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viernes, 29 de junio de 2007

LA ORIENTACION FAMILIAR: UNA RAZON DE SER





JUAN JOSÉ LÓPEZ NICOLÁS. Orientador familiar. Articulista de la página TERAPIA Y FAMILIA. http://www.terapiayfamilia.blogspot.com. Asociación Convivencia Familiar Rincón de Seca

miércoles, 27 de junio de 2007

CONSIDERACIONES SOBRE LA VIOLENCIA Y EL MALTRATO


a familia, cuya función es la de proporcionar a sus miembros protección, compañía, seguridad, amor y apoyo emocional tan necesario para un desarrollo saludable, se ve seriamente lesionada cuando se instaura el abuso, la violencia y el maltrato como sistema de relación entre sus miembros.


La Constitución y las Leyes en la mayoría de nuestros países, garantizan a toda persona, sin discriminación alguna, el goce y ejercicio irrenunciable, indivisible e interdependiente de los derechos humanos y dice además que toda persona tiene derecho al libre desenvolvimiento de su personalidad. Principios que en la violencia familiar no se respetan.


La violencia familiar tiene repercusiones legales, culturales, familiares y de salud.:


1. Legales, pues se infringe la Ley al violar los derechos más fundamentales de las personas.


2. Culturales y sociales porque perpetúa comportamientos negativos y crea estereotipos culturales que pasan de generación en generación y se extiende a otros ámbitos de relación como son la escuela, el trabajo, el vecindario, la comunidad y además se repite en otra relación, cuando esta se disuelve.


3. Familiares, pues desencadena entre sus miembros una serie de reacciones en cadena de comportamientos violentos.


4. En la salud, pues es causa de estrés intenso y las consecuencias a nivel físico y psicológico pueden ser graves, gravísimas, reversibles o irreversibles, llegando incluso hasta la pérdida de la vida en el individuo que la padece.


La violencia familiar es una realidad muy compleja que necesita la atención y cooperación de todos --ciudadanos, instituciones, gobierno--, pues afecta a todos los grupos sociales y se refleja en el comportamiento de los ciudadanos y la cultura del país. El tipo de familia que predomina en la actualidad — nuclear y monoparental — y el ingreso de la mujer al mundo laboral y a actividades fuera del hogar han propiciado la aparición de programas que fomentan el ingreso de los niños desde temprana edad a actividades pre-escolares o a soluciones a corto plazo para el cuidado de niños y de servicios de ayuda a los padres, al menos en horas laborales. Esto ha puesto de relieve la situación de maltrato y violencia en que se encuentran muchas familias y en especial niños maltratados por padres que generalmente viven bajo una fuerte y continua tensión producida por problemas familiares, laborales y sociales que no pueden controlar.


Para prevenir el irrespeto y la disolución de las familias e intentar resolver el problema de la violencia familiar y los niños maltratados es necesario hacer énfasis en los derechos de los niños y en las responsabilidades de los padres hacia sus hijos y que se promueva un cambio fundamental de los valores sociales y las prioridades públicas que puedan aliviar las condiciones de pobreza, desempleo, vivienda inadecuada y problemas de salud de la gran mayoría de familias.


Es necesario que se eduque y se promueva la transmisión de valores de mutua tolerancia, autoestima, comprensión, solución pacífica de conflictos y preparación para la vida familiar con derechos y obligaciones domésticas compartidas entre hombres y mujeres y, en general, igualdad de oportunidades entre los géneros.


La atención no debe de estar restringida únicamente a la denuncia de la víctima y al acuerdo o sanción del agresor. Son muchas las variables comprometidas dentro de la dinámica de la violencia familiar.


La víctima resulta con graves secuelas psicológicas que influirán en su vida futura. myspace layouts, myspace codes, glitter graphics Los hijos son también víctimas o espectadores de modelos de relación que también afectan su vida presente y su vida futura, pues más tarde repetirán estas conductas cuando adultos. El agresor, a pesar de la separación o sanción por su conducta, por lo general no llega a tomar conciencia de la gravedad de los hechos cometidos y continúa esta conducta o la repite en otra relación.


Debido a la situación considerada traumática de la violencia familiar y las consecuencias en la vida y la salud de la víctima y el resto de la familia, se requiere que en todos los casos, se hagan experticias con profesionales especialmente capacitados (médicos, psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales), que determinen la condición de la víctima y evalúen el comportamiento del agresor.


El motivo de esta propuesta es que hoy por hoy, a pesar de que las leyes implementadas sobre Violencia contra la mujer y la familia han previsto la intervención de órganos especializados para el estudio evaluación y posterior tratamiento de los daños ocasionados a la víctima, por lo general en la práctica no se aplica, salvo en casos de gravedad extrema o en casos de violencia física. Esto hace que no se tomen en cuenta las diferencias individuales a la hora de tratar los casos ni tampoco puedan determinarse las consecuencias graves, gravísimas, reversibles o no reversibles, que causan las conductas de abuso, violencia y maltrato en la salud de las personas que la padecen.


La intervención que actualmente se hace, únicamente persigue el cese de la conducta violenta, que como ya se ha dicho antes, no resuelve el problema. Según estudios a nivel internacional, se ha determinado que las víctimas sometidas a violencia familiar son personas consideradas sobrevivientes de una situación de estrés de grandes proporciones, solo comparable a cualquier experiencia trágica como es la situación de un secuestro o una de rehenes. Los funcionarios encargados de atender y tratar este problema, en su mayoría, desconocen esta situación y la legislación y los procedimientos jurídicos, que son los medios con los que hoy se aborda este fenómeno, no han previsto estas consecuencias, por lo que es urgente y necesario que se legisle al respecto, para así lograr un afrontamiento real y efectivo a este problema cotidiano que nos afecta a todos.


El tratamiento del problema de la violencia familiar debe ser integral y simultáneo a todos los involucrados en estos casos (víctima, agresor e hijos), a fin de lograr la recuperación familiar y el aprendizaje de conductas más armónicas de convivencia, formas más positivas y pacíficas para resolver conflictos y una relación interfamiliar en la que se estimule el diálogo, el entendimiento y se respete la opinión de todos sus miembros, incluyendo a los niños y los mayores (abuelos cuando se convive con ellos), en las decisiones importantes que afecten a todo el grupo familiar. Establecer redes de soporte familiar y social para romper el aislamiento e integrar a la familia a la comunidad con autonomía e independencia. Se trata además de darles apoyo y estímulo para que el pasado no los angustie, vivan el presente, y construyan expectativas para el futuro.


En países como el nuestro, de tanta pobreza y adversidad es importante dirigir esfuerzos hacia una mejor calidad de vida de las personas a partir de la comprensión de los mecanismos que actúan a nivel individual, familiar y comunitarios que puedan traducirse en el desarrollo e implementación de programas de acción y educativos que refuercen y reconozcan fortalezas más allá de la vulnerabilidad y estimulen el desarrollo de mecanismos protectores físicos, psicológicos y ambientales. Esto es, promover factores de resiliencia que fomenten el desarrollo de capacidades que permitan a las personas, familias y comunidades, una aproximación activa hacia la resolución de problemas de la vida, interactuar efectivamente con gran cantidad de experiencias emocionales de riesgo, logrando la atención positiva de otras personas. Fomentar además en las personas, la habilidad para percibir sus experiencias de manera constructiva aún cuando estas hayan causado dolor y sufrimiento y promover un sentido de fe que les permita una visión positiva de la vida y un sentido de trascendencia.


Consideramos importante además, la capacitación del personal encargado de la atención de estos casos, no solo en el conocimiento de las leyes, sino en la dinámica de este fenómeno, sus consecuencia y la repercusión que tiene en la sociedad y en la salud de los individuos. Asimismo, capacitar al funcionario en técnicas de comunicación, escucha activa, resolución de conflictos y en aquellas para el manejo del estrés que causa el estar expuesto a este tipo de ocupación tan especial.


No todos estamos capacitados para realizar determinadas actividades, especialmente cuando nuestro trabajo consiste en interactuar con muchas personas en una labor de servicio y ayuda; más aún si tenemos que enfrentar y asistir a personas en conflicto.


El desarrollo personal del trabajador debe tomarse en cuenta a fin de acercarnos al perfil psicológico que se requiere para labores de este tipo y esto es, ser una persona bien ajustada, con una adecuada capacidad mental general y capacidad emocional y social bien desarrollada. Se propone talleres para el desarrollo de estas habilidades y destrezas.


El estrés que surge por el trato constante con personas inmersas en conflictos de difícil tratamiento, se puede manejar con técnicas de relajación, formación de grupos de reflexión de lo emocional entre los compañeros de trabajo y condiciones laborales adecuadas.

El Síndrome de Burnout pasa generalmente desapercibido y no permite la adecuada atención a los usuarios a pesar de que sus efectos afectan no solo al trabajador, sino también a sus compañeros, a su familia y al usuario, pues se refleja en el deterioro del servicio y como consecuencia, el desprestigio para la institución.


El funcionario debe de estar capacitado en procedimientos y técnicas de manejo de conflictos y saber diferenciar entre lo que se puede mediar o conciliar y lo que se tiene litigar dentro de los conflictos familiares.


Para conciliar o mediar no es necesario ser un profesional universitario o un profesional del derecho (Palacios A, 2002). Muchos de los profesionales del derecho entrampan la solución a los conflictos pues están entrenados para el litigio. Sin embargo, para establecer los acuerdos y la solución al conflicto, es imprescindible la presencia de un profesional del derecho pues estos acuerdos deben de estar ajustados a la Ley.


Nuestra propuesta en este punto es capacitar a todo funcionario, desde los miembros de los órganos policiales hasta jueces, en técnicas de resolución de conflicto diferentes al litigio. Así se descongestionará el Poder Judicial, se podrá llegar a soluciones al conflicto con mayor celeridad y las personas tendrán la oportunidad de aprender a dialogar y buscar lo positivo, lo equitativo y lo armónico dentro de las relaciones con otras personas y podrán asumir con responsabilidad y creatividad, la solución a sus conflictos.


Se trata entonces, preocuparnos por el funcionario y motivarlo para que desarrolle las habilidades y destrezas necesarias para una intervención óptima y eficiente, sin agotarse emocionalmente ni contaminarse, sin agravar el estrés de las personas a las que le presta su servicio y a su vez que protege su salud, la de sus familiares y la de sus compañeros de trabajo.


Con el interés y la preocupación de todos podremos romper las cadenas estigmatizadas de comportamientos negativos que han pasado de generación en generación y que aún se repiten en nuestros días. Con fe, optimismo, esfuerzo y voluntad, lograremos eliminar la violencia familiar e instaurar una cultura de paz familiar y social.


Lo que puedes hacer o has soñado que podrías hacer, debes comenzarlo. La osadía lleva en sí, genio, poder y magia”. GOETHE



Autora: Alejandra Palacios Banchero Psicóloga Clínica y Comunitaria,Conciliadora Extrajudicial especialista en familia Y articulista de la página TERAPIA Y FAMILIA http://www.terapiayfamilia.blogspot.com

domingo, 24 de junio de 2007

¿AMOR O DEPENDENCIA?


uchas personas llaman amor intenso a la necesidad neurótica del otro (pareja o ex); hasta tal punto es así, que perciben la falta de dicha necesidad en el otro como ausencia de amor. Nada más alejado de la realidad; de hecho, suele amar más quien “menos necesita”, ya que, si siente amor, será de verdad, sano.




”PARA DESCUBRIR EN NOSOTROS EL AMOR, LO PRIMERO ES AMARNOS A NOSOTROS MISMOS.” ROJAS MARCOS.




Esta frase, tan repetida, habla de una vieja quimera deseada por todos: la autoestima; pero lo cierto es que, en ocasiones, confundimos su falta con el amor.



El amor neurótico, patológico, es propio de personalidades inmaduras, inseguras y faltas de autoestima que han proyectado en el otro su propio valor; es decir, su propia estimación. Dependen de lo que les valore la otra persona.myspace layouts, myspace codes, glitter graphics Por eso, cuando el sano rompe la relación el neurótico no lo puede soportar; se hunde, se deprime, pierde el interés por todo, ya que, al pensar que no sirve para nada no tiene sentido (para él o ella) esforzarse en nada, pues nada puede conseguir por sí solo.



Para ilustrar mejor este proceso distingamos entre “necesitar a alguien porque se le ama” y “amarle porque se le necesita”. Lo primero es lo deseable en una relación y es normal que cuando nos separamos nos encontramos tristes y ansiosos. La exacerbación de estos sentimientos (depresión, histeria), ocurre con lo segundo (amarle porque se le necesita) y se da en el amor neurótico.



El dependiente no pasa página, no se libera del apego, tiene un pensamiento monotemático y llega a agobiar, perseguir, amenazar, insultar, maltratar (física ó psicológicamente) o chantajear emocionalmente a su ex para que vuelva con él a toda costa, a la fuerza (el maltratador piensa que si no es por la fuerza ella no estaría con el) y, en casos extremos, a asesinar a su ex porque, para él, es la dueña de su autoestima.
De ella depende que él sea valioso, así que: “si no está conmigo es que no valgo”; esto puede desembocar en el deseo de eliminar a quien “le quita su valor como persona”.



Ningún ser vivo a parte del hombre tiene problemas de autoestima. La autoestima es constructiva, integradora, amorosa, joven y fresca; es un sentimiento que regala afecto placentero para sí mismo y para los demás; es una sensación de compañía eterna y seguridad.



“Todos los seres humanos ideamos algún mecanismo que nos permite, al despertarnos cada mañana, estar seguros de que somos la misma persona que se fue a dormir la noche anterior.” GORDON W. ALLPORT



Para los que no saben estar solos, para los dependientes, es mayor el temor a la soledad que la consciencia de estar acompañados a la fuerza. Porque ¿qué persona sana desearía que alguien estuviese con él por obligación?



Las emociones que no siguen el curso adecuado para desarrollar el potencial interior que todos tenemos nos impulsan a quebrantar lo más grande de nosotros mismos. No podemos amar si no nos sentimos libres; no podemos convivir con un amor manipulado, repleto de pactos y mercantilista.



El amor te desarrolla, te enseña, te potencia, te quiere, te aprecia, te reconoce, te admira. El amor es lo único que mueve el mundo, y a quien no consigue llevar esta obra de arte, nacida de nosotros mismos, al puerto de la felicidad, más le valdría reflexionar sobre sí mismo y dejar la oportunidad de compartir este sentimiento con otra persona hasta que consiga liberar estos comportamientos y adentrarse en sí mismo de manera profunda, desarrollando la inteligencia emocional que todos llevamos dentro.



Por todo esto, y para terminar, quiero decir que la pareja es integradora y que el primer paso para que la relación llegue a ser el reflejo de nosotros mismos es potenciar los aspectos positivos que llevamos dentro.


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Quienes tienen lástima de sí mismos, hacen daño a los demás. Es la tiranía de los débiles.



EL AMOR ES UN REGALO, NADA TENEMOS QUE PAGAR POR SENTIRLO O POR VIVIRLO.




GLORIA S. CONESA ALBALADEJO. Orientadora familiar


Articulista de la página TERAPIA Y FAMILIA www.terapiayfamilia.blogspot.com

sábado, 23 de junio de 2007

AGRADECIMIENTO DE VIVA VOZ

Desde Murcia, España, todo el equipo de nuestra Asociación y Centros de Orientación Familiar, quiere agradecer las colaboraciones y la aceptación que ha tenido nuestra página y nuestro trabajo entre todos vosotros.Onda Radio Murcia en el 107.2 de la FM es la primera emisora que se ha hecho eco de nuestra labor. Muchos paises nos estais visitando y eso es de agradecer. Mexico, Venezuela, Chile, Perú, Colombia, Uruguay, Paraguay, Guatemala, Argentina, Estados Unidos, Ecuador, Alemania, España, Francia, Portugal, Brasil, Bélgica, Suecia, Rep. Dominicana, Cuba, Puerto Rico, Costa Rica, y un etcétera larguísimo, habeis conformado y nos estais dando ideas y ánimos para seguir dando carácter a la página y esforzándonos por escribir sobre temas que nos puedan ayudar a todos.
Eso pretendemos: AYUDAR A TODA LAS GENTE QUE QUIERA SER AYUDADA.


Nuestra idea de conseguir formar una red de Gabinetes de Orientación y Terapia familiar en todos los ayuntamientos sigue totalmente latente y con mayor ilusión, si cabe, porque entendemos la necesidad de ello.(Ver artículo de NUESTRO PROYECTO)


Por otra parte quiero, desde esta página, agradecer a todo mi equipo que con su participación no hace otra cosa que engrandecer nuestro objetivo dándome cada vez más ilusión para seguir en la brecha, de forma especial a una persona, también muy especial, gran profesional, que está demostrando día a día que esta profesión es un gran futuro y una urgente necesidad: MANUEL IRLES CONESA. Gracias, gracias, gracias a todos.



Juan José López. Presidente de la Asociación Convivencia Familiar

jueves, 21 de junio de 2007

CUANDO EL AMOR SE CONVIERTE EN ADICCIÓN


uando una persona no logra liberarse de una relación sentimental que le produce daño y perjudica su salud física y mental, la relación se convierte en obsesión.


La persona no es feliz ni con la pareja ni sin ella, pues ha ingresado a un círculo vicioso similar al que ingresan aquellos individuos adictos al alcohol, las drogas, el juego u otras. Así como aquellos necesitan y toleran cada vez más cantidad de tóxicos para poder funcionar, la persona "adicta al amor" soporta increíbles cantidades de sufrimiento en la relación que ha establecido.


Estos individuos que por una u otra razón tienden a manejar sus problemas a través de la manipulación y el control de otros, se “enganchan” en una relación sentimental con personas inadecuadas que por lo general son incapaces de comprometerse emocionalmente en la relación. El individuo la percibe desvalida, necesitada o que requiere de alguna transformación y se erige como responsable de su “salvación” o de su transformación, creándose así una codependencia o adicción.


En base a esta premisa falsa, tiene la creencia de que con el “poder de su amor” logrará retener a la pareja, satisfacer sus carencias o lograr su transformación y busca cualquier pretexto para mantener la relación, a pesar del maltrato y rechazo que recibe. Temen enfrentar la realidad y las consecuencias que un cambio de actitud o de comportamiento produciría en sus vidas.


Relaciones de este tipo se caracterizan por ser dramáticas, caóticas, llenas de excitación, sufrimiento y un alto grado de erotismo y sexualidad.


Por lo general, la seducción, y la sexualidad definen la relación. Hay una supuesta “buena sexualidad en una mala relación sentimental”. El esfuerzo por complacer se centra particularmente en esta área, que probablemente es utilizada como “disfraz” para esconder carencias afectivas y la necesidad de ser abrazado, protegido, amado. Por esta razón los encuentros sexuales, especialmente al inicio de la relación o después de un distanciamiento o cuando no hay formalidad en la relación (amantes) , se suelen distinguir por el encanto, romanticismo, erotismo y sensualidad En la dinámica de la “adicción al amor”, los intentos por retener y/o cambiar al otro, vinculados con el manejo y el control, se convierte en una lucha continua en la que uno es el que “soporta” ser herido, humillado, violentado, mientras el otro desprecia, maltrata, se deprime, llora, suplica o provoca mayor alejamiento emocional. Muchos siguen juntos pero distantes, sin romper totalmente la relación, causando con esto, mayor dependencia y adicción.


La relación adictiva es progresiva. El intento de controlar y dirigir la transformación de la pareja, va haciendo que poco a poco quede a merced de ésta. El controlador pasa a ser controlado, mientras va abandonando sus intereses personales.


En este estado, siente enojo, ira, impotencia, frustración. Sus pensamientos se vuelven obsesivos, con celos irracionales, ideas de venganza, planes imaginarios para someter a la pareja o lograr su atención, inclusive puede realizar actuaciones que provoquen o estén encaminadas la atención o el acercamiento de la pareja. No logra manejar sus emociones ni resolver sus conflictos y presenta síntomas físicos y psíquicos de estrés. Baja su autoestima, pierde la confianza en sí mismo, reprime sus emociones, no logra poner límites, se muestra poco asertivo, no logran comunicar lo que piensan y siente. Pierde el control de su vida y funciona alrededor de las decisiones y la voluntad del otro.


Si la pareja se distancia o romper la relación, puede presentarse el “síndrome de abstinencia” similar a cualquier adicto, con un estado físico y mental de profundo dolor, sensación de vacío, insomnio, llanto, angustia, culpa, humillación, creada por el miedo a la soledad, al abandono, a ser rechazado e ignorado. La autoestima se encuentra gravemente lesionada, la salud deteriorada, mientras la dependencia se va haciendo mayor y más perjudicial.


Recuperarse o prevenir esta adicción es posible con voluntad y esfuerzo. A modo general señalamos algunos pasos a seguir:


·

Acepta que tienes un problema y que debes buscar la solución.


·

Enfrenta la realidad de la situación con honestidad, sin fantasías, engaños o mentiras.


·

Procesa y resuelve el dolor que llevas por dentro.


·

Libérate de la carga que tienes por dentro, hablando de tus sentimientos y emociones con alguien de tu confianza. Busca ayuda profesional si es necesario.


·

Analiza tus patrones de conducta y ten la disposición y el valor de cambiar aquellos comportamientos que te perjudican y perjudican a otros.


·

Ten siempre presente que cada persona es responsable de sí misma y no necesita cambiar o controlar a los demás para sentirse bien, pues para sentirnos bien solo necesitamos controlarnos y cambiarnos a nosotros mismos.


·

Hay que vivir la vida plenamente y dejar vivir a los demás con libertad, con respeto, cuidándonos y amándonos primero a nosotros mismos para así tener la capacidad de amar a los demás.



ALEJANDRA PALACIOS BANCHERO. Psicóloga clínica experta en familia

miércoles, 20 de junio de 2007

¿EL ENEMIGO EN CASA?



ALEJANDRA PALACIOS BANCHERO. Psicóloga clínica experta en familia

martes, 19 de junio de 2007

CONFERENCIA: EL DIVORCIO Y SU SIGNIFICADO EN LA CRISIS



JUAN JOSÉ LÓPEZ NICOLÁS. Orientador Familiar

sábado, 16 de junio de 2007

CRISIS CONTEMPORÁNEA DE LA FAMILIA


o sé si sería un error pensar que la institución familiar está verdaderamente en crisis por una relajación de la educación en valores, pero no sería descabellado hacerlo si se argumenta que desde que el hombre deja de priorizar en la formación continuada, como cosa elemental, en valores, la familia decae como unidad y según algunos autores, se precipita hacia la desintegración. Se tambalea su estructura y el tipo de relaciones humanas que en ella se dan están altamente deterioradas. Todos conocemos familias que menos FAMILIA puede llamarse cualquier cosa. Ya está bien que cojamos el toro por los cuernos y afrontemos el problema conociéndolo desde la base para poder actuar con seriedad y desde el aspecto más positivo para elevar a la altura que se merece esta institución tan antigua como el hombre y descubrirla como el valor en alza que debe ser. Obviamente influyen diversos factores en esta crisis, que, aun siendo positiva, es totalmente real.



En esta sociedad progresivamente laica, el matrimonio no es más que, en general, un simple contrato, por lo que la unión entre hombre y mujer no puede garantizar su amor “de por vida”, así que cuando éste acaba la mejor solución, parece, es la de separarse y en la mayor parte de los casos los hijos son los mayores perjudicados. Por otro lado está la progresiva liberación de la mujer, que de estar supeditada al marido, ha ido incorporándose poco a poco al mundo laboral, permitiéndole una independencia económica, en casos, con lo que enriquece sus relaciones humanas, pero no favorece la unión conyugal. Al mismo tiempo que se incorpora a este mundo laboral, la liberación femenina hace que acceda a titulaciones superiores, poniendo estos hechos a la mujer cada vez más en un plano de igualdad respecto al varón y en muchas ocasiones, de superioridad. Ahora exige más y su psicología femenina ha evolucionado hacia niveles de mayor altura racional, lo que quizás haga que esta tensión entre la vieja estructura patriarcal y la, cada vez, mayor liberación (ya era hora), sea una de las raíces fundamentales del problema de la crisis de la pareja, del matrimonio y de la familia. Es difícil para el hombre aceptar esta situación relativamente nueva en la que la mujer adopta tareas, funciones y trabajos tradicionalmente masculinos. Es posible que vista mucho socialmente decir que se cree en la igualdad, que la aceptamos como algo natural, pero creo que solo se hace “de boquilla”, verbalmente. La realidad es otra muy distinta; los prejuicios salen en última instancia creando situaciones de peligro para el equilibrio familiar y su subsistencia, sobre todo a niveles emotivos, puesto que racionalmente se suele pensar de diferente forma.



Honestamente creo que hay otro problema mayor que supone una ayuda para la no relación de la familia y que fomenta su crisis. La familia es plural, da y se da, es social, sin embargo en los últimos tiempos ha adquirido un carácter cerrado que limita sus relaciones. Tal vez sea esa limitación de la familia (padre, madre y uno o dos hijos) la que le hace perder los lazos de relación y la amplitud de sensaciones que existían en las familias en las que convivían varias generaciones.



Esta familia actual que suele vivir en espacios reducidos, conoce más las tensiones que la unión de sus miembros. Hay demasiada privacidad en las relaciones, e insisto, en la carencia de la coeducación en valores humanos, lo que hace que la pareja se base casi exclusivamente en una unión erótica sin cimientos de auténtica comunicación. En ocasiones se establecen verdaderos vínculos demasiado perecederos por una simple, o no tan simple, equivocación de sentimientos, llevados por la escasez de conocimiento previo y un inexistente proyecto anterior de vida en común.



Aún así y a pesar de que estos problemas serían suficientes para desintegrar una sociedad normal o una institución o grupo organizado, la familia soporta todo y pervive, y hasta creo que se adapta a los tiempos creando nuevos métodos y nuevas gentes que puedan ir solucionando sus problemas. Al final, prefiero pensar, que la crisis de la familia es un tópico siempre que la identifiquemos con desintegración o falta de futuro. Los tiempos cambian y ante todos los cambios extremadamente rápidos, vertiginosos, que acontecen, las instituciones se van adecuando, o tienen que hacerlo, a esos tiempos, necesitando cada una su “tempo y cadencia” para regularse o adaptarse a ellos. La familia, por tanto, reacciona ante esos cambios y en su aprendizaje y adaptación hay titubeos que algunos, como digo, ven como crisis. No es posible que la célula primigenia, la base desde la que el individuo arranca que en la historia representa el equilibrio para preparar al ser humano dentro de la sociedad, se desintegre.



Conviene añadir que hasta es posible que la crisis en la familia sea buena si este convencimiento nos lleva a intentar solucionar las causas por las que a través de los tiempos, se ha deteriorado la institución familiar. Matrimonio y familia, familia y matrimonio, no pueden ir separados ni estudiarse indistintamente como algo diferente y ajeno en su estructura, como tampoco podemos pretender que los problemas de crisis de uno no lo sean de la otra. Preparémonos, pues, para cambiar o adecuar el comportamiento que lleva a la creación de estos problemas críticos y a tener la suficiente capacidad para poseer la actitud necesaria objetiva según las circunstancias de cada momento.



Así, desde aquí, apoyamos entonces, sobre todo, los valores en los que se sustentaba la familia de ayer y que se acomodan progresivamente a las exigencias de las realidades socioeconómicas de hoy. Y de la misma forma que la sociedad industrial rompió con la familia tradicional, la sociedad actual provoca la emergencia de una nueva familia, hoy todavía indeterminada, pero en un acelerado proceso de adaptación a las necesidades que se van creando.



La familia, entonces, no va perdiendo, bajo mi punto de vista, ese grado de institución, siempre que sea entendida esta como dotación de sentido y significado social, que consolidan sus definiciones y sus representaciones como categoría social específica. Por fin entramos en un proceso que va delimitando los modelos de familia más adecuados y congruentes con la sociedad actual.



GLORIA CONESA ALBALADEJO. Orientadora Familiar


Colaboradora del blog. http://www.terapiayfamilia.blogspot.com

INGREDIENTES DEL AMOR CONYUGAL



l amor es una forma excelente de conocimiento que hace que la búsqueda culmine en encuentro. Es la satisfacción de haber dado con una persona que ilumina el panorama personal presente y futuro. Según Rojas, el amor es el sentimiento gratificante por excelencia, que cautiva positivamente y se acompaña de una fuerte atracción, de una tendencia a estar y a compartir la vida. Es el mejor estimulante para vivir; es una conducta de atracción recíproca, rica y compleja. No hay amor maduro y perseverante sin renuncia ni sacrificio escondido.


Los dos componentes iniciales del amor son: EL SENTIMIENTO Y LA TENDENCIA.


El amor conyugal es un sentimiento gratificante, una tendencia hacia la persona que se ama, un acto que debe apoyarse en la voluntad y en la inteligencia para que entre los dos se llegue al compromiso que conduzca a caminar juntos compartiendo las vicisitudes y las alegrías. Cuando se vive intensamente el amor, hasta el sacrificio engrandece nuestro ser, nos hace más libres, más entregados a esa persona. Es como ir entretejiendo eslabones que con el tiempo irán formando toda una cadena de experiencias que darán lugar a un orden y que tendrá el sentido para que se desarrolle toda una trayectoria psicológica. No en vano, el mismo Erich Fromm, decía que el amor requiere conocimiento y esfuerzo.


La calidad del amor conyugal solo se alcanza cuando, tras repetidos esfuerzos, sus distintos componentes viven en un equilibrio proporcionado. Es claro que el amor conyugal se aprende, es necesario un adiestramiento y acoplamiento en la relación. Se consigue el objetivo deseado cuando tras el conocimiento que vas adquiriendo del otro y del trabajo diario que resulta de toda la relación, sus distintos componentes consiguen así ese equilibrio proporcionado.


El amor conyugal podría ser como un abanico o un arco iris lleno de matices en donde el sentimiento corrobora y ayuda a la realización de sí mismo.


Otro de los ingredientes del amor conyugal es la SEXUALIDAD. Este ingrediente básico revela la intimidad de ese encuentro en el cual dos personas se desnudan física y psicológicamente y dejan al descubierto la realidad de cada uno. Aquí sería uno capaz de percibir la generosidad o la tendencia a amarse a uno mismo. La sexualidad nunca debe ser puramente utilitaria, sino la aproximación de dos personas, la unión en profundidad.


El amor auténtico perfecciona al hombre y a la mujer; amplía su horizonte existencial y se caracteriza por la entrega. Obsérvese que hago hincapié en el aspecto “sexualidad” como un TODO y no la limitación exclusiva de genitalidad solamente o coitocentrismo exclusivamente. Por eso este concepto, sexualidad, en su más amplio sentido, en el integral, ayuda a esta entrega y relación de un ser a otro. El amor auténtico tiene siempre un valor moral.



Otra dimensión del amor es lo ESPIRITUAL, que se hace trascendente; ya que la espiritualidad engrandece la relación entre esas dos personas; liga los valores sexuales con los de la persona; de esta forma el amor no se dirige solo al cuerpo, sino al conjunto y se manifiesta en la capacidad para dar y recibir afecto. Así ordenamos la vida en su cómputo dándole un sentido positivo.


Todos estos ingredientes mencionados hasta ahora vienen a sumar elementos para conseguir la base fundamental de la pareja, o lo que es lo mismo, conseguir tener y consensuar unproyecto de vida en común.


Viendo la evolución de la vida de la pareja actual hay un cuarto ingrediente que brilla por su ausencia, que siendo fundamental y básico es el más impopular. Este cuarto elemento es la VOLUNTAD.


No se puede descartar este elemento si queremos sinceramente alcanzar en nuestra relación la estabilidad emocional. La voluntad está muy olvidada en la formación de la pareja que sólo basa su relación inmadura de los sentimientos y en la atracción física como elemento básico. Esta creencia hace que se rompan las parejas cuando hay cambios, precisamente en aspecto físico. Por lo que el amor no llega a ser nunca sólido. El elemento de la Voluntad conlleva un efectuar una elección, implica una inteligencia viva, una fuerza de carácter para resistir el influjo de las pasiones momentáneas. Sigo pensando que hoy, por el modo de vida, el ritmo, el estrés, el poco tiempo para llegar a conocerse, la carencia o adormecimiento de valores, llevan a que los prejuicios, la rutina, la tradición, y en definitiva, la posición social, rompan la relación de pareja, el amor. O no la rompa y se siga manteniendo sólo por niveles exclusivamente protocolarios y de imagen social.


No creo que haya hoy, en la pareja actual, en general, un amor inteligente. Toda obra bien hecha necesita esfuerzos constantes de la voluntad regidos por la cabeza; y podemos definir como “cabeza”, inteligencia, la capacidad de distinguir lo accesorio de lo fundamental; facultad para resumir la situación propia y la ajena, comprensión lógica de lo que sucede para obrar en consecuencia.


Sin querer ser negativos y con el deseo de que con el esfuerzo y con la formación adecuada cambie, pienso, que de forma general, no hay hoy en día demasiado acto de voluntad ni la inteligencia adecuada para hacer sobrevivir a la pareja en la vorágine en la que se ve sumida. No olvidemos que de cada cuatro matrimonios que se casan, tres llegan a algún tipo de ruptura; dicen los últimos datos que en España hay un divorcio cada 4 minutos (en el 2006 se produjeron 141.817 divorcios, un divorcio cada 3,7 minutos, con un incremento del 51% con respecto al 2005 y del 277% en 5 años (2001-2006) . Lo que mata en la actualidad a la pareja es la limitación del amor sólo a sentimientos sin voluntad y sin inteligencia, estando así expuesta sólo a los movimientos y fluctuaciones de la vida.


Hoy viven las relaciones un amor de movimiento espontáneo y no, como debería ser el amor, como un movimiento reflexivo.



GLORIA CONESA ALBALADEJO. Orientadora Familiar

jueves, 14 de junio de 2007

VIOLENCIA INTRAFAMILIAR



ALEJANDRA PALACIOS BANCHERO. Psicóloga clínica y experta en familia

FRACASO ESCOLAR: Corresponsabilidad Familia-Escuela

"Las personas mayores nunca comprenden nada por sí solas y resulta fatigoso para los niños tener que darles siempre, siempre explicaciones."



"EL PRINCIPITO” A. De Saint-Exupery




ntes de nada creo que deberíamos plantearnos claramente qué es el FRACASO ESCOLAR, dos palabras demasiado utilizadas alegremente y, tal vez, con un contenido, a veces, nada real, según quien las utilice, porque pueden ir cargadas de eximentes de responsabilidades para quienes realmente deben llevar las riendas de la educación. Si lo enfocamos como un trastorno del rendimiento escolar, hemos de mirar también el trastorno de rendimiento de la acción educativa, lo que nos lleva a constatar que quienes trabajan en este proceso educativo no han obtenido unos buenos resultados en los objetivos previstos. Siendo así, ¿es tan disparatado pensar que depende de cómo se trabaje con esos objetivos, adaptándolos según haga falta, el alumno no fracasará?



Realmente es poco popular esta forma de pensar, pero tal vez sea la que deberíamos ir tomando para reorganizar nuestra conducta como profesores, como personas y como padres comprometidos en la formación integral de nuestros hijos. Muy raras veces nos concienciamos de que la aparición de un Fracaso Escolar no es una situación que aparece de repente y en un momento puntual, si perdura en el tiempo, ya que suele ser fruto de errores cometidos al comienzo de la vida escolar y que ahora salen por quedar fijado
en el niño o la niña. Se convierte en un rechazo instintivo que se prolongará a lo largo de los años siguientes si no se soluciona con la suficiente inteligencia (emocional).



Ya hay suficientes profesionales que parten de la certeza de que es engañoso estar de acuerdo con la aseveración que afirma que el alumno tiene un fracaso escolar. El alumno/a fracasa porque se le hace fracasar; si no consigue los objetivos pedagógicos marcados y su rendimiento es bajo, habrá que buscar las causas, no tanto dentro del niño, sino fuera de él, replanteándose qué se está haciendo para la adecuación de esos objetivos con las capacidades particulares y circunstancias del niño que sufre ese problema.




El sistema educativo no puede centrarse sólo en los que “van bien”, pues si así fuera el éxito dejaría de merecer la pena y no tendría secretos ni premios a los esfuerzos. Hay, pues, que centrarse en los objetivos partiendo de la realidad y sacando el máximo partido posible a cada situación individual.



Si nos parece que un estudiante es “malo”, no obedece o no trabaja, antes de condenarlo y comenzar a lanzarle los clásicos mensajes que lo sumirán en la aceptación de ese rol de malo, es importante determinar las causas de ese comportamiento y luchar incansablemente para ponerle remedio. Por tanto, el mensaje a lanzar es que si aplicamos al niño la etiqueta de fracasado, tengamos por seguro que, además de que él sufre por ello, está experimentando la consecuencia de alguna acción educativa, en su más amplio sentido, inadecuada.








2. RESPONSABILIDAD ESCOLAR



Si aceptamos que el niño que fracasa es el que no se encuentra en condiciones para superar con éxito las exigencias adaptativas de la escuela, cabe analizar una serie de comportamientos y conductas por parte de los maestros y personal que ejerce la acción educativa.



La actitud apropiada de los profesionales apoya que el posible fracaso se pueda ir diluyendo o sea capaz de inferir la causa que está provocando ese bajo rendimiento que, siendo el alumno el primero que no lo desea, no favorece la adaptación a los objetivos marcados en su curso. Tal vez nos equivoquemos al poner en práctica nuestra lógica sin pensar que nuestra progresión de adulto no es casi nunca la progresión lógica del niño. Esta actitud que antes comentábamos no puede pasar por estallidos hirientes o irónicos; no favorece nada, entonces, un maestro autoritario, agresivo, impulsivo, intolerante, amargado, acomplejado, pues esta figura que puede llegar a ser espejo de futuras conductas de sus alumnos, no puede permitirse ningún asentamiento de sentimientos negativos que no hace más que agravar la sensación de ansiedad del que está fracasando de cara a la clase, a la sociedad y a la familia.



No es la primera vez que oímos y conocemos una serie de juegos formativos en la escuela en los que la competitividad, aun sin darnos cuenta, aunque buena en una medida, llega a separar a los alumnos que “saben” de los del “pelotón de los torpes”. No todos son iguales, ni como personas ni como entes que desarrollan de distintas formas y a velocidad desigual su mentalidad, comprensión e inteligencia. Unos van a vivir la dificultad de la escuela, una realidad que les quita libertad y les pone normas, como un desafío que pone a prueba su capacidad mental; otros como una trampa de la que no saben salir, impuesta por el maestro para humillarles sin que ellos puedan evitarla. Está claro que el guía, el mediador entre la cultura y el alumno ha de ser el maestro que tenga claro el desarrollo de la progresión adecuada para adoptar y adaptar el ritmo que suscite el deseo de conocer: Es ese que está más interesado por aquellos a quienes enseña que lo que enseña.



En algunos antiguos manuales de técnicas de venta, en el apartado de motivación, recordamos haber leído unos métodos que se denominaban SISTEMA AIDA. Obviamente no nos referimos a la Opera de Verdi, sino a un acróstico que estaba formado por esas iniciales y las palabras de Atención, Interés, Deseo y Acción. Tal vez un error frecuente esté en demandar atención en clase y no esforzarse por motivar y despertar verdadera atención por lo que se escucha, lo que hace lógico que no se tenga el interés suficiente que despierte ese deseo para llegar a la acción del, en este caso, aprendizaje correcto.



No es nuestra intención dar la sensación de que muchos maestros sólo van a trabajar y no asuman su responsabilidad correcta de formar parte de esta comunidad educativa. Queremos, más bien, hacer resaltar la realidad, en ocasiones, que está teniendo lugar en colegios y centros de enseñanza por una “dimisión” en parte de la tarea que debería llevarse a cabo con la suficiente consciencia. A tenor de esto es fácil llegar a la conclusión de que la escuela puede aparecer como un factor de fracaso cuando no estimula el deseo de trabajar y sus profesionales no suscitan nada. ¿Por qué pueden variar los resultados en un niño o una niña de un año a otro? Ciertamente no creemos que el alumno puede ser un año tonto y otro listo, sino que más bien los responsables escolares de su culturización, educación, se sitúan respecto de él de un modo diferente, lo motivan y cambian su escala de antipatía o simpatía según haga cambiar los resultados y susciten algo en ellos (AIDA); ha despertado el deseo de ser instruido. Algo ha variado en esencia, ahora el maestro ha sabido qué es lo que puede exigir y ser posible a cambio siempre del esfuerzo personal del alumno.




No podemos eludir la realidad y aceptar que hay chicos y chicas que no trabajan y están faltos de atención, pero lo que importa es, en vez de humillarlos y buscar excusas y palabras para ponerles carteles peyorativos que hacen mella en su personalidad y afectividad, averiguar por qué son así, qué ocurre en su entorno que les marca y cohibe a la hora de su desarrollo normal. Hay que remontarse a su causa no a su efecto, que ya es bien visible. Si no se descubre la verdadera razón, sigue actuando y llega a asumir el niño o el chico que de verdad es así y se dedica a representar y vivir el papel que entre todos le hemos fabricado, para que se lo crea.



Muchos se vuelven perezosos a causa de los fracasos, no al revés. La verdad es que a veces el trato es difícil porque normalmente esto ocurre en edades y a unos años bastante críticos. Todo se está formando y sus hormonas están “removidas” intentando, todo su ser, llegar a identificarse y comprenderse, buscando su lugar en su entorno cercano y en la sociedad. Surgen juntas angustia y ansiedad dando por “tirar la toalla” en distintas tareas o sucesos, por desajustes en su personalidad. ¿Tenemos en cuenta todo esto a la hora de enjuiciar, evaluar y tomar las medidas coercitivas que tomamos?



Hay una responsabilidad que la escuela ha de asumir en toda su amplitud en cuanto a la parcela de la formación integral del alumno como ser humano, como persona. Los maestros no son policías de nuestros hijos que nos los han de vigilar y entretener mientras que no están en casa, sino que deben educarlos y formarlos en la parcela que han asumido con los medios y actitudes, sin olvidar las aptitudes, que deben ser seriamente considerados. Aún así, somos conscientes de que tanto la escuela como la familia, como la totalidad de la comunidad, están inmersas en un sistema que la mayoría de veces hace bastante difícil poder cumplir con lo que es más conveniente, ya que es común suponer adquiridos unos conocimientos que no lo han sido o están llenos de lagunas.



Se carece, pues, de la suficiente base para seguir y se hace preciso “los juegos malabares” para adaptar el programa de una forma coherente, lo que produce un desánimo en los maestros (¡hay salidas!) y un desbordamiento en el niño al no poder comprender los siguientes pasos en el temario, provocándole una angustia ante lo que sigue abocándole a la desmotivación y al abandono.



No obstante, y surgido el fracaso escolar, no se puede olvidar que hasta ahora no hemos hablado más que de la escuela, pero nos falta una parte sumamente importante y crucial que tiene, y debe, mucho que decir. Nos referimos a la FAMILIA, como total responsable de esa educación y formación integral de los hijos, ya que el fundamento de las actitudes educativas va a depender de un modo peculiar de lo que perciba el hijo dentro de la realidad y del ambiente familiar.



3. RESPONSABILIDAD FAMILIAR



Este es el otro lado de la moneda, la otra parte o, quizás, la parte principal a la que hay que prestar especial atención por su gran incidencia en la problemática del fracaso y la inadaptación escolar. No podemos olvidar que el niño no está formado sólo por su voluntad y capacidades personales, sino que hay diversos factores sociales que inciden en su desarrollo integral como persona. Puede que tenga capacidades suficientes para tener éxito y sin embargo no llegue a él precisamente por un debilitamiento en su personalidad originado en el núcleo familiar o en su entorno social más cercano (amigos, novia/o, etc.). Queda claro, entonces, que no basta con ser inteligente para tener resultados exitosos en la escuela o en la vida, sino que aspectos como la felicidad, la dicha y un buen ambiente familiar, pueden estar relacionados íntimamente con el éxito escolar y/o profesional, lo que hace que a capacidades intelectuales iguales, unos alcancen las metas y otros no.



Ojalá fuera este un tema a tratar con facilidad con los padres y no fuera espinoso y a veces hasta fruto de escándalo, pero los progenitores podemos llegar a ser los primeros responsables del fracaso escolar de nuestros hijos. Es fácil llegar a ver cómo parte de los conflictos que tiene el niño o el adolescente en su casa es trasvasado a la escuela, seguramente detestable por el psicólogo al hablar u observar el comportamiento normal, cotidiano, del alumno en clase.



La influencia de la familia es determinante. Los primeros años de la vida marcan hasta tal punto que algunos piensan que lo esencial ya está decidido antes de entrar en el colegio. El niño es modelado cultural y afectivamente en la familia, pero el clima en el que viva en cada momento de su vida, va a marcar las distintas etapas, y así, igualmente, va a indicar su capacidad de enfrentarse a sus problemas, aprisionándolo fracasando, o dándole la actitud necesaria para enfrentarse a ellos buscando sus posibles soluciones.



El problema puede ser el mismo para dos chicos distintos, pero significativamente tendrá unos resultados distintos según sea el clima o el ambiente familiar que uno u otro tengan. Obviamente hay situaciones en el seno familiar que dejan huella facilitando o dificultando el desarrollo integral del niño y su posición, activa o pasiva, ante el fracaso, retraso o bache escolar. Es importante el socioeconómico y cultural de los padres. Unos padres cultos y vigilantes ante la educación de los hijos pueden advertir que a ciertas edades las tareas educativas y las presiones tienen ya una incidencia bastante reducida y que debe darse a los hijos campo libre para experimentar y vivir según sus criterios, para poder comprobar si son válidos o no.



Una experiencia vale más que mil consejos y, a veces, mucho más que mil prohibiciones.
Educar a veces lo convertimos en sinónimo de prohibir, de tener una situación contínua de chantaje generalmente vinculada a una subvención económica para que nuestro hijo haga lo que yo, el padre, quiero en cada momento porque pienso que es lo mejor para él: "A mí me educaron así y así tiene que ser"


Rara vez lo que fue bueno para uno es bueno para otro, ya que no solemos tener en cuenta lo diferente de la persona y mucho menos el tiempo histórico y social en el que se vive. Repetir esquemas que fracasan o fueron eficaces en otros y en circunstancias distintas, no sirve de ningún modo.


Es raro pensar que unos padres no quieran educar y formar bien a sus hijos, pero la realidad nos informa que muchos “dimiten” y otros no aciertan cómo hacerlo, por no conocer la realidad que atraviesa y vive el hijo; sus exigencias, etapas evolutivas, necesidades de cada fase, etc. Nosotros maduramos y cambiamos, nuestros hijos también, y en ese cambio cambia igualmente nuestras escalas de valores al igual que las suyas. ¿Por qué no tratar de cohesionarlas? ¿Por qué no respetar también sus individualidades? El objetivo es “hacer de la familia una sociedad completa e insustituible.”(Gutierrez, M.)



Más que esforzarnos en incidir sobre el niño que tiene problemas, sería más útil intentar que el entorno, el “humus”, el clima emocional familiar sea el correcto, haciéndonos meros guías y dotadores de recursos para que él sea el agente activo que madure adecuadamente y sepa salir por “sus propios medios” de los problemas que vaya teniendo. Hemos de ser comprensivos, que no tolerantes hasta el punto de dejarles hacer lo que quieran y ser hiperpermisivos.



A pesar de lo dicho hasta ahora, no existe ningún libro de “recetas” válido como panacea para todos los casos de fracaso escolar, ya que todos los individuos son distintos e igualmente sus familias. Se trata, desde nuestra perspectiva y si podemos aportar nuestro grano de arena, de sensibilizar sobre el problema y dar unas pautas, tantas como personas y tan amplias como fuere necesario, según el criterio para consecución óptima de objetivos, pero que lleven a intentar reforzar la solución a las carencias en nuestras actitudes como padres y educadores, en la creencia de que estamos haciendo lo que podemos y “no cometemos errores”. No seamos profesores particulares que realizan los deberes de nuestros hijos, sino que hemos de intentar guiar para que ellos hagan y se desarrollen, sin dar jamás la sensación de que lo que hacen - dedicarse a estudiar – no es trabajo. Esa es su labor, trabajar estudiando y además les cuesta y es difícil, por lo tanto, siendo así las cosas, apoyémosles y entendámosles. No seamos ni profesores, ni sicólogos, ni asesores educativos; simplemente padres, que ya es suficiente, pero coherentes y con los conocimientos necesarios de su entorno que favorezcan nuestra interrelación, enriquecida por su dimensión misma, tan amplia y dinámica como ellos lo son. No todo es escolaridad.



Esta labor que comentamos no es nada fácil y menos si observamos la tradición cultural de la familia media española y la preparación que tiene para ayudar a sus hijos en la actualidad, basándose en uno de los valores más perdidos: LA LIBERTAD



En una encuesta realizada hace años y actualizada por un Centro de Orientación y Mediación Familiar en el año 1998, se preguntó si los padres tenían derecho a ejercer “todo tipo de autoridad sobre sus hijos menores de edad”. Más del 80 % de los encuestados se manifestaron de acuerdo con la pregunta, el 7 % en desacuerdo y el resto indecisos. Esto tal vez nos dé una idea de la relación padres-hijos y la problemática subyacente con la que nos encontramos, siendo nuestro “caballo de batalla” la necesidad de armonizar la evidente autoridad de los padres con los claros derechos de los niños.



Se trata, como es obvio, de intentar llegar al término medio ideal que dé los resultados apetecidos bajando, por fin, el índice de desajustes educativos. Esta cuestión no se podrá conseguir, pensamos, sin una corresponsabilidad Familia-Escuela que aporte luz a la tarea educadora primigenia de la misma Familia, repartiendo y asumiendo los roles o funciones adecuados encaminados a hacer del niño, sujeto activo, dador y receptor de la suficiente formación integral para que pueda tomar sus decisiones y “realizarse en la vida” como individuo y como persona humana social. A esto podemos añadir que los problemas derivados de la relación en el seno familiar (ruptura de los padres, poca armonía entre ellos, los dos trabajan fuera de casa, poca atención a los hijos, interrelación entre hermanos, etc.), hace necesario establecer unos planes de ayuda a las familias para normalizar su estado o, por lo menos, dar los recursos suficientes para racionalizar los problemas que surjan, haciendo que su conocimiento pueda ser una válvula de escape para intentar afrontar con la mejor actitud los problemas que ocasionan: “En todas las familias problemáticas me he encontrado siempre una autoestima baja; comunicación indirecta, vaga e insincera; normas rígidas, inhumanas, fijas e inmutables; y enlace temeroso, aplacante y acusador de la sociedad.” (V. Satir. 1978).




Creemos conveniente no alargarnos más en estas reflexiones sobre el fracaso escolar porque no por hacer mucho más extenso el trabajo íbamos a dar mucha más luz a la problemática existente, aunque es tan variada como se quiera suponer. Por esto y a modo de conclusión, podemos observar que tal vez han tomado forma una serie de puntos orientadores que faciliten el buen clima familiar, para que así pueda influir positivamente en el rendimiento escolar adecuado, según la capacidad de cada alumno. Estos puntos referidos quedan señalados así:


Participación activa de los padres en la educación de los hijos.


Acuerdo entre padre y madre respecto a la educación del hijo.


Estabilidad de la pareja frente al hijo.


Comprensión frente a los comportamientos del niño o la niña que perturben la atmósfera familiar (Empatía)


No utilizar el chantaje afectivo.


Establecer criterios de autoridad básicos, coherentes y flexibles.


Conocimiento real de las posibilidades del niño y exigencia adecuada a dichas posibilidades y capacidades. (Todos no pueden ser médicos, ni abogados, ni químicos, ni pedagogos... ni...)



Creemos interesante, por otra parte, resaltar las actitudes sociales que, según algunos autores, deben constituir la meta de la acción educativa como base y norma que regule toda clase de convivencia. ¿Ideal o realidad?


Sensibilidad social


Responsabilidad


Respeto


Empatía


Diálogo


Solidaridad

Compromiso



4.CONCLUSIONES PERSONALES


En cuanto a la corresponsabilidad Familia-Escuela, podríamos seguir manifestando con grandilocuencia, extensas parrafadas que no harían más que ahondar en el círculo que ya hemos argumentado a lo largo del trabajo. Nos parece acertado plasmar literalmente, por una parte, las palabras de uno de los psicólogos contemporáneos más universales, Henri Wallon, extraídas de su libro “La higiene psíquica y mental de la infancia”: "En efecto, la escuela no es sólo el lugar donde el niño viene a recibir unas migajas de instrucción; es toda la vida del niño. Una vez que el niño se ha convertido en un escolar, todo el empleo de su jornada está subordinado a la escuela. Por la mañana se levanta a la hora indicada para ir a clase; sus comidas las toma en función del horario de la escuela; todos sus intereses están dirigidos a la escuela; toda su vida pertenece a la escuela. Hay que hacerse cargo de lo que significa para un alma infantil el hecho de ir a la escuela. Yo os he hablado de los diferentes actos del día: levantarse, comer, etc., yo os hablaba de los intereses del niño, pero imaginaros también que la espontaneidad del niño está sometida a la disciplina de la escuela. Hay ahí, por consiguiente, una considerable RESPONSABILIDAD de la escuela con respecto al niño. El educador no puede desinteresarse de cómo es la vida del niño en general."



A través de nuestras lecturas y libros consultados hemos llegado, por otra parte, a una serie de conclusiones que podrían hacer que el fracaso escolar disminuyera y, hasta tal vez, llegara a dejarse de darle ese fatídico nombre, según creemos. Exponemos a continuación y para finalizar, algunas de estas conclusiones o comentarios citados:


Se suele, en la mayoría de ocasiones, trabajar lo externo del niño y no se le dota de los instrumentos y recursos para la modificación de su propio mundo interior.


Se le trata como un paciente identificado sin indagar en exceso en su entorno no dotándolo de confianza y seguridad en sí mismo, o lo que es lo mismo, trabajar su madurez personal, la tan típica Autoestima.


Investigar su clima emocional para reducir su ansiedad. Observemos, pues, los mensajes positivos o negativos que le enviamos por catalogarlo de fracasado en las cuestiones escolares (¿sólo en ellas?). Si no lo hacemos convenientemente se suele inhibir el afectado frente a cualquier dificultad.


"La ayuda debe ir encaminada a que pueda vivirse con capacidad constructiva enfrentando dificultades que estén al alcance de sus posibilidades", como dice Baudilio Martínez en su libro “La familia ante el fracaso escolar.”


Somos conscientes de que no existen recetas mágicas para ayudar a un niño en el “fracaso escolar” porque cada niño, cada situación, cada familia, son peculiares y singulares con modos y maneras distintas en,incluso,las relaciones personales.


Aceptar que los conflictos son naturales, normales y que cada uno debe asumir su rol: los padres deben ser padres, los profesores deben ser profesores y si no de una manera única en cada rol sin poder salirse de él, sí ateniéndose a papeles e identidades de funciones con peculiaridad propia.


Tal vez la mejor conclusión que podemos dar a este trabajo es que debemos romper con formas míticas y estereotipadas que se suelen repetir sin eficacia alguna, una vez y otra vez, con las que se martiriza a la familia y hacen sufrir al niño.



Por todo esto es conveniente asumir iniciativas, cambios, planteamientos nuevos y aproximarse a las variadas acciones que la dinámica sugiera para lograr una mejor comprensión y conocimiento que converjan en estrechar los vínculos y la comunicación educativa del niño o de la niña.




JUAN JOSÉ LÓPEZ NICOLÁS. Orientador Familiar

miércoles, 13 de junio de 2007

EL DESPECHO EN LA PAREJA (Crisis sentimental)




ALEJANDRA PALACIOS BANCHERO. Psicóloga clínica experta en Familia

domingo, 10 de junio de 2007

¿QUÉ HA DE OBSERVAR EN LA FAMILIA EL ORIENTADOR FAMILIAR?


Nuestro objetivo de trabajo, como Orientadores Familiares, se basa en la observación cuidadosa del funcionamiento familiar como dinámica relacional sistémica. Esta dinámica funciona de forma normal y operativa si el sistema familiar, tanto en el aspecto físico como emocional, al enfrentarse a las diferentes situaciones que se puedan dar (decisiones, tareas cotidianas, etc.) lo hacen y manifiestan de forma unida y consensuada.


Es necesaria la cohesión formal del sistema así como de los subsistemas que componen todo el entramado y la urdimbre familiar. Pero es imposible esta cohesión sin la armonía que supone mantener un equilibrio justo entre los intereses de cada elemento del sistema, cada miembro, en correspondencia con los de la familia, consiguiendo con esa interacción un equilibrio emocional totalmente positivo.

Soy consciente que sólo con la observación se nos pueden escapar detalles de importancia para llegar al resultado inicial de hacer un buen diagnóstico para saber si han de pasar a Terapia o con sólo ajustar “algún tornillo” de la maquinaria es suficiente ( empezar el tratamiento y terminarlo sólo con la Orientación). Para esto es interesante, como pequeña ( o no tan pequeña) ayuda, el cuestionario de funcionamiento familiar FF-SIL, que consta de sólo 14 items. (Ver ORTEGA VEITIA, Teresa, CUESTA FREIJOMIL, Dolores de la y DIAS RETURETA, Caridad. Propuesta de un instrumento para la aplicación del proceso de atención de enfermería en familias disfuncionales. Revista Cubana Enfermería, sep.-dic. 1999, vol.15, no.3, p.164-168. ISSN 0864-0319.)


Pero si interesa observar especialmente alguna variable que nos indique la disfuncionalidad de las relaciones, la estrella de los problemas, esa es la Comunicación, o mejor dicho, la falta de ella o la comunicación de forma inadecuada, entendiendo por tal actitud que no se dé en forma clara y directa. No hace falta decir, supongo, que introduciríamos las fórmulas de asertividad, respeto, etc. para que se den los espacios adecuados en los que se realicen las transacciones de forma idónea según la idiosincrasia de la familia que se trate.

No voy a explicar cada uno de los puntos a observar para llegar a un diagnóstico claro porque no es mi intención alargar mucho este artículo, pero si somos observadores y resumiendo, hemos citado de momento tres de las siete variables que consideramos oportuno revisar en toda familia que solicite nuestra ayuda: Cohesión, Armonía y Comunicación.

No es raro, pues, encontrarnos a familias totalmente cerradas con lo que la PERMEABILIDAD se ve ausente y por lo tanto pueden llegar a ser un sistema carente de la capacidad de abrirse y no brindar ni recibir experiencias de otras familias, de otras instituciones, de otras personas.
En este caso no es difícil apreciar tanto por su lenguaje verbal como no verbal, cómo la AFECTIVIDAD (5ª variable) puede estar bastante oculta, por lo que puede ser que los miembros de ese sistema familiar no tengan la capacidad, o sí, de vivenciar y demostrar los sentimientos y las emociones unos a otros.

En los años que llevamos mi equipo y yo trabajando, nunca ha faltado la familia que no hubiera que reorientar hacia los ROLES adecuados, ya que por diversas razones, se habían cambiado (en muchas familias monoparentales), se habían sustituido o simplemente alguien había renunciado a desempeñarlos. Sabiendo que hay normas tácitas que existen en toda familia, también damos por hecho que cada miembro cumple las responsabilidades y funciones negociadas por el núcleo familiar, por lo que si no es así, hemos de detectarlo para reubicar las situaciones y que se realicen los cambios que esa familia precise para que los roles, los papeles que cada uno ha de desempeñar haga que las relaciones se vean desde el sitio que corresponde.

Todas las situaciones que vive una familia vienen dadas por los ciclos evolutivos vitales de la misma en los que podemos siempre apreciar luces y sombras, pero por esa situación y para conseguir que el equilibrio de las relaciones se mantenga, no podemos dejar de observar la habilidad del sistema familiar para efectuar los cambios de estructura de poder, de reglas, de relación de roles, etc. para conservar la homeostasis necesaria: esta habilidad es la ADAPTABILIDAD. Ya tenemos las siete variables o campos en los que indagar para establecer la funcionalidad o disfuncionalidad de una familia y en qué variable hemos de hacer hincapié. Ya podemos empezar. Tenemos mucho que hacer.


JUAN JOSÉ LÓPEZ NICOLÁS. Orientador Familiar

jueves, 7 de junio de 2007

LOS SERVICIOS SOCIALES Y LA ORIENTACION FAMILIAR


o puedo con mi hija, mi marido, mi hermano, mi padre...

Este es el preámbulo de las entrevistas de la atención al público en los servicios sociales municipales. Es la frase más escuchada en los programas de familia de los últimos años. Cada vez son más las familias que vienen hundidas en sus propias arenas movedizas. No hay un agente externo que cause sus problemas, es su propia vida familiar, sus propias relaciones , el resultado de su trabajo educativo y de sus vivencias diarias.


Siempre se ha apreciado el miedo de muchos padres a tener problemas con sus hijos relativos al alcohol, consumo de drogas duras, malas compañías ..... etc, y la realidad es que a día de hoy, muchos de los problemas de los padres con los hijos y viceversa es su escasa o nefasta comunicación.
No sabemos comunicarnos, no tenemos tiempo para hacerlo, no estamos dispuestos a educar ni a ser educados por los que nos rodea y preferimos que sean otros (colegios, amigos, programas televisivos ...) quienes lo hagan por nosotros.


¡Pues no, compañeros!; debemos interiorizar en nuestros vagos cerebros que tenemos que ser nosotros quienes resolvamos los problemas que nosotros mismos nos estamos provocando en esta sociedad de la comunicación a través de los medios, de las actividades extra escolares, en vez del juego diario y de la educación académica, no familiar.



Este es el perfil que observamos quienes trabajamos en Programas de Familia de los Servicios Sociales, y es un perfil que tiende al aumento y se hace cada vez más insostenible y más difícil de resolver por nuestros propios medios.



La instauración del Programa de Orientación y Mediación Familiar, ha sido la mejor arma de ataque ante la “Guerra de la Familia”. Muchas unidades familiares que han venido con el ahogo de no poder con su situación, con la angustia de pensar que no hay solución alguna ante su problema, y lo más triste, con la sensación de que la causa nunca ha estado en ellos, se han topado con la realidad frente a frente, y esa realidad vista a través de las Terapias con los profesionales del programa, les ha demostrado que es tan sencillo como “Jugar a ser familia”, y asumir cual es tu rol en ese juego, teniendo la posibilidad a ratitos de jugar internamente dentro de otro rol.


La comunicación verbal, los apretones de manos, el tacto y la sonrisa han vencido a la educación externa. Estamos aprendiendo a comunicarnos y a querernos en la relación más arraigada que existe que es la comunicación familiar.


Las Terapias Familiares están siendo claves para la resolución de problemas en el ámbito familiar que es la lacra de las familias de este siglo.


Si nos es imprescindible el médico para nuestra salud física y mental y el maestro como transmisor de conocimientos, creanme, necesitamos al Orientador familiar para la recomposición de la familia en su estado más puro.




MªELENA NORTES MARTÍNEZ. Trabajadora Social del Programa de Familia y Convivencia del Excmo. Ayuntamiento de Molina de Segura.

martes, 5 de junio de 2007

¿CRISIS O FINAL? HE AHÍ LA CUESTIÓN



uando una pareja entra en una crisis, del tipo que sea, a veces es necesario la participación de un especialista en temas de pareja porque generalmente no se sabe salir solos. En nuestra experiencia hemos dado con todo tipos de crisis y puedo decir que cuando se acude a pedir ayuda por las dos partes o la voluntad se detecta con la misma intensidad en la aportación de soluciones, aún está el amor. También es cierto que es un mito eso de que el amor de verdad hace que todo sea una balsa de aceite. El amor no es suficiente para que la crisis no se dé, pero sí se demuestra la existencia de ese amor cuando se intenta caminar para ver una posible solución; puede ser el gran báculo de apoyo para querer trabajar la crisis.



No cabe duda que la percepción del problema de cada uno de los miembros de la pareja es importante porque del modo en que se afronten los problemas, su superación, va a depender siempre de que se hable y se aprecie como un conflicto, como una etapa conflictiva, por dura que parezca, o que se perciba como el principio de un fin irremediable. Aquí el amor existente, si lo hay, también tiene mucho que decir.


Es cierto, por otra parte, que la pareja la forman dos individualidades y por tanto, como antes mencionaba, el modo, la forma en que cada uno se enfrenta a esa crisis va a ser decisivo para decidir si es crisis o final. Por esa razón de ser dos individualidades hemos de tener en cuenta unos factores importantes: la madurez emocional, la habilidad para manejar los conflictos, cuánto tiempo se lleva de pareja y el momento personal de cada uno.


Siento no tener una varita mágica para adivinar cuándo una relación ha de acabar o no; no hay reglas fijas...es imposible porque cada individuo es distinto y cada pareja también. Podemos decir que cuando deja de aportarse a la pareja esa serie de cosas que la propició, puede ser que se alcance ese punto de inflexión en el que se debe producir el cambio. Tras todo cambio es generalmente normal que haya una crisis, mayor o menor.


Nuestro mayor enemigo para saber si esto es una crisis o el final es el maremagnum de emociones, sentimientos, pensamientos enfrentados, que existen, siendo esta la razón por la que no podemos serenarnos y pensar de una forma útil y clara. Otra vez nos pueden las emociones. ¡Si pudiéramos pensar en soledad y detener el pensamiento para analizarlo sin presiones externas!


No olvidemos que muchos problemas se suscitan por la resistencia al cambio, sea cual fuere. ¿Por qué no replantearse la pareja y seguir adelante con cambios? ¿Por qué no poder salir reforzados con esta crisis?


También el planteamiento de las preguntas que generalmente nos hacemos tienen mucha importancia en nuestro modo de ver la cuestión. No es lo mismo preguntarse: ¿esto es el fin?, que reflexionar y preguntarse: ¿Quiero que esto sea el fin? También es bueno el planteamiento más sencillo que hay: ¿Le amo todavía?; ¿tenemos las mismas metas ; ¿la deseo?; ¿Reflexiono y me comprometo para ver qué puedo aportar a la otra persona y a la relación para mejorarla?; ¿Me merece la pena ese hombre?


Decidamos lo que decidamos tengamos en cuenta qué decisión vamos a tomar y sobre todo cuándo la tomamos, porque insisto que en este estado emocional es mejor dar tiempo y no tomar ninguna decisión...Ninguna, de momento. Es mejor quitar los posibles bloqueos para crear espacios para el diálogo, la comunicación, con el fin de que la decisión sea la adecuada, en cada caso.


Ahora, pienso, una solución a nuestro problema podría ser consensuar y debatir (que no pelear) lo tuyo y lo mío para poder llegar a la conclusión de qué es lo nuestro.
Intento pensar y dejar el mensaje para que lo que se infiera de estos momentos muy dolorosos sea: “Aprender a utilizar los conflictos y las crisis, para aprender más de nosotros mismos, ver qué necesitamos y cuál es el dolor que suscitamos en nuestra pareja. Que sean trampolín de desarrollo y no de estancamiento que no lleva a ninguna parte. Hablemos cuanto sea necesario, para que el problema no quede enquistado. No hay mayor desastre que el silencio y la distancia.”


JUAN JOSE LOPEZ NICOLAS. Orientador Familiar

domingo, 3 de junio de 2007

EL DESAPEGO (suena mal, pero...)



parentemente, esta simple palabra, DESAPEGO, aunque no tan simple, cuando la escuchan algunas personas experimentan una especie de rechazo muy fuerte porque su significado, para ellas, es dejar en el olvido y abandonar (sé por quien lo digo especialmente). Nada más lejos de la realidad. Pero para no incomodar voy a hablar del APEGO, que parece que suena bastante mejor y sin embargo no deja de ser la verdadera situación anómala de la que hay que intentar huir.


No es para nada raro decir que cualquier situación de apego llevada a extremos, como suele suceder, es negativa porque lo podemos definir como esa característica que nos hace ser “adictos” a personas, a relaciones, y nos marca de tal manera que nos fuerza a quedarnos como pegados en todas nuestras relaciones. Sentimos esta situación de una forma tan profunda que sin el apego nada en nuestra vida tiene sentido.


Me encantaría que las personas que alguna vez se hayan visto así no se sintieran en modo alguno ofendidas, sino que esto les sirviera para reflexionar sobre el hecho del que hablamos y si no va con ellas, mucho mejor; pero no traten de escapar de su propia realidad no queriéndose ver reflejadas en la situación. No tengo ninguna intención de meter el dedo en la llaga y sólo pretendo establecer un punto de reflexión seria para que sirva, que sea útil.



Dicho esto, se da el caso de que la personas que sienten ese apego de forma desproporcionada, viven para y por esas otras personas, esos hechos, ya que estos son su “sustancia adictiva”. Es fácil poder entenderlo y se hace necesario, desde nuestra postura de profesionales, comprender que sienten una especie de atracción, de imán, de forma consciente o inconsciente, que las atrae y no se pueden despegar. Son capaces de rechazar cualquier salida por válida que parezca al resto de la humanidad, y seguir derrochando la energía que poseen en beneficio de los otros. Como dicen muy gráficamente otros profesionales leídos por mí y que ya citaremos más adelante, ´´nos volvemos emocionalmente dependientes de las personas que nos rodean y nos convertimos en "rescatadores" o "facilitadores" en relación a las necesidades de los demás.´´


Tal vez el apego no sería un verdadero problema, (creo que no hace falta aclarar que siempre me refiero al apego patológico) si no fuera asociado a la obsesión; no hay nada que nos pueda distraer de esta preocupación, ni tan siquiera la necesidad de creación de nuestra propia vida y camino; nada de lo que nos digan logra atraer nuestra atención salvo para pensar que nos están “forzando” a dejar lo que realmente queremos hacer y es “la misión prioritaria de mi vida”. La ansiedad nos paraliza, no hay relax, y como desde el exterior no se puede entender, tenemos “enemigos” que nos producen esa ansiedad que no nos deja pensar con claridad y mucho menos actuar.


El pensamiento obsesivo es muy perturbador y la realidad es que casi vuelve locos a la gente que nos circunda, aunque nos amen. Peor es si nos aman, porque no entendemos que precisamente por eso, ¿cómo es que no lo entienden y aceptan? La verdad es que estas personas creen que sintiendo este apego, esta manera tan desmesurada de preocuparse por la gente, es el único camino que existe para demostrar amor y al mismo tiempo ser correspondido por ello. Sentimos que si queremos a alguien nos debemos preocupar por él y no vemos otra forma de decirles que estamos y que son lo más importante para nosotros. Se crea, pues, una sobreprotección tal que lo que realmente hace es que si de la persona o personas de la que estamos apegados no se dan cuenta y “se dejan querer”, consciente o inconscientemente, se está creando un vínculo patológico y si lo que se quiere es ser libre, precisamente este valor no negociable, la libertad, es lo que sin darse cuenta, se pierde. La solución pasa por aprender el DESAPEGO, que no es nada malo ni raro, sino todo lo contrario. Tampoco es sinónimo de abandonar, dejar, aislar, olvidar.


Creo sinceramente, como profesional y ser humano, que el desapego puede ser una solución para personas que, con toda la buena intención del mundo y por amor, utilizan ese apego tan desmesurado; y es solución porque se equilibran los modos de interactuar anómalos, posiblemente del pasado no cerrado, y se ayuda a la persona a afrontar la vida por él mismo, porque de la otra forma no se aprende a afrontar los conflictos y a emprender acciones constructivas de forma totalmente adulta. No se les ayuda a crecer, a madurar.


Como dije al principio, me encantaría que estas reflexiones ahondaran en el interior de uno y si alguien se hace consciente de este problema, asumiera la responsabilidad de trabajar sobre él mismo/a para evitar precisamente hacer personas dependientes entendiendo que los otros son personas individuales que tienen el derecho a hacer sus propias elecciones, y yo debo, si realmente los amo, apoyarlos, enviando el mensaje con mis actos de que estoy a su disposición pero eliminado cualquier deseo de vivir para ellos, moldearlos o regir sus vidas eternamente bajo mi propio sistema de creencias.



JUAN JOSÉ LÓPEZ NICOLÁS. Orientador Familiar

viernes, 1 de junio de 2007

LA ELECCION DEL SENTIMIENTO A TRAVÉS DEL PENSAMIENTO


n una de mis charlas ante padres que como problema común argumentaban que no podían entender a sus hijos, se manifestaron una serie de preguntas que les preocupaba profundamente: <<¿Por qué no puedo evitar que mi hijo se deprima?>>;<<>>;<<¿tengo yo la culpa de que esté sucediendo esta situación? Seguramente es que no sé ser una buena madre.>>;<<>>...


Como comprenderán se dieron el lugar, el momento y el ambiente adecuados para que se propiciara una tormenta de preguntas e ideas que cada conjunto parental “echaba en la mesa”. Por lo menos estaban preocupados e intentaban ocuparse de la situación, pero se sentían inermes e impotentes ante la cruda realidad: “No logro solucionar nada”; “todo sigue igual”; “Me rindo, que sea lo que Dios quiera”...



Es complicado ser padre o madre; es un arte, un trabajo que hay que aprender; un oficio en el que hay que especializarse “a la fuerza”. Nuestros hijos, y perdonen que use el tópico, no vienen con un libro de instrucciones debajo del brazo. A ser padres se aprende siéndolo, errando, buscando soluciones, pero, sobre todo, utilizando la voluntad para querer hacerlo. No podemos abandonar y menos los que hayamos querido escoger esta “profesión”. Es conveniente no olvidar dentro del sistema familiar palabras como YO, NOSOTROS, PERDÓN, GRACIAS...Da igual desde quién a quién se tengan que decir o posicionar a la hora de hablar. Da igual que un hijo diga a su madre:Perdóname(se supone que es lo normal) o que una madre diga a su hijo:Perdóname, me he equivocado que es lo que no se acostumbra a hacer y también debería ser totalmente normal, cuando se da la situación.


En algo debería notarse que somos los Adultos, con lo que eso debe de llevar implícito, pero ¿realmente lo somos?


Tras todas las aportaciones que se puedan imaginar (más que una charla se convirtió en un taller temático: estuvimos cuatro horas), empezamos a vislumbrar una serie de puntos comunes que la mayoría de padres tenían (también asistieron padres que habían dimitido de sus funciones): no se sabía reconocer en realidad el sentimiento o la emoción que sentían sus hijos y que ellos mismos interpretaban, por lo que al conceptuarlas mal la intromisión y el propio pensamiento de la figura parental se distorsionaba a la hora de afrontar la situación (que por otro lado no se atrevían a confrontar con sus hijos).


En primer lugar extrajimos de sus preguntas los sentimientos, emociones o estados que habían comentado: TRISTEZA, DEPRESIÓN, INQUIETUD, ANSIEDAD, DOLOR, CULPA, DISGUSTO, IRA.


¡Que mal!, pensaron. <<¿Ve usted?, no hay nada positivo>>


Todo eran emociones que querían ahuyentar de sus hijos a toda costa, sin pensar que, como humanos individuales y distintos a ellos que son, pueden y deben sentir, si quieren, y por lo tanto estaban en su derecho de expresar y sentirse como eligieran. Algo mucho más importante es que no es lo mismo la TRISTEZA que la depresión, la INQUIETUD que la ansiedad, el DOLOR que la culpa, el DISGUSTO que la ira.


Se diferencian en que las del primer término, las escritas en mayúscula, pueden ser lógicas, racionales; pueden explayarse en nuestro cerebro porque sentimos; pueden trabajarse adecuadamente desde las propias creencias racionales, en cambio las del segundo término de la comparación pueden, desde el mismo sistema de creencias, o sea, desde el individual y propio, hacer patológica nuestra vida y las acciones o decisiones que en ella tomemos.


Estar triste es lícito, puede ser normal estando ante situaciones que así nos lo hagan sentir. Pero de la tristeza puedo salir (seguramente con ayuda) porque aunque haya perdido algo, me hayan hecho algo, la verdad es que se dio esa situación, tal vez, porque era lógico que ocurriera. No había ninguna razón para que eso no hubiera podido ocurrir y, además, no he podido hacer nada, por eso ha ocurrido y me hace sentir así de “tristísimo/a”. En cambio, la depresión que ocurre, según A. Ellis, por la creencia irracional, aborda el hecho que nos causa tristeza como “algo totalmente terrible y más aún, por el hecho de considerarse responsable de la situación, uno mismo se condena y autocensura: Soy malo/a, no logrando ver que esas situaciones que nos “desbordan” pueden ser un capítulo dentro de la “normalidad” de la propia vida.


Puedo permitirme estar inquieto por un cúmulo de situaciones que se están dando en mi vida o se pueden dar y aunque inquieto puedo esperar que la suerte me acompañe y no suceda lo que puede suceder. Pero si lo que “rumia” mi mente es que esto no debe ocurrir, no será justo, por favor, que no ocurra, “sería terrible si ocurriese”...precisamente este estado de pensamiento me sitúa de la inquietud más o menos lógica, en una ansiedad que hasta puede paralizarme y ocasionar que lo que tal vez no iba a suceder, suceda.


Como ven son dos formas distintas de afrontar una misma situación o pensamiento, lo que hace bueno la frase famosa (que pocos analizan) de´Te convertirás en aquello en lo que piensas constantemente´. Todo lo que llega a la mente a través de los sentidos, de forma consciente o no, se queda grabado para siempre, como a fuego, luego, si sabemos y somos conocedores de que esto sucede, queramos o no, de forma cierta, deberíamos alimentarla con la información correcta, y así puedes esperar grandes resultados.


En cuanto al dolor, y he de citar irremediablemente de nuevo a Albert Ellis, “si esa emoción, sensación, es derivada de la creencia racional se infiere de un pensamiento, por ejemplo, como este:Prefiero no hacer las cosas mal, intentaré hacerlas mejor, y si no ocurre así, ¡mala suerte! En cambio, sentirse culpable, con lo que ya de por sí hace daño el dolor, deriva de la creencia irracional y crea pensamientos como éste: No debo hacer las cosas mal, y si las hago o las he hecho, que malo soy, que malvado, no me lo perdono.


En teoría quien mejor se conoce es uno mismo y hasta aquí se puede elegir (aprendamos a ello) el pensamiento para no “patologizar” mi vida ni la de los demás. Una cosa es que esté enfadado, que tenga un disgusto y que me permita expresar que “no me gusta lo que ha hecho; me gustaría que no hubiera ocurrido, pero entiendo (aunque me cueste tiempo y ayuda) que los otros no son como yo y pueden romper mis normas” y ese hecho, me haga estar muy contrariado, muy enfadado, muy disgustado, y otra cosa es que cambie mi forma de ver la situación y desde el pensamiento <<>>, me venga una tormenta de rabia e ira que va a trastocar mi mente y de igual modo todo lo que diga. Está claro, pues, que hemos de notar la diferencia entre estar disgustado y tener ira.


Por todo esto, si aprendemos primero a vernos nosotros y conceptuar bien la situación (hay técnicas y profesionales), entenderemos el comportamiento no sólo de nuestros hijos, sino de las personas con las que convivimos y amamos.


MUCHO HAY QUE TRABAJARSE, PERO ÁNIMO, PODEMOS SI VERDADERAMENTE QUEREMOS Y NOS MERECE LA PENA




JUAN JOSE LOPEZ NICOLAS, Orientador Familiar