Alejandra Palacios Banchero. Psicóloga Clínica y Comunitaria
Este blog se ha creado para ofrecerte información, formación, terapia, artículos y noticias sobre todo lo relacionado con la ORIENTACIÓN FAMILIAR, dentro del ámbito de la familia, la pareja y sus tan variadas interrelaciones, sin olvidar el ámbito individual. Nos encantaría que nos ayudaras mandándonos tus artículos profesionales, tus consultas o tus reflexiones. Bienvenidos.
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miércoles, 25 de julio de 2007
viernes, 13 de julio de 2007
COMPORTAMIENTO ANTE LOS TIPOS DE COMUNICACIÓN

odemos definir como COMPORTAMIENTO todo lo que se dice, se hace, se siente y se piensa . Pero hay unas diferencias en cuanto a éste, ya que unas veces podemos observarlo muy claramente, por ejemplo, cuando alguien me está contando la última película que vio, y otras no nos es fácilmente observable, por ejemplo, cuando alguien está en el mundo de sus sentimientos y está triste, compungido.
En nuestra experiencia hemos observado que más del 90% de los problemas que tiene el ser humano en su vida, tanto individual, social o de pareja, estriba en la comunicación, situación bastante incoherente ya que dicen que estamos en la era, precisamente de las comunicaciones. Cuando esto ocurre se plantean dificultades añadidas que requieren la ayuda de especialistas en terapia de pareja, ya que esa comunicación, ese tratar de decirle al otro lo que realmente uno quiere sin que hayan malos entendidos, es totalmente deficiente.
Aunque resulte para algunos totalmente obvio y muy elemental, hay una gran cantidad de personas que ni se plantean los elementos que se dan en una comunicación, a nivel básico. Existe un EMISOR que es el que envía el mensaje y un RECEPTOR, el que recibe dicho mensaje; pero no sólo están las personas protagonistas sino que la importancia también estriba en el CONTENIDO del mensaje (lo que se quiere decir) y la FORMA, punto éste de crucial importancia porque es la manera de expresarlo, el cómo se dice. Pasa con mucha frecuencia que el receptor interpreta el mensaje de manera equivocada, ya sea por la forma de comunicarlo, la forma en que a él le llega ese mensaje, o bien porque exista un error de interpretación. Podemos dar para estas situaciones y, por qué no, para entrar en la dinámica de siempre hacerlo de esta manera y conseguir que las personas entiendan lo que realmente queremos decir, unas indicaciones “bastante sencillas” pero que no suelen ponerse en práctica por múltiples variables.
Es importante, cuando actuemos como emisor, cuidar el contenido y la forma del mensaje para que no demos lugar a que se malinterprete; cuando actuemos como receptor, intentar no mostrarse demasiado suspicaz y no traducir lo que nos están diciendo, sino escuchar tan sólo lo que se emite. No obstante siempre podemos preguntar lo que no hayamos entendido sin olvidar el básico respeto entre ambas personas.
Los objetivos a primera vista tan simples y fáciles de poner en marcha suelen ser, a menudo, no tan sencillos de aplicar. Un ejercicio para subsanar estos errores podría ser el siguiente: cuando se vaya a dirigir a su cónyuge, a su pareja, intente imaginar cómo le hablaría si se tratara de alguien desconocido para usted, esto es, como si le acabaran de presentar a esa persona. Hacemos hincapié en este punto porque sabemos que el exceso de confianza entre los humanos hace descuidar bastantes elementos básicos de educación y cortesía.
Hasta aquí y de forma muy sencilla, como podéis observar, hemos tratado la comunicación verbal, pero en la no observable, en la comunicación NO VERBAL, hay conductas que destacan por su impacto en el estilo de comunicación y por su influencia en el mensaje: El contacto ocular es una de las más sutiles contraseñas del lenguaje no hablado. Puede inducirnos a sentir atención, vergüenza, rabia, odio, compasión, etc.; y eso que no estamos escuchando, en ocasiones, ni una sola palabra. Los mensajes que se emiten por medio del lenguaje no verbal son más del 70% de la información que nos llega, frente al 30% del lenguaje verbal. Se dice más con el cuerpo, con los gestos, en ocasiones, que con las palabras, por este motivo tenemos que ser muy observadores para detectar en nuestras sesiones las incoherencias entre ambos tipos de lenguaje, ya que, por ejemplo, la expresión facial, si la observamos, es importante que veamos que exista coherencia entre lo que se dice y lo que se manifiesta mediante los gestos. Si existe disonancia se generan malos entendidos.
Hemos mencionado antes también las formas y dentro de estas observamos que el tono y el timbre de nuestra voz también son moduladores de la expresión emocional. Pueden ayudar al entendimiento mutuo o, por el contrario, irritar, aburrir o sorprender, no en vano entra por nuestros sentidos, de forma consciente o inconsciente, todo tipo de visualizaciones que equilibran o desequilibran nuestra comunicación y la interpretación, si se nos da la oportunidad de subjetivar el mensaje, incluso a través de la gesticulación, la postura corporal, etc.
Con el fin de mejorar la comunicación y que esta llegue a ser fluida se debe:
1.Conocer y evaluar el estilo de comunicación y comportamiento verbal.
2.Conocer y analizar el estilo de comportamiento no verbal del compañero.
3.Saber lo que le agrada y le desagrada a la otra persona de nuestro comportamiento no verbal.
4.Intentar analizar nuestro estilo de comunicación e identificar las claves negativas implícitas en el mismo o, cuando menos, las distorsionantes.
Para que la comunicación cumpla su objetivo positivo y sea utilizada como verdadero vehículo de expresión acorde con nuestras necesidades, hay que tener en cuenta estos tres elementos:
-¿Qué se va a decir? (contenido)
-¿Por qué va a decirlo? (objetivo)
-¿Cómo va a decirlo? (forma)
Cuando estos tres elementos sean coherentes entre sí, nuestro discurso será correcto. Si por el contrario esto no es así, corremos el riesgo casi con toda seguridad, de ser malinterpretados o de no decir más que a medias lo que queremos.
miércoles, 11 de julio de 2007
AREAS DE CONFLICTO EN LA PAREJA

odos estamos convencidos de que la convivencia no es nada fácil y que muchas parejas y matrimonios llegan a un punto en el que se sienten insatisfechos, pero lo curioso del caso es que lo que más acumula malestar individual, desasosiego y ansiedad, hasta el extremo de poder llegar a una situación de no retorno, es, a veces, el no saber precisar exactamente el motivo real de esa insatisfacción.
Nuestra experiencia en Orientación Familiar nos ha enseñado que es del todo necesario (no se hacen ustedes una idea de hasta qué punto) saber identificar los problemas; tal vez, igual de importante es, para poder abordar las posibles soluciones, conocer el origen, dónde está el punto de ruptura en los desacuerdos que provocan que las situaciones que cotidianamente se viven en la pareja, comiencen a llenarse de conflictos no abordados (que luego se cronifican). Por lo tanto se hace necesario trabajar con la Orientación y la Terapia lo que podríamos llamar “áreas problemáticas”.
Creo que todos seríamos capaces, si pensamos y rememoramos nuestras experiencias, de confeccionar una lista de las áreas que se crean al decidirse a convivir en pareja o formar una familia, un hogar, con o sin hijos (aunque no hayan hijos en común no deja de ser un hogar y se puede ver afectado por las mismas áreas que un hogar con hijos)
Las áreas de conflicto que más aparecen, implícita o explícitamente, en las parejas que acuden a consulta, son las siguientes:
Filosofía de vida (diferentes escalas de valores)
Demostraciones de cariño, afecto.
Comunicación
Relaciones sexuales
Educación de los hijos.
Tiempo de ocio
Amistades
Relaciones con los respectivos sistemas familiares de origen de cada uno
Cada miembro de la pareja, como individuo, como ser independiente al otro, suele tener unas expectativas distintas de cada una de las áreas. Lo importante es la puesta en común de esas diferencias, la negociación y los acuerdos; el acercamiento de posturas para llegar a los puntos de unión más cercanos donde poder vivir de una manera sosegada, “tranquila” y feliz, con sueños y con el desarrollo cotidiano de las manifestaciones de cariño y amor que, en teoría, se expresan, ya que por este motivo decidieron unirse. El error, tal vez, se diera en un principio cuando no se planificó un proyecto de vida en común de forma reflexiva. Así que si los acontecimientos van afectando de forma negativa (y no se hablan) porque cada uno lo valora de distinta forma (distintas expectativas), se verán afectadas igualmente nuestras acciones y reacciones.
Algunos estilos educativos pueden resultar muy distorsionantes si tenemos en cuenta que la formación recibida contribuye decisivamente a formar las expectativas de cada uno, pudiendo interferir en un futuro en la manera que afrontamos la realidad e influyendo también en nuestro comportamiento
“Cada uno es de su padre y de su madre”. Esta es una frase que se dice mucho por aquí y significa que cada uno es distinto, es a su manera, es único y no como yo. Es él. Es ella.
En algunas sesiones nos hemos encontrado personas que su educación ha sido sobreprotectora y dependiente. Otros creen que han de ser bondadosos y sumisos y supeditar sus deseos por debajo de los del otro. También hay quienes desean manejar y orientar la relación en todas sus facetas, justificando su autoritarismo (aunque a veces no son conscientes de ello) basándose en que están convencidos de que su pareja es débil e incapaz de asumir determinados asuntos y responsabilidades. Todo esto son ideas erróneas, creencias que conducen los comportamientos a una mala situación emocional.
No puedo dejar de insistir en lo de las creencias irracionales que desvirtúan el pensamiento y las acciones que se desprenden de él. Uno mismo sobre sí o sobre la relación puede llegar a tener también ideas que no son nada positivas a la larga. Ideas como que uno debe ser el compañero ideal; o nunca puedo fallar a los deberes conyugales; o sería horrible decepcionar a mi pareja; o mis intereses y necesidades, porque la quiero, deben estar subordinados a los suyos.
Esto no es ajustarse a la realidad, ya que si observamos estos pensamientos llevan una sobrecarga de idealización y desorbitan la situación, generando una gran dependencia. Pero sí que hay ideas alternativas que podemos intentar introducir sustituyendo las anteriores (no es nada fácil, pero sí necesario) Ideas que te permitan ser humano con posibilidad de errar, de equivocarte y respetar y ser respetado:
Los deberes conyugales no deben estar por encima de todas mis necesidades y preocupaciones
Si mi pareja se siente decepcionada intentaré averiguar los motivos y dialogaremos acerca de qué es lo que podría cambiar en mi conducta y en mi actitud.
A la vez intentaré que conozca y comprenda mis intereses y necesidades principales
Debo intentar ser un buen compañero/a de mi pareja, respetando su manera de ser y analizando las actitudes que puedan desencadenar interrupciones emocionales positivas en nuestra relación. Es mi responsabilidad. Es nuestra responsabilidad.
Nuestro pensamiento es el que nos ayuda, el que nos hace tomar buenas o malas decisiones. No es bueno iniciar nuestras ideas, nuestros diálogos internos para prepararnos con algo parecido a: “si realmente me quiere ha de adivinar lo que quiero y necesito”; “si no se da cuenta de lo que me ocurre es que no le importo en absoluto.”
Estos autoargumentos implican errores. Por ejemplo, la segunda frase: “si no se da cuenta de lo que me ocurre...”; este pensamiento nos suele llevar a situaciones extremas. No hay posibilidad de tonalidades de grises, o sea, es blanco o negro. Todo o nada. Tal vez la solución pasaría por explicar lo que ocurre sin llegar a entrar en el juego de tener que adivinar determinadas cuestiones. Luchar con sentido común por la relación no implica la destrucción de alguno de los miembros de la pareja.
¡Vamos!, ahora os toca a vosotros reflexionar sobre estos aspectos. Lo mismo os sentís identificados en algo de lo que aquí se expone. Nada es para sentirse culpable, sino para ver qué nos puede tocar y qué no. En una ruptura casi siempre hay dos responsables aunque, también a veces, uno de ellos no acepta, no admite su responsabilidad. Intentadlo y acudid, si no podéis solos, a terapia o a Orientación para que os ayuden a abrir la mente y a haceros reflejar en vosotros mismos esas ideas, que si las verbalizais y con perspectiva suficiente, es posible que alguien se dé cuenta que le merece la pena conservar la pareja, si nace y se mantiene en el Amor reflexivo.
lunes, 9 de julio de 2007
CUANDO EL PENSAMIENTO SE DISTORSIONA

ace algún tiempo comencé a estudiar y a investigar sobre la conveniencia de aplicar algunos puntos de la Terapia Racional Emotiva a nuestros clientes, pero antes debía, a pesar de que está demostrada su eficacia y eficiencia, aplicarla a mis propios eventos vitales, a mis propias situaciones. Mencionaremos dos autores, Ellis y Beck, que me ayudaron a entender que los acontecimientos, las situaciones en mi vida no son directamente las que provocan mis dificultades emocionales o mis trastornos de comportamiento, sino que dependiendo de cuál sea mi diálogo interno, lo que mi pensamiento me dice para “mis adentros”, así será el resultado de las consecuencias y mi comportamiento emocional. En definitiva, según piense y crea que ese acontecimiento me puede, me podrá o no según la creencia que yo tenga sobre él.
Hay un ejemplo claro que quiero exponeros: una persona dice estar deprimida, machacada, encontrarse en un profundo agujero, apática, con un dolor que se le retuerce el corazón, porque su pareja le ha dejado. Estas sensaciones es cierto que se sienten. Te destrozan, pero los acontecimientos no se pueden cambiar porque no se puede obligar a nadie a estar con quien no quiere, aunque como digo, la sensación de abandono ahoga por los pensamientos que suscita ese acontecimiento; el autodialogo va cargado de “Mi vida no tiene sentido sin ella”; “No podré seguir viviendo sin ella.”; “Esto no debería haber ocurrido…”; “Si pudiera dar marcha atrás…”
Lo importante aquí es, sin tratar de modificar el acontecimiento externo porque no depende de nosotros, cambiar los pensamientos irracionales (de esto algunas personas saben mucho y no se dan cuenta que los tienen), esos que duelen y dificultan la normalidad, el equilibrio real de tu vida: aprender a modificarlos hacia formas más racionales para poder salir y asimilar esta experiencia.
Queda claro, pues, que son nuestros pensamientos y nuestras creencias subjetivas las que nos hacen sentir de una manera o de otra. Por lo tanto es necesario entender que muchos de los trastornos de nuestro comportamiento y de nuestra mente provienen a menudo de modos inadecuados, erróneos, de pensar. Es bajo los efectos de estas ideas irracionales cuando mi pensamiento, el tuyo, se distorsionan. Esta distorsión cognitiva deriva a su vez de las creencias personales o significados subjetivos aprendidos en las etapas del desarrollo como persona y, generalmente, suelen activarse, actuar, de forma inconsciente, sin que tú te percates de los que estás haciendo contigo por dentro.
El significado de estos pensamientos o esquemas cognitivos (supuestos personales), son la forma en que la persona da su significado a su experiencia pasada, presente y futura. Tal vez todo te vaya bien en principio porque estos supuestos personales se encuentran inactivos en tu memoria, pero cuando acontece un suceso desencadenante en tu vida personal, “se activan o despiertan” y comienzan a hacerte ejecutar decisiones o tomar partido por cosas basadas en esos errores de planteamiento, que lógicamente, van entrelazados con unos determinados estados emocionales casi siempre inadecuados.
“ Las distorsiones cognitivas se expresan a través de las cogniciones de las personas (pensamientos e imágenes) que aparecen en situaciones donde hay una intensa alteración emocional (ansiedad, rabia, depresión) y trastornos de la conducta (conducta de escape- ahí te quedas-, o problemas de relación de pareja). A esas cogniciones se les denomina con el nombre de Pensamiento Automático.” (Beck)
Veamos un ejemplo que puede ilustrar todo esto: “Una chica en un bar espera a su pareja y ha pasado más de media hora y aún no llega. A su mente acuden pensamientos como: "Si me quisiera de verdad no me haría esto...estúpido…se va a enterar..." Como veis su pensamiento irracional empieza a irritarla y a prepararse para el enfado, que desde luego, ella sola, en principio, se lo está provocando.
Creo que claramente se ve que a través del autodiálogo, de la idea irracional, se está creando un pensamiento automático que va a provocar su distorsión tanto de pensamiento como de su posterior conducta o comportamiento (rabia, ira, enfado)
”Lo he dejado todo por ti…”; “Me has hecho abandonar lo que más quería para estar contigo…” No dejan de ser distorsiones de pensamiento que se suelen dar en personas inseguras y con un alto y muy marcado índice de personalidad distorsionada ante la realidad. Pensamientos irracionales, en definitiva que no son trabajados de la forma adecuada para su posible cambio. Estas situaciones te forman “versiones” subjetivas de las cosas que nos ocurren que suelen ser en ocasiones bastante erróneas, en el sentido de dar una falsa imagen o interpretación de los acontecimientos y los hechos, por lo que podemos decir que están basadas en las mencionadas distorsiones cognitivas.
La terapia puede ayudar, si tienes la voluntad de pedir ayuda, y lo que se pretende es que estas distorsiones sean sustituidas por pensamientos racionales que aporten una forma distinta de reflexionar y analizar los problemas que tenemos, para intentar obtener estados anímicos de mayor calma y sosiego, con el objetivo de adaptarnos con pensamientos distintos ante los acontecimientos y poder analizarlos para intentar resolverlos.
Es interesante saber que los pensamientos automáticos, esos que pueden hacernos tomar decisiones precipitadas y erróneas, son involuntarios. Están de manera automática en la mente y no son reflexivos ni productos de análisis o razonamientos. Muy al contrario, son reacciones espontaneas ante determinadas situaciones donde aparecen fuertes sentimientos. Aún así, podemos, si queremos, y es relativamente fácil contar con la ayuda si hemos observado que no vamos en nuestra vida como realmente queremos. ¿Qué te cuesta intentarlo? Hazlo por ti. Precisamente uno de los primeros pensamientos que personalmente estimo más irracionales es pensar que no necesitas nada y que eres autosuficiente para salir del bache emocional en el que estás. Si de verdad, en tu intimidad, a solas contigo, autodialogas de forma sincera, intentando evitar todo lo que te atormenta, evitarás mentirte porque es lo peor que puedes hacer. Aprender que hay otras visiones ante el mismo acontecimiento puede ser un buen principio. ¿Escapas de la gente, de mí? Realmente estás ocultándote de ti. Cuídate.
viernes, 6 de julio de 2007
EXPERIENCIAS DE OBSERVACIÓN DE UN ORIENTADOR FAMILIAR (sobre la expresión acerca de la vida de algunos clientes que han pasado por nuestros Centros)

s complicado hacer un compendio de las visiones pragmáticas que tienen de la vida los usuarios/clientes que hemos visto en sesiones clínicas. Lo que para unos es práctico, para otros es el desequilibrio total en su vida; lo que a unos les vale para establecer su equilibrio emocional a otros los desestabiliza hasta tal punto que huyen corriendo sin una aparente razón para el que está enfrente. A veces nos encontramos en primera instancia, que nada, aparentemente, tiene una explicación lógica. Pero, ¿para quién?, ¿quién está pidiendo la explicación lógica, el por qué de ese modo de actuar?
Precisamente es el que no está tomando esa decisión el que está extrañado de los acontecimientos. No entiende. No ve los motivos. Y la razón es clara: no son sus motivos, ni sus razones, ni sus visiones, ni sus pensamientos, parezcan las decisiones lo más disparatadas desde el punto de vista del observador que se ve totalmente desarmado ante el abandono, el desplante, el grito, el enfado...
También es cierto que no siempre se actúa con inteligencia y se toman decisiones totalmente precipitadas llevadas por emociones impulsivas, irracionales, que emanan de ideas igualmente irracionales que no hay quien las entienda porque realmente no se pueden entender.
Hemos visto personas que “han logrado” tener la “libertad anhelada” sin pensar que iban hacia lo que les gustaba o hacia quien les gustaba, dejando de lado a quien les amaba...No saben, no pueden ser conscientes en este momento de su decisión, pero tras agotar la “perfección” de su deseo se dan cuenta de que lo que les gustaba y la razón de su “sentirse libres” no es más que una cárcel que las esclaviza, dándose cuenta a posteriori que lo que les gustaba se va y el que la amaba, las cosas que se empezaban a realizar como sueños y les asustaba en principio, es lo que va a seguir estando hasta el fin de los días, porque es real y no ficticio. No nos era raro ver que las personas se esconden para no afrontar los problemas que merece la pena afrontar para ver su solución, en una “libertad” nada duradera y totalmente ficticia, aunque si realmente es lo que quieren nadie lo puede evitar.
La teoría incide en hacer actuar a las personas nada analíticas porque si realmente pasaran a la práctica de ese pragmatismo de vida se darían cuenta que están actuando justo al revés de lo que realmente dicen que piensan. Un caso muy reciente, una persona dada mucho a la espiritualidad, a la creación del ser con el Universo, a ser uno con los demás, a buscar la libertad del ser...Sin embargo actúa con la esclavitud mental de hacer mucho dinero, de mercantilizar su vida y no tener reparo de abandonarlo todo para convertirse en...,creo que no es cuestión de especificar calificativos, ponedlos vosotros.
Si alguna vez obtienen los resultados deseados, aunque lo parezca, y logren “convencer a las personas que se le pegan por conveniencia”, pienso que no saben lo que realmente quieren; su vida es un intentar y no conseguir porque no tienen unas metas reales y esta brutal vida las va zarandeando de un sitio a otro. Son duras, resistentes, pero suelen somatizar infinidad de situaciones que las envuelve en un descontento interior que se niegan a exteriorizar. Si se sienten víctimas de la vida, vivirán como víctimas de la vida. Se esconden en una actividad frenética para no tener que pensar serenamente en el futuro de su propia vida; quieren tranquilidad y son incapaces de ofrecerla ni de vivirla. Tienen miedo y necesitan ayuda que también se niegan porque se creen autosuficientes (y ese es su verdadero deseo) pero no lo logran porque dependen, si se analiza, de muchísimas personas, en vez de hacerlo de ellos mismos, idea ésta que suelen preconizar verbalmente pero nunca con el ejemplo. Suelen rechazar a los iguales, a los que le “oponen algún tipo de resistencia” para lograr un cambio; se encuentran mejor en el grupo del que se suelen erigir en líderes para organizar todo, pero en la realidad dejan de ser líderes de su propia vida, aunque creen a ciencia cierta que lo que están viviendo es lo que realmente quieren vivir.
Podemos observar un desasosiego interior que las agota mentalmente y las inhabilita para poder poner en marcha sus propias soluciones, hecho éste que les hace, como decía antes, a estas personas, esconderse en una actividad frenética con la sensación de hacer muchas cosas para sentirse vivas; olvidan, aunque es el mensaje teórico que dan, que el sentirse vivo es más sencillo que todo eso y que ha de ir desde su interior hacia fuera, no desde las cosas de fuera hacia el interior. Les asusta pensar y enfrentarse a las crisis de cambio. Suelen buscar las soluciones en las estrellas, en el cielo, mirando hacia arriba, cuando la realidad es mucho más sencilla que todo eso. Se suele tener la solución mirando delante de uno y a muy corta distancia, pero ahí es donde no se suele mirar.
Es una verdadera pena que este tipo de personas, por otra parte, totalmente respetable su elección de la forma de vivir, pues es lo que ellas eligen y no podemos ir de salvadores (no se puede ayudar a quien no quiere), no intenten pedir ayuda profesional y cuando lo hacen es tanto lo que hay que “sanar” que se eternizan las sesiones de Orientación y Terapia, siendo también difícil el comienzo porque el rechazo al cambio es pertinaz. Son incapaces de pensar que si hasta ahora la vida no les había ido bien por lo que estaban realizando, ¿por qué no cambiar y serenarse viviendo en “su tranquilidad personal”? Los otros son los responsables de que esto les vaya de esta manera por que son incapaces de autoanalizarse con honestidad, eficacia y recurrir a toda la energía interior que poseen, que es malgastada en otros menesteres o “vampirizada”, permítanme la expresión, por otros que necesitan de su energía.
Creo conveniente terminar con un párrafo de Baltasar Gracián, de su libro “El arte de la Prudencia”: “ Moderar la imaginación es el todo para la felicidad. Unas veces hay que refrenarla y otras ayudarla: el buen sentido la ajusta. A veces se convierte en tirana: no se contenta sólo con especular, sino que actúa y se hace dueña de la vida, haciéndola gustosa o pesada, según su capricho, creando descontentos o satisfechos de sí mismos. A unos, como verdugo casero de los necios, les presenta penas continuamente; a otros les propone felicidad y aventuras con vana presunción. Todo esto puede la imaginación si no la refrenan la prudencia y el buen sentido...Es una gran lección de la vida el saber negar, pero lo es mayor el negarse uno mismo, tanto en los negocios como en el trato personal. Hay ocupaciones extrañas que son polillas del tiempo precioso. Peor es ocuparse de lo inútil que no hacer nada. Para ser prudente no basta no ser entrometido: hay que procurar que no te entrometan. No se puede ser tan de los otros que uno no sea de sí mismo. Incluso de los amigos no se debe abusar, ni querer más de ellos que lo que den. La demasía es vicio, y mucho más en el trato. Con esta moderación prudente se conserva mejor la estima y el agrado de todos, porque no se desgasta la preciosísima dignidad. Se debe mantener la libertad en la apasionada inclinación por lo selecto y no pecar nunca contra el buen gusto.”
Creo que aquí tenéis otro artículo para que podáis reflexionar. Hasta de estas ideas se podría hacer una tesina importante.
JUAN JOSÉ LÓPEZ NICOLÁS. Orientador Familiar
jueves, 5 de julio de 2007
ARTICULO SOBRE ORIENTACION FAMILIAR
SOY HOMBRE: YO NO SOY EL PROBLEMA

esde hace unos seis años, mi equipo y yo, estamos tratando casos de Orientación y Terapia familiar derivados por las Unidades de Trabajo Social del Ayuntamiento de Molina de Segura (Murcia), altamente comprometido y sensibilizado con el tratamiento del bienestar de la pareja y la familia. En todo este tiempo nos ha sido difícil encontrar un número alto de hombres que reconocieran que formaban parte del problema que se suscitaba en la pareja, en la familia.
Las estadísticas están muy claras: de las personas atendidas sobre un 20% son hombres y un 80 % mujeres. Ellas son más capaces de utilizar el hemisferio derecho del cerebro y nosotros (afortunadamente, no todos) más el hemisferio izquierdo. Ellas se permiten ser más niñas, más emocionales, más profundamente sentimentales, sin que esto signifique una merma en su igualdad en la diversidad. Somos distintos y tremendamente “más iguales” de lo que nos imaginamos y tal vez sea la educación machista la que ha hecho mucho daño en la forma de expresar las emociones y los sentimientos.
Sin embargo, como digo, aunque pocos son, hemos tenido la suerte (más bien es la suya) de encontrarnos con hombres que han decidido pedir ayuda junto a sus parejas o solos dejando atrás eso de “yo soy el hombre, no soy el problema; ni los tengo ni los causo. Es ella, que es como es.”
Esta actitud, este pensamiento claramente educacional, es contrario al sentido común y práctico de las relaciones humanas.
Voy a comentaros en este artículo lo que hemos oído, lo que nos han contado los hombres a lo largo de nuestras sesiones y en diferentes estadios de las mismas. Para simplificar, todo este compendio de sensaciones voy a ponerlas en la boca, en la mente, de un solo protagonista, de un solo hombre, al que llamaremos JUAN. A veces os podrá parecer en sus expresiones un profesional de la Psicología, otras, una persona atormentada sin una sensación de saber lo que quiere expresar (ambos extremos han recibido tratamiento), pero lo que interesa exponeros es desde el momento en el que hemos logrado que se “abran” y son capaces, “casi solos”, de ir describiéndote sus estados de ánimo antes y después de nuestro concurso, antes y después de ser conscientes de la necesidad de efectuar el CAMBIO que no creían que necesitaban (cambio 2).
Espero y deseo que os sirva tanto a profesionales de la Orientación Familiar como a profanos en la materia, pero actores y dueños, al fin y al cabo, cada uno de su vida y de su modo de vivirla.
Allá vamos:
“Sí, ahora creo que va siendo el momento adecuado para poder decirte aquello de lo que tantas veces me he arrepentido y es en este momento cuando voy sintiendo que en mi interior se va alojando un cambio, que aún no entiendo, pero está teniendo lugar.
Podía leer y releer libros de autoayuda; salir de mí mismo para identificar mis problemas, pero todo seguía igual. Por mucho que quisiera convencerme del camino que necesitaba para ser feliz, no lograba encontrar mi sitio, o el de los demás. ¿Dónde estaba yo y dónde los otros, los demás; aquellos a los que quería pero sólo conseguía distanciar de mi lado?
Mi pensamiento era un continuo bullir de ideas que no lograba quitarme de encima. Mi propia mente, mi amiga, mi mejor aliada, era el monstruo que se erguía entre la sensatez que podía dar a mi vida la relativa felicidad y esa otra parte de mí que no enfocaba adecuadamente ni mis ideas ni mis pensamientos. En definitiva era un yo que me hacía recordar a R. L. Stevenson y su Dr. Jekill y Mr. Hyde. Necesitaba salir de mi laberinto individual para obtener el gran premio de la convivencia descontaminada con los otros. Lo que tú llamas, creo, esa palabra tan rara que alguna vez me has dicho: homeostasis. Pero yo mismo me enredaba en mi propia red de emociones sin lograr desentrañar el punto de ruptura que necesitaba para que la noche y la niebla se disiparan en mi vida.
No contaba con que los problemas desaparecieran, sino con que mi actitud, mis recursos, mi “caja de herramientas”, tuviera las necesarias y mi consciente lograra coger la adecuada para reparar “las roturas” que se me presentaran durante mis diferentes ciclos vitales. Ya no veía mi propio problema. Todo eran problemas y no conseguía comunicarme. Por mi boca salían pensamientos verbalizados de los que me arrepentía nada más oírmelos. Pero no podía parar; no lograba romper el círculo, ese lazo que me atenazaba y cuanto más me movía más se apretaba por sí solo ( o por lo menos eso creía yo) Me encontraba mal y ni me quería ni quería, o por lo menos, no era capaz de demostrar cuánto amaba a mi pareja, a los que me rodeaban.
Tenía todos los ingredientes para ser feliz y no lo era. Estaba perdido, sin norte y a merced de lo puramente instintivo, de mis reacciones más primitivas... ¡Y creía que pensaba! Acudía a mi bagaje mental, a mis conocimientos, a mi experiencia de vida y nada me servía. Sólo podía cambiar si desechaba lo aprendido y lograba verme y ver los sucesos, mis propios sucesos, desde fuera, como espectador, sin juzgar. “Simplemente” observarme y ver con formas distintas un yo mismo desde fuera de mí. Debía salir del círculo vicioso con planteamientos nuevos. Dejar mi mente para que mi mente me dejara.
Cuando duele el alma se anestesia la razón y solo se ve ese túnel en el que uno se encuentra y que además parece que coinciden todos los problemas en él, afectando a uno de manera que mire a donde mire, no ve salidas. La razón y la ayuda externa son los únicos aliados para encontrar de nuevo el rumbo adecuado que te sitúe en el punto de equilibrio personal que todo ser viviente necesita (y anhela). Es ahora cuando voy conociendo un remedio para que los problemas, las discusiones, los enfados, las crisis, no tengan necesariamente que proyectarse en el otro, en mi pareja, en mis hijos. Sí, voy conociendo, pero hay que ver lo que cuesta, que la problemática propia se transfiere a la persona con la que estás, generalmente, a la que amas mucho y sin embargo se le “agrede” y culpabiliza de nuestros propios miedos, frustraciones y/o incapacidades para el autocambio.
Creo que es común pensar (ya no sé a veces lo que creo, me haces dudar mucho) que uno hace las cosas bien, las piensa y actúa correctamente, pero la incapacidad de nuestro verdadero deseo (ver conseguidos nuestros objetivos a medio-largo plazo) nos hace sacar de nuestro interior una fuerza negativa y por no ser capaces de autocriticarnos y autoculpabilizarnos ( perdóna, autorresponsabilizarnos) huimos de esa responsabilidad y atacamos: “¡anda que tú! Siempre estás con lo mismo, mírate tú y déjame a mí”
Tú, tú, tú; el eterno soniquete que predispone las situaciones más simples y carentes de verdadera importancia hasta convertirlas en discusiones serias; en verdaderas batallas campales en las que los daños directos y colaterales van deteriorando hasta la más profunda y bella relación.
Mi mente, mi ser, mi yo. Estos han de ser los principales protagonistas del verdadero cambio. El cambio verdadero y fructífero es desde dentro hacia fuera (¡qué equivocado estaba antes de darme cuenta de esto!) y no al revés, como comúnmente se cree, por lo que si elegimos la mala opción (no se tiene a veces la capacidad para verlo), desde fuera hacia dentro, lamentaremos toda la vida el querer cambiar al otro, al resto del mundo. No vemos que es más conveniente, y el verdadero reto, cambiar las propias actitudes. Si me es complicado retocar mi interior sería obvio pensar que más difícil es remodelar a la fuerza la forma de ser de otra persona distinta a mí. Y sin embargo luchamos hasta la extenuación y nos empeñamos en no trabajarnos (es un proceso y una elaboración) y conocer nuestras carencias, empecinándonos en que es el otro el que hace que yo no vea las cosas como quiero.
¡Qué difícil es autoculparnos y responsabilizarnos de nuestros propios actos!
Vivir debería ser el acto bello que todos queremos. Vivir es sentir que somos el ser que nuestra propia libertad responsable nos hacer ver, sin contar con que la propia vida es dura y más se hace si las riendas de nuestro propio existir están en manos de otro que no sea yo mismo. Siendo esto así, esta responsabilidad propia ha de llevarnos a vivirnos como los autores y actores de lo que hacemos, sentimos y pensamos, con la premisa importante e ineludible de aquel dicho griego: Gnoszi seauton (Conócete a ti mismo)
Ahora es cuando puede ser que empiece a sentir cosas que antes ni me las planteaba. Ahora es cuando vivo. Lo vivido es un bagaje que me forma pero no me construye totalmente. Mi sitio es mi ahora y lo pasado son vidas, momentos conscientes o inconscientes que intentan crear un yo presente distinto al que realmente debo ser. Si quiero ser con futuro preciso construir un ahora profundo, cambiando los errores en experiencias de mi conciencia que me hacen sentir cada momento del día con el objetivo prioritario de convertirme en buena persona. Pero no me pises porque soy un yo renovado por mi conciencia del pasado que reaccionará de forma asertiva ante cualquier hecho que me remolque a verme en situaciones pasadas.
Mis recursos de antaño no me sirven. He de llenarme de nuevas estrategias para afrontar situaciones distintas que me son nuevas y por lo tanto debo aprender a enfrentarme a ellas. He de hacerlo porque el mero conocimiento de los problemas (que es un paso importante y principal) no supone la solución de los mismos; si no me pongo en marcha, actúo, interiorizo y dejo de moverme en el maldito mundo de las ideas inmóviles, no avanzaré en mi primera P (Persona, Pareja, Padre)
Sí, ahora estoy aprendiendo que para ser en ti, en los demás, tengo la necesidad imperiosa de ser completamente en mí. Amarme para poder amar, comprenderme para comprender, aceptarme para aceptar y respetarme para poder respetar.
Cada vez que me pones enfrente del papel a escribir, es como si tuviera que analizarme y de hecho estoy sacando cosas de mí que jamás creí que pudiera sacar, ¡y eso que soy un hombre!”
JUAN JOSE LOPEZ NICOLAS. Orientador Familiar
Asociación Convivencia Familiar.
miércoles, 4 de julio de 2007
CUESTIONARIO DE FUNCIONAMIENTO FAMILIAR

n un artículo anterior (¿qué ha de observar en la familia el Orientador Familiar?), os hacía referencia a un sencillo cuestionario que nos puede dar algunas pistas para centrar la problemática dentro del sistema familiar: el FF-SIL, cuestionario de funcionamiento familiar, con sólo 14 items.( Referenciados sus autores en artículos anteriores y autora principal Isabel Louro)
Antes, creo necesario aclarar que nosotros, los Orientadores Familiares, no somos psicólogos, algunos, y por tanto no podemos pasar tests ni baremarlos, aunque en mi caso, al tener un equipo multidisciplinar que está integrado también por Licenciados en Psicología expertos en familia, ese problema no lo tengo, pero en caso de no disponer de un psicólogo clínico, podemos acudir a recursos, cuestionarios adecuados para que nos puedan facilitar el inicio de las sesiones y saber, tener algún dato, para iniciar la Orientación en los aspectos en los que, en principio, la familia presente alguna disfuncionalidad y sobre todo en qué área. Paso directamente a ofreceros este sencillo cuestionario y la forma de valorarlo para conseguir inicialmente el hilo conductor del posible tratamiento de ese sistema familiar disfuncional.
CUESTIONARIO DE FUNCIONAMIENTO FAMILIAR (FF-SIL)
A continuación les presentamos una serie de situaciones que pueden ocurrir o no en su familia. Necesitamos que Ud. Clasifique, PUNTÚE su respuesta según la frecuencia en que ocurre la situación.
Casi nunca (1).
Pocas veces (2)
A veces (3).
Muchas veces (4).
Casi siempre (5)
1.Se toman decisiones entre todos para cosas importantes de la familia. ______
2.En mi casa predomina la armonía. _______
3.En mi familia cada uno cumple sus responsabilidades. ______
4.Las manifestaciones de cariño forman parte de nuestra vida cotidiana. ____
5.Nos expresamos sin insinuaciones, de forma clara y directa. ______
6.Podemos aceptar los defectos de los demás y sobrellevarlos. ______
7.Tomamos en consideración las experiencias de otras familias ante situaciones dificiles. _______
8.Cuando alguien de la familia tiene un problema los demás ayudan. ______
9.Se distribuyen las tareas de forma que nadie esté sobrecargado. ______
10.Las costumbres familiares pueden modificarse ante determinadas situaciones.______
11.Podemos conversar diversos temas sin temor.______
12.Ante una situación familiar difícil somos capaces de buscar ayuda en otras personas.______
13.Los intereses y necesidades de cada cual son respetados por el núcleo familiar._______
14.Nos demostramos el cariño que nos tenemos.______
PUNTUACIÓN TOTAL:__________
BAREMO
De 70 a 57 puntos. Familias funcional
De 56 a 43 puntos. Familia moderadamente funcional
De 42 a 28 puntos. Familia disfuncional
De 27 a 14 puntos. Familia severamente disfuncional
Número de pregunta y las Situaciones Variables que mide
1 y 8 ....... Cohesión
2 y 13 ...... Armonía
5 y 11 ...... Comunicación
7 y 12 ...... Permeabilidad
4 y 14 ...... Afectividad
3 y 9 ....... Roles
6 y 10 ...... Adaptabilidad
Cohesión: unión familiar física y emocional al enfrentar diferentes situaciones y en la toma de decisiones de las tareas cotidianas. Armonía: correspondencia entre los intereses y necesidades individuales con los de la familia en un equilibrio emocional positivo. Comunicación: los miembros de la familia son capaces de trasmitir sus experiencias de forma clara y directa. Permeabilidad: capacidad de la familia de brindar y recibir experiencias de otras familias e instituciones. Afectividad: capacidad de los miembros de la familia de vivenciar y demostrar sentimientos y emociones positivas unos a los otros. Roles: cada miembro de la familia cumple las responsabilidades y funciones negociadas por el núcleo familiar. Adaptabilidad: habilidad de la familia para cambiar de estructura de poder, relación de roles y reglas ante una situación que lo requiera
Lógicamente podéis adaptarlo a vuestras necesidades. En mi equipo se pasa el cuestionario a todas las personas atendidas y así podemos tener los datos de las distintas visiones que tiene cada elemento del sistema familiar sobre una misma cuestión. Os asombrareis de los resultados en ocasiones, ya que en familias en que la comunicación es casi nula, puede ser un buen instrumento para comenzar a confrontar las opiniones a través de la situación que podemos provocar. No podemos decir que tenga un valor diagnóstico claro y fijo, sino, como dije al principio, una base por la que empezar a coger el principio del hilo de los conflictos familiares, una base por la que empezar a trabajar con la familia.
JUAN JOSE LOPEZ NICOLAS. Orientador Familiar
viernes, 29 de junio de 2007
LA ORIENTACION FAMILIAR: UNA RAZON DE SER
JUAN JOSÉ LÓPEZ NICOLÁS. Orientador familiar. Articulista de la página TERAPIA Y FAMILIA. http://www.terapiayfamilia.blogspot.com. Asociación Convivencia Familiar Rincón de Seca
miércoles, 27 de junio de 2007
CONSIDERACIONES SOBRE LA VIOLENCIA Y EL MALTRATO

a familia, cuya función es la de proporcionar a sus miembros protección, compañía, seguridad, amor y apoyo emocional tan necesario para un desarrollo saludable, se ve seriamente lesionada cuando se instaura el abuso, la violencia y el maltrato como sistema de relación entre sus miembros.
La Constitución y las Leyes en la mayoría de nuestros países, garantizan a toda persona, sin discriminación alguna, el goce y ejercicio irrenunciable, indivisible e interdependiente de los derechos humanos y dice además que toda persona tiene derecho al libre desenvolvimiento de su personalidad. Principios que en la violencia familiar no se respetan.
La violencia familiar tiene repercusiones legales, culturales, familiares y de salud.:
1. Legales, pues se infringe la Ley al violar los derechos más fundamentales de las personas.
2. Culturales y sociales porque perpetúa comportamientos negativos y crea estereotipos culturales que pasan de generación en generación y se extiende a otros ámbitos de relación como son la escuela, el trabajo, el vecindario, la comunidad y además se repite en otra relación, cuando esta se disuelve.
3. Familiares, pues desencadena entre sus miembros una serie de reacciones en cadena de comportamientos violentos.
4. En la salud, pues es causa de estrés intenso y las consecuencias a nivel físico y psicológico pueden ser graves, gravísimas, reversibles o irreversibles, llegando incluso hasta
la pérdida de la vida en el individuo que la padece.
La violencia familiar es una realidad muy compleja que necesita la atención y cooperación de todos --ciudadanos, instituciones, gobierno--, pues afecta a todos los grupos sociales y se refleja en el comportamiento de los ciudadanos y la cultura del país. El tipo de familia que predomina en la actualidad — nuclear y monoparental — y el ingreso de la mujer al mundo laboral y a actividades fuera del hogar han propiciado la aparición de programas que fomentan el ingreso de los niños desde temprana edad a actividades pre-escolares o a soluciones a corto plazo para el cuidado de niños y de servicios de ayuda a los padres, al menos en horas laborales. Esto ha puesto de relieve la situación de maltrato y violencia en que se encuentran muchas familias y en especial niños maltratados por padres que generalmente viven bajo una fuerte y continua tensión producida por problemas familiares, laborales y sociales que no pueden controlar.
Para prevenir el irrespeto y la disolución de las familias e intentar resolver el problema de la violencia familiar y los niños maltratados es necesario hacer énfasis en los derechos de los niños y en las responsabilidades de los padres hacia sus hijos y que se promueva un cambio fundamental de los valores sociales y las prioridades públicas que puedan aliviar las condiciones de pobreza, desempleo, vivienda inadecuada y problemas de salud de la gran mayoría de familias.
Es necesario que se eduque y se promueva la transmisión de valores de mutua tolerancia, autoestima, comprensión, solución pacífica de conflictos y preparación para la vida familiar con derechos y obligaciones domésticas compartidas entre hombres y mujeres y, en general, igualdad de oportunidades entre los géneros.
La atención no debe de estar restringida únicamente a la denuncia de la víctima y al acuerdo o sanción del agresor. Son muchas las variables comprometidas dentro de la dinámica de la violencia familiar.
La víctima resulta con graves secuelas psicológicas que influirán en su vida futura.
Los hijos son también víctimas o espectadores de modelos de relación que también afectan su vida presente y su vida futura, pues más tarde repetirán estas conductas cuando adultos. El agresor, a pesar de la separación o sanción por su conducta, por lo general no llega a tomar conciencia de la gravedad de los hechos cometidos y continúa esta conducta o la repite en otra relación.
Debido a la situación considerada traumática de la violencia familiar y las consecuencias en la vida y la salud de la víctima y el resto de la familia, se requiere que en todos los casos, se hagan experticias con profesionales especialmente capacitados (médicos, psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales), que determinen la condición de la víctima y evalúen el comportamiento del agresor.
El motivo de esta propuesta es que hoy por hoy, a pesar de que las leyes implementadas sobre Violencia contra la mujer y la familia han previsto la intervención de órganos especializados para el estudio evaluación y posterior tratamiento de los daños ocasionados a la víctima, por lo general en la práctica no se aplica, salvo en casos de gravedad extrema o en casos de violencia física. Esto hace que no se tomen en cuenta las diferencias individuales a la hora de tratar los casos ni tampoco puedan determinarse las consecuencias graves, gravísimas, reversibles o no reversibles, que causan las conductas de abuso, violencia y maltrato en la salud de las personas que la padecen.
La intervención que actualmente se hace, únicamente persigue el cese de la conducta violenta, que como ya se ha dicho antes, no resuelve el problema. Según estudios a nivel internacional, se ha determinado que las víctimas sometidas a violencia familiar son personas consideradas sobrevivientes de una situación de estrés de grandes proporciones, solo comparable a cualquier experiencia trágica como es la situación de un secuestro o una de rehenes. Los funcionarios encargados de atender y tratar este problema, en su mayoría, desconocen esta situación y la legislación y los procedimientos jurídicos, que son los medios con los que hoy se aborda este fenómeno, no han previsto estas consecuencias, por lo que es urgente y necesario que se legisle al respecto, para así lograr un afrontamiento real y efectivo a este problema cotidiano que nos afecta a todos.
El tratamiento del problema de la violencia familiar debe ser integral y simultáneo a todos los involucrados en estos casos (víctima, agresor e hijos), a fin de lograr la recuperación familiar y el aprendizaje de conductas más armónicas de convivencia, formas más positivas y pacíficas para resolver conflictos y una relación interfamiliar en la que se estimule el diálogo, el entendimiento y se respete la opinión de todos sus miembros, incluyendo a los niños y los mayores (abuelos cuando se convive con ellos), en las decisiones importantes que afecten a todo el grupo familiar. Establecer redes de soporte familiar y social para romper el aislamiento e integrar a la familia a la comunidad con autonomía e independencia. Se trata además de darles apoyo y estímulo para que el pasado no los angustie, vivan el presente, y construyan expectativas para el futuro.
En países como el nuestro, de tanta pobreza y adversidad es importante dirigir esfuerzos hacia una mejor calidad de vida de las personas a partir de la comprensión de los mecanismos que actúan a nivel individual, familiar y comunitarios que puedan traducirse en el desarrollo e implementación de programas de acción y educativos que refuercen y reconozcan fortalezas más allá de la vulnerabilidad y estimulen el desarrollo de mecanismos protectores físicos, psicológicos y ambientales. Esto es, promover factores de resiliencia que fomenten el desarrollo de capacidades que permitan a las personas, familias y comunidades, una aproximación activa hacia la resolución de problemas de la vida, interactuar efectivamente con gran cantidad de experiencias emocionales de riesgo, logrando la atención positiva de otras personas. Fomentar además en las personas, la habilidad para percibir sus experiencias de manera constructiva aún cuando estas hayan causado dolor y sufrimiento y promover un sentido de fe que les permita una visión positiva de la vida y un sentido de trascendencia.
Consideramos importante además, la capacitación del personal encargado de la atención de estos casos, no solo en el conocimiento de las leyes, sino en la dinámica de este fenómeno, sus consecuencia y la repercusión que tiene en la sociedad y en la salud de los individuos. Asimismo, capacitar al funcionario en técnicas de comunicación, escucha activa, resolución de conflictos y en aquellas para el manejo del estrés que causa el estar expuesto a este tipo de ocupación tan especial.
No todos estamos capacitados para realizar determinadas actividades, especialmente cuando nuestro trabajo consiste en interactuar con muchas personas en una labor de servicio y ayuda; más aún si tenemos que enfrentar y asistir a personas en conflicto.
El desarrollo personal del trabajador debe tomarse en cuenta a fin de acercarnos al perfil psicológico que se requiere para labores de este tipo y esto es, ser una persona bien ajustada, con una adecuada capacidad mental general y capacidad emocional y social bien desarrollada. Se propone talleres para el desarrollo de estas habilidades y destrezas.
El estrés que surge por el trato constante con personas inmersas en conflictos de difícil tratamiento, se puede manejar con técnicas de relajación, formación de grupos de reflexión de lo emocional entre los compañeros de trabajo y condiciones laborales adecuadas.
El Síndrome de Burnout pasa generalmente desapercibido y no permite la adecuada atención a los usuarios a pesar de que sus efectos afectan no solo al trabajador, sino también a sus compañeros, a su familia y al usuario, pues se refleja en el deterioro del servicio y como consecuencia, el desprestigio para la institución.
El funcionario debe de estar capacitado en procedimientos y técnicas de manejo de conflictos y saber diferenciar entre lo que se puede mediar o conciliar y lo que se tiene litigar dentro de los conflictos familiares.
Para conciliar o mediar no es necesario ser un profesional universitario o un profesional del derecho (Palacios A, 2002). Muchos de los profesionales del derecho entrampan la solución a los conflictos pues están entrenados para el litigio. Sin embargo, para establecer los acuerdos y la solución al conflicto, es imprescindible la presencia de un profesional del derecho pues estos acuerdos deben de estar ajustados a la Ley.
Nuestra propuesta en este punto es capacitar a todo funcionario, desde los miembros de los órganos policiales hasta jueces, en técnicas de resolución de conflicto diferentes al litigio. Así se descongestionará el Poder Judicial, se podrá llegar a soluciones al conflicto con mayor celeridad y las personas tendrán la oportunidad de aprender a dialogar y buscar lo positivo, lo equitativo y lo armónico dentro de las relaciones con otras personas y podrán asumir con responsabilidad y creatividad, la solución a sus conflictos.
Se trata entonces, preocuparnos por el funcionario y motivarlo para que desarrolle las habilidades y destrezas necesarias para una intervención óptima y eficiente, sin agotarse emocionalmente ni contaminarse, sin agravar el estrés de las personas a las que le presta su servicio y a su vez que protege su salud, la de sus familiares y la de sus compañeros de trabajo.
Con el interés y la preocupación de todos podremos romper las cadenas estigmatizadas de comportamientos negativos que han pasado de generación en generación y que aún se repiten en nuestros días. Con fe, optimismo, esfuerzo y voluntad, lograremos eliminar la violencia familiar e instaurar una cultura de paz familiar y social.
“Lo que puedes hacer o has soñado que podrías hacer, debes comenzarlo. La osadía lleva en sí, genio, poder y magia”. GOETHE
Autora: Alejandra Palacios Banchero Psicóloga Clínica y Comunitaria,Conciliadora Extrajudicial especialista en familia Y articulista de la página TERAPIA Y FAMILIA http://www.terapiayfamilia.blogspot.com
domingo, 24 de junio de 2007
¿AMOR O DEPENDENCIA?

uchas personas llaman amor intenso a la necesidad neurótica del otro (pareja o ex); hasta tal punto es así, que perciben la falta de dicha necesidad en el otro como ausencia de amor. Nada más alejado de la realidad; de hecho, suele amar más quien “menos necesita”, ya que, si siente amor, será de verdad, sano.
”PARA DESCUBRIR EN NOSOTROS EL AMOR, LO PRIMERO ES AMARNOS A NOSOTROS MISMOS.” ROJAS MARCOS.
Esta frase, tan repetida, habla de una vieja quimera deseada por todos: la autoestima; pero lo cierto es que, en ocasiones, confundimos su falta con el amor.
El amor neurótico, patológico, es propio de personalidades inmaduras, inseguras y faltas de autoestima que han proyectado en el otro su propio valor; es decir, su propia estimación. Dependen de lo que les valore la otra persona.
Por eso, cuando el sano rompe la relación el neurótico no lo puede soportar; se hunde, se deprime, pierde el interés por todo, ya que, al pensar que no sirve para nada no tiene sentido (para él o ella) esforzarse en nada, pues nada puede conseguir por sí solo.
Para ilustrar mejor este proceso distingamos entre “necesitar a alguien porque se le ama” y “amarle porque se le necesita”. Lo primero es lo deseable en una relación y es normal que cuando nos separamos nos encontramos tristes y ansiosos. La exacerbación de estos sentimientos (depresión, histeria), ocurre con lo segundo (amarle porque se le necesita) y se da en el amor neurótico.
El dependiente no pasa página, no se libera del apego, tiene un pensamiento monotemático y llega a agobiar, perseguir, amenazar, insultar, maltratar (física ó psicológicamente) o chantajear emocionalmente a su ex para que vuelva con él a toda costa, a la fuerza (el maltratador piensa que si no es por la fuerza ella no estaría con el) y, en casos extremos, a asesinar a su ex porque, para él, es la dueña de su autoestima.
De ella depende que él sea valioso, así que: “si no está conmigo es que no valgo”; esto puede desembocar en el deseo de eliminar a quien “le quita su valor como persona”.
Ningún ser vivo a parte del hombre tiene problemas de autoestima. La autoestima es constructiva, integradora, amorosa, joven y fresca; es un sentimiento que regala afecto placentero para sí mismo y para los demás; es una sensación de compañía eterna y seguridad.
“Todos los seres humanos ideamos algún mecanismo que nos permite, al despertarnos cada mañana, estar seguros de que somos la misma persona que se fue a dormir la noche anterior.” GORDON W. ALLPORT
Para los que no saben estar solos, para los dependientes, es mayor el temor a la soledad que la consciencia de estar acompañados a la fuerza. Porque ¿qué persona sana desearía que alguien estuviese con él por obligación?

Las emociones que no siguen el curso adecuado para desarrollar el potencial interior que todos tenemos nos impulsan a quebrantar lo más grande de nosotros mismos. No podemos amar si no nos sentimos libres; no podemos convivir con un amor manipulado, repleto de pactos y mercantilista.
El amor te desarrolla, te enseña, te potencia, te quiere, te aprecia, te reconoce, te admira. El amor es lo único que mueve el mundo, y a quien no consigue llevar esta obra de arte, nacida de nosotros mismos, al puerto de la felicidad, más le valdría reflexionar sobre sí mismo y dejar la oportunidad de compartir este sentimiento con otra persona hasta que consiga liberar estos comportamientos y adentrarse en sí mismo de manera profunda, desarrollando la inteligencia emocional que todos llevamos dentro.
Por todo esto, y para terminar, quiero decir que la pareja es integradora y que el primer paso para que la relación llegue a ser el reflejo de nosotros mismos es potenciar los aspectos positivos que llevamos dentro.

Quienes tienen lástima de sí mismos, hacen daño a los demás. Es la tiranía de los débiles.
EL AMOR ES UN REGALO, NADA TENEMOS QUE PAGAR POR SENTIRLO O POR VIVIRLO.
GLORIA S. CONESA ALBALADEJO. Orientadora familiar
Articulista de la página TERAPIA Y FAMILIA www.terapiayfamilia.blogspot.com
sábado, 23 de junio de 2007
AGRADECIMIENTO DE VIVA VOZ
Desde Murcia, España, todo el equipo de nuestra Asociación y Centros de Orientación Familiar, quiere agradecer las colaboraciones y la aceptación que ha tenido nuestra página y nuestro trabajo entre todos vosotros.Onda Radio Murcia en el 107.2 de la FM es la primera emisora que se ha hecho eco de nuestra labor. Muchos paises nos estais visitando y eso es de agradecer. Mexico, Venezuela, Chile, Perú, Colombia, Uruguay, Paraguay, Guatemala, Argentina, Estados Unidos, Ecuador, Alemania, España, Francia, Portugal, Brasil, Bélgica, Suecia, Rep. Dominicana, Cuba, Puerto Rico, Costa Rica, y un etcétera larguísimo, habeis conformado y nos estais dando ideas y ánimos para seguir dando carácter a la página y esforzándonos por escribir sobre temas que nos puedan ayudar a todos.
Eso pretendemos: AYUDAR A TODA LAS GENTE QUE QUIERA SER AYUDADA.
Nuestra idea de conseguir formar una red de Gabinetes de Orientación y Terapia familiar en todos los ayuntamientos sigue totalmente latente y con mayor ilusión, si cabe, porque entendemos la necesidad de ello.(Ver artículo de NUESTRO PROYECTO)
Por otra parte quiero, desde esta página, agradecer a todo mi equipo que con su participación no hace otra cosa que engrandecer nuestro objetivo dándome cada vez más ilusión para seguir en la brecha, de forma especial a una persona, también muy especial, gran profesional, que está demostrando día a día que esta profesión es un gran futuro y una urgente necesidad: MANUEL IRLES CONESA. Gracias, gracias, gracias a todos.
Juan José López. Presidente de la Asociación Convivencia Familiar
jueves, 21 de junio de 2007
CUANDO EL AMOR SE CONVIERTE EN ADICCIÓN

uando una persona no logra liberarse de una relación sentimental que le produce daño y perjudica su salud física y mental, la relación se convierte en obsesión.
La persona no es feliz ni con la pareja ni sin ella, pues ha ingresado a un círculo vicioso similar al que ingresan aquellos individuos adictos al alcohol, las drogas, el juego u otras. Así como aquellos necesitan y toleran cada vez más cantidad de tóxicos para poder funcionar, la persona "adicta al amor" soporta increíbles cantidades de sufrimiento en la relación que ha establecido.
Estos individuos que por una u otra razón tienden a manejar sus problemas a través de la manipulación y el control de otros, se “enganchan” en una relación sentimental con personas inadecuadas que por lo general son incapaces de comprometerse emocionalmente en la relación. El individuo la percibe desvalida, necesitada o que requiere de alguna transformación y se erige como responsable de su “salvación” o de su transformación, creándose así una codependencia o adicción.
En base a esta premisa falsa, tiene la creencia de que con el “poder de su amor” logrará retener a la pareja, satisfacer sus carencias o lograr su transformación y busca cualquier pretexto para mantener la relación, a pesar del maltrato y rechazo que recibe. Temen enfrentar la realidad y las consecuencias que un cambio de actitud o de comportamiento produciría en sus vidas.
Relaciones de este tipo se caracterizan por ser dramáticas, caóticas, llenas de excitación, sufrimiento y un alto grado de erotismo y sexualidad.
Por lo general, la seducción, y la sexualidad definen la relación. Hay una supuesta “buena sexualidad en una mala relación sentimental”. El esfuerzo por complacer se centra particularmente en esta área, que probablemente es utilizada como “disfraz” para esconder carencias afectivas y la necesidad de ser abrazado, protegido, amado. Por esta razón los encuentros sexuales, especialmente al inicio de la relación o después de un distanciamiento o cuando no hay formalidad en la relación (amantes) , se suelen distinguir por el encanto, romanticismo, erotismo y sensualidad En la dinámica de la “adicción al amor”, los intentos por retener y/o cambiar al otro, vinculados con el manejo y el control, se convierte en una lucha continua en la que uno es el que “soporta” ser herido, humillado, violentado, mientras el otro desprecia, maltrata, se deprime, llora, suplica o provoca mayor alejamiento emocional. Muchos siguen juntos pero distantes, sin romper totalmente la relación, causando con esto, mayor dependencia y adicción.
La relación adictiva es progresiva. El intento de controlar y dirigir la transformación de la pareja, va haciendo que poco a poco quede a merced de ésta. El controlador pasa a ser controlado, mientras va abandonando sus intereses personales.
En este estado, siente enojo, ira, impotencia, frustración. Sus pensamientos se vuelven obsesivos, con celos irracionales, ideas de venganza, planes imaginarios para someter a la pareja o lograr su atención, inclusive puede realizar actuaciones que provoquen o estén encaminadas la atención o el acercamiento de la pareja. No logra manejar sus emociones ni resolver sus conflictos y presenta síntomas físicos y psíquicos de estrés. Baja su autoestima, pierde la confianza en sí mismo, reprime sus emociones, no logra poner límites, se muestra poco asertivo, no logran comunicar lo que piensan y siente. Pierde el control de su vida y funciona alrededor de las decisiones y la voluntad del otro.
Si la pareja se distancia o romper la relación, puede presentarse el “síndrome de abstinencia” similar a cualquier adicto, con un estado físico y mental de profundo dolor, sensación de vacío, insomnio, llanto, angustia, culpa, humillación, creada por el miedo a la soledad, al abandono, a ser rechazado e ignorado. La autoestima se encuentra gravemente lesionada, la salud deteriorada, mientras la dependencia se va haciendo mayor y más perjudicial.
Recuperarse o prevenir esta adicción es posible con voluntad y esfuerzo. A modo general señalamos algunos pasos a seguir:
·
Acepta que tienes un problema y que debes buscar la solución.
·
Enfrenta la realidad de la situación con honestidad, sin fantasías, engaños o mentiras.
·
Procesa y resuelve el dolor que llevas por dentro.
·
Libérate de la carga que tienes por dentro, hablando de tus sentimientos y emociones con alguien de tu confianza. Busca ayuda profesional si es necesario.
·
Analiza tus patrones de conducta y ten la disposición y el valor de cambiar aquellos comportamientos que te perjudican y perjudican a otros.
·
Ten siempre presente que cada persona es responsable de sí misma y no necesita cambiar o controlar a los demás para sentirse bien, pues para sentirnos bien solo necesitamos controlarnos y cambiarnos a nosotros mismos.
·
Hay que vivir la vida plenamente y dejar vivir a los demás con libertad, con respeto, cuidándonos y amándonos primero a nosotros mismos para así tener la capacidad de amar a los demás.
ALEJANDRA PALACIOS BANCHERO. Psicóloga clínica experta en familia
miércoles, 20 de junio de 2007
martes, 19 de junio de 2007
sábado, 16 de junio de 2007
CRISIS CONTEMPORÁNEA DE LA FAMILIA

o sé si sería un error pensar que la institución familiar está verdaderamente en crisis por una relajación de la educación en valores, pero no sería descabellado hacerlo si se argumenta que desde que el hombre deja de priorizar en la formación continuada, como cosa elemental, en valores, la familia decae como unidad y según algunos autores, se precipita hacia la desintegración. Se tambalea su estructura y el tipo de relaciones humanas que en ella se dan están altamente deterioradas. Todos conocemos familias que menos FAMILIA puede llamarse cualquier cosa. Ya está bien que cojamos el toro por los cuernos y afrontemos el problema conociéndolo desde la base para poder actuar con seriedad y desde el aspecto más positivo para elevar a la altura que se merece esta institución tan antigua como el hombre y descubrirla como el valor en alza que debe ser. Obviamente influyen diversos factores en esta crisis, que, aun siendo positiva, es totalmente real.
En esta sociedad progresivamente laica, el matrimonio no es más que, en general, un simple contrato, por lo que la unión entre hombre y mujer no puede garantizar su amor “de por vida”, así que cuando éste acaba la mejor solución, parece, es la de separarse y en la mayor parte de los casos los hijos son los mayores perjudicados. Por otro lado está la progresiva liberación de la mujer, que de estar supeditada al marido,
ha ido incorporándose poco a poco al mundo laboral, permitiéndole una independencia económica, en casos, con lo que enriquece sus relaciones humanas, pero no favorece la unión conyugal. Al mismo tiempo que se incorpora a este mundo laboral, la liberación femenina hace que acceda a titulaciones superiores, poniendo estos hechos a la mujer cada vez más en un plano de igualdad respecto al varón y en muchas ocasiones, de superioridad. Ahora exige más y su psicología femenina ha evolucionado hacia niveles de mayor altura racional, lo que quizás haga que esta tensión entre la vieja estructura patriarcal y la, cada vez, mayor liberación (ya era hora), sea una de las raíces fundamentales del problema de la crisis de la pareja, del matrimonio y de la familia. Es difícil para el hombre aceptar esta situación relativamente nueva en la que la mujer adopta tareas, funciones y trabajos tradicionalmente masculinos. Es posible que vista mucho socialmente decir que se cree en la igualdad, que la aceptamos como algo natural, pero creo que solo se hace “de boquilla”, verbalmente. La realidad es otra muy distinta; los prejuicios salen en última instancia creando situaciones de peligro para el equilibrio familiar y su subsistencia, sobre todo a niveles emotivos, puesto que racionalmente se suele pensar de diferente forma.
Honestamente creo que hay otro problema mayor que supone una ayuda para la no relación de la familia y que fomenta su crisis. La familia es plural, da y se da, es social, sin embargo en los últimos tiempos ha adquirido un carácter cerrado que limita sus relaciones. Tal vez sea esa limitación de la familia (padre, madre y uno o dos hijos) la que le hace perder los lazos de relación y la amplitud de sensaciones que existían en las familias en las que convivían varias generaciones.
Esta familia actual que suele vivir en espacios reducidos, conoce más las tensiones que la unión de sus miembros. Hay demasiada privacidad en las relaciones, e insisto, en la carencia de la coeducación en valores humanos, lo que hace que la pareja se base casi exclusivamente en una unión erótica sin cimientos de auténtica comunicación. En ocasiones se establecen verdaderos vínculos demasiado perecederos por una simple, o no tan simple, equivocación de sentimientos, llevados por la escasez de conocimiento previo y un inexistente proyecto anterior de vida en común.

Aún así y a pesar de que estos problemas serían suficientes para desintegrar una sociedad normal o una institución o grupo organizado, la familia soporta todo y pervive, y hasta creo que se adapta a los tiempos creando nuevos métodos y nuevas gentes que puedan ir solucionando sus problemas. Al final, prefiero pensar, que la crisis de la familia es un tópico siempre que la identifiquemos con desintegración o falta de futuro. Los tiempos cambian y ante todos los cambios extremadamente rápidos, vertiginosos, que acontecen, las instituciones se van adecuando, o tienen que hacerlo, a esos tiempos, necesitando cada una su “tempo y cadencia” para regularse o adaptarse a ellos. La familia, por tanto, reacciona ante esos cambios y en su aprendizaje y adaptación hay titubeos que algunos, como digo, ven como crisis. No es posible que la célula primigenia, la base desde la que el individuo arranca que en la historia representa el equilibrio para preparar al ser humano dentro de la sociedad, se desintegre.
Conviene añadir que hasta es posible que la crisis en la familia sea buena si este convencimiento nos lleva a intentar solucionar las causas por las que a través de los tiempos, se ha deteriorado la institución familiar. Matrimonio y familia, familia y matrimonio, no pueden ir separados ni estudiarse indistintamente como algo diferente y ajeno en su estructura, como tampoco podemos pretender que los problemas de crisis de uno no lo sean de la otra. Preparémonos, pues, para cambiar o adecuar el comportamiento que lleva a la creación de estos problemas críticos y a tener la suficiente capacidad para poseer la actitud necesaria objetiva según las circunstancias de cada momento.
Así, desde aquí, apoyamos entonces, sobre todo, los valores en los que se sustentaba la familia de ayer y que se acomodan progresivamente a las exigencias de las realidades socioeconómicas de hoy. Y de la misma forma que la sociedad industrial rompió con la familia tradicional, la sociedad actual provoca la emergencia de una nueva familia, hoy todavía indeterminada, pero en un acelerado proceso de adaptación a las necesidades que se van creando.
La familia, entonces, no va perdiendo, bajo mi punto de vista, ese grado de institución, siempre que sea entendida esta como dotación de sentido y significado social, que consolidan sus definiciones y sus representaciones como categoría social específica. Por fin entramos en un proceso que va delimitando los modelos de familia más adecuados y congruentes con la sociedad actual.
GLORIA CONESA ALBALADEJO. Orientadora Familiar
Colaboradora del blog. http://www.terapiayfamilia.blogspot.com
INGREDIENTES DEL AMOR CONYUGAL

l amor es una forma excelente de conocimiento que hace que la búsqueda culmine en encuentro. Es la satisfacción de haber dado con una persona que ilumina el panorama personal presente y futuro. Según Rojas, el amor es el sentimiento gratificante por excelencia, que cautiva positivamente y se acompaña de una fuerte atracción, de una tendencia a estar y a compartir la vida. Es el mejor estimulante para vivir; es una conducta de atracción recíproca, rica y compleja. No hay amor maduro y perseverante sin renuncia ni sacrificio escondido.
Los dos componentes iniciales del amor son: EL SENTIMIENTO Y LA TENDENCIA.
El amor conyugal es un sentimiento gratificante, una tendencia hacia la persona que se ama, un acto que debe apoyarse en la voluntad y en la inteligencia para que entre los dos se llegue al compromiso que conduzca a caminar juntos compartiendo las vicisitudes y las alegrías. Cuando se vive intensamente el amor, hasta el sacrificio engrandece nuestro ser, nos hace más libres, más entregados a esa persona. Es como ir entretejiendo eslabones que con el tiempo irán formando toda una cadena de experiencias que darán lugar a un orden y que tendrá el sentido para que se desarrolle toda una trayectoria psicológica. No en vano, el mismo Erich Fromm, decía que el amor requiere conocimiento y esfuerzo.

La calidad del amor conyugal solo se alcanza cuando, tras repetidos esfuerzos, sus distintos componentes viven en un equilibrio proporcionado. Es claro que el amor conyugal se aprende, es necesario un adiestramiento y acoplamiento en la relación. Se consigue el objetivo deseado cuando tras el conocimiento que vas adquiriendo del otro y del trabajo diario que resulta de toda la relación, sus distintos componentes consiguen así ese equilibrio proporcionado.
El amor conyugal podría ser como un abanico o un arco iris lleno de matices en donde el sentimiento corrobora y ayuda a la realización de sí mismo.
Otro de los ingredientes del amor conyugal es la SEXUALIDAD. Este ingrediente básico revela la intimidad de ese encuentro en el cual dos personas se desnudan física y psicológicamente y dejan al descubierto la realidad de cada uno. Aquí sería uno capaz de percibir la generosidad o la tendencia a amarse a uno mismo. La sexualidad nunca debe ser puramente utilitaria, sino la aproximación de dos personas, la unión en profundidad.
El amor auténtico perfecciona al hombre y a la mujer; amplía su horizonte existencial y se caracteriza por la entrega. Obsérvese que hago hincapié en el aspecto “sexualidad” como un TODO y no la limitación exclusiva de genitalidad solamente o coitocentrismo exclusivamente. Por eso este concepto, sexualidad, en su más amplio sentido, en el integral, ayuda a esta entrega y relación de un ser a otro. El amor auténtico tiene siempre un valor moral.

Otra dimensión del amor es lo ESPIRITUAL, que se hace trascendente; ya que la espiritualidad engrandece la relación entre esas dos personas; liga los valores sexuales con los de la persona; de esta forma el amor no se dirige solo al cuerpo, sino al conjunto y se manifiesta en la capacidad para dar y recibir afecto. Así ordenamos la vida en su cómputo dándole un sentido positivo.
Todos estos ingredientes mencionados hasta ahora vienen a sumar elementos para conseguir la base fundamental de la pareja, o lo que es lo mismo, conseguir tener y consensuar unproyecto de vida en común.
Viendo la evolución de la vida de la pareja actual hay un cuarto ingrediente que brilla por su ausencia, que siendo fundamental y básico es el más impopular. Este cuarto elemento es la VOLUNTAD.
No se puede descartar este elemento si queremos sinceramente alcanzar en nuestra relación la estabilidad emocional. La voluntad está muy olvidada en la formación de la pareja que sólo basa su relación inmadura de los sentimientos y en la atracción física como elemento básico. Esta creencia hace que se rompan las parejas cuando hay cambios, precisamente en aspecto físico. Por lo que el amor no llega a ser nunca sólido. El elemento de la Voluntad conlleva un efectuar una elección, implica una inteligencia viva, una fuerza de carácter para resistir el influjo de las pasiones momentáneas. Sigo pensando que hoy, por el modo de vida, el ritmo, el estrés, el poco tiempo para llegar a conocerse, la carencia o adormecimiento de valores, llevan a que los prejuicios, la rutina, la tradición, y en definitiva, la posición social, rompan la relación de pareja, el amor. O no la rompa y se siga manteniendo sólo por niveles exclusivamente protocolarios y de imagen social.
No creo que haya hoy, en la pareja actual, en general, un amor inteligente. Toda obra bien hecha necesita esfuerzos constantes de la voluntad regidos por la cabeza; y podemos definir como “cabeza”, inteligencia, la capacidad de distinguir lo accesorio de lo fundamental; facultad para resumir la situación propia y la ajena, comprensión lógica de lo que sucede para obrar en consecuencia.
Sin querer ser negativos y con el deseo de que con el esfuerzo y con la formación adecuada cambie, pienso, que de forma general, no hay hoy en día demasiado acto de voluntad ni la inteligencia adecuada para hacer sobrevivir a la pareja en la vorágine en la que se ve sumida. No olvidemos que de cada cuatro matrimonios que se casan, tres llegan a algún tipo de ruptura; dicen los últimos datos que en España hay un divorcio cada 4 minutos (en el 2006 se produjeron 141.817 divorcios, un divorcio cada 3,7 minutos, con un incremento del 51% con respecto al 2005 y del 277% en 5 años (2001-2006) . Lo que mata en la actualidad a la pareja es la limitación del amor sólo a sentimientos sin voluntad y sin inteligencia, estando así expuesta sólo a los movimientos y fluctuaciones de la vida.
Hoy viven las relaciones un amor de movimiento espontáneo y no, como debería ser el amor, como un movimiento reflexivo.
GLORIA CONESA ALBALADEJO. Orientadora Familiar
jueves, 14 de junio de 2007
FRACASO ESCOLAR: Corresponsabilidad Familia-Escuela
"Las personas mayores nunca comprenden nada por sí solas y resulta fatigoso para los niños tener que darles siempre, siempre explicaciones."
"EL PRINCIPITO” A. De Saint-Exupery
ntes de nada creo que deberíamos plantearnos claramente qué es el FRACASO ESCOLAR, dos palabras demasiado utilizadas alegremente y, tal vez, con un contenido, a veces, nada real, según quien las utilice, porque pueden ir cargadas de eximentes de responsabilidades para quienes realmente deben llevar las riendas de la educación. Si lo enfocamos como un trastorno del rendimiento escolar, hemos de mirar también el trastorno de rendimiento de la acción educativa, lo que nos lleva a constatar que quienes trabajan en este proceso educativo no han obtenido unos buenos resultados en los objetivos previstos. Siendo así, ¿es tan disparatado pensar que depende de cómo se trabaje con esos objetivos, adaptándolos según haga falta, el alumno no fracasará?
Realmente es poco popular esta forma de pensar, pero tal vez sea la que deberíamos ir tomando para reorganizar nuestra conducta como profesores, como personas y como padres comprometidos en la formación integral de nuestros hijos. Muy raras veces nos concienciamos de que la aparición de un Fracaso Escolar no es una situación que aparece de repente y en un momento puntual, si perdura en el tiempo, ya que suele ser fruto de errores cometidos al comienzo de la vida escolar y que ahora salen por quedar fijado 
en el niño o la niña. Se convierte en un rechazo instintivo que se prolongará a lo largo de los años siguientes si no se soluciona con la suficiente inteligencia (emocional).
Ya hay suficientes profesionales que parten de la certeza de que es engañoso estar de acuerdo con la aseveración que afirma que el alumno tiene un fracaso escolar. El alumno/a fracasa porque se le hace fracasar; si no consigue los objetivos pedagógicos marcados y su rendimiento es bajo, habrá que buscar las causas, no tanto dentro del niño, sino fuera de él, replanteándose qué se está haciendo para la adecuación de esos objetivos con las capacidades particulares y circunstancias del niño que sufre ese problema.

El sistema educativo no puede centrarse sólo en los que “van bien”, pues si así fuera el éxito dejaría de merecer la pena y no tendría secretos ni premios a los esfuerzos. Hay, pues, que centrarse en los objetivos partiendo de la realidad y sacando el máximo partido posible a cada situación individual.
Si nos parece que un estudiante es “malo”, no obedece o no trabaja, antes de condenarlo y comenzar a lanzarle los clásicos mensajes que lo sumirán en la aceptación de ese rol de malo, es importante determinar las causas de ese comportamiento y luchar incansablemente para ponerle remedio. Por tanto, el mensaje a lanzar es que si aplicamos al niño la etiqueta de fracasado, tengamos por seguro que, además de que él sufre por ello, está experimentando la consecuencia de alguna acción educativa, en su más amplio sentido, inadecuada.
2. RESPONSABILIDAD ESCOLAR
Si aceptamos que el niño que fracasa es el que no se encuentra en condiciones para superar con éxito las exigencias adaptativas de la escuela, cabe analizar una serie de comportamientos y conductas por parte de los maestros y personal que ejerce la acción educativa.
La actitud apropiada de los profesionales apoya que el posible fracaso se pueda ir diluyendo o sea capaz de inferir la causa que está provocando ese bajo rendimiento que, siendo el alumno el primero que no lo desea, no favorece la adaptación a los objetivos marcados en su curso. Tal vez nos equivoquemos al poner en práctica nuestra lógica sin pensar que nuestra progresión de adulto no es casi nunca la progresión lógica del niño. Esta actitud que antes comentábamos no puede pasar por estallidos hirientes o irónicos; no favorece nada, entonces, un maestro autoritario, agresivo, impulsivo, intolerante, amargado, acomplejado, pues esta figura que puede llegar a ser espejo de futuras conductas de sus alumnos, no puede permitirse ningún asentamiento de sentimientos negativos que no hace más que agravar la sensación de ansiedad del que está fracasando de cara a la clase, a la sociedad y a la familia.
No es la primera vez que oímos y conocemos una serie de juegos formativos en la escuela en los que la competitividad, aun sin darnos cuenta, aunque buena en una medida, llega a separar a los alumnos que “saben” de los del “pelotón de los torpes”. No todos son iguales, ni como personas ni como entes que desarrollan de distintas formas y a velocidad desigual su mentalidad, comprensión e inteligencia. Unos van a vivir la dificultad de la escuela, una realidad que les quita libertad y les pone normas, como un desafío que pone a prueba su capacidad mental; otros como una trampa de la que no saben salir, impuesta por el maestro para humillarles sin que ellos puedan evitarla. Está claro que el guía, el mediador entre la cultura y el alumno ha de ser el maestro que tenga claro el desarrollo de la progresión adecuada para adoptar y adaptar el ritmo que suscite el deseo de conocer: Es ese que está más interesado por aquellos a quienes enseña que lo que enseña.
En algunos antiguos manuales de técnicas de venta, en el apartado de motivación, recordamos haber leído unos métodos que se denominaban SISTEMA AIDA. Obviamente no nos referimos a la Opera de Verdi, sino a un acróstico que estaba formado por esas iniciales y las palabras de Atención, Interés, Deseo y Acción. Tal vez un error frecuente esté en demandar atención en clase y no esforzarse por motivar y despertar verdadera atención por lo que se escucha, lo que hace lógico que no se tenga el interés suficiente que despierte ese deseo para llegar a la acción del, en este caso, aprendizaje correcto.
No es nuestra intención dar la sensación de que muchos maestros sólo van a trabajar y no asuman su responsabilidad correcta de formar parte de esta comunidad educativa. Queremos, más bien, hacer resaltar la realidad, en ocasiones, que está teniendo lugar en colegios y centros de enseñanza por una “dimisión” en parte de la tarea que debería llevarse a cabo con la suficiente consciencia. A tenor de esto es fácil llegar a la conclusión de que la escuela puede aparecer como un factor de fracaso cuando no estimula el deseo de trabajar y sus profesionales no suscitan nada. ¿Por qué pueden variar los resultados en un niño o una niña de un año a otro? Ciertamente no creemos que el alumno puede ser un año tonto y otro listo, sino que más bien los responsables escolares de su culturización, educación, se sitúan respecto de él de un modo diferente, lo motivan y cambian su escala de antipatía o simpatía según haga cambiar los resultados y susciten algo en ellos (AIDA); ha despertado el deseo de ser instruido. Algo ha variado en esencia, ahora el maestro ha sabido qué es lo que puede exigir y ser posible a cambio siempre del esfuerzo personal del alumno.

No podemos eludir la realidad y aceptar que hay chicos y chicas que no trabajan y están faltos de atención, pero lo que importa es, en vez de humillarlos y buscar excusas y palabras para ponerles carteles peyorativos que hacen mella en su personalidad y afectividad, averiguar por qué son así, qué ocurre en su entorno que les marca y cohibe a la hora de su desarrollo normal. Hay que remontarse a su causa no a su efecto, que ya es bien visible. Si no se descubre la verdadera razón, sigue actuando y llega a asumir el niño o el chico que de verdad es así y se dedica a representar y vivir el papel que entre todos le hemos fabricado, para que se lo crea.
Muchos se vuelven perezosos a causa de los fracasos, no al revés. La verdad es que a veces el trato es difícil porque normalmente esto ocurre en edades y a unos años bastante críticos. Todo se está formando y sus hormonas están “removidas” intentando, todo su ser, llegar a identificarse y comprenderse, buscando su lugar en su entorno cercano y en la sociedad. Surgen juntas angustia y ansiedad dando por “tirar la toalla” en distintas tareas o sucesos, por desajustes en su personalidad. ¿Tenemos en cuenta todo esto a la hora de enjuiciar, evaluar y tomar las medidas coercitivas que tomamos?
Hay una responsabilidad que la escuela ha de asumir en toda su amplitud en cuanto a la parcela de la formación integral del alumno como ser humano, como persona. Los maestros no son policías de nuestros hijos que nos los han de vigilar y entretener mientras que no están en casa, sino que deben educarlos y formarlos en la parcela que han asumido con los medios y actitudes, sin olvidar las aptitudes, que deben ser seriamente considerados. Aún así, somos conscientes de que tanto la escuela como la familia, como la totalidad de la comunidad, están inmersas en un sistema que la mayoría de veces hace bastante difícil poder cumplir con lo que es más conveniente, ya que es común suponer adquiridos unos conocimientos que no lo han sido o están llenos de lagunas.
Se carece, pues, de la suficiente base para seguir y se hace preciso “los juegos malabares” para adaptar el programa de una forma coherente, lo que produce un desánimo en los maestros (¡hay salidas!) y un desbordamiento en el niño al no poder comprender los siguientes pasos en el temario, provocándole una angustia ante lo que sigue abocándole a la desmotivación y al abandono.
No obstante, y surgido el fracaso escolar, no se puede olvidar que hasta ahora no hemos hablado más que de la escuela, pero nos falta una parte sumamente importante y crucial que tiene, y debe, mucho que decir. Nos referimos a la FAMILIA, como total responsable de esa educación y formación integral de los hijos, ya que el fundamento de las actitudes educativas va a depender de un modo peculiar de lo que perciba el hijo dentro de la realidad y del ambiente familiar.
3. RESPONSABILIDAD FAMILIAR
Este es el otro lado de la moneda, la otra parte o, quizás, la parte principal a la que hay que prestar especial atención por su gran incidencia en la problemática del fracaso y la inadaptación escolar. No podemos olvidar que el niño no está formado sólo por su voluntad y capacidades personales, sino que hay diversos factores sociales que inciden en su desarrollo integral como persona. Puede que tenga capacidades suficientes para tener éxito y sin embargo no llegue a él precisamente por un debilitamiento en su personalidad originado en el núcleo familiar o en su entorno social más cercano (amigos, novia/o, etc.). Queda claro, entonces, que no basta con ser inteligente para tener resultados exitosos en la escuela o en la vida, sino que aspectos como la felicidad, la dicha y un buen ambiente familiar, pueden estar relacionados íntimamente con el éxito escolar y/o profesional, lo que hace que a capacidades intelectuales iguales, unos alcancen las metas y otros no.
Ojalá fuera este un tema a tratar con facilidad con los padres y no fuera espinoso y a veces hasta fruto de escándalo, pero los progenitores podemos llegar a ser los primeros responsables del fracaso escolar de nuestros hijos. Es fácil llegar a ver cómo parte de los conflictos que tiene el niño o el adolescente en su casa es trasvasado a la escuela, seguramente detestable por el psicólogo al hablar u observar el comportamiento normal, cotidiano, del alumno en clase.
La influencia de la familia es determinante. Los primeros años de la vida marcan hasta tal punto que algunos piensan que lo esencial ya está decidido antes de entrar en el colegio. El niño es modelado cultural y afectivamente en la familia, pero el clima en el que viva en cada momento de su vida, va a marcar las distintas etapas, y así, igualmente, va a indicar su capacidad de enfrentarse a sus problemas, aprisionándolo fracasando, o dándole la actitud necesaria para enfrentarse a ellos buscando sus posibles soluciones.
El problema puede ser el mismo para dos chicos distintos, pero significativamente tendrá unos resultados distintos según sea el clima o el ambiente familiar que uno u otro tengan. Obviamente hay situaciones en el seno familiar que dejan huella facilitando o dificultando el desarrollo integral del niño y su posición, activa o pasiva, ante el fracaso, retraso o bache escolar. Es importante el socioeconómico y cultural de los padres. Unos padres cultos y vigilantes ante la educación de los hijos pueden advertir que a ciertas edades las tareas educativas y las presiones tienen ya una incidencia bastante reducida y que debe darse a los hijos campo libre para experimentar y vivir según sus criterios, para poder comprobar si son válidos o no.
Una experiencia vale más que mil consejos y, a veces, mucho más que mil prohibiciones.
Educar a veces lo convertimos en sinónimo de prohibir, de tener una situación contínua de chantaje generalmente vinculada a una subvención económica para que nuestro hijo haga lo que yo, el padre, quiero en cada momento porque pienso que es lo mejor para él: "A mí me educaron así y así tiene que ser"
Rara vez lo que fue bueno para uno es bueno para otro, ya que no solemos tener en cuenta lo diferente de la persona y mucho menos el tiempo histórico y social en el que se vive. Repetir esquemas que fracasan o fueron eficaces en otros y en circunstancias distintas, no sirve de ningún modo.
Es raro pensar que unos padres no quieran educar y formar bien a sus hijos, pero la realidad nos informa que muchos “dimiten” y otros no aciertan cómo hacerlo, por no conocer la realidad que atraviesa y vive el hijo; sus exigencias, etapas evolutivas, necesidades de cada fase, etc. Nosotros maduramos y cambiamos, nuestros hijos también, y en ese cambio cambia igualmente nuestras escalas de valores al igual que las suyas. ¿Por qué no tratar de cohesionarlas? ¿Por qué no respetar también sus individualidades? El objetivo es “hacer de la familia una sociedad completa e insustituible.”(Gutierrez, M.)
Más que esforzarnos en incidir sobre el niño que tiene problemas, sería más útil intentar que el entorno, el “humus”, el clima emocional familiar sea el correcto, haciéndonos meros guías y dotadores de recursos para que él sea el agente activo que madure adecuadamente y sepa salir por “sus propios medios” de los problemas que vaya teniendo. Hemos de ser comprensivos, que no tolerantes hasta el punto de dejarles hacer lo que quieran y ser hiperpermisivos.
A pesar de lo dicho hasta ahora, no existe ningún libro de “recetas” válido como panacea para todos los casos de fracaso escolar, ya que todos los individuos son distintos e igualmente sus familias. Se trata, desde nuestra perspectiva y si podemos aportar nuestro grano de arena, de sensibilizar sobre el problema y dar unas pautas, tantas como personas y tan amplias como fuere necesario, según el criterio para consecución óptima de objetivos, pero que lleven a intentar reforzar la solución a las carencias en nuestras actitudes como padres y educadores, en la creencia de que estamos haciendo lo que podemos y “no cometemos errores”. No seamos profesores particulares que realizan los deberes de nuestros hijos, sino que hemos de intentar guiar para que ellos hagan y se desarrollen, sin dar jamás la sensación de que lo que hacen - dedicarse a estudiar – no es trabajo. Esa es su labor, trabajar estudiando y además les cuesta y es difícil, por lo tanto, siendo así las cosas, apoyémosles y entendámosles. No seamos ni profesores, ni sicólogos, ni asesores educativos; simplemente padres, que ya es suficiente, pero coherentes y con los conocimientos necesarios de su entorno que favorezcan nuestra interrelación, enriquecida por su dimensión misma, tan amplia y dinámica como ellos lo son. No todo es escolaridad.
Esta labor que comentamos no es nada fácil y menos si observamos la tradición cultural de la familia media española y la preparación que tiene para ayudar a sus hijos en la actualidad, basándose en uno de los valores más perdidos: LA LIBERTAD
En una encuesta realizada hace años y actualizada por un Centro de Orientación y Mediación Familiar en el año 1998, se preguntó si los padres tenían derecho a ejercer “todo tipo de autoridad sobre sus hijos menores de edad”. Más del 80 % de los encuestados se manifestaron de acuerdo con la pregunta, el 7 % en desacuerdo y el resto indecisos. Esto tal vez nos dé una idea de la relación padres-hijos y la problemática subyacente con la que nos encontramos, siendo nuestro “caballo de batalla” la necesidad de armonizar la evidente autoridad de los padres con los claros derechos de los niños.
Se trata, como es obvio, de intentar llegar al término medio ideal que dé los resultados apetecidos bajando, por fin, el índice de desajustes educativos. Esta cuestión no se podrá conseguir, pensamos, sin una corresponsabilidad Familia-Escuela que aporte luz a la tarea educadora primigenia de la misma Familia, repartiendo y asumiendo los roles o funciones adecuados encaminados a hacer del niño, sujeto activo, dador y receptor de la suficiente formación integral para que pueda tomar sus decisiones y “realizarse en la vida” como individuo y como persona humana social. A esto podemos añadir que los problemas derivados de la relación en el seno familiar (ruptura de los padres, poca armonía entre ellos, los dos trabajan fuera de casa, poca atención a los hijos, interrelación entre hermanos, etc.), hace necesario establecer unos planes de ayuda a las familias para normalizar su estado o, por lo menos, dar los recursos suficientes para racionalizar los problemas que surjan, haciendo que su conocimiento pueda ser una válvula de escape para intentar afrontar con la mejor actitud los problemas que ocasionan: “En todas las familias problemáticas me he encontrado siempre una autoestima baja; comunicación indirecta, vaga e insincera; normas rígidas, inhumanas, fijas e inmutables; y enlace temeroso, aplacante y acusador de la sociedad.” (V. Satir. 1978).

Creemos conveniente no alargarnos más en estas reflexiones sobre el fracaso escolar porque no por hacer mucho más extenso el trabajo íbamos a dar mucha más luz a la problemática existente, aunque es tan variada como se quiera suponer. Por esto y a modo de conclusión, podemos observar que tal vez han tomado forma una serie de puntos orientadores que faciliten el buen clima familiar, para que así pueda influir positivamente en el rendimiento escolar adecuado, según la capacidad de cada alumno. Estos puntos referidos quedan señalados así:
Participación activa de los padres en la educación de los hijos.
Acuerdo entre padre y madre respecto a la educación del hijo.
Estabilidad de la pareja frente al hijo.
Comprensión frente a los comportamientos del niño o la niña que perturben la atmósfera familiar (Empatía)
No utilizar el chantaje afectivo.
Establecer criterios de autoridad básicos, coherentes y flexibles.
Conocimiento real de las posibilidades del niño y exigencia adecuada a dichas posibilidades y capacidades. (Todos no pueden ser médicos, ni abogados, ni químicos, ni pedagogos... ni...)
Creemos interesante, por otra parte, resaltar las actitudes sociales que, según algunos autores, deben constituir la meta de la acción educativa como base y norma que regule toda clase de convivencia. ¿Ideal o realidad?
Sensibilidad social
Responsabilidad
Respeto
Empatía
Diálogo
Solidaridad
Compromiso
4.CONCLUSIONES PERSONALES
En cuanto a la corresponsabilidad Familia-Escuela, podríamos seguir manifestando con grandilocuencia, extensas parrafadas que no harían más que ahondar en el círculo que ya hemos argumentado a lo largo del trabajo. Nos parece acertado plasmar literalmente, por una parte, las palabras de uno de los psicólogos contemporáneos más universales, Henri Wallon, extraídas de su libro “La higiene psíquica y mental de la infancia”: "En efecto, la escuela no es sólo el lugar donde el niño viene a recibir unas migajas de instrucción; es toda la vida del niño. Una vez que el niño se ha convertido en un escolar, todo el empleo de su jornada está subordinado a la escuela. Por la mañana se levanta a la hora indicada para ir a clase; sus comidas las toma en función del horario de la escuela; todos sus intereses están dirigidos a la escuela; toda su vida pertenece a la escuela. Hay que hacerse cargo de lo que significa para un alma infantil el hecho de ir a la escuela. Yo os he hablado de los diferentes actos del día: levantarse, comer, etc., yo os hablaba de los intereses del niño, pero imaginaros también que la espontaneidad del niño está sometida a la disciplina de la escuela. Hay ahí, por consiguiente, una considerable RESPONSABILIDAD de la escuela con respecto al niño. El educador no puede desinteresarse de cómo es la vida del niño en general."
A través de nuestras lecturas y libros consultados hemos llegado, por otra parte, a una serie de conclusiones que podrían hacer que el fracaso escolar disminuyera y, hasta tal vez, llegara a dejarse de darle ese fatídico nombre, según creemos. Exponemos a continuación y para finalizar, algunas de estas conclusiones o comentarios citados:
Se suele, en la mayoría de ocasiones, trabajar lo externo del niño y no se le dota de los instrumentos y recursos para la modificación de su propio mundo interior.
Se le trata como un paciente identificado sin indagar en exceso en su entorno no dotándolo de confianza y seguridad en sí mismo, o lo que es lo mismo, trabajar su madurez personal, la tan típica Autoestima.
Investigar su clima emocional para reducir su ansiedad. Observemos, pues, los mensajes positivos o negativos que le enviamos por catalogarlo de fracasado en las cuestiones escolares (¿sólo en ellas?). Si no lo hacemos convenientemente se suele inhibir el afectado frente a cualquier dificultad.
"La ayuda debe ir encaminada a que pueda vivirse con capacidad constructiva enfrentando dificultades que estén al alcance de sus posibilidades", como dice Baudilio Martínez en su libro “La familia ante el fracaso escolar.”
Somos conscientes de que no existen recetas mágicas para ayudar a un niño en el “fracaso escolar” porque cada niño, cada situación, cada familia, son peculiares y singulares con modos y maneras distintas en,incluso,las relaciones personales.
Aceptar que los conflictos son naturales, normales y que cada uno debe asumir su rol: los padres deben ser padres, los profesores deben ser profesores y si no de una manera única en cada rol sin poder salirse de él, sí ateniéndose a papeles e identidades de funciones con peculiaridad propia.
Tal vez la mejor conclusión que podemos dar a este trabajo es que debemos romper con formas míticas y estereotipadas que se suelen repetir sin eficacia alguna, una vez y otra vez, con las que se martiriza a la familia y hacen sufrir al niño.
Por todo esto es conveniente asumir iniciativas, cambios, planteamientos nuevos y aproximarse a las variadas acciones que la dinámica sugiera para lograr una mejor comprensión y conocimiento que converjan en estrechar los vínculos y la comunicación educativa del niño o de la niña.
JUAN JOSÉ LÓPEZ NICOLÁS. Orientador Familiar