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viernes, 25 de noviembre de 2011

La pareja, ¿problema o solución?

A lo largo de mi vida he podido conocer a personas que han conseguido dejar de creer en la pareja, pero he podido ver, también, que, en su fuero interno, siguen anhelando la felicidad, el calor, la compañía, el amor y la estabilidad emocional que se puede vivir así, en pareja, con tu compañero o compañera de viaje que has elegido a través de la vida.

No todas las parejas son felices, eso es un hecho que no voy a descubrir ahora, porque el equilibrio emocional de esa entidad está falto de cultivo, de cuidados, de aprendizaje, de reflexión y de actualización ante los cambios; pero sí he descubierto que los individuos que logran estabilizarse, descubrirse emocionalmente, reflexionar, aceptar, aprender, luchar y arriesgarse a vivir, encuentran en la pareja el caldo de cultivo en el que proliferan las sensaciones más duraderas y alimento del alma.

Un día, hablando con mi hijo menor, Alberto, me dijo algo que me llegó muy hondo y que he intentado llevar a cabo: “Papá, si quieres encontrarte bien, creo que es necesario buscarse mejor.” Esa es la realidad, porque no hacemos los esfuerzos de mirar por nosotros mismos el mundo y dejamos en manos de los otros la responsabilidad de hacernos felices, por lo que cada vez que haya un problema será siempre el otro el que tenga la culpa de todo lo que me pase a mí. Vaya lección que aprendí con esa conversación tan aparentemente sencilla y cotidiana y que al final extraje la conclusión de que si yo no puedo estar bien y no puedo colaborar a la felicidad es porque yo no sé estar bien, no me siento capaz y debo buscarme mejor, con ayuda profesional o empleando toda mi energía para conseguirlo.

La verdad es que todas estas ideas se ven reflejadas constantemente en este blog y a veces puede que se repitan en diferentes artículos porque creo que son la base de la búsqueda de los momentos de felicidad que tenemos el derecho de sacarle a la vida.


- ¡Vaya una defensa de la pareja! -me comentan algunas personas que me conocen y con las que hablo de estos temas,- se nota que crees en ella y hasta emociona el pensar cómo debe ser esa sensación que algunos no llegan a vivir y otros, teniéndola, no aprenden a cuidarse y a cuidarla. Pero entonces,- me preguntan- ¿hay algunos ingredientes que consideres básicos para tener una relación positiva y duradera?
No hay fórmulas mágicas y todo no sirve a todos – comienzo a responderles-, pero lo que siempre defenderé es que el ingrediente estrella es la COMUNICACIÓN EFICAZ y adecuada. Aunque lo hayas oído mil veces no deja de ser cierto, porque es imposible que la relación funcione si no existe una buena comunicación entre ambos. Pero comunicarse no se refiere a hablar mucho, sino a poder expresar a nuestra pareja nuestros sentimientos, nuestras emociones, nuestras inquietudes, nuestros deseos, nuestros proyectos…y obtener un “feedback” por su parte en las mejores condiciones. Si existe una buena comunicación es más fácil resolver los problemas que van surgiendo en el devenir de la vida.

Al mismo tiempo, he aprendido que esta comunicación forma parte de una moneda con dos caras, siendo el reverso de esta moneda algo tan fácil, y que muchos no saben hacer, como es tener la capacidad de ESCUCHAR.

Escuchar y tratar de entender es crucial para obtener y dar la retroalimentación necesaria con el objetivo primario y básico de poder decir que hay realmente comunicación, que entendemos qué nos están diciendo, siendo este el principio de otro ingrediente básico para la relación eficaz: LA COMPRENSIÓN.

Este ingrediente no hará más que ponernos en lugar del otro, si le conocemos, antes de juzgar nada. Porque si juzgamos nos erigimos en jueces y nos posicionamos en un escalón superior y no nos interrelacionamos desde la igualdad, o lo que es lo mismo, y estoy seguro que ya lo han oído antes, hemos de fomentar y posicionar nuestro ánimo y actitud desde la empatía.

No quiero alargarme más y doy por supuesto que a todos se nos ocurren más ingredientes básicos, por lo que simplemente os señalo otros para que reflexionéis si en vuestra pareja se dan y con qué grado de asiduidad. Podemos decir entre otros:

- El respeto
- La complicidad
- La tolerancia
- La admiración
- La afinidad…


De aquí podemos definir, tal vez, una RECETA que dé los ingredientes para una interrelación adecuada, pudiéndola llevar a los entresijos del corazón que elijamos.


Es difícil que una relación no llegue a buen puerto si consigue que estos elementos básicos se desarrollen y formen parte de la costumbre relacional en este proyecto vital que constituye ser persona y ser pareja. ¿O no?

Juan José López Nicolás

jueves, 10 de noviembre de 2011

No podemos ir de salvadores.

Tras una consulta de una lectora de nuestro blog, se me ha ocurrido hacer unas reflexiones sobre la necesidad que algunas personas tienen de encargarse de la vida de los demás y de proteger y ayudar hasta el punto de llegar a olvidarse de la vida de uno mismo. Y eso no es tener en absoluto espíritu de sacrificio.

El ir de salvador, de ayudador de causas, de amigos, aunque no te lo pidan, tan sólo porque tú mismo ves la necesidad, no es una excesiva buena manera de actuar. El preocuparse de los otros dejando de ver tu propia necesidad, no es una buena manera de actuar. Y esta manera de actuar inapropiada hace que los demás dejen de esforzarse por crecer, dejen en manos de uno la propia necesidad que se tiene de desarrollarse en todos los ámbitos de la vida, y hasta, si me apuráis, ponen en nuestras manos la solución a sus vidas y la consecución de su propia felicidad…¡Pero a qué precio!

He encontrado un mini relato que puede ilustrar de una forma clara y concisa el tema que os traigo a reflexión. Es de un autor anónimo y aquí os lo dejo para que después me comentéis.

El hombre y la mariposa

Un hombre encontró el capullo de una mariposa y se lo llevó a casa para poder verla cuando saliera de él. Un día, vio que había un pequeño orificio, y entonces se sentó a observar por varias horas, viendo que la mariposa luchaba por poder salir del capullo.

El hombre observó que forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del pequeño orificio en el capullo, hasta que llegó un momento en el que pareció haber cesado la lucha, pues aparentemente no progresaba en su intento. Parecía que se había atascado. Entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña tijera cortó al lado del orificio del capullo para hacerlo más grande y de esta manera por fin la mariposa pudo salir.

Sin embargo, al salir, tenía el cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas y dobladas.

El hombre continuó observando, pues esperaba que en cualquier instante las alas se desdoblarían y crecerían lo suficiente para soportar al cuerpo, el cual se contraería al reducir lo hinchado que estaba. Ninguna de las dos situaciones sucedieron y la mariposa solamente podía arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas dobladas... Nunca pudo llegar a volar.

Lo que el hombre, en su bondad y apuro no entendió, fue que la restricción de la apertura del capullo, y la lucha requerida por la mariposa para salir por el diminuto agujero, era la forma en que la naturaleza forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que estuviesen grandes y fuertes y luego pudiese volar.