta hacer una actividad juntos y es lo que echamos de menos. Podríamos dedicarnos a recuperar eso que antes nos gustaba tanto.

4. Oportunidades. Son aquellos momentos que a veces se nos presentan y podemos servirnos de ellos para ver cómo va nuestra relación, pues a veces dentro de mi relación de pareja considero que se me presentan ciertos momentos que desaprovecho. Así por ejemplo: cuando tenemos un rato juntos sin que estén nuestros hijos u otras personas, podemos charlar de nosotros, de lo que afecta a nuestra pareja, en términos positivos.

Todo esto mantenido en el tiempo, junto con sorpresas o momentos extraordinarios que podamos aprovechar es lo que enriquece la relación de pareja.
Así podríais elaborar cada uno individualmente una lista de cosas que le guste bien a tu marido o a tu mujer. No suponiendo nada, sino hacer memoria de las cosas que al otro le han agradado en otras ocasiones. Tu marido o mujer no tiene que ver esta lista en ningún momento. Se trata de hacer una lista con cosas sencillas, que una vez a la semana podéis ir haciendo, siempre de manera que el otro no pueda anticipar la sorpresa.
Espero que de alguna manera esto os sirva para que reflexionéis sobre cómo va vuestro matrimonio y que lo podáis poner en marcha a partir de ahora, para siempre mejorarlo o por lo menos intentarlo.


Mª Carmen González Rivas

jueves, 17 de junio de 2010

CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD

En el transcurso de una clase, un profesor nos trajo un cuestionario con algunas preguntas sobre uno mismo. Al ver la primera pregunta me quedé bloqueada: ¿Quién eres tú? ¡Menuda pregunta! Durante toda nuestra vida nos vamos presentando, por qué estudiamos, dónde trabajamos, por ser hijo/a de, etc. Sin embargo llega un momento en nuestra vida que tenemos que conocer nuestra identidad, lo que somos y lo que nos caracteriza como único, irrepetible e insustituible. “Ese soy yo”.
Me he dado cuenta que esta es una tarea difícil y costosa, ¡cuanto lo habrá sido para aquellas personas a las que he ayudado a definirse y a encontrarse a sí mismas! Porque cuando me defino, me identifico y tengo que asumir ese riesgo, comprometerse con lo que uno es, aceptarlo y acogerlo en el corazón.
Hablar de identidad es hablar de dejar ser, de orientar, de acompañar y por su puesto de ayudar a sacar desde dentro de uno mismo, y precisamente esta idea es una de las acepciones del concepto educar. Esta es una de las tareas del educador, y por supuesto de los padres que son los primeros educadores de sus hijos, ya que son ellos los que le facilitan esta tarea, ayudándoles a forjar su identidad, cuidar de su ser. Así lo expresa la Exhortación Familiaris Consortio: “Puesto que los padres han dado la vida a los hijos, tienen la gravísima obligación de educar a la prole, y por tanto hay que reconocerlos como los primeros y principales educadores de sus hijos.”
Pues bien, ante esta rotunda afirmación y que desde mi perspectiva creo que a día de hoy ningún padre se cuestiona, recientemente hemos oído en los medios de comunicación que más de 140 plataformas se han adherido al Manifiesto por la Libertad de Educación en estos días, ya que el actual proyecto de Ley Orgánica de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo, contempla en sus artículos sobre medidas en el ámbito educativo la implantación de una ley educativa sexual obligatoria para todos los centro escolares. En el caso de implantarse, esta educación será impartida a niños a partir de los once años por profesionales sanitarios que serán previamente formados para ello. (Podrán encontrarlo http://www.españaeducaenlibertad.org/manifiesto-educacion-sexual/).
Pues bien, de esta manera algo que compete a los padres, se les pretende arrebatar. Así lo contempla el artículo 27 de nuestra Constitución: “Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”.
La educación sexual no se reduce a una mera información para prevenir “ciertas prácticas”, ni para insistir en que hay una igualdad sexual entre hombres y mujeres, etc. Si lo viésemos así de fácil no seríamos fieles con nuestra persona, y en vez de acercar posturas y comprendernos nos estaríamos alejando de ese fin.
Está visto que este proyecto de ley deja atrás algo, en su aspecto educativo, y la parte afectiva y psicológica queda coja al plantear una visión de la sexualidad meramente reduccionista que ahonda en la parte más física, cuando, en realidad, la sexualidad tiene que ser valorada en todos sus aspectos, porque no es algo ajeno a la identidad de la persona. La sexualidad nos configura y por lo tanto en la persona hay que integrar las dimensiones afectiva-psicológica-espiritual, física-genital, social-cultural, ética y de libertad. Es impresionante la superficialidad con la que se trata el tema de la sexualidad. No es más que una serie de “ejercicios” que llevan al coitocentrismo y la genitalidad, olvidando que realmente este concepto – sexualidad- es algo holístico; forma parte de un todo que conforma nuestra identidad en su más alto rango.
Como vemos, la educación afectivo-sexual es una tarea no puntual sino de acompañamiento, al igual que se le acompaña a un hijo a aprender a andar, a comer, a estudiar ¿Cómo no unos padres van a enseñarle a integrar su parte afectivo-sexual en su desarrollo evolutivo? Dejemos a los padres esa tarea o a quienes ellos mismos se la encomienden por iniciativa propia y seamos conscientes también de nuestra responsabilidad para que la identidad de nuestros hijos se apoye en una base sólida construida desde la mejor escuela que no puede ser otra que la familia. Y si lo que nos preocupa es que nuestros españolitos pequeños se formen de manera adecuada y madura, demos a los padres los recursos adecuados para que sean ellos los que aprendan mejor a guiarlos como así les compete de manera primaria.

Mª Carmen González Rivas.
Lcda. en Psicología

lunes, 10 de mayo de 2010

AFRONTAR LA DECISIÓN DE SEPARARSE

Antes de dejaros con éste artículo, quiero desde aquí dar la bienvenida a una nueva articulista colaboradora de nuestra página TERAPIA Y FAMILIA. Me refiero a Mª Carmen González Rivas, licenciada en Psicología, que a partir de hoy se une a nuestro equipo para intentar ayudar con sus reflexiones, aportando otro punto de vista a los escritos y trabajos que en este blog aparecen. Os dejo con ella.

Hoy en día tenemos claro que la persona no podría ser ella misma si no se relaciona, si no establece vínculos; vamos, que si no se une a otras personas su crecimiento personal se vería empequeñecido y es paradójico que siendo así esta tendencia innata en el ser humano a veces se trata de anular. Los mensajes publicitarios nos alientan a hacer nuestras propias vidas, a no depender ni de nada ni de nadie, y tanto es así que en muchas ocasiones nuestros vínculos afectivos acaban por romperse en un tira y afloja cuando andamos el camino de la búsqueda de nuestra propia independencia.

Son muchos los factores que conducen a una separación pero también hay algo de verdad en la aseveración del párrafo anterior. Elegir una pareja para toda la vida compromete, ¡vaya si compromete!, y no es tan fácil porque cuando ya estamos comprometidos y aparecen las dificultades… ¿qué hacer?
Muchas parejas se encuentran solas en esto; las orientaciones que se dan son demasiado fáciles y no buscan su verdadero interés y el de sus hijos, si los hubiera. Las cosas se ven “facilitadas” con al ley del divorcio express que fomenta la cultura de la ruptura.

Pero, ¿alguien nos enseña a ser pareja?, ¿a ser padres?… creo que no; esto es algo que lo hace la experiencia. Aunque es cierto que dedicamos gran parte de nuestra vida para ser grandes profesionales dejando a un lado nuestra vida personal en la que realmente seremos más felices, a veces desconocemos que en nuestras ciudades existe esta formación, y cómo no, también la encontramos dentro de nuestra Iglesia. He tenido la oportunidad de participar en una escuela de padres, y junto a ella propondría una escuela de novios, porque si la pareja funciona la familia también lo hará. Es de vital importancia este tipo de formación y acompañamiento a las parejas que deciden vivir su noviazgo, y más que eso previamente reconozco que tendríamos que hacer un conocimiento de nosotros mismos, ya que el amor en una pareja se basa en el crecimiento y no en la necesidad; sí en la gratuidad y no en el egoísmo.

A veces en la pareja se deposita tanto en el otro, llámense expectativas no realistas, fuente de gratificaciones propias, que cuando se rompe todo esto, es fácil que se demande al otro que cambie, siendo esto lo más fácil, cuando lo conveniente, lo realmente adecuado, nuestro cambio, tendríamos que ejercerlo cada uno de nosotros interiormente.

El amor más allá de un sentimiento es una actitud que nos lleva a que si nos posicionamos con respecto a esto, hará que nuestros vínculos se fortalezcan y si no tenemos claro la actitud, hará, por el contrario que se vayan poco a poco fragmentado y llegando posiblemente a esa ruptura de pareja ya anunciada. Ha de saber la pareja que la separación es el resultado de una crisis de pareja “no resuelta”, entendiendo esto por la consecuencia de conflictos familiares a los cuales no se les ha puesto solución. En esto la pareja rota puede incluso reabrir sus conflictos, si es que hijos hubiere, ante la tarea como padres.

Tan importante es tomar la decisión de separarse como afrontar esa separación, pues implica una pérdida y como toda pérdida un duelo; y es que como bien dice Bowley “.Aceptar la pérdida que se ha producido supone el primer paso para elaborar un duelo” .Hay muchas parejas que no llegan a superar esta pérdida y otras que tratan de remediarla afrontando prontamente otra relación de pareja sin haber curado la anterior.

Si es cierto que cuando todo aboca a la separación es importante considerar el papel de un buen mediador que considere el verdadero bien para todos los miembros de la pareja, los padres no pueden olvidar que siempre van a ser padres y ambos tienen la patria potestad sobre sus hijos al margen de que la custodia la tenga uno de ellos o ambos. Sus derechos y obligaciones están ahí, y es preciso que éstos las conozcan para que sus hijos se eduquen en un clima familiar que, al margen de la ruptura, les favorezca lo máximo posible.

La conclusión de todo esto es que siempre es “mejor prevenir que curar”, y por eso abogo por esa prevención en los temas de pareja, entiéndase por ello un buen conocimiento de ambos en la relación de noviazgo, que cuando ambos decidan casarse y surjan los problemas valoren las alternativas antes de una posible separación, y cuando esta ya sea la última opción, procurar una buena mediación familiar.




Mª Carmen González Rivas
Lcda. en Psicología

miércoles, 21 de abril de 2010

ACTITUDES ERRONEAS EN LAS RELACIONES HUMANAS

Estamos inmersos en un mundo en el que las relaciones humanas se han convertido en una fuente de verdaderos conflictos. Sé que la tendencia es la de llegar al equilibrio para intentar ser todo lo feliz que uno quisiera o debería, pero, hoy por hoy, las relaciones con el otro nos están llevando a sumirnos en un mar de tempestades del que nos es difícil, muy difícil salir.

Cada vez con más asiduidad intentamos leer libros de autoayuda, acudir a especialistas que nos acompañen en esos momentos de incertidumbre vital para que nos orienten sobre qué hacer para estabilizar nuestra vida y sin embargo no sentimos que en nosotros se produzca el milagro del cambio, de la reestructuración o de la llegada de ese bienestar interno que todos deseamos y esperamos. Y es que el problema está en nuestro interior, en nuestros pensamientos y en la idea que de todo nos hacemos a través de nuestra escala particular de valores con la que juzgamos todo, haciendo que nuestra idea que tenemos de las cosas sea el axioma y nuestras gafas particulares con las que vemos todo como tiene que ser.

Manejamos valores absolutos que nos impiden llegar a términos medios. Nuestro “yo idea” ha anidado en la base estructural de nuestra forma de ser y nos hace un flaco favor a la hora de conformar la urdimbre básica para establecer la vida emocional adecuada con uno mismo y con los demás. ¡Y que difícil es salir de esto si no consigo, en primera instancia, concienciarme de este concepto desde “las tripas”!

Creo que se ve claro que la primera premisa es querer hacerlo, concienciación y verme en este estado, y observarme, y analizarme, que aunque parezca estar parado no es así porque lo que estoy haciendo es verme y reconocerme en esta situación en la que me encuentro. Es decir, situarme en el mismo problema para observar, “simplemente” observar para ver qué está sucediendo, porque los profesionales, psicólogos y terapeutas, nos pueden ayudar a ver, pero no pueden ver por nosotros mismos.

La mayoría de los problemas que subyacen en el ser humano actual, hemos observado que están en los conceptos de DEPENDENCIA E INDEPENDENCIA.

Nuestra vida natural está basada en la independencia, pero nos hemos metido en tal círculo vicioso que dependemos de los demás para ser lo que necesitamos ser porque la dependencia nos parece algo muy inocuo e inocente, pero en realidad es el principal enemigo de la felicidad, de la plenitud y de la posibilidad de realizarse. Esto es así hasta tal punto que una de las actitudes erróneas es esperar la aceptación del otro como base para sentirme yo bien o, incluso, crear mi propia necesidad para existir en cuanto que le uso para afianzar mi personalidad y poder afianzarme a la vida emocional y psicológica.
Hasta hay canciones que todos conocemos que expresan la idea de que “…yo sin ti no soy nada.”

Estos mensajes condicionan nuestra vida mental sana y por ende nuestros pensamientos que en definitiva son los que nos hacen actuar de una manera o de otra.
Tal vez lo que nos precipita a los errores en nuestras relaciones sean las ideas preconcebidas, lo que yo creo sin vuelta de hoja que debe ser que me condiciona a no abrirme a nuevos contextos que varíen las situaciones finales.

Esa idea preconcebida que antes mencionábamos nos lleva a juzgar a la persona por cómo creo yo que debe ser; es decir, la comparo con la idea que yo tengo de ella y como no responde a la imagen que yo creo, a mi idea, no es correcto. Juzgo a la persona con mi modelo y no con el suyo propio.

Sé que todo esto cuesta bastante de digerir pero si se abre la mente y analizamos estas cuestiones nos damos cuenta de la realidad que describe y cómo nos muestra a nosotros mismos en nuestras relaciones con conflictos.

Todas las experiencias nos llevan a expresar que las relaciones interpersonales e incluso las de uno consigo mismo no son estáticas, sino dinámicas, sin embargo nos empeñamos constantemente en otorgarles la primera cualidad, lo que nos lleva a tener una idea fija sobre el otro, a hacerle un cliché y este error nos lleva asimismo a tratar no con la persona, sino con la idea fija e inamovible que tengo de ella y además, en el fondo, mi error de actitud para una sana relación hace que no me interese por la otra persona, sino por lo que pueda darme en todos los aspectos. Siempre la evalúo por lo que me da o no me da.

En definitiva, anclarnos en nuestra única escala de valores válida nos lleva a conflictos, desilusiones, situaciones de oposición innegociable, rupturas, haciendo que no veamos que lo que equilibra es aprender a vivir con las diferentes individualidades en las relaciones humanas. Por otro lado, cuando se da de verdad, se recibe, siempre que se haga sin estrategias preconcebidas que disminuyen el dejar ser en el otro.

Sin ánimo de mezclar cosas, mi propia dependencia, mi ausencia de independencia, me sumerge en que valore más lo que yo creo de alguien, lo que yo necesito que ese alguien sea para mí, que su propia identidad y por tanto, cuando intentamos arrebatar la identidad a alguien surgen los conflictos que estamos viviendo actualmente. Lo sano, y si lo experimenta alguna vez lo conoce, es no depender emocionalmente y la consecución de este objetivo nos otorga el poder vivir nuestra propia vida para no vivir creyendo que se necesita al otro para respirar. Yo soy yo por mí mismo.

Wayne Dyer dice que la clave de una vida eficiente reside en la independencia. Igualmente, la clave de un buen matrimonio reside en el mínimo de fusión y el máximo de autonomía y autodependencia. Y aunque sientas verdadero temor a romper tus relaciones dependientes, seguro que si les preguntas lo que piensan a las mismas personas con las que mantienes estas relaciones de dependencia emocional, descubrirás, con gran sorpresa, que ellos admiran más a quienes piensan y actúan por sí mismos. Otra ironía. Quienes más te respetarán por ser independiente serán los mismos que con más fuerza trataron de mantenerte subordinado.

Lo que está claro es que todo lo comentado no está reñido con sentir amor, con llevarse bien en pareja, con amigos, con conocidos, todo lo contrario, precisamente lo fomenta. Estamos abogando precisamente por amar y amarse primero uno mismo.
Esto es así y el que lo quiera experimentar que trabaje en ello y si no resulta de esta manera es que siempre es más fácil coger las riendas de la vida de los demás que las de uno mismo. ¡Que vida!


Juan José López Nicolás.

lunes, 8 de marzo de 2010

CUANDO EL ALMA SE SERENA

Las emociones son agitaciones del ánimo producidas por ideas, recuerdos, apetitos, deseos, sentimientos o pasiones. Y las percepciones, lo que nosotros sentimos sobre este acontecimiento o suceso que acaba de aparecer en nuestra vida, nos hace sentir, en ocasiones, que todo el suelo se abre bajo nuestros pies y que la vida se nos acaba de poner al revés provocándonos el dolor más intenso que recordemos; hasta nos duele el alma y no somos capaces de ver opciones de salida que nos suavicen este dolor tan intenso.
Nada es, pues, más real que aseverar que todos nos movemos en el mundo de los afectos, es decir, que los afectos constituyen nuestro núcleo más personal y peculiar. Pero no es raro sentirse perdido ante esta situación porque nuestro propio entendimiento se disipa, no sabe pensar de una forma adecuada o no tenemos los recursos para dar a nuestra inteligencia emocional la oportunidad de racionalizar los pensamientos hasta el punto de sentir la emoción pero colocándola en el sitio que realmente le corresponde. Muchos experimentan la rebeldía de no poder controlar sus sentimientos ni comprender su complejidad.
Se agrava el asunto cuando esta situación tan dolorosa está “motivada” por las reacciones de otra persona, del que tenemos enfrente; de la toma de “decisiones desacertadas” que nos afectan de forma tan directa que sería necesario “hacerle entender” que no está haciendo lo mejor para “nuestra situación”.
Estamos verdaderamente desesperados y no sabemos cómo encauzar nuestra vida que se ha ido al garete de una forma tremenda. Llanto, dolor, frustración, desesperanza, desasosiego, decepción, impotencia…soledad. Y, claro, es fácil entrar en un estado de victimización del que nos va a ser muy complicado salir si no reorganizamos las situaciones de otras formas, barajando otros conceptos que nos inoculen el trabajo mental idóneo para probar a salir de esta crisis en la que nuestro “almario” está muy tocado.
Obsérvese que he entrecomillado algunas palabras de párrafos anteriores queriendo indicar que son los pensamientos que solemos tener pensando en una responsabilidad externa a nosotros mismos. Es el otro el que con su comportamiento está poniendo “patas arriba” nuestra propia vida y nada más lejos de la realidad. Cada uno es el único responsable de su vida y ha de pagar el precio por lo actos que viva y decida; y es muy normal que suceda que ante un acontecimiento imponemos el pasado sobre el presente, lo cual quiere decir que si una situación posee alguna característica o rasgo que se asemeje de alguna forma a un suceso del pasado cargado emocionalmente (esto es, que suscitó en nosotros gran emoción), la mente emocional, ante cualquier detalle que considere semejante, activa en el presente los sentimientos que acompañaron al suceso en el pasado, teniendo por añadidura que las reacciones emocionales son tan difusas, que no percibimos el hecho objetivo por el que estamos reaccionando, de una determinada forma, ante una situación que probablemente no comparta más que algunos rasgos, con aquella que desencadenó esa misma reacción en el pasado. Somos así de complejos y seguramente lo que más hace nuestra mente en el terreno de las emociones es hacer que el tiempo no exista para ella y no le importe cómo son las cosas, sino como se perciben y lo que nos recuerdan.
Tal vez no sería necesario pasar por largas sesiones de terapia si fuéramos capaces de aplicar aquello que escribió Lloyd Alexander y puso en boca de uno de sus personajes de Crónicas de Prydain: “Una vez que tienes el valor de mirar al mal cara a cara, de verlo por lo que realmente es y de darle su verdadero nombre, carece de poder sobre ti y puedes destruirlo"
En cambio, precisamente pasamos por no saber qué está pasando y no logramos convertir en palabras lo que sentimos (verbalizar), no siendo conscientes de que si logramos esto damos un gran paso hacia el control de nuestros sentimientos, que se harán más conscientes y racionales con una actitud crítica hacia el origen de la preocupación. Es duro y requiere energía, pero no hay un buen trabajo que no lleve anexo una gran cantidad de valor, voluntad, inteligencia, deseo y amor, mucho amor.
Para finalizar este artículo, quiero dejaros con unas pautas-reflexiones con el objetivo de allanar un poco el camino para indicar una base que oriente sobre unos puntos a tener en cuenta. No siempre es fácil y he de decir que yo mismo, en ocasiones, necesito constantemente recurrir a esto para desenmarañar la cabeza-mente y convertirla en mi aliada y no en mi enemiga.

1.- Que la reflexión no termine en lamento.
2.- No sólo hay cosas negativas que comentar, también hagamos por resaltar las cosas buenas que nos pueden hacer seguir y centrarse en lo constructivo.
3.- Evitar pensamientos que nos victimicen.
4.- Desahogo con quien nos pueda ayudar. A veces los que creemos amigos son los que menos nos ayudan porque nos hacen afianzarnos en nuestras posturas, ya que no se atreven a decirnos lo que realmente deberían.
5.- Esforzarse en ver lo positivo de cualquier situación.
6.-Descansar.
7.-Pensar en los demás, pero yo sigo siendo la persona importante para mí.
8.-Descargar el enfado casi nunca es positivo. En los momentos de enfado se piensan, se dicen y se hacen cosas de las que nos habremos arrepentido al poco tiempo, pero producen heridas que son difíciles de curar.
Hay que aprender a buscar una salida a los enfados que no perjudique a los demás.

"El descubrimiento de la libertad interior es importante para la maduración de la persona que en sus primeras edades puede identificar obligación con coacción y el deber con la pérdida de la libertad. Pero al ir madurando se aprende que hay actuaciones que llevan a un desarrollo más pleno y otras que te alejan de él porque no es raro sentir que lo que apetece no siempre conviene ya que una libertad sin sentido es una libertad vacía.”(Prof. Alcázar Cano)



Juan José López Nicolás

lunes, 25 de enero de 2010

PROPÓSITOS

Este artículo nos lo ha enviado, a modo de reflexión, sobre el cambio y cómo cambiar, una lectora de nuestra página: Mª Carmen González Rivas, Psicóloga de Badajoz. Sabéis que somos muy dados a compartir con vosotros estos escritos para que la labor de reflexión y el trabajo lo hagáis vosotros, que es lo interesante.


Cada año que pasa en nuestras vidas, como decía la canción de Mecano, nos ponemos de acuerdo para celebrar que un año acaba y otro empieza. Cuando estaba a punto de comenzar el 2010 lancé mis deseos al aire, pensando que estos tienen que convertirse en propósitos, es decir, que yo ponga de mi parte para que se puedan conseguir. Y no me refiero a esos tradicionalistas: perder peso, dejar de fumar, etc. Sino a aquellos que nos implican un cambio para nuestra vida.


Es tal el valor de la vida, que ya va siendo hora de despertar la esperanza, de alimentar nuestros corazones con savia nueva, porque si algo es nuevo es porque no se ha estrenado, no ha comenzado. Quizás sea este momento para estrenar, para cambiar, para abrir puertas, para saber que se puede si dejamos atrás nuestros miedos, nuestras preocupaciones y fomentamos nuestra autoconfianza. Más allá de las circunstancias que nos rodean aprendamos a liberarnos de nuestras eternas quejas, de echarle la culpa al vecino de lo mal que va este mundo nuestro o de lo que nos sucede. Incurrimos en esto último cuando nos dejamos llevar por la inercia y la rutina.


Así les comento que en unos de sus viajes a España, el psiquiatra español Luis Rojas Marcos comenta la siguiente anécdota: sentado al lado de una señora en el avión, esta le comento que a dónde viajaba; el psiquiatra le respondió que a España, esta le dijo que España estaba fatal, que había mucho terrorismo, mucho maltratador, etc. A lo que el psiquiatra le replico: ¿señora conoce a algún terrorista o maltratador? ¿Alguien de su entorno lo es?... y así la señora tomó conciencia de que solo estaba hablando por hablar pues no conocía a nadie con estas características.
Es cierto que lo negativo se cuela en nuestras vidas de la manera más sutil que a modo de voz interna nos intenta convencer que somos insignificantes para poder cambiar las cosas. Pero ¿por qué no empezar por nosotros?


Quizá sea también la hora de mirarnos con una mayor benevolencia, de marcarnos nuestros pequeños objetivos. De mirar lo que quiero cambiar de mi mismo, lo que quiero dejar y conservar y lo que tengo que aprender a aceptar y así pensar ¿Qué puedo hacer para mejorar? Desde luego lo importante es no amontonarse, y al menos detenerme en un principio en algo que me cueste un poquito menos, dedicar un ratito a saber cómo llevarlo a cabo para que no permanezca en nuestra cabeza a modo de preocupación tal que de esa manera en vez de ayudarnos nos produzca el efecto contrario. Y por supuesto lo fundamental marcarse un plazo para llevarlo a la práctica.


Si es cierto que año nuevo es vida nueva, vamos a vivirla como un autentico regalo que quizá esos Magos de Oriente dejaron en nuestras casas confiando en que nosotros nos alegraríamos al recibirla, porque “No importa que no esperemos nada de la vida, sino que la vida espere algo de nosotros”. Mucho ánimo, pues tenemos un año con mucho trabajo por delante. ¡Feliz 2010!


viernes, 16 de octubre de 2009

PASOS PARA EL CAMBIO

Sigo pensando que el CAMBIO es el único modo de poder llevar a cabo la estructura de nuestra vida y que para ello tenemos que ser conscientes de su necesidad. Nada acontece sin que haya cambios y cuando un problema se presenta, aquí y ahora, hemos de actuar con la necesaria celeridad, inteligencia y sentido de la supervivencia para adoptar y adaptar las soluciones más positivas al hecho que acontece.
Os dejo a continuación con un árticulo, gentileza de Fabiana Porracin, Psicóloga y Antropóloga argentina. Analizadlo y estudiadlo con la suficiente exactitud para aprehender los más sutiles mensajes del hecho del cambio y los problemas que se nos presentan.

Muchas veces se escucha en el consultorio comentarios como estos:. “…no sé si voy a poder cambiar...” o “cómo voy a hacer para cambiar...” Por ellos es que surgió la necesidad de escribir este artículo, que de una manera sencilla y coloquial explica algunos de los pasos, de los momentos que se enfrentan en el proceso de cambiar:
· El cambio da miedo, por la incertidumbre que produce lo desconocido. Lo conocido da seguridades: lo seguro de lo conocido, que no es poco. Este miedo no es patrimonio individual, dichos populares expresan: “más vale malo por conocido que bueno por conocer”, “más vale pájaro en mano que cien volando”. Pero quedarse con lo conocido hace perder mucho. Hipoteca la vida, si no es más bien una muerte en vida. Arriesgarse a cambiar, a transitar hacia lo desconocido implica costos: “el que quiere celeste que le cueste.”
· El proceso del cambio es similar a aprender a andar en bicicleta: antes de empezar uno tiene dudas, no sabe que va a poder hacerlo, ni cómo lo va a lograr. Se enfrenta al desafío de lograrlo, se equivoca, sea cae, y, sin saber cómo, aprende para siempre a andar...
· Se comienza el proceso terapéutico con aspectos similares a los de una moneda, que presenta dos caras: hay un aspecto que quiere cambiar y otro que no, por supuesto que es éste último el que genera los “boicots” al cambio.
· En el consultorio se observa reiteradamente cómo la maleta de viaje de expectativas, esperas, deseos, necesidades de los padres abren prospectivamente caminos de vida invisibles. Cuando esas expectativas, esperas, deseos, necesidades paternas no son constructivas propulsan a caminos de vida coartados, oscuros, cerrados, detenidos en el único movimiento de más de lo mismo. Revisar esas expectativas, esperas, deseos, necesidades paternas permite reconocer ciertos por qué del aquí y ahora, para modificar y enfrentarse a las reales expectativas, esperas, deseos, necesidades propias.

· Suele producirse primero el reconocimiento intelectual de aquello que se desea modificar. Luego dicha intelectualización o racionalización empieza a “vivenciarse internamente” como necesidad afectiva de cambiar eso que se pensó, comienza a hacerse más visceralmente profunda, emocionalmente propia, para luego pasar a la transformación conductual. Posteriormente en hechos concretos surge, se actúa, se concreta lo que originariamente se racionalizó.

· En todo proceso de cambio hay altibajos, similares al ascenso a una montaña: para seguir, se baja, pero nunca tanto como al inicio. La diferencia es que nunca se llega a una cima, a un final, se trata de un continuo andar...

· Es natural volver a “repetirse a uno mismo”, encontrarse haciendo de nuevo lo mismo ante situaciones nuevas, se saca del “arcón” propio las formas por las que se aprendió a hacer las cosas, a enfrentarlas, a resolverlas. Para ello es necesario conocer estas características para rectificar. Y avanzar así en el encuentro del propio actuar, consonante con el deseo de uno, no con el deseo de otro.

· Uno nace, se hace, y se modifica. Uno nace con determinadas características personales, otras se van haciendo, adquiriendo y modelando a lo largo del proceso de crecimiento. Algunas características se modelan de acuerdo a deseos, esperas, expectativas, necesidades, mandatos de personas significativas, que determinan con su impronta. Estos pueden entrar en conflicto con las características más propias cuando hay mucha discrepancia entre lo de uno y lo de ese otro. Este proceso puede ser muy complejo. En las familias altamente patológicas se produce un desdibujamiento nocivo -cuantitativa y cualitativamente- de ese que verdaderamente se es. El proceso del cambio conlleva el conocimiento y reconocimiento de cuáles son las verdaderas características propias, y cuáles son las que se terminó aceptando, imitando, asimilando, incorporando identificatoriamente. El encuentro con el sí mismo se da en el interjuego de ambos descubrimientos, hasta llegar a niveles de mayor coherencia intelectual-afectivo-conductual con lo que uno es, con quien uno es.

· Cambiar implica necesariamente reconocer “lugares”, roles, formas de ser querido, formas de reaccionar, estilos de resolver problemas, de satisfacer deseos propios que se ha ido ocupando, resultado en parte de la vulnerabilidad del niño a necesariamente tener que tomar lo que “ofrecen” sus mayores. Es necesario conocer esas formas, lugares, roles que uno ocupó y que se repiten, para poder transformar.

· Es recurrentemente observable en la práctica clínica que la cara de la moneda del no cambio es tributaria de identificaciones con modelos de hacer, de vivir paternos. Esta cara de la moneda -con el modelado particular que le imprime cada uno- tiene también el sello de lo que se repite familiarmente, incluso en varias generaciones, de la cultura e idiosincrasia familiar, de estilos de vida y modos de hacer, de formas de reaccionar y afrontar, de capacidades de lucha y actitudes para la defensa propia, de formas de propiciar el autocuidado y cuidado del otro, y mucho más... Y ahí se está, en las puertas de elegir o no el estilo de vida personal.

· Cambiar implica riegos: los de enfrentarse con las cosas desconocidas, incluso oscuras de uno: ambiguas, inciertas, ambivalentes, contradictorias, complejas. Y los del cambio que uno empieza a generar alrededor. En ese proceso se pueden perder, se suelen perder relaciones. Pero se abren las puertas hacia otras...

· El cambio produce cierto efecto dominó. Se van cambiando ciertas características y se producen modificaciones internas nuevas, y alrededor.

· Se produce de repente como en saltos. Se anda, se anda, se anda, pareciendo a veces que no se anduviera. Hasta que, sin que uno lo sepa -como en la bicicleta- transformó muchas cosas...

· Se pueden producir “latencias”, como las del “desensillar hasta que aclare”, es que “caminante, no hay camino, se hace camino al andar”, y el andar tiene sus ritmos y procesos internos.

· El terapeuta -en este proceso- es como un remero que te ayuda a que lleves tu barco a tu propia orilla, cuando hay momentos en los que no sabes cómo hacer. Es como una llave que buscaste para que actives internamente, para que te abras y abras las puertas de lo que eres, de quien eres y de lo que quieres ser y hacer.
· Porque a veces no se sabe cómo hacerlo, ni se puede hacer...


Lic. Fabiana Porracin
Psicóloga (UBA) – Antropóloga (UBA)

miércoles, 19 de agosto de 2009

REFLEXION SOBRE LAS CARICIAS POSITIVAS

"Un pescador dominguero estaba mirando por la borda de su barca, y vio una serpiente que llevaba una rana entre los dientes. Al pescador le dio pena la rana y alargó la mano, libró a la rana de las mandíbulas de la serpiente sin hacerle daño a ésta, y dejó a la rana en libertad. Pero entonces le dio lástima la serpiente, que también tendría hambre, y como no llevaba nada de comer, sacó una botella de aguardiente y derramó unas gotas en la boca de la serpiente. Ésta se largó muy satisfecha, la rana también estaba contenta y el hombre quedó muy satisfecho de sus buenas acciones. Pero al rato, cuando más tranquilo estaba, oyó golpes en el costado de su barca y se asomó otra vez a mirar, y cuál no sería su asombro al ver que era la misma serpiente... con dos ranas entre los dientes."

miércoles, 15 de abril de 2009

MEJORES ACTITUDES PARA UN MEJOR DESARROLLO

Todos, en algún momento de nuestra vida, tenemos la necesidad de trabajar en nuestro desarrollo, y por lo general deseamos resultados inmediatos cuando en realidad se requiere esfuerzo y compromiso personal de largo plazo antes de cosechar beneficios.

Esta diferencia entre nuestras expectativas y lo que realmente logramos, despierta en nosotros una serie de respuestas-actitudes que van desde la indiferencia, hasta la frustración. Por ello, resulta evidente que las actitudes elegidas ante nuestro propio desarrollo pueden alentar o inhibir su avance. De ahí la importancia de desarrollar conciencia para detectarlas y encauzarlas.

Las actitudes reflejan cómo se siente uno acerca de algo: son enunciados o juicios de evaluación respecto de personas, eventos u objetos determinados. Por ello, cuando Pedro dice “José tiene algo que me desagrada”, está evidenciando una actitud. Veamos por separado sus componentes:
Cognoscitivo: Segmento de opinión o de creencia detrás de una actitud. Pedro cree que la crítica a otras personas es válida cuando está bien argumentada. Afectivo: Segmento emocional o sentimental de la actitud. Pedro siente que José no le cae bien porque discrimina a cierto tipo de personas. Comportamental: Intención de comportarse de cierta manera hacia alguien o hacia algo. Pedro evita a José debido a lo que expresa de sus compañeros.
¿Podemos cambiar actitudes desfavorables? ¡A veces! Depende de quiénes somos, la fuerza de nuestra actitud, la magnitud del cambio requerido y la técnica que seleccionemos para tratar de cambiar la actitud.
Las personas responden más a los esfuerzos de cambio impulsados por alguien que les simpatiza, que tiene credibilidad y convence. Además, una actitud de cambio exitosa se magnifica cuando en torno a ella presentamos argumentos en forma clara y persuasiva. Las actitudes que se expresan en público son más difíciles de cambiar, ya que se requiere que la persona admita que ha cometido un error, lo cual en ocasiones va contra su autoimagen. Por otro lado, es más fácil modificar actitudes cuando el cambio que demandan no es muy significativo. Por ejemplo: Es más fácil hacernos puntuales en nuestras citas de trabajo, que organizarnos en todas las esferas y asuntos de nuestra vida. Es más probable que la gente acepte el cambio cuando puede experimentarlo. Establecer sesiones de entrenamiento donde la gente pueda personalizar y compartir experiencias, al mismo tiempo que se practican nuevos comportamientos, puede ser un poderoso estimulante del cambio.
Los cambios en los comportamientos pueden llevar a cambios en las actitudes y viceversa.

Inteligencia Emocional: Motor que impulsa actitudes para nuestro desarrollo.

En los últimos años, afortunadamente, han surgido modelos y enfoques prácticos para identificar, ajustar y mejorar actitudes que limitan el desarrollo personal, interpersonal y grupal. Uno de las que podemos emplear para este fin es el modelo de Inteligencia Emocional de Daniel Goleman. Goleman define inteligencia emocional como: la capacidad de motivarse y persistir frente a las decepciones; controlar el impulso y demorar la gratificación; regular el humor y evitar que los trastornos disminuyan la capacidad de pensar; mostrar empatía y abrigar esperanzas. Por otro lado, nos invita a evitar cualquiera de las cuatro actitudes paralizadoras: culpa, preocupación, temor al fracaso, y enojo, ya que pueden detener o limitar nuestro proyecto de desarrollo. Las personas de cociente emocional alto se comprometen con sus causas. Además, no se dejan llevar por el medio ambiente, ni hacen depender su motivación de la que proviene de otras personas. Autogeneran su propia energía con actitudes positivas y buenos hábitos de vida y psicológicos.
En conclusión, el desarrollo personal es un proyecto de vida y vital. Conlleva la aplicación de nuestra energía mental concentrada, la autogestión en términos de crear y desarrollar actitudes positivas y constructivas hacia nosotros mismos, el diseño de patrones de interacción adecuados para nuestra superación en tiempo, forma y calidad, así como la activación de la motivación apropiada.

(Autor: Patricio Pimentel, profesor de IDESAA desde 1995 y consultor en el área de aprendizaje organizacional, procesos humano-sociales, calidad y competitividad. El artículo apareció publicado en el boletín No. 60 de Forma en diciembre de 2003.
Derechos reservados IDESAA. Se autoriza la reproducción de este artículo, mencionando la fuente y su autor.)

viernes, 27 de marzo de 2009

CÓMO NACE UN PARADIGMA

Me han enviado un powerpoint muy interesante para reflexionar sobre el cómo y el por qué seguimos muchas veces las pautas de un comportamiento o actitud sin un análisis crítico de la situación. Sé que las costumbres hacen leyes, pero sería interesante y hasta apropiado que si hay situaciones que no soportamos y nos inquietan, nos preguntáramos y analizáramos las consecuencias de ese comportamiento que se perpetúa en el tiempo y que no está haciendo ningún bien.

No estamos precisamente en una época en la que nos dediquemos mucho a pensar sobre nosotros mismos y a ser críticos con nuestras actitudes basadas en la costumbre, en nuestras creencias dadas a lo largo del tiempo, sin haber analizado por lo menos los frutos deseables o indeseables que esos hechos de nuestra conducta nos acarrean. Hemos aceptado todo como esquemas formales y como guía perfecta de la conducta a seguir sin plantearnos la posibilidad de cambiar lo que no nos lleva a mantener el equilibrio que cada uno necesitamos.

Reflexionemos pues con este powerpoint que creo muy gráfico.

Cómo nace un "paradigma"

miércoles, 11 de marzo de 2009

LA ACTITUD DEL ENFADO PERMANENTE

En diversos artículos de este blog, hemos mencionado la serie de mensajes inadecuados que nosotros, los padres, damos a nuestros hijos de forma inconsciente, provocando la desorientación en ellos. Pero nunca referenciamos el hecho de que nuestro propio “enfado” puede ser un arma de doble filo para conseguir o no nuestros objetivos en las relaciones tanto con nuestros hijos como con nuestra pareja.

En los últimos casos de Orientación Familiar que han acudido a nosotros, hemos observado que la relación familiar estaba sumida constantemente en un estado de “enfado crónico” que por sí mismo llevaba a todo el sistema familiar a un estado de nerviosismo que desembocaba en un tipo de transacción claramente disfuncional.

Os expongo a continuación una reflexión a través de un artículo que nos ofrece, como siempre, con muchísimo acierto, en la sección de Orientación Familiar, el Instituto de Formación y Recursos en Red para el Profesorado (ISFTIC)

“Suele ocurrir que los padres que recurren con frecuencia al enfado hacen propósitos para no llegar a él y aguantan una situación problemática pero no logran su objetivo y terminan por caer en lo más fácil y casi lo único que saben hacer que es aplicar la fuerza, gritar, las malas maneras, etc. Esto supone una frustración más porque han caído como siempre en la misma situación y les crea malestar interno. Todo esto porque ven que si no recurren al enfado los demás no la toman en serio, los hijos no le obedecen y es una forma de autoafirmarse, adquirir autoridad ante los demás.

En lugar de distanciarse o afrontar las cuestiones y los conflictos en su etapa inicial y aguantar a que el hijo sepa reaccionar y así evitar la reprimenda, recurren a enfadarse para exigir una respuesta. El resultado es el constante enfado.

Lo peor viene cuando deben incrementar constantemente el nivel de enfado para seguir obteniendo autoridad y los resultados deseados. Esto es un peligro porque en algún momento está el límite y por otro lado también es difícil discernir en qué medida hay que enfadarse ante un problema presentado por un hijo.

Lo que ocurre es que el enfado en sí no es malo, al contrario, los hijos deben aprender a reaccionar ante un enfado y asumir el malestar que causa en el otro una situación problemática generada por ellos. En algunas ocasiones, el enfado es la única respuesta razonable ante determinadas situaciones como por ejemplo poner en peligro la integridad física de un hermano; cuando se es desconsiderado con los sentimientos de los demás; o cuando el hijo se niega a atenerse a las decisiones de la familia respecto a cuestiones importantes.

En su día se llegó a decir que era negativo enfadarse y podía herir la sensibilidad del menor. Esta idea provocó que hoy día haya muchos padres teman mostrar enfado. Esta actitud se da en situaciones en que el padre o madre está muy nervioso, “explotaría” de buena gana y no lo hace y ofrecen como respuesta al niño una sonrisa que en muchas ocasiones resulta irónica o burlona con lo que confunde aún más al niño y puede que el resultado obtenido sea más negativo todavía. Si por el contrario los padres no consiguen controlar sus instintos y llegan a mostrar su ira el “terremoto” que se produce es nefasto.

En las situaciones descritas anteriormente, el hijo va controlando su comportamiento y mide o pone a prueba el nivel de tolerancia de los padres. Los padres sensatos se reservan el enfado para cuestiones y comportamientos que realmente lo merecen.
Como en toda reacción humana, si se abusa del enfado llega a perder efectividad. Es como esa alabanza constante que hacemos hacia el hijo cuando realmente no se la merece..., en realidad, no se consigue el efecto esperado de aliviar y reforzar al niño. Con el enfado ocurre algo parecido. El enfado habitual se convierte en rutinario y deja de ser eficaz para conseguir propósitos.

Cuando los padres caen en el enfado habitual y quieren cambiar deben empezar por preguntarse en cada situación vivida si merece la pena que se enfaden. Hubo una vez alguien que nos dijo que para controlar los comportamientos irascibles de los padres es mejor contar hasta 10 antes de responder ante una situación problemática generada por un hijo. Así que ya saben, podría ser una buena forma de comenzar.
El enfado consume una gran cantidad de energía que es mejor utilizar para establecer comportamientos aceptables y evitar los conflictos y así se evita la situación de enfado.
Y es que el enfado se puede predecir. Ocurre frecuentemente que los padres sometidos a una situación en que tienen que estar largos ratos con los hijos, satisfaciendo sus necesidades, cediendo ante sus peticiones, aguantando (mirando hacia otro lado) sus discusiones... llegan a acumular resentimiento en su interior hasta que por algo trivial, sin importancia, que supone la gota que rebosa el vaso y reaccionan de forma enérgica y por tanto negativa. Y realmente lo que colma el vaso puede ser cualquier respuesta, acto, actitud del niño que no requiere un enfado tan contundente por parte de los padres. La reacción resulta desproporcionada.

Para evitar situaciones como las descritas en el párrafo anterior es necesario que los padres se planteen desde el principio expresar sus sentimientos en cuanto empiezan a observar que las cosas no salen como ellos esperan. De esta forma están evitando llenar innecesariamente el vaso de frustraciones y por tanto previenen la explosión desproporcionada en la que, por norma general, se pierden los papeles y no se sabe lo que se dice. Ni que decir tiene que el malestar posterior que se genera en el adulto le llena de congoja y remordimiento que se transmite sin querer a todos los miembros de la familia.

Hay que tener cuidado con los mensajes que transmitimos a los niños en un estado de cólera y enfado grave. Estos malos tratos verbales llegar a crear sentimientos duraderos y profundamente enraizados de inseguridad y falta de confianza en uno mismo, e incluso de odio contra uno mismo y autodesprecio por pensar que son ellos mismos los culpables de haber generado la situación que ha llevado al enfado irascible del adulto. Los padres deben plantear los límites a sus enfados. Esto es posible. Ya hemos afirmado que es adecuado que un padre muestre su enfado pero hay una serie de reglas que hay que conocer y cumplir.

En primer lugar hay que saber que atacar al niño en lugar de al comportamiento es destructivo.

En casa se le ha repetido hasta la saciedad a Eva que coloque su habitación. La niña, un día más ha hecho caso omiso a la norma y la madre cansada de tanta despreocupación y desobediencia se ensaña con la niña: “eres insoportable, estoy cansada de repetirte las cosas”, “te estás malcriando porque eres una consentida”, “no vas a conseguir nada con esta actitud de desprecio a los demás”...

La consecuencia es que la niña termina llorando, dolida, la casa se llena de silencio tenso y Eva no comprende esa reacción tan desproporcionada por parte de su madre cuando encima otros días ha hecho lo mismo y la madre no le ha hablado de esa manera para terminar como en otras ocasiones que además la madre coloca la habitación lo que le supone un gasto de energía innecesario.
Realmente, la madre ha utilizado su enfado de una manera inadecuada porque ha atacado a Eva en lugar de a su comportamiento. Por eso una respuesta más eficaz y adecuada hubiera sido centrarse en la conducta y actitud en lugar de atacar a la niña: “hoy no quedas con tus amigas”, “esta situación no debe repetirse”, “puede que mañana consigas cumplir la norma”

Otra regla a tener en cuenta y que surte efecto es limitar la cantidad de tiempo utilizado para tratar un comportamiento específico.

Todas aquellas regañinas que duren más de un minuto pierden efectividad y son contraproducentes, porque los niños desconectan a partir de ese tiempo y empiezan a acumular resentimiento. Para colmo los padres no terminan con la regañina sino que siguen refunfuñando en voz alta con lo que la transmisión de malestar y enfado perdura en el tiempo casi de forma inmemorial.

En ocasiones, hemos podido escuchar a un niño comentar que no le hacía caso, por ejemplo, a su madre porque siempre estaba enfadada, y sin embargo su padre se enfada muy pocas veces por lo que cuando lo hace hay que tener mucho cuidado y además lo hace de una forma controlada, sin alzar la voz.
Por otro lado ya sabemos que los niños aprenden fundamentalmente por imitación de lo que ven en los que le rodean, los adultos, sus padres. Quiero decir que debemos tener en cuenta que el enfado de los padres genera enfado en los niños. Y si conocemos el principio de que a un enfado se reacciona con otro enfado, es preciso limitar el mismo a las cuestiones que realmente lo merecen.

Muchas investigaciones han llegado a la conclusión de que el carácter agresivo y violento que aparece en los niños y adolescentes se debe a diversas causas conocidas -la mayoría de ellas relacionadas con la familia- como son, entre otras:
Exposición a la violencia en el hogar.
Factores genéticos (hereditarios de la familia)
Exposición a la violencia en los medios de comunicación (televisión, internet, etc.)
Combinación de factores de estrés socioeconómicos de la familia (pobreza, carencia de medios, etc.)
Separación matrimonial, divorcio, desempleo, falta de apoyo por parte de la familia, etc.
De entre las causas citadas encontramos una que destaca y que tiene estrecha relación con lo que venimos describiendo en este artículo y es la exposición a la violencia en el hogar que se manifiesta a través de esas inadecuadas maneras en la familia que denunciamos desde aquí.
Por esta razón debemos defender la siguiente conclusión: no se debe reaccionar de forma enérgica ante problemas de escasa importancia. Si esta máxima no la cumplimos corremos el riesgo (según lo que venimos comentando) de que los hijos terminen siendo agresivos habitualmente en la familia y expresen esa actitud y manera de ser con sus amigos y en definitiva fuera del hogar. Esta situación evidentemente recaería sobre nuestra responsabilidad y conciencia y nos pesaría si realmente somos padres responsables.

Por último hay que decir que en este tipo de familias el enfado se convierte en la forma habitual de comunicarse. Cualquier mensaje por trivial que sea se transmite con malas maneras y no son conscientes de que existen otras formas alternativas de comunicación que seguro potencian el bienestar y las buenas relaciones. Y llama la atención en estas familias que sean educados con personas fuera del núcleo familiar y sin embargo no son capaces de comprender que también tienen una obligación con los suyos. No olvidemos que vivir en una situación constante de enfado genera mucho desgaste emocional.”

jueves, 19 de febrero de 2009

NECESIDADES BÁSICAS DE LA PERSONA ( La Pirámide de Maslow)

Se me ha consultado en múltiples ocasiones sobre qué hacer a la hora de decidir en qué área trabajar a nivel terapéutico para intentar ser felices en la vida. Mi contestación suele ser que si no tenemos cubiertas nuestras necesidades básicas es imposible pasar a otras parcelas en las cuales nos motive el insistir elaborar los procesos para cambiar nuestro pensamiento y decidir ser felices con lo que tenemos, luchando por lo que queremos conservar para obtener nuestro equilibrio particular.

Esta respuesta parece a priori un poco enrevesada, pero la voy a aclarar ofreciendo la información que ya escribió A. Maslow y que está basada en la motivación humana.

LA PIRÁMIDE DE MASLOW
El psicólogo Abraham Maslow (EUA. 1908-1970), desarrolló dentro de su Teoría de la Motivación (1943), una jerarquía de las necesidades que el ser humano busca satisfacer. Estas necesidades se representan en forma de La Pirámide de Maslow :


La interpretación de la pirámide nos proporciona la clave de su teoría: Un ser humano tiende a satisfacer sus necesidades primarias (más bajas en la pirámide), antes de buscar las de más alto nivel.
Por ejemplo, una persona no busca tener satisfechas de seguridad (por ejemplo, evitar los peligros del ambiente) si no tiene cubiertas sus necesidades fisiológicas, como comida, bebida, aire, etc.
Los escalones de la pirámide (extraído de wikipedia) son:

Necesidades fisiológicas
Las necesidades fisiológicas son satisfechas mediante comida, bebidas, sueño, refugio, aire fresco, una temperatura apropiada, etc... Si todas las necesidades humanas dejan de ser satisfechas entonces las necesidades fisiológicas se convierten en la prioridad más alta. Si se le ofrecen a un humano soluciónes para dos necesidades como la necesidad de amor y el hambre, es más probable que el humano escoja primero la segunda necesidad, (la de hambre). Como resultado todos los otros deseos y capacidades pasan a un plano secundario.

Necesidades de seguridad
Cuando las necesidades fisiológicas son satisfechas entonces el ser humano se vuelve hacia las necesidades de seguridad. La seguridad se convierte en el objetivo de principal prioridad sobre otros. Una sociedad tiende a proporcionar esta seguridad a sus miembros. Ejemplos recientes de esa pérdida de seguridad incluyen Somalia y Afganistán. A veces, la necesidad de seguridad sobrepasa a la necesidad de satisfacción fácil de las necesidades fisiológicas, como pasó por ejemplo en los residentes de Kosovo, que eligieron dejar un área insegura para buscar un área segura, contando con el riesgo de tener mayores dificultades para obtener comida. En caso de peligro agudo la seguridad pasa delante de las necesidades fisiológicas.

Necesidades de amor, Necesidades sociales
Debemos resaltar en este apartado que no se puede hacer equivalente el sexo con el amor. Aunque el amor puede expresarse a menudo sexualmente, la sexualidad puede en momentos ser considerada sólo en su base fisiológica.

Necesidades de estima, Necesidad de Ego
Esto se refiere a la valoración de uno mismo otorgada por otras personas.
Necesidades del ser, Necesidades de Autoestima
Es la necesidad instintiva de un ser humano de hacer lo máximo que pueden dar de sí sus habilidades únicas. Maslow lo describe de esta forma: "Un músico deba hacer música, un pintor, pintar, un poeta, escribir, si quiere estar en paz consigo mismo. Un hombre, (o mujer) debe ser lo que puede llegar a ser. Mientras las anteriores necesidades pueden ser completamente satisfechas, ésta necesidad es una fuerza impelente continua.

Motivación
Maslow nos ofrece varias claves en el ámbito de la motivación. Si queremos motivar a las personas que tenemos a nuestro alrededor debemos buscar que necesidades tienen satisfechas e intentar facilitar la consecución del escalón inmediatamente superior.

(Consultas en wikipedia y en www.gueb.org/motivacion/La-Piramide-de-Maslow

jueves, 5 de febrero de 2009

ESPACIOS PERSONALES EN LA PAREJA (comentario a una consulta)

La vida en pareja lleva consigo también la necesidad de espacios personales para cada uno de sus miembros. Esto significa que es conveniente y si me apuran, necesario, que cada uno tenga espacios de tiempo, de actividades, para desarrollarse como persona y aportar así elementos nuevos para poder enriquecer la relación. Pero a pesar de pensar muchos que lo antedicho es sano, no es raro ver cómo esta situación genera muchas veces temor de perder al otro cada vez que éste intenta buscar tiempos para sí mismo. Sólo cuando la pareja es capaz de establecer relaciones más profundas y significativas, de forma más sana, el miedo inicial desaparece.

Esto será así si los miembros de la pareja deciden trabajar cada uno por separado, por sí mismos, este aspecto que cohíbe la plena vivencia de la relación tal como generalmente se había planteado en el principio. Cada uno debería considerar trabajar para él mismo el nivel terapéutico de la carencia propia sin otorgar la necesidad de intentar que sea el otro el que “trabaje” para que la forma de concebir la pareja sea común y para que se haga lo que en consenso se decida y no para que “yo” siga haciendo lo que realmente quiero. Este aspecto es ese que tanto reconocemos del “cambia tú”.

Es fundamental que esto pueda darse en ambos integrantes de la pareja para que no surjan sentimientos de desigualdad e injusticia y abandono ante la posibilidad de contar con estos espacios personales.

Existen algunas parejas que establecen relaciones simbióticas (en las que ambos son como uno solo) que generalmente determinan un estilo de vida solitario, con pocas amistades, y en las que cada uno depende del otro. El riesgo de estas relaciones es la soledad de la pareja frente al mundo externo y la rigidez en este estilo de vivir hacia el interior de la familia y la pareja. Esto también puede ser vivido por algún miembro como una pérdida de su identidad personal, provocando sentimientos de rabia y frustración difíciles de enfrentar para ambos.

Es importante que la pareja entienda que cada uno va a poder aportar a la pareja, en la medida que cada uno pueda tener espacios y tiempos para realizar sus proyectos personales y desarrollarse como persona. Así la pareja podrá complementarse, aportando cada uno sus talentos y virtudes. En la medida que cada uno se sienta contento con su propio proceso de desarrollo podrá colaborar con su mirada optimista de la vida y aportarla a la relación. Esto es de ayuda en el clima afectivo al interior de la pareja. Si esto se suma a una buena comunicación afectiva y a la posibilidad de tener espacios para compartir, los sentimientos de abandono no estarán presentes. En cambio si la comunicación afectiva está poco fluida y existe distancia y poca disponibilidad de ambos para comunicarse, los espacios de cada uno serán vividos como una deslealtad y como un abandono por parte del otro.

Seremos libres y felices en la medida en que seamos capaces de ser auténticos y esto también implica límites y espacio para el compromiso real. La Psicóloga Pilar Sordo enfatiza: “Lo importante es que las libertades no se transformen en el desarrollo de los egoísmos."

Tal vez sea necesario recordar que Amar es otra cosa muy distinta a lo que muchos creen. ¡Si nos diéramos cuenta de las cosas disparatadas que se hacen en nombre del amor!

lunes, 19 de enero de 2009

CONDUCTAS Y ACTITUDES

Un buen amigo, el Profesor F. Román, me ha enviado una presentación breve que nos sirve de reflexión sobre la necesidad de tener una serie de actitudes distintas a las que realmente tenemos ante las diversas situaciones que nos depara la vida. Como siempre, quiero compartir con todos vosotros esta reflexión porque estoy seguro que a alguien ayudará en algún momento. Es digno de observar cómo nuestro propio cerebro va a reaccionar de una manera o de otra según el pensamiento que estemos dispuestos a trabajar.

CONDUCTAS Y ACTITUDES