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lunes, 20 de agosto de 2007

FIGURA PATERNA Y ADOLESCENCIA


odos somos conscientes de que el mundo, la sociedad, el modo de vivir, han cambiado de una forma muy, muy rápida. Nuestros estilos de vida, por distintas razones, se han visto obligados a adaptarse a los nuevos tiempos, a la globalización, pero hay áreas en nuestra persona que no somos conscientes que hemos de actualizar para seguir desempeñando de forma adecuada el rol de ser padres.


Proteger, alimentar, poner límites, defender, educar, dar seguridad, autoridad. Estos elementos le suelen venir atribuidos al padre, pero en nuestra experiencia clínica nos vamos dando cuenta que se están viendo igualmente afectados por la falta de actualización a los nuevos tiempos. Cuando se piensa en el rol materno se le identifica más con la contención, el consuelo, también con la protección pero tal vez más íntima de las necesidades primero biológicas y poco a poco las otras. En cambio, como decía antes, el rol del padre parece estar enfocado más a la seguridad de la vida familiar frente al mundo externo, elementos más racionales que puramente afectivos. Pero, repito, todo ha cambiado muy deprisa y parece que no nos ha dado tiempo, como padres, a evolucionar en el tratamiento en cuanto al tema relacional con nuestros hijos, o por lo menos llegar a una flexibilidad en nuestra escala de valores respecto a la de ellos.


Al igual que en la relación de pareja, en la de padre-hijo también pueden aparecer unas áreas de conflicto que es interesante y conveniente tener en cuenta para poderlas trabajar e incidir en la que más esté haciendo que la relación sea totalmente desequilibrante. Son un patrón que suele repetirse constantemente y nos sumerge en un mar de contradicciones que convierte la relación en una verdadera batalla claramente desigual e injusta. Las áreas de divergencia más comunes son:


- Filosofía de vida (diferentes escala de valores)


- Demostraciones de cariño y afecto


- Comunicación


- Tiempo de ocio


- Amistades


La sintomatología de los niños, cuando comenzamos con nuestra Terapia Relacional, suele emerger de algo disfuncional en el grupo familiar y esto atañe a los padres aunque no siempre éstos están dispuestos a clarificar y enfrentarse directamente a las situaciones que los provocan y en consecuencia a la búsqueda de las soluciones. Como dicen M. Alvarez y E. Maggio, tanto el niño como la niña necesitan al padre porque formará la idea de qué es un hombre, traspasando sentimientos provenientes de la relación con su padre a la relación con su esposo y ella, la hija, necesita que el padre establezca activamente normas en su vida. Esto es así pero hay maneras de hacerlo que resultarán positivas o negativas dependiendo del estilo de paternidad que elijamos para hacerlo.


Hay autores que señalan tres estilos básicos de ser padre:


- Autoritario.


- Permisivo.


- Democrático o con autoridad


Según nuestra experiencia, el más destructivo, aunque no el único, el que más caos aporta a la vida incipiente de un niño o una niña que necesita vivir cada etapa hacia su madurez de forma conveniente, es el primero: el padre autoritario. También nos damos cuenta de que en la mayoría de ocasiones el padre actúa así de forma inconsciente llevado por una serie de "inconvenientes" de su propia vida que le hacen repetir modelos educativos pasados, con toda su buena intención, pero que desgraciadamente hoy no son operativos ni válidos. Son responsables del futuro de un ser humano y no son capaces de reciclar su "discos duros mentales" y les cuesta muchísimo cambiar el chip para captar las nuevas realidades que se nos han echado encima sin estar preparados y casi sin darnos cuenta. A veces observamos que se puede dar una proyección de nuestra identidad hacia la de nuestro hijo o hija como si de una prolongación nuestra se tratara, sin observar que es una persona diferente a mí y con su propia identidad y escala de valores a la que he de ayudar a que se forme, pero según unos criterios nuevos y más amplios llenos de refuerzos positivos. Tal vez nuestros objetivos, los de nuestros padres y los de nuestros abuelos, en esencia, tengan muchos parecidos y no tengamos que alejarnos de ellos, pero, y la experiencia lo demuestra, lo que nos falla es el método, la forma de poner en práctica el conjunto de actitudes y aptitudes para lograr esos objetivos formadores y educativos tan necesarios para elevar a adulto responsable y sano a esta personita que queremos casi con toda seguridad con toda nuestra alma.


En nuestra ansia desmedida de que nuestra hija, por ejemplo, "sea una mujer de provecho", tratamos de controlar su comportamiento sin pensar que soy autoritario, sino todo lo contrario: quiero lo mejor para ella y que aprenda que la vida está llena de peligros para que se sepa cuidar. La única forma, pues, ya que ella "no sabe nada", es como decía, tratar de controlar el comportamiento y actitudes y hacerlos ajustarse a un estándar de conducta. "Autoritarismo significa imposición inflexible de normas y disciplina sin tener en cuenta la edad de nuestro vástago, sus características y circunstancias personales, propias e individuales. El padre autoritario valora y exige la obediencia incondicional y suele castigar enérgicamente a sus hijos por actuar de forma contraria a su propia y particular escala de valores que es la única válida. El padre que emplea este estilo se suele caracterizar por ser absorbente y centrar la atención de la hija en sí mismo produciendo, a veces sin darse cuenta, individuos dominados por la ley, la autoridad y el orden, reprimiendo en los niños la capacidad de iniciativa y creación y todo aquello que implique modificar o atente contra estos principios básicos que él cree que son los que deben respetarse a toda costa." (E. Maggio)


Estamos hablando de personas que suelen tener unos patrones de conducta rígidos y el efecto más negativo es que no son capaces de tener en cuenta las necesidades de sus hijos o sus semejantes, llegando incluso al castigo físico sin dar ninguna explicación dando por justificación que no se han respetado tal o cual cosa.


En nuestras sesiones de Orientación Familiar tratamos de trabajar con estas personas los sentimientos y las emociones, pero cuesta mucho sacar a la superficie en esta forma de ejercer la paternidad, estos aspectos, no porque no los posean o carezcan de ellos y no sientan, sino porque tienen una incapacidad, generalmente inconsciente, y no pueden conectarse con "su corazoncito", y por tanto no son capaces de conectar con sus hijos desde otro lugar que no sea el del castigo, el grito, las malas miradas, creando todo un mundo rico en comunicación no verbal que genera un malestar general por los mensajes que se perciben. ¿Resultado de esta situación a veces, más de lo que desearíamos, mantenida en el tiempo durante muchos años? Se provoca un bloqueo de la individualidad, la creatividad y del ser interior rico y fresco que todo niño lleva dentro. Si el amor está ausente y la actitud es constantemente crítica, ese ser que está intentando madurar recibe mensajes de que no hace nada bien y su estima propia baja muchos enteros. La presión que se ejerce sobre ellos puede causar inseguridad, temor, odio, bajo rendimiento escolar, y una reacción de hiperactividad y desobediencia. Pueden aislarse, volverse agresivos, hostiles y, sobre todo en las niñas, pasivas, introvertidas, irritables, inseguras e inadaptadas sociales.


Intentamos constatar que todo lo que es comportamiento de cada uno de los integrantes del sistema familiar, afecta al resto y las actitudes de los niños son el resultado de lo que viven en el seno intrafamiliar nuclear y extenso.


Una de las posibles soluciones pasa por eliminar las conductas en las que está comprobado que la comunicación no es posible y crear espacios idóneos que permitan establecer una forma de comunicarse honesta y abierta, amigable, para que nazcan unas líneas conductuales basadas en el entendimiento responsable, de lo correcto a lo incorrecto y no en el miedo y la desesperación por evitar el castigo o humillación. También ocurre en muchas ocasiones que el propio padre sufre y cae irremisiblemente de igual manera en esa situación que ni él mismo recuerda cómo ni por qué se ha creado, pero lo que sí sabe es que no encuentra la fórmula de salir de "este infierno". Es conveniente ver en terapia a todo el sistema familiar y trabajar la actividad basada en aprender cómo expresar y controlar las emociones.


Así que, anda, intentemos actualizar y aprender a ser padres, el oficio o uno de los oficios más difíciles del mundo que roza la categoría de arte y por tanto es difícil y duro. Somos humanos y nos equivocamos porque nadie es perfecto, pero nunca nada está perdido si uno tiene la voluntad para efectuar los cambios que sabemos que se necesitan para que logremos el equilibrio que se desea. Buscar culpables no nos lleva a ningún sitio y si entramos en esta dinámica nos disipamos y no llegamos a donde realmente queremos.¡Ánimo, merece la pena todo el esfuerzo que estéis todos dispuestos a hacer! En Ocasiones se gastan más energías en enfadarse y entrar en el mundo de los silencios que la que necesitaríamos si nos dedicáramos a analizar la situación y poner toda la carne en el asador.



JUAN JOSÉ LÓPEZ NICOLÁS. Orientador Familiar.


Articulista de la página TERAPIA Y FAMILIA de la Asociación Convivencia Familiar

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