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martes, 22 de marzo de 2011

AMOR Y EXPECTATIVAS

Más que de amor en sí mismo, de lo que se trata es de reflexionar más bien sobre las expectativas que el individuo deposita sobre su pareja a la hora de querer ser feliz, de querer descansar sin problemas en un espacio ajeno al "campo de batalla" cotidiano que cada uno mantenemos con la vida.

No tenemos que pedir a otro ser humano lo que tenemos que trabajar en nosotros. EI amor no es compulsivo, es equilibrado. No tiene desesperación, no es impulsivo, y sólo una persona que esté dispuesta y bien entrenada en amarse y aceptarse plenamente puede experimentarlo. La capacidad de amar a otra persona surge de un corazón lleno, no de uno vacío. Esto crea un terrible dilema para tantas mujeres con una niñez melancólica y un corazón vacío, solitario y anhelante. Han pasado su vida adulta buscando con fervor a la persona que pudiera borrar ese dolor. Al ver que esa búsqueda, en lugar de traer alivio, provocó más dolor, (¿dónde está "él"?, pregunta), porque "él" es la respuesta, la esperanza, la necesidad.

Mediante la intensidad y el ardor de esa búsqueda, convierten la relación en una verdadera religión y colocan a sus pies las más grandes cargas.

Lo que piden a una relación es que proporcione un sentido de identidad y propósito, que elimine la sensación de aislamiento y mitigue el miedo al abandono. Existe la expectativa que si están con la persona "adecuada" se sentirán a salvo en un mundo peligroso y estarán protegidas de la amenaza de pérdida, separación y muerte.
Esperan que la relación perfecta las convierta en mejores personas y las cure de defectos y fallas humanas, insatisfacción, envidia, orgullo y desesperación y que las haga más tolerantes con los defectos y las fallas de los demás.

En resumen, piensan que una relación debe hacerlas perfectamente felices. EI hombre con quien están se convierte en el Poder Superior, en la fuente de curación para todo dolor, en respuestas para las preguntas y en todo lo que les falta y no tienen bien desarrollado. ¡Qué expectativas peligrosas!

Una relación con otro ser humano, ya sea progenitor, pareja o hijo, nunca tuvo el propósito de brindarnos todo eso. Una relación puede proporcionar compañerismo, cierto grado de comprensión y la oportunidad de aprender más acerca de quiénes somos. Una buena relación de pareja incluye ternura, afecto y sexualidad. Pero no está en ella proporcionar el resto. La lucha con la angustia y el miedo al futuro, las necesidades de identidad y seguridad, el ansia de hallar un significado y un propósito en nuestra vida, la necesidad de conformarnos con la pérdida y la muerte sin rendirnos a la desesperación ni a la amargura, son cuestiones que pertenecen a la esfera de la búsqueda espiritual, a la esfera personal o individual, no a la esfera de la búsqueda de relaciones.

No tenemos por qué pedir a otro ser humano lo que necesitamos pedir a Dios. O lo que tenemos que trabajar en nosotros mismos sanando el vacío y el dolor existente. Mientras insistamos en hacerlo, no encontraremos lo que buscamos.


Lic. Teresa González- Psicóloga
Autora del libro: “Todos podemos cambiar”

jueves, 17 de marzo de 2011

MENTE Y CREENCIA...PENSAR, ACTUAR

Perder la capacidad de apreciar la belleza que hay en el mundo es muy dañino. Nuestro pensamiento puede crear un veneno en la mente que nos hace perder la perspectiva real y positiva de las cosas.
No nos enfadamos solo por lo que pasa sino por el significado que le damos y si ese significado desarrolla hábitos de agresividad, ira, victimización, rencor, etc., actuaremos de esa misma manera y como casi siempre, serán decisiones precipitadas las que tomemos.

En ocasiones se puede rectificar salvo que ese “veneno” que nos inoculó nuestra mente con distorsiones cognitivas, nos refuerce en nuestra actitud y nos haga no poder salir a la realidad que hay ahí fuera. Y nos paraliza para no tomar la decisión de iniciar el camino para el cambio que se precise. Y sin embargo, si pensamos desde nuestros “adentros”, somos los únicos responsables de lo que nos pasa, porque nosotros elegimos qué hacer y donde posicionarnos.
La persona a quien le falten habilidades de conducta para sobrellevar ciertas situaciones, como la comunicación o la capacidad de solucionar problemas, fácilmente usará la ira, la rabia, el descontrol, la ruptura, etc., para resolverlo. Es un sistema el que hay que está interconectado y los núcleos de estas interconexiones son el pensamiento, las emociones, las conductas y el entorno. Pero nuestro comportamiento modela el entorno en el que nos movemos ocasionando a veces que las personas que actúan de forma antagonista aparten a los que podrían darles apoyo.
Y en el fondo, el problema, el quid de la cuestión, no es otro que la circunstancia de no entender bien el mundo y la vida, y a veces la ira, el enfado, consumen nuestros recursos.

Como sigue diciendo R. Novaco, tras la ira hay alguien cuya perspectiva de vida es estrecha y exagera la importancia de los acontecimientos.
Se trata de estructurar nuestros pensamientos, para conservar nuestra salud mental, aunque si observamos estos datos que siguen, nos pueden dar bastante en qué pensar. Se pueden establecer unas características mínimas y básicas definitorias de los que están mentalmente sanos y según esto serían:
• Tener la posibilidad de desarrollar aptitudes y talentos satisfaciendo adecuadamente sus necesidades básicas.
• Tener la capacidad de ir aceptando las responsabilidades individuales y compartidas.
• Tener la capacidad de dar y recibir amor, en la amistad y la compañía, y por último
• Tener la autocrítica reflexiva sobre los propios comportamientos con capacidad para aceptarlos o para cambiarlos cuando sea necesario.

Por esto es importante interiorizar que "La mente es la casa de las creencias que promueven los pensamientos que conducen a las acciones que emprendemos. La mente es lo que desarrolla y dirige la estrategia. La mente provee una imagen e instruye al cuerpo en los movimientos necesarios para actuar. La mente es el observador que hace las decisiones acerca de la clase de autodiálogo que utilizamos cuando actuamos. La mente controla nuestra fisiología. La mente se hace cargo del control emocional. ¡La mente es la locomotora que conduce al tren!"

Seguramente a nadie se le ocurre que es uno mismo quien se hace sabotaje a sus propios pensamientos positivos.

Cuando emprendemos este camino de mejoramiento y desarrollo personal,si es que lo hemos decidido, el gran bloqueo está en nuestro paradigma, es decir, en el conjunto de creencias, hábitos, maneras habituales de pensar y actuar. Tu mente consciente está llena de pensamientos, y la subconsciente llena de creencias. Cuando tu mente consciente tiene que adoptar una actitud, una respuesta, una acción, consulta al subconsciente quien le da inmediatamente la respuesta, según cuáles sean las creencias alojadas en él. No todas las creencias que tiene nuestro subconsciente son limitantes. Muchas son potenciadoras, y son las responsables de lo que has logrado en tu vida. Pero de lo que se trata es de ir cambiando las creencias, los modos habituales de pensar y actuar que nos limitan y postergan nuestro desarrollo.



A la hora de comprender un comportamiento o de modificar cualquiera de ellos, es necesario tener en cuenta los tres vértices de este triángulo. Para experimentar sentimientos más positivos, "sentirnos mejor", es necesario pensar de forma adecuada a la realidad y liberarse de ideas irracionales que a uno le hacen daño.

bibliografia: - http://atraelaplenitud.wordpress.com
- datos de entrevista a Raymond Novaco

miércoles, 16 de marzo de 2011

LUCHA DE PODER EN LA PAREJA

Antes de ser una pareja, existen dos personas con diferentes mundos, los cuales representan la historia de sus familias de origen, las experiencias de lo que han vivido, de lo que han experimentado con otras personas, de cómo se han ido sintiendo a lo largo del proceso de su propia vida; se suman a estos factores las creencias, ideas, gustos, pasatiempos, religión, moral personal y sobre todo sus emociones.

Al empezar a vivir en pareja, estos dos mundos se empiezan a mezclar y en muchos de los casos el acoplar estos factores no es fácil y se llegan a crear fuente de conflicto que está sustentada en la necesidad de imponer al otro las ideas y experiencias propias, como si fueran una verdad absoluta, o como si la razón estuviera de nuestro lado.

En el inicio de la vida en pareja, esperamos que estos factores choquen y se generen pequeños conflictos. Por ejemplo: Reclamos porque uno expresa más afecto que el otro, incapacidad de tomar iniciativas, problemas en el reparto del tiempo libre, etc. Es común escuchar frases como las siguientes:

¿Qué quieres hacer?

¿A dónde quieres ir?

¿Me quieres?

¿Yo soy quien siempre te busca?

¿Por qué no me llamas?

Etc.

Lo que hasta el noviazgo había sido dar y recibir cariño, lo cual es necesario para cualquier ser humano desde que se nace hasta que se muere, también lo es en la relación de pareja. Solo que al desarrollarse la vida en pareja, es uno de los factores que empiezan a desaparecer; se nos olvida decirle a la pareja que la queremos, que nos importa, dejamos de hacer las cosas que le gustan, nos dejan de importar sus intereses y casi siempre caemos en la rutina de las obligaciones. Tal parece que en la actualidad el sinónimo de pareja es atender obligaciones.

No expresar afectos fundamentales como el cariño, la ternura, la calidez y la pasión, termina por apagar la llama que enciende la relación, que si no la cuidamos se apaga. Por ejemplo: Olvidar dar y recibir abrazos, no recordar el beso de buenas noches o evitar decir palabras estimulantes y agradables, no reconocer los éxitos de la pareja, no aceptar que a veces cometen errores, no aceptar en ocasiones que la pareja tiene razón, y olvidarnos de que en esencia el otro es así, y las personas sólo cambian cuando lo quieren hacer, no cuando se los queremos imponer.

Un factor que dañan mucho a las parejas es vivir como isla, quiere decir que vivimos sin comunicación. El diálogo de la pareja se centra en los descalificativos, en la agresividad, en la ironía, en la ofensa y en recordarle a la pareja sus obligaciones. Así es como se fomentan los conflictos y baja la autoestima.

Como personas arrastramos vicios como el no saber escuchar, hablar demasiado o no ponerse en el lugar del otro, los cuales son detonantes de tensión en la pareja. Por ejemplo: Llegar a casa y pedir a gritos que se sirva la cena o decirle constantemente a la pareja que no sirve para nada, que falta el dinero, que los hijos se portaron mal, que se descompuso el auto etc., son claros ejemplos de que la relación se está deteriorando.

Los seres humanos deberíamos presentar flexibilidad y adaptación a los cambios, sólo que actualmente no hay mucho espacio para hacer conciencia de estos factores. En la vida de pareja también se necesita la flexibilidad sobre todo en la convivencia y en los cambios que se den con el tiempo. Si la pareja tiende a la rigidez e inflexibilidad de ideas y hábitos puede llegar a asfixiarse, porque cae en la monotonía, el aburrimiento, la rutina hasta llegar al hastío, sobre todo cuando estos factores sólo satisfacen a uno de los miembros de la pareja.

El respeto entre los miembros de la pareja es fundamental. Estar constantemente manipulando y usurpando el espacio personal del compañero o compañera sentimental desencadena conflictos serios, ya que la pareja puede sentirse controlada y manipulada dentro de su espacio vital. Por ejemplo: apropiarse del teléfono móvil del compañero o llamarle cada dos minutos, revisarle su agenda, controlarle las salidas, prohibirle que salga con las amistades, intentar que comparta y acepte absolutamente todo lo nuestro, etc.

La vida moderna requiere repartir las tareas sobre todo en el hogar, ayudar, colaborar; ser solidarios el uno con el otro es uno de los pilares de la convivencia. En muchas parejas el hombre considera que al trabajar ya está exento de las tareas del hogar, y generalmente menosprecia las actividades de la mujer, cuando la mujer está dedicada al hogar. No es raro observar cómo algunos hombres, en público, defienden la igualdad, la colaboración, pero luego, en privado, demuestran una doble moral bastante estricta.

Se trata de equilibrar la cooperación, reconociendo que ambos tienen derecho al descanso y ambos requieren atención. Cuando en la relación no hay cooperación por parte de uno o ambos miembros de la pareja la convivencia se convierte en un campo de batalla de reproches, insultos y frustración causados en muchas ocasiones por las convicciones tradicionales a las que están acostumbrados, las cuales se quieren imponer de manera cotidiana y sistemática. Por ejemplo: No contribuir en las tareas del hogar, dejar de hacer las compras, olvidar con frecuencia las cosas que te encargó tu pareja o que te pidió que le ayudarás a hacerlas, etc.

Con los factores que hemos visto tenemos los ingredientes de la fórmula que se va presentar como una lucha de poder y control al interior de la pareja. Las guerras internas en cuanto a la economía, el hogar o las relaciones sociales provocan una espiral de rivalidad que termina por acabar con la convivencia. Las consecuencias son: el rencor, el enojo, la envidia, la frustración, y la búsqueda de la derrota de su propio compañero sentimental.

La confianza al igual que el afecto es uno de los principales pilares de la pareja. Solo que las parejas cometen un grave error que es permitir que los celos invadan la relación, muchas veces nos engañamos a nosotros mismos diciéndonos, "tanto me quiere, que hasta me cela", y no nos damos cuenta, que los celos irán creciendo poco a poco hasta invadir toda nuestra relación.

La inseguridad, el miedo o la angustia ante lo que puede estar haciendo o pensando la pareja ocasiona ansiedad, depresión, persecuciones, que convierten la relación en una lucha, que es causante de conflictos serios.

Otra de las esferas que se ve afectada, en la relación de la pareja es la vida sexual, existen cuatro grandes etapas en la sexualidad, una es el deseo, seguida por la excitación, posteriormente se presente el orgasmo y al final existe una etapa de descanso reposo, para después reiniciar todo el proceso.

Uno de los factores que más se daña en la relación de pareja es el deseo, ya que en el mundo de la pareja al existir problemas cotidianos, discusiones, cuentas pendientes y todos estos factores que hemos estado hablando que obviamente generan incomodidad en cualquier ser humano, son el factor primordial para desaparecer el deseo sexual. Una persona que es sometida al estrés cotidiano de que hemos estado hablando, generalmente no se da cuenta que su deseo sexual va bajando día a día, llega un momento en que por alguna razón se da cuenta que no tiene deseo sexual con su pareja y se convierte en una fuente adicional de conflicto.

Es de considerar de mucha importancia que si la falta de deseo se presenta, el resto de la respuesta sexual queda bloqueada, evidentemente el problema es mucho más complejo de lo que suponemos. En la fase del deseo interviene el momento psicológico y emocional de cada persona, lo que quiere decir que todos los factores que influyen en su vida van a estar directamente relacionados con la falta del deseo, lo que quiere decir, que se requiere de mucha ayuda profesional para poderlo solucionar.

Cuando estos factores aparecen, puede ser en el hombre o en la mujer, sólo que, en la pareja se ve como un problema del otro y no como un problema de pareja, digamos que lo más objetivo es pensar que la falta de deseo de uno de los miembros es consecuencia de una mala relación de la pareja y no de un problema personal. Sólo en el caso de existir un trauma previo a la vida en pareja puede ser considerado como algo que hay que trabajar de manera individual.

Lo que consideramos como crisis afectivas en la pareja, son los detonantes de una mala relación sexual, de frustraciones, de la falta de ilusiones, de la desesperación, de los deseos exagerados de control, de la baja autoestima, y son detonadores de depresión y ansiedad, que surgen de los efectos de una mal encaminada lucha por el poder al interior de la pareja.


Artículo por gentileza de José Jaime Martínez. Sexólogo, especialista en Programación Neurolingüística.
De la página www.consultasexual.com.mx

miércoles, 9 de marzo de 2011

PAZ FRENTE A CONFLICTO

A todos nos han enseñado a pensar que es en el exterior donde debemos buscar el sustento, a mirar más allá de nosotros mismos, en busca de fuerza, amor, prosperidad, salud, felicidad y satisfacción personal, espiritual. Hemos sido condicionados en nuestra cultura para creer que recibimos la gracia de la vida de algún punto externo a nosotros. Sin embargo es posible cambiar la dirección de nuestros ojos de afuera hacia adentro y cuando la hacemos, encontramos una energía que habíamos percibido pero no habíamos identificado. No son las personas ni los eventos externos los que nos causan problema, sino que son nuestros pensamientos y actitudes hacia nosotros mismos, hacia la gente y las situaciones, lo que nos causa conflicto y aflicción.

Muchos artículos de este blog inciden en el tema de los pensamientos, pero es que cada vez estoy más convencido de que según piense, así actuaré.
No es raro que nos separemos de nuestra pareja por algún problema que le achacamos o que pensamos que es él o ella quien no sabe tratar nuestra vida como nosotros la queremos. No es raro ver cómo una relación que puede ser adecuada, se ve salpicada por todos los problemas que realmente, si miramos hacia nuestro interior, son nuestros exclusivamente y no del otro, pero nos hemos empeñado en que los acepte como condición para “seguir queriéndolo”.

Nos empeñamos en pensar que el otro no nos entiende cuando la realidad es que no nos puede entender si nosotros mismos no nos entendemos. Y el principal problema estriba en pensar que ese problema no tiene solución.

Cada instante nos brinda una nueva oportunidad de volver a examinar nuestra vida y de elegir otra vez qué es lo que queremos sentir: amor o temor, paz o conflicto. Es reeducar la mente y abrir nuestro corazón.

Sanarnos consiste en descubrir qué valor hemos asignado a actitudes como guardar rencor, culpar a los que nos rodean o criticar y enjuiciarnos a nosotros mismos y, luego, revisar nuevas opciones. Pretender que otra persona nos haga felices y llene todas nuestras expectativas es una fantasía narcisista que sólo trae frustraciones.

Sanar plantea que el propósito de toda comunicación es unir, no separar, que la felicidad es una elección y que nuestro estado natural es la armonía, creatividad y felicidad. Esto nos conduce a la libertad responsable en lugar de la opresión. Tener una actitud curativa se basa en la convicción de que es posible elegir la paz en lugar del conflicto y el amor en lugar del dolor. Nos ayuda a considerar la salud como una paz interior y la curación como el proceso de liberarse del miedo y la culpa.

Juan José López Nicolás
Sobre apuntes de la Lic. Teresa González- Psicóloga Argentina