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viernes, 24 de agosto de 2007

SOBRE LA FELICIDAD


yer tuve una conversación con una persona muy importante en mi vida y que me ha hecho reflexionar sobre lo esencial, lo básico para encontrarse a sí mismo y para abordar, dentro del mundo exterior, el mundo interior de cada ser humano. Es importante esta persona porque la quiero. Es importante porque me hace recordar todos los días que la vida se basa en hechos interiores y que la puesta en práctica de ellos es la diferencia de buscar la felicidad y la negación que de ella hacemos en multitud de ocasiones.

Una de las cosas que me dijo es: "Yo ya no podré ser nunca feliz." Me lo comentó de pasada y en el contexto de una conversación, pero me impactó esa negación tan subjetiva y terrible.


Somos mente, biología y nos vemos modelados o intervenidos emocionalmente por lo puramente social, hecho que me hace pensar que hemos de ser tratados por nosotros mismos, cultivándonos, intentando trabajarnos en todos los aspectos que nos hacen vivir en este ecosistema del que nada más se sale con la muerte.(Aunque uno puede sentirse muerto en vida por la carencia de motivaciones) Por esto es por lo que pienso que gran parte de nuestra felicidad depende de nuestros genes, de nuestras vivencias anteriores a lo que nos lleva a ser adultos, no sólo cronológicamente hablando, sino a la clara demostración de nuestro nivel mental. En esta madurez que todos anhelamos y como he escrito en varios artículos de nuestra página TERAPIA Y FAMILIA, la felicidad que deseamos igualmente la buscamos fuera cuando en realidad la tenemos dentro de nosotros mismos y creemos que la lograríamos si no tuviéramos problemas cuando la realidad palpable es que se puede conseguir si sabemos y podemos enfrentarnos a ellos. Norman V. Peal decía que quería tener problemas porque era señal de que estaba vivo.


Mi pensamiento se manifiesta claramente en la resolución de los problemas en vez de batirse en retirada o lo que muchas personas hacen para no enfrentarse y creer que siguen hacia adelante: dar media vuelta y seguir avanzando. En ocasiones esto es dar la espalda a la realidad, tal vez por falta de medios y fuerzas psicológicas que nos den las capacidades que todos tenemos para luchar en esta vida. Por lo tanto es "fácil" pensar que la felicidad o la desgracia del género humano depende no menos de sus cualidades que de su fortuna o de su suerte. Cualidades que dependiendo de la vida vivida están más o menos desarrolladas y por lo tanto nos pueden servir como recursos para salir adelante o como lastre para negarme mi autenticidad como esa persona que soy.


Parafraseando a Unamuno, "una de las desventajas de no ser feliz es que no se puede desear la felicidad." Uno mismo es capaz de negarse este anhelo ancestral que muchos basan en gozar de buena salud, en dormir sin miedo y despertarse sin angustia para enfrentarse a las vicisitudes de un nuevo gran día. Son las incapacidades del ser humano que ahora, al cabo de los años, voy entendiendo y poniendo en práctica tanto en mi vida profesional como en la personal. Pongo en práctica lo positivo de lo que veo en los demás que son de los que aprendo y, dicho sea de paso, suelen ser mujeres las que me enseñan. Lo voy comprendiendo porque analizando el comportamiento uno se da cuenta de que el ser humano en muchas ocasiones es inerte y rutinario y lo que más teme es el gran esfuerzo personal e individual que se requiere para poder salir de uno mismo hacia los demás; de uno mismo hacia uno mismo para conocerse básicamente.


Sí, voy aprendiendo, y no me niego a abrirme a todos los estímulos para respirar la vida porque "la propia esperanza deja de ser felicidad cuando va acompañada de la impaciencia." (John Ruskin)


Pero sin querer idealizar el tema de la felicidad he de reconocer que cada uno tiene una concepción distinta y respetable de este concepto. Por poner un ejemplo, la soledad puede ser un infierno para los que pretenden salir de ella, en cambio, es cierto que puede convertirse en una felicidad grandiosa para los ermitaños que quieren esconderse en ella, aunque mi intención es insistir en que la felicidad es en muchas ocasiones, yo diría que en la mayoría, una condición de la mente y no una condición de las circunstancias. Si analizáis vuestras propias situaciones, vuestra historia personal veréis que depende cómo hayáis actuado ante una situación el resultado ha podido ser distinto aunque, creo sinceramente, que nadie debería tener la intención de negarse a ser feliz y perderse las pequeñas alegrías mientras intentan encontrar la grandiosa felicidad. Aunque, es cierto, como decía John Stuart Mill que es posible pasarse sin la felicidad porque así lo hacen el 90% del género humano. Muchos buscan la felicidad como otros buscan el sombrero: lo llevan encima y no se dan cuenta; intentan buscar la riqueza exterior, que no está mal, por supuesto, pero abandonan la interior siendo víctimas de ellos mismos.


La razón, según mi opinión, se basa en la propia negación, en la pobreza, que tanto la de espíritu como la económica "son un gran enemigo de la felicidad humana. Destruye la libertad y hace impracticables algunas virtudes y sumamente difíciles otras." Pero la vida continúa, espero, para todos y va a depender de nosotros mismos que seamos capaces de dar alas a lo que realmente queremos dejando de victimizarnos ante la propia vida. Si soy víctima recibo castigo; si soy ganador y mis sueños y ganas,aunque con los tropiezos de los ciclos evolutivos, siguen en alza, ganaré. Dependo de mí. Luchar para ganar y lograr de algún modo conseguir la manera de sembrar la felicidad que es compartirla con alguien. Al final todo es cuestión de expectativas. Si quiero ser feliz he de poner en mi vida los medios y las personas que me hagan vivir los momentos de felicidad que deseo, pero primero he de saber qué es lo que quiero realmente. Si ya lo sé, adelante; si en algún momento he de volver a recomponer mi vida, lo haré y cogeré lo que me haga sentir bien de atrás, del pasado y del presente, aunque cada cosa en su sitio. Si quiero ser feliz, lo seré.


La verdad es que no todo depende muchas veces de nosotros, y, como dice nuestro admirado Prof. Rojas Marcos, es evidente que los seres humanos no controlamos nuestros genes, ni la familia en la que nacemos, ni la cultura en la que crecemos, ni muchas de las experiencias infantiles que, en conjunto, contribuyen al desarrollo de nuestra capacidad de adaptación. Pero también es cierto que, con motivación y esfuerzo, todos podemos aprender a moldear nuestra manera de ser con el fin de hacernos más resistentes a las circunstancias adversas que se cruzan en nuestro camino.

JUAN JOSÉ LÓPEZ NICOLÁS. Orientador familiar

1 comentario:

Palomas dijo...

Buenos días Juan, que artículo. Ohhh la felicidad, mira yo la he encontrado. Creo que viene con los años y de lo que espera uno de la vida, los amigos, los hijos, la pareja.
Me permito recomendar una mascota, no es costoso la encontrás en la calle!!!.
Hasta siempre, intentaré leer tus reflexiones si el navegador no me lo impide.
Saludos desde Bell Ville, Córdoba, Argentina de http://gracielaroth.blogspot.com/